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sábado, 3 de octubre de 2026

Luz donde la herrumbre

Título: Luz donde la herrumbre.
Autor: Antonio Portillo Casado.
Editorial: Sial Pigmalión.
Año de publicación: 2019 (1ª edición; nota de María Antonia García de León).
Colección: Poesía. 
Nº de volumen en la colección: [No consta].
Género: Poesía.
ISBN: 978-8417397890

 

Antonio Portillo publicó en 2019 el poemario Luz donde la herrumbre. La creación de esta obra, dice él, le vino a la cabeza cuando paseando por un pueblo abandonado encontró las ruinas de una casa sobre las que caía la luz del sol de tal manera que le llamó la atención los brillos y resplandores en diferentes tonalidades sobre la herrumbre de la rejería de lo que fue un balcón o ventana. Pensó en la muerte o en la decadencia y lo que esta nos dice a los vivos. Como si un rayo de luz hubiera aún en esa decadencia, un rayo que la hace estar viva. Publicó la obra con Sial Pigmalión, siendo el primero de tres libros que publicó con ellos. Como no podía ser menos, ocupó la portada una fotografía de herrumbres y de colores asociados a la misma, aunque hay ausencia de rayos de luz o de fulgores, bien es cierto que se nota una iluminación clara sobre ellos, pero poco más nos hace intuir como cubierta sobre los pasos interiores de la obra. Obra que, como otros poemarios de Portillo, tiene tres ejes concretos: el amor en general como motor de vida, la poesía social y la naturaleza en conexión con la vida y como reflejo de la misma. María Antonia García de León anota además en el mismo libro que es un libro muy volcado con las mujeres y dice de Portillo que es un poeta feminista. Ella le destaca unos versos dedicados a su esposa, en los que dice que las mujeres son como el viento, y que ellas son luchadoras y único vendaval con garras. En realidad la característica de poesías enfatizando a las mujeres se le podría achacar como cuarta característica de sus poemarios, a modo de tema transversal de su poesía. En concreto serían poemas de enfatización de la mujer y del mundo de la mujer.

El libro se divide en tres partes, "Luz", "Donde" y "La herrumbre", nombres que compartimentan el título de la obra, dotando así de vida cada parte de la misma. En "Luz" tenemos poemas donde la naturaleza interrelaciona con la vida de las personas. Es una característica muy común de sus poemarios. En esta ocasión los elementos naturales recuerdan al ser humano que ha de ser humilde en su existencia, pues todo es leve y voladizo. Invita además a saborear la vida, a apreciar lo que los detalles sencillos de ella nos vienen. 

Se olvidan de la música más bella de la vida,
los agradables sonidos de la naturaleza
al envolver el vuelo
como pluma que interpreta la melodía
del silencio, al ritmo de la ternura
en la cadencia de nuestra alma.
Se olvidan de la música más tierna
las palabras del aire cuando fluye
la compasión entre las flores,
mientras aguas inquietas escuchan
el fuego de las nubes que pasean.
Pocos sienten la verdadera música,
los sonidos que salen de las manos.
Rara avisen esta existencia
donde la noche.

En "Donde" nos adentra en la parte más apegada a las personas concretas. Abundan aquí poemas dedicados a poetas conocidos, y el poema a su esposa. Es aquí donde nos lleva la luz de un lado a otro, la luz como alegoría maleable que combinada con los ríos y otras alusiones al agua en la naturaleza, nos lleva de la mano por la vida material y por la vida más interior y etérea. Sin embargo sigue recordándonos que esa luz ilumina la vida y la muerte.

De los dientes se escuchan sobrias palabras
de paz y de lamento que inundan la luz
deseando volver a su tierra ingrata.

Y es que en la tercera parte, donde desemboca todo el poemario y que fue parte principal de su concepción, "La herrumbre", nos lleva al origen: la muerte y la luz (fuente de vida) que la toca y la hace brillar. Ambas se necesitan, pero la luz nos recuerda siempre esa herrumbre que nos incumbe. 

Te descarna y aún vives con ella.
Quizá es la luz
que arranca pétalos de sombra
para avivar la lumbre
que en llamas cae sobre rocas.
Y todas arderán,
quizá de amor.

Y aún le recuerda la herrumbre que se cree eterna, y no lo es tampoco. Así que deja la puerta abierta para la vida incluso en la muerte. Una muerte que no sólo se refiere a lo físico, pues la traslada al amor y a otras cuestiones de la vida. Es el latido de la vida misma, en sus dos acciones necesarias para no parar de latir.

Se ondula la pared.
Los colores caminan al exilio.
Oscilan cuadros, late el aire.

Pero vida y muerte, como parte de complementaria de un mismo latido, son el componente mismo de la vida en un sentido más elevado. Y si "marchan los álamos a tierras / donde la miseria muerde cadáveres" reflexionará en el final de ese mismo poema donde cita a esos álamos:

(...)
Para qué pasear en las arrugas
de la mente. Por qué no lanzar piedras
contra los diablos que provocan este invierno.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

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