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sábado, 2 de mayo de 2026

Historia de Alcalá de Henares

Título: Historia de Alcalá de Henares.
Autor: Alfonso Quintano Ripollés.
Editorial: Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
Imprenta:
Talleres Penitenciarios.
Año de publicación: 1973 (1ª edición).
Género: Historia.
ISBN: [No localizado] 


La Historia de Alcalá de Henares escrita y publicada entre 1882 y 1883 por Esteban Azaña no había sido igualada ni superada en las décadas siguientes, ni a lo largo de todo el siglo XX. Habría que esperar al primer cuarto del siglo XXI, como ya se ha visto en varias obras comentadas de esos años. Sin embargo hubo algunos intentos muy serios durante la dictadura del general Franco con motivo del nombramiento de la ciudad como Conjunto Histórico Artístico en mayo de 1968, año en el que incluso se le dedicaban las portadas y reportajes de revistas como Revista Mundo Hispánico. Hubo un autor significativo que hizo el intento más completo, aunque seguía sin superar a Esteban Azaña, ahora bien, actualizaba la Historia y le dotaba de un sentido más científico y menos de crónica. Se trataba de Alfonso Quintano Ripollés. En 1956 escribió Alcalá de Henares y su tierra, señorío prelaticio, el cual ganó el Premio de Monografías Históricas, otorgado por la extinta Diputación Provincial de Madrid (recordemos que por entonces la provincia de Madrid era parte de Castilla la Nueva, hoy Castilla-La Mancha). Fue la propia diputación quien se decidió a publicarlo en 1967, probablemente para impulsar el citado nombramiento del año siguiente. El autor habría ganado entre 1953 y 1965 tres veces ese premio por diferentes obras, pero la dedicada a Alcalá y su publicación en 1967, con el consecuente nombramiento de Conjunto Histórico Artístico a la ciudad, le animó a investigar más la Historia complutense. Para 1972 tenía acabado otro libro sobre el tema, Historia de Alcalá de Henares, lo llamó como el de Esteban Azaña, el cual fue publicado por el ayuntamiento de Alcalá de Henares en 1973, usando de los talleres penitenciarios de la cárcel de Alcalá. Este libro fue por mucho tiempo un libro de referencia en el propio Archivo Municipal de Alcalá de Henares. En principio sería una revisión, ampliación y corrección del primero, pero si evolución le da propiedad a sí mismo por sí.

No era una obra muy extensa, tenía doscientas cuarenta y una páginas, por lo que no profundizaba en la Historia como hizo Esteban Azaña casi un siglo atrás. Además, contenía varias fotografías e ilustraciones y un plano plegado. Eso reducía aún más el contenido textual. Aún teniendo un tono de Historia, todo ello le hacía tender en cierto modo a un carácter divulgativo más que científico, quizá orientado también al interés turístico por un lado, y a un enfoque de grandeza de la Historia de España y su pasado imperial, aunque fuera a través de la Universidad de Alcalá y su pasado unido al de la ciudad. aspecto este, el del pasado imperial o los grandes nombres como Cisneros y Cervantes, que atraían a un discurso de la Historia de España a ojos del franquismo.

Pero es cierto que hay un esfuerzo por profesionalizar la Historia de Alcalá y alejarla de la crónica, a la vez que intentar explicar como una ciudad muy destacada de la Edad Moderna había caído en la decadencia. Pensemos que en 1973 ya se estaba intentando devolver la Universidad a la ciudad o crear una nueva. En ese sentido se pueden leer apreciaciones como esta:

"La decadencia de Alcalá ofrece curiosos contrastes en el último tercio del siglo XVIII: muchas y buenas habitaciones, abundancia de colegios, mayoría de brazos inútiles para el trabajo material, étc. Ayuntamiento y Universidad se culpaban mutuamente de tal situación, cuando realmente era ajena a ambos, aunque a los dos afectase. Y las disputas en el papel de oficio se trasladaban a la calle, transformándose en pendencias, a veces, sangrientas, entre corchetes y estandartes, aprovechando tan fútiles motivos como las corridas de toros de la Plaza Mayor."

El autor hace ahínco en la decadencia de la Universidad, de su desaparición en el siglo XIX y los efectos sobre la ciudad. Pero hemos de fijarnos que en su obra centra la decadencia universitaria y el comienzo de su pérdida en el siglo XVIII, cosa que actualmente en el siglo XXI se vuelve a apuntar e incluso a sostener con documentos en la mano, ya que con la creación de la nueva Universidad en la segunda mitad de la década de 1970 se quiso reforzar la idea de que la pérdida de la Universidad es fundamentalmente algo de la década de 1830, si acaso arrastrando problemas desde la Guerra de la Independencia de 1808-1814. Sin embargo, ya en el siglo XVIII, aparte de la pérdida de alumnos, se produjo pérdida de edificios e incluso algunos mobiliarios pasaron a los palacios de reciente construcción de los Borbón.

Alfonso Quintano Ripollés no era historiador de formación, pues él se formó en Derecho, estudios a los que pertenecían su familia. Una familia de carácter nobiliario, eran hidalgos de Salas de Bureba, en Burgos. Su padre era reconocido jurista, y su hermano mayor, Antonio Quintano Ripollés (nacido en 1905), fue otro muy destacado jurista. Alfonso había nacido en 1911. La familia se trasladó a Oviedo, donde él y su hermano estudiaron Derecho y se licenciaron en 1932, durante la Segunda República. Al estallar la guerra civil en 1936 pasó a formar parte del Cuerpo Jurídico Militar del lado de los alzados, favorables al general Franco. Hemos de entender que desde su posición y en circunstancias de guerra, pudo haber participado de procesos represivos militares. Finalizada la guerra se casó y se trasladó a Madrid, pues ganó la oposición para trabajar de técnico administrativo de la Diputación de Madrid. Quizá por ello parte de su obra se haya ligada a convocatorias de premios y publicaciones de dicha diputación.

Tuvo un interés por la Historia a la que se dedicó plenamente desde dos vertientes que eran su auténtica pasión y lo que le hizo destacar: la conservación y promoción del patrimonio artístico cultural de toda España, a la cual dedicó numerosas monografías e investigaciones a municipios y monumentos de la provincia de Madrid (pero también de otros lugares de España, siendo la provincia de Burgos la otra provincia a la que más esfuerzos dedicó); y las biografías y linajes de la nobleza española, labor esta que le valió ser considerado y persona activa y reconocida de la Real Academia de la Historia. Toda esta actividad se relanzó cuando decidió adelantar su jubilación en 1967, año en el que murió su hermano.

Desde 1952 era colaborador de la revista Cisneros y lo será hasta 1959. En 1953 ganó su primer premio de la Diputación de Madrid en monografías históricas. Lo repetirá en 1956 y en 1965. Como se ha dicho, en 1967 se jubiló y se dedicó plenamente a investigar la Historia, especialmente ahora orientada a los linajes nobiliarios como los Quintano, al que pertenecía, o los Salazar. Su actividad se ralentizó por cuestiones de salud a lo largo de la década de 1980. Pero su actividad de investigación de linajes de Burgos hizo ser nombrado miembro honorario en Burgos de su sociedad histórica en 1990. Su salud se volvió delicada y muy deteriorada, lo que hizo que, ya octogenario, detuviera toda su actividad intelectual. Murió en el año 2000. 


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

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