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sábado, 7 de febrero de 2026

Ludivina

Título: Ludivina.
Autor: Esteban Azaña Catarinéu.
Editor: Esteban Azaña [autoedición].
Imprenta: La Cuna de Cervantes.
Año de publicación: 1879 (1ª edición).
Género: Novela.

 

Esteban Azaña publicó tres obras (una de ellas en dos volúmenes, como ya se vio en estas notas). Quedaba por comentar una de ellas, la primera que escribió. Se trata de una novela costumbrista llamada Ludivina. Muy al estilo burgués liberal, tal como él y su familia eran en su estilo de vida y pensamientos. Como ya se vio, Esteban Azaña estaba muy implicado en la vida cultural y política de la ciudad. Cuando escribió esta novela, en 1877, era teniente de alcalde en Alcalá de Henares, sin embargo, no la publicó. Quedó en su ámbito privado. Se animaría a publicarla en 1879, siendo ya alcalde, mismo año que como tal publicó Memoria para la erección de un monumento a Miguel de Cervantes. Pagó él la edición, la cual la realizó en la imprenta La Cuna de Cervantes, que era de la misma Alcalá de Henares, en la cual se imprimieron otras obras ya comentadas en estas notas, así como prensa local. Le puso el precio de una peseta, que para entonces era un precio más o menos alto. La edición fue a nivel local y su recibimiento fue modesto. Hoy por hoy no se conocen reediciones de esta novela que aparte de ser una novela de costumbres y de familias acomodadas de la burguesía y sus gustos, es una novela de amor con episodios tremendos y drama garantizado, casi a modo de folletín, novela rosa o novela romántica, llámese como se quiera y quepa la equiparación actual al tremendismo desaforado de los grandes dramas de amor llenos de complicaciones familiares propios de las telenovelas y las fotonovelas.

Pensemos primero que la familia Azaña, ampliamente instalada en Alcalá desde el siglo XVIII como terratenientes agricultores, escribanos, algún cargo judicial y políticos (aunque el hijo de Esteban, Manuel, aparte de político saldrá escritor), era una de las primeras familias liberales y lo seguían siendo, y habían emparentado con los Catarineu, una familia catalana también liberal que tenía una fábrica de jabón exitosa en Alcalá. Por lo que los Azaña también eran empresarios con diversos negocios, algunos fracasados. Eran una familia muy comprometida con ese liberalismo desde el origen y tendente al ala izquierda burguesa (no socialista, aunque Manuel llegara a hacer alianza y amistad con los socialistas). El padre de Esteban, Gregorio, era republicano y había apoyado a la Primera República recientemente extinta en enero de 1874. Y precisamente del periodo de la abdicación de Isabel II en 1868 al golpe de Estado que restaura la monarquía en la familia Borbón en 1874 vienen una serie de conflictos entre los que figuran la Tercera Guerra Carlista, ya que la opción ultramontana del carlismo (esto es: ultracatólicos, ultranacionalistas, monárquicos absolutistas y lo que se diría extrema derecha) ni reconocieron el gobierno de Prim, ni el reinado de Amadeo I de Saboya, ni la Primera República, ni que Alfonso XII de Borbón fuera el nuevo rey, regresado a España en 1875. Terminada esa guerra con la derrota del carlismo en 1874 y restaurado Alfonso XII en el trono, Esteban Azaña se incorpora a la política municipal de la ciudad como concejal, primero. Puede que fuese entonces cuando comenzara a idear su novela, acabada en 1877 y publicada en 1879, pues en ella se deslizan numerosas referencias geográficas y humanas que dan pistas de que la ciudad donde se desarrolla el argumento sea la propia Alcalá transformada o disfrazada de otro lugar. La pasada guerra carlista tendrá su peso argumental en este relato.

Básicamente Ludivina, hija de una familia liberal, se enamora de Arturo, un carlista. Hasta ahí nos podría recordar obras de amores imposibles por los ideales de su familia los cuales son enemigos declarados, véase por ejemplo Romeo y Julieta (1597), de William Shakespeare. Todo es más complicado y truculento. Consuman en acto sexual su enamoramiento... para descubrir un secreto que no sabían: son hermanos. Habían sido separados y se les había ocultado, pero son hermanos. Podríamos incluso intuir una metáfora de las dos Españas enfrentadas, que en realidad vienen de una misma España y se necesitan y complementan, pero aún pudiendo pensar en ello, parece que el autor apuntaba a otro lado, al costumbrista. Este amor se da en una ciudad pequeña de provincias que ni siquiera es capital provincial, lo que de por sí recuerda a Alcalá de Henares en esas fechas. Esto hace que lo que se dibuje sea una sociedad donde este amor se ve envuelto en medio de rumores, calumnias y hasta maldades contra ellos, primeros ignorantes de que son hermanos. Y todo esto en medio de un clima enrarecido entre liberales y carlistas, recordemos la cercanía en fechas del final de la Tercera Guerra Carlista, que no deja de ser una guerra civil. 

Cuando Esteban Azaña publica el libro ya era alcalde, como se ha dicho, y ya tenía por entonces como enemigos a los conservadores y ultracatólicos de la ciudad, además de manera muy declarada y abierta. Uno de los periódicos locales llegará a publicar diariamente contra él sobrepasando de lo político a lo personal incluso con difamaciones, lo que provocó que, aún creyendo en la libertad de prensa, tomara medidas legales como alcalde que forzaron el cierre de dicho periódico. Por tanto el ambiente de la novela puede estar recogiendo o expresando de algún modo sus propias experiencias vitales en su vida social y pública dentro de lo que no dejaba de ser una pequeña ciudad. Parte de estas rivalidades seguirán en 1882-1884 cuando publique su Historia de Alcalá. Aparte de lo comentado en estas notas, ya por entonces se le acusó de rebajar los actos de las milicias liberales en el periodo de 1820-1823, en las que estuvo su familia, o de los actos de los liberales en 1868-1874.

En la novela se recoge un episodio similar al de la propia vida de Esteban Azaña, una boda "in articulo mortis", o en castellano: matrimonio contraído con alguien a punto de morir. Esteban Azaña fue obligado por su madre a casarse con Josefa Díaz Gallo, una joven a punto de morir, porque la madre no quería que los hijos de esta quedaran huérfanos desamparados de padre y madre. Esteban se casó a la fuerza de las circunstancias por su madre. Sin embargo, siendo una familia importante de la ciudad, el motivo de la boda oficial no era este, sino uno más corriente y normal, asumible para las costumbres convencionales de la sociedad del momento. Al enviudar, poco después, Esteban entabló una relación con Concepción Catarineu Pujals, que se transformó en su segunda esposa y con la que formó su propia familia, de la que nació Manuel Azaña. Félix Díaz Gallo, hermano de Josefa y que ejerció de tío de Manuel (el cual le tuvo bastante cariño, parece ser) protestó en los tribunales demandando a Esteban ya que su hermana no estaba de acuerdo con el legado que iba a pasar a esa segunda esposa. El proceso fue muy largo y costoso en lo económico, pero se solucionó con el pago de una pensión vitalicia a los herederos de Josefa. Esta situación hacía que la vida de Esteban no sólo se viera afectada de maledicencias políticas, tal vez también de clase social, sino también de rumores malintencionados en lo que afectaba a su vida íntima, privada y personal. Y todo ello está de algún modo en Ludivina. El episodio de su boda lo narró décadas más tarde el dramaturgo y poeta Rivas Cherif, cuñado de Manuel Azaña.

Así que en cierto modo la novela habla de esa asfixia social de las rígidas morales burguesas que luego en lo privado se saltaban su rigidez. Hay ahí un cierto anhelo de romper sus propios corsés creados por ellos mismos. No es algo único de España, en Reino Unido esto se traducía en lo que se llamó la moral victoriana, por coincidir con el reinado de la Reina Victoria. Sí que es cierto que en España esta moral también es heredera del sentido de la honra y el honor tan reclamados desde el siglo XVI y de un pensamiento ultracatólico, como el de los carlistas, pero no sólo ellos, que quizá cuajó en los entornos más rurales y tienen su reflejo en las ciudades, especialmente de provincias. Pero también es verdad que la década de 1870 en España no deja de ser convulsa, pues también existió la represión a republicanos y socialistas en los primeros años de la Restauración, y la novela de Esteban no deja de estar escrita en esos años, siendo su padre republicano y él liberal. Lo político se mezcla aquí con lo que unos y otros consideraban o no moral y éticamente aceptable. Quizá nosotros en pleno siglo XXI hemos heredado algo de esto, aunque con claves más de nuestra propia época.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu". 

sábado, 30 de agosto de 2025

Memoria para la erección de un monumento a Miguel de Cervantes

Título: Memoria para la erección de un monumento a Miguel de Cervantes.
Autor: Esteban Azaña Catarinéu; [varios autores].
Editor: Esteban Azaña / Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
Imprenta: Establecimiento Tipográfico de F. García (Alcalá de Henares, calle de Santiago, nº 13 bajo).
Año de publicación: 1879 (1ª edición).
Género: Arte; Memoria.

 

Hemos hablado ya de Esteban Azaña y su familia, entre ellos su hijo Manuel Azaña, ambos políticos y escritores. Al hablar de su obra más afamada, Historia de Alcalá de Henares, publicada en dos volúmenes entres 1882 y 1883 (hoy en día se publican juntas en un sólo volumen), ya se dijo que llegó a publicar tres obras. Hoy comentamos brevemente la segunda obra, Memoria para la erección de un monumento a Miguel de Cervantes. Como ya indica su título tampoco era una obra literaria, y aunque no era un libro de Historia, lo elaboró en parte para la memoria, para la posteridad de lo que la gente de su época hizo en homenaje a Miguel de Cervantes. Sin embargo, en origen no era una obra para publicar, sino una memoria entre técnica y conmemorativa que él mismo impulsó y fue su autor principal, al punto de que fue él en persona quien, como alcalde en esos momentos, la presentó al ayuntamiento de Alcalá de Henares. Y fue él mismo quien la llevó a la imprenta del Establecimiento Tipográfico de F. García, que se encontraba en el número 13 bajo de la calle Santiago, para su publicación, la cual se produjo en 1879. Y aunque presumiblemente el autor principal era el propio Esteban Azaña, contenía también las sesiones literarias que en esos días de festejo se celebraron por la inauguración del monumento a Miguel de Cervantes, por lo que presumiblemente se recoge obra de otros autores. Este librito no se ha reeditado posteriormente, ni siquiera en 1979, centenario de la estatua, quepa ver si en 2029, ciento cincuenta aniversario, pueda que se le ocurra al ayuntamiento o a la Institución de Estudios Complutenses, aunque sea tras leer la idea por acá.

Esteban Azaña de por sí tenía un fuerte arraigo de la conservación artística de Alcalá de Henares, era el Presidente Tesorero en la Sociedad de Condueños, que hemos de recordar que se dedicaba a conservar el pasado arquitectónico, artístico y monumental de la antigua Universidad de Alcalá. Tenía trabajo de  juez municipal, pero también se metió en política tras el Sexenio Revolucionario, con la Restauración Borbónica. Él era liberal, aunque su padre, Gregorio, era partidario de la Primera República y su hijo, Manuel, sería Presidente de la Segunda República, tras ocupar otros altos cargos. Esteban llegó a concejal en 1875 y primer teniente de alcalde en 1877. Desde esos cargos comenzó a promover la creación de un monumento a Miguel de Cervantes, pues la ciudad no contaba con ninguno, a pesar de ser uno de los personajes nacidos en la ciudad más conocidos mundialmente. Su proyecto pudo realizarse materialmente al llegar a la alcaldía en 1879, puesto de alcalde que conservó hasta 1881, posteriormente concejal de nuevo en 1885 para volver a pasar a alcalde hasta su muerte en 1890. Aunque aportó una gran suma de dinero y fue él quien localizó al artista que consideró adecuado, quiso que esa obra fuera parte de todos los alcalaínos que lo desearan, por lo que abrió un proceso de suscripciones populares, lo que actualmente se llama de manera más difundida micromecenazgo, quizá por ignorancia de que tal acto ya recibía en castellano el nombre de suscripción popular, o sea: pequeñas aportaciones de dinero para crear algo propuesto.

La plaza donde se ubicó fue remodelada y renombrada Plaza de Cervantes. El artista contratado fue Carlo Nicoli Manfredi, que era Premio de la Orden de Carrara en 1864 y condecorado con la Cruz de la Orden de Carlos III. Escultor que por ello ya era afamado y que desde 1868 tenía un atelier en Carrara que hoy día sigue en activo en pleno siglo XXI. A la altura de aquel 1879 estaba afincado en España y trabajaba estatuas en bronce y en mármol junto a su padre y su hermano. Era el negocio familiar. Más aún, tenía relación con Alcalá de Henares, pues trabajaba en las obras de restauración del Palacio Arzobispal y las verjas. Ya había creado otras esculturas y bustos de Miguel de Cervantes, sin embargo, el encargo alcalaíno terminó siendo la más reconocida y mejor escultura que tiene del escritor, más aún, los estudiosos del Arte consideran que también es la mejor escultura que realizó Nicoli.

Fue realizada en bronce fundido en Florencia y colocada sobre un pedestal de piedra de Colmenar de Oreja que elaboró un artista de Alcalá que también llegó a ser alcalde, Manuel Laredo. Fue inaugurada con grandes festejos en octubre de aquel 1879. Con la reforma de la década de 1970 la peana original fue sustituida por la actual de obra rodeada de catenarias en lugar del ajardinamiento que llegó a tener. En 1994, otro artista local, colocó en el actual pedestal de la década de 1970 una serie de placas de bronce con imágenes de sus personajes del Quijote. Sin embargo, la obra fue vandalizada, pues se le robó la pluma de la mano, igual que a la estatua al arzobispo Carrillo se le robó su báculo. Por ello, siendo ya Patrimonio de la Humanidad y tras comprobarse que la obra necesitaba restauración, en 2007 se procedió a dicha restauración, que incluía la reposición de la pluma tal como se concibió en 1879, pues posteriormente se le había cambiado por otra con un diseño ligeramente diferente. 

Existe una pequeña estatuilla a modo de diseño previo conservada en la Capilla del Oidor.

El estilo sigue las líneas idealizadas de un romanticismo historicista tardío, aunque puesto de moda de nuevo por Benito Pérez Galdós, y como el historicismo de Galdós entra también en el realismo, en esta estatua se mezcla ese romanticismo historicista con el realismo. Cervantes aparece idealizado también en ropaje y actitud, aunque se parece en mucho al retrato posteriormente encontrado de él, que también se creó sin tenerle vivo como modelo en su época. Lo curioso de esto es que Nicoli no tuvo esa referencia visual, por lo que coincidió en el retrato con el pintor del cuadro. Probablemente Nicoli se ciñó a la autodescripción que hizo de sí Cervantes en sus obras y le dotó de la psicología que creyó conveniente tras la lectura de su obra y biografía. Psicología que queda patente cuando se observan los detalles de la cara.    

 Esteban Azaña, preocupado por recuperar la memoria y la Historia de Alcalá, así como recuperarla con aires de ciudad moderna de su época, dio con la publicación de esta memoria artística y de las celebraciones otro aporte para el futuro de un hecho histórico de la ciudad que él mismo fraguó.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 17 de mayo de 2025

Historia de la ciudad de Alcalá de Henares (antigua Compluto)

Título: Historia de la ciudad de Alcalá de Henares (antigua Compluto) [Tomos I y II].
Autor: Esteban Azaña Catarinéu.
Editor: Esteban Azaña (autopublicación los dos volúmenes).
Imprenta: Imprenta de F. García C. (1ª parte, Alcalá de Henares, calle de Santiago, nº 13); Establecimiento Tipográfico de E. Alegre (2ª parte, Madrid, calle Peninsular, nº 11)
Año de publicación: 1882 (1ª edición de la Primera Parte); 1883 (1ª edición de la Segunda Parte); 1884 (reedición conjunta).
Género: Historia; Crónica.

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Título: Historia de Alcalá de Henares.
Autor: Esteban Azaña Catarinéu.
Editor: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares; colabora el Banco Hispano-Americano.
Año de publicación: 1986 (1ª edición fac-símil; Prólogo de Manuel Gala -Rector de la Universidad de Alcalá de Henares-; Arsenio Lope Huerta -alcalde de Alcalá de Henares por el PSOE-; Antonio Sastre -Director del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares).
Género: Historia; Crónica; Fotografía.
ISBN: 978-84-600-4597-8

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Título: Historia de la ciudad de Alcalá de Henares (antigua Compluto).
Autor: Esteban Azaña Catarinéu.
Editorial: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares.
Año de publicación: 2005 (2ª edición fac-símil; Presentación de Luis Miguel Gutiérrez Torrecilla -Director del Instituto de las Ciencias de Comunicación y catedrático de Documentación y Biblioteconomía de la Universidad de Alcalá-).
Género: Historia; Crónica.
ISBN: 978-84-8138-683-9

 


La Historia general de Alcalá de Henares más popularmente conocida incluso a fecha de 2025 actual y válida y vigente en muchas de sus partes es una Historia escrita en dos volúmenes, siendo el primero publicado en 1882 y el segundo en 1883, con una republicación en 1884. O sea, es del siglo XIX. La escribió una de las figuras históricas de la ciudad, tanto por esta obra como por ser uno de sus políticos más destacados, Esteban Azaña. Llamó a su primer tomo Historia de Alcalá de Henares, publicado y pagado por él mismo en 1882, e impreso en Alcalá de Henares en la Imprenta de F. García C., de la calle Santiago, nº 13. Debió repensar que un nombre como este, que hoy día nos es deseable, sencillo, directo y práctico, no era lo suficientemente respetuoso ni daba las honras debidas al pasado de su ciudad y por ello en 1883 renombró al segundo tomo como Historia de la ciudad de Alcalá de Henares (antigua Compluto), y no recurrió a la imprenta de la primera parte, sino que se trasladó a Madrid capital para requerir los servicios del Establecimiento Tipográfico de E. Alegre, de la calle Peninsular, nº 11. Actualmente se conoce la obra con ambos nombres. En 1986 su validez hizo que la Universidad de Alcalá de Henares reeditase la obra completa con el nombre del primer tomo, mientras que en 2005 la reeditó con el nombre del tomo segundo. Ocurre ahora que popularmente se le conoce con el nombre del primer tomo, y para cronistas, eruditos e historiadores se valida el nombre del segundo. Quien esto escribe, historiador, archivero y alcalaíno, ambos nombres son válidos si bien prefiero quitar la pompa y suelo usar el nombre simplificado (y más moderno) que tuvo en su primera parte.

Las reediciones de la Universidad de Alcalá de Henares en el último cuarto del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI tiene dos contextos históricos de la ciudad diferentes. La primera edición facsímil (o facsimilar, como se prefiera), pretendía coincidir más o menos con el primer centenario de su publicación, casi lo logró, ya que salió en 1986. Las cubiertas no imitaban las originales del siglo XIX, que si bien hoy día hay quien da los créditos de la primera página como cubierta original, lo cierto es que eran cubiertas clásicas del siglo XIX en tapa dura sin dibujo ni letras, tan sólo con el lomo indicando el nombre y autor de la obra entre nervaduras forradas en cuero. Si bien algún vecino de la época y posteriores cercanas debió comprar las dos obras y unirlas por cuenta propia en alguna imprenta haciéndole poner una cubierta que acogiera las dos partes como un sólo volumen, ya que en algunas librerías de viejo se puede encontrar así, aunque es un libro inusual de encontrar hoy día en su edición original. Las cubiertas de 1986 eran en tapa blanda, altamente flexible con un  gris metalizado muy innovador en aquel año, hoy día bastante común, que contenía un dibujo en tinta de la fachada de la Universidad de Alcalá de Henares y acogía el nombre del autor y la obra en morado dentro del escudo imperial de los Austria que se ve en la misma fachada citada. La Universidad de Alcalá de Henares había sido creada en 1977 sobre los edificios de la antigua universidad de 1499, que era la de Alcalá cuando se llamada Complutense, la cual como institución fue trasladada a Madrid a mediados del siglo XIX y allí se quedó. Precisamente Esteban Azaña fue Presidente del Casino Tesorero de la Sociedad de Condueños que compró y conservó los edificios históricos de la antigua Universidad. Esta es otra razón por la que la Universidad de Alcalá en 1986 quiso recuperar esta obra como reconocimiento a uno de sus benefactores pasados. Más aún, en plena década de 1980 la Universidad de Alcalá, en colaboración con el ayuntamiento de Alcalá, estaba inmersa en la recuperación de muchos de esos edificios históricos que tuvo y su rehabilitación, trabajando también con la Sociedad de Condueños, por lo que también tuvo una actividad amplia para recuperar la memoria de la Historia de Alcalá y hacerla llegar al resto de los alcalaínos, sobre todo porque entendía que eso era algo que también la afectaba y beneficiaba. Quizá por eso la edición de 1986 contó tanto con grabados del siglo XIX como con fotografías del siglo XX, especialmente de esos años de la década de 1980, para mostrar la recuperación y modernización de muchos de los lugares protagonistas de la obra. Tuvo prólogos escritos por Manuel Gala (Rector de la Universidad de Alcalá de Henares), Arsenio Lope Huerta (alcalde de Alcalá de Henares por el Partido Socialista Obrero Español -PSOE-, en consonancia amplia con Gala) y Antonio Sastre (Director del Servicio de Publicaciones de la Universidad). Esta edición logró un gran éxito y difusión, siendo que una gran mayoría de alcalaínos de la época la adquirió, a pesar de un elevado precio para aquellos años, 800 pesetas, aún escritas a lápiz en su primera hoja en muchos ejemplares. Se reimprimió varias veces en los años sucesivos, en alguna ocasión con ligeras variaciones en sus cubiertas, como la inclusión en la portada, y no en la contraportada, del escudo actual de la Universidad.

La segunda edición de la obra que hizo la Universidad de Alcalá en 2005 no respondía a las razones de 1986, puesto que el contexto histórico de la propia Universidad y de la ciudad era ya muy diferente, y se consideraba alcanzados y conseguidos aquellos. La Universidad, además, ya estaba bien asentada y no era una institución naciendo, sino reconocida. Alcalá de Henares había sido reconocida Patrimonio de la Humanidad en diciembre de 1998, en buena parte por su Historia y también por la propia Universidad muy implicada en ella. Desde ese año se comienzan a realizar una serie de inversiones para restaurar y rehabilitar una vez más varios de los edificios históricos. Por otro lado, en 1999 se celebró el V centenario de la Universidad de Alcalá, para lo cual la propia Universidad realizó más actos y nuevas publicaciones sobre su propia Historia. Más aún, en aquel 2005 se celebraba el IV centenario de la publicación de la primera parte del Quijote de Cervantes, celebraciones en las que también se implicó. Se buscaba potenciar entonces la Historia de la ciudad desde todos esos hitos. No había habido una Historia general de Alcalá en algo más de cien años desde la obra de Esteban Azaña, salvo pequeñas publicaciones no muy destacables a comienzos del siglo XX. Como mucho, en 2001 apareció la siguiente obra general destacada e imbuida de las mismas celebraciones de comienzo del siglo XXI, se trataba de Alcalá de Henares. Crónica general (Luis Miguel de Diego Pareja y José Carlos Canalda Cámara, pero fue de edición más bien corta y limitada. Se vendió completa y no se reeditó, por lo que su alcancé sólo llegó a un número no muy amplio de alcalaínos. Y si bien es cierto que desde el humor gráfico en 2005 se publicó La histeria de Alcalá (Miguel Ángel Gómez Sedano -Ángel- y José Rubio Malagón -Malagón), se consideró desde la Universidad de Alcalá que era oportuno reeditar la obra de Azaña. Contaba sólo con una presentación de Luis Miguel Gutiérrez Torrecilla (Director del Instituto de las Ciencias de Comunicación y catedrático de Documentación y Biblioteconomía de la Universidad de Alcalá). Explicaba él que se eliminaron las fotografías y partes gráficas que se publicaron en 1986, para adaptarse mejor a cómo fue la publicación del siglo XIX, aunque se incluyó un retrato fotográfico del autor para dar inicio al libro. En este caso se quiso solemnizar el libro publicándolo en tapa dura con guardas de papel verjurado, en tono crema muy suave, con una fotografía del siglo XIX de la fachada de la Universidad. Efectivamente esta edición facsímil era una edición de gran lujo cuyo coste económico era muy elevado, proporcionalmente incluso más que la edición de 1986, y no se la promocionó tanto como en aquel año, por lo que su alcance quedó altamente reducido a personas que se lo podían permitir y tenían interés. Más aún, algunos de los libros sobrantes fueron regalados por la Institución de Estudios Complutenses en años posteriores a participantes de los Encuentros de Historiadores del Valle del Henares, como el ejemplar que tiene quien esto escribe.

Cuando Esteban Azaña escribe su Historia de Alcalá sus referencias estaban en Anales complutenses (Pedro Tamayo; Pedro de Quintanilla y Mendoza; Carlos Sáez y varios autores anónimos, probablemente canónigos de la Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares., 1652), que no estaba publicada en libro en el siglo XIX, por lo que fundamentalmente su mayor referencia estaba en Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares (Miguel de Portilla y Esquivel, 1725). Como se puede ver, cuando Azaña escribió su obra también habían pasado más de ciento cincuenta años sin una Historia general de la ciudad. Esteban Azaña fue una persona muy interesada en recuperar la Historia de Alcalá. No sólo ocupó el cargo citado en al Sociedad de Condueños y no sólo escribió esta enorme y documentada Historia, promocionó una suscripción popular para crear una estatua a Miguel de Cervantes, cuyo buena parte del dinero puso él y él contrató al artista (la estatua esta en la Plaza de Cervantes), un busto a Juan Martín "el Empecinado" (cuya figura política polémica entre conservadores y liberales en la ciudad había malogrado intentos anteriores), participó desde la política local de crear una plaza de toros monumental (hoy día derribada), de celebrar una fiesta de centenario de la Virgen del Val (aunque la fecha elegida era errónea), de inaugurar el Teatro Salón Cervantes como gran teatro para la ciudad, reivindicó sin éxito que el nuevo obispado Madrid-Alcalá se ubicara en el Palacio Arzobispal, así como fue uno de los primeros que desde la política reivindicó que la Iglesia Magistral fuera catedral, cosa que no se logró hasta 1991. Igualmente, en uno de sus programas políticos defendió la necesidad de alinear la Calle Mayor, aunque aquellas elecciones no las ganó. En general, como se ve, tuvo a lo largo de su vida la necesidad de modernizar la ciudad, devolverle un orgullo de Historia pasada, recuperar su memoria y elevar todos sus hitos históricos.

Esteban Azaña era un hombre liberal, por lo que su Historia de Alcalá se ve influenciada por esa pertenencia política. Ahora bien, su liberalismo no terminó cayendo en republicanismo, como sí lo hizo Manuel Azaña, uno de sus hijos, escritor y político que fue Presidente de la Segunda República. Quien también era republicano era el propio padre de Esteban Azaña, Gregorio Azaña, partidario que fue de la Primera República (1873-1874). Cuando el general Villacampa, destinado en Alcalá de Henares en 1886, intentó un golpe de Estado contra la monarquía de la Restauración con la intención de volver a crear una República, Esteban Azaña tuvo un papel muy relevante para impedir tal golpe. Por ello la reina regente María Cristina (pues Alfonso XII había muerto en 1885) le quiso hacer Conde de Zulema, pero fue su padre Gregorio el que le convenció de rechazar hacerse noble para mantener coherencia con su liberalismo. No obstante, previamente, años antes Alfonso XII y María Cristina habían visitado Alcalá de Henares durante su alcaldía, por lo que ya había recibido entonces la medalla de la Orden de Carlos III.  

Pensemos que los Azaña eran una familia alcalaína de la que se tiene constancia de ellos en el Archivo General de la Administración a través de los fondos del Corregimiento de Alcalá de Henares, y en el Archivo Municipal de Alcalá de Henares. Fundamentalmente tienen dos ramas desde el siglo XVII. Una identificada con agricultores, aunque en realidad se refiere a terratenientes, y otra, de la que viene Esteban Azaña, dedicada a ser escribanos, notarios y políticos locales que a la vez tuvieron negocios en la ciudad, siendo parte de la burguesía complutense. No obstante, Nicolás Azaña, notario y escribano entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, participó de la toma secreta de declaracones a una serie de personas francesas en la ciudad que en 1793 se alegraron de la decapitación del rey Luis XVI en Francia. Se intuye aquí una toma de contacto directo con las nuevas ideas democratizadoras y revolucionarias que terminaron calando. Posteriormente, durante la Guerra de Independencia y tras ella, esta familia está muy claramente entre los liberales de la ciudad. Al margen de la evolución de los Azaña, el propio Esteban fue juez municipal, el ya nombrado cargo de Presidente Tesorero en la Socidad de Condueños, concejal desde 1875, primer teniente de alcalde en 1877, alcalde entre 1879 y 1881, después se dedicó a escribir la Historia de Alcalá, para volver a la política en 1885, que volvió a ser concejal y alcalde hasta 1890 año en el que murió de gripe en febrero, por cierto, teniendo su hijo Manuel apenas once años un mes antes cumplidos. Esteban había muerto con 49 años de edad, en el año que debería cumplir 50. Él había nacido en mayo de 1850. Su gripe, por cierto, es uno de los tópicos de la literatura sobre Alcalá sobre causas de muerte natural en la ciudad.

Su esposa fue Concepción Catarineu Pujals, de Arenys de Mar. Fuera del alcance político tenían una fábrica de jabón exitosa, la cual era la que les daba buena parte de sus ingresos económicos. Esteban probó con ser escritor, para 1877 tenía acabada una novela de costumbres y amorosa llamada Ludivina, que no fue publicada hasta 1879 a nivel local y con un recibimiento modesto. El mismo año publicó la Memoria para la erección de un monumento a Miguel de Cervantes, que no es literatura y tiene que ver más con su labor cultural y política. Sólo volverá a publicar libro en 1882 y 1883 con la obra que nos ocupa, Historia de la ciudad de Alcalá de Henares (antigua Compluto).

Su interpretación de la Historia de Alcalá desde su liberalismo, y su propia trayectoria familiar y política le creó un enemigo político directo, José Demetrio Calleja, otro burgués de Alcalá de Henares que en el pasado había sido carlista y en el momento de la alcaldía de Esteban Azaña no sólo es su adversario político, sino que rechazaba la Constitución democrática de 1876 y era un ultraconservador y ultramontano católico. Este escribió una serie de publicaciones entre 1882 y 1901 que trataban de desacreditar a Azaña para atar la Historia de la ciudad a una visión ultracatólica y ultraconservadora. Estas obras fueron compiladas y publicadas en José Demetrio Calleja Carrasco. Obras completas (José Demetrio Calleja Carrasco, 1882 a 1901, obra completa: 2000). 

Sea como sea, la obra de Esteban Azaña se veía beneficiada de la condicción erudita del mismo, del pasado notarial, escribano y político de toda su familia y la documentación acumulada en su propio archivo familiar, de su posición política que le daba acceso a los archivos municipales y otros, así como el acceso a una biblioteca particular y acumulada por su familia con libros como el de Portilla, del que se alimenta parte de su investigación histórica. Esto hace que el libro de Azaña sea en buena parte un libro de Historia desde la Ciencia Humanística en la que esta se estaba asentando en el propio siglo XIX, por lo que recurre a la consulta de fuentes directas y al contraste de las mismas, pero también responde a la concepción de crónica, en la que la Historia a menudo es narrada sin excesivo contraste y dando cabida a mitos y cultura popular al mismo nivel que las fuentes directas contrastadas. Pero cuidado, porque muchos de los mitos e hitos fundacionales suelen alterar e influir en las mentalidades de las sociedades, por lo que tienen su peso en la construcción de la Historia, no se les puede eludir ni eliminar, aunque no se les puede elevar a la categoría de hecho cierto. El hecho cierto es su existencia como relato y como este influye en la sociedad y la Historia. Cuestiones en Alcalá como los Santos Niños, el milagro de la Virgen del Val, la Vera Cruz, las Santas Formas... pero no sólo las cuestiones milagrosas, también otras como pueda ser las dimensiones concretas que alcanzó la batalla del Empecinado en el Zulema durante la Guerra de la Independencia (discutida incluso hoy día por algunos historiadores), la aparición mítica de soldados de la Guerra de Troya fundando Iplacea, o la pata de la silla del trono del rey Salomón que daría nombre al propio Zulema. Por poner ejemplos.

Es destacable, por ejemplo, el ejercicio que hace Azaña para comprender el pasado romano de la ciudad, en un momento en el que la arqueología en Compluto no estaba desarrollada. Así por ejemplo nos hace cuenta de la epigrafía que le parece destacable o de los restos que se hayan en el Juncal mediante labores de agricultura o cuando se reformó en su propia época la Fuente de la Salud. Igualmente es interesante su narración de los sucesos acontecidos en la Guerra de Independencia o durante sus años políticos previos en la década de 1870, pero también en la de 1860. O la narración que nos hace del Siglo de Oro en la ciudad, con gran cuidado de citar biografías destacables. Tiene además un lenguaje un tanto romantizado propio del siglo XIX que le da cierto encanto a la lectura. Acompaña al texto además de pies de página y acotaciones aclaratorias que expanden la información sobre algunas de las cosas que comenta en el cuerpo principal de la obra.  

Es una obra a caballo entre la ciencia de la Historia y lo que es propiamente crónica, que, repetimos, crónica e Historia no es lo mismo. El acceso documental de la familia Azaña fue fundamental para crear la Historia general de Alcalá de Henares más válida hasta su fecha y durante prácticamente un siglo más tarde. Hoy día sigue siendo válida, aunque se la ha de leer críticamente. Azaña aportó detalles que sólo pudo alcanzar desde su documentación familiar y desde su posición política, por lo que también alcanza detalles concretos fiables. Son especialmente destacables todos los acontecimientos que narra de su propio siglo, el XIX, el cual vive y es protagonista directo. Cualquier interpretación que se ha hecho en este siglo XXI sobre si Alcalá no era o era liberal y por tanto cual o tal, quien esto escribe opina que, habiendo leído esas interpretaciones actuales, leyendo detenidamente el resto de análisis histórico de quien esas interpretaciones hizo, trata de volver a traer la Historia de Alcalá a una visión muy apegada al mundo conservador católico, por lo que en pleno siglo XXI pareciera que algo más moderada sigue la polémica con Calleja. Que escuece que la Historia de Alcalá de Henares no es sólo el punto de vista católico. Otros historiadores actuales que han abarcado aspectos concretos de la Historia de Alcalá, como pueda ser Gutmaro Gómez Bravo, Julián Vadillo, Urbano Brihuega, Ignacio Ruiz, Carlos Mazarío o Ángel Carrasco, entre otros, siendo algunos de ellos doctores de Historia, van demostrando con investigaciones profundas de archivo y documentación que va apareciendo en ellos, que esa otra Alcalá de Henares que no era conservadora no sólo existía, sino que además fue más fuerte e importante de lo que hasta hace no mucho se ha fomentado y de la que aún hay defensores importantes.

Esteban Azaña no era historiador de formación, pero dedicó mucho tiempo a ahondar en la Historia de Alcalá. Se nota, por otra parte, incluso en comparación con otros libros de Historia del último cuarto del siglo XIX, que usa un lenguaje entre técnico y literario que hace de su lectura una lectura mucho más ágil que un libro estrictamente de Historia científica.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".