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domingo, 16 de marzo de 2025

El orden analfabético

Título: El orden analfabético.
Autor: Carlos Mazarío Torrijos.
Editorial: Inventa Editores.
Año de publicación: 2024 (1ª edicióna).
Género: Novela.
ISBN: 978-84-12905311

 

El poeta, historiador y profesor de educación secundaria y bachillerato Carlos Mazarío sacó justo al final de 2024 su primera novela, la cual fue presentada al comienzo de 2025 en la librería de antigüedades Capitel, en la Calle Santiago de Alcalá de Henares. Repetía, a la vez, a sacar libro con la editorial Inventa Editores, con la que en 2016 publicó el poemario Mi vida en Camposanto. Hay que recordar que es una editorial muy relacionada con autores alcalaínos, pero en realidad es de la cercana Guadalajara, está asentada en Castilla-La Mancha, y usa los servicios de la imprenta Gráficas Alto Tajo. Sin embargo, repetimos, es una editorial muy relacionada con autores de Alcalá de Henares. En este caso, la primera novela de Mazarío, sexto de sus libros, se llama El orden analfabético. Título que nos recuerda y que podría estar haciendo referencia a la novela El orden alfabético, escrita por Juan José Millás y publicada en 1998. En aquella novela, Millás narraba la historia de un niño que se refugiaba en sus fantasías frente a un mundo más adulto y adverso. Ordenaba el mundo en un orden alfabético, reconstruyendo la realidad en otra realidad más acorde. Cada capítulo empezaba siguiendo el orden alfabético en la primera letra de cada uno. Algo  de eso hay en esta otra novela de Mazarío, aunque no exactamente eso. Antes remitámonos a comentar que se trata de una novela breve en tapa rústica solapada, con una contracubierta en un tono verde sedante que recuerda el de muchos mobiliarios y paredes de múltiples colegios e institutos, que a la vez es el mismo color que se usa para un avión de la cubierta con forma parecida a la de los aviones de papel (pero que no es de papel), con las alas rotas e imposibilitadas de volar por estar clavado con clavos a una superficie dura y rota por esos clavos, en una tonalidad blanca que nos puede sugerir la pureza y la inocencia también rota. Una portada que cumple perfectamente la misión artística del ilustrador actual de libros. Moderna y conceptual, es una portada que, si se sigue el resto de la obra de quien la crea, tal vez pueda figurar por sí como pequeña obra de arte en una exposición propia. Lamentablemente no figura en el libro la autoría. El autor de la cubierta es Iván Casuso.
 

Carlos Mazarío como profesor de instituto e hijo de padre y madre igualmente profesores encuentra en ese mundo su inspiración para escribir esta novela. Transcurre en el ambiente educativo de un instituto público de educación primaria y secundaria. Conoce bien el ambiente y las personas que se encuentran en esas comunidad educativa, tanto alumnado, como profesorado, dirección, jefatura de estudios, familias del alumnado o personal laboral como la gente de conserjería o de la cafetería. Precisamente en el día de la presentación se vio arropado por parte de profesores del instituto donde enseña, transformándose aquella presentación de libro en una pequeña asamblea o reunión donde se terminó debatiendo en mesa redonda moderada por David Vicente sobre la situación actual de la educación española, su problemática y comparativas con diversos modelos educativos que se han ido sucediendo con los cambios de leyes desde la Enseñanza General Básica a los actuales sistemas, modelos y programas educativos vigentes.  

El libro sigue una temática y un estilo narrativo muy asentado en la España especialmente de la segunda mitad de los años 1940 hasta la primera mitad de la de 1960, nos referimos al realismo social, muy conocido por autores como Sánchez Ferlosio, Camilo José Cela, Miguel Delibes o Jesús López Pacheco. Está evidentemente actualizado con una temática y una sociedad propia del siglo XXI, pero en líneas generales ese es su género. Se trata de una novela coral donde abundan numerosos personajes, siendo todos protagonistas con sus propias historias y visiones, las cuales se cruzan en un mismo espacio y tiempo de convivencia. En El Jarama era un grupo de amigos en un día de campo en el río; en La colmena un vecindario entero se entrecruzaba en un café; en Cinco horas con Mario todas las historias confluían en un velatorio; y en Central eléctrica todo un pueblo entero se veía trastocado por la construcción de una presa que lo iba a anegar todo. Aquí es toda una comunidad educativa al completo, con sus diferentes edades, vivencias y posiciones sociales, obligada a conocerse entre sí y a convivir en el espacio y el tiempo educativo de un instituto, mientras a todas esas personas les cruza por medio el cómo afrontar cada una la llegada de un alumno de educación especial que, por ley, debe poder estar integrado en esa comunidad educativa para recibir una igualdad de oportunidades. Aunque la ley se hace para evitar la discriminación, la realidad social trae consigo que la igualdad de oportunidades y la no discriminación son a menudo algo volátil y relativo, y de ahí parte el título del libro, con un juego de palabras y a la vez un chiste malintencionado hacia ese alumno, el cual sufre acoso escolar sin ser él consciente de ese acoso escolar. Todo ello se explica mejor con la lectura del libro; quien esto escribe considera dejar para el propio descubrimiento del lector cuál es el origen del juego de palabras que implica El orden analfabético.

Mazarío construye un ritmo rápido a través de capítulos breves que se narran en la voz del pensamiento o de las conversaciones de cada uno uno de los múltiples personajes. Recoge una amplia riqueza de estudios psicológicos que dan unos cimientos muy sólidos a esta novela. Desde la profesora a punto de jubilarse que se siente fuera de su tiempo y olvidada, al profesor con depresión, la profesora joven muy motivada que desea crear una pedagogía nueva inclusiva, otra más tradicional y con más años de experiencia, la conserje como personaje del mundo obrero más duro, el citado niño con necesidad de una educación especial y metido en un mundo muy reducido, el abusón, la chica que valora más los novios que los estudios, los chicos y chicas que sirven para agravar o para aminorar los sucesos que van pasando en las aulas y pasillos, el que fuma y el que vende delante de la puerta del centro educativo, el jefe de estudios obsesionado con la imposición de un orden, el camarero de la cafetería que lo sabe todo y cuyo humor contribuye a lo que quiera que pase en esa comunidad, los padres y madres con sus diferentes orígenes económicos y de conocimientos, etcétera.

El autor sabe entrar en las mentes y necesidades de cada personaje. El mismo lo vive en su vida real, tanto en su propia vida, como en las vidas de las personas de su propia comunidad educativa.Contiene un alto grado de empatía con todas las miserias y grandezas de cada personaje actor de esta historia. Es precisamente esa observación y estudio que hace de su propio entorno el que logra crear una obra consistente. Logra entrar en la mentalidad de los adolescentes de hoy tan bien como en la mente de los diferentes tipos de profesores y el desgaste mental del oficio, cuya materia prima de trabajo es precisamente el contacto social y las interrelaciones humanas, a menudo alterando visiones y sueños propios, o bien encontrando personas que ejercen su oficio no tanto por vocación, sino ya por el cansancio de la rutina de años o porque accedieron a ser funcionarios con la idea de tener un empleo seguro y estable, lo que no impide la existencia de esa profesora con vocación muy motivada cuya antagonista es otra profesora mayor que ella que hace años que perdió su vocación. 

 En medio de estas historias aparecen temas transversales como son la homofobia, el embrutecimiento en las clases trabajadoras que no han tenido el acceso educativo actual, la falta de recursos, la obsesión por el fútbol, el físico o el éxito inmediato por encima del esfuerzo y el aprendizaje, los problemas psicológicos que surgen por la acumulación de situaciones personales adversas, y, en definitiva, es también todo un análisis de problemas sociales que no son percibidos como tales en general. Es como se ha dicho un libro de realismo social, que, como los que se escribieron cuando el género estaba en auge, mantiene una postura ante esos problemas sociales, pero no se manifiesta de manera abierta y clara, sino mediante la exposición y el análisis de la manera de ser, pensar o comportarse de cada personaje y su entorno.

Es una novela breve muy bien planteada y expuesta, con un muy notable ejercicio de conocimiento psicológico de las diversas edades y capas sociales de un instituto, como reflejo, a la vez, de la sociedad en general.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 6 de junio de 2021

Un incendio

Título: Un incendio.
Autor: Carlos Mazarío.
Editorial: Groenlandia.
Año de publicación: 2015 (1ª edición; prólogo de María Góngora).
Colección: Archivo groenlandés de publicaciones digitales.
Género: Poesía
Depósito Legal: CO 1088-2015


De Carlos Mazarío ya conocemos su bibliografía tanto como poeta como por historiador. Quedaba por comentar su primer libro, que fue un libro de poesía. Este se editó y publicó en 2015, aunque posiblemente apareciera ya previamente en 2014. La duda razonable sobre la fecha original viene dada porque tanto el prólogo que le escribió María Góngora, como la datación en la contracubierta digital del libro indica el año 2014, sin embargo, el depósito legal y la datación de la publicación que puso el autor indican 2015. El libro fue editado por la revista y editorial digital Groenlandia. Está disponible de manera gratuita por medio de esa editorial en la plataforma ISUU. Se llama Un incendio. No hay, al menos de momento, edición en papel. No sabemos si el autor en algún momento de su vida lo llevará al papel. Por otra parte esta edición digital fue maquetada de manera que las páginas quedaban muy cortas para las dimensiones de los poemas y la métrica de sus versos, por lo que los poemas quedan partidos a lo largo de varias páginas y a la vez los versos, muchos de ellos, quedan también partidos para entrar en las páginas. A pesar de tal estética, el libro se hace apetecible de leer, y mucho, gracias a la potencia y pasión con que escribe Mazarío. Desde el primer verso que inicia el primer poema ya nos tiene atrapados con una imagen que lo dice todo, "Hay días que son claros como los ojos del pescado fresco, (...)".

El libro contiene dos partes, la primera es "Los señores de la guerra", la segunda se llama "La huida". En la primera parte los poemas son más largos que en la segunda parte, siendo la segunda parte una huida hacia delante introspectiva en la perspectiva del paso de la vida. La primera parte, sin embargo, es una huida hacia adelante desde la percepción en primera persona de cómo es el mundo y como este afecta al interior del alma. A todo esto, el título, Un incendio, no deja de ser una metáfora que resume el sentido general de todos estos poemas. Es la percepción apasionada, pero a la vez lenta y sosegada, que va arrasando poco a poco el alma del poeta al ver que todo va pasando y parece ir despareciendo, o al menos que no volverá, pero como repite en varios poemas, siempre algo queda y como siempre algo queda hay en el fondo, para quien sepa leer entre líneas, una gran dosis de esperanza y de positivismo que podría llamarnos a engaños si solo nos fijamos en lo superficial y nos dejamos creer que hay una visión nihilista con sesgos un tanto de derrota o de negatividad. Nada más lejos, el poemario en realidad encierra un alto contenido de valor positivo de la vida y de todas sus experiencias y sus posos, el cual nos va formando, solo se lamenta que desparezca la propia vida un día, aunque esto también se dice de manera sutil. La metáfora de otro título, el de uno de sus poemas, resume perfectamente todo esto: "El pelo de Belén en otra chica". Este poema no habla de Belén ni de otra chica, pero sin embargo sí enumera una serie de cosas pequeñas que siempre quedan y nos devuelven el recuerdo cuando se descubre que las percibimos en otras cosas, sucesos y personas. 

"Muchas veces las cosas no son tan importantes,
y sin embargo vienen, nos alteran,
(...)"

Entre poemas, en algunos, se produce la división de las páginas mediante el dibujo de un corazón con señales de libro de medicina. Evita la maquetadora del libro que los poemas empiecen en las páginas impares, fuerza que siempre lo hagan en las pares, que caen en esta edición en la página de la izquierda. Así, para lograr esa estética visual, introduce esos corazones con sus venas y arterias seccionadas y señaladas como para un manual de medicina, pero coinciden con ese mismo corazón en rosa y fondo negro con todas esas venas y arterias intactas y sin señalar, el cual está en la portada, remarcando con fuerza el título, Un incendio, lo que refuerza la idea de que se está hablando de un incendio metafórico que abrasa el alma con pasión. Es la propia vida que apasiona al poeta y que ante la pérdida paulatina de esta, y ante la posible mentira de ideales que no tienen porqué darse, como la justicia, el poeta se arrebata y reflexiona, ese es el incendio de su alma.

"Ya no sopla el viento por esta calle.
Sin embargo,
ayer barrio con su azul brisa viva,
como encina en ladera
a mi sed por rincones ignorados.
(...)"

Pero exactamente no se trata solo de la pérdida de la vida, sino que a menudo se entiende la vida como etapas o experiencias que se van sucediendo, desapareciendo ante otras, aunque nos dejen posos. Por ello mismo siempre hay una pasión por la vida y hay un mensaje positivo.

"Hacia incendios futuros
galoparé, no os quepa la menor
duda, que mi vacío necesita
otra paz, otras tierras, otra sangre.
(...)"

La vida es así una sucesión de renovaciones y nuevas vidas. Es interesante también la percepción de las personas como si fueran ciudades. Al igual que hiciera el poeta Luis García Montero en Poesía urbana, las ciudades pasan a ser simbolismos de las personas mismas. La ciudad, como los laberintos en otros poemas, o los pasillos en Machado, pasan a ser simbólicamente las personas por conocer, por no conocer o conocidos. Según nos describa una ciudad, nos habla Mazarío de cómo es la persona y cuál su relación con ella. 

El estilo de Mazarío en este poemario no es el de los poemas muy breves de su libro de 2019 Ejército de un solo hombre, ni tampoco el de 2016, Mi vida en camposanto. Se aproxima más a su otro libro de poesía de 2016, más largos y más enrabietados Movilidad exterior, tal vez continuación lógica de este libro de 2015 que hoy comentamos. Hay en ambos esa rabia y esa sinceridad total que se acerca a la realidad más doliente de nuestra sociedad actual actuando dentro de nosotros como personas. Es una lucha incluso entre el mundo prometido desde niños y la realidad pura y descarnada, un choque tan desastroso que si la persona no sabe entenderlo y aceptarlo, podría acabar con él. Existen así versos de desilusión ante la falta de justicia, pero siempre hay giros y mensajes sutiles que nos devuelven a la otra realidad de que la vida es como quieras tú percibirla y merece la pena. 

Abundan los encabalgamientos y el prosaísmo, la reflexión, pero el alto contenido de imágenes simbólicas y alegorías llenan de sentido poético todas y cada una de las cosas que nos dicen. 
 
"(...)
Nacimos en un tiempo de sábanas calladas
y chaquetas de pana y aún de miedo
que pasaron a ser vaqueros rotos
casi sin darnos cuenta
antes de retornar a lo que fueron,
camisetas parlantes, y otras cosas
que hoy ya nadie recuerda.
(...)."

Carlos Mazarío, nacido en Alicante en 1977, vive en Alcalá de Henares desde hace muchos años y aquí se ha formado intelectualmente, es licenciado en Humanidad por la Universidad de Alcalá de Henares, y se ha desarrollado  profesionalmente también, es profesor de Geografía e Historia en el Instituto de Educación Secundaria Antonio Machado, antigua Universidad Laboral de Alcalá de Henares, a la cual le dedicó su investigación La Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Historia de una institución docente (1966-2016). Es poeta, historiador y profesor. 
 
Como historiador, aparte del libro citado, publicado en 2017, ha publicado también otras tantas investigaciones  a modo de artículos y comunicados sobre la vivienda social, la biblioteca oriental de Fernando Zóbel y el Convento de Dominicos de la Madre de Dios de Alcalá de Henares. Está premiado con el Premio de Jóvenes Investigadores de la Institución de Estudios Complutenses en 2007. 

Por su obra poética ha recibido los premios San Isidoro de Sevilla de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla en los certámenes de 1997 y 1999, y es tercer premio del IV Certamen de Poesía La Revelación, por el cual fue publicado en su poema por Ediciones Evohé en 2011. Ese mismo año presentó diversos haikus en un concurso llamado Haikus electrónicos, quedó finalista y fue publicado digitalmente por la editorial Gaviero, por lo que esa publicación es un antecedente claro de este primer poemario íntegramente suyo. 

Tiene por delante un gran futuro. Es uno de los poetas destacados de la ciudad y un historiador también bastante reconocido a través de su libro sobre la Historia de la ULAH.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

lunes, 30 de diciembre de 2019

Ejército de un solo hombre

Título: Ejército de un solo hombre.
Autor: Carlos Mazarío. 
Editor: Asociación Cultural Letras Cascabeleras.
Año de publicación: 2019 (1ª edición).
Colección: Poesía.
Nº de volumen en la colección: 26. 
Género: Poesía
ISBN:  978-84-949710-8-2

A Carlos Mazarío ya le conocemos bien en estas notas.  Quizá podamos anotar hoy ampliando lo que ya sabemos que también escribe artículos histórico-artísticos y que fue galardonado con el I Premio de Jóvenes Investigadores por la Institución de Estudios Complutenses en 2007.

Hoy hablaremos de su libro más reciente, el quinto, el cual es un poemario. Se trata de Ejército de un solo hombre, editado y publicado por la Asociación Cultural Letras Cascabeleras a finales de verano de este año 2019. Es un pequeño libro de bolsillo, muy manejable, en tapa blanda sin introducciones ni prólogos. Directamente la poesía dividida en tres bloques, "El Ejército Maza", "Libro de hija" y "Manual de antiayuda", los cuales van disminuyendo en su contenido en volumen de poemas que incluyen. Para la cubierta se ha elegido un elegante fondo blanco con una barra verde en su lateral izquierdo mientras bajo el título y nombre del autor se nos muestra una cabeza de muñeca antigua, vieja y rota, casi como algo tétrico, aunque en realidad a modo de juguete roto. Cuando uno lee el poemario lo cierto es que podría quedarse con esa sensación de juguete roto a través de lo que el poeta nos va contando en el conjunto de cada uno de estos poemas. El título, como la foto, es todo una declaración poetizada de lo que el libro contiene, una especie de guía, de clave, para entender aquello que te vas a encontrar en estas páginas. Pasemos a comentarlo.

En el primer bloque, "El Ejército Maza", que es el más abultado en poemas y el que contiene los más largos y los de métrica mayor más abundante, es el que hace una referencia más expresa al conjunto que representa el título Ejército de un solo hombre, que en este caso sería Maza, hemos de entender que es un diminutivo cariñoso al propio apellido del autor, Mazarío, o bien se trata de un juego mediante una voz de protagonista con apellido Maza escondiendo detrás de sí como personaje ficticio parte de las vivencias del personaje real Mazarío. ¿Por qué este ejército es de un solo hombre? Porque de lo que nos va a hablar desde el primer poema es de los trabajos y esfuerzos de la voz narradora a través de estas poesías para mantener una familia a la que ama. El poemario es así un poemario dedicado a ese amor familiar desde la perspectiva del hombre como personaje sobre el que recae tareas de mantener cubiertas las necesidades materiales de esa familia, lo que provoca renuncias a sueños de juventud o incluso de la vida de novios, y adentra al individuo en la realidad del adulto en este mundo que hemos creado tan lleno de necesidades materiales y renuncias que alienan al individuo al tener que renunciar este a una parte de sí para obtener los medios con los que poder vivir en esta misma sociedad. 

"Volveré de la guerra cansado. Cada noche
retumbarán mis pasos en la escalera oscura,
pues no daré la luz
para no despertarte, bella, que duermes plácida,
bella, que duermes triste sin tu guerrero al lado."

Vemos así en este primer poema que ella también renuncia a una parte de sus auténticos deseos, pues duerme triste sin su él. No nos confundamos, que el poemario trate de esa visión del hombre en la familia no indica que sea un poemario machista, cosa que dados los tiempos que corren seguramente alguien estaría tentado de tildarlo así por el mero hecho de no mostrar el punto de vista de la mujer en la familia. Hay que comenzar a acabar con estas pequeñas censuras que se empiezan a hacer cotidianas y que sólo entorpecen toda comprensión posible de las realidades diversas. El libro no es en absoluto machista, aunque sea el punto de vista masculino de esta relación familiar. Hay que aceptar que también los hombres tienen su emocionalidad y tienen derecho también a expresarla, hacer esto no implica menoscabo a la mujer ni menosprecio a las vivencias y emocionalidad de esta, ni siquiera preponderancia. Si en este poema se habla del trabajo fuera de casa todo el día como una guerra, una guerra cotidiana, hemos de entender, hemos de comprender un esfuerzo que se acepta como sacrificio necesario, pero que si pudiera cambiar a otras condiciones que ni supusiera esfuerzo a él ni tristeza a ella, podría afrontarse ese cambio. Hemos de entender que el no encender la luz para no despertarla es un acto de amor, otro pequeño sacrificio, pues no viéndose en el día, se ven en la noche, pero ella duerme, por lo que el amor cotidiano en los días laborales pasa a un amor contemplativo, parece ser, lo que es un sacrificio, pero merece la pena esa guerra de renuncias y de juguete roto pues a fin de cuentas, duermen juntos, están juntos, viven juntos. La guerra es conjunta.

En otros poemas hace referencia a todo aquello que un día soñó de joven y ya no podrá ser ("Me cautiva el espectro algunas noches / del genio que no fui y ya no seré. (...)"). Sin embargo, toda la sinceridad que la voz narradora arroja en este poemario, y es de agradecer porque es muy valiente estas confesiones de vida diaria y de intimidad del pensamiento, y eso hace de los poemas buenos poemas, también nos confiesa en más de un poema que si bien hay como un lamento de todo lo que no se vivió o de todas las renuncias, o del esfuerzo y el peso de las cargas familiares, el saberse con unas responsabilidades, todo ello está más que compensado con esa vida en pareja y también con el hecho de ser padre de una hija, de haber construido y de estar construyendo vida, compartiendo un proyecto de vida.

"(...) 
Vuelvo a tu carne blanca, a tu silencio
tendido como un cable telefónico,
a tus curvas de madre, a tus manos delgadas,
a tu templada luz. 
(...)"

Transforma lo cotidiano y los pequeños sacrificios diarios invisibles en épica casi de oda griega. Llega a decir "Como un niño secreto voy por ti hacia el abismo (...)", aceptando así todo lo que le ocurra en contra de lo que un día planeó para su vida futura y aceptando así su vida real y presente, el abismo, porque ese abismo le atrae y siente que quiere ir a él si eso implica todo aquello que le aporta ella. No obstante ella le hace sentir como un niño de nuevo, lo que es estar lleno de vida y de nuevos deseos de construir futuros, pero es un niño secreto, porque ambos son adultos y como adultos está la guerra de la vida cotidiana, el tener que ganar medios con los que vivir en esta sociedad, lo que implica, repetimos de nuevo, renuncias personales. Una alienación del trabajo en esta sociedad capitalista e industrial de la que habló Karl Marx ya en el siglo XIX, pero de la que Carlos Mazarío en el siglo XXI vuelve a reflexionar a través de poemas muy emocionales (pero equilibrados) sobre si merece el precio esa alienación, en su reflexión, pese a todo lo que supone lo perdido, pues frustra en parte a la persona, lo nuevo, la construcción de vida, compensa.

Esto se ve mejor en la segunda parte, "Libro de hija", donde todos los poemas están dedicados a su hija pequeña, o hijas, pues creo que el autor tiene dos hijas, por verle en la calle y por la dedicatoria general del libro a su pareja y a, creo, sus dos hijas. Es un bloque de poemas muy cortos, de dos a cuatro versos cada uno, excepcionalmente alguno con un par más de versos. Si bien en el bloque anterior llega a quejarse de no tener tanto tiempo para escribir o ver a sus amigos, el encuentro con sus hijas es lo que dota de sentido a esta existencia de renuncias y juguete roto. Es precisamente por ello que debe combatir esa guerra siendo el único hombre que forma todo el ejército, pero si es ejército es porque el objetivo le hace vencer todos los males.

"Pequeña.
Un corazón de colibrí en mis manos.
Un resplandor gigante en la noche más negra."

Es precisamente ese amor paternal el que desarma a ese ejército. Y eso queda latente en estos poemas. 

"Me convierto en pavesa en medio del océano.
A tu lado
me vuelves tan pequeño como la muela al grano."

Ya en el tercer bloque, "Manual de antiayuda", se llega a unos poemas ni tan largos como los del primer bloque, ni tan cortos como los del segundo bloque. En ellos hay cierto equilibrio estético y formal en su composición. Estamos ante el final del libro, que no deja de ser una serie de reflexiones que tratan de sintetizar todo lo que se ha afirmado antes. Del caos y desesperación por las renuncias personales de la primera parte, y del sentido y vulnerabilidad de la segunda parte, llegamos a los poemas que declaran que si bien hay que matar a un hombre (él mismo, su "yo" del pasado o bien aquel que imaginó que sería un día), el nuevo hombre que se construye en esa guerra es un hombre afortunado por su familia y todo el amor que construye cada vez que consolida a la misma con todas y cada una de las batallas personales de la vida diaria. 

En este sentido, la tercera parte contará con poemas donde prima las formas verbales infinitivas, casi a modo de postulados de un memorándum, como propósitos de reafirmar y consolidar todos y cada uno de sus sacrificios para mantener lo que tiene, porque lo que tiene merece la pena tenerlo.

"(...)
Despojar al silencio de belleza
y dejarlo en terrible certidumbre,
como el mirar oblicuo de los muertos,
como el susurro de las alimañas
(...)
Reconocer que nunca mataré a Liberty Valance"

En el penúltimo poema se ve mejor la idea lanzada cuando el poeta dice:

"(...)
que nunca fui feliz,
que nunca tuve brillo en la mirada,
ilusión por vivir,
ganas de nada,
antes de dar el paso hacia el abismo
en el que caigo tan gozosamente,
(...)"

Una vez más los poemas de Carlos Mazarío son descarnados. Esta vez se adentra en una emocionalidad de cabeza de familia que, aunque está desde un punto de vista masculino, igualmente puede sentir la mujer con sus renuncias iguales dentro de la formación de un proyecto de vida con otra persona y teniendo hijos. Confiesa en versos lo que mucha gente no es capaz de reconocerse a sí mismo dentro de sus pensamientos. Esto da un alto valor de frescura muy necesaria en estos tiempos en los que la poesía parece derivar a un mismo patrón edulcorado al gusto de los que quieren leer cosas bonitas y los que quieren escribir para cosechar "me gusta" en las redes sociales. La poesía ha de ser sincera, y Carlos Mazarío la escribe así.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 19 de enero de 2019

Mi vida en Camposanto

Título: Mi vida en Camposanto.
Autor: Carlos Mazarío Torrijos.
Editorial: Inventa Editores.
Año de publicación: 2016 (1ª edición; prólogo de César Arza).
Colección: Imaginaverso. 
Género: Poesía
ISBN:  978-84-945338-5-3

Otra de las editoriales que tienen por epicentro el Valle del Henares (Corredor del Henares si se prefiere más ceñirse a un eje de carretera y vía de tren más que al eje natural del río Henares) es Inventa Editores. En realidad su campo de acción, según ellos mismos declaran en su propia página editorial, no es exactamente ni el valle ni el corredor del Henares, aunque la mayor parte del territorio de su interés está en esta zona, iría, según su propia descripción, de Guadalajara ciudad a Madrid capital, aunque, por una cuestión de hechos consumados, está claro que una buena parte de sus autores son de Alcalá de Henares. Esta editorial nació en la primavera de 2016 y se presentó en ese campo de experimentación y caldo de cultivo de muchos proyectos y autores que fue el bar El Laboratorio, en Alcalá, cerca de la Plaza de la Puerta del Vado, en la esquina entre el Paseo de los Curas y la Calle Vaquerías. Por entonces se presentaron apostando por un libro antológico de relatos de ciencia ficción y ficciones del futuro llamado 2084, donde se podía leer a varios autores más o menos jóvenes todos y muchos de ellos premiados, Patricio de la Torre, Pablo Medel, Sonia Montiel, Beatriz Lacalle y otros. Fue precisamente en ese 2016 que Inventa Editores se fijaron en uno de los escritores de poesía alcalaíno que ya hemos comentado por aquí con su tercer libro de poesía, Movilidad exterior, y con su primer libro de Historia, La Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Historia de una institución docente (1966-2016), me refiero, obviamente, a Carlos Mazarío. 

Mazarío ya había escrito y publicado con la editorial Groenlandia un libro de poesía, Un incendio (2015), cuando Inventa Editores optó porque fuera uno de los primeros poetas a los que editaron. Además, ya estaba reconocida su poesía con premio. El segundo libro de Carlos Mazarío fue Mi vida en Camposanto. Un libro tamaño de bolsillo, con cubiertas en rústica y solapas, de tacto extraordinariamente suave, en mate. El diseño optaba por un fondo de azul oscuro casi negro donde aparecía una cuadrícula que bien podía ser las rayas de una pantalla de aparato médico como la verja de alambrada de un cementerio rural, pues destacaba como ilustración una raya en azul que figuraba entre la línea del cielo de un cementerio, o su entrada, o bien la línea de los biorritmos de una máquina de hospital que mide los latidos del corazón, en este caso muy irregulares y con la sorprendente forma de una cruz que recuerda al cementerio. Con este cuidado diseño que jugaba con quien lo veía se presentaba la obra y a la vez la intencionalidad de la editorial por cuidar no sólo de sus autores y textos elegidos, sino de lanzar una idea de diseño moderno que invita al lector a usar la mente para tener caminos abiertos. No obstante, hasta el logotipo de la editorial es un tanto juego experimental. El libro se encuentra dentro de la colección Imaginaverso, sin numeración de sus libros. Además, contaba con un prólogo de César Arza, amigo personal de Carlos Mazarío, que repasa los inicios como poeta y su evolución, y trata de hacer comprender al lector a qué clase de poesía nueva se enfrenta, poesía a la que no está muy acostumbrada la poesía española y que sin embargo en las últimas décadas va ganando cada vez más lectores en esta península.

El libro fue compuesto a lo largo de los viajes en tren del autor entre Alcalá de Henares, Leganés y Cuenca y también en los viajes en avión que realizó en Estados Unidos entre San Francisco y Las Vegas, tal como el autor indica. Por mucho tiempo, dice, todos estos poemas sólo contaron con la lectura de una persona cercana a él, llamada Patricia. Además vivió varias muertes de personas cercanas a él, pero también el nacimiento de sus hijas. Con todo esto tenemos planteado que el periodo de composición de este poemario atraviesa una etapa importante de cambios vitales en la vida de Mazarío. Aparte de ello, tiene una dedicatoria especial en el libro a Julio Huélamo, que fue, aunque no se diga en el libro, profesor de Literatura en los años de la década de 1990 para los alumnos de Bachillerato y del Curso de Orientación Universitaria en el hoy día Instituto de Educación Secundaria Cardenal Cisneros, mixto 5, de Alcalá. Hoy día, Julio Huélamo Kosma es miembro de la Academia de las Artes Escénicas y dirige desde 1999 el Centro de Documentación Teatral, sito en Madrid capital, desde donde presta un servicio de divulgación del teatro desde todas las perspectivas posibles, el cual es un servicio único en toda la Unión Europea. Carlos Mazarío comenta que este profesor le abrió la puerta. Le aplaudo la dedicatoria. Yo también le dediqué uno de mis primeros libros de poesía, aún inédito. También fue profesor mío y realmente era un profesor que abría las puertas de la estimulación creativa a aquellos que teníamos, tenemos, inquietudes creativas. Quizá Huélamo, en este sentido es uno de los personajes de fondo en la biografía de muchas de las personas de las generaciones jóvenes de Alcalá de Henares que hoy día escriben. Uno de esos personajes que descubres que existen y tienen peso importante cuando te lo encuentras referido en varias de las trayectorias de las personas que lo vivieron.

Volviendo a Mi vida en Camposanto en sí, la estética visual es importante en el libro. Ya en su interior los poemas, que tienden a ser en su mayoría poemas de dos a cuatro versos, a veces un verso, a veces cinco o seis, se disponen de dos en dos en las páginas, colocados uno en la parte superior y otro en la parte inferior. Entre medias de ellos aparecen tres cruces en el centro de cada página a modo de signo que marca el cambio de poema, pero a la vez dibuja lo que serían las cruces propias de un cementerio, de un campo santo. Tiene esto un pequeño enlace a esa experimentación estética de los poetas de la primera mitad del siglo XX, como por ejemplo los futuristas, que creían importante y parte de la obra el aspecto visual del poema, y no sólo lo que el poema decía en palabras. Refuerza esta idea que todos los poemas contienen una o dos palabras en mayúscula y negrita dándonos a entender dónde poner la mayor atención para captar la clave de la esencia que el autor quería lanzar en cada composición. A través de este uso de la tipografía en el poema nos muestra una forma de entenderlo más áspero de lo que, si no atendiéramos a esos destacados, nos resultaría. Si leyéramos sólo las negritas tendríamos una idea general algo así como "Rancho frío", "Cumpleaños", "Trece años", o bien: "Centros comerciales", "Incienso". la intencionalidad pudiera estar, o quizá es coincidencia, pero pudiera estar. Si seguimos la comparativa con la idea de poema visual del futurismo, ¿hemos de pensar que si las cruces de separación de poemas son cruces de cementerio, y por tanto los poemas las tumbas, serían entonces las palabras destacadas los nombres de las lápidas, o sea: títulos? Pero no nos perdamos demasiado, en este caso el experimentalismo visual no es algo ni tan atrevido ni tan experimental como aquellas creaciones del comienzo del siglo XX, es algo más discreto, más estética de diseño, pero sin embargo, es obvio que las cruces están y que los poemas se transforman en los pensamientos de los muertos de debajo de esas cruces, o a mejor decir: de uno de los muertos. 

Los poemas siguen un cierto orden cronológico a modo de pensamientos en primera persona de un muerto que ha llegado nuevo al cementerio y según pasa el tiempo cuenta sus impresiones de lo que fue la vida, de lo que es la muerte y de lo que es el cementerio como conexión entre los vivos y los muertos. Existe aquí una cierta reminiscencia filosófica-religiosa con San Agustín, a través de su visión de La Ciudad de Dios con sus espacios para los vivos y para los muertos, sólo que aquí la ciudad es algo menos celestial y más evidentemente terrenal. Siguiendo los poemas vemos que el triunfo del tiempo será para la muerte, pero la vida siempre habrá tenido un impacto en ellos que marcará toda la existencia de lo que un día fue el difunto. Así, este poemario tiene su mayor conexión con el mexicano Juan Rulfo y su novela Pedro Páramo, de 1955. Efectivamente, los muertos hablan entre ellos de tumba a tumba y se cuentan sus cosas de vivo y de muertos, y hablan sobre los vivos que visitan el cementerio. Pero en este caso, todos los poemas corresponden, como he dicho, a la voz de uno sólo de los muertos, y es a través de esa voz que nos enteramos de las historias de los otros muertos y de las cosas de los vivos que andan cerca de ellos. Mazarío pasa así a interiorizar en él y en el lector que adopta su voz, la voz de la experiencia del que se fue. Se transforma el poemario en un ejercicio de voz de la experiencia y de metafísica humanística. Tal vez por ello, algún poema nos puede recordar un aforismo, más que un poema.

Pasábamos las tardes en CENTROS COMERCIALES.
perdíamos el tiempo a borbotones.

Y sin embargo, en este poema de ejemplo, existe una carga existencialista tan fuerte que, desde lo aparentemente frívolo, se crea una metáfora de la vida moderna que carga el sentido de esta de un vacío enorme rellenado por el nuevo opio del pueblo, que diría el marxismo, el cual no sería la religión, sino el capitalismo consumista. Se va la vida religiosamente consumiendo, sin atender a la vida misma, a lo que realmente ofrece esta. 

Mazarío hace bien sus deberes, el poemario tiene su carga existencial y filosófica, disfrazada de falso pensamiento banal, pero también sus referencias literarias,  y no sólo a Rulfo o a San Agustín, la Edad Media se abre paso a lo largo del libro cada cierto número de poemas cuando se recuerda que las vidas son los ríos que van a dar a la mar, que escribió Jorge Manrique, sólo que se recuerda de rebote, el lector ha de darse cuenta de la referencia, pues en este caso la importancia la cobra la lluvia, que alimenta los ríos y el mar. 

Cuando LLEGA UNO NUEVO
se acostumbra bien pronto:
es como una llovizna sobre un río.

Si la vida son los ríos, y la mar es la muerte, para Mazarío existe el hecho de la lluvia, que es el acto de morir. La lluvia es algo dinámico, el paso de la vida a la muerte. El hecho de que hemos de morir y morimos. No es estar vivo ni estar muerto, sino morirse. Sobre el cementerio del poemario no para de llover, como así se lee de diversos modos en varios poemas, y hasta crece moho en las lápidas de tanta lluvia que cae. 

Os llevamos MILENIOS DE VENTAJA;
nunca seréis tantos como nosotros.

Quizá Mazarío haya querido aproximarse en cierto modo a los poemas haikus orientales, aunque desde luego no contiene la asimetría ni el naturalismo reflexivo de estos. Como sea, son construcciones muy inteligentemente construidas, a menudo llena de giros que cambian el sentido del mensaje que al principio uno cree que va a recibir. Suele ocurrir esto especialmente cuando piensan o hablan de los vivos y las cosas que hacen cuando llegan al cementerio, recordando que también ellos estuvieron vivos y por tanto conscientes de la vida y de la muerte.

Tenemos todos LA MISMA SONRISA.
Nos hacen gracia las mismas tontunas.

Tiene, en fin, un cuidado proceso de elaboración, aunque pareciera que no para el lector menos reflexivo. Incluso la psicología y la sociología tienen espacio en estas pequeñas composiciones, siempre al servicio del existencialismo e incluso del vitalismo y los impulsos primarios que conforman la vida.

Cuando éramos pequeños, mi hermano y yo teníamos
la costumbre de tratarnos A HOSTIAS.
Los estudiosos de guerras civiles
no suelen percatarse de detalles como este.

Mi vida en Camposanto es un poemario que parece sencillo, pero de fondo no lo es. Quizá sea breve, pero es altamente profundo y existencialista, lo que hace que su lectura requiera de tiempo para la reflexión. No es cosa de leerlo en una tarde. Además, no sólo sus poemas están bastante pensados, la obra en conjunto es evidentemente otro producto pensado con significado propio más allá del significado de sus poemas en solitario. Este poemario parece adquirir la forma de relato de reflexión interior, de novela introspectiva, pero es poemario. Un poemario con una cierta belleza, una belleza de crisantemo bajo la llovizna.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 1 de septiembre de 2018

Movilidad exterior

Título: Movilidad exterior.
Autor: Carlos Mazarío Torrijos. 
Editorial: Asociación Cultural Fractal.
Año de publicación: 2016 (1ª edición).
Colección: Fractal Poesía. 
Nº de volumen en la colección: 4.
Género: Poesía
ISBN:  978-84-617-5773-2

Ya habíamos presentado a Carlos Mazarío en su faceta como historiador con la publicación de su libro La Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Historia de una institución docente (1966-2016), por entonces ya se había anotado que también era poeta, toca hoy hablar de esta vertiente lírica de su obra. Cuenta en su haber con tres libros publicados de poesía: Un incendio (2015), Mi vida en Camposanto (2016) y Movilidad exterior (2016), centra la atención de esta reseña este último, si bien los anteriores libros, especialmente el segundo, llamó mucho la atención y tienen bastante éxito y reconocimiento entre los amantes de la poesía más actual. Se pueden encontrar varios de los poemas de Movilidad exterior en la bitácora personal de Héctor Castilla, promotor y difundidor de la nueva poesía por Internet, si bien el propio autor, Carlos Mazarío, cuenta con su propia bitácora, La poesía etcétera, donde comparte noticias sobre su actividad literaria y su perspectiva poética del mundo que le rodea, a la vez que de vez en cuando nos expone alguna de sus nuevas poesías.

Movilidad exterior es el poemario ganador del IV Premio Internacional de Poesía Asociación Cultural Fractal, por ello fue publicado por esta asociación en una edición al cargo de la editora y también poetisa María Lucía Plaza Díaz, que coincide generacionalmente con el autor; ambos nacieron en 1977 y ambos han cursado carreras universitarias técnicas, lo que hace que ambos hayan vivido unas mismas circunstancias sociales y políticas desde el punto de vista que da las mismas circunstancias de una misma edad. Quizá sea esa una de las claves que ha logrado que conectasen bien autor y editora, autor y asociación cultural, autor y un público de una misma generación que lo lee y lo acoge con muy buen recibimiento. Es sin duda la poesía de Mazario una poesía que conecta con su tiempo y con su generación, una generación (varias en realidad en torno a la segunda mitad de los años 1970 y la primera de los años 1980) marcada por la democracia, la cultura de masas y las promesas de vida rotas por la crisis económica de 2008, la cual cumple diez años el próximo 15 de septiembre. Son las generaciones de la ilusión y la desilusión, la generación de los perdedores-ganadores.

Ya hace tiempo que algunos críticos literarios de los suplementos de los periódicos más vendidos diariamente se preguntan dónde están los poetas y literatos en general de esta generación tan marcada por las frustraciones y a la vez el vitalismo. Algunos han querido encontrarlos en los poetas más mediáticos que se popularizan gracias a exponerse públicamente en vídeos y redes sociales inmediatas y fugaces, sumando numerosos seguidores, aunque sus poesías, a  menudo muy aplaudidas por no contradecir a las masas, sean poesías hartamente sensibleras, facilonas y autocomplacientes, ñoñas. Otros los han querido ver únicamente sólo entre las mujeres que escriben hoy día, sumándose a una loable tendencia a hacer visibles a las mujeres en todos los campos en un intento de alcanzar la concienciación por la igualdad de género, pero que al hacerlo así se invisibiliza a los compañeros de camino de género masculino, a la par que a veces uno se pregunta hasta qué punto se visibiliza a tal o cual poetisa por su obra y la calidad de esta o por ser simplemente mujer. Es sin duda una trampa, se puede ser buena poetisa y tu obra recomendable, pero si tu obra sólo la enseñan por ser mujer, ¿no se te está haciendo caso simplemente porque tu biología y cuerpo son femeninos y no porque tus creaciones interesen o se crean buenas independientemente de tu género? Posiblemente estos dos debates surgirán en algún momento, cuando hablar de ello no sea objeto de una polémica intrincada y llamada a la acusación mutua. Lo que nos interesa en esa bitácora ahora mismo es la idea de que un poeta generacional no sólo lo es por vivir en unas fechas, sino por vivir en ellas y captar desde su mundo propio lo que en su época vive y le afecta. En este caso el poeta puede ser fenómeno de masas, mujer u hombre u homosexual, indiferentemente, o puede no ser un fenómeno de masas al que le pongan altavoz para publicitarle (véase por ejemplo la sección en papel llamada "poetas en red" que ha ido publicando en su suplemento cultural de agosto el diario El País). A mi entender Carlos Mazarío es claramente un poeta de su generación. Ser poeta generacional no te encierra sólo en tu momento, blindándote al resto de generaciones venideras. La generación de 1927, por ejemplo, nos da ejemplos múltiples de poetas generacionales cuya poesía es atemporal, sólo que creada y tratada desde la perspectiva de su época, Lorca, Alberti, Hernández, León Felipe, Aleixandre, etcétera. Un poeta generacional capta su época y la engarza con el resto de épocas, capta su época desde su relación y su visión con y de ella. Un poeta generacional tiene unas ideas y una estética, una inquietud y una búsqueda, propios de su mundo. En Mazarío esto es claro.

En Movilidad exterior hay una poesía social, una crítica a las causas de la crisis que han llevado de paso a auténticas crisis personales en tantísima gente, centrándose el poemario en concreto en la gente joven. Numerosos son los poemas donde se habla de la relación del poeta con su frustración desde su vida aún en la casa de los padres o sumamente ligada aún a una dependencia de unos padres que, se dice en algún poema, no termina de reconocer a su hijo o quizá no pueden soportar sentir algún tipo de culpa sobre el fracaso del hijo ("(...) y tu madre / que ya no te sostiene la mirada"). Un hijo que ya es adulto, pero que está condenado a perpetuar un estilo de vida no independiente del hogar paterno y maternal. Aparentemente hay un desencanto, una resignación ante un futuro ideal perdido, un presente sin perspectiva de mejora. Un desencadenante que mueve todo tipo de causas y efectos en caída libre, ahondando en las miserias interiores del poeta en su modo de vida. Pero aún así, hay esperanza, porque del mundo negado, del mundo destruido antes de nacer o a las puertas de nacer, nace otro mundo diferente, una nueva forma de vida a la que el poeta, el joven que se ha hecho adulto, se adapta construyéndolo, dando realidad a la realidad posible. Sí, es una generación frustrada, pero a la vez una generación que no pierde la idea de que algo ha de cambiar.

Ahora vuelves
a la que nunca dejó de ser tu casa
—la llamabas así, recuérdalo,
voy a comer a casa, me decías—,
pero entonces regresas
y tu cuerpo es extraño en una cama
de noventa, con sábanas que huelen
a adolescencia, con la ventana triste
por la que ves las bragas color carne
de la vecina en el patio de luces
tan oscuro, y hoy todo te molesta,
te molestan los gritos de tu madre
y el ruido de la tele, la cisterna
con su goteo atávico,
el gotelé amarillo y la cenefa
de frutas y pucheros, los ronquidos
en el insomnio negro en que te ensañas,
y te dices me tengo que marchar.

Marchar a dónde, rey.
Qué hueco tan profundo
tener que irse y no saber a dónde.



Es un libro estructurado en tres partes, con un lenguaje directo y seco, fácilmente asumible y que manda mensajes claros que impactan al lector. Los lectores que compartamos generación con él probablemente entendamos mejor de lo que nos está hablando, porque de lo que nos está hablando también podríamos hablarlo nosotros. Es un libro de viaje que señala lugares y fracasos y que da vueltas sobre sí mismo, no pareciendo que exista destino y que el lugar desde el que se partió también es inalcanzable.

Se nota en este poemario una clara influencia de la poesía más propia del último cuarto del siglo XX, atrevida, sin tabúes, quizá influenciada por la contracultura anglosajona (los versos "Dame un libro y un sitio donde huela / a tu sexo. No necesito / más" recuerdan algo a Bukowski), hasta algún punto están presentes también los poetas trasterrados, los que no tienen lugar ni punto fijo, expulsados de donde estaban, como pudo ser Bertolt Brecht. Trae de nuevo palabras parecidas a las que ellos usaron ayer para volver a contar desde un dolor personal e íntimo la realidad de tantos jóvenes de hoy día que, teniendo medios intelectuales y juventud, no tienen oportunidades para vivir por sí de una manera estable.

Nos encontramos bien en aeropuertos,
pues no tenemos patria
y nuestro nombre es Nadie.


Unas generaciones jóvenes de españoles de hoy que son las mejor preparadas de toda la Historia española y sin embargo el sistema económico los ha dejado fuera del rumbo de sus vidas.

Ves circular maletas con los ojos cansados
y temes haber perdido la tuya,
pero no, esa es,
la que desborda títulos, y tiene
el color del fracaso y las noches en vela.


No obstante, Movilidad exterior toma su título de las palabras que pronunció la Ministra de Empleo y Seguridad Social Fátima Báñez cuando en abril de 2013 dijo en el Parlamento esas palabras, "movilidad exterior", para referirse como algo positivo a lo que era la emigración masiva de jóvenes españoles, mayoritariamente con títulos universitarios, a otros países en busca de trabajo y oportunidades con las que construir sus vidas, yéndose de España, de sus lugares de origen donde vivían, de sus familias y de sus amigos. Precisamente a su intervención señala Mazarío de manera directa y seca, anotando por el camino la corrupción moral de sostener esas ideas quien debía velar precisamente por la creación y el mantenimiento del empleo, quien además está definida por sus complementos de ropa en un estado económico y social tan alto y enriquecido que poco o nada puede representar a los que se van por necesidad o a los que vuelven a casa de sus padres o a los que no pueden salir de la misma. Apunta al gobierno en sí y a su funcionamiento.

En la sesión plenaria de los martes
la señora Ministra se encarama
al estrado, con su traje de chaqueta,
dejando en el escaño un portafolios
y un bolso de Chanel. Como es debido
saluda al Presidente y se dirige
en discurso leído a sus colegas,
y con gran desparpajo
acuña en un momento dado el término:
movilidad exterior.
                                       Su puta madre.

Mazarío busca también la estética en sus poemas. Su estilo es directo, sí, pero se persigue una cierta estética llena de metáfora. Se embellecen los poemas con su estructura, dándole un sonido bonito a poemas que nos hablan con auténticas cargas de profundidad que estallan con sólo rozarlas.


Lo prudente sería
enviar formularios, apuntarse a academias,
tener un cierto colchón económico,
buscar lazos de afecto —conocidos
de amigos de amigos de conocidos—,
una casa con alquiler barato,
un entorno no hostil.

Estamos condenados
a una audacia rayana al despropósito.


Carlos Mazarío, que ha recitado en diversos lugares, también en Alcalá de Henares, crea así un buen libro de poesía conectada con su ser y con su generación, una generación frustrada pero no acabada.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 23 de junio de 2018

La Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Historia de una institución docente (1966-2016)

Título: La Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Historia de una institución docente (1966-2016). 
Autor: Carlos Mazarío Torrijos. 
Editorial: Domiduca Libreros. 
Año de publicación: 2017. (1ª edición)
Colección: Alcalá y su tierra en la Historia. 
Nº de volumen en la colección: 2
Género: Historia.
ISBN: 978-84-938059-5-1

El poeta e historiador alcalaíno Carlos Mazarío Torrijos publicó dentro de la colección Alcalá y su tierra en la Historia, de Domiduca Libreros, en 2017, lo que fue la primera aproximación seria a un aspecto desconocido de la Historia reciente de Alcalá de Henares desde un punto de vista serio de la investigación y las Ciencias Humanas, se trató en este caso del libro La Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Historia de una institución docente (1966-2016). La Historia complutense desde el final de la guerra civil en 1939 en adelante no ha recibido toda la atención necesaria, a pesar de que en los últimos años han salido ya varios libros y artículos dedicados a asuntos represivos de la dictadura en la década de 1940. En este caso el autor se aproxima a la Historia social de la ciudad a través de la instauración de una de las Universidades Laborales que el franquismo comenzó a crear con sus planes de desarrollo de la década de 1950. La Universidad Laboral de Alcalá de Henares, conocida popular y documentalmente como ULAH, marcaría un nuevo ritmo y un renacer cultural a la ciudad hasta el punto que aún hoy día se sigue recordando a sus edificios como ULAH, a pesar de que desde los años 1970 pasó a ser primero un Centro de Enseñanzas Integradas, después un centro de Formación Profesional y actualmente, desde 1992, es el Instituto de Enseñanza Secundaria Antonio Machado. Como centro docente en cualquiera de sus etapas ha forjado a varias generaciones, cuando se escribió el libro cumplía cincuenta años de existencia. El libro hizo que recibiera una réplica en la prensa local, en un artículo publicado con fotos en el semanario Puerta de Madrid por uno de los antiguos alumnos de los años 1960-1970, el cual ponía en alza valores de recuerdo personal, sin valorar que este libro era un libro de Historia, no de memorias.

Carlos Mazarío (1977) es actualmente profesor y jefe del área de Historia en el propio IES Antonio Machado, por lo que para su investigación ha contado con la ventaja y el privilegio exclusivo, que hasta la fecha entre los historiadores sólo ha tenido él, de poder consultar los archivos de la institución, así como las fuentes orales de las personas más veteranas entre los funcionarios y antiguos alumnos vinculados a la ULAH. El archivo estaba muy desorganizado, sin una atención debida, sin clasificación ni mucho menos una organización regular y ordenada. Tampoco contaban los documentos con cajas acordes para su archivo, ni con un espacio adecuado y seleccionado para su uso como archivo del centro, dándose el caso que algunos documentos antiguos simplemente estaban agrupados por el mero casual de haber estado en el despacho de alguien en algún momento del pasado. Por ello mismo, Carlos Mazarío en 2018 afirmaba que había encontrado más documentación referente a los sucesos de la huelga de estudiantes de 1971, la cual recibió represión por parte del Estado. Tal vez eso le permita o bien ampliar el libro en una hipotética segunda edición, o bien publicar un artículo de Historia que amplíe el tema, por ejemplo dentro de los encuentros de historiadores del Valle del Henares. Lamentablemente no es la primera ni la única institución que descuida y maltrata su legado documental y con ello dificulta o impide conocer la Historia de nuestro pasado de los hechos que, aunque recientes, se olvidan, se desconocen por la mayoría o se distorsionan en el recuerdo.

Las Universidades Laborales fueron una apuesta educativa de Falange Española dentro del gobierno de la dictadura franquista. Respondían a la lógica revolucionaria de esa parte de la extrema derecha que fue acogida por el general Franco como parte necesaria del desarrollo de España. El país había quedado atrasado, empobrecido y embrutecido desde la guerra civil. Con el reconocimiento internacional y el final del aislamiento en 1953 el régimen se dio cuenta de la necesidad urgente que tenía de actualizar su industria y su economía, lo que pasaba por la formación especializada de los obreros en las novedades de las técnicas y las tecnologías de la época. Además, debían hacerlo tratando de grabar en los individuos el ideario falangista del hombre nuevo al servicio de la patria, acorde con el ideario general del franquismo. Dios, patria y Franco, eran la base para otra serie de ideas derivadas. En ese sentido, para poder manipular mejor el sentimiento de pertenencia y servicio al Estado se trató de separar a los alumnos de sus familias construyendo estos centros fuera de las grandes urbes y creando un régimen de residencia estudiantil que hacía que muchos jóvenes salieran de su hogar familiar. Más aún, en general las Universidades Laborales tomaron nota de las grandes arquitecturas propagandísticas que en la década de 1930 había exportado determinadas ideas de grandiosidad en la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Sin embargo, en el caso español, estas universidades laborales, a pesar de tener fama y prensa de nidos de ideas franquistas, se instalaron rápidamente sacerdotes con ideas democratizadoras (los conocidos popularmente como "curas rojos" o "curas obreros"), así como los alumnos y parte del profesorado abrazaron con facilidad ideas comunistas, haciendo que la censura tuviera que impedir los múltiples incidentes por altercados o actos clandestinos en estos centros, siendo más visibles en este sentido los actos de las Universidades no laborales. 

En el caso de la ULAH el edificio se instauró tardíamente dentro del plan  de creación de Universidades Laborales, aunque su construcción fue en un tiempo mínimo. Se inauguró en 1966, habiendo sido su arquitecto uno de los creadores de hospitales como La Paz, en Madrid. Por ello el edificio central tiene un aspecto y una distribución que recuerda las alas de un hospital de mediados del siglo XX. No se gastó en este caso grandes alardes de arquitectura que expresase grandiosidad o monumentalidad ni pasado glorioso, sino que se hizo lo más funcional posible, con elementos pobres cuya única decoración es el cromatismo de sus paramentos. Se construyó en los terrenos comprados o expropiados de los vecinos con tierras en lo que serían los futuros barrios del norte de la ciudad, los cuales se desarrollaron posteriormente en torno a la ULAH y a la industria que se generaría. La ULAH iba a ser construida como Universidad Laboral en Madrid, en los nuevos barrios limítrofes, pero se descartó el proyecto de esa ubicación y se prefirió Alcalá de Henares, lo que permitió al régimen fomentar en los noticiarios la idea de que Franco devolvía la Universidad a la ciudad, ya que esta había sido trasladada como Complutense a Madrid en 1836. En realidad la Universidad propiamente dicha regresaría en 1977, pero no sería la Complutense que funcionó en Alcalá desde 1499 a 1836, y desde entonces en Madrid, sino que sería una de nueva fundación con Juan Carlos I.

Si la ida de la Universidad en 1836 inició un periodo de decadencia urbana, el inicio de la ULAH en 1966 coincidió con la atracción de múltiples empresas a lo largo del tramo de carretera que a su paso por aquí unía Madrid con Zaragoza y Barcelona, por lo que inició un periodo de auge nuevo. La población alcalaína fue en aumento. La ULAH no sólo atrajo a jóvenes y familias de otros lugares de España, sino que además, aparte de su formación profesional, llegaron a fomentar una serie de actos culturales que enriquecieron la ciudad, como son por ejemplo sesiones de cine, actos deportivos, teatro, publicaciones varias, participación en actos clandestinos y de reivindicaciones tanto laborales como vecinales, etcétera. En 1971 había generado un ambiente tal que la policía del Estado tuvo que actuar de manera represiva. Fue, en definitiva, no sólo un motor de formación, sino también un motor de expansión de ideas democratizadoras contrarias a la dictadura, por más que algunos de sus cargos iniciales habían salido precisamente de lo más profundo de la dictadura.

El centro, además, contó con la innovación de prestarle atención especial a la informática, lo que era algo novedoso, probablemente germen de los estudios posteriores en la Universidad de Alcalá en el área de las carreras de telecomunicaciones. No sería la primera vez que la ULAH tratara de estar en la vanguardia de los temarios educativos. Desde que en 1980 pasara a ser Centro de Enseñanzas Integrales fue uno de los primeros centros en adaptar sus planes de estudio a la Formación Profesional y en 1992 fue uno de los primeros centros de España, y el primero en Alcalá de Henares, de adoptar la nueva ley educativa de 1990 transformándose en Instituto de Educación Secundaria.  En sus orígenes, además, fue motivo de varias noticias en la prensa estatal (como el ABC) y los noticiarios audiovisuales (como el NO-DO), al margen de una visita del general Franco en 1966. Aunque no estuvo exenta de diversas polémicas en torno a sus cargos directivos, ya por sus nombramientos no viniendo del mundo de la educación sino del ejército (como fue el caso del primer director), ya por otras causas unos años después que Mazarío menciona pero no explica.

La institución recibió visitas internacionales de relieve que se interesaron por sus programas de estudios y cómo se formaban sus alumnos en las diversas máquinas y nuevas tecnologías de la industria moderna, eso mezclado con formación humanística y de valores que pretendían infundir un sentimiento de pertenencia y amor al Estado y la patria. Por otro lado, la ULAH contó con regalos y dotaciones artísticas que hoy día se pueden ver a modo de cuadros y murales en sus paredes, algunos del siglo XVIII, otros de artistas contemporáneos de la propia época. Además, tuvo edificaciones desaparecidas como la piscina o las pistas deportivas hoy transformadas en salón de actos y teatro.

Se toca el tema del incendio que hizo deshabitar su zona superior, también por una disminución de su alumnado en los años 1970 finales, y la posterior eliminación de varias de sus plantas superiores por aluminosis, sobrecarga del peso del edificio y efectos perdurables de aquel incendio. La ULAH de hoy día es más baja que la ULAH de 1966.

Domiduca Libreros vuelve a apoyar con esta publicación el avance del conocimiento de la Historia local, la cual encierra en sí la esencia de una Historia común con el resto de España. Este libro es probablemente una vanguardia de lo que debiera ser el inicio de un conocimiento de la Historia alcalaína posterior a 1939. La ULAH fue vital y fundamental en el renacimiento complutense en la segunda mitad del siglo XX. Los cambios sociales y económicos en la ciudad no se entenderían del todo sin el conocimiento de esta institución y su interactuación con la ciudad.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".