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viernes, 16 de octubre de 2026

Llegando a puerto II

Título: Llegando a puerto II.
Autores: Varios autores (Ana María de la Casa Monge, María Jesús Espinosa, Raquel Vidal, Deby Ros, Victoria Salazar, Miguel Ángel Gómez Sedano, Samuel Buitrago, Elena Tabachkova, Fernando Fresneda, Aroa García, José Manuel Ramos, Vicente Orallo, Alejandro Pacheco, Maribel Domínguez, Miguel Ángel Gómez, Mario Navarro, Antonio Lera y Sofía Winter)
Editor: Pub O'Malley's.
Impresor: Safekat 
Año de publicación: 2026 (1ª edición; prólogo de César Sobrón; epílogo de Raúl García, dueño del Pub O'Malley's).
Colección: Certamen Llegando a Puerto.
Nº de volumen en la colección: 2.
Género: Relatos breves.
Depósito Legal: M-22530-2026

Ha comenzado el otoño de 2026 y el Pub O'Malley's ha iniciado este pasado septiembre su tercera edición de su concurso de relatos breves, el cual tiene por premio la edición en libro de los ganadores. A la vez, igual que pasó con el inicio de la segunda edición en el otoño de 2025, se publica y presenta el libro de la edición anterior. Así pues, se presentó el libro Llegando a puerto II, cuyo subtítulo ya no indica que aparte de los ganadores se publican algunos relatos finalistas, sino que se publican además de los ganadores otros relatos seleccionados, sin especificar que hayan sido o no finalistas. El libro ha vuelto a ser editado por el propio Pub O'Malley's, cuyo dueño es Raúl García. Este no escribe esta vez el prólogo, sino el epílogo, a modo de reflexión personal y explicación de este volumen y del concurso, pero que vuelve a funcionar como un ensayo a modo de último relato. Envuelto en una escena romántica y onírica nos explica amablemente tanto la soledad y los anhelos como sus porqués de este proyecto. Y en esos porqués nos explica su portada, donde se le ve a él mismo en una campiña con un traje de lino blanco y sombrero, casi como imagen de otra épocas, o como un antillano. Responde a esa misma reflexión del epílogo. Sirvió de cartel a todo el segundo certamen en sustitución del de la pirata O'Malley que hizo Zia Mei para la primera edición, aunque el logo de la pirata se encuentra en la solapa interior y también en la página que da pie a la separación de los relatos finalistas respecto a los ganadores. Del mismo modo que toda la cubierta queda en blanco, en contraste del tono negro y la fotografía de Sofía Winter en el primer volumen del libro de aquella primera edición, Llegando a puerto. La fotografía de Raúl no es una fotografía real como la de Sofía, sino generada por ordenador con inteligencia artificial, en consonancia misma con ese aire onírico de su epílogo. Raúl también se reserva para sí la contraportada, donde continúa explicando el porqué del proyecto y del libro, aunque ahora ya sin un aire de ensayo ni de relato.

Zia Mei sigue siendo la diseñadora y maquetadora del libro, aunque esta vez no hay relato suyo.

El prólogo queda reservado para César Sobrón, que es el autor de prosa y poesía que ideó este concurso y le da vida junto a Zia Mei y Maribel Domínguez. Esta vez César no escribe relato en el libro. Él ha amenizado con su música el espacio entre las personas participantes a lo largo del segundo certamen, al que yo esta vez asistí de nuevo alguna vez, pocas, pero fui, como espectador y persona votando, pero tan sólo una sola vez como participante, igual que en la primera edición. El prólogo de César Sobrón funciona como lo que es, sin ejercer de ensayo ni de relato extraordinario. En él nos explica la dinámica del concurso y el sentido de ser de su música  tocando el handpan. En él nos dice que en el libro se encuentran los relatos con los que más disfrutaron los espectadores en sus respectivas sesiones, eludiendo adjudicarles el calificativo de los mejores, pues, conociendo a Sobrón, lo que nos insinúa es que la literatura, tal como la entiende él, significa y da valores diferentes a cada persona de manera diferente. 

Hay que tener en cuenta en estos concursos que a menudo el público no vota sólo la calidad del relato o si lo disfrutó, entre otros factores a la hora del voto personal de cada cual está el de la forma de leer, lo que hace que este concurso también tenga algo de espectáculo y de, o de, oratoria. De hecho parece que los textos con sentido del humor tienen cierto éxito, aunque algunos de esos textos sean más propios de monólogos que de ser tratados como relato breve. Relato breve que en esta ocasión alguno parece que no ha sido tan breve y se ha saltado la norma del límite de páginas, sin que en esas ocasiones los que llevan el concurso le hayan recordado que se salta la norma, pero esto es algo que parece, según leemos algunos ganadores, pero que no podemos saber.

Personalmente, respecto a los encuentros a los que yo asistí, creo que se han quedado fuera de este libro algunos relatos muy notables, que no ganaron pero que pudieron haber sido incluidos entre los relatos seleccionados del final del libro. 

Hay un público consolidado al que se le han acercado personas nuevas y participantes nuevos, pero se hace evidente ese público consolidado que, además, ahora se conocen entre sí, aunque algunas personas se conocían de antes, incluso de talleres de vodevil, teatro y escritura. Quizá por ello, por esa reiteración, los relatos ganadores en general vuelven a ser en su mayoría relatos con un humor costumbrista algo picante o temas costumbristas o reivindicativos de determinados temas muy concretos. En esto hay una unidad muy clara respecto al primer volumen. De hecho, en algunos relatos pareciera que hubiera un estilo de escribir y de elegir temática muy propio de ejercicios de talleres de escritura.

Entre los ganadores de esta segunda edición se repiten de entre los de la primera edición Maribel Domínguez (la persona que más veces ha obtenido relatos ganadores), Miguel Ángel Gómez, Mario Navarro y Antonio Lera. Y aparece Sofía Winter entre los relatos seleccionados, igual que en la primera edición estaba entre los relatos finalistas. 

En esta segunda edición, a la vez, vuelve a repetirse el caso de que algunas personas ganaron varias veces, por lo que contienen varios relatos, es el caso de Maribel Domínguez, Raquel Vidal, Miguel Ángel Gómez, y entre los seleccionados aún se repiten Antonio Lera y Tabachkova.

El penúltimo tren, de Ana María de la Casa Monge. El segundo certamen comenzó con una ganadora que lo ganaba por primera vez en el Pub O'Malley's. Se trata de un relato de carácter social en el que un delincuente juvenil termina transformándose y reformándose por medio de la lectura de un manual que robó creyendo que no robaba libros. Escrito en primera persona nos da la sensación de estar leyendo las breves memorias, o la confesión íntima, de una persona que hoy día es una persona común tras superarse a sí mismo de un camino de delitos. Con ese recurso trata de captar un espacio de intimidad entre el lector y el personaje. Era difícil que en el primer día del certamen ganara un relato social, pero este lo hizo.

No me regales flores, de Maribel Domínguez . El relato parece construido sobre la base de lo que pudo ser un poema, por otro lado muy propio de su estilo en sus temáticas de amor. Leído el relato, sinceramente creo que hubiera sido mejor construirlo precisamente como eso, como un poema, pues incluso parece seguir esa estructura rítmica. Ignoro cómo lo percibió la gente que lo escuchó, o cómo lo perciben sus lectores, por lo que a mí respecta, desde el inicio de las primeras frases supuse cual era el desarrollo y el final. Y no fallé, por lo que para mí la atención se fijó más en la construcción, que, insisto, me parece más propia de poesía que de relato, aún cuando se le ha quitado el ser construido a base de versos, rimas y otros recursos. Se trata de una historia de amor mal llevado con final trágico, que nos habla de la soledad incluso estando acompañados, por tanto de la falta de comunicación en las parejas, en las relaciones humanas en general añadiría yo. Frases breves y directas y párrafos con silencios, aunque se dice mucho.

El gran apagón, de Miguel Ángel Gómez Sedano. Este es uno de los muy extensos relatos que fueron ganadores en este certamen. Siguiendo su estilo propio, en consonancia con su aportación a la primera edición, es un relato satírico que no deja de ser un relato de humor con tintes costumbristas puestos al día del siglo XXI, con arquetipos de personajes, lenguaje eróticamente picante, palabras mal pronunciadas o confundidas con otras para buscar la gracia, personajes faltones y una situación entre ellos que hace que les ocurran cosas llevadas al extremo deformado, para poder crear ocasiones que el autor desea que resulten cómicas. Es un estilo en el que se siente cómodo y del que conoce sus recursos. Se ambienta en el hecho real del gran apagón del 28 de abril de 2025 en toda España. Unos vecinos se quedan atrapados dentro del ascensor. Se trata de una sudamericana obesa y claustrofóbica, un anciano xenófobo y quejica y el protagonista, presuntamente la mente coherente y atrapada entre esos mundos para él comprometedores. Más o menos se repite un esquema de trío de payasos en un circo clásico. El payaso listo, el payaso que raya lo surrealista y el payaso conflictivo. La primera parte del relato cumple bien como relato, pero llegados hacia el final a mí me da más sensación de monólogo de humor en busca del público que de relato de humor, especialmente cuando la confesión del personaje protagonista pasa a ser una enumeración de valoraciones sobre lo sucedido. En todo caso, un único apunte sobre el desarrollo argumental, algunas de las situaciones descritas no hubieran podido llevarse a cabo, pues el uso de los teléfonos móviles fue imposible durante el apagón, salvo en los primeros minutos de desconexión eléctrica, por lo que hemos de entender que el autor se permitió esto como licencia para poder evolucionar los hechos que narra.

El séptimo cielo, de Raquel Vidal. Este relato sigue la vía de otros relatos ganadores en la primera edición por lo que hemos de entender que es una temática que el público del Pub O´Malley´s quiere premiar. Es otro relato social y reivindicativo. Uno en torno a la denuncia de la violencia contra la mujer. Como se recordará, en el primer volumen ya se premió a otros relatos contra el machismo violento. Una mujer maltratada sufre un aborto por culpa de una de las palizas. Es el relato de su deseo de marcharse de su casa en secreto y del suceso de una justicia poética que a la vez no es tan poética, sino algo bastante material. Tiene algo de relato casi iniciático, con una estructura pensada para la recompensa de la protagonista. Tiene su algo en ese sentido iniciático.

Una carta, de María Jesús Espinosa. Un relato realmente breve a modo de confesión de un protagonista que nos habla de como un viejo matrimonio ambulante compuesto por un sastre músico y una curandera llegaron a su pueblo y le cambiaron la vida, sin que nos cuente absolutamente nada de cómo o porqué le cambiaron la vida. Simplemente es un dibujo, una especie de fotografía en prosa del ser de aquella pareja. El relato prácticamente parece simplemente lo que su título dice: una carta, un ensayo. Hemos de valorarlo desde la estética.

La reunión, de Mario Navarro. Uno de los relatos más destacables del libro para mi gusto. Se trata de un relato que ficciona un hecho histórico real, la decisión hacia finales del siglo XV y comienzos del XVI de que los Reyes Magos de la religión católica fueran personas que vinieran de los continentes conocidos y representaran cada uno a las tres razas mayoritarias conocidas en ese momento, pasando a ser Baltasar de raza negra, aunque hasta ese momento siempre había sido representado de raza blanca, porque en la Biblia nada indica que viniera de África. Para ello hubo diversas deliberaciones eclesiásticas y con monarquías del momento, como Portugal. Con cierto sentido del humor, aunque no tan desarrollado como el de Miguel Ángel Gómez y tampoco orientado al costumbrismo, si no más sutil, nos presenta un tema bastante serio y desconocido en general para mucha gente de hoy día. Además nos lo analiza desde los intereses económicos y su intención de alterar hasta lo más sagrado, nunca mejor dicho, si eso viene bien para los negocios. Así que en realidad también se trata de una crítica actual al sistema capitalista de hoy día, pero también señala con el dedo a las imposiciones de lo políticamente correcto como un elemento censor y también manipulador de la realidad, creando lenguajes y realidades alternativas que, no siendo reales, terminan siendo aceptadas por reales. Quizá el último párrafo parece destinado al público oyente, como si fuera un monólogo, una vez más, pero es apenas una muy breve parte de un relato extenso que de por sí funciona bien como relato, aún cuando introduce formas de pensamiento y expresiones anacrónicas, quizá porque en el fondo, como se ha dicho, hay una crítica a la actualidad.

El postre, de Raquel Vidal. Al igual que su anterior relato ganador a mí me sabe a relato iniciático, y tiene su encanto en cuanto a ese sentido iniciático. Si perdura en el camino que se ha marcado, y más en el de este relato, es probable que desarrolle tramas más largas que tengan giros muy atractivos dentro de una literatura llamada a la acción, el suspense o el género que desee y le pegue lo inesperado y provocador. Porque hay en ella un afán de provocación. Puede que haya leído a Vian o Bukowski, aunque no está en esa línea exacta. En este caso nos muestra un relato macabro donde una chica muy presumida se siente más que los demás, aunque ella no viene del mundo del que pretende ser. Es invitada a una cena misteriosa donde lo obsceno de los sucesos hablan por sí mismo desde la oscuridad de un Allan Poe, pero para nada al modo decimonónico. El género le pega, quizá le atraiga la contracultura al nivel que lo oscuro o lo fascinante. En este relato, sin embargo, aún con todo, el final, para mi entender, necesitaría un poco más de desarrollo descriptivo para el impacto. Está bien planteado.

Por favor, déjame, no me ames, de Maribel Domínguez. Otro relato típicamente de Maribel. Su temática también podría haber sido un poema suyo, aunque este relato tiene menos estructura de poema y es más relato que el anterior. Juega con una temática que ya se ha dicho que parece que atrae en este concurso, el del conflicto entre una mujer y un hombre. Pareciera una historia de desamor donde ella poco a poco se va abandonando a sí misma y se abstrae, reduciendo su propio mundo y su vida. Sin embargo, es otro relato que también busca el golpe de efecto final, como el anterior y como algunos de los ganadores del año anterior. No es un relato de desamor ni de maltrato psicológico a la mujer, aunque toda su estructura juega con esa idea. Quizá es por ello que el relato es ganador. Se trata en realidad de una triste realidad sobre la enfermedad del alzheimer. Una exposición de sus efectos. Un relato social.

Un motivo para volver, de Deby Ros. El más breve de todos los relatos. Yo estuve el día que lo leyó. Le puntué bien. Es otro de los relatos que me parecen a destacar de entre estos relatos destacados. Ambientado en plena Segunda Guerra Mundial, nos habla de una historia de amor interrumpida por una guerra que, en muy pocas palabras, nos es descrita como elemento que rompe vidas. Bien escrito, bien presentado, cumplidor de las normas, sabe lo que desea expresar y lo logra.

La Luna, él y yo, de Victoria Salazar. Un relato de un romance de una noche a modo de confesión de ella, la protagonista. Construido en frases breves y párrafos igual de breves, lo que le llena de silencios. Aunque el comienzo es más extenso en esas frases y párrafos, estos van aminorando esa extensión según avanza el relato, y con él la noche que nos narra, que se va agotando a la vez que va en aumento un enamoramiento nocturno cuyo desenlace es el propio acto sexual como máxima expresión del amor. Así pues es otro relato basado en la estética, una estética que tiene algo de recurso poético, una estética construida sobre la confesión íntima, como en el primer relato ganador. El nudo del relato es el miedo a equivocarse de ella respecto de él, pero realmente no es un nudo que parezca tener importancia, por lo que todo transcurre evolutivamente a la culminación amorosa y un final feliz de nueva pareja. Hay que fijarse en su construcción estética. Si no fuera así, sería un diario personal compartido. También estuve el día que se leyó este relato.

Corina, de Maribel Domínguez. Es el relato que es más relato de los relatos de Maribel en este libro. Por ello para mí ya tiene más valor. Aunque llama la atención que sigue la línea de El postre, de Raquel Vidal, del que ya hemos hablado. Podríamos considerar que el público premió dos veces relatos similares, cosa que ya pasó también en la primera edición (véase las notas del primer volumen en su entrada). Por otro lado volvemos a problemas de desarrollo emocional y afectivo de pareja, a lo oscuro y macabro y al mundo de la mujer como víctima. Martín es un obseso de la belleza, pero su mundo introspectivo le impide mantener relaciones normales con las mujeres, por lo que es un habitual cliente de prostitutas, entre ellas está Corina, por la que siente una obsesión y es a la que más solicita. Con esta trama planteada se avanza hacia un golpe de efecto final similar al propuesto por Raquel Vidal en su relato, aunque con una variante significativa, aunque metafóricamente podríamos considerar igual. Este camino de relatar le sienta bien a Maribel, lo dije ya en el anterior volumen con otro relato que seguía esta senda más oscura, pero es evidente que, aunque la pisa, se siente más cómoda en los relatos de amor y desamor. Cada cual tiene su voz, obviamente. 

Ser pija es muy duro, de Miguel Ángel Gómez Sedano. Se trata de otro relato de humor costumbrista. Aunque tiene una estructura más de relato literario que el anterior, sigue teniendo un aire más de monólogo de humor. Ese aire se lo da el especial uso de equívocos en los términos que, por otra parte, ayudan a retratar a su personaje principal, una mujer joven pija. También lo expresa el uso de las mayúsculas intercaladas con las minúsculas para señalar los golpes de voz allá donde se desea el efecto cómico. Parece escrito como un guion para monólogo, más que como relato. En todo caso, como relato pareciera que el autor desea guiar también la tonalidad de lectura del lector. El relato, como pasara con Maribel Domínguez en la sesión que antecedió a esta, vuelve a alimentarse en cierto modo de El postre, de Raquel Vidal, sea consciente o inconscientemente. Se trata de una mujer joven que trata de pertenecer a una clase social más supuestamente más elevada y elegante, pero que en sus conocimientos y modales deja patente sus muchas carencias ante ese mundo, y, en este caso, ante el mundo en general. Hay por tanto otra vez un recursos al personaje arquetipo al que se le aplica algo de lo que Valle-Inclán llamó el esperpento para, exagerando sus características sociales, provoque humor, especialmente por sus deficiencias. Es más relato que el anterior relato y está mejor planteado. Tiene mayor peso de ser literariamente.

Términos y condiciones, de Antonio Lera. Este autor pasó a ser ganador en este segundo certamen, después de que en la anterior edición no lo logró, pero sí llegó a ser finalista con un relato de humor notable donde ejercía la crítica a la mismísima dinámica de este mismo concurso. Llegaba a escribir entonces: "No me fío del público, votan por afinidad, así que agudizo la vista para ver qué vota cada uno". En este segundo certamen vuelve a recurrir a la crítica satírica, pero no al concurso, sino a los contratos, o sea, a las normas, términos y condiciones de todos los contratos y que nosotros aceptamos al firmar ese contrato y comprometernos así a cumplirlas a cambio de lo que se quiera que se contrate, sea un trabajo, un alquiler, o la participación en un concurso. En esta sátira se recurre a un humor que toca lo provocador hasta llegar en parte a lo soez para exagerar las implicaciones abusivas de los contratos que en los últimos tiempos parecen ser precisamente eso: más abusivos que de lo que hasta ahora habíamos vivido, y más intrusivos en la vida de uno mismo. Sin embargo, vuelve a parecer más un monólogo de humor que un relato literario. Sin embargo, es cierto que Lera ya había usado un tono de confesión en su relato finalista del anterior certamen, quizá buscando la complicidad directa con el lector... o el oyente.

Y tú, más, de Samuel Buitrago. Quizá el relato que yo daría por ganador si hubiera que votar de entre estos relatos. Una breve historia común y cotidiana que se vive en todas las familias alguna vez: una pelea familiar. Narrada con maestría para la brevedad que requiere las normas del concurso y captando a la vez la psicología de todos los implicados. No se olvida de retratar el ambiente que les rodea y dotar la descripción, a la vez, de un tono literario bastante rico de recursos y con una sintaxis muy bien trabajada. Se nota en el autor un bagaje importante e interesante. Muy destacable. Aparte de que el tema sirve a la vez de alegoría de la relaciones más allá de lo familiar y lo personal.

Fotografía, de Elena Tabachkova. Un relato de tres historias aparentemente independientes, pero en realidad cruzadas por un mismo hecho misterioso en el que escenas de fotografías perfectas terminan dando fotografías defectuosas y borrosas. Todo ello unido al final por una reflexión de la propia historia que aparece como narradora y personaje hablando al público confesando sus reflexiones sobre este hecho y su presencia en el concurso, por lo que lo que comienza con una estructura de relato vuelve a caer en una estructura de monólogo, aunque esta vez no es de humor, es de autoconfesión. Cita el propio Pub O'Malley's de la calle Goya donde se celebra cada encuentro. Se entiende que el relato viene a invitarnos a aprovechar el momento. Es un relato del clásico "carpe diem" que se popularizó tanto en el Renacimiento. Una crítica también a nuestros días, donde la estética absorbe a numerosas personas buscando inmortalizar imágenes perfectas, pero no disfrutando de la vida que ofrece esas imágenes. O sea, critica el quedarse en lo superficial y no entrar en lo que es vivir la vida.

Castropódame, de Antonio Lera. Quien en el primer certamen quedó como finalista y satirizaba los procesos selectivos de los ganadores, en este certamen no sólo sí fue ganador, sino que otro de sus relatos fue seleccionado para la publicación del libro. Recordemos que en esta ocasión el subtítulo del libro no indica que sean relatos finalistas, aunque pudieran serlo, sino relatos seleccionados de entre los que se presentaron. En este caso Lera no hace un relato de humor ni de sátira. Tampoco hace crítica, al menos no contra algo que considere digno de ser señalado con el dedo. Es un relato netamente relato, no cae tampoco en poder ser comprendido como monólogo. Se trata de un relato en cierto modo en consonancia con el realismo social del ruralismo que escribía Miguel Delibes. El autor narra en primera persona los recuerdos de su pueblo, o del pueblo del personaje narrador, cuando él era joven en contraste con el pueblo con el que se ha encontrado al regresar siendo ya adulto y tras muchos años sin haber regresado después de irse de allí. Nos dibuja un pueblo con recuerdos familiares y con personajes de su misma familia y vecinos que daban una característica especial a la vida allí. Son parte de unos tiempos pasados, pero también de su juventud también pasada. El regreso al pueblo, ahora sin ellos y con un tono de abandono nos habla de la España vaciada del siglo XXI, pero también nos habla en cierto modo de aquel "carpe diem" del anterior relato. Habla del paso del tiempo y con él, el de la vida. Los cambios sociales también están, y con ellos los cambios de la inocencia perdida. Para mí es mucho más relato y mejor este relato que aquel que ganó. 

Tachones, de Elena Tabachkova. La autora no logró ganar en el primer certamen y casi parecía que tampoco lo iba a hacer en este segundo certamen, aunque lo hizo en la última sesión con el anterior relato citado de ella. Como fuera, durante una de las sesiones a las que yo asistí, ella expresó sentir que no ganara y que se repitieran nombres ganadores, esta fue la obra que presentó en aquella sesión. Ahora ella entra doblemente en este libro, tanto como ganadora como por seleccionada con este relato. Se trata de un relato doble. Por un lado es el texto que escribe una niña que dice haberle fallado a la ficción, porque ya no sabe o no le sale escribir ficción. Pero por otro lado, es la misma niña tirando ese papel a la lluvia, metáfora a interpretar personalmente por cada lector. Un ejercicio de metaliteratura que tiene su punto de interesante, aunque quizá con resonancias de confesión de un momento de estancamiento creativo que, a cada autor, alguna vez le ocurre. Momentos cruciales que a menudo adquieren algo de existencial, cosa comprensible para los que no son autores si lo entienden como aquellos momentos de estancamiento en lo que quiera que sea donde uno no sabe exactamente su camino. Es un relato notable si es leído en la intimidad de ti mismo para tu espacio de reflexión propio, al menos por lo que a mí respecta.

El frasquito, de Fernando Fresneda. Otro de los muy breves relatos que se presentaron en este certamen. Quedó como relato seleccionado, aunque tiene muchos puntos en común con Corina, de Maribel Domínguez. Con lo que en este segundo certamen vemos que ha primado en líneas generales una reiteración temática, aunque desde diferentes perspectivas y narraciones. Se trata de otro relato de obsesión de un hombre hacia una mujer, con su punto oscuro y macabro. Bien es cierto que el género de lo macabro y lo oscuro tiene también una buena acogida en los dos certámenes habidos hasta ahora. Está bien construido y, siendo un concurso de relatos cortos, condensa muy bien su narrativa para lograr una historia impactante y el dibujo de lo que podríamos considerar un psicópata. 

El hijo de la luz, domador de sombras, de Aroa García. Es un relato muy breve que narra ni más ni menos que la vida completa de un personaje. Casi a modo de novela condensada en poco menos que dos páginas. En realidad la descripción biográfica del personaje sirve como recurso para describir el personaje. Un artista nacido en el silencio de la noche, casi sin hacerse notar, cuya vida transcurre sin llamar la atención demasiado y rodeado de alguna almas en pena, aunque él, se dice, está rodeado de afectos, pero a la vez se reserva sus emociones para sí mismo. Se podría pensar que es un protagonista con algún tipo de introversión o incluso de autismo, pero sólo se indica su introversión y su capacidad de apreciar y reflejar la belleza como artista. Todo nos lleva a un final que no es algo impactante, ni una sorpresa final, como recurso de otros relatos presentados, sino simplemente un saludo que, tal como se nos narra, condensa el ser del relato, la intencionalidad del mismo. Nos remata el dibujo de la vida de esa persona y el ser de la misma. Podríamos decir que también se encuadra en el "carpe diem", pero es algo más sobre el sosiego, la paz interior, la contemplación, la felicidad, lo sencillo. Tal vez sí haya un dibujo implícito de autismo, o de introversión elevada, pero al no indicarse tampoco es algo que tome la relevancia total del relato, y eso hace que sea un relato sosegado que expresa exactamente lo que la autora desea. Tiene en ese sentido muy bien realizado su tiempo y el equilibrio narrativo equivalente al equilibrio vital de la vida del protagonista.

El despertar, de Sophie Winter. Entró dentro de los relatos seleccionados. La cuestión es que aunque ella lo presentó, lo hizo a través de Zia Mei. Según las normas del primer certamen, todos los relatos presentados, para poder participar, deben ser leídos en persona por la persona que los escribió. De hecho, durante el primer certamen de 2024-2025, por motivos laborales, yo mismo consulté la posibilidad de que leyera alguien algo mío y se me dijo que sólo en casos muy de necesidad se admitiría. He de suponer que en ese mismo certamen, hacia su final, cambió la norma, porque el propio Raúl García (que no es el que pone las normas, pero sí el que pide que se cumplan) presentó un relato propio sobre el suicidio que para mí era un relato ganador, o al menos finalista, y no lo fue. Lo presentó leído a través de César Sobrón, no sólo por tener que atender la barra del bar, sino porque buscó el anonimato con la idea de que no le votaran por ser él el autor, sino que valoraran el relato por sí mismo. Aunque en el segundo certamen, 2025-2026, en principio las normas siguen diciendo que el relato debe ser presentado y leído en el bar el día de la sesión que le toque, bien es cierto que ya no especifica tanto que sea el autor o la autora, pero sí es cierto que se incide de voz en que es lo deseable que sea el autor o autora el que lo lea. En este caso hay una diferencia respecto al de Raúl, Raúl estuvo presente, aunque anónimo, pero Sofía Winter no estuvo presente. Sea como sea, este relato es parte de los relatos incluidos por la autora en su poemario Metáfora del azul y una canción naranja, publicado este mismo 2026 en primavera, y presentado en el mismísimo Pub O'Malley's el mismo día que una hora más tarde de esa presentación se produjo la sesión donde participó. Es a la vez un capítulo de la novela inédita Historias insignificantes, escrita por ella junto quien esto escribe, Daniel López-Serrano "Canichu", en 2016. Es un muy buen relato con un sentido literario claro. Contiene una parte autobiográfica, pero realmente está ficcionando esa cuestión, y a la vez probablemente ejerciendo de autoconfesión emocional. Con toda la potencia metafórica y alegórica del invierno, la escarcha y la nieve, tan profundizada en Winter, nos narra las heridas abiertas por la muerte paterna ocurrida mucho tiempo atrás, pero no cerradas. Se ubica este relato en el momento en el que la protagonista encuentra un camino para la reconciliación con su pasado, con el cierre del trauma. El padre permanece en la persona. Es por tanto un relato intimista, psicológico y emocional. 

El ascensor, de José Manuel Ramos. Este relato seleccionado es otro relato muy extenso. Tiene una clara estructura literaria. Es una historia seria, aunque su nudo parte de un momento que no deja de tener un cierto punto hilarante. Una pareja que es incapaz de lograr tener un hijo decide recurrir a la inseminación artificial. Con un juego de ascensores que se puede leer también a modo de alegoría, ocurre una confusión entre el varón de la pareja y otro hombre de otra pareja, los cuales llevan sendos tarros con semen que deben entregar a la misma enfermera. Un breve y común choque entre los dos crea una momento de confusión sobre qué tarro pertenece a quien. Ese es el nudo de la historia. Pero la historia no es de humor. Puede que alguien riera o sonriera durante su lectura en su sesión, pero en el fondo el relato es un relato serio. Lo que narra a continuación es la duda y el cuestionamiento de qué es la paternidad y la maternidad. Plantea también los secretos ocultos en las parejas, lo que no deja de ser también una traición secreta a la intimidad que establece que se sea pareja. Y una traición a los planteamientos de planes de vida conjunta, a la vida misma. Pero es cierto que se cuestiona la naturaleza de la realidad y lo que es real y porqué lo es, y nos plantea que lo es por convención. Es el relato el que crea la realidad más que la realidad misma. Así que tenemos un relato neoplatónico en lenguaje y trama del siglo XXI. Es otro relato que podría haber sido ganador, quizá no lo fue es porque el autor quiso equilibrar todo lo narrado, cosa que hace muy bien, y abandona el golpe de efecto final. Ya se sabe desde el comienzo el conflicto, lo que importa en el relato no es el golpe de efecto, es otra cosa, y lo hace bien.

Juan y Marta, de Vicente Orallo. Las normas del certamen dicen claramente que es un certamen de relatos. No importa el género del relato, de hecho a veces hay hasta ensayos, y como se ha visto algunos relatos en realidad podría tratarse de monólogos. Pero lo que no se contempla es que sea un concurso de poesía. Sin embargo, esta obra es una poesía. Se ha seleccionado para publicar, y creo que por lo que me han contado quizá hasta llegó a ser finalista por ser muy votada. Pero es una poesía. Una poesía narrativa, pero una poesía. Llama la atención, porque en el pasado hubo quien quiso presentar poesías y se le dijo claramente que el espacio de las poesías queda para los recitales. Se ha defendido que en realidad es un relato en verso, como se hacía en el siglo XIX, o como se hacía en la antigüedad con Homero, Virgilio o en la Edad Media como el que hizo el anónimo del Cantar de Mío Cid. Aquellas eran odas épicas, incluso hoy día son tratadas a menudo como novelas. Es cierto, pero están poetizados. Si nos vamos al siglo XIX tendríamos que referirnos entonces a Espronceda, por ejemplo, con poemas narrativos como "Cancion del pirata", "El estudiante de Salamanca" o "El reo de muerte". También en el siglo XX tenemos poemas narrativos, pongamos por ejemplo todos los poemas del Romancero gitano de Federico García Lorca o buena parte de Poemas del cante jondo. ¿Diríamos que cualquier poema de Lorca en esos poemarios son relatos? No. Son poemas narrativos. Pueden funcionar como relatos, pero son poemas. Otra cosa es si se imita al Duque de Rivas con Don Álvaro o la fuerza del sino, donde combina prosa y poesía para construir su relato teatral. Como sea, es un poema narrativo compuesto en cuartetas asonantes, con un carácter moralizante  e instructivo sobre el amor y la fidelidad ante la adversidad de la enfermedad del alzheimer. Vuelve con esto a traer un tema ya premiado en este certamen y presentado por Maribel Domínguez en Por favor, déjame, no me ames. Recuerda en cierto modo un tipo de poesía popular aleccionadora socialmente que se componía en la España de la mitad del siglo XX hacia las décadas de 1940 y 1950. Evidentemente el tema a tratar busca conmover, si acaso a expresar el amor hacia quien quizá ya no pueda percibirlo, con lo que se crea un ambiente de drama y tragedia.

Ellos y yo, de Alejandro Pacheco. El último de los relatos seleccionados es un relato social que parece más un texto reivindicativo. Se trata de las protestas de un camarero emigrante de Venezuela en España respecto a su trato con los clientes y las exigencias de estos. De fondo también deja ver un sentimiento de racismo hacia él a la hora de desempeñar su trabajo. El relato es pura puesta sobre la mesa de la queja de su ambiente social y laboral como emigrante, me da la sensación, más que como camarero, aún cuando las quejas se presentan como camarero. Entiendo que pueda ser tenido en cuenta como relato, aunque personalmente me da la sensación que no tiene un sentido literario claro, aunque sí ha sido escrito con recursos propios de relato, especialmente del uso de paralelismos. Por otro lado, más allá de lo literario, como persona muy del mundo bares desde su adolescencia, y no sólo como cliente, también desde el otro lado, e incluso desde lados intermedios entre las dos partes, me temo que las quejas no son capaces de empatizar ni comprender al cliente y que se lleva al lado del racismo lo que puede no serlo y sí ser simplemente un choque cultural  o una falta de entendimiento mutua. No niego haber visto en los últimos tiempos expresiones racistas hacia camareros no españoles de nacimiento, pero en este relato lo que se narra no me lleva a ellas, sí más bien a una falta de comprensión del camarero ante las necesidades de sus clientes, y quizá a una impaciencia de los clientes. Pero sobre todo a un sentido muy centrado en la propia persona a la hora de ejercer un trabajo de servicio. Y no quiere decir que al ejercer un trabajo de servicio se deba perder el amor propio, pero sí se ha de tener empatía y conocimiento del tipo de clientes y de los clientes que se tienen. En todo caso, la queja laboral y de racismo no ha de ser desoída y ha de ser valorada por aquello del amor a la mejora social.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 4 de septiembre de 2026

Bala extraviada

Título: Bala extraviada.
Autora/es Tabachkova (poemas); Javier Tejedo (ilustraciones, sólo 2ª edición).
Editorial: Kalamo Books (1ª edición); Bala extraviada (2ª edición, autoedición).
Año de publicación: 2018 (1ª edición; Prólogo de Carlos Salem; agradecimientos I de la autora); 2025 (2ª edición; Prólogo de Carlos Salem; agradecimientos I y II de la autora).
Colección: La poesía mancha (1ª edición); [Fuera de colección en la 2ª edición, el Ministerio de Cultura indica en la página oficial de la base de datos del ISBN de libros editados en España: Puesta al día]. 
Nº de volumen en la colección: 1 (1ª edición).
Género: Poesía; Ilustración  (sólo 2ª edición)
ISBN: 978-84-94873584 (1ª edición); 978-84-12977042 (2ª edición).

Elena García Blázquez, Tabachkova, publicó su primer poemario al año siguiente de haber colaborado con el Cuervo Blanco y de haber aparecido en su antología
El cuervo blanco. Antología -canción, relato, poesía- (2017). Se trataba de Bala extraviada, publicado en 2018 por primera vez, a través de Kalamo Books, iniciando como volumen 1 la colección La poesía mancha. Allí esta editorial ha recogido principalmente y casi exclusivamente a poetas muy jóvenes, aún cuando haya alguna excepción. Puede que dentro de esa búsqueda de voces de hoy se interesaran por Tabachkova, nacida en 1997, como ya se dijo en estas notas, y activa en esos momentos en recitales de Madrid capital, no sólo de Alcalá de Henares. El poemario llamó la atención al reconocido editor y escritor Carlos Salem, quien le escribió un prólogo en el que le reconocía la juventud y un poemario de desarraigo generacional para aquellos que su vida ha transcurrido en su totalidad o (en este caso) casi toda su totalidad en el siglo XXI. Viene a decirnos que otras personas jóvenes pueden reconocerse en sus poemas, con lo que trasciende lo que pudiera ser un poemario personal, que es lo que suelen ser muchas veces los primeros poemarios. 
 
Por el camino, Tabachkova tardó en sacar su segundo poemario, lo hizo en 2023,
Laberinto de discordia, ya comentado en estas notas. Poco después, en 2025, el primer poemario, que es el que hoy nos ocupa, fue vuelto a publicar por ella misma bajo una especie de sello personal que cobraba el nombre del propio libro, Bala extraviada. Allí mantuvo el prólogo de Carlos Salem, si bien añadió unos segundos agradecimientos a los primeros de la primera edición. Unos agradecimientos con algo de desgarro, tanto a los que les simpatizan como a aquellos que no y no se lo han puesto fácil, pues considera que todos la han formado tal como es y cada uno a su modo han contribuido a sus poemas.

La primera edición de Bala extraviada fue editada siguiendo la línea de la colección de La poesía mancha. Una escuadra blanca en "L" sirve para el título y nombre de la autora, así como para los créditos. Recuerda un retrato de ella, en este caso en un tono frío azul, con el rostro en primer plano de medio perfil, mirando entre triste y extraviada. Con variaciones del retrato de otras autoras y autores, esta composición marcó el estilo de la colección en los siguientes volúmenes publicados. Sin embargo, Tabachkova optó por crear su propio diseño de línea editorial siguiendo un estilo similar a la edición de Laberinto de discordia. Decidió usar ilustraciones a mano realizadas por Javier Tejedo. Estas aparecen tanto en la cubierta, donde aparecen agujeros de bala impactados en una pared de ladrillo, en tonos fríos del azul, y fondo blanco, tal vez referencia a la nieve de la Rusia natal de Tabachkova, a modo de metáfora del fondo de su ser en estos poemas. Dentro las ilustraciones serán en blanco y negro, con un estilo muy del cómic, trazos gruesos y composiciones alegóricas y surrealistas acompañadas de pequeños textos aforísticos que funcionan como pequeños poemas con mensajes impactantes que refuerzan las imágenes. El retrato que aparecía en la cubierta de la primera edición, reaparecerá en esta segunda edición pero dentro de la solapa de la cubierta y en una tonalidad en ocre.

Este primer poemario se aleja del estilo muy medido que nos mostró en la antología del Cuervo Blanco. Son dos estilos muy diferentes y contrarios. Curiosamente volverá en parte a él en el segundo libro, aunque no en su totalidad, sí en gran parte. En este primer poemario prima una poesía prácticamente narrativa, en versos libres, aunque aparezcan grandes bloques con medida, muy compatible con lo que pudiera haber sido un libro de poemas en prosa, o fragmentos en prosa, pero que acabó siendo en verso. hay numerosos encabalgamientos y reflexiones de la propia vida.

Es un poemario de conflicto interno, igual que lo será el segundo, sólo que en este poemario el conflicto se intuye que viene de la propia adolescencia, que de por sí es la transformación de la niña en adulta y del trauma que es el despertar a la vida adulta ya sin idealismos, sino con pura y dura realidad. Con cruda realidad, tanto en lo sentimental, como los familiar, lo laboral, las relaciones sociales o las económicas. Es un libro escrito justo en ese momento de cambio y dentro de una generación cuya infancia ha sido testigo de la Gran Recesión de 2008 y cuyas preadolescencias y adolescencias vivían justamente en medio de esa gran crisis económica, las protestas y movilizaciones nacidas de 2011 y todo un mundo revuelto donde ellos mismos entrarán según crezcan con esa precariedad que en esos momentos se estaba formando, o quizá habría que decir potenciando. En medio de todo ello hay que atender la peculiaridad de la vida personal de la autora y sus propios traumas familiares y sentimentales, su sentimiento de desarraigo, ya comentado en su segundo libro, y su forcejeo con lo que sería la vida lógica de las juergas de adolescencia, alcohol incluido, con el choque con lo que entiende debería ser una vida adulta menos afectada por el desorden.
 
(...)
Cierto día te das cuenta
de que no es un camino de baldosas amarillas
ni con flores imberbes de espinas.
(...)
 
Hay desencanto. Hay ruptura. Hay un final de la idealización. Un choque con la realidad. La Gran Recesión de 2008, que ya llegó en esa fecha de 2008 a Europa pero que en este continente fue todavía más fuerte en 2010, creó unas sensaciones de soledad que, pese a todos los movimientos de solidaridad nacidos en 2011, se hizo especialmente fuerte incluso en las generaciones más jóvenes. Y esto se traslada en este poemario en poemas como "La piedra suicida".

Tan sola como esa piedra suicida
que lleva por bandera una diana
dibujada sobre su piel
para que cualquier francotirador
pueda acabar con su sufrimiento.

Pero sigue viva.

Posiblemente soledad potenciada en este caso también por cuestiones afectivas atadas al desarraigo de sentirse no exactamente de algún lugar o de algún grupo. Que deja a la intemperie a la persona y por tanto vulnerable... y sin embargo la resistencia nos hace seguir vivos. Vivos por resistencia. 

La poeta nos habla de un vacío y un  agujero provocado por la ausencia que le provoca un alguien. Un alguien familiar directo, como un padre, un alguien que es apoyo cuando está, como es la pareja, un alguien que nos es vital, como es un grupo de amistades o una amistad. Está el trauma ahí, el trauma de una soledad que ha hecho que emprenda un camino propio sin tener una guía clara, como una bala extraviada, a veces con caminos equívocos. 

(...)
Hicimos cosas horribles
que perdonábamos cada mañana
con las esperanza de que todo cambiara.
(...)

Hay un sentimiento de culpabilidad, de consciencia de la responsabilidad de los propios actos más perdidos, pero también de la soledad del camino. La salud mental es algo que ya va dando vueltas en estos versos como preocupación y que será directamente nombrada en el segundo poemario. Y aparece dentro de esa soledad la escritura, la creatividad, como un escape íntimo e interior que salva, aunque no ofrece la compañía del otro, sí ofrece la compañía de uno mismo, aún cuando exista la fobia de la posibilidad de perder la capacidad de escribir. Escribir se transforma en un diálogo interior que sana y se interioriza como parte imprescindible de uno mismo. Ella misma se transforma en ser escrito. Ella misma se escribe a sí misma.

Los meses me consumen
cada vez que no escribo,
cada vez que no logro
poner un punto y final
a mis ideas transeúntes.
(...)

Ahí, en la soledad más íntima, comienza su terapia y su sensación de salvación. Con un diálogo interno donde se puede hablar con total libertad y franqueza a sí misma, y compartirlo mediante la lectura de los demás. 

(...)
Tocas tú misma las heridas
para acostumbrarte al dolor
de los posibles roces.
(...)
 
Un primer poemario que es posible que recoja de los poemas que había ido escribiendo años antes, pues ella confiesa escribir desde niña, pero que encaja perfectamente con un poema entre lo generacional, el cambio traumático, la soledad y lo íntimo. Un comienzo.
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 24 de enero de 2026

Laberinto de discordia

Título:Laberinto de discordia.
Autora: Elena García Blázquez, Tabachkova. 
Editora: Tabachkova (autoedición). 
Año de publicación: 2023 (1ª edición; prólogo de Mario Pinel).
Género: Poesía.
ISBN: 978-84-09-55924-4

 

Dentro del grupo poético El Cuervo Blanco, ya disgregado, pero compuesto por voces muy jóvenes pertenecientes al siglo XXI, por ser mayoritariamente nacidas en los años finales de la década de 1990, salvo algún caso (la voz de más edad es de finales de la década de 1980), estaba la poeta Tabachkova, cuyo nombre actual es Elena García Blázquez, pero nacida con apellido Tabachkova. Este grupo publicó un poemario compilatorio de una selección de poemas de cada uno de ellos en 2017, se llamaba el libro del mismo modo que ellos, El Cuervo Blanco. Ya hablamos de él en su día, por ende: en ese momento ya se comentó brevemente de Tabachkova y su aportación en esa obra y grupo. Aportaremos hoy algunos datos biográficos. Ella nació en el verano de 1997 en Táldom, una ciudad a algo más de cien kilómetros al norte de Moscú, en Rusia. Es, efectivamente, rusa, pero desde pequeña su vida se ve ligada a España y en concreto a Alcalá de Henares. Sus inquietudes artísticas muy tempranas la han hecho explorar diversas facetas, siendo la poesía donde parece sentirse más cómoda. Con otras personas jóvenes más o menos de su edad formó parte de El Cuervo Blanco, que llegó a publicar el libro citado en 2017, lo que casi pudiera considerarse una publicación generacional y asociativa, aunque lo hicieron con la editorial alcalaína Domiduca Libreros, con la que colaboraron en los recitales de la misma librería en los lunes de julio de aquel 2017. Desde entonces no es la única antología poética en la que ha aparecido, así como en revistas y fanzines. También ha participado de diversos eventos y recitales de diversas ciudades. Sin embargo, al año siguiente de su experiencia con El Cuervo Blanco y aquella publicación, en 2018, publicó su primer poemario, Bala extraviada, que llegó a ser comentado por Carlos Salem. Y ahí da otro paso. Es creadora de eventos poéticos como Búnker Poético Festival, Búnker El Alcaraván, El Camba en verso (celebrado periódicamente en el bar Camba de Madrid capital), Cantautores de mierda y Desayuno de Maloik. Además, comenzó a prestar servicios editoriales para publicar obras de otros autores que ella conoce, bajo el nombre de Bala extraviada. Su segundo poemario, con la que estamos profundizando en ella hoy en estas notas, lo autopublicó ella en 2023. Se trata de Laberinto de discordia. En el último año se la ha visto por Alcalá de Henares en algunos eventos literarios del Pub O'Malley's, actual motor alternativo para estas cosas en la ciudad. Precisamente, hace un mes, en el evento Versos en Vísperas de Navidad, 2025, organizado por la otra poeta rusa ligada a la ciudad, Sofía Winter, y promovido por Zia Mei y Maribel Domínguez, Tabachkova estuvo presente iniciando un nuevo ciclo vital en su vida e, inevitablemente, había preparado junto a Sofia Winter y la cantante Eiden un poema ruso a tres voces cuyo efecto fue emotivo y precioso. Quien esta nota escribe la vio recitar en Domiduca en 2017, estuvo en un evento del Camba en 2025, junto a la poeta alcarreña Mamen Solanas (igualmente ligada a Alcalá), y también en aquella Navidad del mismo año.  

Laberinto de discordia, publicado en tapa blanda solapada, tiene su tercera reimpresión en 2025. Su portada blanca muestra una ilustración a mano de Javier Tejedo que muestra a una chica de espaldas, que nos recuerda a Tabachkova en cierto modo, en un plano picado ante la entrada de un laberinto. Dentro habrá una ilustración más, ahora en acuarela, del retrato de una chica joven desnuda en plano medio, con el cuerpo formado por un laberinto que lleva a su corazón, con la cara como perdida. Dos ilustraciones al servicio de la idea general del poemario, dedicado a la confusión emocional de las decisiones a tomar en la vida en momentos de fuerte cambio por motivos que se imponen en la vida, más que por decisiones deliberadamente tomadas sin previo conflicto. 

Aunque las páginas son primordialmente en blanco, algunas aparecerán negras, con el texto en blanco, y otras en ocre, con las letras de blanco. Sirven casi de divisoria sin necesidad de determinar capítulos o partes, aunque se podría considerar que están al servicio de eso mismo, por lo que, si se entiende así, serían cinco partes, y si no se entendiera así, entonces hay que valorar que la estética de la página contribuye a aportar más mensaje al propio mensaje de los textos de sus poemas. Ciertamente esto también es así. Si uno lee esos poemas con meditación se da cuenta que hay una especie de unidad en el tono y el mensaje en las páginas negras y en las páginas ocres, por lo que la estética se une al poema como recurso poético, por tanto: como emisor del mensaje. 

Prologó el libro Mario Pinel, aunque en una de las solapas aparecen hasta siete voces de personas posiblemente del mismo círculo generacional de la autora, posiblemente pertenecientes a alguno de los grupos poéticos donde ella se haya. Valoran brevemente a su poesía y a ella. Tabachkova escribe el epílogo, donde suma aún tres poemas finales para explicar en cierto modo su vida más reciente en 2023, y da los agradecimientos (segundos agradecimientos) justo al final del libro. 

El libro prolifera en citas poéticas de autores conocidos de la poesía y de la música para dar paso o pie a los poemas de Tabachkova. Tal como se comentó en la antología del Cuervo Blanco, su estilo sigue siendo un estilo muy ligado a la poesía formal, respetando las métricas clásicas establecidas. En muy pocas ocasiones rompe con esto. Esto hace que a veces su poesía suene un poco con aires de poesía de muchas décadas antes de su propio nacimiento.

Un indomable muro alberga
la carga de años sin destellos,
reparadores de quimeras,
reponedores de algún sueño.
(...)

Sin embargo, introduce algún destello, algunas temáticas que empiezan a apuntar a un cierto gusto por algo más contracultural y algo más rompedor. Eso hace pensar que aún está en el proceso de interiorizar más el rumbo poético propio que desea expresar. Proceso que probablemente, con su actual cambio de ciclo vital puede que vuelva a virar en su propia búsqueda, acorde a sus experiencias vitales y como se vayan desarrollando y acumulando. En todo caso, esos destellos que asoman en algunos poemas de este poemario casi nos guiñan el ojo para hablarnos del caos personal interno que, al chocar con uno mismo, nos llevan a los excesos en una lucha personal y secreta dentro de nosotros en los momentos de zozobra, de encontrarse perdido en el laberinto interior, o como diría Góngora o Machado, en nuestras galerías del alma.

(...)
Me ahogo en los excesos
de un Jim Beam,
del latir del alma
en un frenesí.
(...)

Pero también, como hemos visto en estas notas en obras de otros autores cuya vida está prácticamente entera en el siglo XXI, o sea acorde con su generación, crea poesía social y con cierta actividad reivindicando justicia o señalando algo al lector.

Alicia en el país de las injusticias
se ha precipitado,
o eso dicen las noticias,
desde la terraza de la que ya
no iba a ser su casa.
(...)

Tabachkova tardó cinco años en publicar su segundo poemario, aunque, como ella dice, no dejó de componer. Como auténtica poeta que es, lo hizo para sí misma, como necesidad de expresión y conversación de ella con ella. Ese ejercicio primordial que hace que el poeta sea poeta, que la poeta sea poeta, esa observación de los múltiples valores emocionales en un lenguaje que nos ha de ser más que un lenguaje. De ahí a la decisión de compartir los escritos depende mucho de cada poeta, pero suele darse también esa necesidad de expresar a los demás lo que te expresaste a ti. Tiene un efecto entre terapéutico y artístico. Y en esos periodos en los que una persona va componiendo, pero no mostrando, pueden surgir buenos o malos poemas, unos más fuertes, otros más flojos, pero todos necesarios para quien es poeta en su impulso a hablar consigo mismo, a soltar... o a amarrar, según sea. A conversar silenciosamente con la palabra que a uno mismo nos damos. He ahí el laberinto. Un laberinto emocional y sensitivo, que puede caer en lo estético o huir de ello, en lo constructivo y en lo autodestructivo, en lo racional y en lo irracional.

Evidentemente, ese laberinto interior se suele dar especialmente en los momentos más claves de nuestras vidas, donde nuestra mente está en plena actividad y en plena indecisión y decisión, en pleno combate contra los gigantes invisibles, los enanos inasibles, las cuestiones que de primordiales que son, nos hacen de nosotros un ser y un no ser y un luchar por ser. 

Concretando, tal como Tabachkova nos indica en sus poemas y en su epílogo, la temática del poemario en general aborda la adversidad y las contrariedades de la vida que nos ponen al borde y al límite, perjudicando la salud mental. Hay que cuidar más la salud mental, nos recuerda ella. Y en cierto modo, con una lectura completa del libro, aunque nos habla de una lucha interna, íntima y solitaria, nos grita a voces la necesidad de escuchar al otro y de ser escuchado, no somos terapeutas, pero hablar y ser oídos, simplemente oídos, ayuda a entendernos y sanarnos. Las crisis emocionales diversas, la depresión severa, la lucha por su superación y, en este caso, pasados traumáticos que en este poemario se intuyen porque se citan pero no se explicitan, son lo que mueven estos versos.

La inmensidad del trueno
y la luminiscencia del rayo
ahondan en el espanto
de una mente
que perdió la capacidad
de regresar a los suburbios
de la realidad.
(...)

Hay referencias a pasados familiares y también algún poema donde ajusta cuentas con alguien que la dañó en lo que se podría entender un engaño amoroso, o un desengaño. Pero va más allá, como la búsqueda de la identidad personal, donde llega incluso a decir que adora un idioma, el ruso, que no ha terminado de conocer y que se encuentra lejos (recordemos que es rusa de origen). En ese sentido existe el desarraigo, aún a pesar de que si uno se fija en su biografía antes escrita se la ve muy arraigada. He ahí la contradicción interna muy propia de quienes escribimos poesía. 

No obstante, encontramos en las páginas ocres numerosas referencias al amor y a la vivencia del sexo, quizá de recuerdos de primeras experiencias o de grandes vivencias, que, para quien esto escribe, suponen estos poemas junto a los más desarrapados del alma, uno de los puntos fuertes de la lectura del libro. Incluso en esos poemas de amor sobresale un poco el dolor, la falta de algo. Mantiene la coherencia

Quepa terminar estas notas con que acorde también a lo ya visto en su inicio de 2017 tiende a la cita y referencias cultas e intelectuales, dejándose llevar por ellas y dotando a sus poemas de un componente  más allá de lo pasional y lo emocional, más allá de lo estético, un componente de raciocinio, de reflexión, de meditación. En este sentido, uno de los poemas principales que nos guía en lo que vamos a leer es el primer poema y los que le siguen de manera inmediata. En ellos se leerá una búsqueda estando perdidos en nosotros mismos, una dejadez en la embriaguez (especialmente de whisky), y una respuesta que nunca es respuesta ("es el pájaro de Schrödinger", llega a escribir en referencia metafórica a la paradoja del gato propuesta por Schrödinger, el cual puede o no estar metido en una caja).

En esa alta intelectualidad de Tabachkova, ella inicia el poemario citando a Patrick Rothfuss, dándonos la clave: "Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades."

Como un viaje psicológico dentro de nosotros mismos en nuestros peores momentos el poemario explora esas cuatro puertas de nuestra mente. En el epílogo Tabachakova nos dirá que son más de cuatro puertas. Y en los preciosos y perfectos tres poemas finales nos recomendará no apresurar el camino.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

lunes, 21 de octubre de 2019

El cuervo blanco. Antología -canción, relato, poesía-

Título: El cuervo blanco. Antología -canción, relato, poesía-. 
Autores: Víctor Bueno, Javier Prieto, Víctor Bonell, Almudena Anés, Lex Blond, Crazovey, Javier Terrés, Sara Abad Reguera, Tabachkova. 
Editorial: Domiduca Libreros. 
Año de publicación: 2017 (1ª edición; introducción de Andrea Valbuena).
Género: Poesía.  
ISBN: 978-84-946857-4-3

Ya en otros libros y autores he dejado caer que es posible que estemos ante una nueva generación literaria. Las generaciones literarias más recientes en España que hasta ahora conocíamos parecían ya definidas con los términos de la contracultura a partir de los años 1970, la nueva sentimentalidad a partir de los 1980 (generación que identificó y definió García Montero), el postmodernismo, también desde aquellas épocas, y las conocidas como Generación Perdida, Generación X y otros términos similares, que es quizá la más desconocida y la que aún hoy día sigue siendo ignorada por sistema por editoriales y lectores, y que aparecería en torno a los años 1990 y 2000. Tal desgana da a los críticos conocer a esta generación, actualmente compuesta de treinta añeros y ya cuarenta añeros algunos, que incluso hubo quien afirmó que en el final del siglo XX y comienzos del XXI todo estaba mezclado y no había corriente alguna que fuera predominante. Con esta misma vaguedad, en cuanto en los últimos dos o tres años han comenzado a darse a conocer a través de Internet las generaciones nacidas en los últimos años 1990 y primeros 2000 han recibido el término de los Milenials, como si nacer con el comienzo del milenio les diera por sí mismo un carácter definitorio y no ninguna otra cosa, como mucho estos críticos dicen que les caracteriza el uso de los nuevos medios de comunicación, como si el esto de generaciones hoy día no lo hiciéramos. Pero lo cierto es que tras leer la obra de muchas personas principalmente jóvenes, pero también algunas de las nuevas obras de la gente que, como yo, fuimos llamados Generación X o Generación Perdida, yo estaría por decir que existe una nueva generación literaria. Quizá se podría llamar la Generación del 15 de Mayo de 2011, Generación 15M, o Generación del 2011, siempre en este caso ligada a las obras literarias, y estaría por decir que también en otro tipo de expresiones artísticas, innegablemente apegadas a su momento histórico y a unas ideas y conceptos. Pensaba yo en esto en mis lecturas, cuando leí el pasado 21 de septiembre Álex Vicente pensó lo mismo y lo escribió en un extenso reportaje para el suplemento Babelia de El País. Él se fijó en la prosa de los nuevos escritores y aseguraba que la nueva literatura impulsaba la literatura social a través de la gran crisis económica de 2008. Había rasgos idénticos de uno a otro, una literatura social que habla de desesperanzas, pero también de ideales de nuevos mundos. Fábricas y minas cerradas mediante, decía Álex Vicente. Aún con todo, aseguro yo, en general la gran mayoría pasamos por varios conceptos de nuestras creaciones y eso hace que aunque en algún momento nos acerquemos más a una generación, muchas veces pasamos por varias o incluso tenemos mezclas. Lo generacional sólo es una guía para entender en grandes términos el sentido del autor y su obra, pero todo es siempre más complejo y nada se ajusta como un guante heterodoxo, salvo excepciones, siempre hay mezclas y siempre hay deudas de lo pasado.

Con esta explicación hoy os presento El cuervo blanco. Antología -canción, relato, poesía-. Este libro salió a la luz a través de la editorial de Domiduca Libreros. Otra contribución de la librería a la literatura de Alcalá de Henares. se trataba de un libro en tapa blanca con solapas, en negro con el logotipo de la cabeza de un cuervo blanco dentro de un foco de luz blanca. Dentro una serie de páginas negras contenían las distintas biografías de cada uno de los autores participantes de la antología, con fotografías y después una selección con algunos de sus poemas, canciones y breves relatos que en realidad eran una suerte de poemas en prosa. Se publicó en 2017 y fue en buena parte el proyecto y la creación de la asociación El Cuervo Blanco, creo que ahora mismo disuelta, por tanto de corta vida en aquel 2017, si estiramos fechas, quizá de 2016 a 2017. Esta asociación era un grupo de gente joven nacida en los últimos años de la década de 1990 y los primeros de la del 2000. Ellos se juntaron para poder potenciar sus voces y sus obras, no sólo con esta publicación, también en actos, recitales y conciertos. Pensemos que la propia Domiduca, junto al poeta Enrique Sabaté, potenciaron los recitales semanales de cada lunes del mes de julio llamados "Los Lunes al Sol", en la puerta de la librería en la Plaza del Padre Lecanda. A esos encuentros acudieron varios poetas y poetisas de la ciudad durante dos veranos, en 2016 y 2017. En cierto modo se mitigaba la transición de ese periodo tan fructífero que fue el bar El Laboratorio, que acaba de cerrar, a la orfandad de espacios para recitar, aunque pronto surgieron otros, pese a que sin tanta fuerza. En esos encuentros participaron bastante fielmente este grupo de gente joven de El Cuervo Blanco. Ya fuera recitando poesía directamente, o ejerciendo de cantautores, en combinación con personas que habían participado de El Laboratorio o del Deltoya. Fuera como fuese, de aquí salen los autores de este libro, que son: Víctor Bueno, Javier Prieto, Víctor Bonell, Almudena Anés, Alejandro Rubio (Lex Blond), Natalia Villardón Corrochano (Crazovey), Francisco Javier Terrés, Sara Abad Reguera y Elena Tabachkova. Todos ellos fueron prologados por Andrea Valbuena.

Si contamos otros autores, tanto nacidos más o menos en las mismas fechas que los presentes, como otros de generaciones anteriores pero fuertemente marcados por la crisis del 2008 y los acontecimientos del 2011, y ya hemos hablado de varios en este espacio, podemos decir que en líneas generales es una generación crítica, marcada por el fracaso o mejor dicho por lo adverso, pero siempre con un ideal y una esperanza en un mundo por construir mejor, a pesar de que la realidad es otra. Una generación con una fuerte carga de conocimiento filosófico, político, ético, con una dosis alta de pensamientos libertarios y feministas, aunque no todos sean exactamente libertarios, podríamos hablar como mínimo de una coincidencia en ideales democráticos más allá de lo institucional, llevado a la propia vida y a la vida en sociedad. Algunos usan vocabularios altamente intelectual, otros van a lo sencillo, todos demuestran conocimientos amplios y numerosas lecturas de autores anteriores. Por supuesto las nuevas tecnologías están presentes. Aunque muchos optan por dar su literatura a conocer a través de redes sociales inmediatas, lo que hace que a menudo la calidad del texto baje para lograr el aplauso rápido y fácil traducido en seguidores o marcas de "me gusta", al igual que hay otros que cuidan más esos textos y los que deciden ser más profundos o incluso complejos, que necesitan de lecturas más sosegadas y menos dadas a obtener reconocimientos rápidos e inmediatos.

Pero ciñéndonos a los autores alcalaínos y ligados a Alcalá que aquí nos toca, dado que son muchos, pasemos a ellos en concreto y dejemos las notas rápidas sobre un esbozo sobre lo que se intuye que estamos viviendo. De manera rápida:

Víctor Bueno abre el libro con cuatro composiciones que parecen escritas para ser cantadas. La falta de algunos artículos y proposiciones nos refuerzan la idea de que el texto necesita de una tonalidad concreta para ser leído y comprendido. El problema es que a la hora de leer no todos los lectores encuentran esa tonalidad. Falta en ese sentido que el autor guíe al lector afinando los fonemas y versos en sus ritmos y sonidos. Probablemente se trata de una tonalidad de rapeado. Sin embargo, este autor deja claro ese sentido reivindicativo. Usa el femenino como género neutro para referirse a todos. Habla en primera persona en nombre de una especie de mentalidad común de cambio. Usa verbos y palabras comunes en los discursos de las reivindicaciones sociales nacidas desde el 2011. Tiene en él además una cierta rabia tanto de juventud como de sentirse parte de un cambio, con sus contrasentidos y sus términos contrarios complementando un concepto nuevo.

"(...)
A veces estoy bien, me lo callo por si acaso me hacen caso
y me devuelven una sonrisa homicida
que tanto me gustan".

Javier Prieto (Alcalá de Henares, 1997) es el siguiente autor. Sus composiciones también salen de la canción. Aunque en este caso se ve que el ritmo se asemeja más al de cantautor. De hecho incluye otro fenómeno propio del siglo XXI, el de la mezcla de elementos cruzados que permiten completar la obra más allá de la propia obra. En varias de las composiciones hay signos de código que con la tecnología apropiada de un teléfono con Internet te permite acceder a las imágenes y sonidos de la canción cantada y tocada a la guitarra por Prieto. Este es un ejemplo de la importancia de lo mediático en esta generación. No basta con plasmar la obra por escrito. Quepa pensar, eso sí, si lo que importaba era la obra escrita o mostrarse como músico. Eso lo responderá la evolución creativa personal de Javier Prieto de aquí en adelante. La temática feminista, el cambio del mundo, una utopía alcanzada en la realidad y también algún tema amoroso es con lo que se presenta, incluso un agradecimiento a la madre en cierto modo de reforzamiento de idea feminista del mundo. Hay algún elemento predecible, que probablemente también con el paso del tiempo se limará. En todo caso, toma otro elemento común en algunos de estos autores: el poema como arenga, como propósito o como declaración.

"(...)
Volad libres como debéis,
luchad fuertes porque queréis,
que esta batalla acabará,
que la revolución será feminista
o no será"

Víctor Bonell (Madrid, 1993), ligado a Alcalá de Henares vitalmente. Estudiante de música de conservatorio, ha dado conciertos y recitales por Madrid capital, por Granada y por la propia Alcalá. El poema que presenta es también claramente una canción. De verso corto. Destaca más su segunda aportación, un relato en prosa de carácter personal y existencial. La perdida de identidad en una sociedad de consumo y donde la falta de oportunidades nos hacen dar tumbos dan pie a un viaje hacia el reencuentro con uno mismo. Hacia la necesidad de ese reencuentro.

Almudena Anés (Madrid, 1998), madrileña por nacimiento, pero alcalaína. Ella a dado pasos a su propio libro de poesía en prosa, me refiero a Ars moriendi, que ya comentamos, y a otras obras por salir. Ligada también a las Bellas Artes. Quizá la más intelectualizada en el sentido estético del arte. Ella presenta relatos que funcionan como poemas en prosa. Cada uno está dedicado a poetisas de la generación de 1927 que han sido reivindicadas don fuerza en los últimos años, "Las Sin Sombrero". Su obra en este libro está dedicada a las mujeres olvidadas y a las mujeres reprimidas en lo que es un mundo masculino. Lamentablemente creo que cae en algunos tópicos y en un conocimiento o una interpretación de la Historia social algo superficial pero que en los últimos tiempos se impone a través de las redes sociales como relato único y válido. No deja de llamar la atención que recrimine al lector y a la sociedad de olvidar a las mujeres de los años 1920, aunque ella sólo se refiere a las mujeres de marcadas vidas universitarias y literarias, me falta a mí, como lector, un recuerdo a todas las mujeres más allá de ese mundo, pues en los años 1920 muchas mujeres olvidadas no son las Sin Sombrero, son las mujeres comunes que hicieron también grandes cosas como mujeres que eran y que han quedado supeditadas incluso dentro de sus familias a la historia de su marido (de los abuelos para la gente de mi generación, bisabuelos para la de Anés). Dicho esto, que probablemente según pase el tiempo Anés ahondará con el tiempo y lo completará en el sentido que ella crea más acertado, hay un claro compromiso muy intelectualizado con el exilio, la República y la libertad. En todo caso, Anés es interesante de leer, aunque de momento aún creo que puede dar algo más que está por venir, pero se nota que tiene un concepto de lo que quiere y cómo lo quiere estéticamente cuando escribe.

Lex Blond (Madrid, 1988) se ha hecho común también en varios encuentros literarios de Alcalá, pues se mueve en Alcalá. Esta vez no se trata de canciones. Son poemas propiamente dichos y creados dentro de esa expresividad. Aún así es evidente que escribe con musicalidad rítmica que hace de la lectura una lectura rápida y ágil. En este caso Lex Blond opta también por un género neutro pero esta vez saltándose toda norma ortográfica, como tantas personas hacen, cambiando las vocales que forman el masculino o el femenino por una x que hacen de la lectura algo imposible, aunque todos entendemos que el género neutro ha sido usado de manera visual con este signo, que pasa a ser un acto de reivindicación pleno y consciente por parte del autor ("una carrera de relevos sin compañerx"). En sus poemas se desprende una conciencia de mundo prometido frustrado, pero no de frustración. La sociedad dio unas promesas de niños que de adultos no han sido cumplidas, cosa que es parte del motivo central de ser de la Generación del 2011.  Hay además algún resabio de la poesía de la nueva sentimentalidad de la generación anterior y de postmodernismo y contracultura. El tema político aparece rabiosamente reivindicativo, como por ejemplo contra las políticas intolerantes de Donald Trump. Pero aún así, como muchos de estos autores, siempre hay esperanza en el refugio de uno mismo, como en la generación del exilio interior de los años 1940-1950.

"(...)
Y aquí me tenéis
tratando de dejar mi impronta
para que alguien que no me importa
me reconozca un día de estos.
O quizá porque harto de esta mierda
quiero recordarte que no me importas
con la idea de que algo te aporta."

Crazovey (Madrid, 1992) es una de las mejores aportaciones a esta antología. Su poesía ya no busca la musicalidad. A menudo se explaya en largos versos casi a modo de diálogo interno con un alguien que no está. Es radicalmente provocadora en lo que dice y en cómo lo dice. El tema del amor y el desamor aparece aquí íntimamente ligado al sexo en su más pura expresión de la crudeza del acto de follar en lugar de la finura de hacer el amor. Con inteligentes metáforas todo cobra una elegancia a la par que violencia. Incluso cuando habla hacia el otro, le habla con una violencia que no deja de tener una provocación atractiva ("vendrá el amor a follarnos los ojos, dejemos la puerta abierta"). Tiene otros poemas de exploración interior claramente llenos de pasión, igual de violenta y descarnada. Sus metáforas y demás recursos que extienden vida a todo cuanto rodea, físico o inmaterial están llenos de una brutalidad que dan ganas de leer más y más de Crazovey. Buen mundo el que ha construido. la simplificación de los espacios de tiempo, la condensación de los recuerdos y de los hechos, a la vez que hay un recreamiento en la imagen violenta, dota al conjunto de un ser extrañamente atrayente.

"(...)
A mis dientes, que no morderán tu conciencia, que fracasaron
pues sigues teniendo esos jodidos labios en su sitio. Debí arrancártelos cuando pude.
Aquel día de marzo, aquel beso en el maletero abierto.
(...)"

Javier Terrés (Madrid, 1999) era el más reciente en llegar a la escritura cuando editaron este libro, según confiesa él mismo en su nota biográfica. Tiene una evidente necesidad de expresar su emocionalidad más íntima, probablemente más fácilmente para el autor en un poema que en voz. Sin embargo, le falta aún domar las palabras precisas y los recursos necesarios. Es muy directo en lo que desea decir, aunque con una sinceridad de sacar fuera lo que siente. Denota cierto derrotismo, probablemente resultado de la adolescencia. Tiene numerosos pasajes reflexivos, por lo que su poesía se convierte en una especie de poemas interiores de amor y temores, sentidos fracasos y diario personal lleno de reflexiones sobre porque se encamina en un camino y no en otro. Hay cierto sentido de mortificación casi venido de una tradición religiosa no necesariamente vivida ya. Pero es ahí, en el desengaño y la reflexión de los acontecimientos, donde delata ser plenamente autor de su generación.

"(...)
No eres un ángel,
no vienes del cielo ni has caído entre las nubes,
más bien eres una tentación que la vida ha puesto entre todo este caos que yo mismo he creado.
(...)"

Sara Abad es la poeta más profundamente reflexiva y a la vez sentidamente poeta de esta antología. Intimista y descarnada, dice verdades que nos resultan incómodas, pues su mundo interior delata el nuestro y delata que nosotros no somos islas, que influimos en la existencia de los otros. Nos acusa como personas que no reconocen las necesidades del otro, es una sociedad demasiado acomodada en lo material e inmediato, y llama a gritos a la necesidad de recuperar la empatía y la interacción con los otros. También es otra de los grandes aciertos de esta antología. Vive además sus propias crisis existenciales en este mundo moderno, y expresa la soledad interior dentro de esa confusión actual sobre quiénes somos. Las indecisiones ante los "vas y vienes" que nos da la vida tal como está planteada en nuestro mundo hoy día, ante lo incierto de todo, de absolutamente todo, y las construcciones que nos hacemos de nosotros mismos una y otra vez de manera continua, sin terminar de reconocernos o de expresarnos tal como nos sentimos ser de verdad, cobran voz en Sara Abad.

"(...)
¿Acaso sabe lo que desea?
Las corrientes de arena la arrastran de un lado a otro
difuminando su centro cada vez que toma una decisión.
(...)
¿Vive o actúa?
¿Es persona o personaje?
¿Soy narradora o mota?"

Tabachkova (1997) es de origen ruso, pero vino a España de bebé y está ligada a Alcalá de Henares. De todo El Cuervo Blanco es la autora que más se acoge a una poesía más formal y sujeta a las normas clásicas. No carece de calidad por ello. Poemas al Arte, a la Poesía, alguno existencial, referencias a la filosofía griega clásica y siempre el precipicio y la necesidad de dar el salto en busca de un mundo mejor. Esteta más que transmisora de mensaje, nos deja al borde de la sutileza sobre el conocimiento como comienzo del cambio, quizá por ello no para de alabar al conocimiento, más que a las emociones.

Con  la vista desenfocada pude ver
un rastro de hormigas excitadas por el sol.

Parecía que estaban tejiendo el césped
sobre el que me hallaba tumbada.

Su movimiento era caótico,
o al menos tuve esa impresión.

Hasta que una logró subir
al libro que estaba leyendo.

Era la hormiga filósofa de Platón.

La abundancia de autores no permite hacer mayores comentarios, aunque me hubiera recreado en algunos. Sea como sea, sirva esto como presentación.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".