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viernes, 24 de mayo de 2024

Annales complutenses

Título: Annales complutenses y Historia de Alcalá de Henares, sucesión de tiempos desde los primeros fundadores griegos hasta estos nuestros que corren.
Autores: Pedro Tamayo; Pedro de Quintanilla y Mendoza; y varios autores anónimos, probablemente canónigos de la Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares.
Editor: Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares (hoy también catedral), por entonces adscrita a la Universidad de Alcalá de Henares (llamada también en esas épocas Universidad Complutense).
Impresor: [No localizado, probablemente de Alcalá de Henares].
Año de publicación: 1652 (1ª edición, seis volúmenes).
Género: Historia; Crónica; Anales.
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Título: Anales complutenses y Historia de Alcalá de Henares, sucesión de tiempos desde los primeros fundadores griegos hasta estos nuestros que corren.
Autores: Carlos Sáez editando y comentando a: Pedro Tamayo; Pedro de Quintanilla y Mendoza; y varios autores anónimos, probablemente canónigos de la Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares.
Editorial: Institución de Estudios Complutenses.
Año de publicación: 1990 (1ª edición; prólogo de Florencio Campos, alcalde; e Institución de Estudios Complutenses).
Género: Historia; Crónica; Anales.
ISBN: 978-84-600-7398-7

 

El primer intento serio y altamente importante de crear una Historia general de Alcalá de Henares, por su nombre romano en latín: Compluto, fue publicado en 1652. Una Historia que en realidad era una crónica y que por tanto estaba muy alejado de la Historia como ciencia social establecida con sus técnicas y deontología y desarrollada a partir de Comte y otros autores europeos en el siglo XIX. Una crónica no sigue un método científico humanístico. No necesariamente contrasta las informaciones ni las somete a investigación, a menudo, incluso, los cronistas se someten a darle una especial importancia a una tradición oral que suele caer en mitología, leyendas y distorsiones, cuando no falsedades o bien ideales de quienes escribe, ya sean desde la religión, lo personal, recuerdos alterados de la realidad, lo político, la clase social, la construcción de un relato acorde a quien es cronista o a quien paga al cronista, etcétera. No obstante, los historiadores ya propiamente dichos solemos atender a estas crónicas como fuentes primarias de información a la cual atender, pero a la vez hay que someter a juicio y contraste para poder dilucidar qué nos aporta que tenga solidez histórica, y que nos aporta que pueda ser interpretable o bien al servicio de objetivos que no son la Historia estricta. Y resulta que la obra de la que hablamos no sólo era una crónica, era además unos anales. Una de las formas más antiguas de registrar los acontecimientos históricos de la Humanidad, junto a los mitos, desde los tiempos de las primeras civilizaciones de Medio y Próximo Oriente y Egipto, pero especialmente con aquellos anales romanos que registraron en tablillas los acontecimientos destacados de la República Romana año a año, con carácter de registro de hechos para ellos políticos y sociales a tener en cuenta, como por ejemplo en cambio de personas en los cargos y los hechos acaecidos bajo sus mandatos, mandos o legislaturas. Sabiendo esto, la obra de Historia, de crónica, que nos atañe para Alcalá de Henares en 1652 fue Annales complutenses y Historia de Alcalá de Henares, sucesión de tiempos desde los primeros fundadores griegos hasta estos nuestros que corren. Una obra de referencia incluso hoy día para los historiadores posteriores, pues quienes la escribieron en mitad del siglo XVII, siglo de esplendor cultural y político de la ciudad, no sólo eran cercanos y contemporáneos a algunos hechos, sino que además nos transmiten mentalidades, mitos y sucesos que conocieron en aquel momento y nos han quedado reflejados en estos escritos.
 
Esta obra fue reeditada con una edición especial comentada y analizada por la Institución de Estudios Complutenses en 1990. Institución que a la vez quiso continuar la obra a través de sus miembros e historiadores publicando investigaciones de Historia de Alcalá de Henares y el Valle del Henares en una revista formato libro que se publica anualmente desde 1987 como Anales Complutenses. Como sea, cuando esta institución, con apoyo del ayuntamiento de Alcalá de Henares, recuperó la obra original de 1652, la publicó conservando el nombre, pero en algunos lugares se refiere a esa reedición conservando la dos enes en "Annales" y en otras como "Anales". Estaba aquella edición crítica de 1990 al cargo de Carlos Sáez, historiador alcalaíno que vivió entre 1953 y 2006, muriendo joven. Esta reedición es bastante apreciada por los historiadores dedicados a Alcalá, especialmente de los siglos XVI y XVII y también de lo referente a sus mitos y a los de la Edad Antigua. A esta edición de 1990, prologada por el alcalde del momento, Florencio Campos (por el Partido Socialista Obrero Español, PSOE), se le unió una grabación en audio de la conferencia de su presentación, la cual fue realizada originalmente en cinta magnética (cassette), creo que actualmente digitalizada, y que junto al libro se conserva en la Biblioteca Nacional de España, en su sede de depósito en Alcalá de Henares, en su camino a Meco. En esos audios se escucha a Carlos Sáez y a Florencio Campos, pero también a Ramón González Navarro, José López Estrada y a José Simón Díaz. Sin embargo, de la obra original de 1652 se conserva en el depósito de la Biblioteca Nacional de España en Madrid el manuscrito de lo que debió ser la primera versión de revisión para editar en libro. De este se conserva también una investigación que lo comenta y cita, escrita por los hermanos e historiadores de la Universidad de Alcalá de Henares entre finales del siglo XX y comienzos de este siglo XXI, Casado Arboniés, Manuel y Francisco Javier, alcalaínos de varias generaciones y de los cuales quien esto escribe fue alumno universitario de Manuel. Se trata del libro Historia y proyección en la Nueva España de una institución educativa: el Colegio -Convento de Carmelitas Descalzos de la Universidad de Alcalá de Henares (1570 -1835), publicado en Alcalá de Henares en 2002. Los Casado Arboniés son historiadores de la Historia Moderna española, especializados en América española. 

Centrándonos propiamente en Annales complutenses de 1652, la obra es anónima, aunque intervinieron varios autores que dejaron referencias autobiográficas en algunas de sus anotaciones. Por ello se sospecha que probablemente todos los que intervinieron a lo largo de varios años eran canónigos prebendados de la Iglesia Magistral de San Justo y Pastor (los Santos Niños), que hoy también es catedral. Todos ellos habrían vivido en las primeras décadas del siglo XVII, durante las cuales se escribió estos Annales, haciendo registros de sus hechos actuales junto a la Historia pasada de Alcalá de Henares, que llaman con su nombre romano, Compluto. Carlos Sáez y otros investigadores de la obra coinciden en que la mayor parte de estos anales fueron producto de una sola persona de carácter anónima, tal vez fue el impulsor, el que lo inició, por ello el principal y más activo autor. 

No obstante, entre todos los autores anónimos que participaron hay dos que están identificados, por un lado: Pedro Tamayo, catedrático de primera escritura y canónigo. Como se ha dicho la iglesia magistral estaba ligada a la Universidad de Alcalá en su primera etapa de existencia entre el final del siglo XV y la tercera década del siglo XIX. No obstante, antes de que existiesen los edificios propiamente universitarios, los estudios generales (salvando las distancias: la enseñanza primaria y secundaria en la Edad Media y la Moderna) se hacían en esta iglesia, y por ello mismo, las primeras enseñanzas universitarias se pudieron dar con bula papal solicitada por el cardenal Cisneros en esta iglesia de los Santos Niños, que por ello pasó a ser magistral. Por tanto, por indicación en la obra, Pedro Tamayo se dedicó a lo que ahora mismo llamaríamos enseñanza primaria, era un maestro que enseñaba a escribir, hemos de suponer que también a leer, pues para escribir se hace necesaria la lectura, por lo que es un maestro de primeras enseñanzas.  

El otro autor que conocemos su nombre es un fraile emparentado con las poderosas familias nobiliarias, con gran influencia política, Quintanilla y Mendoza. De los Quintanilla nacerá en el siglo XVIII María Isidra de Quintina Guzmán (Isidra de Guzmán), primera doctorada de España, precisamente por la Universidad de Alcalá. Los Mendoza son mucho más conocidos, parte de ellos vivían entre Alcalá de Henares, Guadalajara y Sigüenza y fueron virreyes en América, ocuparon cargos políticos y militares cerca de los Reyes, administraron regiones y ciudades, tuvieron altos cargos eclesiásticos, etcétera. No olvidemos que uno de sus miembros, la princesa de Éboli, era Ana de Mendoza, la cual celebró su boda en Alcalá de Henares, en lo que fue un palacete hoy desaparecido desde la guerra civil, ubicado en la calle Rico Home, siendo su jardín el actual Jardín de la Palabras, popularmente conocido como huerto de los Leones, por ser así llamado ya que el jardín pasó a la iglesia magistral que lo hizo huerto y cuya entrada lo guardaban dos leones de piedra, símbolo de los Mendoza. Sea como sea, el autor que aquí nos interesa fue fray Pedro de Quintanilla y Mendoza. Si bien este interrumpiría los Annales en 1645 y la publicaría en 1652, en 1653 publicó lo que pudiera haber sido un largo capítulo dentro de los mismos, una biografía del cardenal Cisneros llamada Arquetipo de virtudes, espejo de prelados. Pedro de Quintanilla sería quien habría creado el manuscrito que conservamos de revisión de la obra para su publicación. Él habría añadido índices al comienzo de los Annales para facilitar la consulta de la obra. A la vez revisaría todos los capítulos escritos para prepararlos para su publicación, transformando los capítulos en seis libros, por lo que la obra fue publicada en seis volúmenes. Así que de Quintanilla se deriva la primera edición de esta crónica y sus aspectos formales, así como su adaptación para que se diera el hecho.

Sin embargo, Quintanilla había retomado la obra cuando esta misma estaba interrumpida e inacabada en 1645, por ello, Quintanilla prepara la edición y saca la edición siete años después de que de manera incompleta e interrumpida se dieran por acabada. La obra había comenzado a escribirse por el motivo posible de que Alcalá de Henares había nacido en prestigio e importancia dentro del Reino Hispánico y del Imperio Español desde la fundación de la Universidad en 1499, sumándose así a la presencia del Arzobispado de Toledo y las estancias de los Reyes, así como ser una de las ciudades principales a las que potenció el Cardenal Cisneros en el comienzo del siglo XVI. Para el comienzo del siglo XVII, además, muchas personalidades políticas, de las ciencias y de la Iglesia habían pasado o salido de Alcalá. Pero la ciudad no tenía una Historia general propia compilada y escrita, aún cuando el emperador Felipe II se había planteado si ubicar la capital del reino aquí, cosa que descartó en favor de Madrid, por estar en Alcalá los contrapoderes de la Universidad y del arzobispado. Como iniciativa privada de algún prelado de la iglesia magistral, como se ha dicho, posiblemente para uso interno de los propios miembros de la Iglesia que enseñaban para la Universidad, comenzó a escribir esta Historia, con la idea de estructurar año a año una trayectoria directa desde los orígenes mitológicos (y falsos) de la ciudad como fundación por parte de griegos que participaron de la Guerra de Troya, a los que les otorga el origen de Compluto, como algo derivado del griego, en lugar de su origen del latín. Nombra héroes y caudillos míticos, pero enseguida pasa a reforzar lo que realmente les interesaba: reforzar y dejar patente el origen y la Historia romanos de Alcalá, Compluto, como algo prestigioso en lo cultural y en el poder. 

Tengamos en cuenta que en pleno siglo XVII ocurren en la historiografía española dos cuestiones que son las predominantes. Por un lado, desde el siglo XVI, ya con los Isabel I y Fernando V, los Reyes Católicos, pero especialmente con la etapa de Fernando V ya viudo de Isabel, se elaboraron diversas Historias del Reino Hispánico (nombre con el que se llamaba a España antes de la dinastía real de los Borbones a partir del siglo XVIII, por ser un reino unión de reinos con los Austrias a modo bastante federal, que diríamos hoy, como mucho usarían el término de la antigua Roma de Hispania, incluyendo Portugal, ya con Felipe II, especialmente). Es estas Historias se narraban desde Historias de los diversos reinos con la intención de crear un relato de unidad de destino que vendría a dar la unificación bajo el mando de Castilla y Aragón, siendo clamoroso lo que los navarros escribieron como si ellos siempre hubieran sido parte de ese Reino Hispánico, siendo en realidad unos resistentes que fueron los últimos unificados mediante una guerra, incluso tardando más tiempo que el Reino de Granada. Estas historias además alimentaban la visión de la Reconquista y una especie de misión divina de los españoles como elegidos de Dios para defender la cristiandad. No obstante, el rey de España ha tenido por siglos desde esa época el título honorífico de Rey de Jerusalén, heredado de los Reyes de Aragón  en la Edad Media, y que se puede leer en cada uno de los documentos que firman los reyes con sus títulos oficiales.  Pero como Historia ya general del Reino Hispánico, estando ya en el trono, Carlos I, saltamos a Juana I, "la Loca", y Felipe I, "el Hermoso", se comenzaron a unir a estas visiones la visión del Imperio del mundo como esos elegidos de Dios, y esta idea de Imperio se reforzó con visiones que trataban de unir por vía directa la genealogía de los Austrias con la de los Césares de Roma y la legitimidad del Imperio Español con la continuidad del Imperio Romano, una vez que había caído el Imperio Bizantino en el siglo XV. No obstante, el Imperio Hispano o Español llegó a serlo no sólo por sus políticas matrimoniales de alta política y los descubrimientos y conquistas de América y Asia, sino también por su unión con el Sacro Imperio Romano Germano, que tenía controlado todo el centro europeo y dominaba las políticas de la parte occidental y oriental de Europa, con graves tensiones y problemas con las naciones colindantes. Ese Sacro Imperio Romano Germano (germen original de la posterior Alemania y Austria de siglos después) se consideraba el heredero del Imperio Romano de Occidente desde los tiempos de Carlomagno y sus familiares que lo fundaron. 

La otra cuestión candente en las historiografías españolas del siglo XVII es la propia Contrarreforma religiosa que inició la Iglesia Católica Apostólica Romana a partir de mediados del siglo XVI, en el cual hubo amplia participación de teólogos y eclesiásticos españoles, así como presiones políticas y militares a los diversos Papas por parte de los emperadores españoles (Carlos I y Felipe II), incluyendo una intervención militar en los Estados Vaticanos y un saqueo de Roma. La Contrarreforma hacia frente a la Reforma religiosa que se inició desde finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI en Europa de la cual nacieron diversas corrientes del cristianismo que en conjunto se conocen como protestantes, aunque dentro de ese denominativo común están los luteranos, janseístas, calvinistas, hugonotes, anglicanos y otros. Todo esto había provocado además persecuciones religiosas por parte de unos y otros, represiones, la etapa más violenta de la Inquisición, diversas guerras europea y conspiraciones políticas que incluían asesinatos y disturbios. En la primera mitad del siglo XVII, época en la que se escribieron los Annales, estaba en marcha la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que se solaparía a la vez con la que España mantuvo con Francia (1635-1659), en la cual, también a la vez, se desarrolló una guerra civil en España que es consideraba también una guerra por la independencia en los territorios de los antiguos condados catalanes de lo que había sido el Reino de Aragón, guerra entre 1640 y 1652. En todas esas guerras estuvo a la vez España, en parte causa de su ruina (por contra el reinado posterior de Carlos II tuvo un periodo de paz tras un primer momento de conflicto y hasta del primer golpe de Estado y dictadura en sus primeros años). Alcalá de Henares incluso celebró los primeros triunfos españoles en la Guerra de los Treinta Años dando el nombre de Calle de la Victoria y Plaza de la Victoria a esa parte de la ciudad, que se estaba construyendo en esos momentos. En ese contexto se escriben los Annales. La historiografía española se hacía eco en esos momentos siempre de dar una explicación religiosa cristiana de sus acontecimientos, queriendo dar a entender que los españoles, elegidos de Dios para defender y expandir el cristianismo, habían tenido desde siempre ese trato divino y se narraba la Historia del Reino Hispánico como descendiente directo de todos los descendientes de Tubal, hijo de Noé que tras el diluvio se habría asentado en la península Ibérica, donde, además, afirmaban algunos historiadores, habría estado el Edén antes de la expulsión de Adán y Eva.

Así, los Annales, estaban insertos en las tendencias historiográficas españolas del momento. Buscaban tanto remarcar una unidad de destino de la ciudad acorde con la del Reino Hispánico como si su misión fuera la misma, tanto en la grandeza del Imperio como en la expansión del catolicismo hasta por América. Lo reforzaban con la persona de Cisneros, pero sobre todo con la presencia de los Santos Niños Justo y Pastor y otros santos. Todo ello se unía a la institución de la Universidad de Alcalá, que tuvo gran importancia en la construcción del aparato intelectual de la administración del Estado y que, en el siglo XVII era una Universidad prestigiosa en Europa junto a la de Salamanca, aunque la Contrarreforma las perjudicaría tanto en su libertad de cátedra que en ese siglo serían superadas con mucho por los avances de otras Universidades europeas donde el peso era protestante y no católico, ya que los protestantes permitían investigaciones y cuestionamientos que el catolicismo de los siglos XVI y XVII no permitían. Por otro lado querían remarcar también ese pasado directo de la antigua Roma de la ciudad de Compluto con el Alcalá que eran en el siglo XVII. Querían remarcar la antigua Compluto como una ciudad de importancia imperial, lo que le uniría a la propia idea del Imperio Español y al propio emperador español. Por ello les interesaba dejar constancia de todos los restos romanos que encontraron en sus días de escritura, algunos de gran tamaño. Fueron más allá y pusieron el origen no en la antigua Roma, aunque reconociendo que ya había habitantes aquí antes de los romanos, pusieron el origen, sin pruebas, sólo con hipótesis llena de imaginación, en la antigua Grecia más arcaica, en guerreros griegos veteranos de la Guerra de Troya, que se había producido en el año 1000 antes de Cristo. La idea no era nueva. La maquinaria política del siglo I antes de Cristo ya había pagado a Virgilio para que creara una larga oda de propaganda política llamada La Eneida que, dentro de la épica de La Iliada y La Odisea de Homero, unía por vía directa la genealogía de Julio César y de César Augusto directamente con la Eneas, uno de los héroes de Troya huidos hacia Italia, donde sentarían los territorios que posteriormente servirían para la historia de Rómulo y Remo fundando la ciudad de Reino de Roma.

No todo era parte de una historiografía basada en hipótesis entre lo bíblico y lo épico. También se usaba referencias de una muy primitiva arqueología, aunque sin método científico tal como lo conocemos hoy día, y un rastreo dentro de los textos antiguos recopilando historias y tradiciones escritas y orales sobre los hechos pasados que, en parte, sí tenían base y certeza históricos reales. Los autores de los Annales tomaron referencias de autores anteriores que escribieron sobre la Historia de Madrid, pero que mencionaban a Compluto. De este modo se trataba de aumentar la importancia de Alcalá al ligar su Historia a la Historia de la propia capital del reino, donde vivían los reyes en el Alcázar de Madrid, hoy desaparecido, aún cuando ellos también residieron en el Alcázar de Toledo, El Escorial y otros lugares. Un dato que se tomó de manera cronista pero que la Historia propiamente dicha vino a confirmar y, con ayuda de la arqueología actual, a consolidar, fue el posicionamiento de los habitantes de Iplacea, llamada Kómpluto aquí, que eran carpetanos, a favor de Sertorio en la guerra civil abierta entre este y la República Romana que mandó combatirle a Pompeyo. La romanización de la Carpetania (Madrid más zonas colindantes de Guadalajara, Toledo, Segovia y Ávila) fue producto de esa guerra civil, siendo que los carpetanos defendieron la causa de Sertorio contra Pompeyo, y posteriormente la de Pompeyo contra Julio César. 

Sigue a partir de los tiempos romanos un relato ininterrumpido de la Historia de Compluto durante el Imperio Romano, instaurado por César Augusto, la cristianización, habla de los Santos Niños, de todos los santos relacionados con ellos y la ciudad, del Obispado de Complutum, que quedó absorbido por el de Toledo en la Edad Media, habla de los sucesos medievales y se recrea en Cisneros, la Universidad y especialmente en todas las obras en las que tenía que ver la Iglesia Magistral y sus fundaciones. Ahora bien, ahonda en el intento de dejar muy bien asentado un lazo directo de los orígenes desde el mítico y fabuloso asentamiento griego a su actualidad del siglo XVII. Lo romano cobra importancia por los Santos Niños y el origen cristiano como motor de Alcalá y en ese sentido la Iglesia Magistral de los Santos Niños es una de las principales protagonistas de esta Historia. No obstante estos canónigos pertenecían a ella y a ese culto de San Justo y Pastor. Se interrumpe bruscamente el relato en 1645, como se ha dicho, año en el que murió el 28 de diciembre el arzobispo Gaspar de Borja y Velasco (1580-1645), el cual ostentaba el cargo de arzobispo desde enero de ese mismo año, tras varios años en los que el Papa había rechazado la proposición del rey de España, Felipe IV, para que lo fuera. 

La propia obra hace referencia de dónde se guardaron copias de la obra y de las copias de las fuentes que se usaron, como puedan ser algunas torres del Palacio Arzobispal y de las murallas de la ciudad, la Universidad o lugares de Madrid. Algunos de ellos están hoy día desaparecidos o en la Biblioteca Nacional.

En 1652 se determinaba Alcalá de Henares comprendida de la Puerta de Santa Ana (hoy día una rotonda de circulación a la que se le ha dado título de plaza) al arroyo Torote, de ahí a la cuesta y arroyo del Zulema (hoy día monte Gurugú), de ahí al Arco de Buena Vista y de ahí a La Garena. Por lo que en pleno siglo XVII se hablaba del término urbano como sus lugares con ruinas antiguas y campos colindantes, pero se hace evidente que se centra en lo que fue ese origen romano de Alcalá y su evolución en lo que sería Alcalá.

Llama la atención la abundante cantidad de noticias que nos aporta en aquel siglo XVII de la abundancia de restos arqueológicos de la antigua Roma de los que tuvieron conocimiento y que, por no existir una conciencia arqueológica, fueron saqueados para uso propio de instituciones como la Iglesia o los nobles, o los propios vecinos. Así pues, habla ya de la Fuente de la Salud en el Juncal, hoy día degradada detrás de diversas industrias entre el río y la carretera a Madrid. De esa zona, donde están los restos de Complutum, desenterrados entre el final del siglo XX y el comienzo del XXI, nos habla de que se encontraron conductos de agua o alcantarillado, así como los agricultores propietarios de las tierras al cavar encontraban piedras de jaspe y mármol, columnas, arcos, basas, capiteles, sillerías, cimientos de torres, restos de casas, monedas, esculturas (de las que se dice que algunas de ellas fueron a parar a las capillas de la iglesia magistral por medio de su venta) y numerosas vajillas de cerámica roja con grafitos. Es conocido que buena parte de las columnas de piedra originales con las que Cisneros hizo sustituir las de madera de la Calle Mayor eran precisamente de Complutum, así como se tienen detectadas en patios del distrito central y en la muralla del Palacio Arzobispal algunos de estos restos. Así por ejemplo, es bastante conocida el túmulo fúnebre ubicado como sillar en una de las torres del Palacio Arzobispal allá donde se une con una de las tapias que daban a un jardín que hoy es un aparcamiento de coches. 

Es un primer testimonio de Historia general de Alcalá, además como obra colaborativa, escrita en los momentos de máximo esplendor de la ciudad. A mediados del siglo XVII la gran mayoría de los grandes nombres y la mayor parte de los acontecimientos de la Universidad de Alcalá en el siglo de Oro ya se habían dado o se estaban dando aún. Tanto lo que nos cuenta la obra en sí, especialmente todo lo referente a su actualidad y a los restos antiguos de los que tenían conocimiento, como el aporte de tradiciones orales tenidas por ciertas, nos aportan una gran cantidad de información a la que unir los porqués y los contextos tanto de su creación como de sus creadores. Un imprescindible en las bibliotecas de Historia de Alcalá, aunque como fuente primaria, no hay que olvidar nunca su carácter original de crónica, no de Historia con método de ciencia humana. Es herramienta y testimonio de Historia y de mitos, hoy día no es Historia propiamente dicha como algo totalmente asentado. Aunque tiene un gran valor y nos da muchos datos directa e indirectamente con su lectura y análisis, hay que leerla con los conocimientos y los datos del siglo XXI, de las épocas del lector y el investigador. Quizá por ello la edición de Carlos Sáez en 1990 le aporta muchas cosas importantes, pues sus notas e investigaciones rellena a la altura de ese 1990 lo que en 1645 era válido pero no tras los nuevos conocimientos acumulados trescientos cincuenta años después. Hoy día, 2024, ha habido numerosos nuevos avances de conocimientos y tal vez no venga mal una nueva revisión sobre lo revisado, que es muy válido, y completar con lo que ahora también hemos sumado al conocimiento, y corregido, con total respeto a lo ya aportado por Carlos Sáez.

Además hay que tener en cuenta que el punto de vista de estos Annales era el de canónigos, por lo tanto de gente católica que ejercía cargos en la jerarquía de la Iglesia. Su visión es la que es y le falta otras visiones y otras perspectivas que cada vez son más conocidas a través de numerosos estudios transversales sobre esas épocas.

Lo dicho, un clásico y un imprescindible de la historiografía alcalaína que sigue siendo un básico como herramienta de conocimiento para muchos.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 19 de abril de 2024

Lazarillo de Tormes

Título: La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades.
Autor: Anónimo.
Impresores: Salcedo (Alcalá de Henares) / Juan de Junta (Burgos) / Hermanos del Canto (Medina del Campo) / Martín Nucio (Amberes).
Año de publicación: 1554 (1ª edición de tres ediciones simultáneas en 1554, más una 2ª edición corregida en el mismo año y simultánea a las otras, aunque pudo haber otra anterior desaparecida por la Inquisición entre 1552 y 1553).

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Título: Lazarillo de Tormes.
Autor: Anónimo.
Editorial: Cátedra.
Año de publicación: 1998 (1ª edición de Francisco Rico, en 2006 indicaba 4ª edición).
Colección: Letras Hispánicas.
Nº de volumen en la colección: 44.
Género: Novela picaresca.
ISBN: 978-84-37606606.

 

Hay un libro de la  literatura del Siglo de Oro español, parte de la Historia de la Literatura Universal que no sabemos si lo escribió un alcalaíno y cuyo argumento y personajes no tienen que ver ni con Alcalá de Henares ni con alcalaínos, sin embargo está en el haber de Alcalá de Henares porque su primera edición, una de las cuatro que salieron simultáneamente en 1554, es de una imprenta y a la vez librería de Alcalá de Henares de aquella época, la de Salcedo, se trata del libro que originalmente se llamó La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. Con ese título se publicó más o menos a la vez a lo largo de aquel 1554 en las imprentas de Juan de Junta, en Burgos, de los Hermanos del Canto, en Medina del Campo, y de Martín Nucio o Martín Nuyts, fuera de España, que no del Imperio Español, en Amberes, a un año o meses de que Carlos I de España y V de Alemania le cediera Flandes a la Monarquía Hispánica, que heredó su hijo Felipe II, y no al Sacro Imperio Romano Germano, que dejó al cargo de su hermano Fernando I. A esas tres ediciones se sumó la de Alcalá de Henares, en la imprenta y librería de Salcedo, aunque no exactamente con ese título. De las cuatro primeras ediciones simultáneas, sólo la de Alcalá de Henares alteraba el título y decía: La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades nuevamente impresa, corregida y de nuevo añadida en esta segunda impresión. Así que sólo la de Alcalá de Henares reconocía ser una segunda edición que había sido revisada y corregida, la cual actualmente es la que siguen en buena parte las ediciones actuales. Comparada con las otras tres ediciones, los cambios aparecen, pero no son especialmente sustanciales, por lo que muchos investigadores y filólogos sospechan que en realidad todas serían una segunda edición de una primera muy minoritaria que probable editó unos pocos ejemplares entre 1552 y 1553, hoy día totalmente desaparecida, por lo que esto queda en mera teoría e hipótesis, pero no en una certeza. Testimonialmente sólo consta la fecha de 1554 en las cuatro primeras ediciones.

Lo que sí se sabe es que la obra no pasó la censura imperial ni la de la Inquisición. eso podría haber provocado la hipotética desaparición de una primera breve edición entre 1552 y 1553, aunque esta pérdida no hubiera sido tan total, ya que en 1554 existen estas otras ediciones, y en concreto la alcalaína dice ser una edición segunda revisada y corregida. La obra seguiría estando prohibida, por lo que imprimirla, venderla, comprarla, tenerla, leerla, era un problema serio. De hecho, la edición de Medina del Campo fue descubierta accidentalmente durante unas obras en un edificio antiguo durante 1992, ocultada mediante emparedamiento en su época, lo que puede hacernos pensar si no sería una primera edición. Ahora bien, la Inquisición dejó publicarla pasados los años tras censurar varias partes y cambiar otras, lo que se llamaba expurgar y hoy censurar. Las copias permitidas y censuradas posteriores se han cotejado con estas cuatro primeras ediciones y no cabe duda de que estas responden, o parecen responder, a la publicación original sin censura, y que tal vez en la de Alcalá de Henares se quiso suavizar algo de cara a la Inquisición, sin lograrlo del todo. Por otra parte, en 1607 se apuntó la posibilidad de que el autor fue el poeta y diplomático Diego Hurtado de Mendoza, miembro de una poderosa familia nobiliaria cuyos principales dominios estaban entre Guadalajara y Alcalá de Henares, aunque su posición política les permitía tener entre ellos virreyes en América y miembros en otros lugares de España y de Europa, como por ejemplo en Granada, de donde era este Diego Hurtado. Teniendo en cuenta esto, su pertenencia a los Mendoza le hace próximo a poder haber sido autor en Alcalá de Henares. Esta posibilidad se defendió con fuerza hasta el siglo XVIII, y fue retomada en 2010 por la paleógrafa Mercedes Agulló cuando al estudiar legajos de esta persona descubrió que en uno de sus documentos el propio Diego Hurtado de Mendoza había escrito que había corregido Lazarillo y Propaladia para su publicación. En todo caso, aunque parece ser que este hecho se dio, eso no le transforma automáticamente en autor. Ante la falta de pruebas más definitivas y claras, hoy por hoy se sigue considerando una obra anónima. Así, por ejemplo, se sigue defendiendo y explicando en una de las ediciones críticas más popularizadas en nuestros días, las de la editorial Cátedra, que hoy por hoy comercializa la edición crítica que Francisco Rico en 1998 para su colección Letras Hispánicas, aunque, en vista de que el hallazgo comentado antes es de 2010, es posible que haya hoy ediciones críticas más actualizadas. No obstante, en la edición de Amberes, la de Nuyts, la cubierta mostraba dos cigüeñas y aunque este ave es muy propia de media península Ibérica, la zona del valle del Henares es prolífica en ellas, si bien en el siglo XVI no estarían sobre los edificios (según vemos en los grabados de época), sino en su bosque de rivera. Esto tampoco es definitivo ni definitorio de nada.

La cubierta de la edición alcalaína y la de Medina del Campo se ceñían a mostrar a Lazarillo con el ciego, mientras que la de Burgos se centraba en Lazarillo y el clérigo. No arroja grandes pistas. Los motivos de censura venían tanto por una crítica social a un imperio español que mantenía a su sociedad en suma pobreza y necesidades, un imperio basado en el honor, entre otras cosas, pero descuidaba otros aspectos. Pensemos que Carlos I dilapidó las fortunas de América en guerras de religión en Europa y lujos, declarando la bancarrota de la Monarquía Hispánica varias veces, suspendiendo el pago de los juros (una especie de bonos del Estado de la época que solían comprar nobles, burgueses y banqueros), bancarrotas que llevaron al saqueo de Roma por parte de las tropas españolas o, décadas después, con Felipe II, al saqueo de Amberes. Una crítica que aparece en otras obras de la época, como las de Cervantes, Quevedo, Mateo Alemán y otros, los tres citados ligados a Alcalá de Henares. Por otro lado hay una crítica a las apariencias y las formas de comportarse de nobles e Iglesia, eso en un tiempo que se habían producido ya la revuelta comunera y la de las germanías, por no hablar de la guerra civil en el Virreinado del Perú o la rebelión de Lope de Aguirre en la Amazonía. Además, la obra desprende ideas del cristianismo que no siguen exactamente el catolicismo, sino las ideas de Erasmo de Rotterdam. Erasmo y los erasmistas no fueron expulsados de la Iglesia católica porque los Reyes Católicos, especialmente Isabel I y el cardenal Cisneros, presionaron al Papado para que no lo hicieran, ya que ellos, en plena época de reformas religiosas mediante las que surgieron las corrientes protestantes, sentían que las lecturas de Erasmo sobre críticas a la conducta de la Iglesia y el comportamiento de los católicos eran legítimas. Pero una vez que los Trastamara, incluida Juana I "la Loca" y Felipe I "el Hermoso", y el propio Cisneros, han desaparecido y comienza el reinado Carlos I, con quien se publica el libro justo al final de su reinado, aunque Carlos I no le dio a la Inquisición tanta relevancia como se la daría su hijo Felipe II, lo cierto es que se puso en el punto de mira a los erasmistas, muy popularizados en España al considerarse una corriente dentro de los católicos. Es probable que la censura llegara precisamente por presentar ideas y críticas erasmistas. No sólo la Inquisición estaría contra ello, Carlos I usó a esta como instrumento de control político y él estuvo la mayor parte de su reinado inmerso en guerras de religión contra los protestantes en Europa, por lo que no podía permitir que la base del reino que más dinero le hacía ganar traído de América no fuera un ejemplo de catolicismo.

Como sea, en 1605, cincuenta años después de la primera edición, un fraile jerónimo dijo por primera vez un nombre de un posible autor, otro fraile jerónimo, Juan de Ortega, que ocultó su nombre por ser general de su orden religiosa, por lo que deseaba defenderla de la Inquisición. En 1607 surgió la hipótesis de Diego Hurtado de Mendoza, cuya posición político y social le habrían hecho callar su nombre. En el siglo XIX la hipóteses de Juan de Hurtado, muy aceptada, encontró otra hipótesis fuerte, la de los hermanos Valdés, ambos erasmistas. Se apuntaba que Juan de Valdés habría escrito la primera versión censurada y perseguida en 1529, lo que le llevó a huir y exiliarse en Italia, habiendo dejado esa primera versión en una imprenta de Alcalá de Henares, la de Miguel de Eguía, que no en la de Salcedo, y en al cual se perdería su nombre y obra y que por ello alguien la habría encontrado, revisado y corregido en 1554, siendo corregir el acto de eliminarle las partes conflictivas, o sea: censurarla o autocensurarla. Los que defienden que fue Alfonso de Valdés lo hacen por haber encontrado paralelismos análogos de varios pasajes del Lazarillo con partes de su propia obra... cosa que ocurría también con la de Juan de Valdés. Siguiendo el mismo razonamiento, pero con otra obra de la época, se postuló a Sebastián de Orozco a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Así, a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI ya se han propuesta entre diez y quince humanistas españoles más como posibles autores, entre los que figura incluso un secretario personal del rey y otro escritor famoso, Fernando de Rojas, que terminó de escribir La Celestina, una obra con un inicio supuestamente anónimo y autor que había vivido con toda la crudeza en su familia y persona la tortura y las ejecuciones de la persecución de la Inquisición a los cristianos judeizantes, esta hipótesis vendría a decirnos también que la primera versión sería de las primeras décadas del siglo XVI.

Como sea, obviando la hipótesis de que en 1529 el libro original pudiera haber sido depositado en la imprenta alcalaína de Miguel de Eguía, de lo que sí tenemos certeza total es que en 1554 en Alcalá de Henares se realiza una de las primeras ediciones conservadas en la imprenta y librería de Salcedo. El impresor era Atanasio Salcedo, que era el hijo y heredero del negocio familiar iniciado por Antonio Salcedo, que vino a la ciudad ante la necesidad de imprentas por parte de la nueva comunidad universitaria. Antonio ya colaboraba con otro impresor de la ciudad, Brocar, impresor de la Biblia Políglota, siendo que en 1525 había salido de su imprenta títulos destacados aún hoy día. Inició el negocio como librería, pero como tantos otros libreros, ampliaron a imprenta, y como tantos otros, también se hizo editor. Estaría la imprenta en la calle Libreros o sus aledañas, sin saberse con exactitud dónde, aunque estudios arqueológicos actuales apuntan la posibilidad de ser el edificio hoy en ruinas donde hasta hace poco en el siglo XX y parte del XXI se ubicó la fábrica de hielo Gallo. Como sea, el negocio heredado por Atanasio continuó teniendo cierto prestigio, hasta el punto que exportaba libros a otros lugares. En 1543 un librero de Medina del Campo le debía ni más ni menos que la muy elevada cifra de 74.000 maravedíes en libros. No deja de ser llamativa esta deuda entre dos lugares que publicaron la primera edición de 1554 del Lazarillo. Sin embargo, editaba por sí mismo pocas obras, aunque vendía muchas editadas por otros. Lo más importante que había editado antes de la obra que nos ocupa había sido traducciones de Séneca, que sacó en 1552. Fue el éxito del Lazarillo el que hizo que su negocio fuera muy popular como imprenta desde 1557. Hay que pensar que otra diferencia de su portada con las otras tres de 1554 es que en ella se lee que se venda el libro en Alcalá, por lo que su edición habría pasado la censura. Su negocio finiquitó en 1567.

Por lo demás, la obra en sí es un clásico que da por iniciado el género de la novela picaresca, aunque hay otras obras con características de picaresca anteriores. Narraciones en primera persona, a modo de cartas o memorias pasados los años, que narran las aventuras y desventuras de personas muy poco afortunadas en la vida que tratan de ganarse la vida con todo tipo de oficios, trucos, trampas y artimañas, mientras a la vez quieren progresar o prosperar o aparentar. Tenían una fuerte crítica social y política, incluso religiosa y de moral y ética. Por cuestiones de la época trataban de transmitir una lección moral final, aunque en el fondo son la base lejana de la futura literatura de la contracultura y los antihéroes del siglo XX. 

Sigue la vida de un niño de una familia pobre abandonado a su suerte y entregado a diversas personas que dicen que le darán un porvenir a cambio de sus servicios, todo a costa de que sus padres no le pueden mantener, su padre por morir y su madre porque por pobreza no se puede hacer cargo, dándose ella a la prostitución. Es parte del lumpen. Pasa por Alba de Tormes, de donde sería él (no es casualidad que se llame Lázaro, como el resucitado por Cristo en la Biblia). También pasa por Salamanca, Almoroz, Escalona, Torrijos, Maqueda y Toledo. Desde su niñez a su vida adulta nos cuenta sus sinsabores, con cierto humor negro, al servicio de un clérigo, de un ciego que cuenta cuentos mendigando, de un soldado que es un miembro de la baja nobleza venido a menos, y de otros miembros de la sociedad de la época. Critica así a todos los estamentos y clases sociales, como incluso a las instituciones religiosas y políticas, e incluso a los acontecimientos de una España engrandecida como Imperio, pero a costa de empobrecer la vida de sus súbditos y pedirles sacrificios que les llevan a una pobreza y una hambruna que tratan de disimular mediante ideales de honor y de España que en realidad no solucionan su precaria existencia personal. Eso lleva a la pillería y a engaños varios, al intentar medrar de cualquier manera y a una búsqueda de los caminos fáciles que no lo son en absoluto.

Queda así señalada la conexión de esta obra emblemática de la picaresca española con Alcalá de Henares, por cierto, una ciudad donde varias obras de la época sitúan personajes y situaciones de pícaros. No obstante, Alonso Fernández de Avellaneda ya escribió en su Quijote apócrifo que los estudiantes alcalaínos eran por entonces todos pícaros por necesidad.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 3 de diciembre de 2022

Acta Sanctorum (Hechos de los santos)

Título: Acta Sanctorum (Hechos de los santos).
Autores: Varios autores, dio comienzo Jean Bolland (hipotético texto de Aurelio Ambrosio -San Ambrosio-, posiblemente anónimo).
Editor: Compañía de Jesús.
Año de publicación: 1643-1883 (1ª edición de la 1ª época); 1883-actualidad (1ª edición de la 2ª época).
Género: Hagiografía; Religión.
ISBN/Depósito Legal/Creative Commons: [Estas opciones solo comienzan a existir a partir de los siglos XX y XXI, dependen de cada publicación]

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Título: Acta Sanctorum (Hechos de los santos).
Autores: Varios autores, dio comienzo Jean Bolland (hipotético texto de Aurelio Ambrosio -San Ambrosio-).
Editor: Patrimonio Digital de la Universidad Complutense de Madrid y Biblioteca Digital de Castilla y León 
Año de publicación: Siglo XXI (1ª edición en Internet).
Género: Hagiografía; Religión.
ISBN/Depósito Legal/Creative Commons: [Reproducciones digitalizadas de los libros originales]


Habiendo anotado ya los primeros autores que mencionaron a Alcalá de Henares en libros, incluso alguno de ellos habiendo vivido en la ciudad, y sabiendo que estos dan comienzo en el siglo I antes de Cristo, en el inicio del Imperio Romano, ya hemos podido ver qué autores romanos, visigodos, mozárabes y musulmanes, así como varios de los cristianos de la Edad Media, eran. Toca recordar hoy, al margen de lo que los mozárabes dijeron siglos después, que fue san Paulino de Nola, el cual vivió en Complutum un tiempo con su esposa en el siglo IV, quien mencionó por primera vez que existía un culto a una tumba de un mártir cristiano en Complutum, sin mencionar quién era el mártir, pero que allí enterró a su hijo de días de edad. Pocos años después, pero en el siglo V, aún dentro del Imperio Romano, será Prudencio quien dijera que aquella tumba tenía dos niños martirizados llamados Justo y Pastor. Y sería san Ildefonso de Toledo quien en el siglo VII, en el periodo visigodo, dijera que los restos de Justo y Pastor y la tumba fue encontrada por san Asturio, primer obispo de Complutum, pocos años después del texto de Prudencio. Insisto que sin repasar ahora lo que luego escribieron los mozárabes, y recordando que ya está todo comentado en sus respectivas reseñas de sus libros en cuanto a la aparición de Alcalá de Henares, y aún teniendo en cuenta que entre medias los mozárabes  mencionaron también a san Félix de Alcalá, de dudosa existencia, aunque la Iglesia le da por existente, a pesar de que solo le menciona un único autor, pues anotado todo esto, quedaba por hablar de aquella época de san Vidal, padre de Justo y Pastor, y el cual no fue mencionado a lo largo de los siglos por nadie. 

Si la historia de los santos niños Justo y Pastor les ubica su muerte a comienzos del siglo IV, su culto es referido a finales de ese siglo y el encuentro de su tumba y restos en el comienzo del siglo V, la historia de su padre no aparecía. Tampoco apareció ni se nombró a Vidal durante el Reino Visigótico de Hispania, ni en las crónicas medievales de los mozárabes, ni de los cristianos. Teóricamente habría escrito sobre él Aurelio Ambrosio (san Ambrosio) y de ser cierto, este sería otro autor del Imperio Romano en mencionar a Complutum. Habría nacido en Tréveris en torno al año 340 y muerto con seguridad en Milán en 397. Hablamos por tanto de un autor contemporáneo a san Paulino de Nola, el primero en mencionar la existencia de mártires en Complutum, como hemos dicho. Ambrosio era hijo de una mujer de gran cultura que el educó cmo intelectual y en el cristianismo. Se transformó en uno de los fundadores de la Iglesia cristiana católica apostólica y romana de Occidente, en contraposición a la ortodoxa de Oriente. Fue obispo de Milán, asceta, confrontó con los cristianos arrianos, se ganó el favor del emperador Teodosio y escribió numerosos libros y textos de teología. Entre esos textos se le atribuyó uno llamado La pasión de san Sebastián, narraba la vida y martirio de este santo, que previamente había sido un soldado romano. En esta pasión nombrará a un grupo de mártires ejecutados en Campania (región de Italia), entre los que figuran dos que afectan a Complutum, san Urbano, que sería el Papa Urbano I entre los años 222 a 230 y el cual cuenta con una calle en Alcalá de Henares hoy día, y san Vidal, que es quien ocupa la mención más detallada de Complutum, pues la relación de Urbano con Alcalá es pasajera y en general se considera hoy día que se escribió su vida sin fundamentos. Habría una mención a san Félix, ubicando su martirio en el Imperio Romano, y no en la Córdoba musulmana que citaron los mozárabes. En todo caso, estudios posteriores sobre ese texto indican que probablemente el autor no pudo ser san Ambrosio porque tenía elementos muy claros del siglo V, y no del IV, por lo que sería un texto anónimo.

Sea como sea, aquel texto atribuido a san Ambrosio fue incluído como el capítulo XI de una extensa obra ininterrumpida llamada Acta Sanctorum (Hechos de los santos). Fue llamado tal capítulo "Hechos de san Sebastián". Fue en ese momento que reaparece con fuerza la figura de san Vidal al santoral. Era una obra propia de la Contrarreforma religiosa del Barroco, pues se publicó su primer tomo en 1643. El autor inicial era Jean Bolland, un sacerdote jesuita belga nacido en 1596 que aprendió muchos idiomas que le ayudaron a leer todo tipo de vida de santos y eso le llevó a compilarlos e iniciar esta obra ingente e inmensa que continuaron desde entonces numerosos teólogos todos pertenecientes a la Compañía de Jesús. 

Es una obra en muchos volúmenes que tuvo una primera época hasta 1883, atravesando todos los problemas de la Compañía de Jesús a lo largo del tiempo y con los sucesos de la Historia. El gran número de personas que intervienen hace que se vuelva una obra con un excesivo número de comentarios, muy erudita, pero que resulta al final una colección de hagiografías en muchos casos sin los fundamentos de la investigación necesarios, cae en una categoría incluso más baja que las crónicas, sería un pseudocronicón al dar por bueno no solo cosas venidas de todo tipo de fuentes no comprobadas, si no también de valoraciones y convicciones personales de los autores,  así como posibles imaginaciones. 

A partir de 1883 comienzan una segunda etapa donde se proponen hacer biografías hagiográficas de todos los santos del calendario, lo que hace que al irse agrandando el número de santos y beatificados la obra se siga publicando hoy día. Es una oba en constante publicación desde 1643 a la actualidad. Quienes escriben estos dentro de la Compañía de Jesús son de la Sociedad de Bollandistas.

San Vidal en este caso, y aunque es una de las biogafías de 1643 que se escribieron basándose en un texto supuesto de san Ambrosio y que probablemente no tiene comprobaciones ni fundamentos para sus afirmaciones, por tradición oral habría sido un soldado romano nacido en Hispania, en Tielmes (en Madrid) y movilizado en Italia, donde se casó. Regresó a Hispania, ocurriendo en el regreso la muerte de su esposa, pero se casó por segunda vez y se instaló en la actual Los Santos de la Humosa. Su segunda esposa era cristiana y por ella se convirtió. Educaron a sus hijos Justo y Pastor en esta religión. Justo habría nacido en 295 y Pastor en 297. El año del nacimiento de su hijo menor habría regresado a Italia de nuevo, no sabemos muy bien porqué, donde sería martirizado por su religión en Campania junto a otras personas perseguidas por un edicto del emperador Diocleciano. Murió ejecutado en 297, aunque hay historiadores que ubican la muerte en 293 y el nacimiento de sus hijos los adelantan en fechas. Justo y Pastor serán martirizados y ejecutados en Complutum en 304, aunque otras biografías indican el año 306.

Actualmente san Vidal también tiene calle en Alcalá de Henares.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

martes, 1 de noviembre de 2022

Colección de tradiciones / Historia de la conquista de al-Ándalus

Título: Colección de tradiciones (Ajbar machmúa).
Autor/es: Anónimo.
Editor/es: [Desconocido].
Año de publicación: Mediados del siglo XI (1ª edición en al-Ándalus).
Género: Crónica; Historia; Leyendas.
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Título: Colección de tradiciones (Ajbar machmúa). 
Autor/es: Anónimo.
Editor: Real Academia de la Historia.
Año de publicación: 1867 (1ª edición, edición de Emilio Lafuente y Alcántara)
Colección: Obras Arábigas de Historia y Geografía.
Nº de volumen en la colección: [No encontrado]
Género: Crónica; Historia; Leyendas.
ISBN/Depósito Legal: [En el siglo XIX no existía]
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Título: Historia de la conquista de al-Ándalus (Ta'rīj iftitāh al-Andalus). 
Autor: Muhammad Ibn al-Qutiyya.
Editor: Muhammad Ibn al-Qutiyya.
Año de publicación: probable segunda mitad del siglo X (1ª edición en Al-Andalus).
Género: Crónica; Historia
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Título: Historia de la conquista de al-Ándalus (Ta'rīj iftitāh al-Andalus). 
Autor: Muhammad Ibn al-Qutiyya.
Editor: Ar Royal [en Scribd, por alguien anónimo en Internet].
Año de publicación: [2022] (1ª edición en Intenet, sigue la traducción de Julián Ribera en 1926)
Colección: Clásicos de Historia
Nº de volumen en la colección: 216
Género: Crónica; Historia
ISBN/Depósito Legal/Creative Commons: [Edición electrónica libre en formato pdf]
 
Siguiendo con los autores musulmanes de al-Ándalus que nombraron a Alcalá de Henares, anotamos hoy dos obras que están relacionadas entre sí. En realidad siguen la obra de referencia en la época de los cronistas (padre e hijo) al-Razhi, Historia de los soberanos de al-Ándalus, escrita y publicada entre los años 950 y 977, año de la muerte de Isa, el hijo de Ahmad, lo autores. Dijimos entonces que fue la primera vez que se mencionaba por parte de autores musulmanes de al-Andalus a Alcalá de Henares, inserta dentro de la crónica del fin del Reino Visigodo de Hispania y el comienzo de la invasión y conquista islámica de la península Ibérica. No se mencionaba aún el castillo musulmán como existente en 711, aunque cuando se escribió la obra ya existía y la ciudad recibía su nuevo nombre de él. Como crónica que era, se hablaba de la leyenda de la Mesa de Salomón como algo cierto y cuyo paradero había sido Complutum (Alcalá de Henares), donde Tariq la ocultó y ahí se perdió en el Monte Zulema, hoy también Gurugú. Para más datos, volved a leer esas notas de aquel libro. También dijimos que fue una obra muy leída y tenida en cuenta durante muchos siglos tanto por autores musulmanes como cristianos, estos últimos buscando el rastro de la Historia del final del Reino Visigodo, que legitimaría la Reconquista cristiana de lo que fue Hispania. La obra de al-Razhi, con polémica incluida sobre algunas de sus partes hasta que en los siglos XX y XXI se la dio por buena en su totalidad, como ya se explicó, sería una obra fuente de otras crónicas, como las que hoy vamos a comentar por cuanto también recogen el capítulo de la Mesa de Salomón en Alcalá, que volverá a ser tomada en cuenta en el siglo XVII por Al-Makkara, pero hoy no hablaremos aún de él. La primera obra que vamos a comentar es Historia de la conquista de al-Ándalus (en su árabe original: Ta'rīj iftitāh al-Andalus). Como se ve, guarda paralelismo en el título con la de los al-Razhi, pero no será el único paralelismo. Su autor, Muhammad Ibn al-Qutiyya, también vivió como aquellos en el siglo X, y murió en el 977, igual que al-Razhi hijo, por lo que su libro igualmente sería escrito y publicado a mediados del siglo X, en el tercer cuarto de aquel siglo, entre 950 y 977, igual que la de ellos, aunque es evidente que usa elementos de la obra de al-Razhi padre, por lo que debió ser posterior a las partes de este. Sea como sea, tanto la obra de los al-Razhi como la de Ibn al-Quttiya terminaron siendo obras muy leídas en su tiempo y numerosamente referenciadas por autores posteriores, en este caso más destacadamente musulmanes. 
 
Tanto los al-Razhi como al-Qutiyya vivieron dentro del Califato de Córdoba. Al-Qutiyya nacería en Sevilla en un año no identificado y moriría en noviembre de 977 en Córdoba. La diferencia entre ellos es que si al-Razhi padre era hijo de un mercader venido de la zona de Irán actual, al-Quttiya venía de una familia visigoda de la península Ibérica, y no una familia cualquiera, su madre era Sara "la Goda", descendiente de uno de los reyes visigodos: Witiza. Sara a la vez era nieta de Alamundo, otro de los reyes visigodos. La familia de los Witiza se había convertido al Islam cuando en 711 comenzó la invasión. Su papel en la guerra de conquista, que debió durar entre 711 y más o menos 712 ó 715, fue polémico entre visigodos y cristianos. Tal vez por ello, la crónica de al-Qutiyya unos dos siglos y medio después, era polémica incluso  en ese momento, y él lo sabía. Pensemos que su madre, Sara, recibía el apodo de "la Goda", las cosas no se habían olvidado. Esta familia seguía residiendo en Sevilla, donde los descendientes de Witiza habían actuado todo su tiempo, y eso se debía a que la conversión les había permitido mantener sus tierras, sus fortunas y su posición social, política y militar. No obstante emparentaban con los Banu Hayyach, otra poderosa familia de origen visigodo convertida al Islam, señalaremos que el apellido Banu era el que se solía dar a los visigodos conversos al Islam.

La obra viene a respaldar lo que cuentan los al-Razhi, aunque tienen diferentes percepciones e incluso aportan algunas cuestiones diferentes. Por ejemplo, al-Quttiya niega que los musulmanes cobraran un impuesto que recaudaba el quinto de lo que tuviese un mozárabe por seguir ejerciendo el cristianismo en al-Ándalus, aunque era un hecho probado que así era. Del mismo modo tergiversa de manera favorable a su familia el papel de los descendientes de Witiza en la guerra de invasión musulmana, para nada considera en ningún momento, por ejemplo, desafección y traiciones muy importantes días antes de la batalla de Guadalete que hará posible que Tariq y Muza se hagan con el reino, a la vez que morirá en batalla Rodrigo, el último rey visigodo. Más aún aboga por la unidad de todas las etnias de al-Ándalus para que acaben con sus rencillas y trabajen juntos por un destino de grandeza y prosperidad que, según él, les tenía reservados Dios Alá bajo el gobierno de los Omeya, que debía ser eterno en al-Ándalus. Para quien no lo sepa, uno de los principales problemas de orden interno de al-Ándalus, pese a ser un Estado sólido, fue precisamente numerosos disturbios y problemas armados por enfrentamientos entre grupos sociales que tenían etnias y costumbres diferentes, principalmente entre bereberes y árabes, pero también entre descendientes de hispanovisigodos e islámicos de orígenes asiáticos o africanos, no solo era el asunto del conflicto religioso, conflicto este que en realidad estaba bastante sosegado, ocurriendo incluso que la Escuela de Toledo reunía a judíos, cristianos y musulmanes de tal forma que transformó a los andalusíes en los más avanzados culturalmente de su tiempo. 

Al-Qutiyya defenderá siempre las políticas de pactos como las más efectivas para prosperar todas las capas sociales. Pensemos que, en cierto modo, fueron los pactos los que hicieron que su propia familia no decayera, pues todos los compromisos con el Estado y la sociedad visigoda estaban rotos en tanto en cuanto los escándalos y caos por los magnicidios y las traiciones constantes entre unos y otros no hacían sostenible una vida rodeada de desafecciones. El momento en el que se escribe no puede dejarse pasar por alto, aunque en aquellas décadas del siglo X el Califato de Córdoba estaba en muy buen momento, ya se habían vivido varias revueltas importantes y Almanzor estaba ya próximo a que llegase su tiempo, golpe de Estado incluido. 
 
Este libro fue traducido al español por Julián Ribera en una edición madrileña de 1926. Más modernamente, María Isabel Fierro escribió sobre él en 1989 y otra mujer, María Isabel Moguera Molins, lo volverá a analizar en 2011. La aparición de Alcalá de Henares en el libro queda sujeta a aquella leyenda de la Mesa de Salomón y el encuentro fortuito por parte de Tariq, repitiendo con algunos cambios lo que ya dijo al-Razhi.

Como se ha apuntado, esta obra, en realidad estas obras de al-Razhi y de al-Qutiyya, coetáneas, tendrán un gran éxito y serán muy mencionadas en otros cronistas, que las usarán de referencia. En parte por ello surge más o menos en aquellas épocas una tercera obra muy ligada a estas. Se trata de Colección de tradiciones, que también es ampliamente conocida por su nombre original en árabe: Ajbar machmúa. El nombre da lo que promete, pues la obra es exactamente eso: una colección de tradiciones orales de la Historia de la península Ibérica. Tradiciones orales que no sabemos muy bien cuándo tienen comienzos, si desde el mismo siglo VIII con la invasión, o si un siglo después. Lo que sí sabemos es que tiene numerosas referencias a las obras de al-Razhi y de al-Qutiyya. La colección es de origen anónimo y algunos arabistas sospechas que detrás de ella no hay un autor, si no que cabe la posibilidad de ser varios, incluso algunos han llegado a afirmar que cinco, si bien hay una obra anotada por autores conocidos, y que algunas de estas tradiciones orales las llegó a conocer y anotar al-Qutiyya décadas antes. Como sea, fue recogido por escrito y publicado en torno a mediados del siglo XI. Recordemos que el Califato de Córdoba fue finiquitado por golpe de Estado y posterior guerra civil por el hijo de Almanzor en 1032, con tropas en parte sacadas del qun bereber de Alcalá de Henares. Así pues estamos ante una obra o bien de la época final del Califato de Córdoba o bien del comienzo de los reinos de Taifas. Su aparición se puede deber precisamente por un intento político e intelectual de reforzar la idea de la necesidad de unidad entre musulmanes para garantizar su primacía en la península Ibérica. De hecho destaca la parte que trata profundamente de las peleas entre el rey Rodrigo, los hijos de Witiza, la traición del noble don Julián, el obispo Oppas, los amores con Cava que desencadenan el conflicto, Agila en el norte de la península, la intervención de Muza mandando a Tariq y la desconfianza entre ellos mismos, y en fin, dejando reflejado el final del Reino Visigodo como algo ocasionado por el caos político y social y la desafección. La obra pone fin a su relato no con la aparición del Emirato de al-Ándalus primero dependiente del Imperio Islámico (de Damasco), y luego como Emirato Independiente con los Omeya, sino con la independencia total respecto al Imperio Islámico transformándose en Califato de Córdoba, lo que dota a al-Ándalus de una unidad y fortaleza inusitada, que da por resultado una prosperidad de todo tipo, unido a califas acertados en su gestión de gobierno, como los Abderramán. 

La obra pasó a ser también obra de referencia de la época por parte de cristianos y musulmanes, en este caso incluso en épocas recientes. Fue redescubierta y traducida al español por Emilio Lafuente y Alcántara, historiador y archivero, en 1867, en la colección Obras Arábigas de Historia y Geografía, de la Real Academia de la Historia, en una época en la que estaba de moda lo orientalista en Europa, moda de la que a España le beneficiaba su pasado histórico musulmán. El historiador Sánchez-Albornoz volvió sobre la obra en el siglo XX para zanjar la polémica sobre las diferencias entra las versiones de los diferentes cronistas musulmanes de al-Ándalus, pues estas obras tienen a veces puntos de vista diferentes entre sí, y en ocasiones datos no coincidentes, pese a que los unos se citan a los otros.

Como sea, la aparición de Alcalá de Henares vuelve otra vez aquí en torno a la leyenda de la Mesa de Salomón. No obstante, aquel tesoro también era un símbolo de poder venido directamente de Dios. El Islam, el cristianismo y el judaísmo son las Religiones del Libro, por considerar que todas vienen de una misma base que tiene por origen lo que en el cristianismo es el Antiguo Testamento, en el judaísmo la Torah (que sería con cambios el Pentateuco cristiano: los cinco primeros libros del Antiguo Testamento), y en el islamismo estos mismos más el Nuevo Testamento (o sea: la Biblia cristiana, aunque con cambios de interpretación para ellos) y el Corán. Por otra parte, la historia de la Mesa de Salomón en las crónicas andalusíes sobre Alcalá de Henares, aunque tuviera o pudiera tener un origen oral visigodo, no deja de ser otro de los mitos fundacionales de la ciudad, en este caso para dotarla así de un carácter religioso aceptable para los musulmanes, aunque a la vez podría agradar a judíos y cristianos. Compluto estaba en decadencia total y con una población muy mínima. Sabemos por los autores mozárabes y restos arqueológicos que hubo población mozárabe, ya mínima, e incluso culto, pero también sabemos que hubo población islámica, así pues, si los romanos ligaron a la ciudad de un pasado de sus guerras civiles e incluso legendariamente a guerreros de Troya, y posteriormente a los mártires cristianos, así como los visigodos comenzaron a hablar de santos, todo como refundación de la ciudad, ahora los musulmanes hacían lo propio con la Mesa de Salomón y el providencial paso de Tariq que la encontraría abandonada en medio de los Montes del Zulema. Así pues, la población ubicada en un paso estratégico entre Toledo y Zaragoza pasaba a tener una importancia tanto por aquella mesa sagrada perdida, como por la propia presencia de Tariq aquí, que se detiene a hacer algo importante precisamente en el camino que hace de la ciudad un paso importante como para fundar un castillo y un qun. Pero en estas obras hoy comentadas, todavía tampoco se mencionaba la existencia de ese castillo.
 
En todo caso, fuera de los análisis de libros, siempre me gustó personalmente la interpretación de uno de mis profesores universitarios de Historia, que interpretaba aquella Mesa de Salomón realmente como una metáfora del Cerro del Viso, por su forma. 
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".
 

domingo, 21 de noviembre de 2021

25 años sonando Alcalá, 1996-2021. Orquesta Ciudad de Alcalá

Título: 25 años sonando Alcalá, 1996-2021. Orquesta Ciudad de Alcalá.
Autor/es: Anónimo (posiblemente varios autores o Vicente Ariño).
Editor:  Ayuntamiento de Alcalá de Henares; Concejalía de Cultura; Orquesta Ciudad de Alcalá (OCA).
Año de publicación:
2021 (1ª edición; Introducciones de Vicente Ariño Pellicer, director artístico y musical de la OCA; Javier Rodríguez, alcalde por el PSOE; y María Aranguren, concejala de Cultura, Turismo y Deporte y segunda teniente de alcalde).
Género: Música; Historia; Anales; Ilustración.
ISBN / Depósito Legal / Creative Commons: [No consta en el libro] 

 

Fue en el concierto de clausura de la llamada 50ª edición de Alcine (en realidad la 51ª) que Vicente Ariño, director artístico y musical de la Orquesta Ciudad de Alcalá (OCA) anunció otro aniversario que sí coincidía con las fechas reales, el de la OCA, que cumple veinticinco años. Aparte de los conciertos respectivos, han preparado para la ocasión un libro conmemorativo que de paso repasa la Historia de este cuarto de siglo de esta orquesta de carácter sinfónico. El libro se llama 25 años sonando Alcalá, 1996-2021. Orquesta Ciudad de Alcalá. Es un libro que ha salido con la iniciativa y la producción de la propia OCA. No figura el nombre del autor, por lo que queda anónimo, podrían ser varios autores los que lo han realizado, o tal vez tenga bastante de la mano del propio director de la OCA, Vicente Ariño. En todo caso, sí queda constancia que cuenta con el apoyo del ayuntamiento de Alcalá de Henares y la Concejalía de Cultura, Turismo y Deporte, sin más. No obstante, cuenta con las introducciones del propio Vicente Ariño, que fue impulsor del proyecto ya en 1996, así como del alcalde, Javier Rodríguez, y de la concejala de cultura, María Aranguren, ambos del PSOE.  

El libro ha sido publicado en un formato de papel, ligeramente apaisado, en tapa blanda solapada. Las cubiertas amarillas, un color en cierta medida unido al logo de la OCA, nos muestra una acuarela actual de la línea de cielo que dibujan los edificios del centro de Alcalá, pintada por Airita Herrera. Fue maquetada la obra por José Lisón. Y según se informa en las solapas, el libro se ha realizado durante la presidencia de la OCA de Antonio Cuartero Martínez y la secretaría de Félix Martín-Llorente, los cuales acreditan la publicación. Firman el libro en 30 de mayo de este 2021en la actual sede histórica de la OCA, el Centro Sociocultural Gilitos.

También ha sido publicado en formato digital y se puede leer de manera gratuita desde la página de Internet de la propia OCA, por ejemplo: por aquí. Más aún, en la generosidad de la OCA, te permiten incluso descargarlo gratuitamente en formato digital pdf si lo deseas tener en digital, desde esa misma dirección, aunque, tal como recordó Ariño en aquella clausura de Alcine 50, que cuenta con su propio libro, hay una edición en papel, pese a que es muy limitada. Eso sí, no consta número de ISBN, depósito legal o licencia Creative Commons.

La OCA ha realizado más de doscientos cuarenta conciertos desde 1996, siendo el primero uno dedicado a Cervantes. Cuenta con doce estrenos absolutos en su haber. Han tocado en diez países diferentes, en dieciocho ciudades repartidas entre ellos. Se ha hecho muy popular y parte de la cultura alcalaína sus conciertos de Navidad en Alcalá de Henares, los cuales empezaron en 1998. Todos estos datos nos los aporta el alcalde Javier Rodríguez, cuyas introducciones a bastantes libros que apoya el ayuntamiento suelen ser muy ricas en datos interesantes para la posteridad y para reconstruir la más reciente Historia cultural de la ciudad, desde lo institucional.

Ariño encuadra la formación de la OCA en el amor al buen trabajo y a dar oportunidades a quienes normalmente no se les da. Es sabedor de la muchas valías que hay y de las muchas puertas cerradas si no perteneces a unos círculos. No obstante, Ariño, de gran corazón, tiene un carácter altamente pedagógico que le ha llevado incluso a tener su propio espacio en la radio local, en Cadena SER-Henares.

La estructura del libro repasa la Historia de la OCA a modo de anales. Mediante fechas y referencias a lugares y quienes fueron los directores musicales nos narra todos los conciertos que han hecho asignados al año correspondiente. Tenemos ahí que se matiza el dato dado por el alcalde al decirse que el primer concierto se dio en 18 de abril de 1996 paradójicamente en Lalín, en la provincia de Orense. En las páginas contiguas a estas nos muestran fundamentalmente los carteles más importantes o de los conciertos más relevantes que han considerado ellos, con sus respectivos pies de foto que ejercen de texto histórico que narra lo relevante en la Historia de la OCA de cada evento que así se destaca. Añadido a esto aparecen también algunas fotografías de la orquesta que han considerado imprescindibles en este veinticinco aniversario.

Encontramos actos relevantes como la fundación paralela de una OCA con sección juvenil, la cual se estrena en directo en los conciertos de clausura de Alcine, en este caso del año 2000. O podemos descubrir su papel en el festival teatral de clásicos de Alcalá desde 2001, un concierto en País Vasco en 2002 donde fueron anunciados íntegramente en vasco, colaboraciones con otra entidades musicales de Alcalá, como la Asociación Filarmónica, colaboraciones que incluso se han visto en los conciertos de Alcine cuando han  traído de invitados a músicos rock, pop y de jazz, o figuras destacadas de la música clásica. Sus conciertos pedagógicos son una constante. Transforma esto a la OCA en una embajadora musical en todos los grados y modos posibles. 

El libro en sí es un documento imprescindible para el conocimiento mejor de la Historia cultural de la ciudad más reciente. Máxime si se tiene en cuenta que el año del nacimiento de la OCA, 1996, está tan cerca del año del nombramiento de Alcalá como Patrimonio de la Humanidad en 1998, que forzosamente nos hace comprender que es una orquesta fundamentalmente ligada a esa categoría de reconocimiento cultural y probablemente contribuye relanzando esa idea y reforzándola en cada uno de los eventos que organiza, ya sea dentro de Alcalá, en otro lugar de España o cuando viaja a otro país, incluido el cambio de continente que alguna vez ha habido.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 20 de noviembre de 2021

Alcine 50. Festival de Cine de Alcalá de Henares / Comunidad de Madrid. 50 edición. Catálogo oficial

Título: Alcine 50. Festival de Cine de Alcalá de Henares / Comunidad de Madrid. 50 edición. Catálogo oficial.
Autor/es: Anónimo (posiblemente varios autores).
Editor:  Ayuntamiento de Alcalá de Henares; Concejalía de Cultura; Alcine.
Año de publicación:
2021 (1ª edición; Introducciones de la organización de Alcine, Javier Rodríguez -alcalde-, María Aranguren -concejala de cultura- y Manuel Cristóbal -Asesor de Industrias Audiovisuales y, Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid).
Género: Cine; Catálogo; Guía.
ISBN / Depósito Legal / Creative Commons: [No consta en el libro]

 

Este año 2021 se ha celebrado (en falso) el cincuenta aniversario del Festival de Cine de Alcalá de Henares. En falso porque en realidad ese aniversario fue el pasado año 2020 y, aunque se celebró el festival, la organización no lo incluyo dentro de la numeración oficial, por la pandemia de la Covid-19, dejando la celebración de los cincuenta años en el año cincuenta y uno, pero llamándolo Alcine 50. El festival nació en 1970, aunque ya se perpetraba algo en 1969. En un principio apuntaba a un cine donde abundaba mucha participación local, pero con los años se ha consolidado como uno de los festivales de cine más importantes de España y de Europa. ¿Por qué? Porque es un festival especializado en cortometrajes, por lo que aquí han dado inicio muchas carreras de toda clase y oficios de cineastas, algunos de los cuales han acabado siendo premiados en los Goya e incluso en los premios Oscar norteamericanos. Mucha gente ha iniciado carreras muy fructíferas. Este festival alcalaíno ha enraizado su organización y proyecciones con la Comunidad de Madrid e incluso se ha ido ampliando no solo a nivel nacional y europeo, sino también en otras vertientes culturales. Ya no solo trata asuntos de proyecciones cinematográficas, no solo de cortometrajes, también de largometrajes de nuevos realizadores, sino que también abarca conciertos, exposiciones, conferencias, charlas, talleres y hasta publicaciones de libros y es ahí donde Alcine, nombre del festival desde hace muchos años, enlaza con estas notas libreras.

Es un festival importante también porque es de los pocos que premian y valoran trabajos técnicos del cine que en la gran mayoría de los festivales no se premian, así como dejan abierto que el público pueda ejercer de jurado. Yo mismo soy jurado del público ininterrumpidamente desde el año 2000, incluido, si bien el año que murió mi padre, 2003, mi labor de jurado se vio muy mermada al coincidir con las semanas finales de la vida de mi padre. Aún con todo, aquel año llegué a juzgar muy favorablemente a la película Balseros, cuya trayectoria posterior fue muy afortunada.
 

En la trayectoria de Alcine han habido innumerables publicaciones de todo tipo. Libros abarcando diversos aspectos, pero hay un tipo de libro que desde hace muchos años es el que más éxito tiene, el catálogo oficial, cuyo nombre suele ser cada año Festival de Cine de Alcalá de Henares / Comunidad de Madrid. [nº de la edición que corresponda]. Catálogo oficial. Este título suele abreviarse a Alcine [nº de la edición que corresponda]. Como representativo de todos ellos escribiré este año del catálogo del correspondiente a este cincuenta aniversario. Son catálogos que son relativamente deseados y buscados por los más cinéfilos. Son gratuitos y los da la organización. Suelen ser ediciones sencillas de tapa blanda, pegado de hojas y cubiertas con el cartel oficial de la edición correspondiente. Todos ellos suelen incluir introducciones del alcalde y concejal o concejala de cultura correspondiente, así como de gente de la organización y de la Comunidad de Madrid. No se suele indicar quién elaboró el catálogo, por lo que cada uno queda anónimo, aunque se intuye que está formado por varios autores. Del mismo modo no se indica ni el número de ISBN, ni el de Depósito Legal, ni de Creative Commons. 

El libro Alcine 50 contiene introducciones de la organización de Alcine sin especificar quien escribe, aunque probablemente lo escribió el director Luis Mariano González; introducciones de Javier Rodríguez, alcalde por el PSOE, María Aranguren, concejala de Cultura por el PSOE, y Manuel Cristóbal, Asesor de Industrias Audiovisuales y Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid,  gobernada por el Partido Popular.

Estos catálogos suelen recibir además innumerables apoyos. Salen adelante en principio gracias a Alcine, al ayuntamiento de Alcalá de Henares y a la Concejalía de Cultura, pero tienen apoyo del Ministerio de Cultura y Deporte, la Comunidad de Madrid, Patio de Luces Producciones, Alcalá Gastronómica, Universidad de Alcalá de Henares, Corral de Comedias, Filmin, Complutum, Aula de Fotografía, Hotel Bedel, y un largo etcétera de patrocinadores tanto locales como de Madrid y de nivel estatal. Esto hace que en sus páginas aparezcan a veces anuncios institucionales.

Básicamente estos catálogos recogen información de todas y cada una de las producciones que se han proyectado en cada festival, así como los palmarés de todas las ediciones anteriores y el calendario de proyecciones del presente festival. Suele completar estos catálogos un pequeño cuadernito que se edita aparte al final de cada festival con los ganadores del festival en curso. Suele incluirse también pequeñas biografías de varios directores y directoras y pequeñas informaciones sobre las diferentes secciones que hay. En el de este año hay especial interés por recordar la trayectoria de medio siglo.

Uno de sus valores estriba en que en ellos se pueden encontrar rarezas de numerosos cineastas, así como información de producciones que no tuvieron demasiado recorrido en años posteriores. 

Cada uno de estos catálogos se publica en bilingüe, español e inglés, reafirmando así el carácter europeo del festival.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 3 de octubre de 2021

Un ensayo y un poema

Título: Un ensayo y un poema.
Autor/es: Anónimo [No constan nombres, solo el de quien diseñó la portada: Tomás Andrés]
Editor: Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
Impresor: TPA.
Año de publicación: 1967 (1ª edición).
Género: Poesía; Ensayo.
Depósito Legal: M.2035-1967

 

Una de las publicaciones que se han transformado en rarezas a la vez que en testimonio del intento de Alcalá de Henares por recuperar y volver a renacer su cultura y sus inquietudes culturales tras la guerra civil la fomentó el propio ayuntamiento franquista de la época gobernado por el alcalde Félix Huerta y Álvarez de Lara, que llevaba gobernando desde 1957. Se trata de un pequeño libreto, a modo casi de cuadernillo, que se llamó Un ensayo y un poema, describiendo con el título exacta y literalmente el contenido. Se publicó a través de los servicios de la imprenta TPA en 1967. Esta imprenta era en realidad los Talleres Penitenciarios de Alcalá. Un año antes, en 1966, Alcalá de Henares había inaugurado la Universidad Laboral de Alcalá, la cual atrajo población y ayudó a revitalizar el panorama cultural. Un año después, 1968, la centro de la ciudad sería nombrado Conjunto Histórico Artístico, recibiendo así un impulso turístico y un reconocimiento gubernamental de la Historia y la Cultura y Arte de Alcalá. En medio, el edificio principal de la antigua Universidad de Alcalá era la Escuela Nacional de Administración Pública, donde se formaban los funcionarios para el servicio al Estado. En ese contexto de revitalización cultural de la ciudad, el ayuntamiento tomaba iniciativas junto a algunos ciudadanos que contribuían desde la literatura y las artes plásticas. Llegaban a la ciudad emigrantes de otros lugares de España atraídos también por la nueva industria y la cercanía a la capital. La ciudad crecía.

El presente libreto de 1967 era consecuencia del segundo certamen poético literario convocado por el ayuntamiento, tal como indicaba la portada. Por lo que debió haber al menos otro concurso en 1966 y probablemente hubo una continuidad que iría encaminada hasta todo ese otro resurgir más potente que se daría en la década siguiente. La obra contaba con un ensayo sobre la vida de Cervantes y el personaje del Quijote, a la vez que le seguía la reflexión personal del autor que lo escribió. Posteriormente había un poema también unido a ese intento de ensalzar el pasado alcalaíno. Muy en línea con todos aquellos escritos que la dictadura de Franco gustaba de premiar si hablaban de las épocas del Imperio español y la gloria de sus gestas y sus Letras en un orden universal que destacara a España en el mundo. No quiere decir que el ensayo y el poema no tuvieran valor fuera de esa dinámica, lo tenían. Lo que quiere decir es que este libreto es un testimonio tanto de la revitalización de Alcalá que se buscaba en lo cultural tras tanto perdido tras la guerra, como un testimonio del tipo de obras que se fomentaban o premiaban. 

Lamentablemente quien maquetó e editó el libreto debió dar por sabido quién o quiénes eran los autores ganadores de aquellos textos, no escribió su nombre y para alguien del siglo XXI que se encuentra con esta obra, como es quien esto escribe, se nos pierde el dato. Recuperarlo requeriría de una labor de investigación extra y más orientada a una nueva obra que al fin hable de la Historia de Alcalá de Henares en todo el siglo XX, sin huir de ninguna de sus décadas. El único nombre que se registró fue el de la persona que dibujó y diseñó la cubierta, Tomás Andrés, que la firmó el 23 de abril de 1967. Con un Cervantes lector diseñado esquemáticamente, muy al gusto de aquella década, se nos abre a unas letras estilizadas anunciando título y origen del concurso del mismo. Destaquemos que los colores elegidos eran rojo y negro, colores propios de la bandera de Falange, el partido político de origen fascista que apoyó a Franco y que a lo largo de la dictadura recibió innumerables veces puestos desde los cuales controlaban los valores que debían prevalecer en la sociedad y política franquista, así como puestos desde los que controlar innumerables cuestiones culturales y de control de lo cultural.

No se confunda el lector pensando que el ensayo y el poema son proselitismo de la ideología franquista, es simplemente que en aquella época había que pasar por un tamiz o no ir a ningún sitio. Por pasar, a menudo pasaban muchos contrarios al franquismo burlando controles y censuras haciendo creaciones que decían cosas que parecían no decir y sin embargo decían. Bien es cierto que los códigos usados por los autores a veces solo los entendían los autores. Pero nos mentiríamos si creyéramos que todos los autores de España eran contrarios al franquismo y sus ideologías. En este caso, simplemente, se convocó un concurso literario compuesto de ensayo y de poesía y el autor o autores que ganaron optaron por algo formal dentro de una temática que en Alcalá de Henares iba a ser muy bien recibida, sobre todo cuando se estaba intentando poner en valor ese pasado alcalaíno como una de sus glorias, haciendo de Cervantes una personalidad universal nacida en lo local. Acertada o no la visión, era legítima la reflexión. El premio venía a cuento, pues si atendemos el dato de que en 1968 se concedió a la ciudad el título de Conjunto Histórico Artístico tenemos que el propio ayuntamiento estaba en plena campaña de promoción de toda la Historia y personajes que pudiera de la ciudad para lograr tal nombramiento y todo lo que eso podía dar a la ciudad en plena época del desarrollo y del turismo como incipientes industrias de éxito en España, de la mano del Ministro de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne.

Este ensayo se hace necesario en una biblioteca que quiera reunir a autores alcalaínos, como testimonio. Es parte inicial de todo lo que vendría después y que hoy día, en el siglo XXI está tan vivo. Es un testimonio de cómo Alcalá de Henares trataba de recuperar una vida cultural entre sus ciudadanos.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".