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sábado, 11 de octubre de 2025

Llegando a puerto

Título: Llegando a puerto.
Autores: Varios autores (Zia Mei, César Sobrón, Sofía Winter, Maribel Domínguez, Luis San José, Luis Javier Ruiz, Elizabeth Villagómez, Fernando Mircala, Javier Bardón, Eva Megía, Esther Ligero, Miguel Ángel Gómez, Mario Navarro, Antonio Lera, Francisca del Pino, Paqui Castellanos y Genma Gordo).
Editor: Pub O'Malley's.
Impresor: Safekat 
Año de publicación: 2025 (1ª edición; prólogo de Raúl García, dueño del Pub O'Malley's).
Colección: Certamen Llegando a Puerto.
Nº de volumen en la colección: 1.
Género: Relatos breves.
Depósito Legal: M-19069-2025

 

Entre el otoño de 2024 y la primavera de 2025 el Pub O'Malley's, de la calle Goya de Alcalá de Henares, celebró periódicamente en domingos alternos un concurso de lectura de relatos breves de ficción que ideó y convocó el escritor complutense César Sobrón, con la colaboración y ayuda de la ilustradora y diseñadora Zia Mei y la poeta Maribel Domínguez, pero evidentemente también con el impulso e interés del dueño del pub, Raúl García. Este pub ya ha aparecido en estas notas en otras ocasiones con motivo de que hace unos años que empezó a acoger recitales de poesía y poco a poco se abrió a otros eventos culturales. De hecho, los primeros recitales de poesía que empezaron esta nueva vida del bar, años atrás, fueron de Chus López con Mario Misas y de quien esto escribe, Canichu, a veces con el cantautor Juan Izardui. Como sea, el concurso trataba de atraer cada domingo que tocase celebrarlo un total de ocho relatos de ocho participantes diferentes, cuya extensión no fuera superior a tres páginas, aunque a menudo muchos participantes sobrepasaron las normas, cosa que creo jugó en la contra de quien lo hizo. Se hacía una votación popular entre los presentes en el bar, ya fuesen concursantes o no, y se elegía un ganador de esta manera, si bien ni el relato quedaba anónimo, ni el autor o autora quedaba impedido de votar a su propio relato en su papeleta. Los relatos ganadores ganaban un pack de cervezas y serían publicados en libro al final de la temporada 2024-2025. Se llamaba Certamen Llegando a Puerto, en honor a la pirata Grace O'Malley's, de quien coge nombre este pub. Una pirata retratada por Zia Mei para los logos del concurso y del libro, aunque idealizada, pues la auténtica pirata nos ha llegado en grabados y en biografías que no la muestran ni con el físico representado, ni con ropas de mujer. Por no hablar de que era una pirata tal cual de su siglo, con todos los crímenes imaginables de la piratería sobre sí. 

El libro se dio por cerrado en cuanto a su etapa de selección de textos con el final del certamen en mayo de este 2025, aunque se debieron seleccionar posteriormente alguno más, pues se adjunta tras los relatos ganadores una serie de relatos como "Otros relatos", que en la presentación del libro se explicó que eran algunos de los más votados que no llegaron a ganar, aunque pudiera ser que también haya alguno que sea, legítimamente, de las personas más directamente implicadas con el proyecto, como es el propio César Sobrón, por convocante, Zia Mei como maquetadora, ilustradora y diseñadora del libro, Maribel Domínguez, que junto a Zia Mei organizó las sesiones de los cértamenes, y Sofía Winter (aquí Sophie Winter), que aportó la fotografía de cubierta, una escena de bar en blanco y negro con tonalidades doradas que nos recuerdan a historias del cine negro ambientadas en un bar irlandés de los años 1920. El libro fue creado en su parte más técnica a lo largo del verano, y fue ya en otoño, en el final de septiembre, que se presentó en el propio pub, a la vez que se anunciaba el inicio del segundo certamen, que abarcará 2025-2026. 

El libro se llama Llegando a puerto, y anota en la cubierta: "Relatos ganadores y finalistas del I Certamen Llegando a Puerto en Grace O'Malley Irish Pub", aunque el nombre del Pub es el citado O'Malley's. El editor evidentemente es el propio pub, por lo que se le cedió un prólogo a modo de introducción al dueño, Raúl García, que suele dar interesantes reflexiones en sus redes sociales a modo de ensayo. Precisamente su prólogo funciona como un relato breve de ensayo, por lo que, sin ser ficción, sino ensayo, sería su prólogo una especie de relato dentro de una antología de relatos. Y digo bien, aunque es discutible, la palabra antología y no compilación, pues no se trata de publicar los relatos del certamen, sino los relatos ganadores y finalistas, quedando sin publicación el resto. Eso es básicamente una antología, antología de ese certamen. Es discutible porque alguien puede argumentar, y también con razón, que puesto que nunca se publicaron, no sería antología, sino compilación de relatos ganadores y finalistas. Como sea, esta discusión no nos ha de distraer.

Fueron los  autores ganadores: Luis San José, Luis Javier Ruiz, Elizabeth Villagómez, Fernando Mircala, Javier Bardón, Eva Megía, Esther Ligero, Miguel Ángel Gómez, Maribel Domínguez y Mario Navarro. Mientras que los finalistas fueron: César Sobrón, Zia Mei, Sofía Winter, Antonio Lera, Francisca del Pino, Paqui Castellanos, Genma Gordo y repetían Miguel Ángel Gómez y Maribel Domínguez. Como se puede ver, el certamen atrajo tanto a escritores de la ciudad como a gente aficionada, y si se escribieran los nombres de aquellos que no ganaron, aún se vería más esta cualidad. Habla ello también de la vida cultural de Alcalá y los intereses de los alcalaínos más de la realidad y menos de los carteles y programas turísticos. Cabrá destacar, por mi parte, un relato no ganador ni finalista que escribió y presentó de manera anónima (hizo que lo leyera en falso César Sobrón) el dueño del pub, Raúl García, inspirado en un suicidio. Relato de buena calidad que yo voté alto, aunque, por lo que se dijo, debió ser votado bajo en general. 

Quien esto escribe confiesa que asistí sólo a dos sesiones, participé en una, pero estuve pendiente de lo que iba pasando en las otras sesiones, ya fuese a través de redes sociales o preguntando. Si bien lo de la ausencia de anonimato puede hacer votar por afinidades en lugar de por lo escuchado, habría que tener en cuenta que en ese caso también puede jugar un papel la capacidad que tenga alguien de llevar al concurso a una cantidad interesante de amistades o familiares. Se presupone en esto honestidad y juego limpio, aunque nunca es algo descartable, por lo que en este aspecto quizá debieran reformular las normas. Ahora bien, también creo que juega un papel muy importante la forma de leer y de atraer con la voz, pues yo escuché buenos relatos mal leídos que apenas tuvieron un aplauso discreto y escueto de compromiso, y relatos más sencillos leídos con voz y tonos atrayentes que sacaron bastantes aplausos. Otra cuestión que noté en persona, que el propio César Sobrón destacó en la presentación del libro y que leyendo el libro se nota, es la tendencia a premiar el sentido del humor. En las sesiones que yo estuve y viendo vídeos que se pusieron de otras sesiones, esto lo comprendió bastante gente y parecía más un concurso de monólogos de humor que de relatos. Es legítimo el relato de humor, es difícil de escribir, pero la búsqueda de eso en el público provoca el retraimiento, o puede provocar, de otro tipo de relatos en el futuro. Del mismo modo, leyendo los ganadores, a veces parece también que se ha premiado un tema social en algunos relatos concretos, no tanto el relato. Pero un premio del público es eso en sí: el público premia lo que le gusta por la razón que cada uno considere, sea esa razón la que sea. Si no fuera así sería extraño. El premio del público es lo que es, del público y sus propias razones particulares.

Un horizonte vertical, de Luis San José. Una historia de humor con tonos picantes (eróticos), sobre una pareja que trata de recuperarse físicamente tras el confinamiento de la pandemia de Covid-19 en 2020. Quizá un poco humor costumbrista, dentro de lo pícaro. Picaresca a fin de cuentas, género muy español. 

Seis dedos, de Luis Javier Ruiz. Un relato de terror con tintes góticos, un tanto al estilo decimonónico de Edgar Alla Poe, pero a la vez mezclado con tonos del terror del siglo XX más propio de Lovecraft, en cuanto a seres de otro mundo, demoniaco, que tienen puntos de salida a nuestro mundo y crean ambientes extraños. Tipo de argumento que en cierto modo alimentaron historias de cine como las películas La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) o La novena puerta (Roman Polanski, 1999). Sin embargo, el autor cita el dibujo de una estrella de seis puntas, que es la Estrella de David, judía, siendo que el relato, si sigue el camino que le entiendo, debiera ser una estrella de cinco puntas invertida. Todo sea que se juegue con algo que tenga que ver más bien con los mundos y submundos del Pentateuco, más que con la otra vía. O que sea algo adrede que relanza el relato a algo más y muy diferente a una historia de este talante de terror. O un lapsus.

La frontera, de Elizabeth Villagómez. La huida de una madre con su hija de México a Estados Unidos como migrante legal. Podría haberse adentrado en la emigración ilegal, pero lo trata desde la legal, mostrando actitudes de seguridad, con guiños posibles a racismo, pero que en el fondo es una denuncia social no tanto de eso, sino de la violencia contra la mujer. Contado desde lo que ve una niña a la que le han contado una historia diferente al porqué se van a Estados Unidos, pero que a través de su visión descubrimos la historia encubierta. Esa perspectiva enriquece el relato.

Los tres milagros, de Fernando Mircala. Una historia de humor negro y muy mala leche, corta y directa. Una monja bien intencionada incomoda a otra que la responde en términos demoniacos. Recuerda aquí un poco los guiones de cine de Álex de la Iglesia. Se nota un influjo de lecturas góticas de terror, un tanto oscuras, aunque está escrito a modo de humor negro, muy negro.

La tienda del señor Klaus, de Javier Bardón. Una de las historias que me han parecido más interesantes. El señor Klaus no puede ser otro que Santa Klaus. Un Santa Klaus muy diferente al que conocemos popularmete. Aquí aparece regentando una tienda en Laponia desde la cual, desde hace cuarenta siglos, despacha sueños e historias que al contarlas se pueden hacer realidad. Con un sentido del humor de crítica social y política, Bardón repasa la Historia de la Humanidad mientras un comprador quiere comprar algo nuevo. Ese algo será España, presentada a modo de esperpento, tal como Valle-Inclán la narró en teatro, o Berlanga la mostró en cine. Nos muestra que la verdad en realidad no existe. Escrita con un buen ritmo y bien compensada, no deja de ser ese humor de crítica social, onírico, con fantasía romántica incluida, que podría firmar en artículo Mariano José de Larra sacado de su siglo XIX para ponerlo en el XXI. Si bien es cierto que es uno de los relatos más extensos, por lo que le da más tiempo a trabajar el relato, y menos el impacto.

Díez inviernos, de Eva Megía. Una historia psicológica y dramática que habla de la soledad de una hija tras morir su madre. Soledad que se solventa por la compañía de un perro. Una historia de la soledad irremediable, del paso de la vida y su final, y de comprender que el tiempo pasa y la vida se va. Invita a apreciar el momento y a la gente cercana. Se le nota una cualidad de narración innegable, propia de novela, pero ajustada a lo que es un relato breve. Buena técnica.

Vacío emocional, de Esther Ligero. El más breve de los relatos... y que en su día yo le voté muy alto. Me parece una genialidad. En muy poco texto la autora explica la vida de la protagonista, la psicología y el drama final de una historia que sigue teniendo presentación, nudo y desenlace. Un drama, igualmente. Con mucha potencia. Si de relatos breves se trata, sin duda este, por su calidad y brevedad sería muy destacable. No es fácil manejar la brevedad en la prosa.

Crónica de un Erasmus, de Miguel Ángel Gómez. Otro relato de humor picante, con tonos eróticos y de adicciones varias. Podríamos decir que desde el humor hay una crítica social a lo que es el disfrute de las becas de estudio Erasmus que permiten a los universitarios estudiar un año o meses en otro país de la Unión Europea. Sin embargo, aunque eso está ahí, creo que su mayor peso no es ese, sino el de ser una comedia del esperpento, llevando a la exageración las historias de sexo, alcohol y drogas de los estudiantes Erasmus. Historia de humor esperpéntico que hacia el final tuerce el rumbo al mezclarse con humor costumbrista al aparecer una escena de familia con monja incluida. Una historia que es posible que cumpliera su objetivo durante su lectura, hacer reír. Si una comedia hace reír, cumple una parte importante de su objetivo. La otra parte de la comedia, la de hablar o denunciar algo, sería la de lo que ocurre en el mundo Erasmus.

Te marchaste, pero no te llevaste tu recuerdo, de Maribel Domínguez. Lo innegable de este relato es que Maribel Domínguez es fiel a su propia voz poética. Si uno ha leído los poemarios de ella, o la ha escuchado recitar, se da cuenta de que su voz poética está plasmada aquí, pero pasada a prosa. Podría haber sido un poema suyo. Cumple con la temática y con las voces que suele usar. Un relato de amor, que en realidad es de desamor. Desde un recuerdo de deseo y de anhelo, lo físico pasado permanece en lo metafísico emocional. Una vez más: el vacío, la soledad, la pérdida, el duelo.

¡Ay, María!, de Mario Navarro. Fue uno de los relatos que compitió cuando fue la única vez que yo presenté uno. Le voté alto. Me pareció buen relato. Se trata de un relato de humor, algo diferente a los antes mencionados. Humor negro, otra vez, sólo que disfrazado de humor costumbrista. Un poco a las confesiones de lamento que escribía Miguel Delibes en Cinco horas con Mario, una voz masculina nos comparte su ansiedad ante el agobio que le ocasiona el control que hace de él su pareja. Bien es cierto que el impacto final nos remite un poco a una muy conocida canción de Javier Krahe, Marieta, también de humor y también con un desarrollo similar a este relato, si bien entonces ella también se llama María, Marieta. No es lo mismo, eso es así, es otra cosa, similar, pero otra cosa. Cumple su función de comedia.

Lo dejo a tu erección, de Maribel Domínguez y Mario Navarro. De manera conjunta fueron doblemente ganadores estos dos autores. Es otro relato de humor, esta vez muy altamente costumbrista y muy altamente basado en un humor picante erótico. Una mujer decide invitar a cenar a su vecino más joven porque aburrida en su matrimonio desea seducirle delante de su marido y tener sexo con él a escondidas. Humor de matrimonio gastado, intento de adulterio y confusión. Muy costumbrista. Puesto al siglo XXI, dirá alguno, de acuerdo, pero sigue el mismo canon que estas mismas comedias con sus valores sociales en el comienzo del siglo XX, sólo que esta comedia está al servicio de los valores sociales del XXI.

Querido diario, de Antonio Lera. Con él empiezan los finalistas. Una historia de humor negro que le da una chispa nueva a lo ya leído. En este caso el acierto del autor es hacer metaliteratura y meterse a él y a los organizadores y ganadores del certamen como personajes del relato. De hecho, desliza una crítica al certamen: "No me fío del público, votan por afinidad, así que agudizo la vista para ver qué vota cada uno". Así pues cumple con el requisito de la comedia de hacer reír y de hacer crítica o hablar de algo. En este caso el relato va destinado a la crítica de esa sospecha-rumor que la propia mecánica de votación y lectura antes mencionado hace recelar. O mejor dicho, no a la crítica de la sospecha, sino a dar credibilidad a la sospecha y en consecuencia hacer un acto de justicia macabra. Escrito a modo de diario personal en primera persona, este relato, de entre las comedias presentadas, debía haber sido ganador.

La pasión francesa, de Sophie Winter. Sofía Winter también se muestra fiel a su propia voz poética con este relato, como hizo Maribel Domínguez en el suyo. Quien haya escuchado o leído los poemas de Sofía Winter sabe que este relato contiene sus ingredientes. Metafísica y razones de la naturaleza y el medio que entran e influyen en el alma de una manera personal e íntima. Con una gran trascendencia introvertida el mundo se refleja dentro de ella, que nos habla a modo de reflexión y confesión. A la vez, su mundo se mezcla con los mundos de pensadores y poetas que han hablado antes que ella y que ella al leerlos los ha hecho parte de sí misma. El mundo ya no sólo es su percepción, sino que la percepción de ellos está en ella. Metafísica poética pura y sentimientos de amor al ser y al no ser... y al lenguaje, al lenguaje como única manera de existencia.

Secreto nº 6, de Francisca del Pino. Es un  drama que hace una denuncia social. De nuevo desde la visión de una niña que en la noche se va de la casa junto a su madre y una maleta, mientras duerme el padre, del que se viene a decir, sin decirlo, es un maltratador. Como se ha visto, ya hubo un relato ganador similar. La temática era idéntica, por lo que se hace lógico que este relato llegara a finalista entre el público habitual al certamen, aunque también es arriesgado, pues de la misma manera podría haber sido penalizado. En todo caso, la diferencia entre uno y otro relato está en que el anterior tiene un asidero más literario, mientras este es más áspero y austero, más duro, con algún tinte poético, pero duro, por lo que funciona de denuncia social mucho más directamente. Confronta más.

La triste existencia, de Miguel Ángel Gómez. Este autor fue uno de los ganadores anteriormente, con este otro relato fue finalista. En este caso abandonó el humor y se decantó por el terror gótico en un tono del siglo XIX al más puro estilo Edgar Allan Poe, como ya otro autor hizo en parte. De hecho, comienza citando a Poe. Es un homenaje a Poe y por ello el relato en sí es similar al terror decimonónico, con muertos, almas y ataúdes. Un hombre alcohólizado se queda dormido en la calle por la noche. A pesar de que nota lo que ocurre a su alrededor, no logra despertar. El pavor que le da la falta de movimiento es el nudo de la historia sobre el que se desarrollará la ansiedad que da al terror como se entendía en aquel siglo XIX. El desarrollo hace que se cuele un recurso de un terror más del siglo XX, pero se nota en este relato el conocimiento del autor de las formas románticas del terror clásico.

La gata, de Maribel Domínguez. Maribel fue finalista con este relato, y con él tiene en torno a un quince o dieciséis por ciento de la obra publicada. Para mí, de ella, este hubiera sido su relato ganador. Nos muestra una Maribel diferente a la ya conocida. Una Maribel prosista y no la poeta. La Maribel poeta ya vive en sus poesías, sin embargo aquí nos ofrece algo diferente. Es un relato de humor negro, lo que ya es inédito también en ella, el humor negro. Una madre de familia vive su día a día normal y corriente cuando ocurre algo inusual, pero cotidiano: la muerte natural de la mascota de la casa, una gata en este caso. Desea enterrarla dignamente y para ello la traslada en un viejo bolso. A partir de ahí, cuando sale a la calle, comienza una sutil crítica social sobre la seguridad en las calles. Quizá Maribel debería explorar este lado de su prosa,

Dedicado a mi ordenador, fiel compañero de viajes a través de la realidad y los sueños, de Paqui Castellanos. Un relato introspectivo sobre la soledad, esta vez deseada. En positivo y en primera persona el mundo de la escritura transporta a otra realidad interior a la protagonista. Esto la aleja de la realidad mundana de su casa y del mundo real en general. Ella desea y valora su mundo imaginado, pues en él disfruta. Prima la estética y hasta el ascetismo.

Segundo café, de Zia Mei. Otro relato de introspección en el que Zia, casi a modo de diario personal, nos adentra en su intimidad entre cafés de la mañana, donde en la soledad del trabajo le abordan ideas suicidas de manera ocasional desde su juventud. Perdida en sus pensamientos de porqué ocurre aquello, el relato se va deformando, a modo de experimentalismo, lo que nos indica que también su mente se va dispersando. Pierde la atención sobre su primer objetivo, tomar un café, luego sobre el segundo, pensar sobre porqué piensa en el suicidio, sobre el tercero, sobre el cuarto... y todo se interrumpe en su cabeza, que va dando prioridad a toda primera idea que llega. Esto es en realidad un relato sobre un déficit de atención con el que conviven muchas personas. Inteligente relato. Y es llamativo que fuera experimental y llegara a finalista, aunque probablemente cuando lo leyó el público lo tomara por otro relato de humor. Personalmente no creo que lo sea, y de hecho lo valoro como experimentación.

Reflexiones de un señor soso, de Genma Gordo. Este es otro relato que quizá fue tomado con humor, no lo sé, pero no lo es, aunque entendería que en un público que ha votado a favor de varios relatos de humor costumbrista, se hubiera podido confundir este relato con humor. Es todo un drama muy personalista en el que la autora ha hecho algo muy difícil: meterse en la mente y la forma de pensar de una persona del sexo opuesto (en este caso sería un hombre) reflexionando y sintiendo respecto a su pareja (en este caso una mujer). Es difícil esto. Eso tiene un valor, porque además no lo hace mal, lo hace bien. No lo hace criticando al hombre, intenta comprender su psicología. No es que tampoco lo alabe. Simplemente busca plasmar emociones humanas, como buena literata. Está para contarnos una historia. Es la historia de un señor que ha llegado a la sesentena de años y se lesiona por intentar darle gusto a su mujer que quiere hacer senderismo por el campo. A partir de ahí se nos cuenta desde la reflexión interior de él porqué salió a hacer senderismo aunque no le atrae y la historia de un amigo suyo y lo que pasó en su matrimonio. Es una historia de amor, no desde lo pasional, sino desde el amor consolidado y asentado (y es la tercera obra escrita este año por alcalaínos que tratan este tema, las otras fueron la novela Saltando sobre los charcos, de Antonio Moreno, y el poemario La huella no será inocente, de Carmen Nieto). Si bien es verdad que la autora tiende a dar por vencedor los deseos de ella, por tanto no a comprender del todo todas las necesidades posibles de él, no es menos cierto que hace algo que muchos autores y autoras actuales no hacen: decir que los hombres también aman y hacen cosas por amor, y no por sexo tan sólo o egoísmo material. Es un relato amable, agradable, estuvo bien leerlo.

Verde lima claro, de César Sobrón. Un relato totalmente onírico donde las imágenes y los colores alteran las emociones de la voz narradora, que, enamorado, se funde con su amada, que a la vez, en una misma manera de sentir, le ocurre lo mismo con él. Una invitación a lo sensorial y lo sensual que, en el mundo, si uno atiende a sus percepciones, nos llevan a amar. El amor como respuesta a lo que es la vida y el mundo que se nos ofrece. Hay tintes surrealistas y de la literatura de lo sensorial. Parece que también pudiéramos caer en este relato en la poesía.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 26 de octubre de 2024

Relatos impresionistas

Título: Relatos impresionistas
Autor: César Sobrón.
Editorial: El Alquimista Ciego Editores.
Año de publicación: 2018 (1ª edición; prólogo de Puri Sánchez Piqueras -editora-).
Género: Relatos breves; Ilustración; Memorias.
ISBN: 978-84-948207-9-3



El autor César Sobrón, ya conocido en estas notas, publicó en 2017 un libro de relatos breves de ficción con la editorial El Alquimista Ciego Editores. Se llamó Relatos impresionistas. Prologaba el libro la propia editora, Puri Sánchez Piqueras, quien además maquetó y diseñó el libro, así como la cubierta. Lo hizo en un tono granate que enmarcaba un cuadro un retrato impresionista. Había realizado la fotografía de tal cuadro otra autora residente en Alcalá de Henares, Elisabeta Botan. Dentro del libro acompañaban a los relatos algunas ilustraciones y fotografías realizadas por el autor, César Sobrón, tratadas de modo que parezcan cuadros en blanco y negro. Entre algunas de esas imágenes aparecen rincones de Alcalá de Henares. La cuestión no es algo meramentre estético, pues los relatos tratan de establecer lazos entre las imágenes pictóricas y la literatura. Queda así una serie de impresiones tanto en imagen como en aquellas historias que no las dibujan. Busca ser, en palabras de Sobrón en la contracubierta un enlace de equilibrio entre el fondo y la forma, por lo que narrativamente sí hay una búsqueda de estética, aunque intentando entrar o rozar los límites entre la utopía y los problemas sociales reales. Quizá por ello elige el estilo impresionista, pues el libro tiene mucho de ello desde la literatura. Manchas de color que en la distancia forman la imagen, la escena, y la idealizamos y formamos, aún a pesar de que de cerca sólo son pinceladas de colores sin seguir el trazo del dibujo lineal. Lo indefinido, a cierta distancia, forma lo definido, los pequeños sucesos o actitudes forman el relato en su conjunto. Podría pensarse que el caos crea el orden, o que el orden parte del caos. Pero en realidad, para quien esto escribe, los pequeños detalles de cada aspecto de la vida propia y ajena no son necesariamente caos de cuestiones inconexas. El autor nos plantea el debate sobre ello con sus relatos.

Puri Sánchez, la editora, en su prólogo, también nos exhorta a entender el impresionismo desde su corriente literaria, como la que protagonizó Marcel Proust a comienzos del siglo XX. Se trata de una literatura basada en captar las emociones y explicar las historias desde estas, no tanto desde una historia lineal o desde las acciones del protagonista. Lo reflexivo y lo intelectual en esta literatura cede el espacio a la captación sentimental y emocional ante los hechos que se van sucediendo. Así se narran estas historias. No se trata tanto de novelas de psicología, como las de los autores rusos de ese mismo comienzo del siglo XX, si no de relatos trazados y construidos a través de lo emocional. Lo que captan los sentidos del mundo y la vida es lo que construye la historia a narrar. 

Se trata de siete historias, "Chatarra", "El premio", "La roca", "Al ocaso", "La cuneta", "Lápida" y "Una historia".  Siguen el estilo propio de Sobrón basado en la sencillez y el estilo que habla directamente al lector. Usa de diversas voces narrativas, según el relato, aunque a veces nos da la impresión de si no habrá algo de autobiográfico en algunas partes, y es bastante seguro que sean relatos autobiográficos, lo cierto para el lector a este respecto es que lo que sí es probable es que el autor le dote de su propia visión del mundo a sus personajes y sus reflexiones. Al mencionarse Alcalá de Henares y otros lugares por donde ha pasado Sobrón, como Benidorm, más el uso de la primera persona del singular, es lo que nos pone en la alerta de ese posible tono autobiográfico desde relatos contados a través de percepciones y sensaciones ante lugares y sucesos. En ese sentido tendrían también algo de memorias, hasta cierto punto, con tratamiento literario, aún a pesar de que hay relatos donde el protagonismo es de otras personas.

Aunque en anteriores notas ya hemos mencionado varios aspectos biográficos de Sobrón, recordaremos que nació en Vitoria (Álava, País Vasco) en 1958. Se licenció en la Universidad Laboral de Cheste en 1972 y en 1975 se trasladó a la de Alcalá de Henares. Entre 1977 y 1979 dirigió la revista juvenil Mía y fue parte del grupo cultural Formas, de Vitoria. Precisamente desde finales de la década de 1970 comienza a escribir interesándose por publicar poemas y relatos. En 1979 fijó su residencia definitiva en Alcalá para cursar los estudios de magisterio en su Universidad, recientemente abierta, por lo que es uno de los primeros alumnos que tuvo. Ejerció como maestro durante cinco años. Participó de la vida cultural alcalaína de la Transición junto a otras personas hoy día en auge de la recuperación de su memoria local. Tal participación nunca fue interrumpida, incluso hoy día. Tras su periodo de maestro trabajó de guía turístico correo entre España, Francia, Bélgica, Italia, Portugal y Andorra.  Así comienza a publicar algunos libros ya en la década de 1980. En 1988 nació su primera hija y se dedica plenamente a su familia y su obra literaria, con cierto interés por la música, especialmente con carácter de música étnica y música del mundo, pero también ha realizado esculturas y muebles que han sido expuestos temporalmente en Alcalá de Henares. En 2015 comenzó una relación más intensa con otros creadores de la ciudad a través del bar El Laboratorio, de Julián y Zia Mei, con quien mantiene una relación creativa al pasar esta a diseñar y maquetar sus libros varios de sus libros.  Si bien en los últimos años a veces hay temporadas que reside en la costa Mediterránea, su residencia y lazos siguen activos en Alcalá de Henares.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 19 de octubre de 2024

Ecos y dudas

Título: Ecos y dudas.
Autor: César Sobrón.
Editor: César Sobrón (autoeditor)
Impresor: Safekat.
Año de publicación: 2024 (1ª edición; prólogo de Sofía Winter).
Género: Aforismos.
ISBN: 978-84-09-63818-5

 

César Sobrón ha publicado en el otoño de 2024 un libro dedicado única y exclusivamente a aforismos y sentencias suyos, Ecos y dudas. Nuevamente ejerce de autor y editor, tal como en los últimos años ha gustado hacer, pues encuentra, como tantos otros autores de nuestra actualidad, cierto gusto en poder controlar su obra al máximo, hacer lo que se llama una obra total. Aunque lo cierto es que repite en la maquetación del libro y diseño de las cubiertas a Zia Mei, quien ya ha trabajado y dejado su seña de identidad en varios de sus libros más recientes. prologa el libro la poetisa Sofía Winter. Posiblemente en toda esta obra Zia Mei ha podido jugar un papel relevante para que los sucesivos aforismos que aparecen cuadren en sus orden en sus páginas sin que queden partidos de una página a otra, creando una armonía estructural. Del mismo modo que, conociendo la trayectoria de Zia Mei, en la cual siempre trata de dotar a cada libro de su particular marca de identidad, tenemos en esta ocasión un libro en rústica solapada cuya cubierta al desplegar su solapa muestra el signo español que abre una interrogación (en otros idiomas sólo existe el que la cierra), mientras que si la solapa no se despliega este se mantiene oculto como una mera curva roja sobrepuesta sobre cuadros de colores que dejan paso a un clarísimo blanco sobre el que se lee el título de la obra y el nombre del autor, así como la prologuista. Sofía Winter eligirá varios aforismos de Sobrón para analizar la figura del autor como persona reflexiva que se dedica a meditar mucho sobre el alma humana, la educación, el amor y la vida en general. Ciertamente está bien enfocado, pues es conocido que Sobrón, al margen de autor de poemas y relatos es una persona profundamente espiritual en un sentido de unión con la vida y el amor que le lleva a pensar y razonar abundantemente sobre diversos aspectos del ser, la sociedad y de la existencia. Por ese motivo quepa cierta lógica que haya creado esta obra con trescientos noventa y siete aforismos de su pensamiento.

Iniciaba estas notas citando que era un libro de aforismos y sentencias, si bien el Diccionario de la Real Academia equipara ambos términos a lo mismo. Personalmente pienso que un aforismo puede quedar abierto a la reflexión del otro, mientras que una sentencia, aún pudiendo ser reflexionada por el otro, es más rotunda como un pensamiento total de quien la pronuncia. Ahora bien, la Real Academia Española no ve ni contempla esa diferenciación. El propio Sobrón ya nos apunta en el título que también contiene dudas, pues varios de sus aforismos se formulan en realidad como preguntas, y no como afirmaciones o negaciones. Sea como sea, quepa decir que en todo caso podríamos hablar estrictamente de eso, aforismos, sentencias y dudas que invitan a pensar al lector, aunque en algunos casos son afirmaciones rotundas (lo que yo consideraría sentencia pura). No entra aquí otros términos de este tipo de literatura y pensamiento humano que sí diferencian los académicos de la lengua, tales como los refranes, que suelen ser más largos y se desarrollan contando una pequeña historia con moraleja aleccionador; los proverbios, que se orientan a dar consejos al oyente; y los apotegmas, que son dichos con carácter de sentencia pero formulados para crear o ser recibidos con sentido del humor. El aforismo en sí, sin embargo, son apreciaciones de quienes los formula, con un carácter reflexivo y de seriedad que pueden ser dirigidos al oyente para aleccionarle o simplemente para que reciba el pensamiento o conocimiento de quien lo formula. 
 
Entre los principales autores de sentencias, que por lo común son recogidas habitualmente por otras personas que no son el propio autor, suelen abundar jurisconsultos, pensadores y políticos de la Antigua Roma, pero también de la Antigua Grecia, aunque toda la Historia de la humanidad está llena de numerosos personajes de todos los ámbitos con sentencias muy apreciadas. No confundamos, por otro lado, las reflexiones y poemas breves de las culturas de Extremo Oriente.

Sobrón desgrana aquí sentencias de todo tipo que sin bien cada cierto tiempo se agrupan de dos en dos páginas sobre una temática, van y vienen como olas que componen el mar. Encontraremos numerosas reflexiones sobre la educación, descubriendo a Sobrón como una persona tendente a la educación libre del niño desde un punto de vista que se podría considerar próximo a lo libertario y muy crítico con los sistemas educativos cerrados que castran las libertades en la formación de la personalidad del individuo en sus edades tempranas. "Hemos de asumir que todas nuestras verdades son creencias", dice.

Pero tanto en esa educación como en el total de la vida, Sobrón siempre tiende a su visión particular donde el amor ha de ser la única clave capaz de mejorar la vida individual y también la social. Promociona el amor como el todo, como la clave de la existencia humana, "Al final el amor regalado es lo que queda. El resto, vanidades". Ahora bien, en esta visión del amor como medida de la razón del ser, Sobrón también traza un camino, el de la honestidad, la sinceridad y la pureza, siendo muy crítico con todos aquellos que practican la vanidad, el egocentrismo, la arrogancia... "La ética aporta al individuo la belleza en su mirada".
 
 También nos lleva a reflexiones sociales que nos llevan a críticas políticas generales contra la guerra, la intolerancia, o los defectos de la democracia que pueden llevar a un autoritarismo paradójicamente contrario a la libertar, desprendiéndose hasta cierto punto un aire libertario en Sobrón, aunque también orientalista desde lo espiritual, "No hay mayor traidor a la patria que un político que miente,ni mayor ladrón que un político corrupto". Sobrón se transforma en un moralista como en tiempos de la Antigüedad clásica y en ese sentido también analiza los problema de la sociedad que impiden la felicidad de todos sus individuos, "Mientras existan los suicidios, ninguna sociedad podrá presumir de equilibrada y justa"

Lanza sus reflexiones como resultado de su análisis, dejando la reflexión al lector  de manera más concreta en aquello que nos lanza a modo de preguntas, "Analizando los sistemas educativos del siglo XX y comienzos del XXI, ¿podemos afirmar que existen democracias en el mundo?". "¿Son los ejércitos invasores una banda de asesinos uniformados?".

Soía Winter afirma en su prólogo que el objetivo final del autor en este libro es el crecimiento personal propio y el del lector a la vez. Quede el ejemplo que ella misma expone: "Suenan alegres las aguas que se mueven. Las estancadas sólo huelen, hieden".

Sobrón ejerce de tutor en este libro donde repasa todo aquello que le motiva a reflexión y que ha marcado, sin duda, su forma de ver y vivir la vida. 

 

 Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 2 de junio de 2023

Otredad / Cuando los recuerdos se evaporan

Título: Otredad / Cuando los recuerdos se evaporan
Autor: César Sobrón. 
Edita: César Sobrón Fernández (autoedición).
Imprenta: Safekat.
Año de publicación: 2023 (1ª edición; Prólogo de Daniel L.-Serrano "Canichu").
Género: Poesía.
ISBN: 978-84-09-50992-8
 

El muy prolífico César Sobrón, que lleva escribiendo desde la década de 1970 y publicando desde la de 1980 más de una treintena de libros tanto de poesía como de prosa, ese autor tan apegado también a la musicalidad, nos presenta en un volumen dos libros en este 2023. Pareciera que publica un libro, pues el lector suele tender a confundir el objeto material con el intelectual. Son dos libros en un solo volumen. Otredad abre nuestras delicias de leer poesía y, tras estas palabras a modo de esos "interlogos" que en la parte trasera de las corbatas unen los dos extremos de la tela anunciando al fabricante, podemos continuar con Cuando los recuerdos se evaporan. Quizá puedas preguntarte si se trata de dos libros que forman dúo, una primera y segunda parte. No lo son. Sin embargo, aunque ambos son diferentes y sus temáticas apuntan a otra cosa, bien leídos con reflexión podemos entender que de lo que se desprende en Otredad tenemos que se nos explica cómo se ha llegado al cariño humano y familiar que se desprende de manera intima de los poemas de Cuando los recuerdos se evaporan. Dos mundos que son uno.

El libro ha sido autopublicado por César Sobrón, como es ya una marca propia que le garantiza el resultado exacto que él quiere en su obra. Ha sido maquetado de nuevo por Zia Mei, incluyendo ilustraciones en las portadas, y contiene el citado "interlogo" que funciona de enlace entre los dos libros escrito por quien esto escribe, Daniel L.-Serrano "Canichu".

Cuando fue surgiendo Otredad no estaría en la mente del poeta esa relación con el libro que le sigue, aunque pudiera que poemas de ese segundo libro estuvieran surgiendo. Los caminos de la vida llevan a los poetas a menudo a tener una mente tan activa en todas sus preocupaciones que ocurre que poemas que encajan para unas cosas no encajan para otras que van mejor en otras tonalidades, siempre y cuando el libro no sea una recopilación de poemas, sino una obra pensada y con dirección, como es el caso en cada libro. Que de las reflexiones poéticas del primer libro pueda sucederse la consecuencia de los hechos del segundo es una afortunada secuencia, pese a lo dramático.

Dramático, sí, pero en César Sobrón nunca hay dramatismo total. En su forma de comprender la vida el amor y la fusión con el otro, la empatía más humanizada, es lo que mueve el mundo. Lo lleva en la sangre el propio autor en su vida diaria y suele reflejarse en diferentes grados en el resto de la obra. Hay siempre optimismo ante la vida y consejos para el viaje propio de cada lector.

Otredad pudiera servir de enorme prólogo a Cuando los recuerdos se evaporan, aunque es evidente que más de la mitad del volumen es ese primer libro. En él, en una serie de poemas breves, en los que César Sobrón se siente cómodo y se desenvuelve de manera sencilla también reflejo de su propia forma de entender la vida y las relaciones sociales, nos despliega toda una filosofía de vida. La otredad es el estar uno dentro del otro, el reflejo del uno en el otro, la empatía del uno al otro y la comprensión de los qués del otro. Otro que incluso en el primer poema se refleja que puede ser uno mismo, reflejado en el espejo, pues uno mismo cambia y no sólo cambia, sino que se puede ver desde su ombligo mientras el espejo le refleja su cuerpo entero.

Se analiza a lo largo de todos estos poemas las razones de egocentrismo desde la crudeza de la realidad de que somos en tanto no porque nos veamos, sino porque nos ven y cómo nos ven, del mismo modo al revés. Tiene en ese sentido un cierto punto de existencialismo.
 
(…)
Pero nosotros somos otros,
somos ellos. Ellos lejanos
ellos lejanos para los ojos ajenos.

Parte de esta idea sencilla sobre el cuestionamiento de los autoengaños y de los reconocimientos del otro, del yo, del tú, él, nosotros, vosotros y ellos… y del ello. Del ello porque los poemas se irán complicando en la temática desde una propuesta de versos sencillos de entender y dulcemente musicalizados por la repetición de fonemas. Como los libros de filosofía, se parte de los cimientos estableciendo una base muy básica para ir a lo más complejo. De ese modo comienza a hablar de las personas cosificadas, de la necesidad de los reconocimientos al otro, de los que usan sus ideas propias para someter al resto a ellas, de los inmigrantes que mueren en el mar buscando el cambio de su realidad de África a Europa… y en medio de todo esto las trampas que torpedean precisamente que fluya la sinceridad entre nosotros y permitan así hacer una vida más utópicamente feliz, trampas como los que mienten o se mienten a sí mismos, la arrogancia, o los que valoran las cosas más efímeras ignorando que la vida se compone de valores más universales.

(…)
Seducir a los esclavos
para que luzcan sus cadenas
con orgullo por las calles,
atados de pies y manos
con férreo bozal en la boca.
(…)

Hay en el poemario una doble vertiente entre lo más puramente humano como mensaje para vivir la vida mejor reflejándonos en el otro y dejando reflejar al otro, pero también un claro mensaje muy unido que lleva a la denuncia social. Probablemente sea el libro con más denuncia social de César Sobrón. Pero el lector ya habrá leído todo esto cuando esté leyendo este interlogo cuyas palabras van después. O no. Yo no lo sé. Por lo que le sobren estas explicaciones.

Comprender al otro es todo un preludio al cambio de tono en Cuando los recuerdos se evaporan. César Sobrón nos prepara para entender que buena parte del amor es en su mayoría la identificación con el otro y que es el amor el que compone el mundo, al menos, lo mejor del mundo. ¿No sería deseable vivir en un mundo mejor, o sea con más amor? Pues ahí entra en juego la otredad. Ponerse en el lugar del otro y el otro en el nuestro. Filosofía y poesía que caminan por la utopía, pues el mundo es mundo e incluso en la aplicación del amor existe la distopía… y hasta la ucronía que nos lleva a engaños y a infelicidades por deseos en falso. Pero lo de Sobrón no va por ahí, va por presentarnos todo un modo de entender la vida: el amor. El amor entendido ampliamente, el amor al otro y el amor a uno mismo, el amor a la vida, el amor a la existencia entera.

Por eso llegamos a Cuando los recuerdos se evaporan y se nos llena el alma de drama. Este segundo libro es un poemario más breve, pero más intensamente íntimo. Dedicado a familiares del autor, nos relata a lo largo de varios poemas más viscerales, pero reflexionados, la evolución de cómo el “yo” de una persona se va evaporando poco a poco a través de una enfermedad neurodegenerativa, el Alzheimer, la cual lleva al que padece a una regresión progresiva y a unos olvidos vitales que desembocan al cabo del tiempo en la muerte.

Al mismo tiempo queda reflejado el amor del autor hacia ese “yo” que desaparece. La existencia de ese “yo” sólo queda garantizada a través de la otredad de quien le quiere, quien está con él. Ahí está el amor, construido esencialmente de otredad.

Una mirada serena.
Un abrazo tranquilo.
Un leve suspiro.

Pero el poemario trata de empatizar y meterse en la cabeza de la persona que no se reconoce en el espejo, que no controla su esfínter, que no sabe quién es el otro. Describe un panorama desasosegante visto desde fuera, pero tratando de entrar en la mente de quien pierde precisamente la mente.

Sólo cuenta el instante,
la acción del momento.
El pasado murió.
El futuro no existe.
(…)

He aquí que de la utopía defendida en Otredad, llegamos a la distopía de Cuando los recuerdos se evaporan. Llegamos al choque de la idea con la realidad. Y sin embargo César Sobrón lo hace con tanto cariño y comprensión, con tanta otredad, que lo que pudiera ser un poemario oscuro y angustiante él lo hace ejemplo de amor y vida hacia el otro, en ayuda del otro.

Otredad y Cuando los recuerdos se evaporan no son primera y segunda parte de una sola obra, son dos obras diferentes, pero son dos obras que se explican entre sí tanto que su hermanamiento y enlazamiento en un único volumen en su primera edición es un acierto del poeta. De lo que pareciera un libro de reflejo de vida sale otro que da un giro de efecto y nos descubre para qué sirven las ideas: para vivir, para hacer un mundo mejor. La otredad: el amor al otro.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".
Publicada como "interlogo" en el volumen con los dos libros.

domingo, 12 de junio de 2022

En la fusión de dos mundos impares

Título: En la fusión de dos mundos impares
Autor: César Sobrón (poemas); Zia Mei (ilustraciones). 
Edita: César Sobrón Fernández (autoedición).
Imprenta: Safekat
Año de publicación: 2022 (1ª edición; Prólogo de María Jesús Montemayor).
Género: Poesía; Ilustración.
ISBN: 978-84-09-37940-8

 

César Sobrón cuenta ya con treinta y dos libros entre obras publicadas e inéditas. En su libro más recientemente publicado colabora con Zia Mei como ilustradora. Es en ese libro más recientemente publicado que nombra toda su obra dentro de la solapa interior de la cubierta. Aunque tal libro ha salido a la luz en 2022 con hasta dos presentaciones en el Pub O’Maylley’s de Alcalá de Henares, con acompañamiento musical de él mismo, en realidad fue un libro escrito en 1990.

César Sobrón, ya presentado en estas notas, nació en 1958. Se ha interesado por la música más étnica y de raíces, por lo que suele acompañar sus recitales de poesía con sonidos de instrumentos vascos, centroeuropeos, asiáticos, africanos y de otros lugares. Así mismo ha solido buscar la musicalidad en sus poemas. Como ya se ha anotado sobre él, también ha escrito prosa, pero fundamentalmente tiene una obra poética. Comenzó a adentrarse en las cuestiones artísticas en 1972, aunque no publicó su primer libro, Retazos andaluces, hasta 1986.

Este libro que anotamos hoy se llama En la fusión de dos mundos impares, cuya creación es de 1990, aunque por el texto de algún poema podríamos pensar que, por contexto histórico, algún poema fuera de 1991. El proceso de composición, en todo caso posiblemente comenzó dos años antes, en torno a 1988, pues la obra es en realidad una compilación de poemas de amor a María Eugenia Heras, Ieni, su pareja, a la que conoció precisamente dos años antes de crear esta obra. Así lo explica y lo deja traslucir en la obra, pero es explícitamente mencionado en el antepenúltimo poema.

Se trata de un extensísimo poemario de más de doscientos poemas breves acompañados de ilustraciones de Zia Mei, nacida en León  en 1973, también es una dinamizadora de eventos culturales en Alcalá y ha intervenido en muchos libros complutenses recientes. Animado por Ieni a publicar estos poemas en 2022, César Sobrón invitó a Zia Mei a participar. No era la primera vez que colaboraban. Después de ilustrar Cuentos al canto del gallo (2014) de Consuelo Giménez, aportó ilustraciones para varias publicaciones y carteles hasta que el siguiente libro que ilustró solo ella fue Relatos impresionistas, de César Sobrón. Posteriormente ilustraría Rota, de Mariam González, y participaría con más ilustradores de una edición ilustrada del Romancero gitano, de Federico García Lorca.

En este caso, los coloridos dibujos de Zia Mei quedan acotados a uno solo en color, justo en la portada de la cubierta, donde sobre fondo blanco vemos un pozo por el cual una cornucopia lanza sus bienes frutales a un pozo sujeto por una polea que tiene al otro extremo otro pozo sujeto por otra polea y por donde sale una especie de detritus que bien podría ser una defecación como humus para que vuelva el proceso de la vida. Si se le da la vuelta al libro la posición de las bocas del pozo es válida también para que la boca de abajo sea la de arriba y al revés. Es un resumen de visión de dos mundos impares, o sea diferentes, que se fusionan y se necesitan para poder continuar y completar la vida. Es también la ilustración y tema de un poema, y es un resumen poéticamente estético de la idea el libro, la vida que crea vida mediante a través de ser elementos complementarios.

En la contraportada aparece un breve comentario de Ieni Heras, mientras que el prólogo queda reservado para María Jesús Montemayor. El libro fue sacado adelante y publicado por el propio César Sobrón. Como se ha dicho es un libro muy extenso, con un muy elevado número de poemas, lo que hace que a veces haya que tomar descansos, salpicados algunos de ilustraciones en blanco y negro de Zia Mei. Entre ellas el preciosismo de que las páginas pares e impares tengan maquetaciones de página y encabezados diferentes, pero iguales entre sus iguales. Siendo además que la paginación par cae en la parte superior acompañada de un pescado, mientras que la impar cae en la parte inferior acompañada de un pájaro. Solo hacia la última página pescado y pájaro se juntan. Es por tanto un libro cuidado, preciosista en el detalle estético que, por otra parte, también maquetó Zia Mei, con lo que jugaba la ventaja de tener una visión total de lo que quería hacer entre ilustraciones y acabados de maquetación. Todas las ilustraciones están en líneas claras, prácticamente no hay ninguna con sombreados. Siguen un estilo conceptual en línea con los poemas que ella elige ilustrar, aporta Zia Mei una visión surrealista a la obra, visión muy personal suya, pues César Sobrón no es un autor que recurre al surrealismo, suele ser muy directo y centrado en ideas concretas. Valga por destacar los cuerpos de mujer y hombre cuyo interior son carreteras con rotondas, las cabezas tuertas que han lanzado sus ojos al aire, dos serpientes mordiéndose mutuamente la cola en forma de corazón, un león con pata de cabra y cola de dragón, formas surrealistas, innumerables hojas con entramados interiores que nos recuerdan un poco el arte islámico, entre otras muchas imaginaciones siempre fecundamente imaginativas. Es una combinación de estilos, uno desde las letras, otro desde la ilustración, que hace honor al título, En la fusión de dos mundos impares.

César Sobrón es un autor que tiende a la poesía sencilla. Simplifica los recursos a un texto claro desde el que lanzar ideas que conforman toda una visión de la vida, una forma de vida. Básicamente esa idea consiste en el amor al otro, en el amor de pareja como motor, en el respeto al otro sin que el amor implique que una de los partes se vea sometida o dependiente al extremo de la otra, en la diferencia que nos complementa y nos completa cuando nos respetamos, en la belleza de lo sencillo como secreto de la vida, la humildad, la generosidad y el apoyo sin nada a cambio, aunque se reciba complementariedad. Todo esto, en este poemario concreto, lo centra evidentemente a su amor por Ieni. Prácticamente nos narra su relación con Ieni en un lapso de tiempo que puede ser esos dos años. Incluye incluso una referencia a un embarazo de Ieni. La pareja real tiene dos hijas. Estos poemas probablemente fueron creados como pequeñas composiciones de César para ella en principio dentro del desarrollo de sus vidas privadas, por lo que su aparición en libro es lo que hace que sean una compilación, y como tal casi sirven también de relato de esa historia de amor. No falta en el poemario algún poema donde parece que hubiera alguna crisis cuando se habla de la tristeza de Ieni que César poeta desea solucionar. De ese modo este libro nos abre las puertas a su intimidad, hablamos de la intimidad más emocional de su enamoramiento, aunque aparece algún poema ligeramente erótico o que trata el tema erótico desde una visión de amor muy sentimental incluso tratando un asunto carnal. Evidentemente lo carnal y lo sentimental son dos partes de lo mismo en un amor verdadero entre dos personas.

No es la única temática del libro. El amor entre ellos es fundamental como tema central, se trata desde varias situaciones emocionales, siempre con cierta veneración de él por ella, pero no es la única temática. Unos pocos poemas pondrán el contexto histórico de su tiempo de escritura. Apuntan directamente a un panorama bélico ante el que César Sobrón se declara abiertamente contrario. Se trata de la Primera Guerra de Irak, también conocida como Guerra del Golfo Pérsico y Crisis del Golfo Pérsico, que se produjo entre 1990 y 1991 tras invadir Irak al pequeño Estado de Kuwait en busca de una salida al mar y ampliar sus ya enormes reservas de petróleo. Esta guerra movilizó a Estados Unidos en favor de Kuwait y por esa misma movilización a sus aliados de la OTAN y la SEATO. Un año antes, en 1989, había caído el Muro de Berlín y a lo largo de 1990-1991 el Pacto de Varsovia estaba en descomposición. La propia Unión Soviética desaparecería en los últimos meses de 1991, pero entre los avisos y preparativos de guerra en 1990 y la guerra en sí centrada en los primeros meses de 1991, la Unión Soviética llegó a amagar con intervenir a favor e Irak, cosa que no hizo por lo evidente de su propia situación interior. Era el final de la Guerra Fría. Aquella guerra de 1990-1991 fue la primera en la que España participaba internacionalmente en muchas décadas, a la vez que era la primera que contaba con una gran cobertura mediática casi en directo y con modernas armas de precisión. Fue además un desastre ecológico de enormes dimensiones. Los bombardeos nocturnos se retransmitían en los telediarios para gran escándalo de una época en la que nunca se había visto antes una guerra en directo, en el mismo momento. Hubo movilizaciones contra la guerra y estos poemas en el poemario de Sobrón evidentemente responden a ese momento de gran tensión internacional. Tienen un carácter pacifista y de denuncia contra los que promueven las guerras y contra sus intereses, siendo la vida el mayor bien posible. Tiene en cierto modo un dedo acusador a Estados Unidos, protagonista de esos bombardeos y con intereses en el petróleo iraquí. No olvidemos que esta guerra empalmará en el futuro con la Segunda Guerra de Irak iniciada en 2003 como derivación de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Como sea, algunos de estos poemas hacen pensar que la composición del libro no acabó en 1990, sino en 1991. Pone al libro de actualidad y atemporal, no solo por el amor siempre actual y atemporal de César e Ieni, y el amor mismo en sí como atemporal y actual, sino también como denuncia de todas las guerras, como algo contrario a la vida, por tanto al amor. César en ese sentido no mencionó explícitamente el conflicto de Irak ni a ninguno de sus protagonistas, aunque se hace evidente si se piensa en su contexto, por ello mismo en una situación de hoy día en la que la Federación Rusa ha invadido Ucrania y el mundo anda lanzando acusaciones y advertencias de guerra internacional como en aquellos días, el poemario en esta parte es un poemario de actualidad.

(…)
Sufrimiento innecesario.
Obstinación obstinada.
Destructura destrucción.
(…)

Dice en uno de esos poemas contra la guerra. Uno, por otra parte, de los más largos del libro que la propia Zia Mei, captando la esencia del contexto y la actualidad del momento, ilustró a doble página con un águila con las alas extendidas. El águila calva es el animal símbolo de Estados Unidos, y en la Rusia actual un águila bicéfala es el suyo.

La sencillez de César busca su acomodo en las reiteraciones diversas. Abundan en él los paralelismos entre versos, las anáforas, las aliteraciones, las enumeraciones, la repetición de comparaciones y metáforas, etcétera.

Azul es la tinta que recorre
la blancura de tu piel.
Azul es la porcelana
que envuelve la blancura de tu piel.

Tinta para diluir
las dudas y sus abismos.
Cielos para construir
realidades y paraísos.

A menudo esto hace que muchos de los poemas parezcan breves reflexiones muy al estilo de las que escriben a modo de poemas muchas y muchos poetas muy jóvenes en las redes sociales de unos pocos años a esta parte. Alguno de los poemas se aproximan a una especie de haiku japonés, lo que no es de extrañar, pues César Sobrón también ha trabajado estos poemas orientales en otros poemarios, alguno de ellos quizá de composición coetánea a estos poemas.

Solo me siento
y me siento solo,
y mi soledad me hiere.

En este ejemplo no contendría la asimetría donde los japoneses encuentran la perfección y belleza, pero sí condensa el ejemplo de reflexión casi al estilo oriental que César parece trabajar en ocasiones.

La libertad es otro de los temas que flota entre todos los poemas, en ocasiones, pocas, parece que se colaran referencias a algunas ideas ya lanzadas por Miguel Hernández y cantadas por Joan Manuel Serrat, aunque con giros considerables.


Para tu vientre
Tengo reservados los mejores bailes
Los ritmos calientes

El primer verso sin duda nos recuerda aquel de “salvo tu vientre”, donde Hernández escribía a la vida centrándose en la vida que su esposa gestaba de su acto de amor.

El poemario está escrito siempre lejos del conflicto, desde una visión muy positivista. Sobrón escribe su visión de la vida, a veces pareciera hacer recomendaciones sobre la vida al lector, en torno a vivirla en el momento y con amor, sin otro agobio, pero prácticamente queda resumido en el siguiente poema:

 Ieni llena.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 25 de agosto de 2019

Albium-Sarat

Título: Albium-Sarat
Autor: César Sobrón. 
Edita: César Sobrón Fernández (autoedición).
Imprenta: Artes Gráficas R.M.
Año de publicación: 1988 (1ª edición; Introducción de Tuco Nogales).
Género: Poesía.
ISBN: 84-404-2527-9


Ya habíamos presentado a César Sobrón con El paje pelirrojo. Hoy anotaremos el que fue su segundo libro, el poemario Albium-Sarat. Fue sacado a la luz en 1988 a modo de autoedición del autor, mediante una imprenta de Torrejón de Ardoz, Artes Gräficas R. M., en formato de bolsillo y en rústico. Contaba además con páginas en color verde pistacho y amarillo crema, entre las que se encontraban otras de mayor gramaje en las que aparecían pinturas de Salvador González Braojos fotografiadas por Jacinto Pantoja. El cromatismo se acompaña de las fotografías en color de esas pinturas abstractas, pero también de que no se usa tinta negra para las letras de los textos, sino tinta marrón oscuro. Antes de dar pie a los poemas, Tuco Nogales daba unas palabras introductorias en unas dos páginas en las que venía a decir, muy entusiastamente, que nos encontrábamos ante un libro de poesía muy intuitiva.

Las páginas verdes eran las que contenían intercaladas casi la totalidad de las páginas con las pinturas. En estas páginas aparecían poemas dedicados a mujeres, cada uno de ellos nombrado con su respectivo nombre, a veces con nombre y apellidos. Se trataría de mujeres reales en la vida de César Sobrón, ya sean familiares o amistades. De hecho el primer poema está dedicado a Ieni, que sin duda es Ieni Heras, a través de él le dedica y ofrece todo el libro. En los primeros versos de ese poema dice:

Como muestra de mi unión en ti,
te ofrezco este libro de sentimientos
grabados en paz y a silencio.
(...)

Precisamente eso es algo que gira en estos poemas de César Sobrón, la expresión de sus sentimientos y sus deseos hacia esas personas que le son cercanas. En poemas que son muy breves trata de describir algún elemento esencial de la forma de ser de la mujer a la que escribió, y en ciertos momentos a través de alguna actitud característica. No obstante en el poema que le dedica a la hoy veterana y pionera periodista de la Transición y fotógrafa alcalaína de la prensa local de esta ciudad, Pilar Navío, la capta a la perfección en sus versos, cosa que este cíclope librero puede corroborar al conocerla también, aunque yo desde 2011, o sea: a una edad más tardía que en esos versos de 1988 que tan bien la recogen.

Pilar fuerte emergiendo de la duda.
Pilar de fuego caliente que abrasa.
Pilar, soporte, columna aislada.

Tronco cilíndrico y vivo
en medio del desierto calcinante,
expuesto a las inclemencias 
de un tiempo cambiante.

Pilar fuerte de fuego,
surtidor de voces y ecos,
ecos lejanos del aire.

César Sobrón es conocedor de numerosos recursos poéticos y los va usando de manera sencilla en estos poemas, siempre en un tono positivo, sin demasiada experimentación, pero seguro de cada palabra que desea emplear y cómo y donde quiere emplearla. Usa también de algunos toques exóticos. Es en estas páginas donde el poeta demuestra no sólo su devoción por la gente que le es cercana, sino también hacia el mundo femenino como auténtico motor social. Es en este sentido un poemario hasta cierto punto matriarcal. Sumamente matriarcal. Aunque en las épocas actuales alguien apuntaría que feminista, en realidad estaría por decir que no es exactamente eso, aunque algo haya, si no un poemario con un concepto matriarcal de la sociedad, de una sociedad que era aún entonces patriarcal y que en 1988 no estaba tan lejana de muchos de los patrones de pensamiento machista más duros salidos de la dictadura de Franco acabada en los años 1970, y del siglo XX español más conservador en general. 

César Sobrón rinde tributo a la mujer a través de las mujeres individuales que le rodean. Las destaca como pasado, presente y futuro de la sociedad, especialmente desde el motor único que es la vida del día a día de cada uno. Es ahí donde se producen los cambios y donde realmente se produce todo. Aún así, César Sobrón no puede evitar en estos versos formas de mirar, alabanzas a ojos, labios, etcétera, lo que en sí mismo no tiene nada malo, es más, tiene hasta su lógica matriarcal y femenina, máxime en aquellos años, a pesar de que en nuestros días si alguien quisiera sacarle "peros" podría sacarlos dado que algunos argumentos actuales olvidan los contextos y ponen todo el peso en las palabras, y al desasirlas de sus contextos pueden decir que tal palabra en lugar de decir "digo" decían "Diego" y al revés. No es el caso en César Sobrón. Se intuye en estos poemas un homenaje a la mujer y el reconocimiento de todo su protagonismo en la vida. 

A partir de las páginas amarillas aparecen ya poemas sin título y sin dedicatorias explícitas. Son de corte amoroso y llenos de evocaciones exóticas. Se dirige siempre en primera persona hacia alguien tratándole de explicarle y compartir muy metafóricamente todo lo que el amor ha logrado transformar en ellos, haciéndoles prácticamente uno. Y si la primera parte tiene su primer poema dedicado a Ieni, esta segunda parte tiene el último poema del libro, dedicado también a Ieni. Ieni es así el principio y el fin de este libro, siendo así la totalidad.

¿Qué ha penetrado en mi morada silenciosa?
¿Qué ruidos han perturbado la quietud?
¿Qué fuerza ha absorbido mi energía?
¿Qué has hecho tú?

Así inicia César Sobrón esta segunda parte, para luego escribir otros poemas donde dice cosas como "Habríamos entrado en el Paraíso / si yo fuese el zumo / de tu manzana, / si tú fueses el seno, / seno y manzana (...)". O bien "Sin anillos, sin cadenas, / te comparto libre (...)"; o también: "(...) Tus dientes iluminarán / pacíficos mi esperanza / con blancura de risa / llana, pura y blanca (...)". Así pues, comparte ideas de libertad y toda una forma de entender el amor, al estilo del amor libre, a la vez que expresa ideas entre el amor más puro y emocional con otros con rienda erótica y sensual. Sea como sea, este poemario con claro reconocimiento de la mujer y del mundo como un mundo matriarcal y no patriarcal, es un poemario amoroso tal como se ve en la segunda parte. Un poemario que nos desliza ideas sociales tales como ese concebirlo matriarcal o ese reconocimiento a la libertad de cada uno también dentro del amor. Pero es un poemario amoroso, aunque introduzca esas ideas en cierto modo. Sirvan estos pocos versos para comprenderlo:

(...)
De los mares
de esa infinidad de partículas
en doloroso frotamiento
me he escapado hacia ti.
(...)

Y es que, como dirá en otro poema: "(...) El vivir, en ti, / tiene otro sentido (...)", y es esa coma puesta tras el infinitivo "vivir" la que nos hace comprender que la admiración del poeta hacia su persona amada o querida viene dada precisamente porque esa persona ejerza su libertad plenamente. Es la libertad la que mueve el amor en este poemario. La idea de libertad mueve los corazones y muestra a quien lo respeta un mundo más rico y más lleno. Ahora bien, aunque es un poemario amoroso no nos engañemos, pues puede que no estemos hablando sólo de un amor hombre-mujer, ya que en algún poema se habla de manos infantiles, y, si atendemos a los poemas iniciales, se intuye también un amor a la madre o la abuela, así pues es un poemario amoroso en un sentido más amplio del que en un principio podríamos pensar. Y eso aún a sabiendas de que Ieni tiene el primer y el último poema de este poemario atrapados.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 30 de junio de 2019

El paje pelirrojo

Título: El paje pelirrojo
Autor: César Sobrón. 
Editorial: Autoedición impresa / e-libro.net para edición digital.
Año de publicación: 2004 (1ª edición impresa y virtual, Buenos Aires).
Género: Novela, relato infantil/juvenil.
ISBN (virtual): 1-4135-0149-4
ISBN (impreso): 1-4135-0150-8

De entre los autores altamente prolíficos en cantidad de obra está César Sobrón. Un espíritu libre de alma delicada y observador de su mundo con ojos de poeta y de cierta crítica, aunque discreto en esto. Es además ciudadano del mundo, con cierto punto ácrata en su pensamiento, pero siempre en lo discreto. Son innumerables todos los poemas, relatos, cuentos, obras de teatro y demás que componen su obra desde los años 1970 finales, que empiezan a ver la luz en los años 1980, con su libro Retazos andaluces (1986). A partir de ahí tiene otros títulos como Albium-Sarat (1988), Cuaderno, recuerdo del viaje por Alcalá de Henares de___: mi plaza (2000), Espectros cerbantinos (2004), Los infiernos de lo absurdo (2005), Mística mundana (2012), En tus manos deposito mi espíritu (2012, que en 2018 pasó a ser revisado y ampliado como A la sombra de la torre), París por fax (2013), Cuando las piedras hablan (2014), Cerbantes y el Greco: tres encuentros frente al entierro (2015), Poemas infantiles (2016), o Siete cuentos en verso para los niños sin cuento (2019). Y así hasta completar hasta la fecha siete novelas, cinco poemarios, tres libros infantiles, dos libros de relatos y microrrelatos y un libro de teatro; lo que en total hasta el momento actual son dieciocho libros publicados. Queda por saber si tiene más aún sin publicar. Ahora bien, la mayor parte de su obra es poética, aunque la mayor parte está inédita de publicar.

Sobrón abunda en la literatura infantil y juvenil, pues combina el acto de escribir con una meditada causalidad de tal hecho. Tiene una filosofía de vida propia que enriquece su mundo interior. Esto hace que sus libros traten de transmitir una visión del mundo a los demás. Una visión abierta y pedagógica. Una visión donde la infancia y el mundo joven es aquel periodo donde más cambios se pueden hacer para mejorar el mundo.

Otra cuestión recurrente del autor es la música. Ha realizado diversos estudios de música, especialmente del mundo, o sea: étnica, llegando a realizar incluso muestras de música vasco-navarra en los tiempos en los que en Alcalá de Henares estaba abierto El Laboratorio, local de corta vida y especial confluencia de autores complutenses. Este gusto por la música suele tratar de transmitirlo de algún modo, especialmente en su poesía. Además, la tradición cultural del norte de España parece ser también un algo que está sumergido en sus creaciones para poder comprenderle un poco mejor.

Hoy presentamos a este autor alcalaíno con un libro que registró en 1997 en la Propiedad Intelectual, como la propia obra indica en su interior, y que se publicó en 2004 por el propio autor en papel y en digital gracias a e-libro.net, un servicio editorial argentino con sede en Buenos Aires y que distribuye sus libros allá en el lugar del mundo en el que se pida. España es el lugar donde los libros de Sobrón tienen más salida. El libro mencionado con el que vamos a presentar a Sobrón en estas notas de cíclopes es El paje pelirrojo.  

El libro se presenta en una encuadernación sencilla en tapa blanda sin solapas, con una cubierta de cartón plastificado que nos muestra al detalle una parra abundante expandida por una pared, y, de manera sencilla y humilde, el título y el nombre del autor. En un ejercicio de sencillez Sobrón nos muestra ya una de las pautas que suele ser motivo central de su escritura y de su ser: la sencillez para abordar todos los temas que surgen en la vida.

Se trata de una novela corta para todas las edades, si bien es posible que las edades infantiles-juveniles sean las más adecuadas. Es una obra coral donde abunda una gran cantidad de personajes entre el mundo real y el ficticio. Está escrito de modo asertivo para todo tipo de tendencias humanas. Todos los vecinos que aparecen en este libro tienen sus peculiares vivencias que se van cruzando entre sí. En el fondo ahonda en la guerra civil española, aunque de un modo amable, sin entrar en polémicas o en puntos de vista que puedan tropezar con trincheras del punto de vista contrario. Un personaje tiene a un familiar directo muerto por fusilamiento en tal guerra. Este personaje en realidad ha pasado a ayudar a otros personajes ficticios que conforman la infancia de todos los niños. De este modo se van sucediendo en estas páginas seres mitológicos como Papa Nöel, la bruja Befana italiana o el Olentzero vasco, todos seres navideños que traen ilusión y bienes a los niños. Todos ellos son ayudados por un mismo paje pelirrojo desconocido por los mortales, que viene a ser el centro causal de esta novela y la búsqueda de su pasado y sus ilusiones perdidas de los protagonistas, que parten de aquel huérfano. Las etapas de la vida se van sucediendo mientras pasan los años para que se aparezcan estos seres y, a la vez, se pueda ir sabiendo algo más de aquel paje misterioso.

En palabras del propio autor esta obra es una parte de una trilogía junto a Desde dentro entre cenas, editada en e-book, y la recientemente editada en Piediciones Un caserón entre cipreses. El tema central de la trilogía sería la busca de la armonía en un edificio, en una casa y en un valle.

Novela con un determinado y fino sentido del humor, muy sutil y delicado. Con ella damos por presentado a Sobrón en estas notas.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".