sábado, 18 de julio de 2020

El testimonio de Yarfoz

Título: El testimonio de Yarfoz
Autor: Rafael Sánchez Ferlosio. 
Editorial: Alianza Editorial. 
Año de publicación: 1986 (1ª edición). 
Género: Novela. 
ISBN 13: 978-84-206-9053-7
ISBN 10: 84-206-9053-8
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Título: El testimonio de Yarfoz
Autor: Rafael Sánchez Ferlosio.
Editorial: DeBolsillo (Nuevas Ediciones de Bolsillo)
Año de publicación: 2015 (1ª edición; Nota de los editores y epílogo de Gonzalo Hidalgo Bayal).
Colección: Contemporánea. 
Género: Novela.
ISBN: 978-84-9062-721-1

La tercera vez que comentaremos por aquí a Rafael Sánchez Ferlosio será esta vez será por su regreso a la novel tras publicar Industrias y andanzas de Alfanhuí en 1951 y El Jarama en 1956. Se hizo esperar, pese a que entremedias publicó innumerables artículos y ensayos. Lo publicó en 1986 en castellano y en enero de 1987 ya tenía su traducción al francés. Se trata del libro El testimonio de Yarfoz. En realidad, algunos análisis y contrastes con otros textos de del autor hacen pensar a varios de sus estudiosos que ya tuviera unas primeras ideas y notas justo en la década de 1950, durante el proceso de sus dos primeras novelas; otros indican que más bien comenzó a trabajar en esta nueva obra o bien justo al acabar El Jarama y recibir el Premio Nadal en 1956; pero lo que confesó Sánchez Ferlosio es que comenzó con esta obra sobre 1969, mientras que en otros lugares el mismo autor confesaba haber estado quince años sumido en estudios filológicos después de El Jarama, lo que le llevaría a abandonar la novela por interesarse por otros géneros que invitaban más a la reflexión, eso nos ubicaría en torno a 1971. Sea como sea, la tercera novela no se publicó hasta 1986, en tapa blanda con la editorial Alianza. La cubierta era bastante sobria, dando toda la importancia a conocer el texto, ya que por sí sola no desvelaba nada. Llegó a existir la citada traducción al francés por el autor en enero de 1987, la editorial Destino la reeditó en 2002 incluyendo ya un paisaje de meseta en la cubierta. En 2004 Sánchez Ferlosio recibió el Premio Cervantes y en 2009 el Premio Nacional de las Letras y eso hizo que se reeditaran sus libros, siguiendo la idea de un paisaje mesetario esta novela la volvió a editar Austral en 2010, con prólogo de Rosa Montero. La siguiente edición será la más actual hasta la fecha, estando dentro del grupo Penguin Random House, la sacaron junto al resto de su obra en la editorial DeBolsillo, en la colección Contemporánea, con una nota de los editores que indicaba algunas correcciones echas al texto, y un epílogo de Gonzalo Hidalgo Bayal que en realidad era un ensayo en torno a las tres novelas del autor y la importancia de usar las palabras precisas que le dio a todos sus textos, tal edición es de 2015 y es la que vamos a seguir para estas notas. Contenía en su cubierta un paisaje mesetario típico de Castilla, en blanco y negro y cierto toque como de azulejo que le daba falsa sensación de falso cubismo. El autor moriría en 2019

La cuestión es que la novela está aparentemente incompleta, a pesar de que como mínimo le había dedicado diecisiete años de su vida. Tal como indica el falso prólogo de un editor, que no es otro que la voz protagonista que nos anuncia que a continuación se presenta el texto manuscrito de un hidráulico llamado Yarfoz, solo es un fragmento de unas memorias que aportarían luz sobre las guerras barcialeas. Aparentemente solo es un fragmento, lo más curioso es que el propio Sánchez Ferlosio se dedicó a alimentar la idea de que solo era un fragmento, ya que llegó a declarar que no sabía si algún día lograría acabar el conjunto completo de estos escritos, que se llamaría precisamente Las Guerras Barcialeas, a las que hipotéticamente les dedicó toda su vida tras acabar El Jarama. En enero de 1980 ya había publicado un relato de diez páginas en la revista Nueva Estafeta, el cual título: "Libro Primero", y se indicaba que lo era de Las Guerras Barcialeas. Aparentemente era un estudio histórico al que le dedicó mucho tiempo, aunque evidentemente era un regreso a la prosa de ficción, a la narrativa, en un pequeño relato. La revista Nueva Estafeta volvió a sacar este texto posteriormente con el título. "Sánchez Ferlosio / Clásicos remotos". Posteriormente, el propio autor revisaría el texto y lo volvería a publicar ahora en El geco, dentro de lo que llamó Historia de las Guerras Barcialeas, con el título de "Los lectores del ayer. Introducción de Ogai el Viejo". En ese relato ya se menciona en voz del protagonista Ogai la existencia de un apéndice que da luz a los sucesos de aquellas guerras y escrito como testimonio de un hidráulico llamado Yarfoz. Dentro de este conjunto de relatos que sacó a la luz están también "El escudo de Jotán", "El huésped de las nieves", "El reincidente" y "Plata y ónix", dando a entender que no había abandonado la narrativa de ficción y que realmente el proyecto de las Guerras Barcialeas existía y estaba en proceso siempre inacabado. 

En 1985 murió joven su hija Marta y Sánchez Ferlosio se entregó al refugio de la escritura compulsiva y aislada. Fruto de aquello en 1986 publicó de golpe cuatro libros, entre ellos El testimonio de Yarfoz. Consideraba que esta novela era la mejor de sus novelas, muy por encima de las dos primeras, tan encumbradas y apreciadas, sin embargo, público y crítica recibieron el regreso a la novela con tanta expectación como posterior desilusión. Muchas críticos mostraron su desconcierto ante el libro que tenían en las manos, lo que parece ser que Sánchez Ferlosio recibió con molestia, pensando que no habían comprendido el libro y todo lo que este contraía dentro de sí. 

El libro es sin duda muy duro de leer, es de muy difícil lectura incluso para las personas más eruditas o para los filólogos. Contiene largos párrafos que pueden ocupar varias páginas sin que ellos haya ninguna incorrección gramatical. Tiene ritmos sintácticos y fonéticos a veces tediosos. Se mete por vericuetos interminables de reflexión, ensayo y lenguaje unas veces jurídico, como en su segunda novela, otras veces puramente de debate filológico, otras veces es pura filosofía, incursiona en el lenguaje neto de los tecnicismos de la ciencia hidráulica, en otras ocasiones abraza el tono de cronista de la Edad Media venido a la Edad Antigua, etcétera. Todo ello con un lenguaje muy rico, exacto y preciso, tan preciso que el autor no repara en explicarnos porqué elige una palabra y no otra para determinada frase, usando el recurso de introducir un personaje de profesión traductor del que se cuestiona la exactitud de lo que traduce, por ello también los diferentes modos de entender el mundo por parte de las diferentes culturas. Hay que reconocer que si la primera novela se recreaba en la imagen, pareciendo una colección de cuentos, y la segunda en recoger las diferentes formas de hablar en la sociedad, siendo un catálogo de argots, en esta tercera novela se recrea en las palabras exactas para su uso en ensayos de profundas y complejas reflexiones intelectuales de toda índole, con un trasfondo de lo jurídico como medio de traducir a actos nuestros modo de entender la vida. Es un libro ejemplar en cuanto a todo lo referido al lenguaje, y una vez que lo lees completo es cierto que cobra un sentido que lo revaloriza en mucho y muestra la gran inteligencia del autor, que creo un auténtico laberinto en el que perderse (literalmente) para poder darnos un mensaje preciso y exacto de lo que quería decirnos desde el principio. Pero para leerlo completo hay que perderse, te obliga a perderte en montones de detalles y disquisiciones, parece un conjunto de ensayos agrupados con un hilo argumental, y eso hace perder la paciencia. Solo se lee si el lector es constante y disciplinado, aparte de gustarle la reflexión profunda y compleja. El premio final merece la pena, pero el camino es arduo. Quizá es un libro que te invita a anotarle por todos lados para ayudarte en su lectura y en sus consultas futuras. Ahora bien, toda esta inteligencia no es muy comercial. Su carácter comercial le viene por la importancia del autor en la Literatura, pero es evidente que de no ser él, el libro no hubiera sido fácil que fuera aceptado por un editor. Puede valer para entregarlo directamente a la Real Academia Española de la Lengua como una obra maestra del lenguaje castellano en la actualidad, pero como novela es francamente muy dura de leer. Insisto, si se logra superar el gigantesco reto que nos propone el autor, si se logra tener paciencia y generosidad con tu tiempo, sí es cierto que el final del libro es una recompensa grata que le da sentido a todos y cada uno de los rincones que aparentemente nos hubieran parecido digresiones.

Las Guerras Barcialeas no existen. Son una ficción a las que Sánchez Ferlosio jugó a darles cartas de realidad en este libro, en los relatos, en ensayos... y hasta en entrevistas. El conjunto de relatos, que no son en concreto este libro, sino que el libro es parte de ellos, se ambientan en una época previa al Imperio Romano. Hay quien ha afirmado que le recuerdan a los territorios y personajes inventados en los libros de Conan escritos por Robert E. Howard a partir de 1932. Lo cierto es que algo del género de la fantasía épica sí tiene, de hecho tiene algo casi de los libros de caballerías de los siglos XV y XVI que cita Cervantes en El Quijote. Sin duda nombres y sucesos serían dignos de nombrarlos Cervantes para su burla y crítica. Ahora bien, Sánchez Ferlosio le dota a todo ello un lenguaje y unos sucesos que están desde la verosimilitud de lo real, no hay fantasía, hay un lenguaje que cuadra con las crónicas de los textos más antiguos conocidos en las civilizaciones más desarrolladas previas a la expansión de los romanos, o incluso propio de los textos de un Julio César o de Cicerón. Como historiador he de reconocer que Sánchez Ferlosio debió estudiar bastante los crónicos antiguos para lograr este efecto y a la vez introducir argumentaciones actuales.

Casi todo el mundo parece estar de acuerdo en que el territorio en el que se desarrolla todo es el de la Península Ibérica, y puesto que las principales ciudades en disputa están en una meseta extensa, se identifica las acción en general con Castilla. Para muchos parece claro que la ciudad de Tetrecia en la novela no es otra que la antigua Titulcia, que tanto ha dado a la arqueología actual. Por ese camino aparecerían también Madrid y Alcalá de Henares, entre otras ciudades, solo que con falsos nombres inventados, imitando los hipotéticos nombres de unas civilizaciones ibéricas desaparecidas. Siguiendo esta lógica, si el primer libro tenía al Henares por centro y la segunda novela al Jarama, ahora el protagonismo correría de la cuenta del Manzanares y del Tajo, sin dejar de salir los otros ríos y sus ciudades. Pero hay filólogos que consideran que el nombre de Barcial en realidad guardaría relación con un lugar de Extremadura y se lleva la acción a Extremadura y no a Madrid. Tras leer el libro lo único que puedo afirmar a este respecto es que en Madrid ni hay cataratas ni hubo flamencos rosas, del mismo modo que pese a existir unas grafías íberas nunca descifradas a fecha de hoy, la protohistoria ibérica no cuenta con civilizaciones tan avanzadas como para tener técnicos hidráulicos, ingenieros arquitectónicos, expertos madereros, etcétera. Si tuviéramos que tener eso en cuenta podríamos hablar o bien de Andalucía y Extremadura, donde pudo estar el reino de Tartesos, o bien directamente podemos imaginar un territorio imaginario o como mucho de Oriente Próximo. Pero, de nuevo un "pero", es evidente que los nombres inventados siguen algún tipo de lógica filológica y que las descripciones paisajísticas tienen mucho detalle, podrían incluir algún "disfraz" que dificulta reconocerlas del todo, y dado que filólogos y estudiosos de Sánchez Albornoz en su mayoría afirman el triángulo Madrid-Titulcia-Alcalá de Henares, y los ríos Manzanares-Jarama-Henares-Tajo, se podría dar por bueno que esta novela tiene esa ubicación. Lo más claro es la aparición de la extensa meseta cerealista de las dos Castillas, y tengo la impresión que en el deambular de los personajes podrían estar yendo a territorios más lejanos, ya sea hacia Portugal o hacia Cataluña-Valencia, no queda claro.

El libro se puede leer por sí solo, deja el final abierto igual que innumerables textos de  la Edad Antigua, muchos por la misma razón: incompleto por el tiempo. Un hidráulico, Yarfoz, que trabaja para la familia de un príncipe, decide escribir de anciano sus memorias sobre los episodios que le tocaron vivir en el periodo de las Guerras Barcialeas. Él vivía en un extenso periodo de tregua cuando recibió el encargo de una ambiciosa obra de ingeniería hidráulica para toda la confederación de pueblos que forman el reino. Estas obras reviven los recelos de ruptura de unos pactos de paz que previamente tuvieron los abuelos y padres de los que gobiernan en ese momento. El padre del príncipe asesina por orgullo al general del pueblo vecino con quienes tenían pactos de tregua, por lo que el príncipe, Nébride, decide pasar al exilio y renunciar a la herencia familiar. Con él parten al exilio sus servidores por propia voluntad, entre ellos Yarfoz. Recorren numerosos territorios conociendo todo tipo de diferencias culturales, tecnológicas y filosóficas entre sus vecinos. Algunos pasajes son realmente atractivos, como el dedicado a los monos mendicantes, o al cortejo con caballos a las damas de otro pueblo, no exento de picardía sexual, pero hay también extensos pasajes dedicados a la descripción técnica de algunas arquitecturas. Llama la atención todo el conjunto de reflexiones sobre el grabado de la memoria en piedra en las tumbas de los muertos. es un libro realmente lleno de reflexiones muy diversas. Pasan las décadas y muere el padre del príncipe, por lo que pasa a ser buscado, aunque él se oculta bajo falsa identidad. Su hijo Sorfos entretanto se hace militar mercenario para un pueblo vecino y cuando Tagrana, su general, descubre que es un príncipe, le propone regresar a su país para hacerse con el gobierno saltándose el turno del padre, ya que el padre, al que se le usurpó el gobierno, no quiere el gobierno. Sorfos, aún con todo, quiere alcanzar el gobierno sin llegar a la violencia. Con esta base argumental se desarrolla todo el libro.

Personalmente, a sabiendas de que su composición está como mínimo desarrollada entre 1969 y 1986, con ese fuerte empuje que recibió en 1985, creo que en determinadas partes hay paralelismos más o menos claros a la España de la Transición, especialmente en la construcción de la política de las Autonomías, pero sobre todo en el delicado paso de un largo gobierno de usurpación por mano militar a otro nuevo de manos del gobernante legítimo que quiere recuperar su autoridad de manera no violenta, a ser posible obteniendo el reconocimiento de la legitimidad por parte tanto de los partidarios como de los contrarios. En este sentido es altamente destacable en los capítulos finales leer con atención cómo planea Sorfos junto a Tagrana y otros generales la manera por la cual la recuperación del poder solo se legitimaría y se aceptaría a la vez que no habría violencia. Probablemente es uno de los textos más clarividentes para explicar el paso de la dictadura franquista a la monarquía parlamentaria, siendo esta novela una ficción sobre unas civilizaciones inexistentes en la península antes de los romanos y diría que antes de los cartagineses. 

Expuesto el libro, este fue el tercer libro de Sánchez Ferlosio en relación a Alcalá de Henares, la ciudad de la gente del derecho, si bien, como veis, en este caso es muy interpretable el alcance o no de Alcalá en esta obra.
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 12 de julio de 2020

Antología del teatro anarquista (1882-1931)

Título: Antología del teatro anarquista (1882-1931)
Autor: Juan Pablo Calero. 
Editorial: La Malatesta Editorial.
Año de publicación: 2020 (1ª edición).
Género: Novela.
ISBN: 978-84-94785-62-7

En estas notas ya se había mencionado a Juan Pablo Calero Delso con motivo de su participación en el libro CNT 1910-2010, cien imágenes para un centenario (del que fue coordinador) y CNT, El hilo rojinegro de la prensa confederal (del que fue coautor). Este prolífico autor e historiador alcalaíno se desdobla entre Guadalajara y Alcalá de Henares. Se licenció en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid entre 1981 y 1987. Nada más terminar sus estudios pasó a ser profesor en el Colegio de Huérfanos Ferroviarios por la duración de un curso, por lo que en 1988 pasaba da dedicarse a otras cosas. Activista y militante de lo que cree justo en las causas obreras diversificó sus actividades, si bien la investigación le ha llevado a publicar numerosos artículos y libros desde aquellos entonces. tiene grandes dotes para la oratoria y la transmisión de la Historia, lo que le ha llevado a dar numerosas conferencias en diversas ciudades. En 1991 comenzó a ser profesor de nuevo, ahora para la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que es lo que le llevó a ser un reconocido profesor de educación secundaria en institutos de secundaria en Guadalajara. Esta actividad laboral docente la siguió combinando con las actividades investigadoras, divulgadoras, oratorias y activistas. En 2001 sus inquietudes le llevaron a matricularse en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, de la cual en 2003 obtuvo la Diplomatura de Estudios Avanzados en Historia Contemporánea. Al año siguiente, en 2004, volvió a matricularse en la Universidad Autónoma de Madrid para comenzar los estudios de doctorado. En 2005, terminaba su labor como profesor para la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y comenzaba ese mismo año una nueva etapa como profesor de secundaria ahora para la Comunidad Autónoma de Madrid, ejerciendo en Alcalá de Henares ininterrumpidamente aún en la actualidad. Logró ser Doctor en Historia Contemporánea desde 2006. Con toda esta trayectoria, nunca ha desvinculado de su vida este desdoblamiento entre Guadalajara y Alcalá de Henares, sin dejar de lado a Madrid capital, todo sea dicho, puesto que parte de sus actividades y labores oratorias y de autor pasan por allí.

A todo esto, también es parte de la Fundación Anselmo Lorenzo (que contiene el archivo de la CNT), Coordinador en Guadalajara del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha y participa activamente de los encuentros de Historiadores del Valle del Henares y de los Estudios Complutenses. Además, se ha atrevido a ser también editor y traductor, por ejemplo del libro Celso Gomis Mestre. Excursiones por la provincia de Guadalaja, escrito por Celso Gomis, lo sacó Juan Pablo Calero en 2010.

Aparte de los tres libros ya citados, entre sus libros podemos citar también El gobierno de la anarquía, Anarquistas y marxistas en la Primera Internacional, En el alba del anarquismo. Anselmo Lorenzo (1914-2014), Biografía de Isabel Muñoz Caravaca, mujer de un siglo que no ha llegado aún, Historia contemporánea de la provincia de Guadalajara (1808-1931), Don Quichotte s'en va t-en guerre! (L'As siette au Beurre) y Élite y clases, un siglo de Guadalajara (1833-1930). Varios de estos libros los ha editado la Diputación Provincial de Guadalajara, otros los han editado la Fundación Anselmo Lorenzo y editoriales libertarias.

Reconocido y apreciado entre todos los historiadores actuales, su libro más reciente ha salido publicado justo al terminar el confinamiento por el estado de alarma ante la Covid-19. Se lo publicó la librería libertaria y a la vez editorial La Malatesta, ubicada en el barrio de Lavapiés de Madrid. salió en tapa blanda con una foto de un grupo teatral anarquista. Calero esta vez se ha dedicado a indagar en las raíces y legados culturales del sindicato anarcosindicalista CNT, al que le ha dedicado buena parte de sus producciones. No es la primera vez que indaga en ese aspecto cultural del anarcosindicalismo español, pero esta vez se centra en sus producciones teatrales. El libro se llama Antología del teatro anarquista (1882-1931). El libro, de un promedio de 550 páginas, no deja dudas, se trata de un estudio de este fenómeno teatral en el anarquismo español, pero a la vez Calero Delso nos escoge y muestra una antología de obras teatrales que han caído en el silencio o el olvido, pero que son muestra de una forma popular de pedagogía y a la vez de entretenimiento que ayudó a concienciar a la gente de sus problemas y a la vez se atrevía a llegar a la gente y lugares que el teatro convencional de aquellos años no llegaba.

El anarquismo fue mayoritariamente de carácter pedagógico en España, a pesar de que el tópico extendido es la violencia de quienes la abrazaron como si la de aquellos pocos fuera el carácter común de los muchos. Entre las personas que abrazaron ideas socialistas de toda índole desde el siglo XIX, llama la atención la gran cantidad de personas individuales que desde el anarquismo se lanzaron no solo a las tareas autodidactas, sino también a escribir numerosos textos que trataban de dar a conocer. Comprendían que la revolución comenzaba por uno mismo y que solo con una formación y una capacidad de pensamiento propia se podía alcanzar la revolución social, el cambio social. 

Hubo textos de toda clase, desde teóricos a comentarios en prensa, humorísticos, noticias, etcétera, entre todos ellos están también todos los dedicados a un nuevo modo de entender la educación y el apendizaje. Es en la raiz de estos últimos que se creyó útil aprovechar el espacio del teatro. En el siglo XIX existía una relativa afición al teatro de carácter político y social. Lo que hicieron los anarquistas de la época fue recoger el guante de ese tipo de teatro ya existente y acercarlo a sus ideas sociales. Así pues el anarquismo comienza a alimentarse de dos tradiciones del teatro del siglo XIX, la de carácter político y la de carácter social. El esquema del uso de este teatro no solo se daba en el anarquismo español, estaba también en el de otros países. Calero fija sus fechas extremas de máxima fecundidad entre 1882 y 1931, o esto es: entre el tiempo inmediatamente posterior al final de la Primera Internacional, momento del nacimiento de la Segunda Internacional, y el final de la monaquía de Alfonso XIII, o comienzo de la Segunda República Española. Lo cierto es que no sería ese exactamente su final, pues es un dato ya conocido que en España casi todas las personas que trabajaban en el cine estaban afiliadas o eran simpatizantes de la CNT, razón por la cual la CNT dominaba sus sindicatos y tuvo sindicato propio. Razón por la cual, también, durante la guerra civil española (1936-1939) la CNT produjo varios largometrajes de ficción para el entretenimiento de la población, pero todo eso es otra historia.

Pensemos además que el teatro anarquista trataba temas que resultaban más cercanos a las inquietudes de la gente más humilde o de las clases trabajadoras, alejadas de otras temáticas como las de los amoríos del teatro burgués o las metafísicas del teatro surrealista de comienzos del siglo XX. No se puede ignorar tampoco que había grandes masas de personas analfabetas o semianalfabetas en el periodo fijado entre las clases trabajadoras, por lo que el teatro era una forma más de pedagogía y de invitación a comenzar a pensar por uno mismo, siendo además el teatro una de las formas de entretenimiento más populares de la época. 

Uno, que conoce a Juan Pablo, sabe que el trabajo es impecable y siempre innovador. Siempre nos trae cuestiones que habían caído en el olvido para que volvamos a recordarlas, valorarlas y que nos ayuden a entendernos mejor y reflexionar con más datos la Historia. Es innegable, por otra parte, que siendo teatro, abre otras estimulantes puertas de conocimiento que pueden invitar a una actualización de algunas cuestiones del género.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 5 de julio de 2020

Industrias y andanzas de Alfanhuí

Título: Industrias y andanzas de Alfanhuí
Autor: Rafael Sánchez Ferlosio. 
Impresor: Talleres Gráficos Cíes (Madrid). 
Año de publicación: 1951 (1ª edición).  
Género: Novela. 
Depósito Legal: [no ocalizado el depósito legal de la primera edición, que fue autoedición. Hay que recordar además que el ISBN existe solo a partir de 1966. Sin embargo, la Biblioteca Nacional de España, en su página dedicada a datos técnicos de libros, recoge el Depósito Legal B.6751-1961 para la primera edición que Destino Libros publicó en 1961 de este libro, que es el más antiguo que esa misma página recoge, aunque se editó con el título: Industrias y andanzas de Alfanhuí ; y: El corazón caliente ; Dientes, pólvora, febrero, lo que indica que la novela al editarse por primera vez en Destino Libros se hizo junto a esos dos relatos. No obstante, la propia Biblioteca Nacional de España conserva el ejemplar de 1951 y en su ficha tampoco aparece su Depósito Legal.]
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Título: Industrias y andanzas de Alfanhuí.
Autor: Rafael Sánchez Ferlosio.
Editorial: Bibliotex (editorial del periódico El Mundo).
Año de publicación: 2001 (1ª edición; prólogo de Agustín Cerezales).
Colección: Biblioteca El Mundo. Las 100 Mejores Novelas en Castellano del Siglo XX.
Nº de volumen en la colección: 35.
Género: Novela.
ISBN: 978-84-8130-281-3

  Cuando hablamos de El Jarama en estas notas ya mencionamos que Rafael Sánchez Ferlosio también hizo aparecer a Alcalá de Henares en la que fue su primera novela, Industrias y andanzas de Alfanhuí, terminada de escribir en diciembre de 1950 y publicada en 1951 recurriendo a la autopublicación. Estaba Sánchez Ferlosio entre los 23 y 24 años de edad. Hay entre los dos libros un espacio de cinco años. Ya decíamos en El Jarama que el padre de Rafael Sánchez Ferlosio era el escritor, ideólogo de Falange y Ministro de la dictadura de Franco, Rafael Sánchez Mazas. Esto posicionaba económica, cultural y socialmente a Sánchez Ferlosio en una posición altamente privilegiada. Ya contamos que la novela Industrias y andanzas de Alfanhuí eran en origen un grupo de cuentos que el joven escritor iba escribiendo y luego leía a sus padres en viajes en coche. Fueron su madre y su padre quienes le animaban a seguir por esa senda y le otorgaban todo tipo de oportunidades. Probablemente fue su padre el que le animó a darle un hilo conductor a todos esos cuentos para hacerlos novela, aunque otro escritor que le conoció en aquellas épocas, Juan Benet escribió décadas más tarde en una introducción de una de las ediciones posteriores que Sánchez Ferlosio andaba ensimismado en los viajes en coche y que tal vez estaba pensando en las historias que estaba escribiendo. Sea como sea, y a pesar de que Sánchez Ferlosio en 2001 escribía que el libro lo había hecho un primo suyo (lo que era una broma del autor que terminó hablando mal de cómo estaba compuesto, igual que le pasó con El Jarama), su obra es innegablemente suya, tiene todo su estilo y recursos, no solo eso: le consagró de manera inmediata. Pero aquella renuncia la escribió en una reseña de su propio libro para el diario El Mundo, que decidió editarlo dentro de una colección donde seleccionaron los que ese periódico consideró las cien mejores novelas en habla castellana del siglo XX. Seguiremos la reseña de este libro a través de esa edición de 2001, que fue en tapa dura con sobrecubiertas en papel con un niño en medio del campo cazando insectos, contaba esa edición con el prólogo de Agustín Cerezales.

No sabemos si sus padres no hubieran sido los que fueron si Sánchez Ferlosio hubiese tenido las oportunidades y el éxito inmediato que tuvo. La cuestión es que su madre le animó a publicar el libro y fue ella misma quien pagó ni más ni menos que la impresión de mil ejemplares en la imprenta de los Talleres Gráficos Cíes, de Madrid. La tipología de la letra del título recordaba un poco a la tipología de las letras epigráficas de la antigua Roma, o bien de las lápidas colocadas en todo tipo de edificios desde el Renacimiento. El título, ayudado por el nombre del autor, encuadraba literalmente un dibujo de un retrato de Alfanhuí que había realizado el propio Sánchez Ferlosio. Tenía ese retrato una expresión más que avispada, algo de pocos amigos, un tanto amenazante, incluso tal vez algo salvaje. El libro fue retomado por Destino Libros en 1961, recordemos que en 1956 había ganado el Premio Nadal con El Jarama y que para 1961 iba por la quinta edición de ese segundo libro que escribió entre 1954 y 1955. Cuando Industrias y andanzas de Alfanhuí llegó a la editorial Destino ya tenía bastante recorrido hecho, y reconocimiento. Se han hecho muchísimas ediciones posteriores a la primera autoedición de 1951, así por ejemplo, la propia editorial Destino la incluía en su colección de bolsillo con el número 47 en el año 1979. Pero es que hubo hasta ediciones en otros idiomas, por ejemplo en inglés, en 1961, diez años después de aquella primera autoedición. Ciertamente la portada ha cambiado innumerables veces, y ha saltado de colección en colección. Algunas ediciones la publicaron junto a otros relatos, como la citada primera edición en Destino en 1961, otras incluso cambiaron el nombre reduciéndolo a Alfanhuí, o bien escribiendo Las aventuras del ingenioso Alfanhuí. Una de las ediciones más modernas es la realizada en 2015 por la editorial DeBolsillo.

Volvemos a aquel 1951 y a la autoedición que pagó su madre de mil ejemplares. Sánchez Ferlosio contaba con la ventaja de conocer a través de sus padres a todo tipo de editores y de escritores. Pensemos por ejemplo que durante la composición de la novela en sus fase de cuentos y relatos breves fue asesorado ni más ni menos que por Ignacio Aldecoa, gran cuentista del siglo XX y amigo de Sánchez Ferlosio. O bien que gracias a su padre era amigo de Camilo José Cela, que en 1951 era un escritor ya muy reconocido. Sánchez Ferlosio usaba sus mil ejemplares no sólo para venderlos, sino también para fomentarlos y regalarlos entre todas estas personalidades y otras, con acierto, pues escribieron con muchas loas a la obra en la prensa de la época. Tuvo buenos padrinos, entre ellos, obviamente, su padre, Sánchez Mazas. Precisamente ese asunto se repetiría con El Jarama, como ya se comentó entonces, por lo que hay que recordar y reconocer que nunca ha desaparecido una polémica que, en unas épocas más fuerte y en otras con menos contundencia, cuestiona el éxito de Sánchez Ferlosio si no hubiera tenido todos esos contactos y aquel posicionamiento social en aquellos años de la dictadura. Sabemos que en los años 1980, cuando volvió a hacer novela tras un largo periodo dedicándose al ensayo, le molestó que algunos críticos revivieran la cuestión de los "padrinos", pero también sabemos que en los últimos años de su vida (murió en 2019), incluso desde aquella reseña que hizo él de Alfanhuí en 2001, él también reflexionó sobre esta circunstancia de su obra y vida, no sin faltarle ironía para consigo mismo, y se presentó autocrítico, aunque consciente de su gran dominio del idioma, con el cual también era muy autocrítico, condenó sus dos primeras novelas y otros tantos de sus escritos por no considerarlos bien redactados, a pesar de que son obras ejemplarmente redactadas en el dominio preciso del idioma.

Vamos ahora a un año antes de la publicación de 1951, a su composición, sabemos que lo acabó en diciembre de 1950, tal vez lo desarrolló a lo largo de todo 1950, tal vez hubo alguna cosa en 1949 o año previo. Hay quien relaciona la obra con La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554). En ambas el protagonista es un niño que en su juventud se lanza al mundo y viaja por el interior peninsular pasando de trabajo en trabajo para diferentes personas, entre medias demuestra tener un gran ingenio para lograr los diversos objetivos que se propone. Ahora bien, no parece que en Alfanhuí haya la carga de crítica social y política que contiene el Lazarillo. Algo hay en cuanto a lo social, pero poco, como por ejemplo en el capítulo noveno de la primera parte, donde aparecen unos ladrones y hay una conversación en torno al dinero y el acceso a él. O en el capítulo sexto de la tercera parte, en la cual se habla de la ancianidad a través de la vida de unos bueyes. También quien relaciona la composición con otro clásico del Siglo de Oro, Don Quijote de la Mancha (1605-1615, Miguel de Cervantes). Igualmente por salir al mundo, por las Castillas, y vivir diversas aventuras en medio de lo que parece una imaginación desbordada. Sin embargo, Alfanhuí no está loco y tampoco queda claro si lo que se narra es producto de su imaginación o de una descripción poética muy elevada. En medio de una época donde lo que primaba en España era el género del realismo social y el del exilio interior y el desarraigo, esta novela llena de fantasías sin duda fue un hecho excepcional, quizá por ello muchos críticos y escritores apostaron porque se trataba de imaginaciones de Alfanhuí, como si no fuera posible ya el surrealismo. Más aún, pasados unos años, en la década de 1960, al nacer con propiedad en Hispanoamérica lo que se llamó realismo mágico, hubo quienes al hablar de la historia de Alfanhuí sostuvo la teoría y la defendió acerca de que Sánchez Ferlosio se había adelantado unos quince años antes y desde España, situando a esta novela en el origen del realismo mágico, pero la cuestión es que ni este tipo de literatura fraguó en España, ni tampoco en el autor. La segunda novela, El Jarama, ya dijimos que estaba claramente en el realismo social.

La juventud de Sánchez Ferlosio con su primera novela nos hace pensar que efectivamente conocía bien esas novelas clásicas, que son lecturas obligadas en colegios, institutos y Universidades, y que están relacionadas con Alcalá de Henares, de donde parte la vida de Alfanhuí. Pero sobre todo se nota en una gran cantidad de recursos que nos recuerdan a las corrientes literarias de la primera mitad del siglo XX, la Edad de Plata, tan estudiada también en los centros de enseñanza, aún a pesar de las censuras de la dictadura de Franco. Pensemos además que Sánchez Mazas, el padre, como escritor que era conoció a buena parte de aquellos de los llamados -ismos y cuyas carreras y vidas se truncaron con la guerra civil, ya por muerte, ya por exilio. Es evidente, por ejemplo, que si bien en El Jarama prima la búsqueda de la perfecta estética de vocabulario y lenguajes múltiples de la sociedad, en la historia de Alfanhuí hay todo un esfuerzo por reflejar colores y atarlos a imágenes a menudo surrealistas que describen el mundo rural común. Así por ejemplo tenemos al protagonista entrando en un pozo para hacerse con los colores de una aguas con las que regará unos árboles pra que den frutos de colores. Hay en todo esto surrealismo, pero hay también una gran cantidad de recursos tomados del modernismo y del simbolismo. Todo ello está ahí, y parece más lógico pensar que en plena juventud del autor sus conocimientos iniciales de la Literatura entraron de lleno en la composición de lo que en principio eran cuentos y después fue novela.

Por otro lado, dado que Camilo José Cela fue vital en la promoción del libro, amigo de Sánchez Mazas y por medio del padre, amigo de un joven Sánchez Ferlosio, hay quien ha querido ver algo de La familia de Pascual Duarte (1942) en Industrias y andanzas de Alfanhuí. Ambas salidas de un mundo rural y brutal, siendo así que Sánchez Ferlosio lo dulcificaría todo con la visión de un niño sobre toda aquella pobreza que vivió el campo español tras la guerra, en los primeros años de la dictadura, no obstante el niño se ve obligado a salir de la casa familiar para ir a trabajar de patrón en patrón. Al menos sí es cierto que Alfanhuí comete un acto de barbarismo inexplicable al asesinar una marioneta. Pero no parece consistente querer poner el libro de Alfanhuí en la cuenta de los libros de realismo social, por ello hay quien habla que de ponerle del lado de algo habría que ponerle junto a la poesía en prosa, más que junto a la novela, incluso, como por ejemplo Platero y yo (1914, Juan Ramón Jiménez). Tiene mayor lógica. Pero, puesto que Cela es tan importante en los inicios de Sánchez Ferlosio, pues incluso escribió en prensa sobre el libro, hay quien analiza que Alfanhuí tiene relación directa con Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944). Esta teoría puede tener alguna consistencia, al menos en cuanto a la idea de retomar la vida del pícaro, pero Alfanhuí no es un pícaro, sino un chico con mucho ingenio y gran curiosidad.

Llegados a este punto sobre la composición del libro, se intuye que tal vez el padre, Sánchez Mazas, ayudó a su hijo con recomendaciones y tal vez con correcciones de texto. No deja de ser sorprendente el fluido y rico léxico de Sánchez Ferlosio adolescente. Además, es muy probable que Sánchez Ferlosio tuviera realmente su principal inspirador en su propio padre, pues el mismo año de 1951 que se publica el libro de Alfanhuí, Sánchez Mazas publicó La vida nueva de Pedrito de Andía, el cual tiene unas conexiones de argumento muy claras y evidentes. Es probable que del mismo modo que Sánchez Ferlosio leía y mostraba a su padre y madre lo que iba creando, el padre le diera acceso a lo que él mismo iba escribiendo para ese otro libro. El proceso de escritura de ambos libros en ambos escritores sería por tanto paralelo e interrelacionado dentro de las relaciones familiares en su casa.

En 2001 Sánchez Ferlosio decía de este su primer libro que, pese a su reconocimiento y éxito, era una novela mal hilada, una colección de cuentos puestos en un hilo conductor a modo de relato más largo. En cuanto a su género él mismo rechaza que sea del realismo social por el mero hecho de componerse en esa época y por lo que supuso sus amistades y su segundo libro. Se ríe de la consideración de que sea realismo mágico, cuando aún no existía el género. Tampoco acepta que sea fantasía. No le desagrada la idea de poesía en prosa, pero aclara que no es poesía. De ponerlo en algún sitio, él lo pone dentro de la ciencia ficción. Sinceramente, quien esto escribe, yo particularmente rechazo de plano que sea un libro de ciencia ficción. Reconozco que hay algunos capítulos donde Alfanhuí hace algunos inventos con resultados un tanto fantásticos, por lo que podríamos entender que ha usado una ciencia relativa que da por resultado consecuencias que en la vida real no ocurren, pero son una hipótesis, lo que se llamaría ciencia ficción, pero el conjunto total del libro no va de eso, pues otros trabajos de Alfanhuí no tienen que ver con nada ni fantástico ni con implicaciones de investigación y ciencia, como por ejemplo cuando se hizo boyero, o bien simplemente vagabundea por la ciudad, como cuando llega a Madrid, o simplemente siega, como en Alcalá de Henares. Aunque haya algún pasaje que siendo generosos podríamos decir "ciencia ficción", el conjunto del libro no lo es. Fantasía es más probable, pero como existe la probabilidad de la imaginación del protagonista toda catalogación se hace compleja. Tiene un poco de todo lo mencionado. Sin duda lo que sí hay es una carga poética muy alta, al estilo de los modernistas y simbolistas de comienzos del siglo XX, como ya se anotó.

El libro se divide en tres partes que corresponden a tres salidas diferentes de Alfanhuí al mundo, en las cuales prueba suerte, falla, regresa a la casa materna y vuelve a intentarlo tras una temporada, lo que hace su conexión con la vida del Quijote. Un protagonista fundamental es el mundo rural, pero sobre todo en torno al Valle del Henares. El río Henares es la ruta de la vida de Alfanhuí, que, por otro lado, el hace a contracorriente. Alfanhuí es de Alcalá de Henares. Su familia vive en los barrios de las afueras, cerca del río y cerca de un molino de harina. No se describe mucho sobre qué zona exacta de Alcalá de Henares se trata, aunque se dice que se ven colinas. Posiblemente se trate de la zona del molino de la Esgaravita, que fundó siglos atrás el cardenal Cisneros, en el siglo XVI, pero que estuvo reformado y útil hasta una parte importante del siglo XX, hoy en ruinas, por la zona de la mota, en el barrio de El Val, pero como no hay ningún descriptor definitivo, tengamos en cuenta también la posibilidad del molino de los García, también en ruinas actualmente, allá por donde estaba el puente del Zulema, camino del Gurugú y del Cementerio Jardín de nuestros días. Se sabe que la familia de Alfanhuí tiene madre, pero poco se dice del padre, que murió. Son pobres y viven de la siega de los campos de trigo, de los que efectivamente Alcalá tuvo bastante actividad en otras épocas. Alfanhuí se marcha siguiendo el río en dirección contraria a su fluir, por lo que va atravesando el Valle del Henares, pasando los pueblos, obviamente se trataría de Meco y de Azuqueca de Henares, hasta llegar a Guadalajara, pero se queda en el entorno rural. En esta primera salida encuentra trabajo al servicio de un taxidermista y demuestra grandes facultades inventivas para atrapar todo tipo de colores. Todo le llama la atención. De hecho, su nombre lo recibe de este primer patrón. No conocemos el nombre real del chico, sabemos que al taxidermista el chico le recordaba la figura de los alcaravanes, por lo que le pone por nombre el sonido onomatopéyico que estos emiten, Alfanhuí. Muerto el maestro, vuelve a casa, pero sus inquietudes hacen que vuelva a salir, ahora en la otra dirección del río, hacia donde fluye. Pensamos que pasa ahora por Torrejón de Ardoz, San Fernando de Henares, Coslada, Canillejas, Vallecas... pero en esta segunda parte donde se instala Alfanhuí es Madrid capital, con lo que se ha separado tanto del Henares, como del valle y el mundo rural. Va de pensión en pensión y de callejeo en callejeo, y de parrandas varias con un personaje descrito como una marioneta pero que se comporta como un vividor que vive del teatro callejero. En esta parte, separado de lo rural, todo se vuelve gris. Alfanhuí se degenera. Tiene un desarraigo claro que lo despersonaliza y lo embrutece en una violencia inexplicable, que quizá es lo que hace que algunos hablen de denuncia de realismo social sobre lo que la emigración del campo a la ciudad le producía a la gente, pues son las épocas en las que van llegando a Madrid y otras ciudades numerosas personas empobrecidas del campo castellano. Alfanhuí comete un acto de brutalidad y sale huyendo de sí mismo en dirección a las montañas, esto es: la Sierra de Madrid. Así comienza la tercera parte, donde llega a La Moraleja, que en 1950 aún es un pequeño pueblo de montaña más aldea que pueblo, no como ahora que es una de las zonas donde viven muchas de las personas más ricas de Madrid y de España. En La Moraleja vive su abuela paterna, que no conoce al nieto y que no parece fiarse mucho de él, pues esconde de manera continua las pertenencias del abuelo muerto. Se intuye aquí ya una tragedia familiar no explicada en detalle, pero bien dibujada. Además podemos darnos cuenta de lo profundo de esa España desarraigada que emigra del pueblo a la ciudad en busca de trabajo, pues se hace evidente que ni Alfanhuí conoce a sus abuelos y su pasado, ni la abuela a él, ni el padre fue a ver a sus padres una vez que fue a buscar trabajo fuera de La Moraleja. Si tuviéramos que analizar la novela más allá de la estética y los cuentos, quizá el motivo central sea el desarraigo rural por causa de la emigración interior forzosa por la postguerra y el hambre, pero esto es algo que se lee y se lee con gran detenimiento, si no pasa desapercibido. La abuela, en todo caso, le encuentra trabajo de boyero y desprecio su pasado de taxidermista, por ser un trabajo de lo muerto y no de lo vivo, y por ser un trabajo para producir cosas inútiles para los caprichos de la gente de la ciudad, lo que necesita es cosas útiles para la propia vida y la de las personas cercanas. Quizá en esta tercera parte es donde más claramente hay algunas denuncias sociales, en concreto sobre el comportamiento de las personas. Alfanhuí también sentirá la necesidad de irse de allí y viajará al norte, hacia Palencia, hasta desaparecer rodeado de alcaravanes en continuo vuelo siempre al horizonte.

Hay desde luego una defensa de lo rural y de lo natural, como también se leerá en El Jarama, aunque en esa otra novela con protagonistas urbanos de la capital. Todo lo que viniera de la ciudad es como si afectara a la persona desvirtuándola. Son dos novelas que no solo asientan un gran dominio del lenguaje, fueron a la vez un inicio de carrera literaria sorprendente que se interrumpiría varios años por parte del autor que, tras ellas, comenzó a estudiar filología en profundidad durante los quince años siguientes a El Jarama, lo que le llevó a escribir numerosos ensayos y tardaría en sacar su siguiente novela. La publicaría en 1986, pero esa tercera novela tiene sus orígenes de redacción justo en las épocas de estas dos novelas, pero esa ya es otra historia que también tiene que ver con Alcalá de Henares.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

miércoles, 1 de julio de 2020

Diario de confinamiento

Título: Diario de confinamiento
Autor: Iván Casquete Molina. 
Red Social que lo acogió: Facebook.
Año de publicación: 2020 (a tiempo real entre el 11 de marzo y el 24 de junio).
Género: Relato breve; Humor; Esperpento; Diario.
 
Tenemos aquí a un autor genial sin obra publicada, Iván Casquete Molina, que en su mente rocambolesca firma Iván De Casquete Y Molina, tal cual se ha escrito con esas mayúsculas. Uno de los autores alcalaínos jóvenes, nacido en 1978 de una familia alcalaína humilde y trabajadora, con bufete de abogados en la Plaza de Cervantes y con pasado enraizado con la Historia reciente de la ciudad. Él mismo es abogado laboralista, aunque llegó a regentar junto a Daniel Andrinete, otro mítico de la noche alcalaína, un conocido bar nocturno de rock, música independiente y brit-pop que se llamó La Luna, en la calle Rico Home, en el local heredero del antiguo Minipimer en la ubicación que se llamó popularmente "La Zona". Aquello fue en los años 2000.

Iván Casquete, de gran sentido del humor, hace muchos años que publica textos con un carácter humorístico entre el sarcasmo, el surrealismo y el esperpento tal como lo ideó Valle-Inclán a comienzos del siglo XX, esto es: una deformación de la sociedad y las personalidades ahondando en ellas y exagerando sus características hasta las últimas consecuencias. Su humor es blanco, entendiendo como humor blanco un humor amable que, como hacía Gila, se ríe sanamente de todo pero sin reírse en concreto de nadie, sin ofender, sin recurrir a la agresión. Por un lado escribía en blogs personales (bitácoras) que contaron con seguidores y admiradores, como quien aquí escribe. Y eso nos llevó a disfrutar mucho de su compañía y conversación cuando nos hemos encontrado, siempre con elegancia, como un caballero, mezcla todo el tipo de humor mencionado con otras influencias propias más de esa interiorización humorística que se hizo de la sociedad española en los años 1970 y 1980 en gran cantidad de películas muy populares, lo que implica también, sin ofender y sin ser desagradable, altas dosis de chistes con trasfondo sexual. Todo ello además manteniendo valores de respeto e igualdad de sexos, razas, creencias, etcétera, si bien es muy crítico con el denominado fenómeno del "cuñadismo", a menudo adoptando un papel propio de ingenuidad que cae entre el "cuñadismo" y una inteligencia suprema y sutil en cada golpe de gracia. Recordemos que lo denominado "cuñadismo" es el comportamiento de aquella persona que se comporta como si todo lo supiera y en todo interviene y opina aún demostrando las más ignorantes, demagogas o chapuceras de las opiniones, conocimientos o acciones, fenómeno que en la sociedad se desarrolla con total seriedad, pero que desde hace unos años es afrontado por numerosas personas con humor para criticar a estas otras personas su actitud de "cuñado".

Iván De Casquete, autor sin obra publicada de momento, ni de relatos, ni de novela, ni recopilatorio de artículos u opiniones, últimamente se ha sumado a mostrarnos sus genialidades de reflexión y crítica social en las redes sociales como Facebook, lo que implica un formato llamado a párrafos breves en píldoras a ritmo de una o dos por día o cada varios días. De este modo, cuando comenzó todo el alarmismo por la expansión de la pandemia de la Covid-19 por España en 2020, publicó un primer texto humorístico sobre un hecho cotidiano que vio desde la ventana de su trabajo y que compartió el 11 de marzo. Cuando en 12 de marzo se anunció que se activaría el estado de alarma  a nivel estatal y el 13 de marzo comenzó el confinamiento en la Comunidad de Madrid, él aún no se decantó por hacer más comentarios humorísticos sobre esto, aunque publicó otras cosas. Sin embargo, a partir del 14 de marzo comenzó un serial de textos breves, uno por cada día de confinamiento y estado de alarma ya activado al que llamó Diario de confinamiento. Fue fiel a la cita con sus seguidores y lectores todos los días, sin bajar nunca la guardia del humor y la sorpresa en los giros de sus reflexiones y cuestiones que se suponía le iban sucediendo, incluido el secuestro por parte de extraterrestres. El estado de alarma finalizó el 20 de junio, si bien él dio por acabado el diario en 21 de junio y aún escribió un epílogo de reflexión el 24 de junio. Dejó fijados así con humor una narración de nuestros días recientes, en este mismo y ya histórico 2020, a lo largo del 11 de marzo al 24 de junio. No pude menos que descargarme cada uno de los párrafos y guardarlos para mi uso personal, cosa que le dije a él mismo que estaba haciendo. Y aquí lo tengo ahora mismo para mi biblioteca personal, de momento en digital pero lo imprimiré en papel, ocupando unas cincuenta hojas en folio.

José Bello Lasierra, más conocido como Pepín Bello (1904-2008), fue uno de los miembros de la llamada Generación de 1927 más citados y también más desconocidos por muchas décadas, hasta el punto que llegó a vivir quince años de su vida en soledad. Se le ha reconocido como autor de casi todas las fotografías del grupo de escritores, pintores y cineastas de aquel surrealismo nacido en 1927, no dejó obra escrita alguna, pero los que lo conocieron y pudieron hablar de él siempre reconocieron que era el más surrealista de todos ellos, el alma de ellos incluso con humor, y fijémonos que hablamos de un grupo que contaba con gente como Lorca, Dalí, Buñuel, Alexandre, Alberti, Cernuda... Poco más o menos le ocurre a Casquete, uno de los autores alcalaínos actuales más dinámicos y que sin embargo ni publica obra, ni se prodiga en los encuentros o actos literarios que se suelen organizar. Yo no podía menos que incluirle en estas notas con todo mi reconocimiento, aunque sea hablando de este grupo de textos a los que llamó Diario de confinamiento y con los que nos ha dado sonrisas todo este tiempo de encierro, restricciones y enfermedad.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

lunes, 22 de junio de 2020

Sin grises

Título: Sin grises
Autor: David Escarpa, "SK". 
Editorial: Inventa Ediciones.
Año de publicación: 2020 (1ª edición; prólogo de Malagón).
Colección: Imagina Fusión.  
Género: Ilustración; Cómic; Humor; Aforismo.
ISBN: 978-84-12-103144

Uno de los ilustradores prolíficos de entre las actuales generaciones alcalaínas es David Escarpa (1983), que suele firmar y ser conocido como ilustrador y viñetista por SK. Fue alumno del propio Malagón en el taller de cómic que años atrás este impartía en la Casa de la Juventud de Alcalá de Henares. Precisamente Malagón da prólogo al primer libro de SK, editado este 2020 de manera atrevida durante el confinamiento por la pandemia de la Covid-19, lo que ha dificultado e innovado a partes iguales en su presentación, promoción y difusión, pero que sin duda ha visto entorpecida su distribución inicial, ya que su editorial, Inventa Editores, está afincada en Guadalajara, la cual quedó aislada de Madrid como provincia en estos tres meses atrás de pandemia. Para mayor problema, la editorial anunció a una semana de terminar el estado de alarma, el 12 de junio, que no iban a publicar ningún libro más, no se sabe aún si con la idea de recuperarse un poco de las posibles pérdidas por el parón económico de la pandemia, por tanto: para poder volver a hacerlo tal vez para 2021, aunque sí se iban a centrar en promocionar y promover los libros con los que ya cuentan en su catálogo desde el inicio de su creación en 2015.

Inventa Editores siempre ha aspirado a crear una línea editorial cuidadosa con el diseño, en ese sentido era lógico que una obra como la de SK tuviera cabida entre sus títulos. El libro fue editado en rústica, con cubiertas solapadas, en solemne blanco y negro para estar acorde al título, Sin grises, con un tamaño de bolsillo casi cuadrangular, recordando a algunos comic-book que se editaron en Europa y Estados Unidos en los años 1970 recopilando historietas y viñetas del personaje Snoopy, de Charles M. Schulz, por ejemplo, y con un marcapáginas a modo de pinza con la viñeta realizada por SK para la portada, un hombre lanzándose a un tintero y, por el otro lado, el título en letra blanca con tipología de máquina de escribir gastada y fondo negro.

David Escarpa no solo es ilustrador, también es músico. Desde hace años es uno de los componentes del grupo Bluestropic. En su inquietud creativa, además, participó y estuvo presente en varias de las acciones artísticas y actos que se celebraron en el desaparecido bar La Vaca Flaca (que cerró del todo en 2015), incluidas exposiciones, precisamente uno de sus proyectos colaborativos más recientes es tratar de recuperar algunos de estos actos en bares actuales con gente de aquellas épocas y con gente nueva. Sea como sea, David Escarpa es prolífico como ilustrador y viñetista. Con su firma SK ha publicado viñetas en diversas publicaciones, incluida prensa, así como ha realizado alguna exposición. Ahora realiza su primer libro, Sin grises, compilatorio de una selección de dibujos que creó para dar su reflexión visual sobre diversos textos, ya sean reflexiones, poemas o aforismos, de gente amiga suya, así como escritores de toda época altamente conocidos, hablamos de gente como Kase 0, Pochi Piröh, Barbet Schroeder, Bertolt Brecht, Blanca Scualo o Simone de Beauvoir, entre otros. Todas estas personas se transforman en colaboradores necesarios y autores invitados en su obra, del mismo modo que Malagón le apadrina al empezar su primer libro con sus palabras.

El estilo de SK es un estilo donde efectivamente no hay grises, no hay claroscuros, pero tampoco se puede decir que hay grandes contrastes de negro y blanco. Más bien son trazos bien definidos y firmes, de línea más bien gruesa, muy evidentemente en tinta, nada de dibujos por ordenador. Es un viñetista humorístico claramente heredero de la vieja escuela, siempre efectiva. Se nota la influencia de Malagón en cuanto a la explotación metafórica del concepto, por ejemplo en el dedicado a un anciano con cola de diablo para el texto dedicado a la maldad en los pueblos que cita de Julio Llamazares. Pero es innegable que SK tiene su propia voz distanciada de Malagón, donde se puede rastrear una probable herencia de la lectura del humor sarcástico y crítico de la revista El Jueves. Muchos de sus personajes recuerdan un poco a los personajes diseñados por algunos de los humoristas de esa publicación, pero también hay un cierto remozado del clásico humor de la editorial Bruguera, por ejemplo en la recurrente postura de caminar que usa SK para varios de sus personajes, que recuerda a algunas de las acciones de movimiento de los cómic editados en los años 1980 por esa editorial ya como parte del Grupo Z o de Ediciones B. Recordemos además que las carencias tecnológicas de impresión que tenía Bruguera en los años 1950 hicieron de la imposibilidad de plasmar más de un determinado número de colores o de la imposibilidad de crear ricos escenarios de fondo al estilo de los cómic franceses y belgas, que sí tenían posibilidades económicas de disponer de determinadas planchas impresoras, aquello se transformara en una marca de la casa de prácticamente todos los autores de éxito de esa época y las tres décadas siguientes, Francisco Ibáñez, Escobar, Vázquez, Jon... De ese modo los fondos habitualmente no estaban rellenos o tenían formas mínimas. Esa herencia visual se ha traspasado a generaciones posteriores de ilustradores y viñetistas, por ejemplo a los de El Jueves, como Manel Fontdevila o Carlos Trillo, o a otros ilustradores humoristas como Bernardo Vergara, que pinta para El Diario. También en SK la importancia recae totalmente en el personaje o los personajes que han de darnos el mensaje humorístico y, en su caso, prescinde totalmente de todo relleno de fondo, hace centrar así el foco de atención en el mensaje principal. Más allá, ni siquiera usa de los límites de la viñeta, sus límites son la propia extensión de la hoja física de papel, si bien la imagen queda siempre centrada.

Entre las herencias recibidas hay también un claro estilo de la viñeta de humor sarcástico y reflexivo propio de las viñetas de humor de la prensa diaria. No se trata de personajes seriados que se crearon para la misma en el siglo XX, como pudieran ser los personajes de Quino, Fontanarrosa, Dik Browne o Forges, personajes que terminan creando un mundo enriquecido con personajes secundarios y un discurso razonado y evolutivo que se comprende mejor en obras integrales de todas las tiras que pudieron crear para los periódicos. Tampoco se trata del sarcasmo de doble sentido y conceptual que pueda pintar cada día El Roto para el diario El País, del que posiblemente sí bebe de sus fuentes el que fuera maestro de SK, Malagón. Posiblemente si hay que ponerlo al alcance de alguno de los autores de viñetas para prensa, sería el ya citado Bernardo Vergara, de El Diario, o, algo más viejos, Gallego y Rey, que suelen publicar en El Mundo. Se trata de concentrar el dardo seco irónico y sarcástico en una frase de pocas palabras, o en una imagen sin palabras siquiera, concentrando en lo poco que se muestre toda una andanada de un discurso complejo y claramente comprometido con causas sociales de justicia, habitualmente adscritas a las diversas ideologías de la izquierda política, tales como la lucha contra el racismo, el mensaje feminista, la denuncia de la hipocresía en la Iglesia como institución, la crítica al abuso de poder y de autoridad, la defensa del desfavorecido incluso apuntando con el dedo al sistema asumido como único posible, o, un poco del lado más íntimo, la puesta en evidencia de lo conflictivo que puede resultar a menudo las difíciles relaciones interpersonales, especialmente entre hombre y mujer en el mundo moderno, como en la viñeta donde una mujer leyendo un libro piensa en voz alta que al acordarse de ti recuerda el tiempo que pasa tratando de olvidarle.

Sus personajes se caracterizan por la nariz. Así es. La nariz y un entrecejo único que oculta las miradas son los trazos básicos que conforman cada uno de los personajes de SK, es parte de su estilo. A través de ellos, pocos trazos en sí, crea innumerables personajes diferentes de los que además podemos intuir su estado de ánimo o su ser, lo que no es algo fácil partiendo solo del concepto de una nariz y un entrecejo. Por supuesto, SK dibuja todo el cuerpo, no tiende a hacer primeros planos, él pinta cuerpos enteros con desparpajo y movimiento que no están exentos de cierta tensión violenta y a la vez inmóvil, como en la estatua de "El David" de Miguel Ángel Buonarroti. Cierto es que lo común es que sus personajes enseñen los dientes habitualmente, lo que nos hace pensar en cierta agresividad, pero también en un grado de expresionismo muy asumido en el estilo que ha desarrollado. De eso se trata, su humor ahonda en las expresiones para lanzar mensajes sin matices, sólo blanco y negro con trazos claros y sin casi lugar a ninguna sombra oscura.

"Si te grito es por no oírme", se grita una pareja mutuamente, mientras un mendigo (que por cierto recuerda a un mendigo real que por muchos años pidió en la Calle Mayor de Alcalá hasta que le encontraron una vida mejor) extiende su mano con un símbolo para ingresarle dinero sin tocarle, con tarjeta de crédito, mensaje suficientemente ambiguo como para pensar lo rico e inteligente de este sarcasmo que podría estar haciendo denuncias en varias direcciones diferentes, dando palos a todos lados. Una mirada crítica a la sociedad, sin duda, que no deja indiferente. "Y decían que nunca alcanzaría un puesto fijo", dice un personaje sentado en una barra de bar, bebiendo alcohol.

La interesante obra de SK cuenta ahora con esta publicación que, espero, sea la primera de muchas puertas a abrirse. Al contrario de lo que opinaba Forges en 2015, cuando declaró que los caricaturistas y viñetistas desaparecían  y por ello ya no tenían cabida en la prensa actual, creo firmemente que eso no es real. Desaparecieron por fallecimiento los clásicos que más se han admirado en las últimas décadas, como el propio Forges o como Gila o Chumy Chumez, o bien dejaron de usar la prensa como principal medio para sus obras, como Quino, o bien siguen en activo pero ya muy envejecidos, como Gallego y Rey o El Roto, pero sí hay relevo generacional, Fontdevila, Vergara, Malagón, Erlich o SK, o en el caso local de la prensa complutense, Ángel, son muestra de ello. Sí hay relevo generacional y con calidad. Lo que debiera haber es voluntad de editarles y de no eliminar esta parte del cómic, la de la viñeta de prensa, del mismo modo que se les debe reconocer con voz propia y no tenerles al arrastre de la obra de los viñetistas que durante décadas fueron previos, como el citado Forges o el que aún continúa, El Roto.

Merece la pena acercarse a la mordacidad de SK.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 14 de junio de 2020

El efecto Tyndall

Título: El efecto Tyndall
Autor: Javier Rodríguez Álvarez. 
Editorial: Éride Ediciones.
Año de publicación: 2020 (1ª edición -febrero-; 2ª edición -junio-).
Género: Novela.
ISBN: 978-84-17659-63-9
 
Javier Rodríguez ya fue presentado por primera vez en estas notas con su primer libro sobre sus experiencias como librero, Pues si eso, luego vuelvo. Quepa añadir a su presentación biográfica y a su importancia cultural en Alcalá de Henares y como librero, que a comienzos de los años 1980 participó del grupo Teatro Independiente Alcalaíno (TIA), el cual sigue en activo y que en aquellas fechas representó cosas tan interesantes como la obra Lisístrata, escrita sobre el año 411 antes de Cristo por Aristófanes y que, pese a tener carácter humorístico erótico, llegó a ser representada dentro de la propiedad del obispado en Alcalá, en el Palacio Arzobispal. Quepa también añadir una abundante labor fotográfica entre el foto reporterismo, la afición y lo experimental en blanco y negro dentro de la Alcalá de Henares de mediada la década de 1970 a mediada la década de 1980. Por su cámara desfilaron amistades, familia, el negocio de prensa y librería de su familia e innumerables persona conocidas del centro de la ciudad de aquella época, como el dueño del Cine Paz o determinada mujer a la que los reclutas del servicio militar obligatorio les pedía tabaco cada día, o personas jóvenes como él muy activas en la vida cultural local, como por ejemplo los componentes del grupo que quiso llamarse Encuentro 83 para una exposición conjunta en la sala de exposiciones desaparecida de la caja de ahorros Caja Madrid, en la calle Libreros. Eran un grupo multidisciplinar de varias artes plásticas del cual él mismo formaba parte como fotógrafo junto a poetas, pintores y escultores tales como Luis de Blas (poeta fallecido recientemente poco antes del confinamiento por el estado de alarma ante la pandemia de la Covid-19, la prensa lo anunció el 13 de marzo), Roberto Castro, Carlos Chacón (pintor y escultor hijo del poeta José Chacón), Jesús G. Lominchar, Francisco Roldán y la pintora Trinidad Romero (la cual se animó a sacar un libro de poemas en 2019 del que ya hablamos, Los ojos del silencio).

El segundo libro publicado de Javier Rodríguez fue la novela El efecto Tyndall. Salió a la luz en febrero de este 2020. Éride Ediciones, cuyo editor, Ángel Jiménez, es amigo de Javier Rodríguez, fue la misma editorial que sacó su primer libro ya citado, Pues si eso, luego vuelvo. También usaba la imagen de una mujer sentada, esta vez desde el plano más abierto de los posibles, viéndose todo el cuerpo, igualmente de espaldas, pero esta vez a contraluz de una ventana al atardecer o al amanecer (a juzgar por la inclinación de la luz), y una habitación en penumbra donde se la ve a ella leer un libro. A todo esto se percibe perfectamente el llamado efecto Tyndall, un efecto óptico de los rayos de luz cuando se hacen ver como tales al mostrar partículas en suspenso flotando por donde ellos pasan o bien una claridad que difumina la escena que se supone hay allá donde entran esos rayos de luz. Esta portada sería producto de Alba Rodrigo.

Éride Ediciones es una editorial que normalmente trabaja como editorial que edita en coedición con los autores, esto es: la financiación y apuesta por los títulos de los libros que deciden editar es a medias entre la editorial y el autor. Sea como sea, según cuenta Javier Rodríguez en persona, el editor apostó por su libro tal cual estaba en su primer manuscrito, dado que había una editorial (ignoro si se trataba de Reino de Cordelia) que pedía cambios en el argumento que incluyera muertes dramáticas, cuestión que no estaba en la cabeza del autor. En todo caso, dice el propio autor, aún habría pendiente una revisión del libro que corrigiera algunas cuestiones de estilo, no del argumento, por lo que estaría pendiente aún otra nueva edición revisada. No sería difícil de alcanzar, ya que el libro está teniendo gran aceptación. Se vende fácil y rápidamente, especialmente desde que el 10 de mayo pasado la sección de "Sociedad" del periódico El País en su edición nacional publicara el artículo "Días raros, raros, raros", escrito por la periodista afincada en Alcalá de Henares Luz Sánchez-Mellado. En ese artículo la periodista narraba el primer día que salía a pasear después de iniciado el confinamiento en casa por la declaración del estado de alarma por la Covid-19 desde del 14 de marzo. En ese paseo tenía una cita pendiente, la cual era ir a la Librería de Javier a comprar precisamente este libro porque conoce al librero y quería tener su primera novela. Previamente, según cuenta Javier en persona y en redes sociales, una enfermera del Hospital Príncipe de Asturias había recomendado su libro a los enfermos y sus familiares de la Covid-19, yo he llegado a escuchar versiones que hablan de una entrevista en Telemadrid donde citaron el libro. Muchas semanas más tarde Javier volvería a comentarlo por redes sociales, pero ya no como la enfermera, sino como un médico amigo suyo, que por otra parte hemos de suponer fue el mismo médico cliente habitual suyo que le recomendó cerrar la tienda por la Covid-19 incluso antes de que se declarara oficialmente el estado de alarma. Indiferentemente a cómo se desarrollaron los acontecimientos de esta propagación ejemplar del boca a boca, el libro ha funcionado y funciona gracias en buena parte a esta inusitada promoción clásica y casi podríamos decir que previa a los tiempos actuales de los grandes medios de comunicación, aunque estos tengan algo que ver. 

Lo cierto es que uno no sabe exactamente qué le lleva a una enfermera y a un médico a recomendarlo a los pacientes de Covid-19. Leído el libro puedes hacer alguna conjetura sobre ese asunto, pero realmente no hay nada directamente claro ni relacionado en cuanto a una enfermedad pandémica se refiere. Puedes conjeturar acerca de un capítulo concreto que diserta sobre la necesidad de superar los traumas del pasado, o incluso sobre el último capítulo que da explicación de conjunto al resto de cosas narradas, también en un sentido de necesidad de superar el pasado para poder avanzar en la vida. Pero, sinceramente, salvo las interpretaciones personales de cada uno sobre estos dos pasajes, no hay nada que directamente relacione este libro con una novela que ayude a comprender o pasar la Covid-19 en sus aspectos más humanos. Todo sea, por otro lado, la autosugestión que su lectura haya podido crear en los sanitarios del Hospital Príncipe de Asturias justo en los meses más duros de la enfermedad, cuando había cientos y cientos de muertos acumulándose en el paso de los días, todos ellos con sus historias de padecimientos y dramas, los cuales hayan quedado para siempre en la intimidad secreta de los enfermos y de quienes los cuidaron dentro de los hospitales. Una autosugestión condicionada por todos aquellos médicos y enfermos por una visión derivada en una única dirección interpretativa tal vez aportada por uno o varios de los sanitarios implicados en su difusión. Tal vez, otro camino diferente, labor de difusión nacida de la amistad o aprecio que algunos sanitaros le tengan a Javier por su labor como librero y como recomendador de libros en la cadena de radio Cadena SER-Henares, quizá aumentado tras el conocimiento de que Javier planea traspasar su negocio por jubilación en otoño próximo de este 2020.

El libro como novela sale a la luz animado Javier Rodríguez en una labor creativa por David Vicente, según los agradecimientos incluidos en las últimas hojas. David Vicente es otro escritor de Alcalá de Henares, el cual lleva un taller de escritura creativa desde el que organiza algunos eventos literarios, llamado La Posada de Hojalata. Hemos de creer por tanto que buena parte de la prosa de Javier Rodríguez se debe al aprendizaje y desarrollado de los conceptos, tendencias y normas literarias que se encuentren teorizados en este taller de David Vicente para hacerte escritor. 

Entre las dedicatorias del libro se encuentra la referida a Montse Palenzuela, amiga y cliente de Javier, la cual seguía las andanzas de Carmen, la protagonista del libro, por lo que el autor dice que Carmen lleva su rostro, pese a que no llegara a tener en sus manos el borrador definitivo del libro, pues moriría por una enfermedad de desarrollo rápido.

El libro cuenta con un estilo directo y sencillo, sin adornos. Cada capítulo tiende a ser breve. Dividen el relato central en pequeñas historias autoconclusivas que a la vez componen la vida en conjunto de la protagonista, pues se trata de la narración de la vida de una mujer desde su juventud hasta su edad más madura. A saltos temporales atravesaremos desde 1972 a 2018 con los ojos de una vida femenina a caballo entre la sociedad del franquismo, la de la Transición y la actual de la monarquía parlamentaria, cobrando más importancia los años de la década de 1980. Eso hace que el relato narre por necesidad tanto la evolución del pensamiento de la gente común como la vivencia íntima y personal de la llegada de esos cambios a la vida personal de la citada Carmen. Los diálogos son el mayor apoyo narrativo de cada capítulo, son ellos los que aportan muchos datos que el narrador no llega dar en profundidad, aunque los mencione. Es una prosa centrada más bien en el discurso narrativo de cada suceso en una línea de tiempo definida y evolutiva, no se entretiene demasiado en la vida interior de los personajes, a pesar de que es esa vida la que mueve toda la novela. El personaje más definido es el de la propia Carmen, pero es evidente que hay que prestarle atención a algunos de los personajes secundarios en los que el autor no ha ahondado tanto, como puedan ser el padre, el esposo o el hijo. La novela parece aspirar esencialmente a la visión femenina, pero el relato evidencia que la vida de la protagonista necesita claramente de un acercamiento un poco mayor a la vida de estos otros personajes para comprender mejor la trama en toda su profundidad, más allá de la vivencia más íntima de Carmen. A fin de cuentas, los dos pasajes claves que pudieran haber hecho ver a los sanitarios del Hospital Príncipe de Asturias que el libro era recomendable durante la cuarentena, precisamente son dos pasajes que le dan sentido a todo lo narrado como una novela que narra una historia de superación personal, dejando atrás el pasado, la última parte incluso a modo de metáfora sobre la muerte de toda atadura al pasado para seguir en una nueva vida nacida de los pilares de ese pasado, y tales pasajes se construyen a través de los traumas más profundos de la vida de Carmen, que fundamentan su nueva vida, y que necesitan inevitablemente de la existencia de los personajes de sus seres más cercanos, padre, esposo e hijo, por ello mismo estos personajes no debieran ser mera anécdota, pues son base de los pilares de la trama, de la vida de Carmen.

Uno de los hitos promocionales del libro en cuanto a las posibilidades de Javier es destacar su relación con la Alcalá de Henares de los años 1970 y 1980. Tanto es así que incluso por redes sociales, con gran generosidad, el autor ha compartido parte de su propio archivo fotográficos personal en torno a esos años, para ilustrar cómo era la ciudad en la época. Ciertamente el libro tiene bastante de Alcalá de Henares, ignoro, aunque sospecho, si alguno de los personajes ficticios tiene mucho, poco, algo o nada de personas reales del entorno de Javier en esos años. Es más que probable que el libro beba de las fuentes de personas, historias, lugares y vivencias reales. De hecho, uno de los dones del relato en cuanto a quien desee usar la literatura de cara a rastrear el pasado, es el amplio conocimiento que tiene Javier de Alcalá de Henares en esos años, por razones obvias y evidentes. Negocios, fisonomías urbanas desaparecidas como el llamado "Parque de los Patos" en cuanto a la zona infantil del Parque O'Donell, instituciones como el Cineclub Nebrija, el Casino y el tipo de gente que los ambientaba están más que presentes. El libro en todo tipo de detalles de la Alcalá entre los años 1970 y 1980 es valioso, incluso en una crítica fugaz que podría pasar por alto cuando en el año 2018 se habla por encima de la pérdida de personalidad con la construcción de nuevos barrios despersonalizados y la pérdida de la vida de barrio, tanto en Alcalá como en Madrid o en El Peñascal, porque la novela, aunque tiene fundamento en Alcalá de Henares, se desarrolla fundamentalmente en un pequeño pueblo de montaña de la Sierra de Madrid, El Peñascal, y esporádicamente pasa por el Madrid de los años de "La Movida" cultural de los primeros años 1980.

Carmen es una joven sometida a la obediencia familiar fuertemente jerarquizada y machista de la España de Franco, nunca mejor analizado, puesto que el padre es un franquista que intuimos que participó de las tropas del dictador durante la guerra civil. Ella sufre una presión y una violencia familiar de la que solo se evade mediante los estudios universitarios y el matrimonio con un carpintero, su primer novio. Ese matrimonio la lleva a salir de Alcalá de Henares para vivir en El Peñascal, donde descubrirá las infidelidades de su esposo, sin llegar a enfrentarse con él. Un matrimonio breve la lleva a tener que adaptarse como mujer independiente a un entorno rural y conservador, no obstante más abierto que la vida anterior con su padre. Sea como sea, un par de tragedias familiares le brindan paradójicamente, aunque tal cual ocurre en la vida real, unas oportunidades nuevas para tomar las riendas de su vida. Inicia un negocio de librería que revoluciona un poco la vida femenina del pueblo y destapa a la vez diversas hipocresias pequeñas, mientras a la vez hace que tenga contactos con una editorial de Madrid. Con este argumento se va desarrollando la vida de Carmen, con un pequeño gancho misterioso sobre el auge de escritoras en El Peñascal, que Javier aprovecha como crítica tan velada como claramente directa contra los escritores que autopublican sus libros, o tal vez contra los editores que se aprovechan de la gente que escribe con más buena intención que calidad, o tal vez hacia ambos. Resabio probable de la experiencia como librero del propio autor, desatado en este libro ahora tan cerca de su jubilación. 

Con un ritmo suave y un tono amable, el libro narra traumas y normalidad aprovechando cada episodio desde un punto de vista de lo cotidiano de la vida. Suceso tras suceso habitual en una vida corriente se muestran de una manera que invita a leerlo. No hay estridencias y la novela produce un efecto agradable y verosímil. El último capítulo es el que recoge con inteligencia de metáfora el sentido de la novela, la necesidad de superación del pasado, la necesidad de "matar" al pasado, no de olvidarlo, pero sí de dejarlo atrás para poder continuar sin traumas pendientes que nos frenen. El mismo comienzo del libro, cuidando tumbas, nos hace reflexionar sobre esto mismo cuando después conozcamos quienes eran los muertos, del mismo modo que a mitad del libro cuando Carmen se reconcilie con la memoria de su padre.
 
El autor declaraba en redes sociales públicas en enero de 2021 que estaba preparando la segunda parte.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

martes, 9 de junio de 2020

Trovador y Poeta

Título: Trovador y Poeta. Caricias de versos, en espera de respuesta.
Autor: Enrique Rodríguez Romera.
Editores: Asociación de Escritores de Madrid. 
Año de publicación: 2017 (1ª edición; prólogo de Luis Miguel García de Mora; 2ª y 3ª ediciones: 2018; 4ª y 5ª ediciones: 2019).
Género: Poesía.
ISBN:  978-84-946226-5-6

El primer poemario de Enrique Rodríguez Romera fue Trovador y Poeta. Fue publicado en 2017 y para 2019 contaba ya con cinco ediciones. El libro fue prologado por Luis Miguel García de Mora, y fue traducido en parte en la quinta edición al inglés por Susana Fernández Encabo, en esa edición, además, se incorporaron ocho poemas nuevos, signo de que el autor aún meditaba la obra.

Enrique Rodríguez Romera, nacido en 1975 en Granada, es un autor muy activo en Alcalá de Henares, sobre todo a través de Nottigh Hill. Sus presentaciones de libros y recitales suelen ser en esta ciudad. Es miembro de la Asociación de Escritores de Madrid, fue esa misma asociación quien le editó este libro.

Trovador y poeta tenía el revés de la mano del propio autor con una pluma de escribir sangrante en su portada y la estatua de Cervantes en Toledo en la contraportada, con lo que visualmente se jugaba en parte con la idea de la mano manca de Cervantes y se nos presentaba como carta que nos indica que estamos ante un libro de literatura, cosa que con el título mismo ya estaba señalado. El libro está compuesto por cincuenta y siete poemas en dos bloques,  “Invierno” y “primavera”, excluye intencionadamente el verano y el otoño, haciendo de las estaciones del año un símil con el amor y con  las historias de cada poema.

Rodríguez Romera hace aquí una poesía muy expresiva llena de interrogantes y exclamaciones. Tiene así un carácter apasionado que insta al lector. Tiene por temática el amor y el desamor. Son poemas un tanto narrativos, contando una historia cada uno. La mayor parte de esas historias hacen protagonista a la mujer. Explora en las emociones íntimas de los sentimientos. Se ayuda a veces de elementos naturales que suelen ser recurso y sinónimo de vida, sean estos la tierra, el mar y el aire, por ejemplo.

Arañé la espalda del mar,
quizá en el sangrar,
estuviese el olvido. 
 
Un poemario respetuoso, tanto como pasional, donde se refleja que el autor tiene en sí una idea de qué y cómo quiere escribir.
 
RESURRECCIÓN

El viento sigue soplando,
pero es mi espalda quien frena,
y mi cara altanera y provocativa…
levanta al fin la mirada. 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".