Casi todo el mundo parece estar de acuerdo en que el territorio en el que se desarrolla todo es el de la Península Ibérica, y puesto que las principales ciudades en disputa están en una meseta extensa, se identifica las acción en general con Castilla. Para muchos parece claro que la ciudad de Tetrecia en la novela no es otra que la antigua Titulcia, que tanto ha dado a la arqueología actual. Por ese camino aparecerían también Madrid y Alcalá de Henares, entre otras ciudades, solo que con falsos nombres inventados, imitando los hipotéticos nombres de unas civilizaciones ibéricas desaparecidas. Siguiendo esta lógica, si el primer libro tenía al Henares por centro y la segunda novela al Jarama, ahora el protagonismo correría de la cuenta del Manzanares y del Tajo, sin dejar de salir los otros ríos y sus ciudades. Pero hay filólogos que consideran que el nombre de Barcial en realidad guardaría relación con un lugar de Extremadura y se lleva la acción a Extremadura y no a Madrid. Tras leer el libro lo único que puedo afirmar a este respecto es que en Madrid ni hay cataratas ni hubo flamencos rosas, del mismo modo que pese a existir unas grafías íberas nunca descifradas a fecha de hoy, la protohistoria ibérica no cuenta con civilizaciones tan avanzadas como para tener técnicos hidráulicos, ingenieros arquitectónicos, expertos madereros, etcétera. Si tuviéramos que tener eso en cuenta podríamos hablar o bien de Andalucía y Extremadura, donde pudo estar el reino de Tartesos, o bien directamente podemos imaginar un territorio imaginario o como mucho de Oriente Próximo. Pero, de nuevo un "pero", es evidente que los nombres inventados siguen algún tipo de lógica filológica y que las descripciones paisajísticas tienen mucho detalle, podrían incluir algún "disfraz" que dificulta reconocerlas del todo, y dado que filólogos y estudiosos de Sánchez Albornoz en su mayoría afirman el triángulo Madrid-Titulcia-Alcalá de Henares, y los ríos Manzanares-Jarama-Henares-Tajo, se podría dar por bueno que esta novela tiene esa ubicación. Lo más claro es la aparición de la extensa meseta cerealista de las dos Castillas, y tengo la impresión que en el deambular de los personajes podrían estar yendo a territorios más lejanos, ya sea hacia Portugal o hacia Cataluña-Valencia, no queda claro.
Las notas de los cíclopes libreros son reseñas de libros de autores, editoriales, editores, personajes o tramas que sean de o tengan que ver con Alcalá de Henares. Da igual de qué época sea la obra. Tú puedes ser uno de los cíclopes. Si quieres escribir una de las reseñas, mándamela. No se publicarán reseñas de libros ya reseñados, tienes el espacio comentarios. No queremos reseñas comerciales.
sábado, 18 de julio de 2020
El testimonio de Yarfoz
Casi todo el mundo parece estar de acuerdo en que el territorio en el que se desarrolla todo es el de la Península Ibérica, y puesto que las principales ciudades en disputa están en una meseta extensa, se identifica las acción en general con Castilla. Para muchos parece claro que la ciudad de Tetrecia en la novela no es otra que la antigua Titulcia, que tanto ha dado a la arqueología actual. Por ese camino aparecerían también Madrid y Alcalá de Henares, entre otras ciudades, solo que con falsos nombres inventados, imitando los hipotéticos nombres de unas civilizaciones ibéricas desaparecidas. Siguiendo esta lógica, si el primer libro tenía al Henares por centro y la segunda novela al Jarama, ahora el protagonismo correría de la cuenta del Manzanares y del Tajo, sin dejar de salir los otros ríos y sus ciudades. Pero hay filólogos que consideran que el nombre de Barcial en realidad guardaría relación con un lugar de Extremadura y se lleva la acción a Extremadura y no a Madrid. Tras leer el libro lo único que puedo afirmar a este respecto es que en Madrid ni hay cataratas ni hubo flamencos rosas, del mismo modo que pese a existir unas grafías íberas nunca descifradas a fecha de hoy, la protohistoria ibérica no cuenta con civilizaciones tan avanzadas como para tener técnicos hidráulicos, ingenieros arquitectónicos, expertos madereros, etcétera. Si tuviéramos que tener eso en cuenta podríamos hablar o bien de Andalucía y Extremadura, donde pudo estar el reino de Tartesos, o bien directamente podemos imaginar un territorio imaginario o como mucho de Oriente Próximo. Pero, de nuevo un "pero", es evidente que los nombres inventados siguen algún tipo de lógica filológica y que las descripciones paisajísticas tienen mucho detalle, podrían incluir algún "disfraz" que dificulta reconocerlas del todo, y dado que filólogos y estudiosos de Sánchez Albornoz en su mayoría afirman el triángulo Madrid-Titulcia-Alcalá de Henares, y los ríos Manzanares-Jarama-Henares-Tajo, se podría dar por bueno que esta novela tiene esa ubicación. Lo más claro es la aparición de la extensa meseta cerealista de las dos Castillas, y tengo la impresión que en el deambular de los personajes podrían estar yendo a territorios más lejanos, ya sea hacia Portugal o hacia Cataluña-Valencia, no queda claro.
domingo, 12 de julio de 2020
Antología del teatro anarquista (1882-1931)
ISBN: 978-84-94785-62-7
En estas notas ya se había mencionado a Juan Pablo Calero Delso con motivo de su participación en el libro CNT 1910-2010, cien imágenes para un centenario (del que fue coordinador) y CNT, El hilo rojinegro de la prensa confederal (del que fue coautor). Este prolífico autor e historiador alcalaíno se desdobla entre Guadalajara y Alcalá de Henares. Se licenció en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid entre 1981 y 1987. Nada más terminar sus estudios pasó a ser profesor en el Colegio de Huérfanos Ferroviarios por la duración de un curso, por lo que en 1988 pasaba da dedicarse a otras cosas. Activista y militante de lo que cree justo en las causas obreras diversificó sus actividades, si bien la investigación le ha llevado a publicar numerosos artículos y libros desde aquellos entonces. tiene grandes dotes para la oratoria y la transmisión de la Historia, lo que le ha llevado a dar numerosas conferencias en diversas ciudades. En 1991 comenzó a ser profesor de nuevo, ahora para la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que es lo que le llevó a ser un reconocido profesor de educación secundaria en institutos de secundaria en Guadalajara. Esta actividad laboral docente la siguió combinando con las actividades investigadoras, divulgadoras, oratorias y activistas. En 2001 sus inquietudes le llevaron a matricularse en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, de la cual en 2003 obtuvo la Diplomatura de Estudios Avanzados en Historia Contemporánea. Al año siguiente, en 2004, volvió a matricularse en la Universidad Autónoma de Madrid para comenzar los estudios de doctorado. En 2005, terminaba su labor como profesor para la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y comenzaba ese mismo año una nueva etapa como profesor de secundaria ahora para la Comunidad Autónoma de Madrid, ejerciendo en Alcalá de Henares ininterrumpidamente aún en la actualidad. Logró ser Doctor en Historia Contemporánea desde 2006. Con toda esta trayectoria, nunca ha desvinculado de su vida este desdoblamiento entre Guadalajara y Alcalá de Henares, sin dejar de lado a Madrid capital, todo sea dicho, puesto que parte de sus actividades y labores oratorias y de autor pasan por allí.
domingo, 5 de julio de 2020
Industrias y andanzas de Alfanhuí
Cuando hablamos de El Jarama en estas notas ya mencionamos que Rafael Sánchez Ferlosio también hizo aparecer a Alcalá de Henares en la que fue su primera novela, Industrias y andanzas de Alfanhuí, terminada de escribir en diciembre de 1950 y publicada en 1951 recurriendo a la autopublicación. Estaba Sánchez Ferlosio entre los 23 y 24 años de edad. Hay entre los dos libros un espacio de cinco años. Ya decíamos en El Jarama que el padre de Rafael Sánchez Ferlosio era el escritor, ideólogo de Falange y Ministro de la dictadura de Franco, Rafael Sánchez Mazas. Esto posicionaba económica, cultural y socialmente a Sánchez Ferlosio en una posición altamente privilegiada. Ya contamos que la novela Industrias y andanzas de Alfanhuí eran en origen un grupo de cuentos que el joven escritor iba escribiendo y luego leía a sus padres en viajes en coche. Fueron su madre y su padre quienes le animaban a seguir por esa senda y le otorgaban todo tipo de oportunidades. Probablemente fue su padre el que le animó a darle un hilo conductor a todos esos cuentos para hacerlos novela, aunque otro escritor que le conoció en aquellas épocas, Juan Benet escribió décadas más tarde en una introducción de una de las ediciones posteriores que Sánchez Ferlosio andaba ensimismado en los viajes en coche y que tal vez estaba pensando en las historias que estaba escribiendo. Sea como sea, y a pesar de que Sánchez Ferlosio en 2001 escribía que el libro lo había hecho un primo suyo (lo que era una broma del autor que terminó hablando mal de cómo estaba compuesto, igual que le pasó con El Jarama), su obra es innegablemente suya, tiene todo su estilo y recursos, no solo eso: le consagró de manera inmediata. Pero aquella renuncia la escribió en una reseña de su propio libro para el diario El Mundo, que decidió editarlo dentro de una colección donde seleccionaron los que ese periódico consideró las cien mejores novelas en habla castellana del siglo XX. Seguiremos la reseña de este libro a través de esa edición de 2001, que fue en tapa dura con sobrecubiertas en papel con un niño en medio del campo cazando insectos, contaba esa edición con el prólogo de Agustín Cerezales.
La juventud de Sánchez Ferlosio con su primera novela nos hace pensar que efectivamente conocía bien esas novelas clásicas, que son lecturas obligadas en colegios, institutos y Universidades, y que están relacionadas con Alcalá de Henares, de donde parte la vida de Alfanhuí. Pero sobre todo se nota en una gran cantidad de recursos que nos recuerdan a las corrientes literarias de la primera mitad del siglo XX, la Edad de Plata, tan estudiada también en los centros de enseñanza, aún a pesar de las censuras de la dictadura de Franco. Pensemos además que Sánchez Mazas, el padre, como escritor que era conoció a buena parte de aquellos de los llamados -ismos y cuyas carreras y vidas se truncaron con la guerra civil, ya por muerte, ya por exilio. Es evidente, por ejemplo, que si bien en El Jarama prima la búsqueda de la perfecta estética de vocabulario y lenguajes múltiples de la sociedad, en la historia de Alfanhuí hay todo un esfuerzo por reflejar colores y atarlos a imágenes a menudo surrealistas que describen el mundo rural común. Así por ejemplo tenemos al protagonista entrando en un pozo para hacerse con los colores de una aguas con las que regará unos árboles pra que den frutos de colores. Hay en todo esto surrealismo, pero hay también una gran cantidad de recursos tomados del modernismo y del simbolismo. Todo ello está ahí, y parece más lógico pensar que en plena juventud del autor sus conocimientos iniciales de la Literatura entraron de lleno en la composición de lo que en principio eran cuentos y después fue novela.
Por otro lado, dado que Camilo José Cela fue vital en la promoción del libro, amigo de Sánchez Mazas y por medio del padre, amigo de un joven Sánchez Ferlosio, hay quien ha querido ver algo de La familia de Pascual Duarte (1942) en Industrias y andanzas de Alfanhuí. Ambas salidas de un mundo rural y brutal, siendo así que Sánchez Ferlosio lo dulcificaría todo con la visión de un niño sobre toda aquella pobreza que vivió el campo español tras la guerra, en los primeros años de la dictadura, no obstante el niño se ve obligado a salir de la casa familiar para ir a trabajar de patrón en patrón. Al menos sí es cierto que Alfanhuí comete un acto de barbarismo inexplicable al asesinar una marioneta. Pero no parece consistente querer poner el libro de Alfanhuí en la cuenta de los libros de realismo social, por ello hay quien habla que de ponerle del lado de algo habría que ponerle junto a la poesía en prosa, más que junto a la novela, incluso, como por ejemplo Platero y yo (1914, Juan Ramón Jiménez). Tiene mayor lógica. Pero, puesto que Cela es tan importante en los inicios de Sánchez Ferlosio, pues incluso escribió en prensa sobre el libro, hay quien analiza que Alfanhuí tiene relación directa con Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944). Esta teoría puede tener alguna consistencia, al menos en cuanto a la idea de retomar la vida del pícaro, pero Alfanhuí no es un pícaro, sino un chico con mucho ingenio y gran curiosidad.
Llegados a este punto sobre la composición del libro, se intuye que tal vez el padre, Sánchez Mazas, ayudó a su hijo con recomendaciones y tal vez con correcciones de texto. No deja de ser sorprendente el fluido y rico léxico de Sánchez Ferlosio adolescente. Además, es muy probable que Sánchez Ferlosio tuviera realmente su principal inspirador en su propio padre, pues el mismo año de 1951 que se publica el libro de Alfanhuí, Sánchez Mazas publicó La vida nueva de Pedrito de Andía, el cual tiene unas conexiones de argumento muy claras y evidentes. Es probable que del mismo modo que Sánchez Ferlosio leía y mostraba a su padre y madre lo que iba creando, el padre le diera acceso a lo que él mismo iba escribiendo para ese otro libro. El proceso de escritura de ambos libros en ambos escritores sería por tanto paralelo e interrelacionado dentro de las relaciones familiares en su casa.
En 2001 Sánchez Ferlosio decía de este su primer libro que, pese a su reconocimiento y éxito, era una novela mal hilada, una colección de cuentos puestos en un hilo conductor a modo de relato más largo. En cuanto a su género él mismo rechaza que sea del realismo social por el mero hecho de componerse en esa época y por lo que supuso sus amistades y su segundo libro. Se ríe de la consideración de que sea realismo mágico, cuando aún no existía el género. Tampoco acepta que sea fantasía. No le desagrada la idea de poesía en prosa, pero aclara que no es poesía. De ponerlo en algún sitio, él lo pone dentro de la ciencia ficción. Sinceramente, quien esto escribe, yo particularmente rechazo de plano que sea un libro de ciencia ficción. Reconozco que hay algunos capítulos donde Alfanhuí hace algunos inventos con resultados un tanto fantásticos, por lo que podríamos entender que ha usado una ciencia relativa que da por resultado consecuencias que en la vida real no ocurren, pero son una hipótesis, lo que se llamaría ciencia ficción, pero el conjunto total del libro no va de eso, pues otros trabajos de Alfanhuí no tienen que ver con nada ni fantástico ni con implicaciones de investigación y ciencia, como por ejemplo cuando se hizo boyero, o bien simplemente vagabundea por la ciudad, como cuando llega a Madrid, o simplemente siega, como en Alcalá de Henares. Aunque haya algún pasaje que siendo generosos podríamos decir "ciencia ficción", el conjunto del libro no lo es. Fantasía es más probable, pero como existe la probabilidad de la imaginación del protagonista toda catalogación se hace compleja. Tiene un poco de todo lo mencionado. Sin duda lo que sí hay es una carga poética muy alta, al estilo de los modernistas y simbolistas de comienzos del siglo XX, como ya se anotó.
El libro se divide en tres partes que corresponden a tres salidas diferentes de Alfanhuí al mundo, en las cuales prueba suerte, falla, regresa a la casa materna y vuelve a intentarlo tras una temporada, lo que hace su conexión con la vida del Quijote. Un protagonista fundamental es el mundo rural, pero sobre todo en torno al Valle del Henares. El río Henares es la ruta de la vida de Alfanhuí, que, por otro lado, el hace a contracorriente. Alfanhuí es de Alcalá de Henares. Su familia vive en los barrios de las afueras, cerca del río y cerca de un molino de harina. No se describe mucho sobre qué zona exacta de Alcalá de Henares se trata, aunque se dice que se ven colinas. Posiblemente se trate de la zona del molino de la Esgaravita, que fundó siglos atrás el cardenal Cisneros, en el siglo XVI, pero que estuvo reformado y útil hasta una parte importante del siglo XX, hoy en ruinas, por la zona de la mota, en el barrio de El Val, pero como no hay ningún descriptor definitivo, tengamos en cuenta también la posibilidad del molino de los García, también en ruinas actualmente, allá por donde estaba el puente del Zulema, camino del Gurugú y del Cementerio Jardín de nuestros días. Se sabe que la familia de Alfanhuí tiene madre, pero poco se dice del padre, que murió. Son pobres y viven de la siega de los campos de trigo, de los que efectivamente Alcalá tuvo bastante actividad en otras épocas. Alfanhuí se marcha siguiendo el río en dirección contraria a su fluir, por lo que va atravesando el Valle del Henares, pasando los pueblos, obviamente se trataría de Meco y de Azuqueca de Henares, hasta llegar a Guadalajara, pero se queda en el entorno rural. En esta primera salida encuentra trabajo al servicio de un taxidermista y demuestra grandes facultades inventivas para atrapar todo tipo de colores. Todo le llama la atención. De hecho, su nombre lo recibe de este primer patrón. No conocemos el nombre real del chico, sabemos que al taxidermista el chico le recordaba la figura de los alcaravanes, por lo que le pone por nombre el sonido onomatopéyico que estos emiten, Alfanhuí. Muerto el maestro, vuelve a casa, pero sus inquietudes hacen que vuelva a salir, ahora en la otra dirección del río, hacia donde fluye. Pensamos que pasa ahora por Torrejón de Ardoz, San Fernando de Henares, Coslada, Canillejas, Vallecas... pero en esta segunda parte donde se instala Alfanhuí es Madrid capital, con lo que se ha separado tanto del Henares, como del valle y el mundo rural. Va de pensión en pensión y de callejeo en callejeo, y de parrandas varias con un personaje descrito como una marioneta pero que se comporta como un vividor que vive del teatro callejero. En esta parte, separado de lo rural, todo se vuelve gris. Alfanhuí se degenera. Tiene un desarraigo claro que lo despersonaliza y lo embrutece en una violencia inexplicable, que quizá es lo que hace que algunos hablen de denuncia de realismo social sobre lo que la emigración del campo a la ciudad le producía a la gente, pues son las épocas en las que van llegando a Madrid y otras ciudades numerosas personas empobrecidas del campo castellano. Alfanhuí comete un acto de brutalidad y sale huyendo de sí mismo en dirección a las montañas, esto es: la Sierra de Madrid. Así comienza la tercera parte, donde llega a La Moraleja, que en 1950 aún es un pequeño pueblo de montaña más aldea que pueblo, no como ahora que es una de las zonas donde viven muchas de las personas más ricas de Madrid y de España. En La Moraleja vive su abuela paterna, que no conoce al nieto y que no parece fiarse mucho de él, pues esconde de manera continua las pertenencias del abuelo muerto. Se intuye aquí ya una tragedia familiar no explicada en detalle, pero bien dibujada. Además podemos darnos cuenta de lo profundo de esa España desarraigada que emigra del pueblo a la ciudad en busca de trabajo, pues se hace evidente que ni Alfanhuí conoce a sus abuelos y su pasado, ni la abuela a él, ni el padre fue a ver a sus padres una vez que fue a buscar trabajo fuera de La Moraleja. Si tuviéramos que analizar la novela más allá de la estética y los cuentos, quizá el motivo central sea el desarraigo rural por causa de la emigración interior forzosa por la postguerra y el hambre, pero esto es algo que se lee y se lee con gran detenimiento, si no pasa desapercibido. La abuela, en todo caso, le encuentra trabajo de boyero y desprecio su pasado de taxidermista, por ser un trabajo de lo muerto y no de lo vivo, y por ser un trabajo para producir cosas inútiles para los caprichos de la gente de la ciudad, lo que necesita es cosas útiles para la propia vida y la de las personas cercanas. Quizá en esta tercera parte es donde más claramente hay algunas denuncias sociales, en concreto sobre el comportamiento de las personas. Alfanhuí también sentirá la necesidad de irse de allí y viajará al norte, hacia Palencia, hasta desaparecer rodeado de alcaravanes en continuo vuelo siempre al horizonte.
Hay desde luego una defensa de lo rural y de lo natural, como también se leerá en El Jarama, aunque en esa otra novela con protagonistas urbanos de la capital. Todo lo que viniera de la ciudad es como si afectara a la persona desvirtuándola. Son dos novelas que no solo asientan un gran dominio del lenguaje, fueron a la vez un inicio de carrera literaria sorprendente que se interrumpiría varios años por parte del autor que, tras ellas, comenzó a estudiar filología en profundidad durante los quince años siguientes a El Jarama, lo que le llevó a escribir numerosos ensayos y tardaría en sacar su siguiente novela. La publicaría en 1986, pero esa tercera novela tiene sus orígenes de redacción justo en las épocas de estas dos novelas, pero esa ya es otra historia que también tiene que ver con Alcalá de Henares.
miércoles, 1 de julio de 2020
Diario de confinamiento
lunes, 22 de junio de 2020
Sin grises
Uno de los ilustradores prolíficos de entre las actuales generaciones alcalaínas es David Escarpa (1983), que suele firmar y ser conocido como ilustrador y viñetista por SK. Fue alumno del propio Malagón en el taller de cómic que años atrás este impartía en la Casa de la Juventud de Alcalá de Henares. Precisamente Malagón da prólogo al primer libro de SK, editado este 2020 de manera atrevida durante el confinamiento por la pandemia de la Covid-19, lo que ha dificultado e innovado a partes iguales en su presentación, promoción y difusión, pero que sin duda ha visto entorpecida su distribución inicial, ya que su editorial, Inventa Editores, está afincada en Guadalajara, la cual quedó aislada de Madrid como provincia en estos tres meses atrás de pandemia. Para mayor problema, la editorial anunció a una semana de terminar el estado de alarma, el 12 de junio, que no iban a publicar ningún libro más, no se sabe aún si con la idea de recuperarse un poco de las posibles pérdidas por el parón económico de la pandemia, por tanto: para poder volver a hacerlo tal vez para 2021, aunque sí se iban a centrar en promocionar y promover los libros con los que ya cuentan en su catálogo desde el inicio de su creación en 2015.
Inventa Editores siempre ha aspirado a crear una línea editorial cuidadosa con el diseño, en ese sentido era lógico que una obra como la de SK tuviera cabida entre sus títulos. El libro fue editado en rústica, con cubiertas solapadas, en solemne blanco y negro para estar acorde al título, Sin grises, con un tamaño de bolsillo casi cuadrangular, recordando a algunos comic-book que se editaron en Europa y Estados Unidos en los años 1970 recopilando historietas y viñetas del personaje Snoopy, de Charles M. Schulz, por ejemplo, y con un marcapáginas a modo de pinza con la viñeta realizada por SK para la portada, un hombre lanzándose a un tintero y, por el otro lado, el título en letra blanca con tipología de máquina de escribir gastada y fondo negro.
David Escarpa no solo es ilustrador, también es músico. Desde hace años es uno de los componentes del grupo Bluestropic. En su inquietud creativa, además, participó y estuvo presente en varias de las acciones artísticas y actos que se celebraron en el desaparecido bar La Vaca Flaca (que cerró del todo en 2015), incluidas exposiciones, precisamente uno de sus proyectos colaborativos más recientes es tratar de recuperar algunos de estos actos en bares actuales con gente de aquellas épocas y con gente nueva. Sea como sea, David Escarpa es prolífico como ilustrador y viñetista. Con su firma SK ha publicado viñetas en diversas publicaciones, incluida prensa, así como ha realizado alguna exposición. Ahora realiza su primer libro, Sin grises, compilatorio de una selección de dibujos que creó para dar su reflexión visual sobre diversos textos, ya sean reflexiones, poemas o aforismos, de gente amiga suya, así como escritores de toda época altamente conocidos, hablamos de gente como Kase 0, Pochi Piröh, Barbet Schroeder, Bertolt Brecht, Blanca Scualo o Simone de Beauvoir, entre otros. Todas estas personas se transforman en colaboradores necesarios y autores invitados en su obra, del mismo modo que Malagón le apadrina al empezar su primer libro con sus palabras.
El estilo de SK es un estilo donde efectivamente no hay grises, no hay claroscuros, pero tampoco se puede decir que hay grandes contrastes de negro y blanco. Más bien son trazos bien definidos y firmes, de línea más bien gruesa, muy evidentemente en tinta, nada de dibujos por ordenador. Es un viñetista humorístico claramente heredero de la vieja escuela, siempre efectiva. Se nota la influencia de Malagón en cuanto a la explotación metafórica del concepto, por ejemplo en el dedicado a un anciano con cola de diablo para el texto dedicado a la maldad en los pueblos que cita de Julio Llamazares. Pero es innegable que SK tiene su propia voz distanciada de Malagón, donde se puede rastrear una probable herencia de la lectura del humor sarcástico y crítico de la revista El Jueves. Muchos de sus personajes recuerdan un poco a los personajes diseñados por algunos de los humoristas de esa publicación, pero también hay un cierto remozado del clásico humor de la editorial Bruguera, por ejemplo en la recurrente postura de caminar que usa SK para varios de sus personajes, que recuerda a algunas de las acciones de movimiento de los cómic editados en los años 1980 por esa editorial ya como parte del Grupo Z o de Ediciones B. Recordemos además que las carencias tecnológicas de impresión que tenía Bruguera en los años 1950 hicieron de la imposibilidad de plasmar más de un determinado número de colores o de la imposibilidad de crear ricos escenarios de fondo al estilo de los cómic franceses y belgas, que sí tenían posibilidades económicas de disponer de determinadas planchas impresoras, aquello se transformara en una marca de la casa de prácticamente todos los autores de éxito de esa época y las tres décadas siguientes, Francisco Ibáñez, Escobar, Vázquez, Jon... De ese modo los fondos habitualmente no estaban rellenos o tenían formas mínimas. Esa herencia visual se ha traspasado a generaciones posteriores de ilustradores y viñetistas, por ejemplo a los de El Jueves, como Manel Fontdevila o Carlos Trillo, o a otros ilustradores humoristas como Bernardo Vergara, que pinta para El Diario. También en SK la importancia recae totalmente en el personaje o los personajes que han de darnos el mensaje humorístico y, en su caso, prescinde totalmente de todo relleno de fondo, hace centrar así el foco de atención en el mensaje principal. Más allá, ni siquiera usa de los límites de la viñeta, sus límites son la propia extensión de la hoja física de papel, si bien la imagen queda siempre centrada.
Entre las herencias recibidas hay también un claro estilo de la viñeta de humor sarcástico y reflexivo propio de las viñetas de humor de la prensa diaria. No se trata de personajes seriados que se crearon para la misma en el siglo XX, como pudieran ser los personajes de Quino, Fontanarrosa, Dik Browne o Forges, personajes que terminan creando un mundo enriquecido con personajes secundarios y un discurso razonado y evolutivo que se comprende mejor en obras integrales de todas las tiras que pudieron crear para los periódicos. Tampoco se trata del sarcasmo de doble sentido y conceptual que pueda pintar cada día El Roto para el diario El País, del que posiblemente sí bebe de sus fuentes el que fuera maestro de SK, Malagón. Posiblemente si hay que ponerlo al alcance de alguno de los autores de viñetas para prensa, sería el ya citado Bernardo Vergara, de El Diario, o, algo más viejos, Gallego y Rey, que suelen publicar en El Mundo. Se trata de concentrar el dardo seco irónico y sarcástico en una frase de pocas palabras, o en una imagen sin palabras siquiera, concentrando en lo poco que se muestre toda una andanada de un discurso complejo y claramente comprometido con causas sociales de justicia, habitualmente adscritas a las diversas ideologías de la izquierda política, tales como la lucha contra el racismo, el mensaje feminista, la denuncia de la hipocresía en la Iglesia como institución, la crítica al abuso de poder y de autoridad, la defensa del desfavorecido incluso apuntando con el dedo al sistema asumido como único posible, o, un poco del lado más íntimo, la puesta en evidencia de lo conflictivo que puede resultar a menudo las difíciles relaciones interpersonales, especialmente entre hombre y mujer en el mundo moderno, como en la viñeta donde una mujer leyendo un libro piensa en voz alta que al acordarse de ti recuerda el tiempo que pasa tratando de olvidarle.
Sus personajes se caracterizan por la nariz. Así es. La nariz y un entrecejo único que oculta las miradas son los trazos básicos que conforman cada uno de los personajes de SK, es parte de su estilo. A través de ellos, pocos trazos en sí, crea innumerables personajes diferentes de los que además podemos intuir su estado de ánimo o su ser, lo que no es algo fácil partiendo solo del concepto de una nariz y un entrecejo. Por supuesto, SK dibuja todo el cuerpo, no tiende a hacer primeros planos, él pinta cuerpos enteros con desparpajo y movimiento que no están exentos de cierta tensión violenta y a la vez inmóvil, como en la estatua de "El David" de Miguel Ángel Buonarroti. Cierto es que lo común es que sus personajes enseñen los dientes habitualmente, lo que nos hace pensar en cierta agresividad, pero también en un grado de expresionismo muy asumido en el estilo que ha desarrollado. De eso se trata, su humor ahonda en las expresiones para lanzar mensajes sin matices, sólo blanco y negro con trazos claros y sin casi lugar a ninguna sombra oscura.
"Si te grito es por no oírme", se grita una pareja mutuamente, mientras un mendigo (que por cierto recuerda a un mendigo real que por muchos años pidió en la Calle Mayor de Alcalá hasta que le encontraron una vida mejor) extiende su mano con un símbolo para ingresarle dinero sin tocarle, con tarjeta de crédito, mensaje suficientemente ambiguo como para pensar lo rico e inteligente de este sarcasmo que podría estar haciendo denuncias en varias direcciones diferentes, dando palos a todos lados. Una mirada crítica a la sociedad, sin duda, que no deja indiferente. "Y decían que nunca alcanzaría un puesto fijo", dice un personaje sentado en una barra de bar, bebiendo alcohol.
La interesante obra de SK cuenta ahora con esta publicación que, espero, sea la primera de muchas puertas a abrirse. Al contrario de lo que opinaba Forges en 2015, cuando declaró que los caricaturistas y viñetistas desaparecían y por ello ya no tenían cabida en la prensa actual, creo firmemente que eso no es real. Desaparecieron por fallecimiento los clásicos que más se han admirado en las últimas décadas, como el propio Forges o como Gila o Chumy Chumez, o bien dejaron de usar la prensa como principal medio para sus obras, como Quino, o bien siguen en activo pero ya muy envejecidos, como Gallego y Rey o El Roto, pero sí hay relevo generacional, Fontdevila, Vergara, Malagón, Erlich o SK, o en el caso local de la prensa complutense, Ángel, son muestra de ello. Sí hay relevo generacional y con calidad. Lo que debiera haber es voluntad de editarles y de no eliminar esta parte del cómic, la de la viñeta de prensa, del mismo modo que se les debe reconocer con voz propia y no tenerles al arrastre de la obra de los viñetistas que durante décadas fueron previos, como el citado Forges o el que aún continúa, El Roto.
Merece la pena acercarse a la mordacidad de SK.
domingo, 14 de junio de 2020
El efecto Tyndall
ISBN: 978-84-17659-63-9
Javier Rodríguez ya fue presentado por primera vez en estas notas con su primer libro sobre sus experiencias como librero, Pues si eso, luego vuelvo. Quepa añadir a su presentación biográfica y a su importancia cultural en Alcalá de Henares y como librero, que a comienzos de los años 1980 participó del grupo Teatro Independiente Alcalaíno (TIA), el cual sigue en activo y que en aquellas fechas representó cosas tan interesantes como la obra Lisístrata, escrita sobre el año 411 antes de Cristo por Aristófanes y que, pese a tener carácter humorístico erótico, llegó a ser representada dentro de la propiedad del obispado en Alcalá, en el Palacio Arzobispal. Quepa también añadir una abundante labor fotográfica entre el foto reporterismo, la afición y lo experimental en blanco y negro dentro de la Alcalá de Henares de mediada la década de 1970 a mediada la década de 1980. Por su cámara desfilaron amistades, familia, el negocio de prensa y librería de su familia e innumerables persona conocidas del centro de la ciudad de aquella época, como el dueño del Cine Paz o determinada mujer a la que los reclutas del servicio militar obligatorio les pedía tabaco cada día, o personas jóvenes como él muy activas en la vida cultural local, como por ejemplo los componentes del grupo que quiso llamarse Encuentro 83 para una exposición conjunta en la sala de exposiciones desaparecida de la caja de ahorros Caja Madrid, en la calle Libreros. Eran un grupo multidisciplinar de varias artes plásticas del cual él mismo formaba parte como fotógrafo junto a poetas, pintores y escultores tales como Luis de Blas (poeta fallecido recientemente poco antes del confinamiento por el estado de alarma ante la pandemia de la Covid-19, la prensa lo anunció el 13 de marzo), Roberto Castro, Carlos Chacón (pintor y escultor hijo del poeta José Chacón), Jesús G. Lominchar, Francisco Roldán y la pintora Trinidad Romero (la cual se animó a sacar un libro de poemas en 2019 del que ya hablamos, Los ojos del silencio). martes, 9 de junio de 2020
Trovador y Poeta
ISBN: 978-84-946226-5-6
El primer poemario de Enrique Rodríguez Romera fue Trovador y Poeta. Fue publicado en 2017 y para 2019 contaba ya con cinco ediciones. El libro fue prologado por Luis Miguel García de Mora, y fue traducido en parte en la quinta edición al inglés por Susana Fernández Encabo, en esa edición, además, se incorporaron ocho poemas nuevos, signo de que el autor aún meditaba la obra.
Enrique Rodríguez Romera, nacido en 1975 en Granada, es un autor muy activo en Alcalá de Henares, sobre todo a través de Nottigh Hill. Sus presentaciones de libros y recitales suelen ser en esta ciudad. Es miembro de la Asociación de Escritores de Madrid, fue esa misma asociación quien le editó este libro.
Trovador y poeta tenía el revés de la mano del propio autor con una pluma de escribir sangrante en su portada y la estatua de Cervantes en Toledo en la contraportada, con lo que visualmente se jugaba en parte con la idea de la mano manca de Cervantes y se nos presentaba como carta que nos indica que estamos ante un libro de literatura, cosa que con el título mismo ya estaba señalado. El libro está compuesto por cincuenta y siete poemas en dos bloques, “Invierno” y “primavera”, excluye intencionadamente el verano y el otoño, haciendo de las estaciones del año un símil con el amor y con las historias de cada poema.
Rodríguez Romera hace aquí una poesía muy expresiva llena de interrogantes y exclamaciones. Tiene así un carácter apasionado que insta al lector. Tiene por temática el amor y el desamor. Son poemas un tanto narrativos, contando una historia cada uno. La mayor parte de esas historias hacen protagonista a la mujer. Explora en las emociones íntimas de los sentimientos. Se ayuda a veces de elementos naturales que suelen ser recurso y sinónimo de vida, sean estos la tierra, el mar y el aire, por ejemplo.
Arañé la espalda del mar,
quizá en el sangrar,
estuviese el olvido.
RESURRECCIÓN
El viento sigue soplando,
pero es mi espalda quien frena,
y mi cara altanera y provocativa…
levanta al fin la mirada.







