sábado, 15 de marzo de 2025

Nacarino (historias de la guerra, de las cárceles, de Alcalá...)

Título: Nacarino (historias de la guerra, de las cárceles, de Alcalá...).
Autor: Urbano Brihuega Moreno.
Editor: Urbano Brihuega Moreno (autoedición).
Imprenta: Manuel Ballesteros Industrias Gráficas.
Año de publicación: 2007 (1ª edición).
Género: Historia; Biografía; Memorias.
ISBN: 978-84-932153-1-7

 

Ya conocíamos en estas notas al historiador y ex-concejal por el PSOE Urbano Brihuega, pero hasta la fecha sólo habíamos hablado de su muy notable libro premiado La instrucción pública en Alcalá de Henares. El periodo entre Repúblicas, 1873-1939 (2005), siendo su bibliografía mucho más amplia que un simple título. Por ello hoy cabe hablar de otro de sus títulos de gran éxito, actualmente descatalogado, una rareza imprescindible para la historiografía del siglo XX alcalaíno, imprescindible en una biblioteca de libros de Alcalá de Henares y una rareza muy difícil de localizar para su adquisición hoy día. Se trata de Nacarino (historias de la guerra, de las cárceles, de Alcalá...). Es también ciertamente experimental. Se trata de un libro de Historia de Alcalá de Henares, pero también es una biografía escrita por Urbano Brihuega a modo de falsas memorias. Falsas sólo en cuanto a que está escrita en primera persona, como si quien estuviera narrando su biografía y pensamientos fuera Nacarino Fernández, cuando en realidad lo hacía Urbano en parte transcribiendo conversaciones, grabaciones de conversaciones y recuerdos de su trato con el propio Nacarino, a lo que ayuda en su otra parte su propia labor investigadora como historiador con sus propios conocimientos y con sus investigaciones tanto con conversaciones y documentación a través de la familia de Nacarino, como en la consulta de archivos, por ejemplo el de Servicios Penitenciarios. Una labor ardua que aporta muchos detalles, algunos muy personales del personaje, así como fotografías familiares y personales de esta persona que tuvo cierta repercusión en la ciudad de Alcalá de Henares tras la guerra civil de 1936-1939.

Urbano Brihuega estaba en contacto con Nacarino para escribirle esta biografía en los mismos últimos años de este en los que también lo estaba Julián Vadillo para escribir con Alejandro Remeseiro su investigación La explosión del polvorín en Alcalá de Henares (1947) (2009). No obstante, Nacarino fue uno de los protagonistas de aquella explosión fortuita que sirvió de excusa al gobierno de Franco para la represión contra más de ochenta alcalaínos de izquierdas que eran inocentes, y el fusilamiento de ocho de ellos en 1948. Lo que aportó Nacarino legando su memoria a estos historiadores fue muy útil y utilizado en Historias generales de Alcalá de Henares posteriores y en algunas otras investigaciones de Historia sobre aspectos más concretos del siglo XX alcalaíno, como el muy relevante El movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939 (2014), de Julián Vadillo; o como el de quien esto escribe, Daniel López-Serrano "Canichu", cuando aporté mi investigación La depuración de maestras y maestros en Alcalá de Henares (1939-1941) (2021).

Nacarino no pudo ver ninguno de estos libros, ni siquiera su biografía. Murió en 2007, hecho que salió en toda la prensa local de Alcalá de Henares existente en ese año y con motivo de este libro. Urbano se apresuró a homenajearle sacando adelante este libro con ayuda de la familia, el Foro del Henares y de la Fundación Indalecio Prieto (instalada en el Archivo Obrero). Se presentó en el salón de actos de la Universidad de Alcalá de Henares, exactamente el del colegio de San Ildefonso ("la Cisneriana"). Se implicó en la presentación numerosos historiadores, familiares, políticos locales e incluso un político a nivel nacional, como era el diputado López Garrido, uno de los asesores del entonces presidente de gobierno Rodríguez Zapatero (PSOE), que en el pasado había estado en Izquierda Unida, donde estuvo Nacarino, por haber sido este del Partido Comunista de España (PCE). En la presentación este diputado trató de atar el libro a la Ley de Memoria Histórica, aprobada ese 2007 (actual de Memoria Democrática desde 2022), aunque el origen del libro iba muy al margen de esa ley. También habló el alcalde de Alcalá, Bartolomé González, del Partido Popular (PP), quien  recordó y honró a Nacarino por su sacrificio por valores democráticos y su contribución como vecino, salvaguardando las diferentes posturas políticas entre ambos, pues, dijo, más allá de eso, ambos eran demócratas y de Alcalá.

Urbano Brihuega escribió, editó y pagó de su propio bolsillo toda una inmensa edición del libro que se agotó al instante el día de aquella presentación. Inmensa para lo que es una edición pagada por el propio autor, sin editorial detrás, o sea, en comparación con una editorial es una edición limitada. Lo había creado gracias a los servicios de la imprenta alcalaína Gráficas Ballesteros, que también conocían a Nacarino. Se negó a cobrar nada de dinero por el libro. Toda la inmensa edición fue gratuita aquel día. A pesar de que nadie se deshace de su ejemplar, alguna vez se ha visto alguno en alguna tienda de antigüedades, rarezas y segunda mano, con un precio económico elevado por ser hoy día un libro que aporta mucho, pero raro de encontrar.

A todo esto, hay que tener en cuenta que las memorias de Nacarino dio muchos datos y abrió muchas puertas que en su momento no se querían abrir, ni hablar de ellas, acerca de la Alcalá de Henares posterior a la guerra civil, su ambiente, la represión y la división social existente, pero hasta ese momento (2007) obviada o silenciada en lo público. Ahora bien, no deja de ser unas memorias y en trabajos posteriores, incluidos los de Vadillo, que también le trató mucho en vida, es contrastado y matizado en algunas de sus percepciones o recuerdos. Nacarino nos desvela muchas cosas que fueron verdad, algunas demostradas con documentos de archivos estatales y municipales, otras contrastadas con otros testimonios, pero también tenía sus propias percepciones. Como saben todos los historiadores de profesión y carrera, las memorias son una fuente primaria de información muy importantes, pero por ser memorias necesitan de contraste.

Nacarino era uno de los alcalaínos miembros del PCE clandestino que tras la explosión del polvorín de Alcalá en 1947 fue usado como cabeza de turco por la dictadura de Franco (fueron fusiladas ocho personas inocentes y encarceladas, si no recuerdo mal, ochenta más). El libro se podría completar con las memorias del afamado poeta comunista Marcos Ana, Decidme cómo es un árbol (2007), pues Marcos Ana también tiene su vida de la guerra civil y de la cárcel posterior a Alcalá de Henares. Nacarino y Marcos Ana se conocieron en la cárcel, pero ambos nos dan datos del Alcalá de la República, de la guerra y de la cárcel política. Pensemos que el actual Parador Nacional de Alcalá de Henares se estaba terminando de construir, precisamente en los años en los que se escribía este libro, en lo que era las ruinas y solar de un antiguo colegio universitario del siglo XVII que en los siglos XIX y XX fue cárcel y, en concreto durante la dictadura de Franco fue la cárcel política masculina, en la actual calle Colegios. Por ella, entre otras cárceles políticas de España, anduvieron ambos.
 
Nacarino Fernández era un niño alcalaíno tras la guerra civil, de la que no participa por no tener edad. De hecho, en este libro confiesa ser uno de los niños que a escondidas vieron algunos de los fusilamientos detrás de la capilla de El Val y y dio detalles y nombres del cómo y de quién daba el tiro de gracia. Se siente afín al PCE y milita en él clandestinamente en los primeros años de la dictadura, los tiempos más duros de la represión y las ejecuciones tanto judiciales como extrajudiciales. La violenta explosión en 1947 del polvorín militar de Alcalá de Henares en el monte Zulema, o Gurugú, que provocó la deformación fisiológica del monte y el curso del río, la destrucción del puente Zulema, la de una central eléctrica y desperfectos en las casas de Alcalá, así como la muerte de algunos soldados, fue tratada por el gobierno de Franco como un sabotaje de la izquierda clandestina para aprovechar la catástrofe en el sentido de eliminar con sentencias judiciales a parte de los contrarios de Franco que tras 1939 aún no habían eliminado. Estaba cerca otra catástrofe como fue la explosión del polvorín de Cádiz, que se sintió como un terremoto y que fue tratada de igual manera. Ambas habían sido accidentales por el mal estado de esos polvorines y lo que guardaban en ellos. Lo accidental de estos sucesos fue silenciado, aunque los documentos de archivos que permanecieron secretos hasta avanzada la democracia, demostraban que sus propios peritos militares dictaminaban que habían sido accidentes dramáticos, sin embargo había orden de achacarlo a atentados de la izquierda clandestina. Versión oficial de Franco que perduró en el pensamiento popular durante décadas y que aún hoy en 2025 hay quien defiende el origen criminal y niegan la realidad evidente del accidente, pese al trabajo de historiadores como Vadillo o testimonios como Nacarino, uno de los primeros en hablar en público sobre lo injusto de su acusación.
 
Apresaron en el caso alcalaíno a unas ochenta u ochenta y dos personas personas de otras tantas que señalaron. A pesar de que hallaron testigos que afirmaron que no estaban en los lugares que las autoridades decían en determinado momento, y a pesar de que no encontraron nada incriminatorio, salvo sus pensamientos de izquierda o sus afiliaciones clandestinas, fueron condenados a penas de cárcel, incluidas mujeres. Ocho de ellos fueron condenados a muerte en 1948. En realidad fueron condenados a muerte diez, como ejemplo disuasorio a todos los contrarios a Franco, para que dejaran de ser contrarios. Los exiliados españoles se movilizaron y contaron incluso con ayuda del muralista mexicano Siqueiros, hasta el punto que la Organización de Naciones Unidas (ONU) pidió formalmente a Franco que no llevara a cabo las ejecuciones. Franco conmutó la pena de muerte a dos de los menores, por eso se fusiló a ocho y no a diez, en el Penal de Ocaña. De los dos conmutados de pena de muerte a pena de cárcel uno era Nacarino, el otro era Lidó, en principio del PCE y con el paso de los años del PSOE, siendo uno de los primeros en ocupar el ayuntamiento como cargo electo tras la dictadura, con las primeras elecciones municipales democráticas de 1979.  

Nacarino recordaba todo aquello, más las torturas recibidas durante el presidio. Le llegaron a reventar un ojo, pasó el resto de su vida con un ojo de cristal. Contaba las condiciones de vida en la cárcel, así como haber coincidido en uno de los presidios (les trasladaban de uno a otro cada cierto tiempo) con gente posteriormente muy conocida, así como recuerda el peso de los poemas de Miguel Hernández, muerto en la cárcel en 1942. Pero su memoria va más allá y recuerda cuando es liberado al fin y regresa a su casa y familia en Alcalá de Henares.

Nos narra una ciudad llena de silencios y de rencores, empobrecida y en ruinas. Su juventud se ha perdido en la cárcel y es un hombre adulto que encuentra por compañía femenina el de diversas prostitutas habituales en los prostíbulos alcalaínos, cosa que narró él mismo en aquellas entrevistas transcritas y algunos papeles que escribió para Urbano Brihuega y su libro. Nos da así también este otro aspecto más difícil de conocer para los historiadores, porque habitualmente suele ser más difícil de rastrear. Se transforma así también en un importante testimonio tanto del lumpen alcalaíno, como de las miserias de la posguerra o la psicología imperante en la sociedad.

Recorre la dictadura, nos narra su vida, nos cuenta como se asienta y crea su familia. No repara en contarnos lo bueno y lo malo, y nos posa en el regreso de la democracia en los años 1970. Es un testimonio que abarca algo más que la explosión de 1947 y su represión. Nacarino llegó a hablar de la Alcalá anterior a aquello, pero da voz personal a aquellas cárceles y lo que se vivía en ellas, y a aquella Alcalá de Henares popular, dando el punto histórico de la sociedad y lo que fue la vida entre vencedores y vencidos. La España del hambre y los derrotados, la de la falta de cultura, con el paso del tiempo la de cierta recuperación. Son unas memorias, pero como todas las memorias son una fuente primaria importante de datos e información.
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu". 

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