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sábado, 3 de mayo de 2025

La hija del general Beigbeder

Título: La hija de Beigbeder.
Autor: Urbano Brihuega Moreno.
Editorial: DB.
Año de publicación: 2015 (1ª edición).
Género: Novela histórica.
ISBN: [No localizado.]

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Título: La hija del general Beigbeder (Vida cotidiana durante la Guerra Civil y el régimen nacional católico).
Autor: Urbano Brihuega Moreno.
Editorial: Queimada Ediciones.
Año de publicación: 2017 (1ª edición).
Género: Novela histórica.
ISBN: 978-84-16674008

 

El historiador y exconcejal por el PSOE en Alcalá de Henares Urbano Brihuega también escribió una novela histórica. La publicó por primera vez con la editorial DB en enero 2015, año en el que también publicó el libro biográfico y de memorias La bicicleta (Memoria del fusilamiento de Felipe Loeches, jornalero, concejal y republicano). La novela histórica se llamó entonces La hija de Beigbeder. Estuvo en tapa dura y en versión digital con dos cubiertas diferentes donde se veía en una la silueta de la hija del general con la gorra de su padre, con un mapa militar de fondo, y en otra la misma idea pero viéndose sólo la gorra de general. Mediante una red social se estuvieron publicando diversos fragmentos del libro a modo promocional hasta enero de 2016, año en el que el autor dijo haber vendido sólo 10 ejemplares y haber ganado 34 euros, por lo cual abandonaba ya el proyecto. Esta edición hoy día, 2025, es extraña de encontrar y de localizar, si bien sus dos cubiertas aún se encuentran en los buscadores de imágenes de Internet. Sin embargo, Brihuega no abandonó el proyecto realmente. Lo revisó y corrigió para volver a publicar esta novela histórica en septiembre de 2017 con la editorial Queimada Ediciones, donde ya había publicado anteriormente, y cuya edición es la que actualmente se puede seguir localizando en librerías y se promociona. En esta ocasión alteró el título alargándolo casi a modo de explicación del libro: La hija del general Beigbeder (Vida cotidiana durante la Guerra Civil y el régimen nacional católico). Ahora la cubierta, en tapa blanda, mostraba una fotografía de archivo donde se veía al general Beigbeder junto a otros militares españoles caminando en el Marruecos Español seguido de algunos marroquíes. Se anulaba así la insinuación de la hija como personaje principal. Con esta nueva publicación tuvo mejor éxito y mayor recibimiento. Ahora bien, aún siendo una novela histórica, no deja de ser a la vez en cierto modo una biografía de un personaje histórico María Teresa Beigbeder y, a través de ella un libro de Historia en torno a su padre Juan Luis Beigbeder, general que entre agosto de 1939 y octubre de 1940 fue Ministro de Asuntos Exteriores durante el gobierno de Franco y justo en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, antes de ser destituido para ser sucedido por Serrano Suñer, cuñado de Franco y cercano a las ideas nazis de Hitler. Previamente este general había sido Alto Comisario de España en Marruecos entre abril de 1937 y agosto de 1939, durante la guerra civil española. Sin embargo, su familia se encontraba en el Madrid republicano, incluso ayudando en los hospitales de la Cruz Roja para atender a las víctimas de los bombardeos y los combates. Lo que supone una paradoja que crea el atractivo tanto de la familia como del personaje de la hija para pasar su historia a novela.

En cierto modo los libros de biografías y memorias que había escrito previamente acerca de Nacarino y Felipe Loeches había preparado el camino a Urbano Brihuega para animarse a novelar a un personaje histórico, más es un comienzo del siglo XXI donde el género de la novela histórica está en auge.  

El general Beigbeder era un español cuya familia tenía origen alemán precisamente en uno de los territorios en conflicto entre Alemania y Francia en la Primera y en la Segunda Guerrra Mundial, Alsacia. En su trayectoria como militar participó y ascendió en la Guerra del Rif entre 1909 y 1910. Llegó a conocer en profundidad el Marruecos Español y tomó contactó allí con el resto de generales africanistas, como Franco, que posteriormente protagonizarían el intento de golpe de Estado que desembocó en guerra civil en julio de 1936. Previamente a ello, en 1915, Beigbeder se encuentra en los cuarteles de Alcalá de Henares y es en esta ciudad que se casa con una alcalaína de una familia burguesa de la ciudad que incluso en el siglo XIX habían sido partidarias del absolutismo de Fernando VII. Su esposa se llamaba María Fedriano y Martín Esperanza. Siendo ella y su familia de alto arraigo en Alcalá de Henares, su familia residía entre Alcalá y Madrid, por lo que Beigbeder el resto de su vida pasó diversos periodos residiendo en la ciudad. Desarrolló cierta actividad intelectual. Apoyó el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923, por lo que fue designado agregado militar en las embajadas españolas en París y en Berlín entre 1926 y 1934, en pleno ascenso de las ideas nazis en Europa (Hitler ganó las elecciones alemanas en 1933). Desde 1934 le comenzaron a  asignar varios cargos administrativos en el Marruecos Español. Fue por ello que fue uno de los militares golpistas en África junto al propio Franco, que se encontraba en Canarias y se trasladaría a donde él estaba. 

Sin embargo, su familia estaba en Alcalá de Henares y Madrid. Aunque la familia de su esposa también eran conservadores, permanecieron en el lado de la República, sin pasar al otro para reunirse, hasta el punto citado de que su hija, la protagonista del libro, decidió ir a ayudar en los hospitales de Cruz Roja en Madrid. Esto situó a María Teresa Beigbeder en una situación muy ambigua tanto durante la guerra civil como durante el resto de la dictadura de Franco. Por otro lado, el padre, tuvo una amante inglesa que resultó ser una espía y eso ayudó a que  cayera en desgracia cuando Franco apostó plenamente por Hitler en 1940 al destituirle por Serrano Suñer. A partir de ahí, Beigbeder se hizo plenamente monárquico y defendió la causa de Juan de Borbón, también apartado por Franco. 

Ninguno de los miembros de la familia materna de María Teresa Beigbeder se sintieron próximos ni al fascismo ni al nazismo. Por ello participaron durante la guerra civil de la vida cultural y pública de la República, por ello ella participa de Cruz Roja, y por ello tras la guerra será ella la que más muestre públicamente su señalamiento y rechazo de una España muy diferente a la anterior a la guerra. Ella no oculta ni la realidad social ni su rechazo a la falta de libertades, el hambre, la pobreza, las caras de miedo, las ejecuciones (siempre en el silencio), la falta de diversiones, el luto generalizado y las numerosas viudas que aumentaban cada vez más. 

Este es el tema biográfico e histórico que trata Urbano Brihuega en esta novela histórica. Una incursión en la literatura inusitada en este historiador, aunque no por ello con los precedentes de cómo había escrito las memorias anteriores de otros personajes históricos relacionados con Alcalá de Henares y el primer franquismo.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

lunes, 31 de marzo de 2025

La bicicleta (Memoria del fusilamiento de Felipe Loeches, jornalero, concejal y republicano)

Título: La bicicleta (Memoria del fusilamiento de Felipe Loeches, jornalero, concejal y republicano).
Autor: Urbano Brihuega Moreno.
Editorial: Queimada Ediciones.
Año de publicación: 2015 (1ª edición; Introducción de Julián Vadillo).
Género: Historia; Biografía; Memorias.
ISBN: 978-84-85735-72-3

 

La actividad como historiador de Urbano Brihuega se centra mucho en los libros biográficos, de memorias y especialmente en torno a la República y a los represaliados por la dictadura de Franco. Uno de esos libros lo publicó en 2015 con la editorial Queimada Ediciones, La bicicleta (Memoria del fusilamiento de Felipe Loeches, jornalero, concejal y republicano). Contaba este libro con una introducción del doctor en Historia del Movimiento Obrero Julián Vadillo, quien además presentó el libro junto al autor y personas de la Fundación Largo Caballero y la Fundación Pablo Iglesias, en la Biblioteca Pública Cardenal Cisneros, de Alcalá de Henares. De hecho, el libro fue publicado gracias a una ayuda en la edición por parte de las dos fundaciones socialdemócratas citadas, muy ligadas al sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) y al Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Ambas, junto a otra fundación, ubican sus archivos históricos en la ciudad dentro de un edificio de la Universidad de Alcalá de Henares, formando en conjunto el Archivo Obrero, de donde sin duda Urbano Brihuega alimentó buena parte de la documentación del libro, más allá de lo que es el cuerpo principal: el rescate de la memoria personal de Jesús Loeches Rubio, ya anciano, hijo del concejal por el PSOE Felipe Loeches en Alcalá de Henares durante una etapa de la guerra civil española (1936-1939) y, a la vez sindicalista agrario que ejerció como tal y trabajó como jornalero en las tierras de un terrateniente alcalaíno, que a la vez tuvo cierto poder político y económico sobre la ciudad, Cayo Campo, cuya propiedad estaba en los territorios alcalaínos del Soto del Espinillo y La Garena. Como ocurriera con su otro libro de biografía y memoria de otro represaliado, Nacarino (historias de la guerra, de las cárceles, de Alcalá...) (2007), el libro que va sobre la represión de Felipe Loeches a través del recuerdo de su hijo Jesús se publicó tras la muerte de Jesús, por lo que va dedicado a él "in memoriam".

La vida de Felipe Loeches ha aparecido historiada en los libros más actuales de Historia de las etapas republicana, de guerra civil y primer franquismo en Alcalá de Henares, gracias a los avances en las investigaciones de archivo. Así por ejemplo se le puede rastrear en Luces y sombras en tiempo de paz. Alcalá de Henares en la Segunda República (1931-1936) (2018) y Alcalá en guerra (1999), de Pilar Lledó; en El movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939 (2014), de Julián Vadillo; en La depuración de maestras y maestros en Alcalá de Henares (1939-1941) (2021), de Daniel López-Serrano; o en Justicia militar en la Villa de Camarma de Esteruelas (1939-1943) (2016), de José María San Luciano.

Felipe Loeches, como se ha dicho, fue un jornalero contratado por Cayo Campo para trabajar en sus tierras alcalaínas en el Soto del Henares y La Garena. Allí ejerció también entre sus compañeros como sindicalista de la UGT. Al comienzo de la guerra civil en julio de 1936, Cayo huyó de la ciudad y sus tierras quedaron abandonadas, siendo improductivas para dar trabajo a los alcalaínos que trabajaban allí, e improductivas para producir alimentos para los alcalaínos de Alcalá de Henares. Por ello mismo los trabajadores tomaron la iniciativa desde los sindicatos UGT y Confederación Nacional del Trabajo (CNT) para seguir cultivando las tierras creando una colectivización agraria. Los productos se repartieron equitativamente entre las necesidades de cada alcalaíno en una casa ubicada al lado de la Puerta de Madrid, hoy desaparecida. En esa colectivización llevada a medias entre UGT y CNT tuvo cierto peso Felipe Loeches entre otros, ya que este, por su experiencia, fue elegido para poder coordinar los trabajos en las tierras de Cayo, para lo que se le facilitó un caballo para desplazarse rápido. La guerra avanzó, Loeches puso a salvo a su familia refugiándola junto a otras familias en las afueras de Alcalá, algo común en aquellos días, y, según evolucionó la contienda, tuvo que ocupar un cargo de concejal por el PSOE en el ayuntamiento. Al final de la guerra intentó huir hacia el levante, animado por su familia, para salvarle de un fusilamiento, sin embargo, fue reconocido y apresado. A partir de aquí comienza un largo proceso militar contra él en la Causa General donde se le llegó a acusar de haber participado de ejecuciones desde la "cheka" ubicada en la calle Ánimas, cuya casa había pertenecido a un diputado de derechas. Se le acusa también de estar en la de San Felipe Neri e incluso de haber entregado a uno de sus sobrinos para ser ejecutado. Aunque esto último no era cierto y no había evidencias, abrió una profunda brecha en la familia. En cuanto a su función en las "chekas", se encontraron varios testimonios, incluso de dos mujeres presas allí, que dijeron haberle visto, pero nunca torturando, ni violentando, sino todo lo contrario, intentando frenar a quienes eso hacían. En todo caso, hubo otros testimonios de personas que no estuvieron en la ciudad que afirmaron las acusaciones, a pesar de la imposibilidad de que pudieran afirmarlas. Su papel en la colectivización de tierras puede que fuera su peor enemigo en la posguerra, se le condenó a ser ejecutado, cosa que se produjo en mayo de 1943. 

Jesús Loeches rememora todo esto desde sus recuerdos de infancia y los recuerdos familiares que conservaba de su madre, hermanas y hermanos, así como el conocimiento que tuvo de la ciudad a través de su propia vida, lo que implicaría los testimonios de todas aquellas personas que conoció a lo largo de su vida y posiblemente lo que pudo ir sabiendo por otras vías. Esa información es completada por Urbano Brihuega con sus conocimientos de historiador alcalaíno, aportando algunas acotaciones a las memorias de Jesús que evidencian una procedencia de investigaciones.

Quizá uno de los problemas del libro viene precisamente en ese sentido. Ha sido escrito entre la memoria directa simulando la voz de Jesús, y la voz de Urbano como narrador de una especie de gran entrevista, pero no hay ningún signo, ni tipografía, ni maquetación que diferencie ambas partes, por lo que hay que estar atentos o confundir el relato. Por otro lado, es un libro cuyo peso mayor es el de la memoria histórica de una persona, con lo que a menudo se desprenden datos que son más su memoria que algo que se corresponda con la realidad, véase por ejemplo cuando Jesús habla de una bomba de relojería para la explosión del polvorín de Alcalá en 1947, cuando lo cierto es que se produjo por un accidente dentro de las instalaciones. Así ocurre con otros datos y percepciones, del mismo modo que se cuelan valoraciones de Jesús, muy marcadas por su condición de un niño y adolescente a cuyo padre fusilaron y cuya existencia fue atormentada por las autoridades del momento, que irrumpían en su casa de manera habitual en busca de una bicicleta con la que uno de sus hermanos había corrido una vuelta ciclista entre Torrejón de Ardoz y Alcalá de Henares.

La Ley de Memoria Histórica fue aprobada en diciembre de 2007, hoy sustituida por la de Memoria Democrática desde 2022, y este libro se circunscribe dentro de un intento de recuperar la memoria de aquellas personas ya muy ancianas que habían padecido la más brutal de las represiones en persona de sus familiares más directos.

Quizá sea un error que Urbano Brihuega no aportara la documentación de archivo, hemeroteca y bibliografía que le sirvió de apoyo, que sin duda se intuye que hubo, y todo parece que se basara exclusivamente en la memoria de una sola persona. No obstante, este hecho no invalida el valor testimonial que aporta. Quepa señalar que el relato coincide en muchos detalles de la vida social de después de la guerra, y personajes y mentalidades, con el relato de otras personas mayores que quien esto escribe también conoció o que quedaron como constancia en otros libros, como el citado sobre Nacarino.

Así tenemos de nuevo la confirmación y ampliación de la vida de prostíbulos en la Alcalá de después de la guerra, pero también la división física tácita de por dónde podían ir los perdedores y por dónde los ganadores, pero también aporta detalles sobre el día del golpe de Estado fallido en la ciudad al comienzo de la guerra, por ser Jesús un testigo directo en la Calle Libreros, cómo se alimentaban los perdedores de los deshechos, la vida penitenciaria de los presos de guerra a través de las visitas familiares, o determinadas celebraciones religiosas y su contexto en la ciudad. Vuelve a citar la explosión del polvorín a través de que uno de sus primos fue acusado en falso. Nos da datos de los viajes en tren en la época y muchos nombres conocidos a través de otras obras e investigaciones de personas de aquella Alcalá. Con lo que va completando muchos huecos de la década de 1940 en Alcalá, incluidas las películas proyectadas y el impacto de un par de superproducciones de Hollywood.

Repasa propiamente la vida de su padre, su capataz, su familia y todo el proceso por el que pasó, incluida la represión económica sobre su esposa e hijos. Nos da un detallado recuerdo y retrato de la Alcalá de Henares de los perdedores, aunque faltarían aquellos otros que, siendo de la ciudad, tuvieron que irse el resto de la dictadura, los grandes olvidados de entre los perdedores de la guerra por los investigadores locales.También los más difíciles de rastrear, pero no inexistentes.

El libro incluye una nutrida lista de alcalaínos ejecutados tras la guerra civil que hoy día se queda muy escueta. A la fecha de la publicación, 2015, Brihuega contabilizó con nombres, edad, lugar y fecha de ejecución a treinta y seis personas. En 2018 la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Alcalá de Henares, tras un largo trabajo de investigación de varios años, había logrado contabilizar a los ejecutados que estuvieron en el zanjón del cementerio de Alcalá de Henares a doscientas sesenta y ocho personas, y esa cifra no cuenta a aquellos alcalaínos que no se encontraran allí. Pensemos en los ocho ejecutados por el polvorín en 1948 y otros.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 15 de marzo de 2025

Nacarino (historias de la guerra, de las cárceles, de Alcalá...)

Título: Nacarino (historias de la guerra, de las cárceles, de Alcalá...).
Autor: Urbano Brihuega Moreno.
Editor: Urbano Brihuega Moreno (autoedición).
Imprenta: Manuel Ballesteros Industrias Gráficas.
Año de publicación: 2007 (1ª edición).
Género: Historia; Biografía; Memorias.
ISBN: 978-84-932153-1-7

 

Ya conocíamos en estas notas al historiador y ex-concejal por el PSOE Urbano Brihuega, pero hasta la fecha sólo habíamos hablado de su muy notable libro premiado La instrucción pública en Alcalá de Henares. El periodo entre Repúblicas, 1873-1939 (2005), siendo su bibliografía mucho más amplia que un simple título. Por ello hoy cabe hablar de otro de sus títulos de gran éxito, actualmente descatalogado, una rareza imprescindible para la historiografía del siglo XX alcalaíno, imprescindible en una biblioteca de libros de Alcalá de Henares y una rareza muy difícil de localizar para su adquisición hoy día. Se trata de Nacarino (historias de la guerra, de las cárceles, de Alcalá...). Es también ciertamente experimental. Se trata de un libro de Historia de Alcalá de Henares, pero también es una biografía escrita por Urbano Brihuega a modo de falsas memorias. Falsas sólo en cuanto a que está escrita en primera persona, como si quien estuviera narrando su biografía y pensamientos fuera Nacarino Fernández, cuando en realidad lo hacía Urbano en parte transcribiendo conversaciones, grabaciones de conversaciones y recuerdos de su trato con el propio Nacarino, a lo que ayuda en su otra parte su propia labor investigadora como historiador con sus propios conocimientos y con sus investigaciones tanto con conversaciones y documentación a través de la familia de Nacarino, como en la consulta de archivos, por ejemplo el de Servicios Penitenciarios. Una labor ardua que aporta muchos detalles, algunos muy personales del personaje, así como fotografías familiares y personales de esta persona que tuvo cierta repercusión en la ciudad de Alcalá de Henares tras la guerra civil de 1936-1939.

Urbano Brihuega estaba en contacto con Nacarino para escribirle esta biografía en los mismos últimos años de este en los que también lo estaba Julián Vadillo para escribir con Alejandro Remeseiro su investigación La explosión del polvorín en Alcalá de Henares (1947) (2009). No obstante, Nacarino fue uno de los protagonistas de aquella explosión fortuita que sirvió de excusa al gobierno de Franco para la represión contra más de ochenta alcalaínos de izquierdas que eran inocentes, y el fusilamiento de ocho de ellos en 1948. Lo que aportó Nacarino legando su memoria a estos historiadores fue muy útil y utilizado en Historias generales de Alcalá de Henares posteriores y en algunas otras investigaciones de Historia sobre aspectos más concretos del siglo XX alcalaíno, como el muy relevante El movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939 (2014), de Julián Vadillo; o como el de quien esto escribe, Daniel López-Serrano "Canichu", cuando aporté mi investigación La depuración de maestras y maestros en Alcalá de Henares (1939-1941) (2021).

Nacarino no pudo ver ninguno de estos libros, ni siquiera su biografía. Murió en 2007, hecho que salió en toda la prensa local de Alcalá de Henares existente en ese año y con motivo de este libro. Urbano se apresuró a homenajearle sacando adelante este libro con ayuda de la familia, el Foro del Henares y de la Fundación Indalecio Prieto (instalada en el Archivo Obrero). Se presentó en el salón de actos de la Universidad de Alcalá de Henares, exactamente el del colegio de San Ildefonso ("la Cisneriana"). Se implicó en la presentación numerosos historiadores, familiares, políticos locales e incluso un político a nivel nacional, como era el diputado López Garrido, uno de los asesores del entonces presidente de gobierno Rodríguez Zapatero (PSOE), que en el pasado había estado en Izquierda Unida, donde estuvo Nacarino, por haber sido este del Partido Comunista de España (PCE). En la presentación este diputado trató de atar el libro a la Ley de Memoria Histórica, aprobada ese 2007 (actual de Memoria Democrática desde 2022), aunque el origen del libro iba muy al margen de esa ley. También habló el alcalde de Alcalá, Bartolomé González, del Partido Popular (PP), quien  recordó y honró a Nacarino por su sacrificio por valores democráticos y su contribución como vecino, salvaguardando las diferentes posturas políticas entre ambos, pues, dijo, más allá de eso, ambos eran demócratas y de Alcalá.

Urbano Brihuega escribió, editó y pagó de su propio bolsillo toda una inmensa edición del libro que se agotó al instante el día de aquella presentación. Inmensa para lo que es una edición pagada por el propio autor, sin editorial detrás, o sea, en comparación con una editorial es una edición limitada. Lo había creado gracias a los servicios de la imprenta alcalaína Gráficas Ballesteros, que también conocían a Nacarino. Se negó a cobrar nada de dinero por el libro. Toda la inmensa edición fue gratuita aquel día. A pesar de que nadie se deshace de su ejemplar, alguna vez se ha visto alguno en alguna tienda de antigüedades, rarezas y segunda mano, con un precio económico elevado por ser hoy día un libro que aporta mucho, pero raro de encontrar.

A todo esto, hay que tener en cuenta que las memorias de Nacarino dio muchos datos y abrió muchas puertas que en su momento no se querían abrir, ni hablar de ellas, acerca de la Alcalá de Henares posterior a la guerra civil, su ambiente, la represión y la división social existente, pero hasta ese momento (2007) obviada o silenciada en lo público. Ahora bien, no deja de ser unas memorias y en trabajos posteriores, incluidos los de Vadillo, que también le trató mucho en vida, es contrastado y matizado en algunas de sus percepciones o recuerdos. Nacarino nos desvela muchas cosas que fueron verdad, algunas demostradas con documentos de archivos estatales y municipales, otras contrastadas con otros testimonios, pero también tenía sus propias percepciones. Como saben todos los historiadores de profesión y carrera, las memorias son una fuente primaria de información muy importantes, pero por ser memorias necesitan de contraste.

Nacarino era uno de los alcalaínos miembros del PCE clandestino que tras la explosión del polvorín de Alcalá en 1947 fue usado como cabeza de turco por la dictadura de Franco (fueron fusiladas ocho personas inocentes y encarceladas, si no recuerdo mal, ochenta más). El libro se podría completar con las memorias del afamado poeta comunista Marcos Ana, Decidme cómo es un árbol (2007), pues Marcos Ana también tiene su vida de la guerra civil y de la cárcel posterior a Alcalá de Henares. Nacarino y Marcos Ana se conocieron en la cárcel, pero ambos nos dan datos del Alcalá de la República, de la guerra y de la cárcel política. Pensemos que el actual Parador Nacional de Alcalá de Henares se estaba terminando de construir, precisamente en los años en los que se escribía este libro, en lo que era las ruinas y solar de un antiguo colegio universitario del siglo XVII que en los siglos XIX y XX fue cárcel y, en concreto durante la dictadura de Franco fue la cárcel política masculina, en la actual calle Colegios. Por ella, entre otras cárceles políticas de España, anduvieron ambos.
 
Nacarino Fernández era un niño alcalaíno tras la guerra civil, de la que no participa por no tener edad. De hecho, en este libro confiesa ser uno de los niños que a escondidas vieron algunos de los fusilamientos detrás de la capilla de El Val y y dio detalles y nombres del cómo y de quién daba el tiro de gracia. Se siente afín al PCE y milita en él clandestinamente en los primeros años de la dictadura, los tiempos más duros de la represión y las ejecuciones tanto judiciales como extrajudiciales. La violenta explosión en 1947 del polvorín militar de Alcalá de Henares en el monte Zulema, o Gurugú, que provocó la deformación fisiológica del monte y el curso del río, la destrucción del puente Zulema, la de una central eléctrica y desperfectos en las casas de Alcalá, así como la muerte de algunos soldados, fue tratada por el gobierno de Franco como un sabotaje de la izquierda clandestina para aprovechar la catástrofe en el sentido de eliminar con sentencias judiciales a parte de los contrarios de Franco que tras 1939 aún no habían eliminado. Estaba cerca otra catástrofe como fue la explosión del polvorín de Cádiz, que se sintió como un terremoto y que fue tratada de igual manera. Ambas habían sido accidentales por el mal estado de esos polvorines y lo que guardaban en ellos. Lo accidental de estos sucesos fue silenciado, aunque los documentos de archivos que permanecieron secretos hasta avanzada la democracia, demostraban que sus propios peritos militares dictaminaban que habían sido accidentes dramáticos, sin embargo había orden de achacarlo a atentados de la izquierda clandestina. Versión oficial de Franco que perduró en el pensamiento popular durante décadas y que aún hoy en 2025 hay quien defiende el origen criminal y niegan la realidad evidente del accidente, pese al trabajo de historiadores como Vadillo o testimonios como Nacarino, uno de los primeros en hablar en público sobre lo injusto de su acusación.
 
Apresaron en el caso alcalaíno a unas ochenta u ochenta y dos personas personas de otras tantas que señalaron. A pesar de que hallaron testigos que afirmaron que no estaban en los lugares que las autoridades decían en determinado momento, y a pesar de que no encontraron nada incriminatorio, salvo sus pensamientos de izquierda o sus afiliaciones clandestinas, fueron condenados a penas de cárcel, incluidas mujeres. Ocho de ellos fueron condenados a muerte en 1948. En realidad fueron condenados a muerte diez, como ejemplo disuasorio a todos los contrarios a Franco, para que dejaran de ser contrarios. Los exiliados españoles se movilizaron y contaron incluso con ayuda del muralista mexicano Siqueiros, hasta el punto que la Organización de Naciones Unidas (ONU) pidió formalmente a Franco que no llevara a cabo las ejecuciones. Franco conmutó la pena de muerte a dos de los menores, por eso se fusiló a ocho y no a diez, en el Penal de Ocaña. De los dos conmutados de pena de muerte a pena de cárcel uno era Nacarino, el otro era Lidó, en principio del PCE y con el paso de los años del PSOE, siendo uno de los primeros en ocupar el ayuntamiento como cargo electo tras la dictadura, con las primeras elecciones municipales democráticas de 1979.  

Nacarino recordaba todo aquello, más las torturas recibidas durante el presidio. Le llegaron a reventar un ojo, pasó el resto de su vida con un ojo de cristal. Contaba las condiciones de vida en la cárcel, así como haber coincidido en uno de los presidios (les trasladaban de uno a otro cada cierto tiempo) con gente posteriormente muy conocida, así como recuerda el peso de los poemas de Miguel Hernández, muerto en la cárcel en 1942. Pero su memoria va más allá y recuerda cuando es liberado al fin y regresa a su casa y familia en Alcalá de Henares.

Nos narra una ciudad llena de silencios y de rencores, empobrecida y en ruinas. Su juventud se ha perdido en la cárcel y es un hombre adulto que encuentra por compañía femenina el de diversas prostitutas habituales en los prostíbulos alcalaínos, cosa que narró él mismo en aquellas entrevistas transcritas y algunos papeles que escribió para Urbano Brihuega y su libro. Nos da así también este otro aspecto más difícil de conocer para los historiadores, porque habitualmente suele ser más difícil de rastrear. Se transforma así también en un importante testimonio tanto del lumpen alcalaíno, como de las miserias de la posguerra o la psicología imperante en la sociedad.

Recorre la dictadura, nos narra su vida, nos cuenta como se asienta y crea su familia. No repara en contarnos lo bueno y lo malo, y nos posa en el regreso de la democracia en los años 1970. Es un testimonio que abarca algo más que la explosión de 1947 y su represión. Nacarino llegó a hablar de la Alcalá anterior a aquello, pero da voz personal a aquellas cárceles y lo que se vivía en ellas, y a aquella Alcalá de Henares popular, dando el punto histórico de la sociedad y lo que fue la vida entre vencedores y vencidos. La España del hambre y los derrotados, la de la falta de cultura, con el paso del tiempo la de cierta recuperación. Son unas memorias, pero como todas las memorias son una fuente primaria importante de datos e información.
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu". 

domingo, 14 de abril de 2024

La instrucción pública en Alcalá de Henares. El periodo entre Repúblicas, 1873-1939

Título: La instrucción pública en Alcalá de Henares. El periodo entre Repúblicas, 1873-1939.
Autor: Urbano Brihuega Moreno.
Editorial: Fundación Colegio del Rey.
Año de publicación: 2005 (1ª edición).
Colección: Alcalá Ensayo.
Nº de volumen en la colección: 23.
Género: Ensayo; Historia.
ISBN: 978-84-95011-92-1

 
Entre los historiadores actuales de Alcalá de Henares más activos aún no presentado en estas notas, pero que es una figura clave en la recuperación de la Historia de la ciudad especialmente en tiempos de la República, la guerra civil y los primeros años de la dictadura de Franco en lo referente a lo que afectó a republicanos y socialistas, está Urbano Brihuega Moreno. Se trata de un licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Alcalá de Henares y maestro de Educación Primaria, que también ha ejercido de profesor de Historia en el Instituto de Secundaria Mateo Alemán, en uno de los barrios obreros y más humildes por excelencia de Alcalá de Henares. Instituto de Educación Secundaria que anteriormente fue instituto de Formación Profesional, carácter que sigue manteniendo en cierto modo, pues aún se enseñan oficios en ese lugar, en la Avenida del Ejército. También es un activo miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en Alcalá, si bien actualmente está jubilado, por un lado, y retirado de la primera línea política alcalaína por otro. Fue concejal por el PSOE electo dos veces entre 1987 y 1995, siendo alcalde el también socialdemócrata Florencio Campos. Como ensayista e historiador ha escrito sobre Alcalá de Henares como patrimonio de la humanidad y la arquitectura complutense en el Siglo de Oro (siglos XVI-XVII), pero como ya se ha apuntado, fundamentalmente se ha dedicado a sacar a la luz cuestiones olvidadas o no historiadas de la República en Alcalá, especialmente ligada a republicanos y socialistas. En esa vertiente ha recuperado la memoria póstuma del comunista Nacarino, uno de los acusado en falso de la explosión del polvorín de Alcalá de Henares en 1947, que esclareció Julián Vadillo y Alejandro Remeseiro en La explosión del polvorín de Alcalá de Henares (1947) (2009, segunda edición ampliada en 2017), la biografía del alcalaíno Andrés Saborit, diputado del PSOE, la vida de la hija del general Beigbeder, y la vida del concejal del PSOE Felipe Loeches, represaliado por Franco. Hoy es presentado en estas notas por su ensayo de Historia, toda una muy notable investigación, La instrucción pública en Alcalá de Henares. El periodo entre Repúblicas, 1873-1939, ganadora del premio Ciudad de Alcalá de Historia en 2004, y por ello publicado por la Fundación Colegio del Rey en 2005, como volumen 23 de su colección de ensayo, aunque lo hizo sin que tuviera palabras introductorias de ninguna autoridad local ni de otro tipo.

Esta innovadora investigación, muy correcta y certeramente realizada, fue la base para el libro La depuración de maestras y maestros en Alcalá de Henares (1939-1941) (2021), de quien esto escribe, Daniel López-Serrano "Canichu". En cierto modo mi libro es la continuación modesta del de Brihuega, que, si bien en su capítulo final trata el tema de las depuraciones de maestros tras el final de la guerra civil (1936-1939), el mío profundiza y pormenoriza lo referente a ese tema, aportando más datos nuevos y mi propia investigación sobre el tema. No obstante el objetivo de Urbano era analizar la instrucción pública en Alcalá de Henares entre 1873 y 1939, mientras que mi objetivo era dar a luz cómo se produjeron las depuraciones de quienes fueron maestras y maestros en Alcalá durante la guerra civil, a pesar de que el inicio de las responsabilidades políticas de la guerra no las fijó Franco en julio de 1936, sino en octubre de 1934, comenzando así una tergiversación de la memoria y de la Historia que aún en 2024 tiene seguidores. 

La instrucción pública en Alcalá de Henares fue un libro que innovó en algo que estaba siendo muy poco conocido en las fechas en las que se creó, el siglo XX de Alcalá especialmente ligado al periodo republicano y, en cierto modo la guerra civil y la dictadura de Franco. Urbano toca por fuerza la guerra civil y el primer franquismo en cuanto a la represión en la enseñanza en la ciudad, pero el libro no es en concreto de ese tema. Como su subtítulo indica, trata de analizar y comprender la evolución de la educación pública de niños y jóvenes desde la Primera República en 1873 hasta el final de la Segunda República en 1939, con el objetivo de comprender cómo había quedado este asunto social en ese lapso de tiempo de unos cincuenta y seis años, por lo que tuvo un peso importante en la ciudad. Otro pionero de la Historia complutense en asuntos del socialismo, movimiento obrero y Repúblicas, el citado Julián Vadillo, usaría la información de Urbano en cuanto a la educación alcalaína entre 1873 y 1939 y la ampliaría con su análisis de investigación propia en su tesis doctoral El movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939 (2014). Y otra pionera en el periodo de Segunda República y guerra, Pilar Lledó, que inició las investigaciones de la guerra civil a finales de al década de 1990, usaría años más tarde la información de Urbano y la de Julián sobre el estado de la educación en la ciudad y haría también sus aportaciones en un libro de Historia general del periodo republicano, Luces y sombras en tiempo de paz. Alcalá de Henares en la Segunda República (1931-1936) (2018). Así pues, se hace evidente que la presente obra de Urbano Brihuega tuvo y tiene un peso en la historiografía alcalaína y su avance y actualización.

La investigación de Urbano tiene una indagación de cómo estaba la cuestión de la educación antes y después del periodo que el analiza en detalle, el de 1873-1939. La Primera República Española de 1873-1874, venía de un periodo revolucionario que en un origen no tenía carácter republicano, sino monárquico, el iniciado en 1868 con la expulsión de la Reina Isabel II de Borbón y el gobierno del general Prim en busca de un nuevo Rey que aceptara un gobierno constitucional y con carácter democrático, el cual se personalizó en la figura de Amadeo I de Saboya. En medio de conspiraciones políticas, conflictos varios y una nueva guerra carlista, se proclamó la Primera República en 1873, que se enfrentó a nuevas conspiraciones, guerras de independencia en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y una guerra contra los levantamientos cantonales, mientras el movimiento obrero comenzaba a organizarse seriamente. Otro golpe de Estado acabó con la República imponiendo la dictadura del general Serrano, que duró brevemente, hasta que otro pronunciamiento militar impuso la Restauración borbónica casi acabado 1874, aunque Alfonso XII no regresará a Madrid hasta el 14 de enero de 1875. Por fuerza, Urbano se ve en la necesidad de analizar el panorama de la educación en Alcalá de Henares en esos años previos en los que empezó el Sexenio Revolucionario en 1868, e incluso hablar muy pormenorizadamente del estado de la educación en Alcalá en los años finales del reinado de Isabel II. En el otro extremo, el final abrupto de la Segunda República con el final de la guerra civil en 1939 y la derrota del gobierno Republicano, supuso el comienzo de la dictadura del general Franco con la entrada de tropas afines a él que comenzaron con la represión de sus oponentes y con la depuración de los funcionarios para ocupar sus cargos sólo con personas compatibles con el franquismo o directamente franquista. Estos procesos de depuración se mezclaron a veces con procesos judiciales y de represión que prolongó el asunto hasta 1941 en  Alcalá, aunque algunos casos particulares muy testimoniales de algunos maestros que lo fueron durante la República aún coleaban en la década de 1960. Por fuerza, también, el libro se ve en la necesidad de hablar de todo esto. Por ello se nos habla más claramente de cómo estaba el panorama de la educación en Alcalá antes del movimiento republicano, durante el mismo, con el periodo de monarquía y dictadura de Miguel Primo de Rivera entre las dos Repúblicas,  durante la propia guerra civil, y como quedó ese panorama al final del periodo republicano con el reajuste depurador que hizo Franco en los primeros años de su gobierno. 
 
No hay que olvidar que para estudiar más el asunto de la educación en Alcalá en el franquismo se han escrito obras muy notables y recomendables como La Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Historia de una institución docente (1966-2016) (2017), de Carlos Mazarío, El Colegio Calasanz-Escolapias (1904-2004) Un siglo de presencia educativa en Alcalá de Henares, álbum fotográfico (2021), de Pilar LledóLa orden de las Escuelas Pías en Alcalá de Henares, siglos XIX y XX [Volúmenes I y II] (2021), de José María San Luciano y Luis Briones, así como algunas obras dedicadas a la escuela de funcionarios en la que se transformó el colegio de San Ildefonso (actual rectorado de la Universidad de Alcalá) o dedicadas a la propia Universidad de Alcalá, que aunque se creó en Transición hubo proyectos en el periodo tardofranquista.
 
La educación en Alcalá de Henares había tenido cierta relevancia desde los últimos tiempos de la Edad Media con los estudios generales y desde el comienzo de la Edad Moderna con la creación de la Universidad de Alcalá o Complutense en 1499. Durante el siglo XVI tuvo una competencia directa en prestigio con la Universidad de Salamanca. Si bien estaba creada para formar al cuerpo de diplomáticos y funcionarios que debían dirigir el Imperio, así como para reforzar ideas teológicas, lo cierto es que estudios actuales demuestran que la mayoría de los que lograron acabar estudios aquí fueron médicos, seguidos de gentes de leyes. Fue la primera universidad destinada a acoger a gente no necesariamente nobiliaria, incluso en conceder becas. Al margen de su pasado comunero y otras cuestiones, durante la Contrarreforma, y a pesar de acoger a varios escritores destacados del siglo XVII, fue en ese siglo que comenzó su declive al ligar el gobierno español los estudios universitarios a la teología y las enseñanzas de la Iglesia, evitando los avances que el protestantismo permitía hacer mediante investigaciones en el resto de Europa. Por otro lado, las normas y leyes de limpieza de sangre en todas las universidades españolas para cursar una carrera fueron un gran impedimento para lograr cada vez más a estudiantes destacados. En el siglo XVIII había perdido numeroso alumnado y prestigio, aunque aún sería pionera por ser la primera universidad española que permitió doctorarse a una mujer, ya antes, en el siglo XVI fue la primera en ayudar a obtener un divorcio y una orden de alejamiento al exmarido de otra mujer. La cosa es que el declive en el siglo XVIII hizo que varios colegios estuvieran sin alumnos. Con el reinado de Carlos IV incluso algunos de los elementos mobiliarios fueron vendidos o sacados de allí para los nuevos palacios que estaba construyendo. Con la invasión napoleónica de 1808 el rector ayudó a crear la Carta Otorgada de Bayona, una especie de constitución de José I Bonaparte. Parte del alumnado y el profesorado era afrancesado o liberal. Se decantaron a favor de la Constitución de 1812, aunque se planteó un primer traslado a Madrid. Con el regreso de los Borbones, Fernando VII decidió por todo esto depurar a todos los liberales e incluso reprimirles, pero en 1820, con el golpe de Riego y el trienio liberal hasta 1823, la Universidad de Alcalá organizó milicias liberales y enseñó a la gente común a conocer sus derechos según la Constitución de 1812. Volvió a plantearse llevarse la Universidad a Madrid, lo que hizo que los vecinos que vivían de los alquileres de casas y habitaciones, así como otros negocios ligados a la población  universitaria, se declararan en contra y además antiliberales. Con el regreso de la monarquía absoluta en 1823 Fernando VII mantuvo cerrada la Universidad varios años. El rey moriría en 1833 intentado atraerse a los liberales para poder lograr que le sucediera su hija Isabel II, un bebé por entonces. Eso no evitó la primera guerra carlista. La reina regente, María Cristina, siguió su alianza por conveniencia con los liberales, que llevaron a cabo una desamortización que cerró la universidad en 1836, llevándosela a Madrid como Complutense. Con esa pérdida Alcalá acentuó su decadencia, máxime cuando hubo varios proyectos de empresarios que querían desmontar o derribar edificios, lo que provocó que se creara una Sociedad de Condueños que compraron los edificios universitarios en 1851 para salvarlos.

Algunos edificios de la antigua universidad fueron alquilados al Ejército, otros a la Iglesia. En medio de esto la Iglesia recuperó la educación privada en la ciudad mediante las órdenes religiosas de los escolapios y los filipenses. De nuevo era una educación en manos de la iglesia, aunque esta vez dedicada a la primera enseñanza y la segunda enseñanza. Sólo se la podían permitir las clases más pudientes. Sin embargo, la Ley de Educación elaborada por Moyano en 1857, vigente en España hasta la Ley General de Educación Básica (EGB), de Villar Palasí, que la sustituyó en 1970, venía a avalar la educación básica para todas las clases sociales. Esto se incumplía en muchos lugares, solía ser común que esta se basara en enseñar a leer muy básicamente y a sumar y restar. La situación alcalaína con el comienzo del proceso revolucionario de 1868 estaba muy deteriorado, aunque el ayuntamiento llevaba desde la ley Moyano intentando localizar un lugar y obtener una instalación para poder crear una escuela pública, especialmente de Educación Secundaria, pues esta sólo era posible en escuelas religiosas privadas. En la parte trasera del actual ayuntamiento o el Parque O'Donnell fueron algunos de los lugares que se buscaron para crear escuelas públicas. 

La Primera República de 1873 se planteó la educación de las clases trabajadoras  como algo principal para regenerar y sanear a la sociedad española. Inició con ello un plan educativo ambicioso que alcanzó a Alcalá, comenzando el funcionamiento de una escuela pública de primaria detrás del ayuntamiento. Sin embargo, la corta vida de la Primera República acaba con esta inercia, si bien la escuela pública ya no se fue de Alcalá, en todo caso cambió de ubicaciones y se crearon varias. La Restauración (1875-1931) continuó con inspecciones escolares para detectar las mejoras a realizar. A las escuelas religiosas y a las públicas se les sumó las iniciativas obreras que crearon en la ciudad ateneos obreros que impartían clases para todas las edades que enseñaban a escribir, leer, sumar, restar, multiplicar, dividir, trigonometría, dibujar y oficios varios. Ante esto, una sociedad católica, la Mutual Complutense Obrera (hoy sólo Mutual Complutense) comenzó su andadura para educara las clases obreras al margen de la Iglesia, pero con ideas católicas. Comenzaron también a crearse escuelas laicas de tipo privado, por ejemplo en la calle Escritorios. El nivel y número de escuelas públicas aumentó en la ciudad, aún cuando Primo de Rivera (1923-1930) quería que estas tuvieran un contenido no muy alejado a clases de catequesis en los centros.

En las inspecciones educativas realizadas ya con la Segunda República en 1931, se detectó un pequeño retroceso durante la época de Primo de Rivera, pero se avanzó en seguir dotando de locales, maestros, y recursos a las escuelas públicas, mientras se buscaba aún poder establecer una enseñanza pública de secundaria. Además, la Universidad Complutense recuperó algunos de sus actos oficiales en sus viejos edificios de Alcalá, aunque no regresó. Las nuevas leyes educativas establecían la laicidad de la enseñanza, lo que fue paralizado por el gobierno conservador electo en 1933. Las mujeres, en todo caso, ganaron en la igualdad de materias a la hora de recibir enseñanzas. El panorama de mejoras quedó interrumpido por la guerra civil, aunque no se interrumpieron los cursos escolares e incluso se detectó un aumento de los alumnos apuntados. Más aún, dado que muchos adultos eran analfabetos se crearon milicias educativas compuestas por maestros con el objetivo de enseñarles a leer y escribir como mínimo. Con la entrada de los franquistas en la ciudad en el final de la guerra todas las maestras y maestros fueron depurados para saber quien era adicto o compatible al franquismo y quien no, con el objetivo de prohibirles enseñar, recibir sanciones o incluso ser pasados a otros tribunales represivos. Hubo un fusilado. Las escuelas privadas laicas pasaron a veteranos de guerra franquistas que eran mutilados o que debían ser indemnizados según las nuevas leyes, mientras que en las escuelas públicas mantuvieron los puestos los afines a Franco y recibieron un cargo de maestro aquellos de derechas que podían ocupar los puestos libres por la depuración de la gente de izquierdas. En general en toda España, en Alcalá también, la depuración y represión sobre el cuerpo de todo tipo de docentes fue tan elevada que hubo en un primer momento déficit de personal, a veces se cubrían plazas con personas que no venían del mundo de la enseñanza. Se regresó a la educación separada por sexos, dando una educación específica a las niñas dirigida al hogar. Se basó de nuevo en las ideas de la Iglesia, en el culto al Estado representado en la bandera como máxima expresión y en cantos del himno y de Falange, y en la fidelidad a Franco.

El resto de la historia educativa de Alcalá en el franquismo no pertenece a este libro, aunque es interesante conocer los avances según vuelve a crecer la ciudad, especialmente a partir de la década de 1960. 

El libro de Urbano Brihuega es una referencia obligada en al historiografía para el siglo XX en Alcalá. Derriba algunos tópicos y nos descubre una ciudad en crecimiento que se refleja en el aumento constante de la mejora de sus escuelas entre 1873 y 1939. Un proceso de mejora que comienza con una apuesta firme de la Primera República, que decide proseguir la Restauración y la sociedad que esta generó desde sus dos lados ideológicos, y que renovó en esa apuesta de mejora y democratización la Segunda República, aún pese a la guerra final, inercia de mejoras sólo truncadas con el comienzo del gobierno de Franco en su primer periodo. Es un ensayo serio, muy bien documentado, con un notable trabajo de investigación en archivo, que otorga a cada etapa sus méritos y sus deméritos sin pararse a mirar el color político de quien está en ese momento. Contiene además un elevado número de tablas estadísticas que permite al lector contrastar los datos con su propia reflexión a discutir con la que hace Urbano en el texto. Repito: un imprescindible.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".