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sábado, 9 de mayo de 2026

Un sollozo del fin del mundo

Título: Un sollozo del fin del mundo.
Autor: Matías Escalera Cordero.
Editorial: Kaótica Libros.
Año de publicación:
2023 (1ª edición; prólogo de Alberto García-Teresa).
Colección: Ucronía.
Nº de volumen en la colección: 4.
Género: Novela; Distopía; Ciencia Ficción; Ensayo; Ecología; Política; Economía.
ISBN papel: 978-84-126037-4-3

 

Ya conocemos en estas notas al poeta, novelista, relator, ensayista, profesor y activista social y cultural Matías Escalera, nacido en 1956. Hoy comentamos una de sus novelas, la más reciente a fecha de hoy, en la que escribió ejerciendo de todo lo dicho, Un sollozo del fin del mundo, publicada en 2023 por la editorial Kaótica Libros, aunque trabajando los últimos detalles del libro con Jesús Espino antes del año de la pandemia de 2020, el autor confiesa que pensaban intentar publicarlo en Akal Editorial, cosa que no pudo ser por cuestiones que el autor no explica, pero insinúa que ocurrió algo ajeno a sus voluntades. Le ayudaron a buscar editorial Marta Sanz y José de Monfort, que le llevaron a Ana Orantes, de esa Kaótica Libros, y con quien desde entonces ha mantenido una amistad y relación literaria. El libro fue publicado dentro de la colección Ucronía, como volumen cuatro de la misma, con un prólogo de Alberto García-Teresa, amigo de Escalera, aún habiendo una diferencia generacional amplia. El nombre de la colección, para quien no lo sepa, hace referencia a un tiempo de hechos alternativos a los hechos reales de la Historia. Por poner un ejemplo, serían historias del tipo y si Cartago hubiera ganado a Roma, y si América hubiera descubierto Europa, y si Kennedy hubiera seguido vivo, etcétera. Una ucronía es justamente eso. Sin embargo, por desconocimiento de la palabra y por mal conocimiento de la palabra distopía, mucha gente confunde las ucronías con distopías. La distopía es una malformación de una utopía, un mundo contrario a lo que con una idea utópica se ideó... e igualmente mucha gente y medios de comunicación usan mal el término de distopía para llamar así a cualquier ficción o presente caótico, sin cumplir estrictamente lo que una distopía es. ¿Por qué viene al caso explicar estos términos? Porque aunque el libro fue ubicado en la colección ucronía, el libro no es una ucronía, es una distopía... y también algo de ciencia ficción del caos. Se da el curioso y poco frecuente caso de confundir una distopía con una ucronía, siendo lo normal al revés. 

Siendo justos, en realidad está más que justificado que se le pueda considerar un género intermedio entre ucronía y distopía. Matías Escalera nos cuenta que comenzó a escribir el libro antes de la pandemía de la Covid-19 detectada al final de 2019 y totalmente explosionada mundialmente a comienzos de 2020. Trabajó el libro durante dos años, nos dice, y nos cuenta la anécdota de estar trabajando los detalles finales con Jesús Espino antes de la pandemia, dando a entender ese "antes de la pandemia" como un: antes de que se conociera de manera general y nos confinaran a todos durante meses en el final del invierno de 2019-2020 y el comienzo de la primavera. Y sabemos que no logró publicarlo hasta 2023. Él trataba de contar un relato de futuro distópico y ciencia ficción caótica. Quería ubicarlo en un futuro cercano a nuestro tiempo, en 2056, nos confiesa, que sería el año que él mismo cumplirá cien años, si sigue vivo. Por ello mismo, y habiendo sido profesor universitario y siendo muy activista socialmente, escogió elementos de la ecología, la economía, la sociología y la política actual para imaginar su evolución dentro de un marco de degradación y empeoramiento sin margen a la mejora. Así pues, imaginó un futuro donde el sistema capitalista y la sociedad de consumo actuales, vendidos como el mejor de los mundos posibles, habrían alterado al mundo hasta dejarlo al borde de su autodestrucción a costa del empeoramiento del clima y la ecología, el aumento de epidemias, catástrofes naturales, el ascenso de los grandes empresarios a costa del Estado, el aumento del autoritarismo y guerras por todas estas causas en determinadas regiones derivadas de las guerras iniciadas en el comienzo del siglo XXI. 

Con tales elementos, periódico en mano, trazó sus líneas de evolución del futuro, no inventó un tiempo presente alternativo, sino que imagino un futuro distópico, pues transformaba el sistema del bienestar social, la democracia y las libertades en un fracaso asfixiante que además habían dejado al mundo en un sollozo camino de su autodestrucción. La cosa es que lo trazó con tanto tino que la pandemia de la Covid-19 dio razón a una de sus hipótesis, el estallido de la Guerra en Ucrania dio razón a otra de sus hipótesis, la evolución del uso de la inteligencia artificial a otra... y así, parecería que había escrito una ucronía... Pero no, simplemente escribió una ciencia ficción distópica que acertó en varias de sus líneas hipotéticas. Aún así, el propio confinamiento del 2020 y el tiempo posterior hasta que publicó el libro en 2023 pudo ayudar a que retocase algunas de sus líneas para ajustarlas más a los hechos que narraba.

El libro, cuyo título fue una sugerencia acertada de su editora, ha llegado a alcanzar una segunda edición. Se trata de una edición en tapa blanda solapada, con cubiertas con un color marrón verdoso, como de limo, que enmarca un reducido círculo bajo el título y el autor, en el cual se ve un primer pano de una máscara antigás caída en un lugar árido y del cual nacen unas flores, quizá a modo de que la vida puede aún surgir de lo muerto.

El libro sigue varias líneas narrativas con diversos personajes, aunque existen dos principales: Saúl Bochum, nieto que se crió con sus abuelos, los cuales fueron profesores universitarios entre algo antes del último cuarto del siglo XX y comienzos del XXI, y los cuales fueron revolucionarios marxistas; y Klein, un agente de la ley del nuevo orden mundial del siglo XXI surgido a partir de finales de la década de 2020, cuyo inicios de joven le conectaron con el abuelo de Bochum y que de mayor, al final de su carrera, se cruza con el nieto.

Klein inicialmente nació mujer, pero en algún momento decide iniciar un cambio de sexo, cosa que hace y que simplemente se narra de manera casual, dando a entender con ese ritmo narrativo que era algo normal y asumido en la sociedad futura, que no ocasiona ningún tipo de prejuicio ni rechazo. Así pues, el protagonista es un hombre que nació mujer, un transexual. Esto no tiene apenas peso en la novela, más allá de estructurar una evolución social del siglo XXI. En ese mismo sentido, varios personajes tienen nombres y apellidos que recuerdan marcas comerciales de productos del siglo XX y comienzos del XXI. O bien la colonia lunar tiene por nombre una referencia muy claramente señalando el poder alcanzado por los grandes empresarios, pues se llama Colonia Lunar Ellon Tusk, recordando el nombre del multimillonario Ellon Musk de la vida real. El uso de pequeños detalles como estos, como por ejemplo la total mezcla de nombres de diferentes idiomas y culturas en las sociedades, o que pareciera que ya no existen fronteras en un sentido de Estado-nación, nos da otro concepto más: el triunfo de la globalización y del mestizaje, pero a la vez el triunfo de unos intereses comerciales por encima de los Estados. Sólo una especie de organización mundial parece gobernar, con ayuda de una Iglesia cristiana (más que católica) en unión con un ala del extremismo islámico que se habría suavizado para alcanzar un estado de aceptación en el mundo musulmán similar a la Iglesia católica en el siglo XX.

El mundo se ha saturado con el abuso del consumismo. Los recursos se han ido acabando, la contaminación se ha acumulado, las temperaturas han devastados continentes, han habido guerras aparentemente por causas políticas pero en realidad por los recursos y los negocios, se han provocado pandemias devastadoras que han dado lugar a áreas planetarias restringidas, y el mundo del comercio extremo sigue su rumbo a través de fármacos engañosos o de una Nube heredera de Internet donde la gente prefería vivir, en lugar de en la vida real, mientras otros que viven en la vida real optan por aislarse tras muros en sus casas por miedo a las pandemias, dejándose morir queriendo vivir, y otros forman comunas libres que rechazan el mundo moderno y que son permitidas como una vía de escape que impide las grandes protestas contra el sistema que hubo en el comienzo del siglo XXI.

El decrecimiento se debe imponer como supervivencia y se estimula este al nivel material, aunque se estimula el consumo de lo cibernético, de lo intangible. En el mismo sentido, las eutanasias son aceptadas por las grandes religiones al ver que las grandes crisis bélicas y epidémicas que provocaron suicidios en masa alejaban a las personas de ellos. Por ello, las grandes religiones apoyan la eutanasia y propagan la idea de un suicidio colectivo bajo unas normas eucarísticas adaptadas a ello, reinterpretando las sagradas escrituras. 

En un mundo así, Bochum asiste a los últimos días de la vida de su abuela, en un mundo donde los abuelos son relegados a los jóvenes en la sanidad. Ella le da a leer fragmentos de escritos de ella y de su abuelo. escritos que son auténticos ensayos políticos, económicos y sociales del siglo XX y de comienzos del XXI. Tal vez son ensayos y análisis reales del propio autor, también profesor universitario y que, a este lector por lo menos, se asemeja al retrato exagerado del abuelo como profesor universitario activista y revolucionario que trata de movilizar aunque sea a las cajeras de un supermercado. 

Entretanto, Klein es un agente estricto de la ley y el orden, pero tiene un primer cuestionamiento de si la ley ha de ser tan estricta cuando descubre que su propia pareja, Barut, ha sido un estafador a gran escala de una falsa vacuna contra una de las grandes epidemias. Lo que se presenta como un primer reflejo de un comienzo de grieta ética y moral, se sigue con historias intercaladas de diversos personajes en torno a estos personajes. En una segunda estafa farmacéutica que podría provocar otra gran pandemia, viajaremos con Klein por todo el planeta descubriendo ese mundo distópico y sus personajes más destacados, personajes de poder, un gran magnate, una política mundial, un alto mando político-policial, el Papa, un creador de realidad virtual a gran escala, la líder de una comuna natural, un hombre negro que huye del mundo arrasado de África y flota sobre una montaña de plástico en el mar en una escena totalmente llena de poesía...

...De poesía, sí, porque en medio de una gran cantidad de partes que son equivalentes a puros y duros ensayos y análisis del desastre ecológico, político y económico desde el final de la Segunda Guerra Mundial a 2020... y por extensión los que añade en invento de ficción de 2020 a 2056, se desarrollan algunas imágenes llenas de poesía, como la descrita sobre la isla flotante de plástico, un abuelo revolucionario guiando a la gente común para asaltar una ópera, el hombre enamorado que construye un muro negándose a poner el último ladrillo que le impediría ver a su vecina, a la que ama en silencio, o el suicidio colectivo en una plaza mientras los más altos cargos eclesiales ofician la ceremonia para que sea a gusto de Dios. Y todo esto mientras Klein salta de lugar en lugar en una investigación policial contra un estafador, y un hombre que quiere honrar a sus abuelos fallecidos haciendo por ellos como lobo solitario un último acto revolucionario para la Humanidad.

La novela, con un estilo hasta cierto punto experimental, es precisamente eso: un análisis de la sociedad actual y el mundo, y una reflexión hipotética sobre su futuro si seguimos así. Reflexión hipotética al margen de la historia de investigación de Klein o de ese Bochum y sus abuelos. La novela está al servicio de hablarnos críticamente, con tesis y antítesis, del hoy y del mañana. Del hoy como consecuencia de las decisiones de ayer, y recordándonos que las decisiones personales del hoy son las que formarán el hoy que será mañana.

Una novela muy pensada y, dado su potencial como ensayo, recordando a esas novelas que en el siglo XVIII escribieron algunos ilustrados franceses, como Voltaire, para que sus ideas tuvieran mayor número de lectores y, con ello, mayor difusión. Un trabajo muy concienzudo que sin duda debió dar muchos y grandes momentos de reflexión al autor sobre nuestro mundo, de dónde venimos, a dónde vamos. Y lo tiene claro: hay grandes problemas hoy día, pero de tanto fijarnos en ellos, agravamos el mayor de todos, el cambio climático.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 17 de abril de 2026

La Galatea

Título: Primera parte de la Galatea, compuesta en seis libros.
Autor: Miguel de Cervantes Saavedra.
Editor: Blas de Robles.
Impresor: Juan Gracián (Alcalá de Henares).
Año de publicación: 1585. (1ª edición).

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Título: La Galatea.
Autor: Miguel de Cervantes Saavedra.
Editorial: Penguin Books / Penguin Clásicos [España].
Año de publicación: 2016 (1ª edición, editado por Florencio Sevilla Arroyo).
Colección: Clásicos.
Nº de volumen en la colección: [No hallado]. 
Género: Novela pastoril; Poesía.
ISBN:  978-84-9105-163-3
 

La primera obra en prosa que publicó Miguel de Cervantes fue La Galatea, en 1585, aunque su título original era Primera parte de la Galatea, compuesta en seis libros. Nunca llegó a haber una segunda parte. A pesar de que Cervantes dijo que esta primera novela tuvo gran éxito y gustó mucho, no hay nada que nos haga pensar en ello. Primero porque nunca publicó esa segunda parte y como publicó esta primera tras una serie de primeros éxitos teatrales pero con una vida llena de penalidades económicas, se hace difícil pensar que si publica algo con gran recibimiento no llegue a publicar la prometida segunda parte para sacarle de sus penalidades económicas del todo. Segundo porque tras esta publicación se aparte del mundo literario público para dedicarse a ir de un lado a otro de Andalucía como recaudador de impuestos (y algún periodo de cárcel por malversar fondos). En ese periodo escribirá varias novelas cortas de las llamadas ejemplares, pero tampoco las publicará, sólo cuando tenga edad avanzada retomará el asunto con El Quijote, y con es el éxito de este sí se anima a publicar todo lo que no había publicado y a escribir cosas nuevas. No se ha hallado absolutamente ningún escrito que pueda ser la prometida segunda parte. Y la cosa es que Cervantes dirá que se va a publicar la segunda parte hasta la misma fecha de su muerte, y reivindicará el éxito y las excelencias de La Galatea hasta la saciedad toda su vida. La mencionará en algunas de sus Novelas ejemplares, aparecerá entre los libros de don Quijote y, más aún, algunos de sus personajes saldrán ahí, a veces con nombres cambiados, será elogiada en Viaje del Parnaso, que incluso será una réplica del Canto de Calíope de uno de los capítulos de la propia Galatea, y en la obra póstuma de Los trabajos de Persiles y Segismunda llegará a afirmar que se publicará la segunda parte. Ni se publicó, ni consta que haya sido escrita, ni siquiera bosquejada. Pareciera una broma más de Cervantes, quien, además, crea todo un mundo propio de metaliteratura donde él aparece de obra en obra y en el que La Galatea es el eje transversal en todas, pues en todas está, de un modo directo o indirecto. Más aún, en la propia Galatea anticipa los argumentos de obras que aún no había escrito, pero que sí escribiría y, esas sí, con éxito. Como sea, en principio se considera que es una novela inconclusa, aunque, opinión personal, puede que no sea tanto así y que Cervantes se anticipa aquí a lo que hoy día llamamos finales abiertos. Quienes sí escribieron una segunda parte a la obra, algo impostado, son el francés Jean-Pierre Claris de Florian y el español Cándido María Trigueros ambos independientemente en el siglo XVIII.
 
Puede, eso sí parece más factible por lo que se da a entender a lo largo de las obras y escritos de Cervantes, que la obra se la diera a leer a varias de sus amistades literatas de Madrid y de Alcalá de Henares, y a ellas sí les gustase y la considerasen de valor destacado. De hecho, entre las personas dedicadas a la novela pastoril debió tener impacto, pues por ejemplo en 1587, un año y medio o dos después del libro de Cervantes, González de Bobadilla publicó Ninfas y pastores del Henares, que parece una más que clara alusión a los pastores del río Henares que salen en La Galatea. Pensemos que Cervantes fue rescatado de su presidio en Orán como preso de guerra en 1580. Al año siguiente le encomiendan una misión en la misma Orán, pero en 1582 ocurre algo a tener en cuenta para la novela que nos concierne, a la vez que empieza a relacionarse con los grupos de escritores que andan por Madrid y empieza a escribir y sacar a escenas algunas obras de teatro, entabla contacto con Antonio de Eraso, Secretario del Consejo de Indias, al que le solicita un cargo de funcionario en Indias. Eraso se lo negará, pero será él mismo quien en 1585 concederá permiso real para publicar el libro, superando la censura y estableciendo el precio de cada ejemplar. Se piensa que es posible que La Galatea comenzase a escribirse en ese 1582, pues en la obra algún personaje hará referencia alegórica al propio Eraso, quizá un intento de alagarle para ver si le concedía lo solicitado. Por otra parte, por un texto del propo Cervantes y la fecha de fe de erratas firmada por Lucas Gracián, el libro estaba terminado y presentado a las autoridades pertinentes para su publicación en 1584, pero esa publicación se produjo en 1585. Quien puso el dinero, o sea, quien hoy sería considerado editor, fue Blas de Robles. Se imprimió y publicó por primera vez en Alcalá de Henares, en la imprenta de Juan Gracián, parece ser que amigo de Cervantes, por otra parte. Hoy día se sospecha que el edificio de su imprenta, o sea donde se imprimió La Galatea, es el actual edificio en ruinas (a la espera de rehabilitación) que se encuentra en la calle Gallo, donde estuvo la Fábrica de Hielo Gallo en el siglo XX y comienzo de XXI, cerca del Callejón del Horno Quemado. Por otro lado, los formularios y su respectivo expediente para pasar censura se conservan hoy día en el Archivo de Protocolos de Madrid, donde el propio Cervantes contesta por escrito ser natural de Alcalá de Henares.
 
Como edición moderna he escogido la realizada por la Editorial Penguin en 2016, a cargo de Florencio Sevilla, el cual no sólo creó una edición crítica, sino que realizó todo lo que se podría considerar un libro de texto para estudiantes de filología, con ejercicios propuestos incluidos a final del libro. Aunque su introducción a la obra me parece didáctica y pertinente, su clara orientación a la filología pura hace que algunas partes de su análisis sea algo farragoso para quien no es filólogo. Pero es una edición muy útil. Aviso a futuros lectores, si se busca una lectura ágil tendrá que buscarse una edición diferente, pues esta ha decidido conservar el castellano y las expresiones que escribió Cervantes, sin tratar de actualizar nada, por lo que muchas veces la lectura se hace o complicada o pesada, aunque con la insistencia se logra uno habituar (bajo riesgo de escribir después faltas de ortografía al quedarse en la mente formas de escritura del siglo XVI). En todo caso es curioso que la portada, a la contra de esta conservación de lo original, optó por mostrar una cara más moderna y actual con unas ovejas conceptuales y näif en un campo verde donde, ignoro el porqué, hay un paraguas, del que sólo me explico su color rosa (color habitualmente atribuido al amor, a las historias amorosas, las novelas rosas y a la prensa del corazón, llena de chismes sobre los líos amorosos de unos y otros). 

Cervantes le dedicó el libro a Ascanio Colona, en ese momento abad de Santa Sofía, que en la década de 1580 estudiaba en la Universidad de Alcalá de Henares, tras pasar por la de Salamanca, y llegaría a ser Cardenal y Virrey de Aragón. Era hijo del Duque de Pagliano. Cervantes pudo haberle conocido cuando era militar en la década de 1570 en Italia, al servicio de Claudio Acquaviva, general jesuita. Sin embargo el libro no deja de ser un constante homenaje a sus amigos. Como algo muy propio de Cervantes, y que muchos autores, incluido quien escribe, han seguido, muchos de sus personajes son precisamente amistades de Cervantes, aunque él les pone otro nombre. se sabe que son ellos por las muy evidentes referencias biográficas que les dota. También él aparece en la obra, lo que ha hecho que muchos biógrafos de él desde el siglo XVII a la actualidad hayan querido encontrar respuestas a sus silencios biográficos leyendo esta y otras obras, pero sin ignorar que la realidad y la ficción pueden estar cruzándose en cada historia. Así por ejemplo, durante el proceso compositivo de La Galatea se sabe que el autor tiene un hija con Ana Franca de Rojas, pero a los pocos meses se va a Esquivias, donde se casa con Catalina de Salazar, y si Cervantes tenía 35 años en 1584, ella tenía entre 18 y 19 años de edad. No se conocen los detalles de todo lo ocurrido en la vida privada de Cervantes, ni porqué conocía a aquella joven, pero el personaje que evidentemente es Cervantes en esta obra protagoniza un capítulo en el que defiende el desamor y los agravios que provoca el amor, que es contestado por otro personaje acerca de lo positivo y lo beneficioso del amor. El personaje que encarna Cervantes será en el libro el que esté psicológicamente más trabajado con una evolución que va desde descreído del amor a profundamente enamorado y capaz de entregarlo todo de sí, para luego volver a enojarse con el amor al sentir haber sido engañado por la mujer que le enamoró. Todo en un periodo de tres días. 
 
Tiene más peso en lo biográfico hasta dos extensas partes en dos capítulos diferentes en el que dos personajes narran un pasado bélico donde intervienen barcos, turcos, berberiscos y presidios de guerra. La narración de las batallas, la violencia, violaciones, crímenes y otros actos de guerra tienen mucho más detalle que el restos de historias de amor que componen el libro. Tienen tanto detalle y profundidad que pudieran ser o recuerdos de guerra y presidio de Cervantes, o el uso de los mismos para hacer la narración. Hay que recordar que esto mismo ocurrió también en su obra de teatro Numancia, escrita e interpretada el mismo año de 1585 en el que saca La Galatea. En ambas obras la guerra no sale como cuestión de honra o como algo justo, sino como algo horrible a evitar, y, en este caso como algo horrible que lleva a realizar actos horribles para sobrevivir. Pudiera ser que la escritura le sirviera a Cervantes en 1585 como terapia post traumática.

Sea como sea, Cervantes mete la metaliteratura al introducirse como personaje en la obra, y al meter a sus amistades escritoras. Él mismo escribirá una introducción donde habla de "disfrazados pastores", o sea: que sus pastores encubrían personas reales. Él es Lauso; dos poetas y escritores del género silvopastoril de Alcalá de Henares y amigos íntimos de Cervantes serán personajes centrales que dirimirán entre los amoríos de todos los demás pastores, son Francisco de Figueroa como Tirsi y Pedro Laínez como Damón; Luis Gálvez de Montalvo será Siralvo; Diego Hurtado de Mendoza será Meliso; Alonso de Ercilla podría ser Larsileo, aunque el secretario de Felipe II, Mateo Vázquez, que también fue poeta, podría ser ese Larsileo según algunos estudiosos. Y es que hay figuras políticas que también aparecen como personajes encubiertos, no sólo la posibilidad de Mateo Vázquez o el citado Eraso, también está Juan de Austria como Astraliano, hay quien apunta que aparece Felipe II y hasta políticos portugueses. La lista realmente es interminable, pues en la novela aparecen ni más menos que más de ochenta personajes, pues es una novela coral, y a estos se les ha de sumar nombres reales de poetas que son citados. Sólo en el episodio donde aparece el  "Canto de Calíope" se nombran más de cien poetas españoles y algunos italianos del momento a los que cuáles se elogia como lo mejor de la poesía actual de aquella época. No deja de ser llamativo que muchos después esta idea central alimentará prácticamente lo que sería Viaje del Parnaso, donde se citarán muchos de los citados en esta novela. Entre ellos, en ambas obras, aparece Lope de Vega y es elogiado, aún cuando se sabe de la enemistad entre ambos, habría que repensar cuál era el grado de enemistad real entre ellos. Hay que señalar que la diosa Calíope se aparece sobrenaturalmente a los pastores en la vega del río Tajo cuando celebran los funerales de Meliso, personaje que en este momento podría enlazar con la muerte de otro poeta afamado en la época y no sólo con la figura de Diego Hurtado de Mendoza.será el único momento místico y fantástico de la obra. La diosa mencionará a los poetas más destacados agrupándolos por cuencas fluviales de la península Ibérica y del norte de Italia (aparece Dante), recordando al capítulo de La Eneida, de Ovidio, donde a Eneas se le muestran quiénes serán sus descendientes. Los pastores quedan impactados ante el hecho sobrenatural, pero ida la diosa deciden guardar silencio y continúa la historia como si nada hubiera ocurrido. 

Cervantes muestra en esta obra un extenso conocimiento y gusto por las obras clásicas de la antigüedad especialmente escritas por Ovidio. Hay referencia a la citada La Eneida, del mismo autor no paran de salir referencias a Las Metamorfosis, también hay bastante de La Odisea y La Iliada, de Homero. Y no sólo hay citas o referencias y paralelismos a lo largo de la narración, o mención de personajes y dioses, estilísticamente Cervantes incluso usa recursos de esas obras y construcciones sintácticas y narrativas que recuerdan sobre todo a Ovidio y al latín antiguo. Quizá síntoma y pista sobre que Cervantes tenía estudios universitarios bastante completos, como las últimas investigaciones en archivos parecen apuntar a que así es.

Los nombres de las mujeres nos parecen hoy día personajes de ficción, pero bien podrían ser también mujeres que conociera Cervantes, e incluso mujeres poetas que se nos escapa hoy día que existieron o quiénes eran, pues hay que recordar que, dentro de los parámetros de su época, Cervantes era más abierto a otorgar a la mujer derechos similares a los del hombre. Galatea, que es la que da nombre a la novela aunque no parece que este protagonismo le dé el protagonismo de la obra (aunque ejerce de eje vertebrador para que entren y salgan personajes), Teolinda, Nísida, Silveria, Rosaura y otras aparecen como pastoras amadas o deseadas, pero también como pastoras activas en lo amoroso y que también cantan, componen poemas y actúan.  Destaquemos aquí a Gelasia, una pastora que no quiere tener ninguna pareja y desea ser libre y disfrutar de su propia vida. Efectivamente, recuerda poderosamente al personaje que será Marcela en El Quijote. Y es que, como se ha dicho, en esta obra aparecen personajes e historias que aparecerán en casi todas sus obras posteriores, cuando no se citará la existencia del libro mismo. Cervantes creaba sí su mundo expandido, su metaliteratura y, a la vez, se hacía publicista de su propia obra. 
 
La novela pastoril era una novela de moda en el siglo XVI, principalmente entre la nobleza y las clases sociales adineradas. Sería una especie de literatura burguesa, por así decirlo. Básicamente son un género en sí mismo. No se podría decir que eran exclusivamente novelas de amor. Eran algo más. Evidentemente lo principal era contar historias de amor que debían superar conflictos, pero en ellas la prosa se mezclaba con la poesía (mucha de ella en octavas, pero combinadas con otras modalidades) y hasta con cierta teorización del amor en sentido filosófico y metafísico, hubo quien incluso incluyó la mitología. La novela pastoril que puso muy de moda el género fue Los siete libros de la Diana, de Jorge de Monteamayor, publicado en 1559, cuyo éxito provocó que se transformara en un modelo a seguir por el resto de escritores del género, incluido Cervantes en esta Galatea. Este tipo de novela potenció la poesía silvopastoril, de las que los citados Francisco de Figueroa y Pedro Laínez fueron dos de sus máximos representantes. 
 
Básicamente una serie de pastores y pastoras salían a los campos de las riberas de los ríos con sus rebaños y allí realizaban encuentros acordados o fortuitos para recitarse, cantarse y contarse sus amores o los amores de otros. En algunas novelas había elementos metafísicos y fantásticos. En cierto modo recoge bucólicamente un ambiente rural que explica de aquella manera vidas en el campo, con sus comidas y siestas a la intemperie, mientras se canta con instrumentos musicales para pasar el rato. Por cierto, un dato, en estas novelas los sonetos y otras formas compositivas se dice que se cantaban, no que se recitaban. Dato a tener en cuenta aquellos que en el siglo XXI denuestan las composiciones musicales cuando premian a un músico en calidad de poeta. 
 
Así pues, los libros de caballería y los pastoriles eran las novelas de moda en ese siglo XVI. Cervantes prueba suerte primeramente con la novela pastoril, como hemos visto abandonará el publicar hasta que no pruebe suerte con la burla a las novelas de caballería en el comienzo del siglo XVII. Y precisamente en su novela de burla a las de caballerías, como se ha dicho, le introduce personajes y situaciones de su propia novela pastoril... Y lo hace también burlándose de estas, pues algunas situaciones como una boda que los pastores celebran como si fueran refinados nobles en La Galatea, de repente en El Quijote aparece como una boda esperpéntica y zafia entre gente ruda. Eso por poner un ejemplo entre varios. Será en Los trabajos de Persiles y Segismunda que Cervantes escriba de las novelas pastoriles que nunca escuchó nombres de pastores y pastoras que fueran Dianas, Larsileos, Galateas, sino nombres más comunes y rudos, ni vio pastores refinados disfrutando de un día del campo con sus rebaños, si no personas con cuerpos castigados por el trabajo en el campo, fatigadas y de modales hoscos, con gustos y conocimientos menos finos que en todas las novelas pastoriles. Cervantes carga contra la novela pastoril como carga contra la de caballerías. Denuncia así que el gusto de los poderosos por leer sobre un mundo más amable con ellos y a su medida, a espaldas de la realidad de la sociedad, hizo que se crearan esas obras que distorsionaban la realidad. Pensemos que precisamente a lo largo de su obra él se acercará más a las clases bajas y desfavorecidas, que a las más altas. Es un autor con cierta conciencia e ideas propias.

Pero el momento compositivo de La Galatea aún es otro, Cervantes necesita dinero y le gusta escribir, trata de hacer una novela al gusto de la época, quizá influido por sus propios amigos, varios de ellos autores del género. No se oculta a nadie que detrás de los pastores y pastoras de estas obras había un ambiente de Corte. Los pastores y pastoras se reúnen para sus cuchicheos y sus fiestas, y para concertar sus negocios y sus acuerdos. Las historias de amor es lo picante, la guinda de estas historias. Cervantes además aprovecha para exponer su poesía, pues él siempre aspiró a ser reconocido como poeta. Era admirador de Garcilaso de la Vega y este aparece de manera encubierta desde los versos de la primera página y posteriormente, pero no sólo sale así, es que además a veces hay citas encubiertas a versos suyos y hasta en alguna ocasión usa su manera compositiva. Cervantes también usa en esta obra cierta medida escénica muy teatral, más que novelesca. Quizá porque estaba más acostumbrado por entonces a escribir teatro. Los pastores y pastoras se mueven entre las riberas de los ríos Henares, Jarama y Tajo a lo largo de diez días que sirven como escenas de teatro, entrando y saliendo por la derecha o la izquierda del campo, equivalente al escenario.

Es una novela aún renacentista, pero Cervantes, quizá llevado por su forma de traducir a Ovidio, comienza a hacer algo inusual entre los que escriben: retuerce la sintáxis en ocasiones, usa retorcimientos, alarga las reflexiones, lo claro no está tan claro, hay que reflexionar, mete, por así decirlo, unos primeros atisbos de lo que sería la literatura barroca, de la que él es máximo exponente en España. Pero no llega a ser del todo barroco aún, es, repito, renacentista, aunque seguramente a más de una persona le chocaría esas pequeñas innovaciones, para bien o para mal de la acogida de la obra. Más aún, la novela hispana estaba muy influenciada por la italiana petrarquista. Aunque Cervantes sigue algunas de las pautas de Petrarca a la hora de desarrollar su prosa aquí, rompe una muy básica: las novelas italianas son breves, él escribe una obra muy extensa y aparentemente inacabada. Fue otra cosa que debió chocar. 

Sigue, eso sí, ese compendio de historias de amor, poesía, mitología y filosofía de la teoría del amor. De hecho La Galatea es todo un compendio sobre el amor que da lecciones sobre el mismo. Cervantes demuestra un enorme conocimiento de todos los sentimientos amorosos. El correspondido, el no correspondido, el de distancias, el carnal, el ideal, el sentimental, el que hace sufrir, el que hace disfrutar, el de celos, el de tríos, el de los conflictos entre familia o amistades, etcétera. Sus análisis sobre todo tipo de situaciones personales acerca del amor son perfectamente vigentes hoy día, siguen funcionando psicológicamente y quizá una persona en estas del amor pueda encontrar en estas páginas algo que le sea útil por familiar.  Y es que de la filosofía neoplatónica que impregna la parte teórica del libro, propia de la época, donde el amor es algo ideal e inalcanzable, mezclada con el petrarquismo que habla de los contrarios, Cervantes introdujo una innovación que los escritores del género le reconocieron y trataron de imitar: presentó casos prácticos del amor en todas sus circunstancias. Ya no sólo se hablaba del amor, sus personajes vivían esas historias de amor. 

La historia central es la de Galatea, que es amada por dos amigos a la vez, Elicio y Erastro. Ella no da muestras de amar a uno o a otro, por una cuestión de su honorabilidad (entendida en la época como recato y no dar de hablar a la gente del pueblo). Esto hace que su padre termine acordando un matrimonio de ella con un pastor de Portugal, con la idea de unir a los pastores de todo el Tajo. Es otra innovación de Cervantes, en una novela de amor mete una crítica política, pues este matrimonio hace referencia a la unión del Reino Hispánico con Portugal en esa década de 1580 por las políticas matrimoniales pasadas de los Reyes Católicos, que Felipe II rentabiliza en ese momento. A mitad de novela, las historias de amor se intercalan con sucintas referencias y críticas políticas muy encubiertas, pero a ojos de hoy, palpables. Pensemos que pasó censura en su día. La cosa es que Galatea no quiere al hombre con el que se tiene que casar por respeto a su padre, es en ese momento en el que confiesa en secreto a Elicio que le ama a él, pero debe cumplir la voluntad de su padre. Y justo ahí, cuando Elicio logra que los otros pastores del Henares y el Tajo se unan para recuperar a Galatea, se acaba la novela sin que lo hayan hecho. Por ello está inconclusa, pero teniendo en cuenta que Cervantes nunca escribió la segunda parte, se puede entender que en realidad es un final abierto y, teniendo en cuenta la vida privada del autor respecto a las mujeres, en realidad está diciendo otra cosa: que quizá las normas morales tan rígidas de la época impiden la libertad de las personas y hay que ignorarlas en algunas partes, porque en resumen Galatea, por no decir claramente a quien ama, se ve obligada a pasar el resto de su vida sin su amor verdadero.

Aún así, Galatea es el eje vertebrador de la obra, pero no es especialmente el personaje principal. A lo largo de los capítulos se suceden numerosas historias de amor y de desamor, y hasta una boda, una muerte violenta, una muerte natural, una aparición divina... La llegada de los pastores del Henares a la altura del Tajo, mencionándose de manera velada a Alcalá de Henares, pero despojándola de su carácter universitario y arzobispal. La mayor parte de las historias protagonistas son los que en principio serían personajes secundarios, se da así el curioso caso de que los personajes protagonistas parecen secundarios, y los secundarios parecen los protagonistas. Es una novela coral, sí, y su eje es Galatea y sus enamorados, pero estos son los que dan pie a introducir a todas esas voces de su alrededor que, con sus historias, conforman el  grueso de la novela.

Tenemos el caso de un trío con celos con un asesinato incluido, el caso de una confusión amorosa, el caso de un amor no correspondido, el caso de un engaño, y otros tantos. Hay en ello incluso una larga y extensa proclama sobre los celos como algo pernicioso y perjudicial que no son algo que se puedan considerar amor, que los celos no son amor y pueden llevar a cosas contrarias al amor (visión muy contracorriente en pleno siglo XVI español), a pesar de que Cervantes, quizá por no contravenir del todo al pensamiento general de su sociedad dice que los celos vienen del amor y son el mayor de los sufrimientos. Los pastores y pastoras, en igualdad de condiciones, sin distinción de género sexual, se reúnen a lo largo de las diez jornadas de pastoreo para chismorrear entre ellos sobe amores y desamores y sobre quién hizo qué, cuándo, dónde y porqué. En medio de todo ello, expresan sus propios sentimientos e historias y teorizan sobre los porqués de las cosas que sienten.

Se podría pensar que esta novela está compuesta de novelas cortas, o bien que la novela agrupa relatos breves. Relatos breves que interrumpe matemáticamente en dos mitades distribuidas cada historia en los seis libros o capítulos de la obra. La técnica, muy de Cervantes, será la misma ya depurada que use en El Quijote, y será lo que hoy por hoy se acepta como la base de la creación de la novela moderna y actual. No hay duda, La Galatea anticipa mucho del mundo literario posterior de Cervantes, en lo técnico y en lo argumental. Algunas innovaciones cervantinas ya asomaban en esta primera novela.
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 11 de abril de 2026

Fresdeval

Título: Fresdeval
Autor: Manuel Azaña.
Editorial: Pre-Textos.
Año de publicación: 1987 (1ª edición; edición y notas de Enrique de Rivas; introducción de José María Marco).
Colección: Letras Hispánicas. 
Nº de volumen en la colección: 83.
Género: Novela; Filología; Ensayo.
ISBN: 978-84-85081-84-6
 
Manuel Azaña en sus últimos tiempos, ya exiliado, enfermo y recluido en Francia bajo el amparo del gobierno mexicano para que no fuera atrapado por los nazis alemanes en plena Segunda Guerra Mundial, tiempos en los que le ha de sorprender la muerte en 1940, se había ocupado en escribir lo que la enfermedad y la depresión le dejó. Entre aquellos escritos se ocupó de una novela suya inacabada que escribía a mano desde hacía muchos años y de vez en cuando, lo que más le convencía como acabado, mecanografiaba. Se trataba de una novela que recibió por título Fresdeval. Se le ocurrió escribir una historia con tal nombre cuando fue de visita turística al Valle del Fresdelval, donde hay un monasterio que conserva dos lápidas de un matrimonio visigodo. El viaje lo hizo en 1926, siendo ya un literato reconocido y famoso, antes que un político. Viajó con su cuñado Cipriano de Rivas Chérif, que fue quien recordó la anécdota, pues le vio tomar notas y supo del impacto en él de aquellas lápidas porque en los años siguientes hablaba de componer una historia de un linaje venido a menos cuyos antepasados más afortunados tuvieran aquellos nombres visigodos. A vueltas del nombre de Fresdelval fue cambiándolo hasta dejarlo en Fresdeval, porque el espacio geográfico de su obra, y muchas de las gentes y sucesos narrados, era en realidad su ciudad natal, Alcalá de Henares. Le ayudaba en parte la zona de El Val para apoyar el nombre de Fresdeval, que sería el nombre ficticio que le daría a la ciudad de su novela. No obstante, ya había hablado de Alcalá en su novela El jardín de los frailes (1926).
 
En 1930 ya tenía iniciada la escritura de la novela, pero el levantamiento de Jaca intentando proclamar la República, en el que no participó, aunque le llevó a reclusión, paralizó esa actividad un poco, aunque se piensa que pudo avanzarla en su estado recluido. Como sea retoma la escritura en cuanto es liberado, pero en seguida es de nuevo interrumpida cuando al proclamarse la Segunda República, en abril de 1931, se implica tan profundamente que acaba siendo Ministro y después Jefe de Gobierno, pero sobretodo uno de sus impulsores e intelectuales. Perder los cargos en 1933 al haber perdido las elecciones no le aleja de la política, pero sí le descarga de ciertas obligaciones y eso permite reanudar esa novela... que volverá a interrumpirse en octubre de 1934 al producirse la huelga revolucionaria. A pesar de que él no había participado, intervenido, ni animado, fue llevado a la cárcel junto a otros líderes de izquierdas, que se beneficiaron de una amnistía general a comienzos de 1935. Quedará imbuido en toda la ajetreada política de ese año que le llevarán a participar de la formación del Frente Popular, que ganó las elecciones en febrero de 1936 y le pondrá a él como Jefe de Estado, o sea: Presidente de la República. Como es sabido el ambiente político enrarecido (él mismo sufrió varios atentados contra su vida en esos pocos meses) llevará al golpe de Estado fallido en julio 1936 por parte de la extrema derecha y los ultracatólicos. Su posición de Presidente le mantiene muy ocupado en todo esto, hasta que se da cuenta que todo lleva al descontrol y las principales órdenes y organización de la guerra se le escapan de las manos. Se lanza a escribir en 1937 La velada en Benicarló, que aún retocaría un poco, muy poco, en 1939, de cara a su publicación en Argentina. Pero a la vez, parece ser, retomó una ya casi acabada Fresdeval, casi acabada más o menos cuando quedó interrumpida en 1934. Y aún así, pese a estar casi acabada, no logró acabarla. La enfermedad y la muerte lo impidió definitivamente en 1940. 

Muerto Azaña y socorrida su familia por México, los alemanes entraron donde vivían en Pyla-sur-Mer y encautaron sus papeles. Los nazis de la Gestapo tomaron nota de toda aquella documentación, sin saber muy bien qué era aquel escrito y fue entregada al gobierno del general Franco. Entretanto, la familia de Azaña había logrado llevarse parte de los escritos de él y por ello mismo en 1966 se pudo publicar lo que se consideró las obras completas, donde destacaron sus diarios. Entre ellas el mundo pudo conocer y saber de la existencia de esta novela inacabada, que se incluía dentro del conjunto de aquella publicación. Aquellas obras completas estaban muy incompletas. Se han ido completando a lo largo de las décadas hasta la fecha de hoy. En cuanto a la novela Fresdeval, la sorpresa apareció en 1984 cuando la policía nacional de España encontró de manera fortuita en sus archivos buena parte de los manuscritos de Azaña, que venían a completar todo lo que le faltaba. Dentro, insistimos, de que la obra está inacabada. En 1986 se pensó publicarlo. Prácticamente habían pasado diez años de la muerte de Franco, por lo que eran diez años de transición y democracia, pero también habían pasado cincuenta años desde el comienzo de la guerra civil.

Dolores de Rivas Chérif, viuda de Azaña, aún viva, pero muy anciana, aún residente en México, recibió los derechos de autor como heredera de su esposo. Fue ella la que permitió a la editorial Pre-Textos hacer la primera edición con toda la obra ya reunida y completa hasta donde se podía. No obstante, de esa edición se iba a encargar el poeta Enrique de Rivas, su sobrino, hijo de Cipriano de Rivas Chérif. Iba a tener por tanto un tratamiento especial, intelectual y exhaustivo dentro de los conocimientos de la familia. Colaboraron económicamente el Ministerio de de Cultura, por entonces ya con gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el ayuntamiento de Alcalá de Henares, gobernado por el mismo partido. De hecho, Alcalá de Henares también aportó su archivo y sus intelectuales, entre ellos alguno emparentado con políticos locales. Nombres con mucho peso en las instituciones culturales del ayuntamiento hoy día, José María Nogales (ligado a las bibliotecas alcalaínas), Vicente Sánchez Moltó (por entonces historiador, hoy cronista y responsable del archivo municipal), Concha Villadangos, José Félix Huerta, Félix Huerta Álvarez de Lara, José María San Luciano (historiador en activo aún), Mercedes García Márquez y, en general, todos los funcionarios del Archivo Municipal de Alcalá de Henares. 
 
Enrique de Rivas aportó documentación familiar, notas y recuerdos, además de algunos análisis, y de ser él quien, tras estudiar todo, recompuso la obra acabada con las notas, y consideró las partes definitivas, componiendo él la estructura lógica de una novela que se puede leer casi entera y se intuye el final a través de las notas (que por cierto dejan cierto margen de finales posibles a pensar). Pero la labor más filológica, una parte de ensayo entre la Literatura, la biografía y la Historia, un análisis filológico, incluso toda una investigación profunda de la Alcalá de Henares de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en sus aspectos y sucesos sociales, fue encargada a José María Marco, que hizo una labor impecable en este sentido. Es una obra crítica muy completa. Incluye no sólo estos análisis, las notas y la obra en sí con sus variantes, contiene también la reproducción ológrafa de varias de las páginas escritas por Azaña que se hallaron en 1984, fotografías y hasta un plano de Alcalá de Henares para que se pueda ver la más que evidente equivalencia en calles y en nombres entre Fresdeval y Alcalá. La obra se publicó en 1987. Posteriormente no hay otras ediciones, salvo en obras recopilatorias, como las obras completas reeditadas, o un conjunto de escritos que editó no hace muchos años, tal vez a finales de la década de 2010, el ayuntamiento de Alcalá de Henares. Fresdeval por sí misma tiene su edición en 1987 y quizá espera si alguien más hará otras ediciones futuras.

Antes de comenzar a hablar de la obra en sí, hay que comentar que Azaña hace como su padre, Esteban Azaña, hizo en su novela Ludivina (1879), y también como hizo Francisco García Cuevas en su también novela Villafeliz o el paraíso perdido (1910), encubre Alcalá de Henares, sus calles, gentes, políticos y hasta sucesos reales bajo el nombre de una localidad inventada, pero claramente identificable. Quizá en la novela de Azaña se da el caso físicamente claro que se trata de la ciudad, sobre todo porque incluso hay nombres que quedan iguales. El caso de las personas reales que aquí pasan por personajes ficticios, en el caso de Esteban Azaña y de García Cuevas, estas son identificables a través de un estudio de sus políticos y caciques locales de la época, que arrastran a los nombres de personas más comunes pero activas socialmente y localizables tras investigar en hemeroteca. En el caso de Azaña hay que recurrir también a hemeroteca, pero sobre a los documentos de archivo, especialmente a los judiciales y notariales, pero, aún así, lanza para la gente de su época un claro guiño de quién es quién, pues si bien altera los nombres reales, deja los motes reales, por lo que si a alguien se le escapa la identificación, Azaña la deja clara con el mote. Azaña va más allá. Recurre a incluir en el relato de ficción sucesos reales en Alcalá de Henares de finales del siglo XIX y comienzos del XX, alguno de ellos los conocería por las laborales políticas y notariales de su familia, y otras desde su propia niñez y juventud. Así, sale un asalto a una finca en el Campo del Ángel y el Chorrillo, un incendio con motín en la prisión, y diferentes rumores que marcaron a varias familias.

Entre los rumores que salen repite uno que es el eje central de la novela de su padre, aquel en el que un hermano y una hermana de una familia pudiente  mantienen una relación amorosa sin saber previamente que eran hermanos. Ya se comentó con detalles en Ludivina, junto a la relación que esto tenía con Esteban Azaña y las maledicencias vecinales. Manuel Azaña lleva el incesto a un doble incesto, el de una hermana y un hermano que no saben que lo son y el de una tía con su sobrino, ambas relaciones dentro de la misma familia en diferentes generaciones, que es parte de lo que excita e incita a los personajes de la novela a apasionarse hasta lo turbulento, dentro de las lógicas de las pequeñas urbes, casi pueblos, donde las cuestiones de honor siguen vigentes aún cuando los tiempos están cambiando. Manuel aún le da más espacio a la novela de su padre en la suya, pues igualmente enfrenta en estos amoríos a una familia ultraconservadora por ser carlista, con otra familia que es liberal hasta el punto de haber acogido en su casa al general Espartero.
 
Fresdeval se desarrolla a lo largo del siglo XIX y tal vez llegaría a las puertas del comienzo del siglo XX. Azaña había llegado a anotar las fechas de muerte de cada personaje y esas nos dan la pista de que se buscaba eso. Es la historia de una saga familiar poderosa en una pequeña ciudad. La cual está enfrentada a otra. Hasta cierto punto pareciera que Azaña trata de emular las novelas con ubicación y personajes históricos de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, y, dentro de esto, darle un estilo parecido al de Ramón J. Sénder, ambos contemporáneos de él. Algunos de los sucesos de la saga familiar a lo largo del siglo XIX son crudamente reales, pero, de extraños, parecen fantásticos, por lo que salvando mucho las distancias, parece anticiparse a Cien Años de Soledad (1967) de Gabriel García Márquez, pero no tiene esa frescura. Se adelanta en la idea, no es cómo la narra y lo que narra.

Todo parte de una enemistad entre los Anguix y los Budía, nacida de sus posesiones y poderes en la ciudad, pero sobre todo de la Guerra de Independencia de 1808-1814. La familia más terrateniente es la más conservadora y abraza la monarquía absoluta. La familia que se decanta por trabajos liberales es precisamente eso: liberal, y abraza el constitucionalismo. Aunque la base de sus problemas nace aquí, su enemistad total parte de los actos violentos que una familia toma sobre otra en el Trienio Liberal de 1820-1823. A la muerte de Fernando VII, unos serán carlistas y otros liberales isabelinos. Las guerras carlistas marcarán la ciudad y les hará ir y venir a ambas familias, quedando mejor posicionada la liberal. Con el reinado de Isabel II se verá muy libre de hacer negocios, por ejemplo en torno al ferrocarril, al cual aborrecen la otra familia, que se refugia en el catolicismo mientras ve menguar sus tierras a costa de las expropiaciones y de que los negocios fabriles tomaban el relevo a los grandes ganados. Siguiendo el contexto político, El Sexenio Revolucionario será otra vuelta de tuerca que hará que la familia conservadora busque refugio en la liberal cuando deciden irse al exilio, pues le piden que les guarden su dinero hasta que regresen. Aceptan como caballeros. Uno de los descendientes de la familia se hará republicano en 1873, pero reinstaurados los Borbones en 1875 la novela aún desarrolla algunos capítulos turbios entre los descendientes, pero que quedan interrumpidos y ya sólo queda leer las notas que dejó Azaña. Una deuda no pagada por robo de un tercero posible, un ajuste de cuentas asaltando una casa, un crimen pasional por rencillas de lucha de clases cuando los obreros de estos ya no soportan a los amos...

En la línea no política nos encontramos con unas tres o cuatro generaciones en las que las más prósperas son las más antiguas, con nombres visigodos, y cuya riqueza material y moral se va mermando poco a poco con el cambio de los tiempos y los acontecimientos del siglo XIX. Las relaciones entre los jóvenes de las familias crean hasta dos incestos en diferentes generaciones, ya comentados. Un personaje llega a bromear que las mujeres de los Anguix no conocen hombre, les basta con estar en casa para tener descendencia. Pero igualmente tenemos tanto un joven bastardo obligado a vivir cuidando el campo, cuando en realidad se ha hecho autodidacta y tiene amplios conocimientos poéticos. La deuda no pagada, el robo cuyo artífice no se conoce, una posible rencilla de clases sociales y de enemistades rurales, llevan a un asesinato que enrarece el pueblo, pero también está el intento de ascenso político durante el turnismo de Alfonso XII, y aparece Cánovas del Castillo burlándose de uno de ellos. Incluso el rey aparece en una escena que parece que Eduardo Mendoza reutiliza en La verdad sobre el caso Savolta (1975). En este ambiente el ritmo de la novela se interrumpe justo cuando un Anguix se juega a las cartas toda su hacienda y la pierda, lo que lleva a la ruptura familiar y al rumor. Ese episodio de pérdida de la casa fue un hecho real de la Alcalá de Henares de entonces, y tocó de cerca a los Azaña.
 
Azaña usa aquí un estilo muy pesado y duro, casi sin párrafos aparte. Puede haber varias páginas seguidas sin punto y aparte. Hay frases muy enrevesadas con un lenguaje altamente culto, a veces rescatando palabras antiguas incluso para el comienzo del siglo XX. No es una lectura fácil, implica atención extrema, conocimientos diversos, y un vocabulario muy amplio y muy rico. Muy extremadamente rico. Pero la mayor dificultad está en los giros de las frases, incluso de los párrafos, para decir algunas de sus ideas. Comparado con las notas de versiones alternativas descartadas por Azaña, en esas primeras versiones todo queda más claro y comprensible, por lo que este barroquismo es buscado claramente. 

Fuera de esto, lugares como el Monte Zulema (o Gurugú), la Puerta del Vado, el Chorrillo, el río Henares, el Val, la Plaza de la Victoria y su hospital militar lleno de soldados incapacitados por las guerras carlistas (hoy Facultad de Ciencias Económicas), el casino de la Plaza de Cervantes y otros sitios aparecen en la novela, incluida la estación de tren y las iglesias bien descritas. Lo que le ocurre a Azaña es que se decanta por las zonas desfavorecidas y las hace protagonistas junto a sus gentes. El matadero (hoy casas regionales), la Ronda de la Pescadería... En los siglos XVI y XVII, parte del XVIII, la zona de la Puerta del Vado, y aquellos lugares que iba a ella, eran lugares donde algunas casas nobiliarias desearon instalarse por apacibles y buenos lugares. Fue a mediados del siglo XIX, con la llegada del ferrocarril que la gente de la época, como los Azaña, vieron como la zona cambió. Muchas de las familias acaudaladas prefirieron mudarse hacia la estación de tren, donde estar más cerca de sus nuevos negocios. Quedando esta otra zona más propia para los agricultores y ganaderos, por ser mejores para ir al río y a los montes, y al matadero y la calle de las vaquerías. Pero a la vez se llenó de prostíbulos (cosa que ya ocurría en el siglo XVI en grandes casas) y de gente de mal vivir, con peleas y borracheras incluidas, así como familias que vivían en extrema pobreza. Algunas de esas personas reales las transforma en personajes de su novela, pero fueron personas reales que han sido avalados, como algunos borrachos pendencieros, algunas prostitutas y algunas personas muy humildes. No obstante, con la reforma agraria de 1933 Azaña llegó a declarar que de todos los políticos que hablaron el día de su aprobación él era el único que habló con propiedad, pues había sido agricultor... Y era cierto, su familia tenía ese negocio también y, aunque no es donde más trabajó, trabajó de ello, aunque como capataz. Conocía el campo y su gente. Y en Alcalá muchos de sus amigos eran gente común. 
 
Azaña se pone de parte del desfavorecido en la novela y demuestra conocer en profundidad esa Alcalá de Henares más social y menos histórica, menos pomposa.  

Novela incompleta, pero que se puede leer casi completa. Intuimos el posible final y nos quedamos con las ganas de saberlo. Pero se lee como si estuviera completa, como si fuera un final abierto, y es verdad, se puede entender una novela de final abierto. Pero no se esquiva que es una novela con un lenguaje altamente rico en léxico y altamente complejo en sintaxis por sus muchas e inacabables perífrasis. se podría comparar en parte a alguna obra del exilio de Max Aub, pero Azaña es en esta novela aún más complejo. Y aún así, es una interesante novela por sí misma e interesante novela por todo lo que nos arroja de Alcalá de Henares, una Alcalá oculta de la que casi no se ha dicho nada... si acaso algo rozó Julián Vadillo en su tesis doctoral El movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939 (2014). Azaña va más lejos, nos da los entresijos de una sociedad cerrada, de clases y de lumpen, con sus rumores y con su herida abierta de las dos Españas de carlistas y liberales que han visto aparecer a los republicanos y deciden turnarse el gobierno... pero al fin y al cabo, dos Españas. Aún así, no es una novela política, en absoluto. Tiene más de novela social que de novela política. Tiene mucho de novela de retrato de la vida en una pequeña ciudad. No en las grandes capitales, ni en el mundo rural. Azaña apuesta por la vida en la pequeña urbe. Como Delibes haría décadas después en alguna de sus novelas.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 28 de marzo de 2026

Un zombigrino en el Camino de Santiago

Título: Un zombigrino en el Camino de Santiago.
Autor: Erik Sepúlveda Madsen.
Editor: [Autopublicación].
Año de publicación: 2025 (1ª edición).
Género: Novela; Humor negro; Épica; Religión.
ISBN: 979-8298657280
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Título: Zombigrino 2: Fuego en el camino.
Autor: Erik Sepúlveda Madsen.
Editor: [Autopublicación].
Año de publicación: 2025 (1ª edición).
Género: Novela; Humor negro; Épica.
ASIN (e-book):  B0FW5BRDR8
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Título: Zombigrino 3: Llegada a Santiago.
Autor: Erik Sepúlveda Madsen.
Editor: [Autopublicación].
Año de publicación: 2025 (1ª edición).
Género: Novela; Humor negro; Épica.
ISBN: 978-84-8261767725.
 
 
En 2025 surgió en Alcalá de Henares un autor tardío que esperó a escribir y publicar el momento de su retirada profesional, que no jubilación, acorde a lo que su profesión se atiene en estas cuestiones, que es retiro y no jubilación. No es un autor de tercera edad, tampoco joven, es un adulto avanzado. Se trata de Erik Sepúlveda Madsen. Previamente había realizado la publicación de un artículo en la revista Ejército: de tierra español, en su número 807, de junio de 2008. Se llamaba aquel artículo: "Curso de liderazgo para suboficiales superiores de la OTAN". Retirado, como se ha dicho, probablemente en 2024, declara ser feliz y estar tranquilo dedicándose a escribir. De hecho, a lo largo de 2025 llegó a publicar hasta cuatro libros, en papel y en versión digital. Estos fueron una trilogía: Un zombigrino en el Camino de Santiago, Zombigrino 2: Fuego en el camino, Zombigrino 3: Llegada a Santiago, y un  libro de reflexiones personales sobre la experiencia personal de realizar el Camino de Santiago, Camino de Santiago: anécdotas y reflexiones. Y en ese frenesí de escritura, donde se siente a gusto y cómodo, en estos pocos meses de 2026, en febrero, aún ha llegado a publicar dos títulos nuevos. El primero un cuento infantil con mensaje ecologista y sobre todo intentando transmitir el valor de cuidar de los demás, sobre todo si los demás están necesitados de ayuda y de ser cuidados, Chikigüino. Oli, Chiki y Leo en Menorca. El segundo fue El Camino. Cuarenta años después, una historia sobre una pareja que tarda cuarenta años en decidirse a hacer el Camino de Santiago, y cuarenta días en realizarlo, haciendo hincapié en que el camino no empieza cuando empieza físicamente, sino cuando comienza la llamada interior a hacerlo, sea esta cuarenta años antes.
 
Para presentarle en estas notas usaremos la trilogía Zombigrino. Libro que quien escribe la descubrió en papel a la venta en la papelería ubicada en la Plaza de los Santos Niños y posteriormente a través de su venta en Internet, donde posiblemente se produzca su difusión principal.

Evidentemente el origen más visible del libro es doble, por un lado el retiro profesional del autor, que se dedica a escribir en su primer año de retiro, y la realización personal que hace él del Camino de Santiago, ya que su cuarto libro del 2025 está dedicado a sus experiencias y reflexiones en el mismo. Pero mientras su cuarto libro es más un libro de peregrinaje, de viaje, de senderismo, de meditación y sentimiento religioso, de viaje interior, de experiencias, la trilogía es, sin embargo, una trilogía de novelas de humor negro donde, eso es así y así lo indica el autor, desliza en ellas también los sacrificios y cambios espirituales del que realiza el Camino de Santiago con una creencia y propósito religioso. Tienen estas novelas de humor negro, aunque no lo parezca, un respeto y devoción cristiano que pretende transmitir de manera indirecta con el relato. Ahora bien, su ritmo y su argumento se desarrolla con influencia de Terry Pratchett, autor del siglo XX que escribió libros de épica tratando esa corriente con humor, con mucho sentido del humor y sarcasmo. Hay influencia de Pratchett en Sepúlveda Madsen, así como probablemente de todas las historias de muertos vivientes (zombis), especialmente del mundo del cine, y quizá aún más concretamente de los zombis errantes que se ven en la serie de televisión The walking dead.

Es posible que haya una tercera motivación de la trilogía, que, al margen de que el autor pudiera haber realizado el Camino de Santiago por deseo de realizar el viaje por ejercicio, experiencia vital, conocer España, amor a lo rural, querer conocer gente en el mismo ámbito, turismo, etcétera, por un sentimiento o creencia religioso real (al especular quien esto escribe, ignoro en qué grado, pero intuyo). En ese sentimiento hay que recordar que el Camino de Santiago, realizado como la Iglesia cristiana católica recomienda, permite ser una prueba de penitencia que otorga el perdón de los pecados cometidos y, si se ha hecho una promesa, puede hacer que el santo apóstol Santiago interceda ante Dios para que se te conceda, o te la concede él, no tengo claro este punto teológico. A lo largo de la trilogía, el esfuerzo físico del camino, las situaciones que ocurren y demás provocan cambios interiores tanto de ver el mundo, también por las personas con las que uno se cruza y lo que ocurre en cada lugar (como la solidaridad, el apoyo y demás), así como, en los más creyentes, les supone también un viaje interior más allá del que hace el no tan creyente, uno más ligado a la experiencia religiosa. Se hace evidente que casi toda su obra en su totalidad se dedica al Camino de Santiago y su experiencia. Si bien en este punto analítico de la obra hay que recordar la temática de su libro infantil de 2026 sobre cuidar al necesitado, hay que anotar ahora que todo lo que el autor recauda con la venta de estos libros no son beneficios económicos para él, sino que los dona íntegros a Asociación de Familiares y Enfermos de Parkinson, AFA de Alcalá de Henares.
 
La trilogía Zombigrino narra la historia de un hombre de mediana edad que decide iniciar el Camino de Santiago. En medio de él nota que mental y físicamente ha ido mutando. Su mirada y su físico demacrados parecen seguir el camino sin parar de caminar siempre hacia delante, sin poder retroceder. Siguiendo el camino y sus senderos encuentra otras personas donde nota también ese cambio físico y mental que les hace continuar sin parar y sin saber aún el porqué continuar si están agotados, se han transformado en una especie de zombis, en zombigrinos. De eso trata la primera parte. En la segunda parte llegan a la provincia de León, donde el grupo que se ha formado en torno al protagonista se ve sumergido en medio de una serie de incendios forestales de tamaños descomunales. Incendios que por otra parte ocurrieron en la vida real. Los informativos hablan de ellos como catástrofes naturales, pero el grupo descubre siguiendo su ruta que todos se producen con un patrón oscuro y secreto que sigue su ruta. De fondo aparece un par de personajes extraños que realizaron el camino en el pasado y parecen resentidos con él. Esta segunda parte es la de la prueba física y mental más profunda. Todo desemboca en la tercera parte, la llegada a Santiago de Compostela. El nutrido grupo al fin atraviesa las puertas para besar a la figura de Santiago Apóstol, sólo que al cumplirse el número total de ellos completan el número sesenta y seis, que abre un arco secreto y tenebroso en la catedral en la cual se ocultan personas del camino que quedaron guardadas durante siglos por el propio camino allí. Personajes históricos como Gaudí y personajes ficticios. Cada uno con sus pasados y sus casos, les lleva al grupo a la vez a enfrentarse a un extraño objeto que puede condenar a la humanidad, por lo que uno de ellos ha de tomar una dura decisión de sacrificio por todos. Evidentemente hay un mensaje de abnegación, compañerismo y sacrificio. En un argumento de humor negro, algo épico, con zombigrinos, pero con el mensaje propio del cristianismo de fondo. 

Una obra personal escrita desde el conocimiento de estas épicas y el humor, aderezada con los conocimientos experimentados de los efectos físicos y mentales del Camino de Santiago en el individuo y en las personas que se cruzan a lo largo de ese  deambular.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 13 de marzo de 2026

La frontera azul

Título: La frontera azul.
Autor: Jorge Matías.
Editorial: Altamarea.
Año de publicación: 2026 (1ª edición).
Colección: Barlovento.
Nº de volumen en la colección: 32.
Género: Ensayo; Memorias; Novela.
ISBN: 978-84-10435-76-6
 
 
Jorge Matías regresa en su segundo libro a tratar de su antiguo barrio en Alcalá de Henares, el llamado oficialmente Polígono Puerta de Madrid, y popularmente conocido como "El Lianchi". Ya habló de él desde la perspectiva de la alcoholemia en su primer libro, Vinagre (2023), donde aportaba también cuestiones sociales del mismo en el último cuarto del siglo XX y comienzos del XXI, en cierto modo esa obra complementa esta, ya que extiende su visión a más lugares de la ciudad y sobre los jóvenes y el alcohol entre las décadas de 1990 y 2000. Ahora en este 2026 regresa con La frontera azul, nombre de una serie de televisión japonesa de la década de 1970 que se transmitió en la televisión española durante la Transición y dio lugar al apodo del barrio, pues el territorio de frontera azul (un río) era en torno a Liang Shan Po (un lugar de desterrados y del hampa), que aquí evolucionó a los vocablos Liam Sham Po, que pasó a Gran Champó o Liam Champó, que pasó en diminutivo del argot a Lianchí. Edita en la colección Barlovento de la editorial Altamarea. El libro se publicó en febrero de este 2026 y se presentó en Alcalá de Henares el sábado 14 de marzo, en la librería Diógenes, evento para el cual la librería, el autor y la editorial contaron con quien esto escribe por ser también escritor salido de ese barrio y que, además, aquí nací en su frontera más occidental, justo donde empieza lo que hace muy poco se está llamando Barrio Nuestra Señora de Belén, aunque siempre estábamos a caballo entre El Juncal y El Lianchi. La edición está realizada en tapa blanda solapada, en tono ocre, con lo que parece la imagen fantasmagórica de un clásico coche de la década de 1980, con el capó reventado, en un azul con alto contraste (pues se ha sacado de una foto posiblemente en blanco y negro) y con un grano gordo de offset, al estilo de las máquinas de impresión más deficientes de la época. Un ejercicio de estilo de diseño loable, al estar al servicio de todo lo que el libro es y cuenta, en metáfora, claro está. Igualmente, aparece en la obra una fotografía en blanco y negro a doble página de una de las entradas al Lianchi desde el centro de la ciudad, cercana a lo que sería una de las paradas del autobús que va y viene a Madrid capital. Tal fotografía es propiedad de quien esto escribe, pues fui yo quien la realizó originalmente para un artículo sobre el Lianchi que publiqué en mi bitácora Noticias de un espía en el bar (Noticia 2308ª, de 2024). Aunque en el libro no se menciona mi autoría de tal imagen, soy yo el autor, y concedo su uso, a hecho consumado de estar ya editada y publicada en la edición del libro. No me disgusta el libro y me parece un libro necesario y bien escrito, y coincido con el autor en muchas cosas, aunque difiero un poco en otras, no obstante, yo nací aquí y nunca me fui y puede que algunas visiones estén más desarrolladas en el tiempo en mí, y por tanto evolucionadas en la reflexión sobre la evolución de esas cuestiones. Aún así, sí que es cierto que me hubiera gustado que se mencionara mi nombre como autor de la fotografía. 

Jorge Matías nació en 1974 en Alcalá de Henares (en realidad en un hospital de Madrid por necesidad, como muchos alcalaínos, pues por entonces no había hospital en la ciudad). Como él mismo explica en su libro su familia vivía en otro lugar de la ciudad en sus primeros años de vida. Pensemos además que El Lianchi empezó a construirse en 1970. Se trasladaron al nuevo barrio, de carácter humilde y obrero, pero también con un fuerte componente marginal de las barriadas de Madrid, y muy abundante de las chabolas de Vallecas y del Pozo del Tío Raimundo, lo que le dio, esto es inevitable de mencionar, un componente característico también racial, mucha población era gitana y merchera (o quinqui). Eran casas de protección oficial que en principio iban a ser todo un barrio de lujo para militares y guardias civiles retirados, por ello se construyó en hormigón (para amortiguar posibles atentados con bomba) y con ajardinamientos y una peatonalización alta que contaba, además, con rampas para sillas de ruedas, todo muy innovador y anticipado a su tiempo. Con el deterioro de salud de Franco y su muerte, y con la ambición de eliminar las barriadas marginales del cinturón de Madrid capital, se quiso evitar una concentración de militares retirados tan cerca de Madrid, y pasaron a ser pisos de protección social. Se dejó en cierto modo abandonadas a su suerte sus infraestructuras, como el agua, la electricidad, el alcantarillado, la educación, etcétera, y por ello el Liam Champó pasó en parte al diminutivo Lianchi, ya que se hacía la broma de "chin luz, chin agua, chin ná". No obstante, el barrio fue también uno de los más reivindicativos por estos temas y por temas sociales de ayuda a la gente que lo necesitara... y también a dependientes de drogas o de alcohol. No es baladí que cuando ocurriera la intoxicación del síndrome tóxico en 1981 fuera en este barrio donde se creó la primera asociación de afectados que llevaron el caso a los tribunales. 
 
Como sea, el autor se trasladó con su familia al barrio en su niñez, y aquí vivió la misma y su juventud y primeros años adultos, antes de irse a otro lugar a vivir, sin abandonar nunca su raíz, pues su familia vive aquí. Él vive hoy día en Madrid. En su primer libro ya comentó que superó sus excesos con el alcohol. Se hizo obrero del sector metalúrgico, pero es también escritor. Aunque a fecha de hoy sólo tiene los dos libros mencionados, publicados ya con una edad avanzada, es un abundante autor en prensa de columnas de opinión, reseñas literarias, crítica de cine y crónicas de crímenes y de espectáculos, apareciendo en La Huella Digital, La Voz de Asturias, elDiario.es, La Marea y Jot Down, por el nombre de las cabeceras se puede entender que tiene también una perspectiva y compromiso social de izquierdas. 

Al igual que pasara con la primera obra de Jorge Matías, es difícil de decir qué género es exactamente. En un principio es claramente un ensayo. Pero es un ensayo porque a la vez son unas memorias del autor. Pero a la vez están escritas de una manera ágil que puede pasar por novela. Unas memorias noveladas... pero a la vez no es exactamente eso. Y a la vez de todo, también es ese ensayo de crítica social que, a la postre, hace algo de Historia, sociología y periodismo. Entiendo que son una mezcla de memorias del Lianchi contadas de modo algo novelado, desde su punto de vista entre niño y joven a caballo entre finales de la década de 1970 y fundamentalmente las décadas de 1980 y 1990, quizá haya algo de los primeros años 2000, por contraste con mi propio recuerdo y conocimientos del lugar. No deja de ser también un testimonio para la Historia de Alcalá de Henares, y de su sociedad más obrera y más depauperada y marginal, incluso de sus trabajadores más desfavorecidos y de los de las fábricas que han ido desapareciendo, especialmente tras la Gran Recesión de 2008, pero algunas ya antes en la crisis económica de la década de 1990. Tiene un valor testimonial muy claro. Pero también tiene algo de la agilidad de una novela, sin serlo exactamente. 
 
El libro tiene su cosa. Está bien escrito y, evidentemente, bien documentado. Recoge perfectamente todo un ambiente de la época y todo un carácter social y su deterioro. Hay una clara perspectiva del mundo obrero de Alcalá, no siempre tratado ni bien recibido en otros autores que prefieren centrar su atención en la Alcalá cultural y la sociedad que se crea en torno a ello y a sus instituciones. Y aunque esa otra sociedad organiza asociaciones que han tenido peso en el último cuarto del siglo XX y comienzos del XXI, es de recordar que de Puerta de Madrid (El Lianchi), Reyes Católicos, Nuestra Señora de Belén, El Juncal, San Francisco de Asís y Nuestra Señora del Pilar, pero sobre todo y especialmente de los cuatro primeros barrios mencionados, nació una nueva fuerza y sangre obrera que revitalizaron este municipio en su vida desde lo obrero, obreros que nutrieron esa Universidad que monopoliza todo análisis de Alcalá en muchos autores e instituciones. Y que de esos barrios nacieron numerosas asociaciones e iniciativas de las que la ciudad ha tenido auténticos motores sociales, como la citada del síndrome tóxico, pero también en petición de un hospital propio, de colegios, asociaciones de ayudas a alcohólicos y a drogadictos (no nos avergoncemos de esto), primer barrio en acoger una iglesia cristiana no católica, aunque también con iglesia católica, identificados con el origen romano de Complutum, y donde la gente suele ser altamente solidaria entre sí, hasta el punto que algunas personas de otros barrios llegaron a decir en algún momento que parecemos un municipio en sí mismo. Aunque altamente abandonados por el ayuntamiento, salvo en años electorales y momentos puntuales. Lo que aumenta el deterioro material y social. No obstante, estos barrios, núcleo original del Distrito II, hoy día aumentado con barrios de renta media, contienen en sí un fuerte grueso del número de habitantes de la ciudad y, a falta de que revisara el siguiente dato que tomé hace un par de años, es también la barriada más afectada por la ida de las industrias de la ciudad, y por tanto con más problemas de empleo y de pobreza. Y es precisamente estos problemas, problemas que se mencionan y detallan en el libro con el recuerdo de sucesos, prácticas comunes y casos concretos ocurridos en ese último cuarto del siglo XX, primeras décadas de existencia del Lianchi y barrios colindantes citados.
 
La marginalidad y el abandono municipal y social quedan retratados en este libro que honra a la vez tanto a los obreros y trabajadores en general del barrio, como a aquellas otras personas de mundos más marginales, casi o directamente lumpen, e igualmente de los que vivían de delincuencia, pero anota, y esto es importante, causas posibles de ello y problemas que lo agravan, así como esa especie de gueto social que hace el resto de la ciudad del barrio mismo. Entra en el alcoholismo de algunos padres de familia, y la violencia machista, el desempleo crónico, la organización de aquellos que se juntan para trapichear o para organizar peleas de perros (esto ocurría, yo llegué a ver una de gallos andando por la calle, no paré, hace muchos años), las demencias (personificada aquí en un pirómano), los señalados (personificados en un hombre que lee y se instruye, pero el bario mismo le frena y le señala en el resto de la ciudad y dentro del barrio mismo, cada uno por razones opuestas), el mundo de los chatarreros, la pobreza extrema como elemento a heredar de generación en generación, los que se lucran beneficiándose del otro, las gamberradas infantiles, el cine de verano cerrado de la calle Andrés Saborit, posteriormente sede de una peña festiva, Los Jardineros, y en realidad propiedad particular de una familia, etcétera. Y pasa además por el efecto de los fenómenos culturales de la cultura de masas, como es el cine y las serie orientales, como la que dan nombre popular al barrio, que durante los años 1980 hizo que muchos se aficionaran al kárate y al judo... y a la falsa creencia de pensar que se sabía manejar algunas armas como los nunchakus. O nos trae las costumbres de las mujeres que se sientan con sus sillas en la calle, los bajos comerciales hoy transformados en viviendas (algunas por ocupación), el bar marisquería que nunca ejerció de marisquería, los personajes más peculiares de una época en el barrio, la heroína de los años 1980, los coches robados, las escaseces materiales y las cosas que las sustituían...

En cierto modo esta visión complementa la que contaba Antonio Moreno en su novela  Saltando sobre los charcos (2025), una novela muy llena de recuerdos personales del autor en su infancia y juventud entre los años 1970 y 1980, coincidiendo en época y en ciudad, Alcalá de Henares, con Jorge Matías. Y no muy lejanas en el espacio. Recordemos que Moreno menciona El Juncal y Reyes Católicos, así como El Val y Vía Complutense. Mientras Jorge Matías nos da la perspectiva del barrio obrero más marginal en esa época, Moreno nos daba otra perspectiva más amable de barrio igualmente obrero y humilde, pero más cercano a la mal llamada clase media, no era clase media, seguían siendo obreros, pero no caían en aspectos marginales y se entregaban más a elementos de la cultura popular y de masas. Pero es evidente que por contraste se complementan. Es curioso que se hayan escrito estos dos libros cercanos en el tiempo entre sí y tratando de unas mismas épocas desde la visión infantil y juvenil de hijos de obreros en la ciudad. Y quizá es que la ciudad está reclamando conocer su historia social y no sólo aquella que atraiga a turistas. La gente quiere recordar, que se recuerde y hacer ver las realidades que también son de Alcalá. Pero probablemente también quiere reivindicarse y ubicarse y hacerse visible. Gente ya adulta regresa a traernos aquella Alcalá de su juventud y quizá es que ya toca hablarnos como adultos de nuestras propias épocas.

Lo dicho, un libro creo que necesario, que sirve de novela, que sirve de ensayo, que sirve de memoria para la Historia actual, que sirve de explicación testimonial de lo social que menos se quiere mencionar entre aquellos que más salen en los medios de comunicación locales. Existimos, somos, esa es la voz.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 7 de febrero de 2026

Ludivina

Título: Ludivina.
Autor: Esteban Azaña Catarinéu.
Editor: Esteban Azaña [autoedición].
Imprenta: La Cuna de Cervantes.
Año de publicación: 1879 (1ª edición).
Género: Novela.

 

Esteban Azaña publicó tres obras (una de ellas en dos volúmenes, como ya se vio en estas notas). Quedaba por comentar una de ellas, la primera que escribió. Se trata de una novela costumbrista llamada Ludivina. Muy al estilo burgués liberal, tal como él y su familia eran en su estilo de vida y pensamientos. Como ya se vio, Esteban Azaña estaba muy implicado en la vida cultural y política de la ciudad. Cuando escribió esta novela, en 1877, era teniente de alcalde en Alcalá de Henares, sin embargo, no la publicó. Quedó en su ámbito privado. Se animaría a publicarla en 1879, siendo ya alcalde, mismo año que como tal publicó Memoria para la erección de un monumento a Miguel de Cervantes. Pagó él la edición, la cual la realizó en la imprenta La Cuna de Cervantes, que era de la misma Alcalá de Henares, en la cual se imprimieron otras obras ya comentadas en estas notas, así como prensa local. Le puso el precio de una peseta, que para entonces era un precio más o menos alto. La edición fue a nivel local y su recibimiento fue modesto. Hoy por hoy no se conocen reediciones de esta novela que aparte de ser una novela de costumbres y de familias acomodadas de la burguesía y sus gustos, es una novela de amor con episodios tremendos y drama garantizado, casi a modo de folletín, novela rosa o novela romántica, llámese como se quiera y quepa la equiparación actual al tremendismo desaforado de los grandes dramas de amor llenos de complicaciones familiares propios de las telenovelas y las fotonovelas.

Pensemos primero que la familia Azaña, ampliamente instalada en Alcalá desde el siglo XVIII como terratenientes agricultores, escribanos, algún cargo judicial y políticos (aunque el hijo de Esteban, Manuel, aparte de político saldrá escritor), era una de las primeras familias liberales y lo seguían siendo, y habían emparentado con los Catarineu, una familia catalana también liberal que tenía una fábrica de jabón exitosa en Alcalá. Por lo que los Azaña también eran empresarios con diversos negocios, algunos fracasados. Eran una familia muy comprometida con ese liberalismo desde el origen y tendente al ala izquierda burguesa (no socialista, aunque Manuel llegara a hacer alianza y amistad con los socialistas). El padre de Esteban, Gregorio, era republicano y había apoyado a la Primera República recientemente extinta en enero de 1874. Y precisamente del periodo de la abdicación de Isabel II en 1868 al golpe de Estado que restaura la monarquía en la familia Borbón en 1874 vienen una serie de conflictos entre los que figuran la Tercera Guerra Carlista, ya que la opción ultramontana del carlismo (esto es: ultracatólicos, ultranacionalistas, monárquicos absolutistas y lo que se diría extrema derecha) ni reconocieron el gobierno de Prim, ni el reinado de Amadeo I de Saboya, ni la Primera República, ni que Alfonso XII de Borbón fuera el nuevo rey, regresado a España en 1875. Terminada esa guerra con la derrota del carlismo en 1874 y restaurado Alfonso XII en el trono, Esteban Azaña se incorpora a la política municipal de la ciudad como concejal, primero. Puede que fuese entonces cuando comenzara a idear su novela, acabada en 1877 y publicada en 1879, pues en ella se deslizan numerosas referencias geográficas y humanas que dan pistas de que la ciudad donde se desarrolla el argumento sea la propia Alcalá transformada o disfrazada de otro lugar. La pasada guerra carlista tendrá su peso argumental en este relato.

Básicamente Ludivina, hija de una familia liberal, se enamora de Arturo, un carlista. Hasta ahí nos podría recordar obras de amores imposibles por los ideales de su familia los cuales son enemigos declarados, véase por ejemplo Romeo y Julieta (1597), de William Shakespeare. Todo es más complicado y truculento. Consuman en acto sexual su enamoramiento... para descubrir un secreto que no sabían: son hermanos. Habían sido separados y se les había ocultado, pero son hermanos. Podríamos incluso intuir una metáfora de las dos Españas enfrentadas, que en realidad vienen de una misma España y se necesitan y complementan, pero aún pudiendo pensar en ello, parece que el autor apuntaba a otro lado, al costumbrista. Este amor se da en una ciudad pequeña de provincias que ni siquiera es capital provincial, lo que de por sí recuerda a Alcalá de Henares en esas fechas. Esto hace que lo que se dibuje sea una sociedad donde este amor se ve envuelto en medio de rumores, calumnias y hasta maldades contra ellos, primeros ignorantes de que son hermanos. Y todo esto en medio de un clima enrarecido entre liberales y carlistas, recordemos la cercanía en fechas del final de la Tercera Guerra Carlista, que no deja de ser una guerra civil. 

Cuando Esteban Azaña publica el libro ya era alcalde, como se ha dicho, y ya tenía por entonces como enemigos a los conservadores y ultracatólicos de la ciudad, además de manera muy declarada y abierta. Uno de los periódicos locales llegará a publicar diariamente contra él sobrepasando de lo político a lo personal incluso con difamaciones, lo que provocó que, aún creyendo en la libertad de prensa, tomara medidas legales como alcalde que forzaron el cierre de dicho periódico. Por tanto el ambiente de la novela puede estar recogiendo o expresando de algún modo sus propias experiencias vitales en su vida social y pública dentro de lo que no dejaba de ser una pequeña ciudad. Parte de estas rivalidades seguirán en 1882-1884 cuando publique su Historia de Alcalá. Aparte de lo comentado en estas notas, ya por entonces se le acusó de rebajar los actos de las milicias liberales en el periodo de 1820-1823, en las que estuvo su familia, o de los actos de los liberales en 1868-1874.

En la novela se recoge un episodio similar al de la propia vida de Esteban Azaña, una boda "in articulo mortis", o en castellano: matrimonio contraído con alguien a punto de morir. Esteban Azaña fue obligado por su madre a casarse con Josefa Díaz Gallo, una joven a punto de morir, porque la madre no quería que los hijos de esta quedaran huérfanos desamparados de padre y madre. Esteban se casó a la fuerza de las circunstancias por su madre. Sin embargo, siendo una familia importante de la ciudad, el motivo de la boda oficial no era este, sino uno más corriente y normal, asumible para las costumbres convencionales de la sociedad del momento. Al enviudar, poco después, Esteban entabló una relación con Concepción Catarineu Pujals, que se transformó en su segunda esposa y con la que formó su propia familia, de la que nació Manuel Azaña. Félix Díaz Gallo, hermano de Josefa y que ejerció de tío de Manuel (el cual le tuvo bastante cariño, parece ser) protestó en los tribunales demandando a Esteban ya que su hermana no estaba de acuerdo con el legado que iba a pasar a esa segunda esposa. El proceso fue muy largo y costoso en lo económico, pero se solucionó con el pago de una pensión vitalicia a los herederos de Josefa. Esta situación hacía que la vida de Esteban no sólo se viera afectada de maledicencias políticas, tal vez también de clase social, sino también de rumores malintencionados en lo que afectaba a su vida íntima, privada y personal. Y todo ello está de algún modo en Ludivina. El episodio de su boda lo narró décadas más tarde el dramaturgo y poeta Rivas Cherif, cuñado de Manuel Azaña.

Así que en cierto modo la novela habla de esa asfixia social de las rígidas morales burguesas que luego en lo privado se saltaban su rigidez. Hay ahí un cierto anhelo de romper sus propios corsés creados por ellos mismos. No es algo único de España, en Reino Unido esto se traducía en lo que se llamó la moral victoriana, por coincidir con el reinado de la Reina Victoria. Sí que es cierto que en España esta moral también es heredera del sentido de la honra y el honor tan reclamados desde el siglo XVI y de un pensamiento ultracatólico, como el de los carlistas, pero no sólo ellos, que quizá cuajó en los entornos más rurales y tienen su reflejo en las ciudades, especialmente de provincias. Pero también es verdad que la década de 1870 en España no deja de ser convulsa, pues también existió la represión a republicanos y socialistas en los primeros años de la Restauración, y la novela de Esteban no deja de estar escrita en esos años, siendo su padre republicano y él liberal. Lo político se mezcla aquí con lo que unos y otros consideraban o no moral y éticamente aceptable. Quizá nosotros en pleno siglo XXI hemos heredado algo de esto, aunque con claves más de nuestra propia época.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".