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viernes, 3 de abril de 2026

Ejercicios espirituales / Autobiografía de San Ignacio de Loyola / Cartas esenciales

Título: Exercitia Spiritualia.
Autor: Ignacio de Loyola (San).
Editor: Ignacio de Loyola [autoedición].
Año de publicación: 1548 (1ª edición).
Género: Teología; Religión; Manual.
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Título: Ejercicios espirituales [o Directorios de ejercicios].
Autor: Ignacio de Loyola (San).
Editor: Alfonso Cornejo Cruz.
Año de publicación: 2025 (1ª edición; edición, prólogo y notas de Alfonso Cornejo Cruz).
Género: Teología; Religión; Manual.
ISBN: 979-8267730242
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Título: Autobiografía de San Ignacio de Loyola [título actual, original sin título formal].
Autor: Ignacio de Loyola (San).
Editor: Luis Gonçalves da Câmara (publicación 1553-1555); Monte Carmelo (edición 2004).
Año de publicación: 1553-1555 (1ª publicación original); 2004 (1ª edición  editorial Monte Carmelo).
Colección: Ediciones Populares.
Nº de volumen en la colección: [No localizado].
Género: Autobiografía; Memorias; Religión.
ISBN: 978-84-72398924
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Título: Cartas esenciales [o Cartas e instrucciones].
Autor: Ignacio de Loyola (San).
Editor: Manuel Ruiz Jurado, SJ.
Año de publicación: 2021 (1ª edición; introducción de Manuel Ruiz Jurado); [escritas entre 1524 y 1556 y hechas públicas en el siglo XVII].
Género: Epistolar; Teología; Religión.
ISBN: 978-84-27140080
 
 
Entre los autores de temática religiosa relacionados con Alcalá de Henares está Ignacio de Loyola (1491-1556), hecho santo en marzo de 1622 en el mismo acto en el que, junto a Isidro Labrador, Felipe Neri y Francisco Javier, se santificó a otra persona que se considera autora relacionada con Alcalá, Teresa de Jesús. Su vida inicialmente era una vida no advocada a la religión. Era de la baja nobleza, un gentilhombre al servicio del Virrey de Navarra como militar. Recordemos que Navarra fue el último reino que incorporó el Reino Hispánico a su territorio, y lo hizo mediante invasión y guerra en 1512, aún a pesar de que décadas más tarde hubiera cronistas navarros que reescribieran los sucesos para presentar al Reino de Navarra como un reino totalmente proclive a ser parte del Reino Hispánico, posteriormente conocido como España. Como sea, quedaron focos de resistencia en 1512 que buscaron alianzas con Francia, lo que provocó que se iniciara una breve sublevación armada que llevó a la Batalla de Pamplona en 1521. En esa batalla combatió Ignacio de Loyola a favor del Reino Hispánico y cayó herido con relativa gravedad en una pierna. Tuvo que ser hospitalizado y guardar cama varios meses, así como, cuando ya pudo levantarse y andar, pasar un tiempo en el lugar de su internamiento para lo que hoy llamaríamos tener una recuperación de la movilidad. Si atendemos a su propia autobiografía leemos que le tuvieron que quitar varios trozos de carne que había quedado inútil y coserle por varios lugares, lo que hizo que caminara mal sobre esa pierna. O en otras palabras, quedó cojo o con una cojera que, esto no se dice, no sabemos si pudo corregir o mitigar posteriormente. Era un gran aficionado a la lectura, en concreto, según cuenta él mismo de sí mismo, era un lector habitual de novelas de caballería, siendo su preferida Amadis de Gaula (1508), de Garci Rodríguez de Montalvo, hoy día sabemos que esa novela debió ser todo un éxito popular en el siglo XVI. En vista de su prolongada convalecencia, especialmente el tiempo que guardó cama, alejado de su actividad militar, solicitó a las personas del establecimiento sanitario, al cargo de religiosos, libros de ese género. Allí no sólo no tenían ese tipo de libros, si no que tampoco tenían cualquier tipo de libro que no fuera religioso, y dentro de los religiosos no tenían tampoco los de poesía religiosa. Así pues sólo le proporcionaron la Biblia y libros teológicos escritos por santos. 
 
No acostumbrado a este tipo de lecturas, aún a pesar de ser católico, fue descubriendo la palabra de Dios y sus interpretaciones desde el catolicismo en ese momento, sólo que su convalecencia le hizo interiorizar y tener largas horas de meditación y reflexión sobre sus lecturas, el mensaje, su vida, sus pecados y lo que le había pasado en el campo de batalla, llegando a diversas conclusiones que le iniciaron en una vida devota y le hicieron sentir que Dios le había permitido seguir con vida en la guerra por alguna razón y le había colocado en aquel lugar con aquellos libros por algo. Debía, por ello, darle gracias con un peregrinaje a Jerusalén en cuando pudiera. Hecho común en varias biografías cristianas de la Edad Media, no tan común en la Edad Moderna por el mero hecho de estar Jerusalén en territorio del Imperio Turco Otomano, y que es de señalar tiene cierto paralelismo con el peregrinaje a La Meca de los musulmanes al menos una vez en la vida. Podríamos pensar que sin instrucción teológica, siendo autodidacta durante su periodo hospitalario simplemente por lecturas sin guía y con su propia meditación, con una trayectoria militar mundana y lecturas de libros de caballería, imbuido posiblemente en el mundo de las ideas, tópicos y concepciones de la sociedad civil común y corriente de su época, pudo tener una mezcla de ideas peculiar y muy personal sobre lo que él entendió leer. En su propia autobiografía indica que intentando ir por primera vez a Jerusalén tras salir de su convalecencia, camino de Barcelona en una mula, hizo parte del tramo con un musulmán con el que habló de religión. El musulmán aceptó la virginidad de la Virgen María a la hora de concebir a JesuCristo, pero razonó desde argumentos de biología femenina que esa virginidad habría desaparecido en el momento del parto. Según indica Ignacio de Loyola la conversación se volvió tensa porque aquello le molestó y el musulmán decidió adelantar camino hacia una villa donde iba a dormir. Alejado de él, Ignacio reflexionó si ir tras él y matarle a puñaladas por lo que había dicho de la Virgen. Como le parecía que quizá eso no cuadraba con lo que había leído, pero le debía chocar en cuanto a lo que era su vida y los conceptos de la época, incluso las ideas de la novelas de caballería, lo dejó en manos de Dios dejando suelta a su mula y realizar el asesinato por la Virgen si está seguía el camino del musulmán, y no hacerlo si giraba a otro camino. La mula giró a otro camino, y a partir de ahí consideró de nuevo las ideas cristianas leídas. Resumiendo sus ires y venires en Cataluña, su decisión de tener una vida religiosa, producida en ese momento, le hizo conocer a una serie de personas que viéndole actuar en un intento de ser religioso, pero sin cuadrar sus actos con la vida religiosa, le recomendaron ir a Alcalá de Henares a estudiar para ordenarse religiosamente y para poner en orden sus ideas. Entre las cosas que había hecho en ese momento creyendo ser correctas estaban cuestiones como no lavarse el pelo ni peinarlo, no cortarse las uñas, no alimentarse durante días, no beber e incluso tirarse a un agujero para dejarse morir con la idea de ver a Dios, ideas que un sacerdote le quitó de la cabeza y que le hizo ver que el suicidio era contrario a las enseñanzas de Dios. Pero eran ideas que él en su autobiografía no hizo autocrítica, las justificó como inspiraciones que le dio el Espíritu Santo. Es más, serán el punto de partida de lo que luego desarrollaría como ejercicios espirituales, aunque en estos no recomienda estas cosas. Sea como sea, fue a Alcalá de Henares para estudiar teología en su Universidad fundada alrededor de unos veinticinco años antes, redondeando cifra, pues se fundó en 1499.

Residió como estudiante de 1524 a 1527, en lo que fueron más o menos cuatro años. Primero residió en el Hospicio de Santa María la Rica, que a la vez era hospital de pobres, y desde 1526 en el Hospital de Antezana, que él nombra en su autobiografía como hospital nuevo, en la Calle Mayor. De su devoción religiosa le atraía la ayuda hospitalaria al necesitado, quizá influencia de su experiencia convaleciente de 1521. Pero también le atraía ayudar a los necesitados económicos, los pobres de extrema necesidad, mediante la limosna. No está muy claro en qué modo aprovechó sus estudios alcalaínos, ni siquiera él hace referencia a sus clases, ni a libros que lea, ni a autores. Hay quien piensa que incluso pudo dejarlos a medias o que los tenía medio abandonados porque se dedicó cada vez mayor cantidad de tiempo a cuidar a los necesitados en el hospital, tanto los necesitados por salud, como los necesitados por pobreza. Fuera como fuera, lo que sí sabemos es que él profundiza en una interpretación personal del cristianismo según las cosas que leía, muy al margen de lo que la Iglesia, como institución, estaba marcando como rumbo a los sacerdotes para contrarrestar a los reformistas que llevarían al protestantismo en buena parte de Europa en esos momentos. En una cosa coincide Ignacio de Loyola con la Iglesia como institución a esas alturas del siglo XVI, un deseo de contrarrestar en España la corriente iniciada por Erasmo de Rotterdam, el cual no fue excomulgado como protestante dentro de la Iglesia católica por presiones de los Reyes Católicos, Isabel I y Fernando V, unas décadas antes. Además Cisneros, ya difunto pero fundador de la Universidad de Alcalá, sí se había fijado en Erasmo y buena parte de la Universidad era erasmista, incluida la Biblia Políglota. Hemos de creer que posiblemente Ignacio de Loyola chocara en su concepción personal del cristianismo con las interpretaciones teológicas emitidas en las clases magistrales. 

Cambió sus vestiduras por unas sayas pobres que tintó de un color que creyó oportuno con razonamiento teológico. Practicó la limosna entregando todo tipo de ganancias materiales y pidiendo a las personas pudientes y no tan pudientes, dinero para dar a los pobres, hasta el punto que en una ocasión, según narró él, encontró a una persona que por posición social debía ser pudiente y encontró que no tenía dinero que dar, que literalmente tenía lo justo para él, por lo que le pidió que entregara parte de los enseres que guardaba en un arcón... y logró que lo hiciera. Solía denunciar en voz alta a los que creía que no vivían de una manera cristiana. En una ocasión una madre y su hija que solían ir siempre a ser atendidas por él le declararon querer irse por España a ayudar a los desfavorecidos, a lo que él las desincentivó alegando que la hija era muy joven y bella y eso podía ser contraproducente cuando se acercaran a los desfavorecidos varones. Otra cuestión que se produjo fue que todas las mañanas venía a verle una mujer muy al amanecer acompañada de dos personas con hachones encendidos para iluminarse por la Calle Mayor. Esto fue lo que colmó la paciencia de los inquisidores, pues sin saber el porqué ocurría esto elucubraron cosas contrarias a esa dignidad sacerdotal a la que aspiraba y a una limpieza pura en costumbres cristianas. Informados en Toledo de todo esto, sumaron un excesivo fervor religioso que empezaba a tener seguidores y que a veces podía incluso ser atentatorio contra las recaudaciones de impuestos religiosos. Además, Ignacio de Loyola decía estar directamente inspirado por el Espíritu Santo, que le revelaba dentro de su cabeza cómo debía actuar y le guiaba en su obra. A  veces rezaba siete horas seguidas y cometía ayunos al margen de lo que la Iglesia pudiera opinar de los mismos. Fue mandado apresar y pasó a las prisiones de la Inquisición. 

En un proceso en el que intervinieron teólogos de la Universidad de Salamanca, y trasladado allí, insistió en que sus actos eran guiados por el Espíritu Santo, alegó que la mujer aquella venía a confesarse a él, por lo que no podía revelar nada. Se le acusó a él y a sus seguidores de posibles iluministas, o sea, ser de una corriente hereje. De actuar bajo una interpretación personal del cristianismo. Alegó que nada de lo que hizo lo hizo en contra de las Escrituras y pidió que se contrastase, para lo cual lo puso todo por escrito. Hecho esto, al final los inquisidores confirmaron que nada de lo que hicieron él y sus seguidores contradecían lo que directamente se decía en la Biblia y les dejaron libres, si bien se les pidió dejar de vestir con sayas. Y se recomendó en concreto a Ignacio de Loyola que estudiara teología, lo que nos hace entender que si bien habría estudiado, no había seguido el camino que los estudios marcaban. Si pudo estudiar algo en Salamanca, cosa posible dado que era un lector ávido, lo cierto es que decidió irse a completar sus estudios a París. Podríamos pensar que se vio en la necesidad de salir del Reino Hispánico, fuese una necesidad con razones o sin ellas. 

Sea como sea, sin profundizar más en su biografía, los hechos a partir de aquí nos muestran a un Ignacio de Loyola que termina de formarse teológicamente, que regresa a España, que acumula seguidores con su interpretación personal del cristianismo y cómo debía ser como sacerdote, y que decide ir a Barcelona para poder peregrinar a Jerusalén, ahora sí... Pero volvió a ser un ahora no, pues seguía siendo territorio del Imperio Turco Otomano, enfrentado a los reinos cristianos. Así que se fue a Italia para ponerse al servicio del Papa como, lo que él llamó, soldado de Dios o de lo que el Papa estimase. Llama la atención en esto que prefiere estar directamente a las órdenes del Papa como poder temporal y espiritual, abandonando al Rey de España como poder temporal. El Papa le aceptó, pero le conmina a fundar su propia orden religiosa y así lo hace. Ahí comienza la orden jesuita, en Roma, pero es en Alcalá de Henares, lugar donde comenzó a dar forma a sus ideales cristianos, donde decide fundar el primer colegio jesuita, en 1546. En él se formaran y estudiarán numerosas personas con los ideales jesuitas.

De su etapa alcalaína podríamos citar tres obras escritas. Una de ellas no era un libro, pero con el paso del tiempo terminaría siendo un libro, se trata de sus numerosas cartas e instrucciones religiosas a personas muy variadas entre 1524 y 1556. Hoy día se publican compiladas como Cartas esenciales. Se fueron haciendo públicas en el siglo XVII, especialmente tras ser canonizado Evidentemente las cartas de 1524 a 1527 tienen conexión directa con Alcalá de Henares, pues aquí vivía. 
 
Otro libro, donde directamente cita todo lo relacionado con él y Alcalá de Henares es su propia Autobiografía. La escribió en dos momentos diferentes de su vida. Una primera mitad estaba en español y una segunda mitad estaba en italiano. Parecen unas memorias personales, tintadas de justificaciones a modo de manual a futuros lectores para guiarles en su vida personal camino de Dios. Fueron compiladas y traducidas a un mismo idioma por el sacerdote portugués Luis Gonçalves da Câmara entre 1553 y 1555, los últimos años de la vida de Ignacio de Loyola (murió en 1556). Fueron publicadas por él con la idea de dar esa ejemplaridad, pero también de poder explicar, justificar, su vida y su revolución en la Iglesia católica. Incluido su carácter misionero de evangelizar al prójimo y, muy evidentemente, su carácter intelectual y el porqué. 

Pero es la obra escrita más importante de Ignacio de Loyola la que tiene una raíz inicialmente alcalaína, pero no nombra Alcalá de Henares. Se trata de Ejercicios Espirituales, que escribió para su publicación y publicó en 1548, un año después de la fundación del primer colegio jesuita, como hemos dicho: en Alcalá de Henares. Por un lado podía servir como libro de texto para formar a los nuevos jesuitas en ese colegio y los siguientes que se fundasen. Un aporte más a la teología con su punto de vista, que era el de su orden religiosa. Pero por otro lado en realidad era poner por escrito para publicación los ejercicios espirituales que él mismo había ideado y puesto en práctica desde su conversión devota a partir de 1521, la cual perfeccionó y comenzó a poner en práctica diaria, así como comenzó a instruir en ella a sus seguidores, desde su llegada a Alcalá en 1524. Son los mismos ejercicios espirituales que en parte le pusieron en problemas acusado de iluminista por la Inquisición. Pero probablemente aún más perfeccionados y ajustados a la teología tras completar estudios en París y tras una vida de dedicación y puesta al servicio del Papa. Se trata de toda una forma de entender el cristianismo de manera práctica y pragmática, y menos teórica. Una guía de meditaciones y actos personales diarios para llevar la vida recta que él consideró que le acercaban a Dios y mejorarían el mundo si todos lo seguían. No obstante, según defendía él, le había inspirado el Espíritu Santo. Una vida de ayuda al prójimo, de misión evangelizadora y ejemplarizante, de sacrificio, pero también de meditación y (en el origen de los jesuitas) austeridad. Cada seguidor debía ser un soldado de Dios, como resumen metafórico de lo que se esperaba de sus ideas si se seguían. Y es que no se puede escapar que es muy probable que su pasado castrense y su formación militar ayudaran a entender y dar forma a sus ideas cristianas a modo de disciplina y metodología, incluso de jerarquía y acatamiento de las normas. La misma idea de misión y objetivo parece salida del mundo castrense.
 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 4 de enero de 2025

Camino de perfección

Título: Tratado que escribió la Madre Teresa de Jesús a las hermanas religiosas de la Orden de Nuestra Señora del Carmen del Monasterio del Señor San José de Ávila.
Autora: Teresa de Jesús (Santa); también conocida por su nombre anterior a su monacato: Teresa de Cepeda y Ahumada, también nombrado como Teresa de Ahumada; o bien por el nombre unido a la ciudad de su nacimiento y monacato principal: Teresa de Ávila. 
Editor: Teotonio de Braganza (arzobispo de Évora, Portugal, 1ª edición 1583); Gracián de la Madre de Dios con el impresor Guillermo Foquel (Salamanca, España, 2ª edición 1585); fray Jerónimo de la Madre de Dios (Salamanca, España, 3ª edición 1585); fray Luis de León (Toledo, España, 4ª edición 1588).
Año de publicación: 1583 (1ª edición, Évora, Portugal); 1585 (2ª edición, Salamanca, España); 1587 (3ª edición); 1588 (Toledo, España).
Género: Religión; Teología; Manual.
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Título: Camino de perfección.
Autora: Teresa de Jesús (Santa); también conocida por su nombre anterior a su monacato: Teresa de Cepeda y Ahumada, también nombrado como Teresa de Ahumada; o bien por el nombre unido a la ciudad de su nacimiento y monacato principal: Teresa de Ávila).
Editorial: Austral.
Año de publicación: 2015 (1ª edición de María Jesús Mancho, profesora en la Universidad de Salamanca; la editorial Austral publica este libro en diferentes ediciones y dentro de la misma colección desde hace décadas, Austral, como editorial RIALP la publicó por primera vez en 1956).
Colección: Humanidades.
Nº de volumen en la colección: -No localizado-.
Género: Religión; Teología; Manual.
ISBN: 978-84-670-4376-1

 

Ya que últimamente hemos hablado de dos autores no obvios que tienen que ver con Alcalá de Henares, el Cardenal Mazarino (que se formó en la Universidad de Alcalá durante tres años) y el Papa Francisco I (que se formó en el seminario jesuita de Alcalá de Henares entre uno y dos años), quepa citar hoy una autora que en Alcalá de Henares se la tiene plenamente asumida como autora que tiene que ver con Alcalá, e incluso se han llegado a crear placas y folletos turísticos con su nombre, aunque en realidad tuvo menos presencia en la ciudad que los otros dos anteriormente citados. Posiblemente se deba a que ella es una de las principales voces de la Literatura española, además: del Siglo de Oro, y que los más conservadores además identifican con uno de sus mitos de la España imperial y católica. Hablamos de Santa Teresa de Jesús, nacida en 1515 como Teresa de Cepeda y Ahumada, hija de un mercader cristiano de origen  judeoconverso por la orden de conversión al catolicismo o expulsión de los judíos que dictaron los Reyes Católicos en 1492. Su abuelo fue el primer judeoconverso, pero fue encontrado culpable por la Inquisición de haber seguido practicando la religión judía (judaizar), por lo que tuvo que cumplir penitencia. Fue desterrado de su tierra de origen y por ello se fue a la ciudad de Ávila donde puso un negocio de paños que fue tan fructífero como para lograr en 1500 emparentar con descendencia del ya pasado rey Alfonso XI. Educó a su hijo en el catolicismo más estricto y fue este el padre de Teresa. Ella era de Ávila capital, aunque existen algunos pueblos de la provincia de Ávila que la reclaman. El padre de Teresa se casó en 1505, tuvo dos primeros hijos, pero la esposa se murió en 1507 y volvió a casarse en 1509, será de este matrimonio que nacería Teresa en 1515. Dado las penalidades del abuelo como converso judaizante, y el destierro de su tierra de origen, la familia entera se había volcado en borrar todo rastro de su pasado, incluidos los apellidos, así como a ser los católicos más extremos que se pudieran ser. No obstante, la familia seguía marcada en Ávila principalmente porque nunca lograron eliminar en su época el recuerdo de que su origen era judío y segundo porque además se habían enriquecido mercadeando, lo que alimentaba cierto antisemitismo. Esta familia tendrá varias figuras destacadas tanto en iglesias como en escritos, y todos coincidirán en hablar de la honra y de intentar limpiar una honra suya con una "mancha negra". Podríamos decir que el más ferviente catolicismo de estas personas había nacido del más ferviente miedo de lo vivido por la generación de los abuelos.

Sea como sea, avancemos para enlazar a Teresa con Alcalá de Henares. La madre de Teresa murió cuando está apenas estaba empezando a entrar en la adolescencia. Razón por la cual fue internada en  un convento de monjas carmelitas para trabajar como doncella de cámara y con la finalidad de ser mantenida, educada y, en la medida de lo posible, seguir manteniendo el nombre de la familia como una familia de perfectos católicos, que de hecho ya estaban profesando el catolicismo, pero la familia sabía todo lo que se decía de ellos por el pasado familiar. Teresa fue formada de esta manera en sus relaciones sociales y emocionales en un sentido únicamente religioso y ferviente hacia Cristo. El padre la llegó a sacar del convento, por ser su hija favorita, pero durante una grave enfermedad, que incluso la afectó en lo sucesivo a su aspecto físico, su tío le leía cada día textos de santos, profetas y la Biblia, hasta el punto que ella le pidió a su padre ser ingresada monja. El padre, según escribió ella misma en su autobiografía publicada por fray Luis de León tras morir ella, no quería e incluso lloró para pedirle que no lo hiciera, pero le dejó hacerlo, en el pensamiento de que ella, cuando creciera más, terminaría haciendo lo que quisiese. No obstante, es una mujer a la que se la describe con mucho carácter, hasta el punto que alguno de sus contemporáneos dijo de ella que tenía que tenía tanto carácter como un hombre o incluso "más que el más barbado". Pensemos que ante los rumores de origen judío de su familia y lo mal visto de cómo habían prosperado comerciando, ella además tenía en su contra en la España del siglo XVI el ser mujer en un mundo que la consideraba supeditada al hombre, y en estos momentos también, el hacerse monja, pues aunque las religiosas eran respetadas, sólo hay que consultar algunas literaturas de la época para darse cuenta del sentido de algunas mofas y chistes que tienen al mundo de monasterio femenino por centro. De toda clase, sin restricción y que ha llegado en parte, no en su totalidad, hasta el presente.

Teresa ingresó en 1535 en el convento de las Carmelitas de Ávila y, de paso, convenció a uno de sus hermanos para que hiciera lo mismo en un convento masculino. Su padre tardó en entregar la dote para que fuera monja en el convento, lo hizo en 1536. Como monja cambió su nombre a Teresa de Jesús, alcanzó ese grado de monja en 1537. Como su vida es muy conocida, resumiendo a grandísimos rasgos, su enfermedad seguía incurable y se encomendó a una curandera que decían que era eficaz. No sabemos si viene de aquí o de su especial y peculiar devoción por Dios, cada vez más extrema, que empezó a comer pan pasado, con moho, del que se sospecha que le daba alucinaciones que le hacían ver y hablar con Dios y la Virgen. Los más creyentes asumen que las visiones fueron reales, no alucinaciones. En torno a este tema sólo anotar aquí que la Iglesia consideró casi de manera inmediata, prácticamente incluso viva en sus últimos años, que era una santa, pero su proceso de canonización se hizo cuando ya había muerto, muy inmediatamente cerca a la fecha de su muerte. Se le reconocieron milagros, las visiones, cierta actividad iluminada por Dios y se la santificó. Lo que en estas notas nos interesa es su obra más mundana, no tanto la santificada. Proseguimos.

Si Teresa ingresó como novicia haciendo muchas amigas entre sus compañeras y que se llegó a decir que era muy jovial y alegre, en los tres años que mediaron desde su inicio de novicia a su nombramiento como monja, donde estaba además el padecimiento de su enfermedad que a veces la dejaba físicamente muy mal, ese carácter cambió de manera radical. Se volvió seria, estricta, severa, reflexiva, con mucho carácter, enérgica, llevó al extremo las prácticas religiosas habituales del convento forzando a las demás a seguir sus nuevos hábitos y costumbres, forzó el final del espíritu general de alegría en la comunidad, por otro general de respeto y oración a Dios (lo que no es lo mismo que eliminar los momentos de alegría, no se lea mal), y en fin, fue adquiriendo hábitos de penitencia y oración personales más allá de lo que se le pedía y por su carácter logró que el resto cambiaran en el mismo sentido. Habitualmente se ha dicho durante siglos que estaba escandalizada por la vida disoluta de muchas monjas que no guardaban las reglas religiosas de los conventos y quiso poner final a eso. Puede que haya en realidad una mezcla de eso y del cambio de su carácter, un  carácter de una personalidad que en realidad se había formado dentro de una familia obsesionada con ser los más perfectos católicos para borrar lo que ellos llamaban "negra mancha", expresión que se lee incluso en algunas obras de Teresa de Jesús. 

Teresa de Jesús fue escalando jerarquía dentro de la Iglesia católica en las posibilidades de una mujer. Ponía en orden a hombres y mujeres. Reformó la orden carmelita, eliminó lo que ella consideró irrespetuoso, inculcó la sinceridad de fe y de actuación dentro de los monasterios, fundó y refundó nuevos conventos y con ello se trasladó a numerosas ciudades en esa actividad, aunque su convento de origen estaba en Ávila. En esta actividad fue incitada por su confesor a escribir su autobiografía para ejemplo del resto de monjas y de las futuras. Cosa que hizo, y ellas la leyeron, aunque no fue publicada para el resto hasta 1588, gracias a fray Luis de León, con quien tuvo amistad y trato. De hecho, muchas de sus obras, sino todas, fueron publicadas de manera definitiva por él especialmente en ese año 1588, que las tenía ya revisadas y dispuestas. No quiere decir esto que no se conocieran esas obras anteriormente. Aunque su publicación fue posterior a la muerte de ella, la cual se produjo en Alba de Tormes (Salamanca) en 1582, estas habían sido difundidas de manera privada entre las monjas de los conventos de su orden y eran conocidas por algunos cargos eclesiásticos masculinos, que fueron precisamente quien la animaron y en algunos casos ordenaron a que escribiera o más consejos o más poesías para guiar a sus monjas. Esto no quiere decir que su obra no encontrara problema alguno con la Inquisición, pues eso ocurrió, al recelar estos jueces de si las visiones y arrebatos religiosos (tal vez estados médicos de catalepsia) eran obra de Dios o del diablo. Insistimos, Teresa fue hecha santa, fue canonizada.

Ella fue autora de numerosas poesías y obras de guía espiritual. Encabeza el género del misticismo religioso en la España del siglo XVI. En principio, la vivencia de experiencias místicas que la ponían en éxtasis y relación directa con Dios le hacían escribir lo que escribía. En otras palabras, escribía ella, pero lo hacía iluminada por una experiencia directa con Dios. 

Su relación con Alcalá de Henares tiene que ver con su actividad reformadora de su orden religiosa. La monja sor María de Jesús Yepes conoció a Teresa de Jesús en un palacio de Toledo. Allí ambas entablaron una cierta amistad. María de Jesús se encontraba en Toledo pidiendo al arzobispo poder fundar un convento de la orden carmelita en Alcalá de Henares, y Teresa de Jesús era una de las principales voces de esa orden. El arzobispo concedió la fundación y María Yepes comenzó a crear tal convento a partir de 1563 como Convento de la Imagen, en la calle que recibió el mismo nombre, donde, por cierto, décadas después, será ingresada una hermana de Miguel de Cervantes, la cual será abadesa del mismo. La cosa es que María de Jesús se veía desbordada en la administración y puesta en funcionamiento del convento y las monjas de la orden, por lo que pidió ayuda a Teresa de Jesús en 1567, y esta aceptó ayudar, trasladándose a Alcalá de Henares en 1568 para poner orden entre las monjas del nuevo convento. Esto le llevó sólo unos meses, y ese es el tiempo que estuvo en Alcalá. Unos meses. Ahora bien, hemos de pensar que tuvo algún contacto con personas de la Universidad, pues algunos de los nombres que fueron fundamentales en su vida para la creación de su obra pasaron por estas aulas, como el citado fray Luis de León, que será profesor en la Universidad años después, o incluso san Juan de la Cruz. Sea como sea, sí sabemos que Teresa de Jesús, después de esta actividad reformadora en el Convento de Carmelitas Descalzas del Cristo de  la Imagen de Alcalá de Henares regresó a Alcalá de visita al mismo convento en diferentes ocasiones. Puede que en esas se viera con personalidades de la Universidad. Una de esas ocasiones es citada en 1576, y otra ocasión que citan algunos biógrafos actuales, pero discrepan otros, con lo que no está avalada, es la posibilidad de que en su último año de vida visitara el convento en invierno y fuera aquí donde adquiriera una bronquitis nunca bien curada que fue parte de la causa de su muerte. Esto último no está acreditado aunque algunos lo afirmen.

Evidentemente, a sabiendas de que sus obras se repartían por entonces entre las monjas de su orden, hemos de pensar que en sus visitas también en Alcalá, dentro de su comunidad, se repartieron y se leyeron al menos entre esta comunidad, antes de que, como se ha dicho, se publicaran tras la muerte de Teresa. Ahora bien, citada en estas notas esta autora, ¿qué obra habríamos de destacar relacionada con Alcalá? Es el personaje el relacionado con Alcalá, aunque sea de forma breve. Su autobiografía la comenzó a escribir en 1560 y la dio por totalmente terminada en 1565, así pues no sería esta la obra que podríamos decir, aunque probablemente esta se pudo repartir entre las monjas de La Imagen. Podríamos decir que de haber tenido una obra relacionada con Alcalá, podría ser Camino de perfección, pues la dio por acabada en 1567 y la revisó y mejoró entre ese año y 1569, así pues, es el momento concreto en el que se relaciona y llega a vivir por unos meses en la ciudad. Queda en incógnita si alguno de sus poemas pudo escribirlo o bosquejarlo mientras residió en este convento. Su siguiente obra, Las moradas del castillo interior, no la iniciará hasta 1577. Aunque sabemos que en 1576 hizo una visita a Alcalá, y hubo otras, quien esto escribe ve bien presentarla en estas notas con aquel Camino de perfección.
 
Camino de perfección fue comenzado a escribirse al final de 1564, en Ávila, eso es un dato que está muy claro, la cosa es dónde lo continuó, en diversos lugares, con bastante seguridad, pues fue acabado en 1567 y le llegó a Felipe II, pues se guarda un ejemplar de ese manuscrito en El Escorial. Recordemos que la obra de Teresa de Jesús en vida de esta no se publicó, sólo se distribuyó entre su comunidad religiosa y alguna autoridad. Este libro estaba destinado al Convento de San José de Ávila, pero al irse hablando de él entre las carmelitas, estas le pidieron copia para todos sus conventos, cosa a la que accedió Teresa de Jesús y procedió a ello en Toledo en 1569 haciendo correcciones, ampliaciones y una nueva división en cuarenta y dos capítulos. Fue el único libro que Teresa de Jesús consideró que se debía publicar en imprenta para todo el mundo y preparó de nuevo el libro para este fin en 1579, pero este proyecto fracasó. Tras su muerte en 1582 se publicó por primera vez, pero lo hizo retocado y en un convento carmelita fuera de España, que no del Imperio Español, fue en Portugal, por entonces un reino parte de España. Lo hizo en la ciudad de Évora en 1583 a través del arzobispo Teotonio de Braganza, que lo tituló Tratado que escribió la Madre Teresa de Jesús a las hermanas religiosas de la Orden de Nuestra Señora del Carmen del Monasterio del Señor San José de Ávila. Los obispos españoles vieron en esta obra una obra útil para la espiritualidad de los conventos femeninos y pidieron autorización para publicarlo en España, lo cual sucedió en una segunda edición también retocada, en 1585, era la edición de Salamanca de Gracián de la Madre de Dios, con el impresor Guillermo Foquel, y el libro se llamó Tratado llamado camino de perfección, que escribió para sus monjas la Madre Teresa de Jesús, fundadora de los monasterios de carmelitas descalzas. Este contaba con permiso real de Felipe II, el cual era expresado en sus primeras hojas a través de su secretario Antonio de Eraso. Tenía unas cubiertas de pergamino en blanco, con cierres de tiras de cuero, que daban lugar a unas primeras hojas de cortesía también en blanco, las cuales daban pie a una hoja con un escudo y una inscripción en latín y posteriormente ya la hoja con el título, autoría, impresor y fecha. Una tercera edición se hizo también en 1585 en Salamanca, pero también estaba retocada. La hizo fray Jerónimo de la Madre de Dios con el título Avisos de la Madre Teresa de Jesús para sus monjas.  Quizá por ello las monjas de la orden le fueron facilitando los escritos que ellas tenían de Teresa de Jesús a fray Luis de León, quien estaba ya trabajando en editar para publicar la autobiografía y quien estaba fomentando que se iniciara un proceso de beatificación de la monja. Será él quien publique en torno a 1588 todas las obras de ella. Entre ellas publicó la cuarta edición de Camino de perfección en ese mismo año y en Salamanca. Fray Luis de León ya había pasado por la Universidad de Alcalá como profesor de la Biblia. Lo destacable de esta edición es que Luis de León limpió y cuidó los textos para publicarlos tal cual los había escrito Teresa de Jesús.

El libro, que es una de las cumbres de la literatura mística del Siglo de Oro español, ha sido publicado innumerables veces desde entonces. Quepa decir aquí como edición actual la que hizo la editorial Austral en 2015, comentada y analizada por María Jesús Mancho, profesora en la Universidad de Salamanca, la cual ser reeditó en 2022, aunque Austral lleva publicando diversas ediciones de esta obra desde que era editorial RIALP en 1956. Es quizá la edición más veces consultada en los estudios de Bachillerato y universitarios.

La obra original contenía numerosas tachadura y reelaboraciones por la propia Teresa de Jesús, por lo que fue una obra a la que volvió numerosas veces antes de darla por definitiva. Fray Luis de León tuvo que discernir entre todo aquello cuál fue la voluntad de texto final de la autora. Ella, al texto, para la supuesta edición de 1579, incluyó cuatro avisos para las monjas de su congregación, que en buena parte fueron publicados en las tres primeras ediciones, a veces eliminando buena parte de lo que era realmente la obra en sí. Esto es lo que corrige fray Luis de León, entendiendo la voluntad de la autora como autora y como abadesa reformadora.

En el prólogo inicial de la propia Teresa de Jesús advierte ella que escribe la obra cuando le van llegando noticias de las horribles guerras que provoca la expansión de los luteranos y otros protestantes en Europa, y que, por ser ella mujer y no poder acudir a combatir las herejías, decide combatirlas como puede, que es dando ejemplo de su vida cristiana católica dentro del convento, y que esto lo hace extensible a sus compañeras de sacerdocio. Así mismo, dice, espera que todo lo que escribe para vivir más íntimamente ligadas a Dios, no sea algo que ofenda y vaya contra la Inquisición, pues su deseo no es crear una nueva herejía. Así pues, puede que la propia Teresa de Jesús tuviera alguna duda de cuál era el papel real de la Inquisición en cuanto a custodia de la fe suponía, pues es evidente a lo largo de su vida y otras obras, que ella consideró que su camino hacia Dios era recto y correcto... Insistimos, la hicieron santa.

El estilo de Teresa de Jesús fue muy accesible tanto entre el resto de monjas, como una vez publicada, pues era un estilo basado en el habla sencilla y común de la gente de la época, sin rebuscar en grandes recursos retóricos, ni teológicos, ni literarios. Trataba de guiar en su ejemplo personal y de cómo vivía ella a Dios a sus compañeras. Destacaba mucho lo que las mujeres, en general, monjas o no, sufrían al estar supeditadas a los hombres o al tener los hombres algunas prerrogativas que las mujeres no tenían. Pero más allá de eso defendía la vida sencilla, llegando a decir que Dios anda entre los pucheros (o sea que en el uso de cocinar para otros hay un acto de entrega), pero también sacrificada, no obstante ella comenzó a ir descalza y a imponer el ir descalzas al resto de monjas de la orden como sacrificio y penitencia personal como algo que Dios debía valorar positivamente, en opinión de ella. hace diversas advertencias y recomendaciones a las mujeres de su orden para no desviarse ni perderse en la rectitud del camino debido hacia Dios. En cierto modo es un manual espiritual y teológico. Una guía. 

Hoy día, algunos sectores del feminismo reivindican a Teresa de Jesús como una de las primeras feministas, si bien otra parte del feminismo, así como de los historiadores y filólogos recuerdan que eso es relativo y en algunas afirmaciones escuchadas en lo tiempos más recientes, incierto o falso en el contexto histórico y social en el que se producen algunas de sus obras. Ahora bien, es cierto que fue una figura muy reivindicativa y con capacidad trasformadora que reivindicó al mundo de la mujer en su papel hacia Dios y la familia, pero fundamentalmente defendió la pureza y sinceridad de los actos acordes a lo que se decía creer, y esto vale tanto para la mujer como para el hombre. Habla, en el fondo, de la honradez, tema que era central en el sentir de ser de su familia. La limpieza de la honra. La limpieza de toda mancha. No ofender a los inquisidores implica ser limpios con uno mismo. 

Quizá los inquisidores también necesitaban mirar en su propia honra.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 28 de diciembre de 2024

Meditaciones para religiosos

Título: Meditaciones para religiosos.
Autor: Jorge Mario Bergoglio, actual Papa Francisco I.
Editorial: Ediciones Diego de Torres.
Año de publicación: 1982 (1ª edición -en San Miguel, Argentina-; ampliamente reeditado en todo el mundo desde 2013 por Mensajero Ediciones).
Género: Teología; Religión; Ensayo; Pedagogía.
ISBN: 9500210002

 

Si la anterior semana anotábamos un autor insospechado de entre los autores relacionados con Alcalá de Henares, tal como era el lugarteniente del Cardenal Richelieu, el Cardenal Mazarino, quepa hoy anotar a otro autor insospechado relacionado con Alcalá de Henares, aunque de corta relación, el argentino Jorge Mario Bergoglio, nacido en 1936 y actual Papa católico con el nombre de Francisco, aunque ampliamente conocido como el Papa Francisco I (en realidad lo común es que la numeración primera se ponga cuando exista un segundo y posteriores, pero es habitual por costumbre popular, no tiene porqué oficial, numerarlos como primeros tanto a Papas como a Reyes aún no habiendo todavía sucesores de mismo nombre). Para la gran mayoría de los alcalaínos esto no viene de sorpresa, gracias a la prensa local en 2013, tal vez sí para la gran mayoría de españoles y posiblemente para casi todo el resto del mundo. Aunque en la ciudad cuenta con una estatua y un parque del Papa Juan Pablo II, quien esto escribe cree que el parque municipal con su nombre bien está que tenga su estatua pero estaba mejor con el nombre original de Parque de los Sentidos,  pienso que tarde o temprano contará con algo similar Francisco I, todo lo más porque el Papa actual fue incluso vecino de Alcalá de uno a dos años de prolongación en el tiempo, eso sí, antes de ser Papa, claro está.

Bergoglio nació en Flores, en Argentina, en el citado año de 1936, como hijo de un italiano que emigró de Italia por causa de huir del régimen del gobierno fascista de Mussolini en Italia. Vivió íntimamente ligado a su familia. Fue formado dentro del catolicismo. Trabajó de técnico químico, pero una enfermedad que hizo que le estirparan un trozo de pulmón le llevó  comenzar estudios sacerdotales desde 1957, con 21 años de edad. Comenzó a formarse como sacerdote con los jesuitas de Chile. A mediados de la década de 1960, entre 1964 y 1966, estudió psicología y literatura en Argentina, siendo uno de sus profesores ni más ni menos que Jorge Luis Borges. En 1966 su formación religiosa jesuita, ya en Argentina, se vio ligada al peronismo en su línea más dura de la Guardia de Hierro, que hubo de ser disuelta por las autoridades, sin embargo, su pertenencia a ese grupo influyó en sus ideas católicas, pero también los teólogos de la liberación, a los cuales conoció en sus momentos más plenos, aún cuando influían fuertemente en el inicio del Concilio Vaticano Segundo. Fue en este momento en el que se trasladó a España en 1970 para continuar sus estudios de novicio en el colegio de formación de jesuitas ubicado en Alcalá de Henares. Residió como estudiante religioso entre ese año y 1971. 

La Alcalá de Henares de 1970-1971 era una ciudad en crecimiento demográfico y recuperación cultural cuyo principal motor educativo en ese momento no era tanto el seminario jesuita como la escuela de formación de funcionarios del Estado, ubicado en el actual rectorado de la Universidad de Alcalá, y la por entonces Universidad Laboral. Francisco I llegó a decir en alguna ocasión que incluso, sin ser ordenado aún sacerdote, se echó una "medio novieta" en Alcalá. Sea como sea, de 1972 a 1973 continuó estudios en Las Malvinas argentinas. De 1973 a 1979 fue provincial de los jesuitas en Argentina, cargo desde el que favoreció a la Guardia de Hierro. Durante y tras el golpe de Estado de 1976, que también persiguió a los sacerdotes de la teología de la liberación, cabe para algunos la polémica entre si colaboró pasivamente con el régimen, aunque también es cierto que ayudó a organizar rutas secretas para que huyeran católicos perseguidos. 

Fue escalando puestos y cambiando destinos hasta ser obispo desde 1992, arzobispo desde 1997 y cardenal desde 2001. Tras la muerte de Juan Pablo II en 2005 fue el segundo candidato a Papa más votado, siendo Papa en ese momento Benedicto XVI, quien al renunciar en 2013, facilitó que fuera nombrado Papa desde aquel año, como Francisco. Su pontificado es un pontificado más abierto que el antecesor, dispuesto a conceder mayor comprensión a los homosexuales, divorciados, criticar los abusos sexuales de la Iglesia y otras cuestiones por las que ha sido tachado a menudo de "comunista", cuando en realidad está lejos de serlo y le queda mucho trabajo por hacer tanto, por ejemplo, homosexuales y abusados sexualmente, pues se han filtrado comentarios privados contrarios a los supuestos avances que trata de lograr. Sea como sea, está más en consonancia con la teología de la liberación (de tendencia más a la izquierda y social) que de las ramas netamente conservadoras de la Iglesia. Sin olvidar nunca que la Iglesia católica es precisamente eso: Iglesia, con lo que eso conlleva.

Ha publicado doce libros propios de teología antes de ser Papa, desde 1982 a 2010. Siendo Papa lleva de momento siete libros, de 2013 a 2022, aunque si no me equivoco, quien esto escribe cree que ha leído en prensa este 2024 que prepara una nueva encíclica para 2025. Puesto que es un autor bastante abundante, pero también es verdad que su relación con Alcalá es breve y en sus años de formación, sirva en estas notas para presentarle como autor con relaciones alcalaínas el que fuera su primer libro publicado, el cual, aunque se publicó en 1982, es el libro más cercano en edad y pensamiento al Jorge Bergoglio que vivió en Alcalá como estudiante de seminario jesuita entre 1970 y 1971, hablamos de Meditaciones para religiosos

Meditaciones para religiosos fue publicado cuando Bergoglio tenia ya 46 años de edad, con lo que es un autor tardío. Hemos de pensar que sus muchos años de formación teológica desde 1957 le habría hecho asentar muy plenamente su concepción teológica del catolicismo. Fue publicado en la ciudad argentina de San Miguel en el citado 1982 a través de Ediciones Diego de Torres, en tapa blanda y un diseño de cubierta más propio de la década de 1970, incluso de la de 1960, que de las experimentaciones de la de 1980. Fue reeditado mundialmente y de manera muy amplia cuando fue nombrado Papa en 2013, a través de Mensajero Ediciones, también en tapa blanda y con un diseño más moderno y propio de su década, aunque intentando conservar algo de la esencia de la primera edición a través de sus colores de cubierta.

El libro se dividía en tres partes, "Pláticas", "Ejercicios" y "Ejercicios para superiores". Aunque el libro es teológico, es también un ensayo y un libro pedagógico para ayudar a meditar y formarse a los sacerdotes y a los que ya ostentan jerarquía en la Iglesia. La primera era la más extensa. Trataba de explicar y aclarar la Historia reciente de la Iglesia y cuál es su nuevo camino a partir del Concilio Vaticano Segundo. Marca la fecha de 1974 como una fecha en la que la jerarquía se adaptaría definitivamente a ser una Iglesia social y para la sociedad y trata de aclarar los cambios del mundo y los cambios de la Iglesia como Iglesia abierta y no cerrada. En este sentido, hace mucho hincapié en la explicación de la Iglesia como institución y cómo ha de funcionar como cuerpo para la sociedad. En la segunda parte reflexiona sobre cuestiones que son pilares de la Iglesia, como es la fe, la unción, el papel del sacerdocio femenino, el pecado, etcétera. En la tercera parte profundiza en la figura de Dios desde diversos aspectos, tales como el que crea, el que reprende, el que perdona, el que llama, el que es niño, el que nace, el que es muerte y resurrección y el que es esperanza. 

Se trata de un libro escrito cuando era Provincial de la Compañía de Jesús en Argentina. Evidentemente queda marcado ahí sus propios ejercicios espirituales de la década de 1970, años iniciales del Concilio Vaticano Segundo, de la fuerza de la teología de la liberación, y también en lo que él pasó por el seminario jesuita de Alcalá de Henares. Hace extensivas sus meditaciones a aquellos otros sacerdotes que desean leerlas, ya sea para formarse o para meditar también en torno a sus ideas. Prácticamente es un libro de misión católica para la formación y propagación de una Iglesia abierta. Muchos biógrafos consideran este primer libro como el más fundamental de su obra, pues muchas de las ideas que recoge serán desarrolladas en sus otras obras posteriores y en su propio Papado. Se considera así como la base para entender su pensamiento, pues de él parte el resto que se sustenta de este como si este fueran los pilares.

Quede con esto ya referenciado el nada obvio Francisco I como autor de libros relacionado en cierto modo también con Alcalá.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 18 de mayo de 2024

Biblia Políglota de Amberes o Biblia Regia

Título: Biblia Políglota de Amberes o Biblia Regia.
Autores: Benito Arias Montano; Guy Löfevre de la Baudry; Guillaume Postel; Jan van Gorpe; Franciscus Raphelengius; Johannes Isaac Levita. 
Editor: Felipe II, rey de España, emperador. 
Impresor: Cristóbal Plantin o Plantino; Robert Granion; Guillaume de Beaux. 
Año de publicación: 1572 (1ª edición en Amberes, en el resto del mundo: 1577, ocho volúmenes).
Género: Religión; Teología; Filología.


La Biblia Políglota Complutense aún daría lugar a una obra derivada, la Biblia Políglota de Amberes o Biblia Regia, que se confeccionó entre 1568 y 1572 al cargo de un hebraísta, teólogo, poeta y filólogo extremeño, Benito Arias Montano, que fue uno de los poetas y estudiantes universitarios de la Universidad de Alcalá de Henares. Había nacido en 1528, hijo de un inquisidor. Se formó como bachiller en Sevilla y también allí en sus primeros estudios universitarios de manera erudita. Allí conoció a numerosas personas del humanismo español que acabaron teniendo cargos al servicio de Felipe II cosa que le ayudó a obtener encargos y trabajos futuros del rey. Conoció al poeta Juan de Quirós, que hizo que le gustara la poesía hasta el punto que él mismo se hizo poeta. En 1547 hizo una poesía en torno a la que aparecía en el libro de Salmos de la Biblia. En 1548 se fue a estudiar a Alcalá de Henares, en cuya universidad fue el primer ganador del primer certamen poético que está Universidad comenzó a celebrar y celebró cada año toda su Historia (yo, quien estas notas escribe, gané el certamen de 2001, llamado entonces certamen poético de San Ildefonso, como patrón de la Facultad de Filosofía y Letras, y ganaría el segundo de relato corto en 2004). El paso y estudios filológicos, teológicos y filosóficos por Alcalá sin duda le hicieron conocer en profundidad a Benito Arias Montano la Biblia Políglota ComplutenseSe hizo sacerdote en 1559 y se marchó de asceta a una peña de Huelva. Pero no pudo desarrollarse como tal dadas sus habilidades intelectuales. Sus dotes teológicas hicieron que en 1562 el obispo de Segovia lo llevara al Concilio de Trento. En 1566 Felipe II le hizo su capellán. 

La Biblia Políglota Complutense de Cisneros fue incluida al completo en la Biblia Regia o Biblia Políglota de Amberes, encargada por Felipe II a Benito Arias Montano, que se trasladó a Amberes en 1568 para iniciar el encargo, añadiendo a la Complutense revisiones y una ampliación de sus seis volúmenes a ocho volúmenes, incluyendo traducciones del Tárgum arameo de Jonatán y de la Visión Peshitta siriaca del Nuevo Testamento primigenio original, llamado en un primer momento Escrituras Griegas Cristianas. Benito Arias en ese momento aportó puntuación vocálica usando la revisión de textos traducidos del hebreo que hizo Jacob ben Hayyim, lo que posteriormente ha perdurado en el resto de Biblias elaboradas desde entonces. Ben Hayyim había muerto en 1538. Fue un judío nacido en la Berbería, en Túnez. Fue perseguido por los musulmanes que gobernaban allí, por lo que huyó a la República de Venecia, donde trabajó traduciendo libros sagrados judíos, como el Tárgum. Se convirtió al cristianismo y destacó por mejorar las visiones teológicas de este mediante la revisión y traducción de libros judíos compartidos. Fue influyente su Biblia Hebrea

En esta Biblia Regia participaron teólogos y filólogos holandeses, belgas y franceses, así como místicos. La Inquisición intervino en ella para insistir en la inclusión de diccionarios y glosarios y en que participase Johannes Isaac Levita, un judío converso al catolicismo, para revisar la exactitud de las traducciones hebreas, ya que este era profesor en la Universidad de Lovaina. De hecho esta Biblia Políglota de Amberes estaba muy unida a esa Universidad. Más allá de la intención principalmente teológica y filológica de la de Cisneros, esta aspiraba también a una lectura común en oficios religiosos y gente que supiera alguno de los idiomas que contenía. En todo caso Benito Arias tuvo problemas con la Inquisición, que ahora recelaba de lo que pudiera salir de los erasmistas y el humanismo, pero sobre todo creían que al querer ajustarse a los textos más primigenios del Antiguo Testamento se estaba pretendiendo judaizar el cristianismo. 

Estaba destinada a los dominios españoles en Europa en un momento en el que el protestantismo había avanzado considerablemente y la Contrarreforma ya estaba en marcha de manera formal tras el Concilio de Trento, celebrado entre 1545 y 1563. No olvidemos que Francia misma estaba inmersa en las Guerras de Religión y que Inglaterra también tenía conflictos sangrientos de carácter religioso. Los Estados centroeuropeos no estaban mejor. En treinta años desde el final de esta obra estallaría la Guerra de los Treinta Años, con un alto contenido religioso y participación española mientras los Países Bajos iniciaron su guerra para independizarse de España, también con un elevado contenido de conflicto religioso, guerra en Flandes que, por cierto, ya estaba en marcha con revueltas y rebeliones a partir de los años en los que se terminó esta obra, desde 1568, es lo que provocó que Felipe II mandara a intervenir en esos territorios al Duque de Alba, a Luis de Requesens, a su hermano Juan de Austria, a Alejandro Farnesio y hasta a su propia hermana, entre otros. Fue aquella la Guerra de los Ochenta Años.

Fue impresa por Christoffel Plantijn, o Cristóbal Plantin o Plantino, el cual era un impresor flamenco al que se le atribuyó por error un derecho exclusivo concedido por Felipe II para ser el único que pudiera imprimir textos religiosos en Flandes, quizá como medida de control de que no se imprimieran textos protestantes, pero ese derecho exclusivo en realidad no se había dado. Le supervisó Robert Granion, mientras que las tipografías fueron de Guillaume de Beaux, para mejorar las grafías hebreas. Se acabó de imprimir en 1570, pero las Universidades de París y Lovaina impusieron revisiones que lo retrasaron años y que provocó que intervinieran muchas personas en la revisión de los textos. Felipe II se había impacientado, quería enseñarla al Papa Pío V en Roma y concedió, a través de la gestión de un enviado suyo en conexión con la Inquisición, exoneraciones al texto y responsables que hicieron que se imprimiera para Amberes en 1572. El Papa murió por mala salud en aquel mismo año, de ahí las prisas de Felipe II.

El principal opositor de esta obra fue León de Castro, que fue alumno de la Universidad de Alcalá, en concreto fue el alumno más aventajado de Hernán Núñez de Toledo, "el Pinciano". León de Castro consideró que se pretendía judaizar el cristianismo y cambiar la tradición de la Biblia Vulgata de San Jerónimo, a la que se acogió en buena parte la Complutense y que limpió y esclareció su texto aquel otro grupo de Cisneros, en el que había pertenecido su propio profesor, Hernán Núñez. En 1570 comenzó a atacar a los que trabajaban en la obra y también a otro detractor de la misma obra, Luis de León, con quien discrepaba en puntos de vista de las traducciones. Logró que la Inquisición detuviera a Luis de León. Su problema con Luis de León era parecido al que tuvo con Gaspar de Grajal y Martín Martínez de Cantalapiedra, estos tres eran de la Universidad de Salamanca y todos fueron delatados por León de Castro y detenidos por la Inquisición. Todos habían hecho trabajos sobre los textos de la Biblia Vulgata de San Jerónimo, contradiciendo que la versión de la Políglota de Cisneros estuviera totalmente correcta. León de Castro decía haber trabajado en esa parte cuando fue alumno de Hernán Núñez, el cual se encargó de su revisión desde 1517. Tampoco olvidemos la rivalidad entre Alcalá y Salamanca. Así que, aunque todos eran contrarios a lo que estaba haciendo Benito Arias Montano por considerarle judaizante, a la vez estaban enfrentados entre sí por un lado por la autoría de la revisión y corrección de los textos y por otro por ver quien se desviaba o no del cristianismo al judaísmo, si bien también pudiera haber una rivalidad por cargos universitarios. Además, en el caso de León de Castro, al haber intervenido en la obra de Cisneros, posiblemente se sintió garante de proteger esa obra como obra definitiva sobre estudios de la Biblia, en unas épocas de reforma y Contrarreforma en el que el revisionismo podía ser tan útil como peligroso. A las acusaciones contra todos ellos y a los ataques contra Benito Arias Montano se le sumó a León de Castro el catedrático de Salamanca, donde en esos momentos estaba León de Castro, Bartolomé de Medina, que aseguraba que los nuevos textos daban lugar a dudas, que las dudas daban lugar a opiniones, y que las opiniones, sin ser verdades, permitían que todo fuera verdad, por lo que la mentira se hacía un hueco en la verdad y daba lugar a las herejías. Sin embargo, precisamente el erasmismo que inspiró al equipo de Cisneros trabajó en una versión políglota para despejar dudas, pero evidentemente trabajaban para poder dar herramientas de comparación que permitieran reflexionar, por tanto dudar y generar opiniones que, según ellos, con la limpieza de textos, llevarían a la verdad.  

Por otro lado, pensemos que aunque el Antiguo Testamento es el texto religioso base del judaísmo, que rechaza la parte del Nuevo Testamento, o al menos niegan que JesuCristo fuera el mesías, hijo de Dios, y aunque los cinco primeros libros del Antiguo Testamento componen el Talmud, principal libro religioso judío del que se deriva su sociedad y leyes, hay algunas diferencias entre la versión hebrea y la versión cristiana. Evidentemente la respuesta debería estar en lo que dijeran los textos más primigenios, pero el paso de los siglos y las interpretaciones, así como los Concilios religioso y demás, habían fijado qué textos debían considerarse que debían ser ciertos y por tanto parte del canon religioso cristiano y cuales no, por considerarlos desviaciones de los humanos. Así por ejemplo, en Génesis aparece una guerra entre ángeles y hombres en la versión judía que no aparece en la cristiana. Llevando el asunto a tiempos actuales, la película Noé estrenada en 2014 y dirigida por Darren Anofsky fue polémica o chocó a mucha gente de tradición cristiana, ya sea católica o protestante, porque seguía la versión judía y no la cristiana del Génesis, si bien es cierto que en ese caso también se mezcló lenguaje del espectáculo del cine de grandes producciones de Hollywood.

Como sea, en la obra de Benito Arias Montano participaron también, aparte de los ya mencionados, unos holandeses de pasado judeoconverso, Guy Löfevre de la Baudry, Guillaume Postel, Jan van Gorpe y Franciscus Raphelengius, este era familia política de Plantino. Se quería que el editor fuera Pedro de Fuentidouenhas. León de Castro redobló los ataques de la Inquisición en 1574, pues la obra llevaba imprimiéndose desde 1572 para poder distribuirla fuera de Amberes, mientras esperaba el permiso para esa distribución. Arias Montano fue llamado a Roma, donde tuvo que defender cada parte de la Inquisición y también a los que intervinieron. Fue un proceso de años. Mientras, editores y Felipe II discutían si debía prevalecer el texto hebreo o el latino y las versiones de cada uno. En 1576 un nuevo Papa, Gregorio XIII, favoreció el punto de vista de Felipe II dejando la decisión final a lo que dijera la Inquisición española. Con Juan de Mariana nombrado inquisidor general en España en 1577, año de final de la impresión de todos los ejemplares, se decidió no tocar la Vulgata latina, dejar los textos judíos añadidos, aunque reconociendo que no debían haberse trabajado, pese a que no hubo herejía. Se permitió publicarla en los territorios imperiales pertenecientes a España en el mundo, pero en el resto de Europa debía publicarse diez años después, aunque se exportó. El editor era el propio Felipe II advirtiendo los peligros de leer el Talmud, y prohibiendo leer su parte, aunque se incluía impresa y editada, por tanto disponible para leer pese a la prohibición impresa. Ahora bien, Arias Montano no recibió el dinero regio y los elevados costes le arruinaron. La impresión final contó con mil doscientos trece ejemplares.

Felipe II le trajo de vuelta a su lado para que dirigiese la biblioteca del Monasterio de El Escorial. Allí siguió traduciendo textos religiosos judíos y continuó su trato con poetas destacados. Volvió a tener problemas con la Inquisición por su cercanía al mundo judío en los textos religiosos y se dedicó a textos de biología, donde buscó relaciones directas de plantas y animales con el diluvio. En 1584 renunció a todos sus cargos. Murió en Sevilla en 1598.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 11 de mayo de 2024

Biblia Políglota Complutense

Título: Biblia Políglota Complutense.
Autores: Diego López de Zúñiga; Elio Antonio de Nebrija; Alfonso de Alcalá; Alfonso de Zamora; Pablo Coronel; Demetrio Ducas; Hernán Núñez de Toledo "el Pinciano"; Juan de Vergara; Bartolomé de Castro.
Editor: Cardenal Cisneros como promotor de la Universidad de Alcalá de Henares (1ª edición; por entonces: Universidad Complutense).
Impresor: Arnao Guillén de Brocar.
Año de publicación: 1520 (1ª edición, seis volúmenes).
Género: Religión; Teología; Filología.
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Título: Biblia Políglota Complutense.
Autores: Diego López de Zúñiga; Elio Antonio de Nebrija; Alfonso de Alcalá; Alfonso de Zamora; Pablo Coronel; Demetrio Ducas; Hernán Núñez de Toledo "el Pinciano"; Juan de Vergara; Bartolomé de Castro.
Editorial: Complutense.
Impresor/Distribuidor: Emaus.
Año de publicación: 2006 (1ª edición, seis volúmenes).
Colección: Libros Especiales.
Nº de volumen en la colección: [Sin número].
Género: Religión; Teología; Filología.
EAN: 978-84-74910841

 

La mayor aportación bibliográfica netamente de Alcalá de Henares en el Renacimiento fue la Biblia Políglota Complutense. Fue una obra en varios volúmenes cuya confección ocupó de 1502 a 1517, por lo que está íntimamente ligada al inicio de la Universidad de Alcalá de Henares, por entonces, Universidad Complutense, propiamente así llamada. La Universidad había sido definitivamente fundada por Isabel I y Fernando V (los Reyes Católicos) gracias a las gestiones del Cardenal Cisneros en 1499. Tuvo varios hitos, como ser la primera Universidad que se ideó adaptando a una ciudad entera, o sea: creando lo que hoy día conocemos como una ciudad universitaria. También que buscaban que no sólo accedieran a los estudios los nobles y más pudientes, sino también las clases sociales menos pudientes, por lo que se crearon becas, una innovación en los estudios universitarios. Se quería formar a todas aquellas personas que debían gestionar el Imperio que se estaba creando, aunque destacó en los estudios en leyes, medicina y teología. Así mismo, en estos inicios se dio el caso que buena parte de sus primeros alumnos y profesores fueron comuneros en 1518 a 1521. Sea como sea, cuando Cisneros comenzó el proyecto de la Universidad, también inició otro proyecto a la vez que le era algo totalmente unido: la creación de una Biblia que contuviera un estudio filológico con traducciones literales y exactas de manera crítica que sirviera para su estudio más erudito y su comprensión a todos los niveles. Estamos hablando de una época donde comenzó lo que se llama la reforma religiosa, que daría pie a las ramas cristianas de los protestantes con Lutero, Calvino o los anglicanos entre otros. Estos hicieron una revisión de la interpretación de los textos religiosos que hasta entonces había dado la Iglesia Cristiana Católica Apostólica y Romana. La lectura en latín en misa hacía que a menudo sólo gente de la Iglesia y algunas personas de la alta nobleza entendieran los mensajes, sin bien entre la Iglesia a veces también había grandes lagunas en el conocimiento del latín. Algunas traducciones de los evangelios contenían graves errores que llevaban a interpretaciones equívocas que competían en aceptación con las interpretaciones más abiertas que hicieron algunas corrientes protestantes. En medio de todo esto estaba la crítica al Papado y su vida opulenta en contraste a lo que decían los textos sagrados y una España gobernada por unos reyes que se habían ligado a lo religioso, especialmente Isabel I, tras terminar el proceso de guerras de la Reconquista con la conquista de Granada e iniciar el proceso conquistador y evangelizador primero de las Canarias y luego de América. Cisneros, nada más dar inicio al fin a la Universidad en 1499, comenzó a buscar un equipo de traductores y filólogos, estudiosos de teología, que fueran los mejor preparados para realizar una Biblia Políglota que fuera útil para la defensa del catolicismo y dejar claros los preceptos de los evangelios. Así contrató a una serie de profesores para la Universidad que a la vez serían los investigadores, comentaristas y traductores de esta obra, que dio comienzo en 1502 y acabó de confeccionarse y de imprimirse en 1517, pudiendo verla acabada el Cardenal Cisneros muy poco antes de morir, cinco meses antes, ahora bien, no la vio publicada, pues la primera publicación fue en 1520 porque el Papa no concedió la bula de su publicación hasta ese año.

Aunque su confección empezó en 1502 y acabó en 1517, los trabajos de impresión comenzaron en 1514, con el Nuevo Testamento, y acabaron el mismo año de 1517, con el Antiguo Testamento. También para ello Cisneros buscó al mejor de los impresores, cuyas tipografías fueran claras y precisas. Lo encontró a través de uno de los traductores, Antonio de Nebrija, el cual le recomendó a un famoso impresor con el que solía trabajar, un gallego llamado Arnao Guillén de Brocar, que se trasladó a Alcalá de Henares y se asentó en la calle Libreros, haciendo un trabajo amplio de varias publicaciones en la ciudad que fueron muy destacadas, aunque su obra cumbre fue esta Biblia Políglota, que en inicio tenía permiso de Isabel I para una única edición, aunque ella también murió sin verla acabada, igual que Fernando V. La obra fue creada en seis volúmenes, de los que se editaron seiscientos ejemplares. De todos ellos se han conservado ciento veintitrés, que se sepa. Uno de ellos se conserva en el ayuntamiento de Alcalá de Henares, hay otro propio de la Universidad. La a gran mayoría se destruyeron en un naufragio durante su transporte en barco de España a Holanda. En todo caso, los libros no se pudieron publicar hasta 1520, como se ha dicho, porque alguna copia del Nuevo Testamento impreso en 1514 le debió llegar al humanista y teólogo Erasmo de Róterdam, que tras leerlo elaboró su propia traducción en griego, acabada en 1516, año en el que obtuvo privilegios del Emperador del Sacro Imperio Romano Germano, Maximiliano I (abuelo de Carlos I de España y V de Alemania) y del Papa León X para que sólo se pudiera publicar esa traducción hasta 1520, año en el que ya se pudo publicar la Biblia Políglota, pero no se pudo distribuir hasta 1522, con el desafortunado naufragio que destruyó bastantes ejemplares. Es una obra que ha dado pie a muchos estudios, pero se ha reeditado muy pocas veces, normalmente en ediciones de lujo para coleccionistas. Una de las más recientes fue la creada por la editorial Complutense en 2006 en fac-símil, con cubiertas en piel de cabra y tejuelos de oro, de la cual sacaron mil ejemplares. Hay otras dos reediciones fac-símil previas, una de 1984 y otra de 1987.

Antes de entrar en quienes trabajaron directamente en la obra hay que decir que Erasmo de Róterdam había iniciado su propia revisión y crítica de cómo la Iglesia católica se había relajado respecto a las enseñanzas de la Biblia. Él mismo iba a ser excomulgado como protestante por sus críticas al Papado y las altas jerarquías eclesiásticas, así como por iniciar un proceso mediante el cual acercar a los idiomas vulgares los textos en latín. Sin embargo, tanto los Reyes Católicos como Cisneros simpatizaban con las ideas reformadoras de Erasmo, por lo que presionaron al Papado de todos los modos imaginables para que Erasmo y los erasmistas siguieran su labor. Bien es cierto que los erasmistas, que contaron con muchos españoles como seguidores, no fueron bien vistos décadas después por la Inquisición española, si bien el erasmismo no estaba prohibido ni era protestante, sólo otra corriente de interpretación dentro del catolicismo. Quizá por todo esto le llegó alguna de las primeras impresiones de 1514 a Erasmo, para que la revisara o diera su opinión teológica, pero el resultado fue, como se ha dicho, su propio trabajo de traducción en griego y adelantarse en la publicación impidiendo la de la obra que inicio las traducciones. Sea como sea, el espíritu de Erasmo de Róterdam, del erasmismo, está en la Biblia Políglota, si bien Erasmo no intervino directamente en ella. Sin embargo, en todo este asunto polémico tiene protagonismo Diego López de Zúñiga.

El equipo que seleccionó Cisneros para el proyecto, obviando la participación del ya comentado impresor Brócar, que aportó iluminaciones y todo un trabajo innovador de cajas de texto que no se había visto antes en otros libros, fue liderado por Diego López de Zúñiga, que dirigió los trabajos, junto a Cisneros, aunque Cisneros tenía otras ocupaciones de tipo político, universitario, de inquisidor y de confesor de la reina. Diego López de Zúñiga había nacido en Extremadura en 1460. Era teólogo y experto en griego, latín, hebreo, arameo y árabe. Era de origen noble, había estudiado en Salamanca, pero fue contratado por Cisneros para enseñar lenguas clásicas en Alcalá, donde se doctoró en teología. Era sacerdote, pero no trascendió más en la escala jerárquica de la Iglesia. Se le encomendó dirigir los trabajos de la Biblia Políglota. Cuando en 1514 se acabaron los trabajos del Nuevo Testamento llegaron las noticias de una traducción al griego de Erasmo de Róterdam que le envió sus textos para revisarlos, cosa que se hizo mutua. Sin embargo, Diego López creyó encontrar varios errores en la traducción de Erasmo y elaboró una lista de errores que le entregó a Cisneros, el cual le recomendó a Erasmo no publicar su traducción mientras no arreglara aquello, pero Erasmo dijo que su traducción era la correcta y así comenzó una pelea entre Diego López y Erasmo que duraría el resto de la vida de estos con escritos cruzados contra la obra del otro y que hizo que el propio Diego se trasladara a Roma a trabajar con el Papado. Moriría en Nápoles en 1531. Del mismo modo, como ya se ha comentado también provocó que Erasmo lograra publicar su obra en 1516 e impedir la de la Biblia Políglota hasta 1520.

Para los textos en griego, que era lo que afectó a esta polémica entre Erasmo y Diego López, trabajaron Demetrio Ducas, Juan de Vergara y Hernán Núñez de Toledo "el Pinciano". Demetrio Ducas había nacido en Heraclión, en la República de Venecia, en 1480. Allí trabajó en traducciones clásicas para un famoso impresor, Manucio. Fue contratado por Cisneros en 1512 para enseñar griego en Alcalá y trabajar en la Biblia Políglota. Acabado el proyecto y muerto Cisneros, se fue a Roma en 1518. Ahora bien, su labor se enfrentó a varios problemas materiales que le dieron problemas personales de subsistencia económica. La ausencia de tipografías griegas en España y además de buena calidad, hicieron que él mismo pagara de su bolsillo ejemplares en griego de las traducciones, que compartía con sus alumnos, lo que le estaba dejando sin dinero para cubrir sus propias necesidades. Junto a él trabajó el helenista Juan de Vergara, familiar de varios humanistas hombres y mujeres, el cual había traducido varias obras de Erasmo. Era de familia judeoconversa, había nacido en 1492. Pese a su juventud, fue secretario de Cisneros. Él recibió ayuda en las traducciones de Bartolomé de Castro. Demetrio Ducas debía supervisar todo al finalizar toda la obra, pero abandonó por los problemas citados cuando se acabó el trabajo. Dejó sus labores a Hernán Núñez de Toledo, "el Pinciano".   

Hernán Núñez había nacido en 1478 en Illescas. Estaba considerado como patriarca de los helenistas españoles. Antes de participar en la obra tenía ya mucho reconocimiento con obras propias y traducciones propias. Cisneros le llamó como profesor de la Universidad y fue Demetrio Ducas quien le metió en el proyecto de la Políglota, siendo él quien le sustituyera en los trabajos de revisión como en la cátedra de griego en la Universidad. Entre 1518 y 1519 acabó su labor de revisión. Su trayectoria posterior como autor y como helenista fue en aumento. Murió en Salamanca en 1553, adonde se había ido como profesor después de que en 1523 tuviera problemas en Alcalá por erasmista y por simpatía con los comuneros. No era el único en simpatizar con los comuneros, también lo hizo Juan de Vergara. Como sea, años después, el alumno más aventajado de Hernán Núñez, León de Castro, dijo haber trabajado en la revisión de la Vulgata para la Políglota.

Para la parte en latín trabajó Antonio de Nebrija, del que ya hablamos en su día cuando comentamos su obra también ligada a la Universidad de Alcalá y su periodo como profesor en la misma, Reglas de orthographía en la lengua castellana compuestas por el maestro Antonio de Lebrija, una de las primeras obras que tratan de dar claridad ortográfica a la lengua española. Fue él quien logró que el impresor Brócar estuviera en el proyecto, como se ha dicho. Era el más notable del equipo de trabajo, el más destacado. Su personalidad era un tanto fuerte. Prefería dedicarse a la investigación filológica que a dar clases, lo que hace que su propia hija Francisca diera sus clases por él, si bien de manera oficiosa, no de manera oficial, por lo que no suele figurar como primera profesora de la universidad, aunque lo hiciera en la práctica. Él había sido incorporado al equipo en 1504, y sus trabajos a veces se combinaron con el de cronista oficial de Fernando V desde 1507. Además, entró en varias polémicas con varios miembros del equipo y con otros teólogos por discrepar en la interpretación de la Biblia a costa de sus traducciones. Finalmente, abandonó el equipo antes de acabar la obra, ya que creyó que se le había contratado para que fuese su obra la que debía ser atendida en lugar de que su obra era parte de una obra de trabajo en equipo. No obstante, sus aportaciones fueron valiosas. Trabajó a partir de la Biblia Vulgata escrita por San Jerónimo. Moriría en Alcalá de Henares en 1522, dos años después de la publicación de la Políglota.

Para el hebreo se incorporó a Alfonso de Alcalá. Este era un judío nacido en Alcalá la Real (Jaén) en 1465 que en 1492 se vio en la obligación de convertirse al cristianismo por la orden de expulsión de los judíos de España que hicieron los Reyes Católicos. Era doctor en Leyes y en Medicina, siendo que fue profesor en la Universidad de Salamanca. Fue llamado por el Cardenal Cisneros para que trabajara en las partes hebrea y griega. Tras la muerte del cardenal en 1517 trabajó en la revisión de las partes hebrea, caldea o aramea y latina. Fue la contribución intelectual más importante de su vida, por lo que a veces se le llama "Alfonso el Complutense". Sin embargo, años después hubo de regresar a Salamanca.  Junto a sus labores participaron otros dos judíos conversos, Alfonso de Zamora y Pablo Coronel.

Pablo Coronel había nacido en Segovia en 1480. Aparte de traductor era eclesiástico y orientalista. Trabajó la parte hebrea y la aramea. Regresó a dar lecciones a Salamanca cuando acabó en Alcalá, allí fue condecorado por su labor humanística. Murió en 1534. En tanto que Alfonso de Zamora, nacido en Zamora en 1474, había sido educado en textos religiosos y en el estudio de su lengua hebrea dentro de su religión judía, pero tuvo que exiliarse en 1492 por su condición judía. Regresó a España en 1506 por lo que hubo de convertirse al cristianismo. Eso le transformó en uno de los mayores expertos cristianos del momento sobre judaísmo. En principio trabajó con su familia como zapatero, pero en 1508 intentó ser profesor de lenguas en la Universidad de Salamanca, el proceso cruzó varios problemas y no pudo ser contratado hasta 1510, pero no se le concedió el derecho de enseñanza hasta 1511. Sin embargo, en el verano de 1512 el cardenal Cisneros se lo llevó a la Universidad de Alcalá para enseñar hebreo y arameo. Allí se le encargó la parte aramea de la Biblia Políglota, y revisiones de la hebrea. Principalmente se le dejó al cargo del Antiguo Testamento, especialmente de los libros del Pentatéuco. Tras esos tuvo reconocimiento y una larga trayectoria confrontando textos cristianos con textos judíos. Murió en Zamora en 1544.

Los textos sagrados cristianos originales habían sido escritos en un primer momento en griego, puesto que aunque la actividad de Cristo y los apóstoles se desarrollaría en la actual Palestina-Israel, siendo los apóstoles tras la muerte de Jesús los que lo expanden, el primer foco plenamente cristiano que genera textos es el que crea Pablo de Tarsos en Grecia. Ese texto original en griego fue traducido al arameo y al hebreo, no obstante, los textos bíblicos del Antiguo Testamento estaban en hebreo, por ser la base del judaísmo del que descenderá el cristianismo y el Nuevo Testamento. Estamos hablando de los siglos I y II d.C. (si bien los del Antiguo Testamento son de siglos antes). Para una mejor difusión dentro del Imperio Romano, que contaba con un idioma común, se transmitió el mensaje también en latín, pero el texto bíblico más antiguo en latín que se conoce, llamado Vulgata, por aquello de lengua vulgar (la que hablaba todo el mundo), no será hasta el siglo V, con San Jerónimo. Por lo que hay un proceso de traducciones y traslaciones que podían haber tenido errores y libres interpretaciones desde el origen. Eso era lo que se trataba de corregir.

La obra de seis volúmenes contiene: en el Antiguo Testamento (cuatro volúmenes): texto masrorético hebreo, texto latino de la Vulgata, texto griego de los LXX de la Septuaginta (con traducción latina interlineal), texto arameo del Targum Onquelos, traducción latina del texto arameo; en el Nuevo Testamento (un volumen): texto griego y versión latina de la Vulgata; el último volumen incluye: un vocabulario hebreo-arameo-latino, otro vocabulario greco-latino, una introducción a las gramáticas hebrea y griega y un índice latino. Se trataba de presentar un texto con varias columnas dispuestas de una manera entre alegórica religiosamente y además útil para su estudio y lectura, que recogieran versiones en latín, griego, hebreo y arameo. Buscaban que todas las traducciones se acogieran lo más literalmente posible a los textos más antiguos y completos que tenían, que son los citados Septuaginta, Targum Onquelos y Biblia Vulgata. En concreto, en lo referente al quinto volumen, el del Nuevo Testamento que provocó la polémica con Erasmo, hoy día en revisiones sólo se han hallado cincuenta errores, siendo una de las mejores traducciones de la época.

Esta obra fue incluida al completo para crear la Biblia Regia o Biblia Políglota de Amberes, encargada por Felipe II al humanista español Benito Arias Montano, que se trasladó a Amberes en 1568 para iniciar el encargo, añadiendo a la Complutense revisiones y una ampliación de sus seis volúmenes a ocho volúmenes. Se acabó en 1572. 

Hay que pensar que el catolicismo, aparte de contar en esos momentos previos a la Políglota Complutense con Biblias en latín o griego y otros idiomas transmitidos por copias a veces corruptas o con faltas o con severos errores o con traducciones que distaban mucho del texto original, comenzó a diferenciarse de las corrientes cristianas protestantes, entre otras cosas, porque los textos bíblicos contaban y cuentan con análisis y explicaciones dados y aprobados por el obispo de Roma (el Papa). Estas explicaciones se derivan de su infalibilidad como heredero de San Pedro e interlocutor de Dios en el mundo terrenal, y se suelen fijar comúnmente de las líneas a interpretar el cristianismo de Concilio en Concilio, con aportes de las encíclicas intermedias. Hoy por hoy, las líneas generales de interpretación católica de la Biblia son las fijadas en el Concilio Vaticano Segundo, celebrado entre 1962 y 1965, aunque se convocó en 1959, al que se unen interpretaciones papales posteriores a través de las encíclicas. La Biblia Políglota Complutense es previa a la Contrarreforma fijada formalmente en el Concilio de Trento, convocada para frenar la reforma de los protestantes, pero fue un primer paso desde los erasmistas y desde la iniciativa de Cisneros en España. La de Amberes sin embargo ya sería con el dogma de Trento. Sin embargo, las Biblias protestantes, que varían entre sí en algunas cosas, como por ejemplo en la santidad o no de la Virgen María y los apóstoles, ideas de predestinación y otros asuntos según la corriente, no contenían aportes de interpretación añadidos a los textos bíblicos, dejando a los usuarios lectores su propia reflexión, pero no alejada de la guía de un sacerdote o guía espiritual. Eso hacía que muchas de las Biblias protestantes adelantaran a las católicas en el tiempo en crear traducciones en las lenguas vivas de cada lugar, para facilitar su lectura. Esas Biblias traducidas al idioma de uso común en cada lugar católico aún tardarían un poco en llegar, pero la idea de depurar los textos originales de las versiones más antiguas conservadas a comienzos del siglo XVI y de obtener las traducciones de un texto antiguo a otro de la manera más justa entre sí para alcanzar cual era el sentido real de cada texto original es lo que hace de esta obra un trabajo por esclarecer el mensaje original de manera más exacta, al margen de las interpretaciones del obispo de Roma, aunque, evidentemente, sin evitar explicaciones de este o interpretaciones de manera marginal, sin intervenir en el texto, pero acompañando al texto al pie de página o al margen. Por ello se requirió de un exhaustivo trabajo de contraste, revisión y corrección de numerosas copias conservadas de textos antiguos, que necesitaban de traducciones como material de trabajo para entenderse todo el equipo que trabajaba en el proyecto común, a pesar de las discrepancias de si debía haber traducciones literales o no tan literales para poder ajustarse mejor al mensaje que se pretendía, postura que defendió Nebrija, o bien las discrepancias con Erasmo sobre quién estaba más acertado a la hora de depurar los textos en griego clásico. 

Cisneros ideó esta obra para investigación filológica y teológica, por lo que le interesaba mucho que se imprimieran todos los textos perfectamente depurados y bien estructurados y escritos. Fue posteriormente Benito Arias, quien dijo que ayudó en la obra de Cisneros, el que a esa misma idea le añadió ese interés por aumentar las posibilidades comparativas para ajustar más el mensaje original y para que se pudiera usar también por los no estudiosos, para su uso por creyentes, aunque obviamente cultos o, valga la repetición de la palabra pero con otro significado, para el culto. Con ello se trataba de replicar y contradecir las traducciones a las lenguas vulgares, donde ellos creían que habría traducciones con errores o con interpretaciones libres que se alejaran de los textos de origen. Ahora bien, lo que estaban haciendo los nuevos cristianos protestantes al crear traducciones en las lenguas vulgares del momento, siglo XVI, cosa que copiará el catolicismo unos siglos después, era una idea igual a aquellos cristianos de los primeros siglos que vieron útil pasar a la lengua común, el latín, los textos que en origen estaban en griego, hebreo y arameo.

Esta publicación fue el primer intento intelectual dentro de las reformas religiosas, pero preludio de la Contrarreforma aún por llegar de manera más contundente en aquel siglo XVI, por hacerse eco de las inquietudes reformistas del momento y frenar la ida de devotos del catolicismo. Se trataba de aclarar y volver a una comprensión más acertada de los textos originales y por tanto del mensaje de Cristo. A la vez es una de las publicaciones consideradas más valiosas de los primeros tiempos de la imprenta y del Renacimiento. Sin embargo, hoy día en el siglo XXI, pero desde algo antes, si se compran Biblias de diferente editorial y años encontramos que los textos tienen diferentes traducciones y algunas palabras y sintaxis, bien pensadas, cambian el significado del mensaje entre sí. 


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".