sábado, 29 de enero de 2022

Viaje a la Alcarria

Título: Viaje a la Alcarria.
Autor: Camilo José Cela.
Editor: Revista de Occidente.
Año de publicación: 1948 (1ª edición).
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Título: Viaje a la Alcarria.
Autor: Camilo José Cela.
Editor: Audioclásicos.  
Publicado en formato: Audiolibro en formato informático abierto a público en página web de Internet.
Año de publicación: 2020 (1ª edición sonora del editor Audioclásicos con la voz de Jesús Polvorinos).
Colección: Viajes por España.
Género: Libro de viajes.
ISBN / Depósito Legal / Creative Commons: No consta.

 

El pasado 17 de este mes de enero se produjo el vigésimo aniversario de la muerte de Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura y Premio Cervantes, o don Camilo José Cela como mucha gente le sigue titulando hoy día. Con ese motivo le escribió una carta pública en prensa su última esposa y viuda, Marina Castaño, la cual fue muy polémica al tratar ella de ponerle al día de lo ocurrido en las últimas dos décadas desde un punto de vista muy conservador, muy muy conservador, hasta el punto que incluso defiende del trato recibido por presunta corrupción al rey emérito Juan Carlos I, amigo de Cela, o ataca a amigos de Cela que tras su muerte publicaron o declararon cosas sobre él que no le dejaban en buen lugar, como por ejemplo Umbral. La carta fue replicada por numerosas personas anónimas, conocidas y periodistas tanto en redes de comunicación como en prensa escrita, radio y televisión. Una de las más contundentes fue la publicada por Pablo Elorduy en el periódico El Salto, en otra carta abierta a Cela, esta vez con un punto de vista de izquierda social. No es ningún secreto que Cela es en pleno 2022 objeto de polémica, como lo viene siendo ya no solo desde el día de su muerte en 2002, sino desde algún momento temprano de la Transición política de la dictadura de Franco a la actual monarquía parlamentaria de corte democrática y constitucional, allá entre 1976 y 1978. Ha sido un personaje muy venerado por muchos años, décadas, sobre todo desde que obtuvo el Premio Nobel en 1989 y el Cervantes en 1995, pero claro está que el paso del tiempo nos lo va ofreciendo entre la admiración a una prosa impecable y llena de experimentación y crudeza, la figura humorística por su forma de ser franca y el reconocimiento de su ser más oscuro desde sus postulados franquistas a otras actitudes vitales que en la cultura popular se resumen en la manida frase: "era un buen escritor pero en lo personal era un cabrón, una cosa no quita la otra". Sea como sea, aprovechando ese veinte aniversario de su muerte, en estas notas dejamos constancia de Cela también como escritor que se relacionó con Alcalá de Henares, y a su rebufo Francisco Umbral.

En este caso Cela tiene a Alcalá de Henares en uno de sus libros, aunque, nunca mejor dicho, de paso. Se trata de uno de sus primeros libros, Viaje a la Alcarria, el cual no es una novela, sino un libro de viajes, y hasta cierto punto de memorias suyas en ese viaje. Su título completo era: Viaje a la Alcarria. Las botas de siete leguas. Un libro que escribió y publicó no tanto como libro, sino como una especie de artículo largo en La Revista de Occidente, en 1948, cuando hizo aquel viaje. Ahora bien, la obra tuvo éxito, arrastrada del éxito del propio escritor con otras obras suyas, y fue editado en libro propiamente dicho posteriormente en dos ediciones más que no le convencieron, por lo que cada una de las ediciones tiene variantes sobre el texto y sobre la presentación estética del mismo, lo que no era solo cosa del editor, sino también empeño del autor. Entre ese 1948 y diciembre de 1963 circularon por tanto estas ediciones que para entonces eran el libro con más variantes que jamás había trabajado antes Cela. Habían sido publicadas por Espasa Calpe en Destino. Así por ejemplo le habían añadido versos de un cancionero que siguió Philip Polack, sin introducir aclaraciones del porqué. En la tercera edición se hicieron numerosos cambios y añadidos a la obra original tal como había quedado en la segunda edición, fue la edición de Papeles de Son Armadans, donde Cela trabajó con el artista plástico Jaume Pla para crear no solo un texto depurado por Cela, sino también un texto que visualmente respondiera también a un mensaje de harmonía visual. Jaume hizo cambiar algunos comienzos de los capítulos para que no coincidieran las letras capitales, así como Cela alargó o acortó partes para que los cajones de texto y las líneas quedaran estéticamente bonitas en esa edición. Estaban creando así un libro que no solo lo era por su texto, sino como objeto de culto o de arte. Sin embargo, la relectura de lo terminado y publicado tiempo después hizo que Cela cayera en la cuenta de que no le gustaba el resultado, porque habían prestado un exceso de atención a lo estético del objeto libro y a través de ello habían empeorado partes del texto original que previamente estaban bien expresadas siguiendo lo que y cómo Cela quería decir. Así pues, el autor volvió al original de 1948 publicado en la Revista de Occidente y lo revisó y lo mejoró con aquellas partes de las otras ediciones que Cela juzgó que eran las mejores para quedarse. Así mismo reubicó los versos del cancionero en el lugar correcto a juicio del propio Cela. Por ello en diciembre de 1963 publicó la cuarta edición de esta manera, que para él era la definitiva, que es la que conocemos hoy. Edición que el propio Cela no quería que tuviera demasiadas anotaciones para no entorpecer la lectura, a pesar de que en ediciones críticas posteriores se ha saturado de ellas.

Por todo estos ires y venires quizá el ayuntamiento de Alcalá de Henares cometió el error en 2003 de publicar a través de la Concejalía de Turismo un cuaderno indicando biografías de los autores más famosos que tienen que ver con Alcalá, llamado Alcalá de Henares, la ciudad literaria, donde se indicaba que Viaje a la Alcarria fue publicado en 1952. Aunque alguna de las dos versiones posteriores hubiera sido de esa época, el original se publicó en 1948, y desde luego la cuarta edición, definitiva, fue de diciembre de  1963, casi 1964. Gobernaba la ciudad cuando se publicó tal cuaderno Manuel Peinado, del PSOE.

El libro ha sido publicado numerosas veces en muchas y muy diferentes editoriales, así por ejemplo este libro apareció también en Alfaguara, editorial que fundó el propio Camilo José Cela con su hermano Jorge Cela en 1964, año de ventas de la cuarta edición ya comentada. Sea como sea, como edición moderna para estas notas dejaré anotada la que se ha realizado en audio libro, y no en texto escrito, quizá siguiendo algo que ya comentaba Cela en 1963, no importaba tanto el soporte del texto como la comprensión del mismo texto y su claridad. Los audio libros se han hecho muy populares hoy día donde mucha gente recurre a ellos como la radio moderna, a pesar de ser como los seriales de radio antiguos, dado que cada vez se cede menos tiempo a la lectura de textos largos, en favor de una cultura audiovisual e inmediata donde se hacen varias cosas a la vez. Aunque los audio libros tienen un origen dedicado al público lector ciego o ya muy dificultado para leer con sus propios ojos. Si bien nos podemos remontar a ellos a la década de 1960 y 1970, en discos de vinilo, o bien a los años 1980, en cintas magnéticas y después en disco compacto en los años 1990, son actualmente casi todos de formato digital, a través de Internet y formatos que interactúan con Internet. No obstante, el público lector ciego no llama a esto escuchar libros o prensa o lo que sea que deseen leer, sino que asimilan el verbo leer a este acto, así pues el audiolibro es un acto de lectura, aunque no por los medios convencionalmente tradicionales con la visión. Tengamos esto en cuenta, dado que el diccionario estrictamente aplicado no recogería el acto de escuchar un audio que reproduce oralmente un texto con el acto de leer. Siendo abiertos de mente, personalmente me parece correcto que al menos para la persona impedida de visión se asuma el verbo leer para el acto de escucha de un audiolibro. Yo recojo en este sentido la edición por Internet publicada en 2020 por Audioclásicos en su colección Viajes por España. En cuatro horas y media y con efectos de sonido añadidos brevemente al comienzo, Jesús Polvorinos pone voz a la voz protagonista de Viaje a la Alcarria, escrito en primera persona por Cela, ya que es el propio autor el que viaja, por lo que en parte es también un diario de viaje o unas memorias de ese viaje. Previo al audio la página recoge un texto de Alonso Zamora Vicente de 1962, "Camilo José Cela (acercamiento a un escritor)". Tiene igualmente una cubierta que le diseñaron, donde se ve la ilustración del perfil de Torija, uno de los pueblos de la Alcarria, en Guadalajara, donde se ve la torre del homenaje de su castillo, destruido entre el abandono y la guerra civil, hoy día reconstruida la torre y transformada en Museo del Viaje a la Alcarria.

El original de 1948, por contra, seguía la estética de la propia Revista de Occidente, publicada en Madrid. Una cubierta sobria con el título de la obra en rojo, el resto de textos en negrita, con el clásico búho de la sabiduría, compañero de Atenea, en el centro. Contenía una ilustración y cuarenta y nueve láminas de fotografías en blanco y negro de la Alcarria y sus pueblos, tomadas por Karl Wlasak. También tenía una fotografía de Cela reclinado sobre la lectura de algo que había manuscrito. Estas fotografías se han mantenido en muchas ediciones posteriores, como parte estética de la obra a la que Cela no renunció. Tenía dos citas en la introducción que le añadió en 1964, una de William Cüllen Bryant y otra del Cantar de Mío Cid, en su parte que habla de ir remontando el río Henares hasta Guadalajara. El libro estaba dedicado a Gregorio Marañón, amigo de Cela y vital en sus comienzos literarios y las oportunidades que se le ofrecieron. En una dedicatoria que ocupa una página explica el autor que se lo dedica no como agradecimiento, sino porque sabe que le gustan los libros de viajes y que Marañón nunca va a viajar a la Alcarria, o lo que es lo mismo: a la España profunda, según Cela. En esa misma dedicatoria desvela que ha parado y pasado alguna noche en varios de los lugares por los que pasa, y que fiel a la verdad ha narrado todo lo que le ha ocurrido, pero sin embargo no ha escrito nada, ni ha citado, sobre un pueblo donde el alcalde decidió meterle una noche en el calabozo, donde había un gitano preso que le tomó por artista preso. No explica Cela el porqué se le metió en el calabozo una noche, aunque tal pena parece propia de lo que se llama escándalo público o bien por vagancia, puesto que en aquellos años también eso era motivo de arresto.

Cela de hecho no cuenta todo lo que realmente le ocurrió o hizo en ese viaje a la Alcarria. En el libro se menciona Alcalá de Henares porque le viene de paso con el tren. Habla de lo que vio en la parada de tren. Pareciera que no hubiera bajado en la ciudad. Sin embargo, algunas personas contemporáneas de aquello y ahora sus hijos e hijas, gente mayor, recuerdan aún hoy día que Cela sí paró en Alcalá. Se albergó, dicen en su recuerdo, en la calle San Felipe Neri, en lo que hoy día sería el mesón La Casa Vieja, donde tenía un amigo. Este mismo amigo quizá era también el que antes de la guerra civil lo era de Federico García Lorca, ya que Lorca, cuando pasó por Alcalá se albergó en la misma casa como invitado del dueño, su amigo. Aquella casa, no obstante, fue a comienzos del siglo XX la casa de un pintor medianamente conocido. Algunos recuerdos del paso de Cela por Alcalá van más allá, y dicen que al levantarse por la mañana orinó desde el balcón a la calle, habiendo gente en la calle, pero que no fue molestado por las autoridades por tal hecho que, evidentemente, podía ser catalogado de escándalo y alteración del orden público, sino también de vandalismo. Sea como sea, esto solo ha quedado como recuerdo en varias personas ya fallecidas y hoy repetido por sus familiares, ya mayores, por tanto, al no haber un registro fidedigno, constancia escrita y verificada o verificable, que nos dé certeza total de lo ocurrido, hemos de tratarlo como tradición oral o quien lo prefiera: como rumores.

1948 para Alcalá de Henares es un año un tanto oscuro, aún con muchas heridas abiertas de la guerra civil y de los casi trescientos ejecutados posteriores, más los presos y las torturas o los depurados. En 1947 había explotado por accidente un polvorín en la zona del Zulema y eso llevó a una caza de falsos culpables, con la idea de aniquilar a los opositores a Franco que fueran quedando. Ochenta y dos personas detenidas y ocho fusilados que fueron ejecutados aquel 1948 que Cela pasaba por Alcalá, según su libro. Si Cela bajó en Alcalá y pasó un día y una noche aquí, ya queda comentado, pero vamos a ceñirnos a lo que él dejó reflejado en el libro.

La aparición de Alcalá es breve. Viaje a la Alcarria comienza con el despertar del autor en su casa situada en Madrid, en la calle Alcalá, con la idea de viajar a un lugar muy bonito al que nadie quiere viajar, según él mismo en sus palabras. Se trata de la Alcarria, una región con fama de productora de miel y renombres del Cid y pasados medievales y renacentistas. La España profunda de los pequeños pueblos totalmente alejados de la vida en la ciudad y de la modernidad, de la que el propio Cela alimentaba su estilo de entonces, el tremendismo, la España más oscura. Pero como él mismo dirá, no encontró en aquel viaje ni grandes crímenes, ni embarazos múltiples, ni bestialismo. Sencillez, vidas pobres, amabilidad y generosidad dentro de la miseria, poca miel, que se la llevan los turistas, le escribió a Marañón, y mucha buena comida, aunque en poca cantidad. Indirectamente Cela está hablando de la España del hambre y la pobreza suma, pero además, aquella Alcarria a la que viajaba, la de los campos verdes, el río Henares y los árboles, era la España de Guadalajara cuyos pueblos diez años antes habían protagonizado en la guerra civil una de las batallas más cruentas de resistencia al avance de Franco hacia Madrid. No obstante, uno de sus pueblos de los que habla, Torija, había sido sede de las brigadas internacionales y centro de mando de las operaciones, incluso con presencia de Miguel Hernández, poeta que antes de la guerra había conocido Cela. Otros tantos pueblos por los que pasará serán escenario de la batalla y de una represión brutal, como por ejemplo Brihuega. Todo esto no aparece en el libro, pero evidentemente la gente y los lugares que aparecen en aquel viaje es gente golpeada diez años atrás por todos aquellos acontecimientos. Cela no lo expone, no lo pone en valor, no lo comenta, tampoco es algo que recriminarle, pues Cela durante la guerra se había pasado a la zona de Franco para alistarse como soldado y posteriormente, tras la guerra, en aquellos años de 1940 ejercía de censor, a pesar de que sus primeros libros sufrieron censura, lo que hizo creer a mucha gente que Cela era lo que no era. Cela estaba conforme con lo establecido por Franco. Nunca renunció a su conservadurismo. Colaboraba con ello. Incluso en los años 1950 tuvo un intento de atraer a los exiliados en Venezuela colaborando con la dictadura de allí en publicar una serie de libros que blanquearan u gobierno dictatorial, proyecto que se malogró. También tuvo por idea en la década de 1960 de entrar en los círculos de los exiliados y de los opositores a Franco para incentivar las ventas de sus obras con la idea de que por ese medio estos se transformaran en personas favorables a Franco. Tuvo un ligero distanciamiento del franquismo en los últimos años, pero fue para acercarse al conservadurismo de gente como el ex falangista Dionisio Ridruejo, que ya dijo de Cela que uno de los motivos de su éxito era que Cela cultivó no solo sus textos, sino también el culto y la admiración a su persona. Sin Franco, no es ningún secreto que se identificaba plenamente con la derecha de Alianza Popular, posterior Partido Popular, especialmente de Fraga, a pesar de que jugó a declarar alguna cosa favorable a los nacionalistas gallegos, lo que descolocaba mucho la percepción de la izquierda sobre Cela.

Cela sale de su casa en Madrid y va a la estación de tren de Atocha, donde toma la misma vía de tren que seguimos usando hoy día en 2022. Describe la sociedad que ve en el tren y las poblaciones que va viendo a su paso desde su ventanilla, como Vallecas, Coslada, San Fernando de Henares, Torrejón de Ardoz y Alcalá de Henares. Por supuesto, el viaje prosigue por Meco, Azuqueca de Henares, Guadalajara, donde baja del tren y comienza su viaje por medios y estancias variables del río Henares al río Tajuña, pasando por Brihuega, Torija, luego pasa al río Cifuentes, de ahí al Tajo, a los arroyos Soledad y Empolveda, Casasana, Córcoles, Sacedón, Pastrana y de vuelta a Madrid. Entre esos referentes fluviales, diversos pueblos y aldeas alcarreñas. Hay quien dice que esta obra continúa una tradición de libro de viajes  que se asemeja a la novela como pueda ser la citada obra del Cantar del Mío Cid, o incluso El Quijote. Como sea, es una obra de referencia en los libros de viajes y ha sido imitado por innumerables autores, no solo de la literatura, ya que su viaje implica también un viaje a la gastronomía y una revisión de la España rural. Sirva de ejemplo mencionar al cantautor José Antonio Labordeta. Con este mismo sentido se han establecido hoy día innumerables rutas turísticas desde el senderismo, la bicicleta, la gastronomía, lo rural, la literatura, etcétera.

 La primera cita sobre Alcalá de Henares la hace desde la misma estación  de Atocha, cuando sube a su coche de tren, junto a él observa que suben muchos soldados rasos de caballería con sus petates para ir a Alcalá de Henares, por entonces con varios cuarteles militares establecidos en la ciudad. A partir de ahí comienza su viaje y la descripción de las poblaciones más inmediatas a Madrid, al llegar a Alcalá el tren Cela le dedica un párrafo que recoge lo que pretende ser una forma de ser que denuncia en cierto modo un cierto barbarismo en la sociedad de aquel momento. Ahora bien, en el cuaderno turístico publicado por el ayuntamiento en 2003 se dice que Alcalá solo se menciona en el libro en el siguiente párrafo:

"Por Alcalá de Henares pasa el tren a las tapias del cementerio. Sobre el río flota, como siempre, una tenue neblina. En Alcalá de Henares se apea mucha gente, queda el tren casi vacío: los pescadores que no se echaron abajo en San Fernando, los soldados de caballería, los hombres de la negra visera; las gruesas, tremendas, bigotudas mujeres de las cestas. Una señorita rubia, con aire de llamarse Raquel, o Esperancita, o algo por el estilo, con un peinado lleno de ricitos y de fijador, y un jersey de franjas verdes y coloradas, coquetea con un guardia civil joven que lleva el bigote recortado en forma, como dicen los peluqueros."

En realidad es un falseamiento feo y algo grave por parte de la Concejalía de Turismo de aquel momento, en su deseo de blanquear la realidad y crear una distorsión amable y censurada de lo que realmente se dice, ya que Cela no paró ahí. El párrafo dedicado a Alcalá de Henares vista desde su ventanilla de tren, con el tren parado en la estación, seguía:

"El viajero piensa en el amor. El viajero tiene, en su casa de Madrid, un grabado francés que se titula: L’amour et le printemps . Por el andén pasa un mendigo barbudo recogiendo colillas. Se llama León y lleva unas alpargatas color azul celeste. Un hombre le dice: Ven, León, que te tengo mucho cariño. ¿Quieres un pitillo? Cuando León se le acerca, le da una bofetada que suena como un trallazo. Todos se ríen mientras León, que no ha dicho ni una palabra y que lleva los ojos llenos de lágrimas, como un niño, se marcha silencioso, mirando para el suelo, agachándose de trecho en trecho para recoger una colilla. Desde el final del andén, León vuelve la cabeza. En sus ojos no hay ni cariño ni odio; parecen los ojos de un ciervo disecado, de un buey viejo y sin ilusión. Va sangrando por la nariz."

Y después continuaba su viaje a Meco. El texto de Cela parece cuadrar con algunos testimonios orales que han llegado hasta hoy día con el comportamiento de algunos alcalaínos hacia los más desfavorecidos y hacia los perdedores de la guerra civil nueve años antes. Esto, evidentemente, es una apreciación de quien esto escribe, pues también puede ser el comportamiento de la burla brutal contra el más inocente e indefenso, práctica por muchas décadas presente en el más negro y oscuro sentido del humor de los más capacitados contra los menos capacitados.

Sea como sea, el libro animó a otros autores y gastrónomos posteriores a rehacer el recorrido de Cela en 1948, incluso el propio Cela lo hizo años después, para dar constancia de los cambios de aquella España. Uno de ellos fue un escritor amigo de Cela, Francisco Umbral, quien en agosto de 1963, meses antes de la cuarta edición citada, escribió un reportaje para el número 182 de la revista Mundo Hispánico a raíz de su propio viaje y revisión del viaje de Cela en 1948. Se llamó Nuevo viaje a La Alcarria. Volvió a pasar por donde pasó Cela, y en su visión de 1963 comienza su artículo preguntándole por la geografía de la Alcarria a una niña que le contesta. Le pregunta si el camino que sigue va a Brihuega, o sea: se adentra a la Alcarria, a lo que la niña le saca de su error indicándole que el camino que lleva va a Alcalá de Henares, aunque luego añade que si va todo seguido y pasa de largo, ya llegará. Umbral pasa por Alcalá de Henares, Umbral escribirá de Alcalá en 1963 respecto a lo que escribió Cela en 1948:

"A su paso por Alcalá, el Henares llevaba aguas rojas, como de arrastres arcillosos. En la hermosa plaza de Cervantes, pacíficos vecinos dejan transcurrir el verano a la sombra de los soportales, viendo llegar y pasar a los turistas de los coches largos y de los coches cortos. Alcalá es Alcalá. Un sitio hermoseado, con tanta historia y tan sabido que da casi vergüenza repetirlo ahora, pintan cafeterías Americanas en las esquinas más estratégicas, pero no hay peligro de que el aire  acondicionado de ninguna cafetería vaya a privarle de su propio aire eterno e interno a la cervantina y universitaria ciudad. Aquí, aunque no sea la Alcarria, puede comprarse ya el primer tarrito de miel alcarreña. De modo que si usted no traía alforjas para más viaje, puede darse ya la vuelta hacia Madrid e invitar a miel a sus amistades. Se ahorrará  kilómetros y tiempo. Claro que no es lo mismo, ni mucho menos. Nosotros, en su caso, seguiríamos adelante, saltando las rojas aguas del Henares, en busca de esa nueva fuente de la eterna juventud -como Ponce en la Florida- que es o parece ser la miel convertida en jalea real. A ver qué pasa."

Nos muestra un centro de la ciudad que nos recuerda de manera lejana a la vida de bares y cafeterías actual, turistas incluidos. Ahora bien, si bien la Alcarria es un territorio melero de la provincia de Guadalajara, por el que el río Henares fluye entre otros ríos, Alcalá de Henares, inserto en el valle del Henares, está dentro de lo que se llama también la Pequeña Alcarria, a caballo entre Madrid y Guadalajara y que incluye unas pocas poblaciones que, en otra época, y en contra de la opinión de Umbral, producía entre otras cosas miel, en menor cantidad y con menos fama que la de la Alcarria en sí. Esta tradición en la actualidad quiere ser recuperada por algunas personas, pocas, pero la contaminación, la expansión de los municipios, fábricas y carreteras y la desaparición de algunos  campos floridos y con ellos de las abejas, se hace difícil y se hace deseable planes de protección.

Cela pasó por Alcalá de Henares en más ocasiones que en la de 1948, aunque en parte por ver a alguna amistad que tenía en la ciudad. Con el paso del tiempo y su mayor fama fue dejando de venir. Que no le dieran el Premio Cervantes en un primer momento hizo que cargara contra el Premio Cervantes, la Universidad de Alcalá, el Instituto Cervantes y fue como una afrenta a Alcalá de Henares misma. Tras recibir el Premio Nobel en 1989 el Cervantes tardó en llegar hasta 1995, entonces Cela regresó a Alcalá, a su Universidad y al Paraninfo para recibir el galardón de manos del rey Juan Carlos I y todo lo que dijo en el pasado lo desdijo, y por contra dijo alabanzas de todo aquello a lo que antes ofendió. La vida de Cela, en buena parte fue eso, decir unas cosas, hacer otras, jugar a parecer lo que no era, y polémica. Pero era un escritor bastante insuperable. De él parte la innovación en novela de que esta tampoco debe estar sujeta a normas, por lo que ha de haber experimentación y libertad siempre que haya coherencia en el texto. 

Como sea, su referencia a Alcalá en sus libros queda reflejada en aquel viaje a la Alcarria que hizo en 1948 y sobre el que volvió bastantes veces años después limando y trabajando el texto.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

lunes, 24 de enero de 2022

Alcalá de Henares, siglos de Historia

Título: Alcalá de Henares, siglos de Historia
Autores: Miguel Gómez Andrea (guión, dibujo y color); Eduardo de la Torre (dibujo de escenarios); Pedro López Carcelén (perspectiva de Alcalá, siglos XVI-XVII).
Editor: Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
Año de publicación: 2003 (1ª edición).
Género: Cómic; Historia.
ISBN: 978-84-87914-46-2

 

En 1989 ya existía el antecedente del libro Historia de Alcalá para niños, por iniciativa privada, aunque participaba Modesto Quijada, que aparte de ser el dueño de la ya desaparecida tienda de regalos Capitel, en la calle Mayor, fue concejal por el PSOE. No fue inmediato, pero posteriormente se editaron algunas cosas similares para niños, sobre todo desde que se nombró Patrimonio de la Humanidad a la ciudad, en 1998. La iniciativa más destacada partió del ayuntamiento esta vez, siendo alcalde Manuel Peinado, del PSOE, aunque la iniciativa lo fue más en concreto del primer teniente de alcalde, Luis Suárez Machota, de Izquierda Unida. Se trataba esta vez de un cómic en tamaño folio y a color creado por Miguel Gómez Andrea, a cargo del guión, dibujos y coloreado, Eduardo de la Torre, a cargo del dibujo de los escenarios, y Pedro López Carcelén, para la perspectiva de Alcalá de Henares en los siglos XVI y SVII, aunque a este autor no se le indicó en la portada, sino en páginas interiores, a pesar de que es un autor de prestigio en el cómic español y la cartelería al ilustrar numerosas perspectivas de ciudades, especialmente Madrid. El cómic se llamó Alcalá de Henares. Siglos de Historia. Además tuvo un proceso de documentación histórica al cargo de José María Nogales, director general de los archivos, hemeroteca y bibliotecas públicas de Alcalá de Henares, y Vicente Fernández, profesor de Historia hoy día jubilado que se dedica a la difusión de la Historia y curiosidades de Alcalá, así como que desde 2019 se dedica a la defensa del arbolado de la ciudad. La primera edición se publicó en enero de 2003, a cargo de la Oficina de Comunicación, que estaba controlada por la primera tenencia de alcaldía, o sea por Suárez Machota. Lo editó el ayuntamiento usando los servicios de la imprenta Egraf. 
 
La cubierta del cómic recoge en esencia el eje central de la narración, a pesar de que lo manido de los personajes que aparecen en la promoción turística de la ciudad hace que se perciba que se está ante un producto más sacado para el turismo. Se trata de la presencia de Miguel de Cervantes y el cardenal Cisneros juntos, con la línea del perfil de tejados del centro de la ciudad por atrás. Recoge la esencia de lo que se va a narrar ya que la historia se vertebra a través de una imposible unión en el tiempo de Cervantes y Cisneros, los cuales recorrerán la ciudad cual fantasmas desde su origen más antiguo y unido a Complutum hasta aquella actualidad de 2003. La idea en cierto modo ya había sido creada antes, a través de estatuas vivientes en un relato para adultos de José César Álvarez, premio Ciudad de Alcalá, escrito en torno a la década de 1970 y que recuperó en  2004, un año después de este cómic, en Sonatas complutenses, tal vez sabedor que el relato de este cómic le podía resultar familiar a él. Volvió a recuperarlo en 2016 en el libro Voz de bajo

Sea como sea, a esta cubierta del cómic se le sumaba una contracubierta con varias vistas de las partes altas de edificios históricos muy conocidos de la ciudad. En el interior, en la página de créditos de los autores aparecía a caballo el arzobispo Carrillo, quien volvió a traer los estudios generales a la ciudad, previos a la Universidad de Cisneros, y a la vez quien se postuló primero a favor de la boda secreta de Isabel I y Fernando V de Castilla, II de Aragón ("los Católicos"), y posteriormente a favor de Juana "la Beltraneja" en la Guerra de Sucesión Castellana, que da comienzo al Reino Hispánico, posterior: España. También este personaje resulta vital para la Historia local, no solo para la española, a pesar de que aún teniendo estatua en Alcalá lo habitual es que quede obviado o no mencionado, dando protagonismo total al cardenal Cisneros, partidario de los Reyes Católicos. La ciudad de Alcalá, en todo caso, en aquella década de 1470 en la que se produjo aquella guerra fundacional se decantó del lado de Juana, guiada la ciudad por Carrillo al tener el palacio arzobispal y su archivo.

El cómic está al servicio de mostrar el pasado y la importancia de los edificios y lugares más emblemáticos de la Historia complutense, así como de mostrar a varias de las personas más afamadas de Alcalá. En esta ocasión no se esquivaba ni la Segunda República ni la guerra civil, si bien se resumía prácticamente en los bombardeos sufridos, que destruyeron una gran cantidad de lugares del centro de la ciudad, no se adentraron en los temas que en la ciudad había en cuestión. Tampoco contenía cuestiones sociales más complejas. En todo caso hay que recordar que algunas aún no se habían dado a la luz por varios historiadores, principalmente Vadillo; esto no es exclusivo del siglo XX, tampoco aparecen los avances en conocimientos que hemos tenido en torno a Complutum en estos años, ni el descubrimiento pormenorizado que hizo Tezanos sobre el posicionamiento alcalaíno con los comuneros en 1520-1521. A fin de cuentas, y pese a que estos avances no se conocían en 2003, no dejaba de ser un cómic en origen pensado para jóvenes, aunque es apto para cualquier amante de cómic.

Es evidente que el argumento y las ilustraciones están al servicio de la promoción y de la divulgación de los puntos comunes más tópicos, aunque toquen aspectos que previamente no se habían tocado en obras similares. 

Este cómic destaca sobre todo por sus ilustraciones, especialmente por las localizaciones de la ciudad que se van mostrando. Hay una gran calidad en el reflejo dibujado de edificios, calles y plazas. Sigue una línea de cómic clásico y promocional, pero justamente en lo estático de los escenarios históricos hay una calidad que nos puede producir un deleite a todos aquellos que adoren tanto las artes plásticas como el novenos Arte. 

Fue una iniciativa muy particular no repetida y probablemente muy desconocida por muchos alcalaínos. Su año de publicación, en enero de 2003, coincide con el año electoral de las municipales. La coalición de PSOE-Izquierda Unida perdió las elecciones en primavera, volviendo a gobernar Bartolomé González, del Partido Popular. Una de las razones de la derrota electoral fue la primera peatonalización del centro de la ciudad, la cual levantó una campaña en su contra por parte de casi todos los comerciantes del centro de la ciudad, el propio PP y la prensa local, en esos momentos muy evidentemente a favor del PP en cualquiera de las cuestiones públicas que daban en noticias. Esta peatonalización, pionera y visionaria, fue eliminada por el PP junto a otras iniciativas, como la de este cómic. Los ejemplares editados se siguieron distribuyendo hasta su agotamiento o la decisión de retirada total, por lo que este cómic solo pudo prosperar y estar disponible unos pocos meses iniciales de 2003. 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

martes, 18 de enero de 2022

Historia de Alcalá de Henares para niños

Título: Historia de Alcalá de Henares para niños
Autores: Antonio Marchamalo Sánchez; Aurelio Cabañas, "Yeyo"; y Modesto Quijada.
Editorial: Alpuerto.
Año de publicación: 1989 (1ª edición).
Género: Cómic; Ilustración; Literatura infantil y juvenil; Historia.
ISBN: 978-84-381-0140-2

 

En 1989 gobernaba en Alcalá de Henares Florencio Campos, por el PSOE, y existía un interés pedagógico por fomentar en los niños y jóvenes diversos aspectos sobre la ciudad. En ese contexto se editaron varias ediciones en diferente formato sobre ecología, Historia, parques de la ciudad, infraestructura de la ciudad, etcétera. La Historia local estaba siendo fomentada para la ciudadanía adulta a través de diversas iniciativas, siguiendo la estela de la recuperación de diversos edificios históricos y la mejora del centro de la ciudad gracias a la colaboración con la Universidad de Alcalá de Henares. Quedaba abierto en esos momentos el espacio para trasladar esta Historia a los más jóvenes de la forma más adecuada. Dentro de ese espacio surgió una iniciativa editorial que no partía del ayuntamiento, sino desde lo privado, y que hoy por hoy es un libro clásico y descatalogado, difícil del encontrar pero muy deseado por parte de mucha gente al  considerarse que aquella obra es la mejor obra para enseñar la Historia local a los niños, por más que algunos aspectos ya han sido trascendidos y hay alguna obra posterior más ajustada a la realidad de los nuevos conocimientos que tenemos sobre el pasado complutense. En todo caso esa obra se publicó en 1989 a través de la editorial Alpuerto y se llamó Historia de Alcalá de Henares para niños.

El librito fue rápidamente aceptado por toda la ciudadanía e incluso los colegios se interesaron por él. Se agotó rápidamente e incluso llegó  tener tres ediciones. A pesar de ello, como se ha dicho, el libro está hoy por hoy descatalogado desde hace años, aunque sigue habiendo mucha gente interesada en adquirirlo. Ya no solo se busca para niños y niñas, o bien para recuerdo de la infancia propia, o porque se quiera completar una biblioteca complutense en el propio hogar, también es objeto de búsqueda por parte de bibliófilos. Lo extraño es que no se haya vuelto a reeditar.

Era un libro con páginas amplias, en un tamaño algo mayor al medio folio ligeramente apaisado. Se publicó en tapa blanda, mostrando en la portada un combate a espada en el siglo XVI en la Calle Mayor. El autor del dibujo firmaba como "Yeyo", que era el pseudónimo de un niño de 13 años de edad llamado en realidad Aurelio Cabañas. Este niño fue autor de varios de los personajes de la obra, cuyos dibujos e ilustraciones los completó el adulto Modesto Quijada, he de suponer que en cuanto a los edificios más complejos de pintar para un niño. El texto y la información histórica adaptada para niños los escribió Antonio Marchamalo Sánchéz.

Era un libro muy didáctico y claro que se centraba en los principales hitos históricos de la Historia de Alcalá y la construcción de sus principales edificios, desde una óptica básica y hasta cierto punto algo tópica de lo que se conocía y se fomentaba de la Historia local a fecha de aquel 1989. Parte desde Compluto, origen romano, aunque en realidad el territorio de Alcalá estuvo poblado desde la prehistoria y antes de Compluto existió la población carpetana de Iplacea (celtíbera), y llega hasta la actualidad de aquel 1989, aunque existen saltos muy claros de las etapas históricas menos llamativas y también de las más escabrosas o polémicas. A la altura de ese 1989, por ejemplo, ambas Repúblicas, Restauración borbónica, guerra civil y dictadura, no eran temas en los que se soliese entrar, mucho menos para niños, incluido ese silencio dentro de las lecciones de Historia en general de los temarios de la Enseñanza General Básica en los colegios.

Se recrea evidentemente en las etapas más importantes, como sean las del siglo XVI y XVII. Que un niño participara con sus ilustraciones le daba frescura y agilizaba las narraciones. Sus dibujos arrastraban un poco la guía del texto. Prueba de ello es el duelo a espada de la portada en lugar del sempiterno Cervantes o una enésima fachada de la Universidad. Además, al ser un libro no institucional, los autores pudieron recrearse allá dónde más lo desearon con la libertad de explicarlo como desearon. Es un libro muy bien orientado en lo pedagógico.

Aunque en realidad es un libro de ilustraciones, funciona casi como iun cómic, sin llegar a serlo. Fue una obra pionera en ese intento de acercar la Historia local de manera divertida a los más jóvenes, funcionó y tiempo después se intentó hacer iniciativas con la misma idea, pero ninguna llegó a fructificar tanto como este libro.

Si hay oportunidad de hacerse con un ejemplar, es recomendable no desaprovecharla. Hoy por hoy es uno de los hitos de la bibliografía alcalaína que en el último cuarto del siglo XX buscó crear conciencia de alcalaíno y recuperar un cierto orgullo de Alcalá y un nivel cultural. No hay que olvidar que en la década de 1980 había cierta sensación de que mucha de la gente llegada a la ciudad en las dos décadas anteriores, sobre todo desde la Transición iniciada en 1976, usaba la ciudad como ciudad dormitorio, teniendo sus trabajos en otras localidad, principalmente Madrid, urgía que esa nueva población fuera integrada y se pudiera sentir alcalaína.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 9 de enero de 2022

La orden de las Escuelas Pías en Alcalá de Henares, siglos XIX y XX. [Volúmenes I y II]

Título: La orden de las Escuelas Pías en Alcalá de Henares, siglos XIX y XX. [Volúmenes I y II]. 
Autores: José María San Luciano; Luis Briones Fernández.
Editorial: Domiduca Editores.
Año de publicación: 2021 (1ª edición).
Género: Historia.
ISBN: 978-84-121308-8-1

 

El 3 de diciembre de 2021 Domiduca Libreros presentó otra de las muchas novedades que decidieron publicar en el final de ese año, se trata de La orden de las Escuelas Pías en Alcalá de Henares, siglos XIX y XX, publicado en dos volúmenes físicos y una amplísima base de datos adjunta por vía de Internet. Era una obra investigada y escrita por José María San Luciano y Luis Briones Fernández. Como ya se dijo en estas notas, podría completar el libro que también publicó Domiduca ese mismo mes: El Colegio Calasanz-Escolapias (1904-2004) Un siglo de presencia educativa en Alcalá de Henares, álbum fotográfico, de Pilar Lledó, historiadora bastante amiga de San Luciano, y a quien quizá este le proporcionó buena parte del material que investigó para que sacara adelante aquel otro que bien podría entenderse como un tercer volumen, pero esto es especulación de quien esta nota escribe. No obstante, no es la primera vez que estos dos historiadores, historiadora e historiador, comparten información e incluso se prestan a prologarse libros mutuamente, como por ejemplo en Luces y sombras en tiempo de paz. Alcalá de Henares en la Segunda República (1931-1936), de Pilar Lledó en 2018, también con Domiduca Libreros.

El libro ha sido publicado en dos volúmenes con cubiertas ocres que presentan una fotografía de finales del siglo XIX del Colegio Mayor de San Ildefonso, también conocido como Universidad Cisneriana y Universidad de Alcalá (en realidad es el edificio del rectorado y otras oficinas de la Universidad de Alcalá). Se aprecia en la parte izquierda la ubicación original de la Fuente de los Cuatro Caños y la ausencia del ajardinamiento del siglo XX que, remodelado, continúa en el siglo XXI como jardín y plaza, así como también está ausente la estatua dedicada al cardenal Cisneros, producto de los años finales del XIX. No es baladí que se haya usado esta imagen, pues cuando se tomó la fotografía el edificio ya no era Universidad, sino sede de las Escuelas Pías, de los filipenses. El segundo volumen ilustra su portada con una fotografía de alumnos y profesores dentro del patio mayor de escuelas o también llamado Patio de Santo Tomás de Villanueva a comienzos del siglo XX. Entre ambos volúmenes la investigación ocupa algo más de mil páginas de papel, incluyendo fotografías y otros materiales de apoyo al texto, a los que hay que sumar que en las últimas páginas de cada uno se incluye un código electrónico (un código QR) que al escanearlo con la tecnología debida lleva a una ampliación de la obra en Internet, donde se puede encontrar aún más material de investigación que, de haber sido editado en volumen hubiera ocupado otro ejemplar más o dos, a los que hay que sumar la posibilidad de que la obra de Pilar Lledó podría perfectamente haber sido parte de esta magna y ambiciosa obra por la que Domiduca Libreros apostó cuando su autor principal se la propuso años atrás.

El autor principal no es otro que José María San Luciano, un historiador local que comenzó como historiador aficionado, sin haber cursado el oficio de historiador en la Universidad, con toda la deontología y método que la licenciatura da, más las herramientas más profesionales, que sin embargo ya ha publicado varios libros de Historia ampliamente trabajados en un esfuerzo de esquilmado de fondos de archivo, lo que a menudo da libros muy completos de datos, útiles a la ciudad, al ciudadano y a otros historiadores. Un historiador de Alcalá de Henares a tener en cuenta por mérito propio y por no ejercer de cronista, sino por su labor de ir al documento. La interpretación de los mismos o el cotejo de ellos es otro asunto ya propio de debate entre historiadores, pero San Luciano, sin duda, se esté o no de acuerdo con algunas de las tesis de las que parte a veces, es un historiador al que hay que escuchar, pues su trabajo es un trabajo profesional. El debate entre historiadores es propio del oficio de historiador, es sano y es algo que es lo que hace que avance la Historia por los vericuetos más posibles de aquello que fue o pudo ser, si bien a menudo trabajos tan arduos y exhaustivos como este ya tiene en sí mismo la mayor parte de la información y respuestas posibles. Con este trabajo San Luciano sea ahora mismo posiblemente quien más sabe de las Escuelas Pías en Alcalá de Henares y de su influjo en la ciudad.

Otros libros de San Luciano han sido obras como Azaña, memoria gráfica 1880-1940 (1990, con Vicente Alberto Serrano), El incendio y destrución del Archivo Central. Alcalá de Henares, 1939 (2009), Justicia militar en Camarma de Esteruelas (1939-1943) (2016) y Homenaje a Cisneros (2016, junto a varios historiadores locales más).

El otro autor es Luis Briones Fernández, profesor de la Universidad Complutense de Madrid que cuenta en su haber con otros libros publicados, a menudo en torno a temas económicos y de cambios  sociales, tales como Criterios para diseñar un régimen fiscal que evite el uso de socie (1987), Curso de técnicas tributarias y asesoría fiscal internacional (1995) Planificación de las inversiones españolas en Latinoamérica (2001) o Comunicación institucional y cambio social (2017, junto a otros autores), entre otros. Por cierto que el apellido de este autor, Briones, coincide con el de una familia alcalaína que del siglo XVI al XVIII fue una familia importante y acaudalada a costa de ser de los primeros y principales impresores de la ciudad. Precisamente alguna de sus mujeres llegó a ser abadesa en el Convento de las Bernardas en la ciudad. Ignoro si será coincidencia o si de algún modo es descendiente de alguno de aquellos Briones.

San Luciano comenzó este proyecto años atrás. Personalmente me consta que las primeras versiones del manuscrito original ya estaban en manos de Domiduca Libreros antes del reconocimiento oficial de la pandemia de la Covid-19, en 2019, ya que en aquellas fechas Marcos y Asela, quienes llevan al librería y editorial, necesitaron el favor de que les atendiera la librería y coincidió con que ya entonces se estaba trabajando en la obra. Como quiera que yo también quise sacar adelante mi libro La depuración de maestras y maestros en Alcalá de Henares (1939-1941) con Domiduca, aunque al final lo sacara por mi cuenta en 2021, fui sabiendo que durante el año de la pandemia, 2020, seguía trabajándose arduamente en ampliaciones y correcciones del libro, tanto por parte del autor como por parte de la editorial. En torno al año 2021 esto seguía siendo así hasta que al fin, entre finales de noviembre y comienzos de diciembre se publicó. Así pues, la obra se lleva trabajando como mínimo desde 2019, y teniendo en cuenta que nadie presenta un manuscrito sacado de la nada, por tanto investigado y escrito previamente, podríamos pensar que el libro tiene sus orígenes  tal vez en 2018 o antes. Todo esto, junto a su gran voluminosidad, nos quiere indicar que es la obra más ambiciosa y más trabajada de San Luciano, y probablemente el proyecto editorial de Domiduca Libreros por el que más han apostado en toda su trayectoria, con permiso del libro muy bien trabajado de Retrato de una ciudad. Alcalá de Henares 1899-1966. Album y catálogo de postales, de Sánchez Moltó y publicado por Domiduca en 2008.

La orden de las Escuelas Pías en Alcalá de Henares, siglos XIX y XX se dispone casi como una enciclopedia en sí misma. Contiene la Historia de esta institución en Alcalá de Henares, la orden en sí misma en esta ciudad, biografías de las personas que pasaron por estos centros, cuestiones de los edificios, documentación gráfica, etcétera. Podría haber continuado en su trayectoria por el siglo XXI, pues estas escuelas siguen en activo, como por ejemplo el colegio de San Felipe Neri, en la calle del mismo nombre y adjunto al oratorio de igual nombre en la Plaza del Padre Lecanda, sin embargo, igual que hiciera Pilar Lledó en su libro de Calasanz-Escolapias, decidieron detenerse en el final del siglo XX. Quedaría pues completar esta importante obra con esos veintiún años que de momento van del siglo XXI. Por otro lado, igual que le pasara al libro de Pilar Lledó, el libro no deja de ser una importante obra de Historia pero a la vez un libro de homenaje y reconocimiento a las Escuelas Pías en su labor educativa de referencia en Alcalá de Henares, por lo que le faltaría un contraste más crítico, o autocrítico (no sabría decir quien esto escribe si hay nexos entre San Luciano y los filipenses o los escolapios) de la Historia de las Escuelas Pías en la ciudad de Alcalá. Le faltaría más contrastes de tesis y antítesis para refinar más la puntería de la síntesis a la que llega la obra. En todo caso, una obra tan trabajada y tan profunda ya es en sí misma una investigación de referencia por su gran cantidad de datos aportados. En una Historia general de Alcalá de Henares futura este libro debiera ser consultado, y ya sería cosa de los historiadores que emprendan esa tarea llenar esa fase de reflexión global sobre esta historia de la orden de las Escuelas Pías dentro de la Historia de la ciudad.

Las Escuelas Pías en la ciudad tienen por punto de partida el cierre de la Universidad de Alcalá de Henares o Complutense en 1836 y su traslado a Madrid. A partir de ese momento los edificios universitarios de los siglos XVI a XVIII fueron sufriendo abandono y deterioros, así como usos indebidos como pueda ser el de establos. Varios empresarios se interesaron por ellos. El Colegio Mayor de San Ildefonso sufrió la compra por parte de un empresario para criar gusanos de seda, motivo por el que el patio de Continuos o de Filósofos fue desmontado para crear un jardín. Otros proyectos no llevados a cabo planeaban crear balasto con algunos de los sillares. La indignación de los ciudadanos alcalaíno llevó a una iniciativa ciudadana que fue crear la Sociedad de Condueños en 1851, mediante la cual se reunió dinero para comprar todos esos edificios históricos, los que se pudo, con la finalidad de protegerlos. Ahora bien, el mantenimiento de ellos era costoso y no se tenía muy claro qué se podía hacer con ellos. Esa fue la principal razón por la que la mayor parte fueron alquilados al Ministerio de la Guerra, posterior de Defensa en el último cuarto del siglo XX, y a la Iglesia. Desde aquel 1851 los edificios van siendo cedidos y ocupados por estas dos instituciones según se iban haciendo con ellos. El Colegio Mayor de San Ildefonso era especialmente sensible a la ciudadanía, por lo que el ayuntamiento y la Sociedad de Condueños, al alquilarlo a la Iglesia, procuraron que trajeran a la ciudad un colegio que pudiera impartir no solo enseñanzas de educación primaria, sino también de secundaria, para intentar darle al edificio un uso pedagógico aún y porque la ciudad necesitaba tanto por su amor propio como por sus habitantes una institución así. De ese modo la Iglesia trajo la orden de las Escuelas Pías a Alcalá y su primera ubicación fue en tal edificio. 
 
Con el paso de las décadas, las Escuelas Pías, los filipenses, se irán trasladando de ubicación. Con la llegada de la Segunda República en 1931 y su reforma educativa que dejaba la educación pública en manos del Estado y de carácter laico, reforma que fue parada en 1933 al ganar las elecciones el Partido Radical y la CEDA, estas escuelas salieron del edificio universitario, que fue destinado a otros usos. Por ello ya hay ahí un primer traslado. Actualmente ya sabemos que las Escuelas Pías ocupan edificios en la calle Escritorios, calle de San Felipe Neri, calle Lope de Figueroa y calle de Santiago, ya sea con los escolapios, las escolapias o los filipenses.

Estas escuelas e institutos se transformaron en centros educativos de referencia en la ciudad, especialmente para las familias pudientes y conservadoras. Eran y son centros educativos privados de corte católico. Actualmente, desde 1971, son centros concertados de educación privada y pública donde cabe todo tipo de familias siempre que paguen sus cuotas y estén conformes con una educación dirigida por el ideario y creencias católicas. Siguen siendo centros de importancia y prestigio en la ciudad, si bien desde la década de 1970, con la llegada de nuevo de los colegios públicos laicos muchos hijos e hijas de los alcalaínos han optado por primar su educación dentro de esas escuelas e institutos públicos y laicos. No obstante, las escuelas pías dan un alto servicio y muchas generaciones han pasado y siguen pasando por sus aulas con la aureola de un pasado y un presente no solo de prestigio sino también de largo servicio a la ciudad en la educación más básica.

Un personaje de referencia histórica ligado a estas escuelas es el sacerdote conocido como padre Lecanda, que vivió entre 1853 y 1939, amigo de Miguel de Unamuno y quien le inspirara a este el personaje del sacerdote en la novela San Manuel Bueno, mártir (1931). Manuel Azaña menciona explícitamente estas escuelas en su ubicación en el Colegio Mayor de San Ildefonso en su novela El jardín de los frailes (1926), de corte autobiográfico, ya que él fue brevemente alumno escolar de ese centro antes de que sus padres le llevaran a cursar la Secundaria a El Escorial. En el recuerdo de Azaña se habla de una educación de estilo puramente escolástico y ligado a la teología, sin apenas concesiones a las nuevas formas educativas y conocimientos que se iban dando fuera de España. Habla además de una educación que parecía casi de cuartel a base de una normativa muy ligada a lo jerárquico y al orden. 

Sea como sea, es innegable que el servicio educativo de las Escuelas Pías en Alcalá es parte de la Historia de la ciudad y está ligado a rellenar ese vacío que dejó la pérdida de la Universidad. Para muchas familias que no podían costearse mandar a un hijo a estudiar fuera de la ciudad, aunque fueran familias pudientes, o bien a aquellas familias que buscaban medrar en cargos en Alcalá, esta institución era la posibilidad de adquirir los conocimientos y las relaciones sociales futuras que más necesitaban. Evidentemente hay un antes y un después de estas escuelas tras la proclamación de la República en 1931, como también lo hay tras el final de la guerra civil en 1939 y la instauración de una dictadura en inicio fascista o profascista y posteriormente ultranacionalista y ultracatólica. Es evidente que esta institución educativa, por su carácter católico y conservador, fueron primadas por la dictadura y que socialmente además se las veía como una ventaja social y educativa desde la que podrían partir los hijos e hijas de determinadas familias que se podían permitir mandarle a estudiar allí, a fin de cuentas centros de estudio de pago. Este hecho se une en Alcalá al prestigio de estos centros por haber estado en activo desde el siglo XIX. En 1970 la propia dictadura, a través de su ministro de Educación, Villar Palasí, aprobó la Ley Orgánica General de Educación (LOGSE), que daría pie a la Educación General Básica (EGB), al Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) y la Formación Profesional (FP). Esa reforma educativa dio pie al fomento de escuelas e institutos públicos, así como a que la educación privada comenzara a pasar a ser concertada, esto es en colaboración con la educación pública, aunque el gobierno de Franco nunca dejó del todo la educación en las manos únicas de la Iglesia, hubo diversos medios para controlar qué se enseñaba. Con la muerte de Franco en 1975 y el proceso de la Transición a la actual monarquía parlamentaria, basada en la democracia y que asienta la Constitución de 1978, todo aquellos colegios e institutos públicos fueron adquiriendo una educación netamente laica, aunque conservaba una asignatura de religión, que a lo largo de los años hasta la actualidad ha saltado diversas veces de ser obligatoria a opcional. Todo esto afecta a los centros educativos religiosos como las Escuelas Pías. En el caso de Alcalá de Henares nunca perdieron su prestigio, si bien ganaron en democratización, en diversidad del tipo de alumnado y su origen social e ideológico, y en avances en la metodología y temario en el que educar. También es cierto, como se ha dicho, que muchas familias optaron cada vez más por colegios públicos laicos, pero las Escuelas Pías al gozar de su prestigio social mencionado, el cual se une en algunas familias en una mentalidad de sentirse más alcalaínos por estudiar en estos centros, cosa que es debatible y cuestionable, nunca sufrieron una crisis de falta de alumnado. Son unos centros por los que han pasado una gran mayoría de alcalaínos y parte de la Historia de la ciudad. 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 2 de enero de 2022

El Colegio Calasanz-Escolapias (1904-2004) Un siglo de presencia educativa en Alcalá de Henares, álbum fotográfico

Título: El Colegio Calasanz-Escolapias (1904-2004) Un siglo de presencia educativa en Alcalá de Henares, álbum fotográfico.
Autora: Pilar Lledó Collada.
Editorial: Domiduca Editores.
Año de publicación: 2021 (1ª edición; introducción de Rosa Carmona Elizalde).
Género: Historia; Fotografía.
ISBN: 978-84-121308-9-8

Domiduca Libreros publicó una gran cantidad de títulos nuevos hacia los últimos meses del año 2021. Uno de ellos es un libro de Historia que además compila una gran cantidad de fotografías relacionadas con su temática. Se trata de El Colegio Calasanz-Escolapias (1904-2004) Un siglo de presencia educativa en Alcalá de Henares, álbum fotográfico, escrito por la historiadora Pilar Lledó Collada. En cierto modo este libro completaría otro título de otro historiador local que también fue editado por Domiduca, La orden de las Escuelas Pías en Alcalá de Henares (siglos XIX y XX), por José María San Luciano, en dos volúmenes. Estos dos libros tratan a fondo estas instituciones educativas de primera y segunda enseñanza en la ciudad, desde la educación privada y religiosa católica. Tuvieron una importancia en la vida formativa de Alcalá desde el cierre de la Universidad y su traslado a Madrid en 1836.  En todo caso hoy hablamos del libro de Pilar Lledó, dedicado en concreto al Colegio Calasanz-Escolapias, abierto en 1904, y trata la autora todo su periodo del siglo XX, hasta 2004, aunque hay que recordar que tal colegio sigue en activo hoy día en la ciudad, por lo que el libro podría haber completado su Historia tratando también estos veintiún años que van del siglo XXI. Pilar Lledó afinó su relato al siglo XX, siglo en el que este colegio tuvo varios hitos en la historia local, como por ejemplo la educación femenina, aunque fuera con preceptos católicos, o cómo le afectó la política de la laicidad de la educación durante la Segunda República en la década de 1930. Durante la etapa de la dictadura de Franco fue un centro educativo de referencia para mucha alcalaína, aunque con la década de 1970 especialmente y con la Transición a la actual monarquía parlamentaria de corte democrático, la llegada de colegios públicos laicos hicieron que los colegios religiosos históricos de la ciudad, como este de Calasanz-Escolapias, perdieran cierto papel protagonista en la educación, aunque sigan siendo colegios de referencia.
 
El Colegio Calasanz-Escolapias ha tenido su ubicación más emblemática en la calle Santiago en el edificio que fue la casa, casi palacete, de Laurent, fotógrafo francés a caballo entre los siglos XIX y XX que residió en Alcalá una temporada para fotografiar obras públicas que significaban la modernidad, como son las de ferrocarriles o canales de agua. Sería más famoso por sus fotografías de la construcción de la Torre Eiffel en París. Aportó al edificio una escalera de gran valor artístico que hace que el colegio también cobre importancia por su arquitectura. 
 
Este colegio, como ya se ha anotado, tiene una importancia en la educación femenina de la ciudad, si bien por su carácter privado y por su carácter católico desde 1904, accedían a él familias conservadoras y de cierto nivel adquisitivo bastante pudiente. Azaña en sus escritos alguna vez hizo referencia a los colegios religiosos de la ciudad en su infancia, confirmando ese carácter del tipo de familias que tenían acceso a estas escuelas. En todo caso el colegio en evolución con la Historia de la ciudad está abierto a todo tipo de familias, si bien su carácter de educación privada concertada con la educación pública hoy día desde 1971 hace que sus aulas sean más accesibles a familias de todo tipo siempre y cuando puedan cumplir con los pagos propios de la educación concertada.
 
El libro, en tapa blanda y con una fotografía de alumnas de mediados del siglo XX, fue presentado el 27 de diciembre en el Parador Nacional de la calle Colegios. Pilar Lledó va completando así su interés historiográfico por dar luz a la Historia alcalaína en los tiempos contemporáneos y actuales, así como ilumina la Historia de la mujer en la ciudad. El libro además se transforma en un documento innovador que da testimonio de la trayectoria de este colegio, así como lo documenta con imágenes, dando caras a monjas que se dedicaron a la educación, alumnas y formas de educar. Quizá quepa pensar si podría haberse completado con una visión incluso crítica, pero el libro es también homenaje al Calasanz-Escolapias, centro educativo por donde han pasado numerosas generaciones de alcalaínos, por lo que cumple una doble función de libro de Historia y de libro de homenaje.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".