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viernes, 6 de septiembre de 2019

Las horas afiladas


Título: Las horas afiladas
Autor: José Pejó Vernis. 
Edita: Ayuntamiento de Mora.
Imprenta: Industrias Gráficas Rafael.
Año de publicación: 2014 (1ª edición).
Género: Poesía. Ilustración.
Depóstio Legal: TO 287-2014

De entre los libros que publicó José Pejó está Las horas afiladas, ganador en 2014 del XXXIX Certamen de Poesía "Rafael Fernández Pombo", convocado por el ayuntamiento de Mora, tierra de olivos, en la provincia de Toledo. El librito en realidad fue publicado en formato tipo cuadernillo, con cubiertas de cartulina gruesa y grapado en caballete. Contenía además diversas ilustraciones en tinta negra, sin escala de grises, producto de la creación de Emilyblue, que era además quien maquetó el poemario.

Se trataba de diecinueve poemas recogidos en cuarenta y una páginas, combinados con las ilustraciones citadas. Eran poemas breves, el más largo llega a veintidós versos, pero por lo general rondan los diez versos o menos. Muchos de ellos están presentados en la misma página por otros poemas aún más breves, por lo general de dos versos, aunque también había presentaciones de cuatro versos.

Estamos ante la obra quizá de cariz más nihilista de Pejó. Los poemas giran en torno a la vida. Pejó dota a la vida con el sentido de lo único existente más allá de las personas. El tiempo y la muerte aparecen y en el conjunto de todos los poemas parece que se nos indica que son la nada, reforzándose una y otra vez la vida y como valor único a celebrar en cada existencia. Ya en el primer poema hay una primera declaración rotunda de nihilismo, tal vez de agnosticismo. Desde luego hay en él cierto aire de desengaño y de afirmación de haber llegado a una conclusión sobre lo que nos hace estar aquí y por tanto lo que hay que atender.

La niña con pañuelo palestino y crucifijo
no resuelve el problema en la oración.
Se sube al autobús.
De pronto, cierra el cielo de sus ojos.
Cierro yo, al mismo tiempo,
los míos para verla en un poema
y no espero encontrar, cuando los abra,
ningún dios, en concreto, sólo a ella.

No es la temática general más habitual de Pejó, pero en este poemario alcanza a través de ella un alto nivel de perfección en su estilo. Pejó pudo estar reflexionando sobre el sentido de la existencia durante la composición de este poemario, ligándolo íntimamente a ese descreimiento que se nos presenta no como conflicto abierto, sino como serena conclusión y paz interior de aceptar el vacío existencial. Nos lo expresa además sin caer en profundas reflexiones filosóficas, como hacía Unamuno en sus poemas de comienzos del siglo XX, sino que lo hila en fino lenguaje netamente poético y alcanzable por cualquier lector.

(...)
El río sigue río en cada cambio
de civilizaciones, su poema es el agua,
y sus versos, al hilo de una ruta,
describen la realidad de su presente.
(...)

El poema donde más palpable se hacen estas ideas es el llamado "El hecho de nacer".

El hecho de nacer, el de inducir 
agua fértil en un cuerpo sediento
es surgir a la vida en tierra seca,
mientras la muerte viaja en otro tren,
hasta la última paz, polvo de estrella.

En la continuidad de este milagro,
ser pájaro, ser hombre, ser libélula
o ser escorpión es aprender a vivir tu propia vida.

Alumbraré otros versos donde me reconozca.
Tengo el candado abierto, un ideal
en mi mente de hierro, y un sueño como asilo.

Y todavía, en esta constante reafirmación de que la única verdad es la vida en sí, escribe en otro poema: "La primavera, aún no siendo la misma, / volverá, como siempre".  En otro poema iniciará con estos versos: "El aliento de vida es un concepto / con alma que nos hace independientes, / y hace al hombre rodar imprevisible". Aún así, Pejó proclama como poeta su deseo y afirmación de vivir y de que la vida se perpetúe de ser a ser. "La idea de uno mismo sale afuera / con su delirio y prende en los demás", escribe.

En cierto ya había rozado la temática existencialista en los poemas de su libro Un pañuelo bordado y un cuento de luz publicado el año anterior. Sin embargo la perfección la alcanza en este otro de Las horas afiladas. Se nota en este libro que el autor interiorizó poéticamente una preocupación por este tema durante un largo periodo, pero se lanza a escribir sobre él justo cuando tiene resuelta su posición ante un posible nihilismo de la existencia: el disfrute de la vida. Así pues no lo presenta como problema o como angustia, sino que lo plantea y lo resuelve. Para el gusto de quien esto reseña quizá se podría decir que es la mejor de sus obras. Lástima que se tratara de una edición humilde y de poca difusión. Ahora bien, es evidente que esta obra es diferente al del resto de su trayectoria.

Ante un libro como este, es evidente que cada hora está afilada y es cortante y determinante. Su título es fiel metáfora de lo que el poemario trata de decirnos. Mientras se esté vivo, todas las horas cuentan, y todas las horas al pasar han sido vitales. Cada hora es existencia.

Pejó estaba a cuatro años de su muerte, quizá a tres años y meses. En 2016, dos años o año y pico después de este libro, escribirá La soledad del aire, y, tal como nos anotó José Antonio Olmedo en su reseña, aún estaba en él una reflexión poética existencialista. Para entonces escribirá versos como: "a veces, te tropiezas con otro que no sabes, / y en él te identificas", o bien: "Cultivar el fulgor, amar el reto / de la magia, ser fiel a lo vivido / y dibujar un sueño en un boceto". Con lo cual, hemos de pensar que Pejó siguió interiorizando hasta cierto punto reflexiones existencialistas. La conclusión alcanzada en Las horas afiladas no sería la definitiva, pues en aquel otro libro de La soledad del aire ya vemos como reafirma su existencia identificándose o bien con construcciones que ha hecho de sí mismo mediante la escritura o bien en otras vidas (ficticias o reales), pero ante todo, ante la suma del tiempo vivido, se reafirma a sí mismo proclamando que hay que ser "fiel a lo vivido". Lo que nos hace únicos en nuestro pensamiento y acciones es lo que nos hace ser. Podríamos entender que el poeta consideró en 2016 que volverse atrás después del tiempo vivido acumulado sería una traición a la propia existencia. Pero pensemos que ya en 2014, en el citado poema "El hecho de nacer" podemos leer en sus últimos versos cómo el autor afirma que puede reconocerse a sí mismo en versos diferentes que pueda crear y dice "Alumbraré otros versos donde me reconozca". Por lo que existencia e identidad están unidas, siendo que la identidad se construiría con las acciones propias a las que ser fiel y con el argumento que de uno mismo uno se construya para sí. Recordemos de nuevo esos versos de "El aliento de vida es un concepto / con alma que nos hace independientes, / y hace al hombre rodar imprevisible".

En todo caso, en los tres últimos poemas de Las horas afiladas Pejó se aproxima a una temática que ya ha tratado en muchos de sus poemarios anteriores, la relación con otra persona como algo que hace cobrar mayor sentido a la vida. El nihilismo que respira este poemario se filtra esta vez en esta temática, pues al declararnos huérfanos a todos y cada uno de nosotros en la existencia, mitiga esta orfandad cuando dos vidas se cruzan y hacen el camino juntas. Es el amor o el cariño lo que hace compartir vidas y con ello mismo hace vivir, por tanto: da sentido a la existencia. No nos deja esta vez explícito si esa relación de amor o cariño es a una persona amada en sentido de pareja, o bien a una madre, padre, hermano, hermana, amistad, mascota, o a quién. En ese sentido, cierro esta reseña con su poema "En un imperceptible parpadeo".

En un imperceptible parpadeo, también
dos almas son capaces de viajar, presintiéndose,
hasta el punto infinito donde se unen sus viñas,
resplandecer las dos, con su orfandad,
dibujarse a sí mismas para ser,
amarse, raya a raya, en lo más íntimo,

y no dejar de sorprenderse nunca,

Así son las fronteras de la estima,
esas justas ladronas del querer.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

lunes, 17 de diciembre de 2018

Un pañuelo bordado y un cuento de luz

Título: Un pañuelo bordado y un cuento de luz.
Autor: José Pejó Vernis.
Editorial: Ediciones Cardeñoso.
Año de publicación: 2013 (1ª edición).
Colección: Raíces de Papel.
Nº de volumen en la colección: 8.
Género: Poesía
ISBN: 978-84-8190-743-8

El prolífico poeta y recientemente fallecido José Pejó Vernis nos dejó entre otras obras su propia voz, pensamientos y algunas lecturas de poemas propios, junto a la poetisa Cristina Penalva, en una entrevista que dieron para María del Carmen Aranda en su programa La magia de la palabra. Fue el 17 de septiembre de 2016. Se puede oír a partir del minuto veintiséis en el podcast de ese programa. Desde su fallecimiento el pasado mes de octubre hasta este mes de diciembre se han sucedido diversos actos poéticos de homenaje y recuerdo organizados y coordinados por la propia Cristina Penalva, siendo el más llamativo el celebrado en la sala de conferencias de la Sala de Exposiciones del Antiguo Hospital de Santa María la Rica, de Alcalá de Henares. Diversos poetas y poetisas se han reunido recordando su persona y versos y le han ofrecido cuanta poesía han podido. Desde este espacio veníamos reseñando sus libros desde agosto, siendo reseñado el segundo libro que se reseñó dos días antes de su muerte, cosa que fue coincidencia. Yo, que fue quien escribió aquello, no sabía de su padecimiento. José Antonio Olmedo ofreció su reseña de otro de sus libros tras su muerte, fue la tercera reseña de Pejó por este espacio. Hoy toca hablar de Un pañuelo bordado y un cuento de luz, siendo así ya cuatro los libros reseñados de Pejó en estas notas de los cíclopes libreros. 

Un pañuelo bordado y un cuento de luz fue publicado en 2013 como resultado de ser el poemario ganador del V Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador". Lo editó de forma sencilla Ediciones Cardeñoso dentro de su colección Raíces de Papel, era el libro número ocho de tal colección. Es una encuadernación en rústica de unas 60 páginas y una portada al efecto del título, donde se ve una pintura de un pañuelo blanco que recoge agua en  el que se refleja la luz de la luna llena, algo que nos recuerda a la pintura surrealista.

En cierto modo el poemario se organiza al estilo del famoso libro de Pablo Neruda 20 poemas de amor y una canción desesperada, en este Un pañuelo bordado y un cuento de luz tenemos una primera parte correspondiente al pañuelo bordado compuesta por treinta y ocho poemas, mientras que la parte correspondiente al cuento de luz, a modo de colofón de todos los poemas precedentes, es en principio un extenso único poema de siete páginas cuya temática central gira a la petición infantil de una niña a su padre para que le cuente un cuento. Este último poema es de versos largos y tonalidad de cuento clásico en verso y alegoría. Quizá su tono resulta algo dulzón y con respecto al resto del poemario es difícil comprender cuál es su encaje exacto en el conjunto, ya que su temática y su propuesta de poema narrativo no sigue la misma línea poética de lo anterior, es una clara ruptura y es un claro poema aparentemente destinado a un público joven. 

El grueso del libro son los treinta y ocho poemas de la primera parte. Se trata en general de poemas muy breves de unos tres a cinco versos, y cuando esta cifra de versos se rebasan, estos se reagrupan en estrofas de tres versos o poco más. Además son versos muy breves. Es un claro contraste de los contrarios cuando se llega al largo poema de la segunda parte.

Estos poemas breves son de carácter definitorio. La gran mayoría de ellos giran dentro de la idea de tratar de decir lo que algo es. El verbo "ser" es imprescindible en este poemario. La definición de estados del alma y sensaciones es lo fundamental. A veces se usa de metáforas recreando lugares que nos llevan a la evocación de sensaciones ("Las casas de la orilla son los ojos del mar"), otras veces crea alegorías que remontan a la asociación milenaria de elementos naturales con cuestiones metafísicas de la vida ("El agua es una madre desprovista de hijos, / una insaciable buscadora de algas"), otras veces son secas sentencias ("Morir es una nada en lo perfecto"), casi como lecciones al lector ("No es difícil ser grande"). De este modo el poemario es una especie de lección del poeta al lector, como de un padre a un hijo. Un padre que conoce los caminos de la existencia, al menos los que le han atañido, y los quiere enseñar a sus lectores/hijos, receptores de su lección. Lecciones a través de poesías llenas de metáforas que las transforma en pequeños cuentos para adultos, lo que explicaría en parte el porqué de un último poema largo a modo de cuento, ese sí directamente destinado a una niña y cuya temática viene a explicar que el sentido de la vida fue dar vida.

El paso del tiempo, el sentirse niño y a la vez anciano por el paso del tiempo, es la temática obsesiva de este poemario. No es extraño que sea una especie de lección de vida al lector. Una emocionalidad abierta del poeta para describir cómo percibe que fueron y son las cosas para que el lector / receptor de sus lecciones sepa aprovechar la lección aprendida, pueda saborear lo que la vida da. No son lecciones cerradas, pero son lecciones humanas. El propio Pejó sabe que como poeta tiene esta misión al escribir "El artista es un músculo lampante / con la piel reversible".

Si bien este no fue el último libro de Pejó, es quizá uno de sus libros más existenciales.

El silencio
no arregla los relojes,
de nada serviría

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 28 de octubre de 2018

La soledad del aire

Título: La soledad del aire.
Autor: José Pejó Vernis.
Editorial: Sección de Poesía Ateneo de Córdoba.
Año de publicación: 2016 (1ª edición).
Género: Poesía
ISBN: 978-84-88175-70-0

José Pejó Vernis (Castelldefels, 1952 - Guadalajara, 2018) estudió Arquitectura en la Universidad Politécnica de Valencia y en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Cultiva la poesía en castellano y catalán. Pertenece a la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (AEAE); también, a la Asociación de Escritores de Madrid (AEM). Pejó Vernis es un poeta tardío que a partir del año 2009 comenzó a cosechar premios y publicaciones de poesía, algo que sigue haciendo con frecuencia a día de hoy. La suya, es una trayectoria en ascenso, un compendio poético cual galería de obras trabajadas artesanalmente con especial dedicación a la métrica —e incluso rima— clásica.

Con Un pañuelo bordado y un cuento de luz (Ediciones Cardeñoso, 2013) y Las horas afiladas (Ayuntamiento de Toledo, 2014) demostró una solvencia estética y técnica al alcance de muy pocos. Pejó Vernis es uno de esos poetas que a pesar de haber ganado más de cuarenta premios literarios no recibe la atención y el estudio que merece por parte de editoriales y críticos, la hondura y arquitectura de su obra poética empuja a su divulgación y reconocimiento. Tal vez, el hecho de ser un poeta que se dedica única y exclusivamente a escribir y no participar del intercambio de favores y la mercadotecnia a la que acostumbra el pobre postureo de buena parte del círculo literario, influye en el hecho de su transparencia en los medios.

Con La soledad del aire, Vernis obtuvo el XXX Premio Juan Bernier de Poesía que entrega el Ateneo de Córdoba. Según recogió el acta del jurado, este libro «es una reflexión filosófica sobre la creación poética, con capacidad, además, de crear nuevo lenguaje».

El poemario lo componen cuarenta y nueve poemas titulados que forman un continuo sin divisiones. Excepto uno, todos los poemas comienzan y terminan en la misma página, y por lo general no necesitan más de media hoja para desarrollarse. El yo lírico se expresa en primera persona y utiliza un lenguaje rico y equilibrado en el que encontramos palabras como `espirrisa´, firme candidata a hápax legómenon de su obra completa.

Desde el primer poema, el autor baliza el sendero metalingüístico por el que discurrirá su corriente lírica. Así, en el poema titulado “Escribir”, encontramos un impecable soneto de rima consonante en el que ya demuestra su riqueza léxica y versatilidad de recursos: «Cultivar el fulgor, amar el reto / de la magia, ser fiel a lo vivido / y dibujar un sueño en un boceto»; todo el poema es una perífrasis del acto de escribir, su ritmo y encabalgamientos recuerdan al Quevedo más ágil y certero.

En "En esta cirugía del instinto" el poeta nos habla de la multiplicidad del yo cuando este se somete a ahormar su pensamiento en el lenguaje. Al leer y escribir percibimos y somos realidad de otra manera: «No siempre, en ese adentro, cuando miras, / sabes bien de qué lado estás mirando. / En esta cirugía del instinto, / a veces, te tropiezas con otro que no sabes, / y en él te identificas, / desnudo, en lo que escribes, / o cuando te desnuda, en lo que lees»: endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos se combinan armónicamente en lo que será una tónica formal dominante en el libro.

El símil del poeta y el gusano enfrentados al blanco del vacío, tejedores de un hilo que engarza en su telar pasado y sueño, es acertado en el poema titulado “Metamorfosis”, ya que en toda creación late una transformación que no siempre libera de la forma idealizada: « […] salir de la palabra / como una mariposa y bates alas / y hablas del extramundo, y eso es nuevo / porque el mundo se acaba, exactamente, / donde acaba tu propio pensamiento»; somos en el lenguaje pero este también tiene sus propias limitaciones, por eso el poeta está obligado a romper la gramática y travestir los conceptos y palabras con la aspiración de crear lenguaje.

Relacionar la luz con lo positivo, la oscuridad, con lo negativo, son convenciones gastadas que no tienen porqué seguir connotando lo trillado en un poema. En el poema que lleva por título “La claridad” descubrimos que la luz que ilumina también nos puede cegar y esconder en ella tragedias y oscuridades: «Pero, escucha, la claridad / es un señuelo. / Tras ella aguardan / los puñales de la desolación».

Sucesos biográficos se entreveran con pensamientos, ficción y un sentido del ritmo que destaca entre las floraciones de seudopoetas actuales. Los poemas se adensan cuando pasan de lo metalingüístico a lo humano, hay antropocentrismo, confesión, monólogo interior, interpelaciones al lector y descripción de ideas, nada queda al azar en una contundente ilustración del paisaje interior.

«Un poema es lo mismo / que una caja sin fondo. / Donde metes las manos y no hay nada. / Donde metes los ojos y se llenan de peces». La poesía es la tabla de salvación para quien naufraga en la realidad y su pobreza, la culminación del esfuerzo para los ávidos buscadores de belleza, el orden y el desorden en una habitación donde no hay nada.

Escritura como filosofía, como forma de ser ante el suceso cambiante de la vida, pero también refugio para un alma que no encuentra, que no se encuentra entre yoes y mentiras, entre ajenos enemigos y sí misma; lenguaje como forma de desahogo, como castigo, su insuficiencia conduce a la tragedia pero provoca el milagro, el milagro de la creación en manos de dioses con complejo de hombres.

El mundo mira a Dios,
y Dios, al mundo;
entre ambos, una flecha que hiende la razón
esparce a la sazón sus menudencias.
Recoge la palabra.
Libérate de Dios,
y Dios entrará en ti.

José Pejó Vernis es un claro ejemplo de poeta en el más amplio sentido de la palabra. Creador honesto y comprometido con su obra, su condición de orfebre ejemplifica la grandeza de un amor por la poesía y la palabra que va más allá de tendencias estéticas y farragosas retóricas. Cercano a Ignacio Caparrós por edad y estilo, la poesía de Pejó Vernis no ha dicho su última palabra. Desde aquí reivindico una poética precisa en lo formal y evocadora y limpia en su argumento; los numerosos poemarios inéditos que Pejó Vernis atesora merecen encontrar editores verdaderos.

Reseña escrita por José Antonio Olmedo.
 (Reseña originalmente publicada en "Acrópolis de la palabra".)

sábado, 6 de octubre de 2018

Esta sombra que sangra

Título: Esta sombra que sangra.
Autor: José Pejó Vernis. 
Editorial: El Full.
Año de publicación: 2013 (1ª edición).
Colección: Poesía Ateneo.
Nº de volumen en la colección: 3.
Género: Poesía.
ISBN: 978-84-938876-8-1

Ya habíamos presentado con Geonometrías a José Pejó Vernis en Las notas de los cíclopes libreros, hoy hablaremos del libro que le hizo ganar el XLVIII Certamen Nacional Literario Ateneo Cultural y Mercantil de Onda, Esta sombra que sangra, en 2013. Es uno de sus más de cuarenta premios literarios, la gran mayoría de carácter municipal, como es este caso, el cual es un premio de la localidad de Onda, que se encuentra en la provincia de Castellón, en la Comunidad Valenciana, por lo que la edición corrió a cargo del ateneo cultural de ese ayuntamiento.

Antes de comenzar a comentar el libro, cabe citar otras obras del autor, como aquella Geonometrías, también de 2013, que ya fue reseñada. Hoy cabe nombrar Algo cotidiano (publicado por el ayuntamiento de Navia, en Asturias), El rojo de mis ojos (2010), Desnorditats (2011), L'Ombra fugida (2012) o Un pañuelo bordado y un cuento de luz (2013), entre su basta obra.  Además aparece en varias antologías poéticas, dado sobre todo a que sus citados más de cuarenta premios literarios se reparten por toda España. Entre esos premios aparece el Premio de Poesía José Chacón, de Alcalá de Henares, en 2012, lo que le ata un poco más a esta ciudad, aparte de las relaciones que ya contamos en la anterior ocasión de él, muy dado a aparecer en los recitales complutenses, ya de oyente, ya de recitador. Otros premios suyos aparecen en Barcelona, Madrid, Vigo, Burgos, Cerdanyola del Vallès, Sant Vicenç dels Horts, Esplugues de Llobregat, Tortosa, Lliça de Vall, Taradell, Villafranca de los Caballeros, Cortegana, Villanueva del Pardillo, El Vendrell, etcétera.

La edición era una edición sencilla de cubierta de tapa blanda, con un verde mate que tenía como brochazos de pintura y el escudo del Ateneo de Onda. Estaba en un tamaño de bolsillo de cuarto de hoja, lo que vendría a ser la denominación DIN-A5, con hojas pegadas, no cosidas. En el interior se mostraba una fotografía en primerísimo plano del autor, que sale aparentemente más joven de lo que es, junto a su foto se lee su biografía brevemente y su extensa lista de premios obtenidos hasta la fecha de edición de esa obra. Sólo la lista ocupa cuatro páginas.

En Esta sombra que sangra predominan los sonetos. El libro contiene cuatro partes: "Esta sombra que sangra", "Amor en movimiento", "La mujer que yo digo" y "El señor de la tierra". Este poemario tiene un sentido más íntimo que aquel de Geonomotrías. Su temática lleva un rumbo amoroso que se expresa en actos de la vida cotidiana convertidos en metáforas y símbolos, los cuales apuntan hacia el sentimiento interior del alma del autor. Una de las cualidades de José Pejó es la versatilidad que tiene para dotar a cada una de sus obras de un estilo propio y diferente, sin abandonar la propia voz que el autor ha adquirido a lo largo de los años. No obstante, su bagaje es amplio y su reconocimiento aparece de manera tardía. Si uno ve el año de su nacimiento, 1952, y el año de la primera vez que le premiaron de manera destacada, 2009, nos damos cuenta que es un autor dado a la luz cuando contaba con 57 años de edad. Cuando escribe esta obra en 2013 cuenta con 61 años. Es por tanto también un autor no sólo tardío, sino también maduro por las experiencias en la vida. Sin embargo, entre 2010 y 2014 dará muchos de sus mejores logros traducidos en reconocimientos premiados, es una etapa altamente fructífera para él. Cada una de esas obras tiene su propia expresión, dentro de la voz de él.

La aliteración es una constante leyendo este libro, que parece indicarnos que se ha de leer en susurro, por su continuo siseo. En susurro como las confesiones de los amantes cuando presos de alcanzar la presa de su amor, o de alcanzar ambos el estado que requiere de la intimidad que no necesita de alterar la atención de los demás. La "s" no se nos caerá de la lectura y nos involucrará en una confesión amorosa y cortesana que, de leerla escrita en primera persona, nos hará a nosotros mismos poetas a la conquista de la persona amada.

Adoro la belleza de tus piernas
tanto que desde donde yo me encuentro
trato de hacerlas centro
de miradas explícitas eternas;

esas miradas tiernas
que van conmigo dentro,
y donde llegan ellas, llego y entro
-sin más rutas apócrifas alternas-

de visita -en el lance de mi vista-
hasta tus entrepiernas,
donde pierdo la pista

cuando se hacen las deudas más internas,
ese fuego que siempre me despista,
y que tú ante mis ojos bien gobiernas.

(Poema: Adoro la belleza de tus piernas).



Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

lunes, 20 de agosto de 2018

Geonometrías. Desmesuras arquitectónicas

Título: Geonometrías. Desmesuras arquitectónicas.
Autor: José Pejó Vernis. 
Editor: Ayuntamiento de Lekumberri. 
Año de publicación: 2013 (1ª edición).
Género:  Poesía.
Depósito Legal: NA 2124-2013


José Pejó Vernis nació en Castelldefels (Barcelona) en 1952 y desde hace años vive en el Valle del Henares, en Torrejón del Rey, un pueblecito de la frontera de la provincia de Guadalajara con la de Madrid, a pocos kilómetros de Alcalá de Henares. Aunque cursó en su juventud diferentes estudios en Castellón, Valencia y Madrid, una parte de ellos se desarrollaron en la antigua y desaparecida Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Sus estudios se centraron en maestría industrial técnica y en arquitectura y delineación, pero su alma contiene una alta dosis de poeta. Sus lazos con Alcalá de Henares no son sólo los que ya se han mencionado. No es raro encontrarle por la ciudad, sobre todo en muchos de los recitales de poesía y de los actos culturales. Últimamente se le ve mucho como espectador de otros autores, pero él también recita, como demostró entre el resto de poetas complutenses en la etapa del bar El Laboratorio entre 2015 y 2016, aquel lugar que fue epicentro de los autores de la cultura literaria de esta urbe. En ese aspecto este escritor ayuda a animar la vida cultural de Alcalá. Pertenece a la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (AEAE) y su obra poética, a pesar de no tener una gran campaña que la publicite, está reconocida por más de cuarenta premios literarios de carácter nacional e internacional. A causa de ello tiene publicados una gran cantidad de poemarios.

En los años 2009 a 2013 acumuló un gran número de esos premios literarios. Sólo en 2011 había ganado ocho premios y en 2012, seis. En 2013 tenía tres premios y este, como otros premios anteriores, se materializaron en la publicación de tres libros, cada uno con su poemario ganador. El libro que centra hoy la reseña para presentar por primera vez en Las notas de los cíclopes libreros a José Pejó Vernis es Geonometrías, de ese 2013, publicado por el Ayuntamiento de Lekumberri (Navarra) como resultado de ser la obra ganadora del XVII Premio de poesía Ángel Urrutia Iturbe. El título original se completa en el interior del libro, ya que en la portada sólo se lee Geonometrías. En realidad el título al completo es Geonometrías. Desmesuras arquitectónicas

La edición fue una edición sencilla con cubiertas blandas plastificadas con brillo y solapas interiores donde se indicaba la biografía del autor y las obras y autores que anteriormente habían ganado ese premio desde 1996 y que se encontraban también publicadas por Lekumberri. Además, para ensalzar que el poemario era resultado ganador del XVII premio de poesía Ángel Urrutia Iturbe, abrazaban las cubiertas una faja blanca donde se indicaba este hecho. La cubierta era solemne, con el escudo del municipio convocante sobre fondo de color un crema claro. Comenzaba el libro unas palabras introductorias del autor en versión bilingüe, primero en vasco y luego en castellano. Esta introducción parecía comenzar en prosa pero poco a poco se transforman en versos. Contenía cuarenta y siete poemas.

En palabras del autor en este poemario la idea es crear imágenes y transmitir cómo los versos y la vida surgen por sí solos en quien los escribe y que este pervive porque los lectores lo leen, sin lectores no habría pervivencia, aunque sí transmisión del escritor de sí mismo.

Realmente este poemario crea imágenes claras y espacios imaginarios, sin embargo estás íntimamente unidos a los sentimientos interiores del autor, siendo así un libro que construye el interior del José Pejó a fuerza de crearle espacios en imágenes alegóricas y metafóricas. La gran mayoría de los poemas están construidos en primera persona del singular y se dirigen claramente a una segunda persona, a un tú, a un destinatario. Muchos hacen pensar que a una amada, aunque podrían interpretarse como que interpelan al mismísimo lector como si autor y lector se conocieran y se estuvieran hablando de tú. 

Te tengo inconmovible como prólogo
de cada pensamiento y nunca acabo
de vestir el tejido de tu luz.
(...)

Predominan los poemas largos con versos en métrica mayor, aunque de vez en cuando aparece salpicado un poema muy corto de apenas tres o cuatro versos y métrica menor. 

La tinta roja
discute en el papel
sobre los vértigos
de la palabra esclavo
ante la libertad.

Aparecen poemas claramente de construcción de la vida interior de José Pejó a base de esos espacios imaginados que toman cuerpo de vida y latido.

Con los dedos, mis manos, que son ciegas,
palpan como los ojos, y dibujan
las cosas importantes.

Hoy, señalando el cielo, han recortado
un dibujo de grullas, como hojas de palmera,
y una flecha de plumas, suspendida en el aire
con las alas abiertas, ha volado hacia el sur.

En este poema de repente la solitaria observación de la inmensidad del cielo hace que lo señale con el dedo para describir la forma en flecha de una bandada de aves en emigración. La imagen nos es transmitida de tal manera que es al mismísimo lector a quien  le está señalando el cielo y le marca lo importante, como dice el poema. El significado de esa imagen tiene un peso en el autor que transmite así su alma interior, pero queda abierto a lo que el lector entienda y vea en ello, pues la primera persona de la forma verbal hace que el propio lector se adueñe del dedo del autor para señalar esa bandada, de tal manera que queda abierto el poema para que el lector saque su percepción del mismo. Toma el autor cuerpo de lector y el lector, de autor.

(...)
Descubre en estos versos tu latido
y escúchalo. Después,
enciéndeme en el aire
(...)

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".