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viernes, 31 de mayo de 2024

Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares

Título: Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares.
Autor: Miguel de Portilla y Esquivel.
Editor: Universidad de Alcalá de Henares (1ª edición; por entonces: Universidad Complutense).
Impresor: Joseph Espartosa (impresor de la Universidad de Alcalá, también conocido como José de Espartosa).
Año de publicación: 1725 (1ª edición del primer volumen); 1728 (1ª edición del segundo volumen).
Género: Historia; Crónica. 
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Título: Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares.
Autor: Miguel de Portilla y Esquivel.
Editorial: Old Book Factory (OBF).
Año de publicación: 2003 (1ª edición).
Género: Historia; Crónica.
ISBN: 9788495011732

 

Los Annales complutenses de 1652 eran la mayor referencia en cuanto a una Historia general de Alcalá de Henares. Pero en la primera mitad del siglo XVIII se quedaban desfasados, no sólo porque habían transcurrido tres cuartos de siglo, sino porque habían cambiado muchas cosas tanto en España, como en Europa, como en la propia Alcalá a consecuencia precisamente de esos cambios directos. Para empezar los tiempos más duros de la Contrarreforma religiosa y su mentalidad habían quedado atrás en los siglos XVI y XVII. En España seguía flotando algo de su forma de pensar y se notaba en la existencia aún de la Inquisición, muy dedicada ahora a la censura al servicio del catolicismo y de la monarquía, y se notaba también en unas Universidades monopolizadas por el catolicismo que impedía e incluso condenaba cualquier enseñanza o experimentación que se desviara de los dogmas de fe. Esto no ocurría en las Universidades europeas de carácter protestante. Además, como rémora de la exigencia de limpieza de sangre (una mentalidad antisemita en España que desde 1492 pedía para estar o ejercer en algunas instituciones y cargos ser cristiano viejo, esto es de familia que siempre lo fue, o si se era cristiano nuevo serlo de cinco generaciones seguidas) se pedía precisamente eso para estudiar en las Universidades españolas, pero ya no tenía tanto peso lo antisemita, sino lo nobiliario. Las guerras de religión europeas en las que se implicó España mientras a la vez hacía la guerra a franceses y catalanes en el siglo XVII fueron seguidas por un reinado que, salvo sus primeros años más revueltos, fue más tranquilo, el de Carlos II, pero las incapacidades del propio rey ponía en cierta crisis moral a los propios españoles que en 1700, a la muerte sin descendencia del rey, se abrió una guerra civil llamada Guerra de Sucesión Española, en la que se implicaron otros países europeos. Se prolongó hasta 1715, aunque para 1714 estaba prácticamente finiquitada. Se solventó con la instauración de la rama de los Borbones franceses en el trono español, comenzando con Felipe V, por cierto que para que esto se diera se necesitó que los ingleses se cambiaran de bando en la guerra a última hora y apoyaran a los Borbón en lugar de a los Austria, razón por la cual en pago de guerra los Borbón le dieron Gibraltar como recompensa por los servicios bélicos prestados. La nueva dinastía trajo cierta modernidad de pensamiento a España, pero una modernidad que chocaba con un catolicismo que aún estaba en esa mentalidad de la Contrarreforma del Barroco del siglo anterior. Sin embargo, también trajo la centralización del Estado, ahora la Monarquía Hispánica era propiamente España, y aunque se legalizó el regreso de los judíos se hizo algo que no ocurría previamente: la legalización de que los propios españoles hicieran esclavos (esto fue obra de Carlos III, para ello, tras una guerra, intercambió con Portugal una parte de América que se integró en Brasil por la zona de Argentina y Uruguay por la actual Guinea Ecuatorial), peor aún, los Borbones empezaron a tratar políticamente a los territorios americanos como si fueran colonias, aunque ese trato nunca lo habían tenido, razón por la cual a comienzos del siglo XIX comenzó el proceso de independencia americana respecto a España.  

Sea como sea, el siglo XVIII era el siglo de la Ilustración, una corriente de pensamiento que trataba de buscar en el raciocinio, la ciencia y la lógica el progreso social y político. La educación será un elemento de reivindicación por parte de los intelectuales para mejorar las vidas de todas las capas sociales. La Ilustración llegó tardía a España. Vino con los Borbones, pero estos primero tuvieron que solventar esos quince primeros años de guerra civil. En medio de ella, Felipe V reordenó toda la política y administración española, desde la más alta política a la más baja. Alcalá de Henares se hizo oficialmente ciudad mediante un título dado por Carlos II en el último cuarto del siglo siglo XVII, aunque conservaba su carácter de corregimiento (lo que más tarde desde el siglo XIX será cabeza de partido judicial), ahora los corregidores debían partir su poder de gobierno y administrativo con intendentes y superintendentes militares que nombraba el propio gobierno central. Las cosas cambiaban. Además, las nuevas ideas y conocimientos que venían de Europa chocaron con la mentalidad más cerrada de un catolicismo encerrado anacrónicamente en la Contrarreforma, cosa que sacaba de quicio a Felipe V, quien por cierto se horrorizó también cuando al llegar a España le quisieron homenajear varias veces llevándole a ver corridas de toros. Aún con todo la Ilustración iría cuajando en España con cierto retraso, especialmente con Carlos III ya en la segunda mitad del siglo, aunque le había facilitado el camino previamente su hermano Fernando VI, un rey muy desconocido hoy día, quizá porque fue, junto a Carlos II hasta cierto punto, el único que apostó por no tener guerra alguna como medio de mejora de la vida de las gentes y del propio país. Entre la llegada mediante una guerra de los Borbones y los cambios políticos, administrativos, sociales y de mentalidad que libraba una batalla entre los que querían progreso y los que querían conservar la tradición católica, a la vez el Imperio se mantuvo, pero su poderío comercial estaba aún tan atado a un modelo económico mercantil tan cerrado y basado en los metales, cuando el resto del mundo estaba abriéndose a una nueva experimentación económica llamada capitalismo y entendiendo que el futuro estaba tanto en las grandes plantaciones como en los inventos de maquinaria laboral, que la influencia de España en el mundo lo era en cuanto a que su territorio era amplio a nivel planetario, pero la fuerza económica y la política se la disputaban en realidad Francia e Inglaterra, que se transformaría en Reino Unido ese mismo siglo. Mientras tanto se permitían el lujo de rapiñar trozos de España en sus territorios americanos, o bien seguir alentando la piratería, ya que España no supo abrir sus mercados al exterior y quería tener el monopolio entre América y España misma.
 
Explicado esto, tenemos que la Universidad de Alcalá de Henares había ido a menos. Con la pérdida de poder del Imperio, con la separación de todas las clases sociales de la oportunidad de estudiar, con unos cargos administrativos y políticos ya dados, con los recursos humanos que requieren las guerras y que rapiñan jóvenes, con una enseñanza anquilosada en cosas e ideas ya anticuadas e ineficaces ni precisas, varios colegios fueron cerrando y la Universidad menguó en alumnos, en tamaño y en importancia. Con ello la población alcalaína también menguó, aunque seguía siendo alta. La importancia política de Alcalá cedió su espacio a un Madrid ya plenamente muy centro de poder. Sin embargo, sabemos que aún llegaban algunas ideas nuevas a Alcalá a través de la Universidad o de los militares de origen francés, pero será más adelante en el siglo. Con este panorama los Annales se quedaban un tanto obsoletos, sobre todo porque ahora urgía ubicarse al lado de los Borbones. Los Annales habían llevado la Historia de Alcalá de Henares en una unión de destino desde la más remota antigüedad a la gloria imperial de los Austrias. Pero la llegada de los Borbón en 1700 y la Guerra de Sucesión hacía que esto se tuviera que reflejar también en la Historia de la ciudad, como una ciudad que también avanzaba con los Borbón. Las nuevas ideas ilustradas de estos hacía además que los intelectuales españoles, si querían ganarse favores que les hicieran prosperar, tuvieran que ponerse al día y revisar todo lo que en cierto modo se había quedado atávico y anquilosado. No fue algo inmediato. Fue progresivo. Recordemos, la Ilustración cuajó de manera tardía en España, previamente hubo un forcejeo entre lo ultracatólico y el raciocinio de la Ilustración. Había una fuerte lucha intelectual entre una España aún muy ligada a las explicaciones católicas del mundo, y los que querían buscar, o bien combinar, unas explicaciones más basadas en la razón y en la experimentación y la ciencia. 

Así pues, en 1725 se publicó el primer volumen de una obra que llevaba años trabajando el alcalaíno Miguel de Portilla y Esquivel, Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares. En ella se actualizaba la Historia de la ciudad y la reivindicaba. Hay que tener en cuenta que en el año de publicación se vivía otra crisis política. Felipe V había abdicado en su muy joven hijo Luis I en enero de 1724, pero Luis I murió de fiebres y escándalos sexuales de su esposa en septiembre de ese mismo año. Felipe V regresó a gobernar él mismo. El problema es que a partir de ahí Felipe V ya no estaría en la mejor de sus etapas políticas. Por un lado comenzó a delegar muchas de sus funciones, a pesar de haber levantado él todo su aparato político-administrativo nuevo, comenzó a tener largas depresiones porque él prefería haberse quedado en Francia, comenzó a pasar largos tiempos de ocio personal en sus palacios y, paulatina y lentamente, fue degenerando cada vez más en una enfermedad mental severa hasta el día de muerte en 1746. Si bien su peor periodo no estaba aún totalmente desarrollado en 1725, cuando se publica el libro, los españoles sí que habían vivido algo que no conocían: una abdicación, un rey muy joven envuelto en escándalos sexuales y enfermedad, y un regreso del rey abdicado tras un año, el de 1724, que era más bien un primer ensayo de desgobierno central antes de la degeneración mental de Felipe V. 
 
Miguel de Portilla y Esquivel era un hombre de otro tiempo, del siglo anterior, no era un ilustrado, algo de las ideas del estudio tuvo, pero en su mentalidad lo que primaba no era la parte ilustrada que llegó a asumir, sino que primaba más bien la mentalidad de tradición católica propia del siglo XVII español. Él había nacido en Alcalá de Henares en 1660, un año antes del propio nacimiento de Carlos II. A sus cinco años de edad vivió junto al resto de españoles la muerte de Felipe IV y el nombramiento de rey a un Carlos II de Austria, niño de 4 años, muy incapacitado intelectual y físicamente en 1665. En los primeros años de ese reinado se vivirían conspiraciones y hasta el primer golpe de Estado moderno de la Historia española, incluyendo al primer dictador propiamente dicho, que no depuso al rey, pero sí gobernó hasta que él sí que fue depuesto. El resto del reinado Carlos II tuvo consejeros y secretarios lo suficientemente hábiles para alejar a España de muchas guerras y como para reordenar la Hacienda y con ella la economía. 
 
El padre de Miguel de Portilla, Baltasar de la Portilla Cierzo, era boticario, con algún título de baja nobleza. Estaba casado con María de Tendilla, natural de Guadalajara, con quien tenía otro hijo más. A Baltasar de la Portilla no le fue mal, fue nombrado visitador de farmacias del Arzobispado de Toledo. Hay que recordar que de la Universidad de Alcalá salieron mayoritariamente una gran cantidad de médicos según se ha podido rastrear e investigar en archivos no hace muchos años, pero también algunos nombres famosos de médicos alcalaínos desde el siglo XVI. Y tampoco hay que olvidar que el Palacio Arzobispal era sede también del arzobispo de Toledo en estas tierras, pues antes del reordenamiento territorial de la década de 1830, el corregimiiento de Alcalá de Henares pertenecía a Toledo y su arzobispado. La cosa es que la buena posición laboral y económica del padre permitieron que Miguel de Portilla pudiera iniciar estudios universitarios en la propia Alcalá. Estudió teología en el Colegio de las Santas Justa y Rufina, hoy desaparecido por la desamortización del siglo XIX, su espacio lo ocupa el antiguo Cuartel de Lepanto, hoy un edificio universitario de nuevo que alberga un museo de Arte iberoamericano y la Biblioteca Universitaria. Algunos restos de ese colegio se pueden visitar hoy día en el Museo de la Catedral Iglesia Magistral de los Santos Niños. Durante estos estudios publicó su primera obra en 1678, Impugnatio propositionum centum et unius eujusdam novatoris in Gallia (traducido: Un desafío a las propuestas de ciento un inventores en Francia). En 1679 ya era teólogo. Portilla siguió desarrollando estudios y llegó a hacerse catedrático de griego en la propia Universidad de Alcalá, aportando otro de los síntomas que deteriorarían la Universidad española, la endogamia que traía la pérdida de su carácter universal para utilidad de la sociedad. 
 
En 1687 Portilla vivió desde dentro de la Universidad la consecución de una vieja reivindicación de Alcalá de Henares para destacar su importancia histórica desde los tiempos de Roma como Compluto. El regidor Diego Torres de la Caballería y Pacheco, que vivía en la Plaza de la Victoria, logró que Carlos II le diera título oficial de ciudad a Alcalá de Henares. Habría tenido peso reivindicativo los Annales publicados en 1652. La propia Universidad y sus principales logros y personas eran motor de ese reconocimiento. Por lo que Portilla, alcalaíno de nacimiento, debió interiorizar todo esto. Sobre todo en un momento en el que la Universidad estaba entrando en declive y necesitaba reivindicarla uniéndola a la propia figura de la recién titulada ciudad. Sus investigaciones debieron ir tomando forma desde esos momentos también como una reivindicación de la ciudad misma. Por el camino fue nombrado canónigo de la Iglesia Magistral de los Santos Niños y pastor y examinador sinodal del Arzobispado de Toledo. Teniendo en cuenta que los Annales los habrían escrito décadas atrás canónigos de la Magistral, puede que Portilla  no sólo tuviera acceso directo a numerosa documentación y libros, junto a los de la propia Universidad, sino que además se sintiera en una especie de obligación personal en la mejora y continuidad para actualizar aquella Historia general alcalaína. 

Sin embargo, antes de dedicarse de lleno a esa Historia, aún se dedicó a otra obra, una biografía, Vida, virtudes y milagros del glorioso señor san Francisco de Sales, obispo y príncipe de Ginebra, tercero de los mínimos de san Francisco de Paula, que publicó en 1695 en una imprenta de Madrid que pertenecía a Antonio Román. En 1700, Portilla con cuarenta años de edad, vivió la muerte de Carlos II sin descendencia y las reivindicaciones que hicieron por el trono tanto un pariente Austria del rey que vivía precisamente en el Imperio Austriaco, y otro pariente que pertenecía en realidad más directamente a los Borbón de Francia. En 1701 los enfrentamientos bélicos ya eran más que un hecho. Alcalá en un primer momento pudo decantar su simpatía por la rama Austria, pero de más o menos rápidamente cambiaron su favor a los Borbón cuando estos llegaron hasta estas zonas. Es conocido que según evolucionó la guerra al final la zona más leal a los Austrias fueron los territorios del antiguo Reino de Aragón, especialmente Cataluña. La guerra acabaría definitivamente en 1715, aunque para 1714 ya estaba prácticamente finalizada. Unos años antes los frentes bélicos y los combates ya se habían ido desplazando hacia los territorios fronterizos entre partidarios de uno y otro candidato dividiendo España más o menos en dos partes Este-Oeste. Entre tanto se producían todo tipo de cambios políticos, administrativos, hacendísticos y hasta de cargos y nobles en la zona Borbón, Alcalá de Henares incluida, tanto su ayuntamiento, como su corregimiento, como su Universidad, como su jerarquía religiosa. Evidentemente todo esto afectaría de alguna manera a la vida y actividades de Portilla, quien se dedicaría a su vida intelectual como catedrático y como historiador, así como a su vida religiosa en torno a sus cargos adquiridos, especialmente como examinador sinodal, que le haría viajar por los territorios del Arzobispado de Toledo. 

En 1725 sacó el primer volumen de su Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares. Lo hizo a través de la imprenta de José de Espartosa, impresor de la Universidad de Alcalá. El segundo volumen lo sacaría en 1728, también con el mismo impresor. Ya en la cubierta, que incluía un resumen de los temas a tratar, dejaba claro en el título su intención de establecer una continuidad entre la Compluto romana con la ciudad medieval cristiana llamada Alcalá de Santiuste (Alcalá de San Justo) y su actualidad en la que era ya conocida como Alcalá de Henares, como recordatorio del nombre medieval musulmán, pasado que prefirió pasar por alto en ese resumen de la cubierta, pues de lo que se trataba era de resaltar el aspecto cristiano de la ciudad y las supuestas glorias alcanzadas gracias a ese cristianismo alcalaíno. Personalmente puedo aportar que como archivero e historiador que ha trabajado la documentación del corregimiento de Alcalá en el siglo XVIII, puedo confirmar que el nombre de Alcalá aparece ya en esos documentos judiciales oficiales como Alcalá de Nares, siendo que a veces hay apóstrofes antes de la "N" que indican que faltan letras. 

Portilla traza una Historia desde el origen de la ciudad romana de Compluto al año 1079, en la que la da por destruida. Establece ahí un nexo desde una épica romana a una ciudad medieval cristiana venida a menos, sin ahondar en el tiempo musulmán de Alcalá, al considerarlo invasor y contrario, en lugar de asumirlo como algo enriquecedor o que aporte. Sin  embargo continúa la Historia con la reedificación de la ciudad y su nuevo nombre de Alcalá que fija él en 1086.  Por tanto asume la Historia musulmana al reconocer el nombre. Pero más aún, aporta la Historia de los años de frente bélico estancado en Alcalá durante la Reconquista. Le es tan inevitable esto que no puedo menos que tratar del castillo musulmán y su conquista por los cristianos en 1118, según él con la aparición de una cruz en el cielo. A partir de ahí llama a esa zona Alcalá la Vieja, primer núcleo de ciudad cristiana reconquistada, aunque en realidad era originalmente musulmán. El castillo estuvo en pie incluso en el siglo XIX. Hoy quedan ruinas. 
 
Una vez que solventa toda la etapa histórica hasta la reconquista de Alcalá desarrolla una Historia lineal que avanza hasta el engrandecimiento de la ciudad, abultando los hechos, pues evidentemente si ese engrandecimiento existió hasta pasada la mitad del siglo XVII, lo cierto es que de la segunda mitad de ese siglo al año de publicación de la obra, 1725-1728, años que vivió él, la Universidad y la ciudad con ella viven un declive paulatino que se irá agrandando con las décadas. Precisamente en la década de 1720 Alcalá de Henares no estaba en sus mejores momentos respecto a todo lo vivido. Tampoco eran los peores, pero era patente que era una ciudad que muy poco antes tenía más prestigio y era más bulliciosa e importante en el plano político y cultural. Sea como sea, Portilla se entretiene en narrar una historia de los grandes nombres nobiliarios de la ciudad, de las vidas de los que fueron militares o guerreros afamados, de sus escritores más renombrados, de los logros de su Universidad. No escatima en todo tipo de leyendas y mitos cristianos de la Reconquista, como la Virgen del Val o la Vera Cruz, que ya pisa el siglo XVII, su actualidad, pero también en la vida de los santos que pasaron o fueron por aquí, y repasa todos los milagros de los que se hablaban hasta la fecha en la que él mismo vive. De hecho la obra la dedica a la "Santísima Cruz de Nuestro Señor JesuCristo". Evidentemente tampoco se olvida de uno de los hitos de su tiempo, el nombramiento de ciudad por Carlos II. En cierto modo está reivindicando también a los Austrias, pero evidentemente tiene que presentarlos como dinastía que tendrá continuidad con los Borbón.

Es una Historia que en realidad no sigue los principios científicos de la Historia, es una crónica, que sigue los pasos de las crónicas de siglos anteriores, especialmente de los Annales complutenses. Por tanto desliza en ella muchas cuestiones que no contrastó, del mismo modo que omite lo que no le interesa, y no da cabida a otras explicaciones que no cuadren con su mentalidad, creencias e ideas. Pensemos también que aparte de que él mismo era teólogo, el libro pasaba la censura de la Inquisición y tampoco podía traspasar algunas cuestiones que evidentemente negaba la Iglesia católica de ese momento. Es una crónica. Portilla es un cronista. Ahora bien, su figura ha pasado a la posteridad con el sobrenombre de "Historiador Portilla", y con tal tiene hoy día en la ciudad una calle y un colegio público de educación para adultos. Pero Miguel de Portilla es un cronista. 

Portilla usó mucha información de los Annales complutenses, pero los puso al día y corrigió y amplió lo que creyó oportuno. Su Historia, su crónica, está escrita estrictamente desde un punto de vista católico y de la Contrarreforma. Pensemos que sus primeros cuarenta años de vida habían crecido en esa España de la Contrarreforma. Se deslizan muy mínimas cuestiones del pensamiento ilustrado, pero él es muy claramente del otro extremo atado a las cuestiones de los dogmas de fe católica como verdad que no hay que cuestionar. Su obra es útil, aporta muchas cosas, como los Annales, de hecho está más completa que estos y por mucho tiempo ha sido una obra de referencia, lo sigue siendo, pero a ojos y juicio de hoy hay que leerla con las herramientas del conocimiento que tenemos en nuestros tiempos y saber diferenciar entre datos a tener en cuenta y datos que se pueden tomar en cuenta pero desde la perspectiva como se escribieron, aportes de una visión muy creyente en lo religioso, pudiendo haberse desliado incluso confusiones de creencias que hasta la Iglesia del siglo XXI corrige actualmente. Sin embargo, incluso haciendo una  lectura con método actual, la personalidad de Portilla nos aporta una Historia de Alcalá ya no sólo desde una perspectiva cristiana, sino también conservadora, de valores muy conservadores. Esto ha hecho que incluso hoy día haya personas aficionadas a la Historia, pero no formadas en la ciencia humanística de la Historia, que se hayan atrevido a escribir o hablar públicamente siguiendo esta y otras investigaciones similares como único relato posible, sin hacer las investigaciones y contrastes pertinentes y sin cambiar ese muy marcado tono que nos hace creer en un relato del pasado que refuerza la visión más conservadora de la vida y la sociedad.   

En todo caso, Portilla es uno de los intelectuales que trabajaron por el conocimiento y esclarecimiento de la Historia de Alcalá, uno de los destacados, y por ello tiene ganado un alto puesto entre nuestros historiadores. Su obra abrió camino a otras iniciativas posteriores, incluso actuales. Murió en Alcalá de Henares en enero de 1732, con 71 años y medio.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 8 de diciembre de 2019

Auto de "Reyes Magos" (siglo XVIII)

Título: Auto de "Reyes Magos" (siglo XVIII).
Autores: Theo Acedo Díaz y Violeta Martínez Ruiz.
Editor: Grupo Literario Omnia.
Año de publicación: 2000 (1ª edición).
Género: Teatro; Poesía
ISBN:  978-84-607-1241-9

El Grupo Editorial Omnia comenzó como Omnia Grupo Literario, y como tal siguen. Es un grupo netamente de Alcalá de Henares que comenzaría su andadura en los años 1980, siendo sus publicaciones y actos bastante más difundidos y conocido en los años 1990. En sus orígenes mantenían encuentros, tertulias y diversos actos en torno a la poesía en lugares como el desaparecido bar El Rincón, hoy día Pepe Pasión, en la calle de la Victoria o la Casa de Socorro de la calle Santiago entre otros lugares. En origen publicaban una revista en tamaño DIN-A4 grapada en caballete y fotocopiada en blanco y negro que distribuían de manera gratuita por los bares del centro de la ciudad y por las bibliotecas públicas. Esta revista era autofinanciada por los miembros del grupo y aquellas donaciones que se les quisiera hacer. Con el paso de los años la revista redujo su tamaño a un tamaño cuartilla. Más tarde la revista se iría profesionalizando en su formato, siendo en color e incluso teniendo página de Internet y página en redes sociales cibernéticas. Ahora mismo requieren de subvenciones municipales, no siempre fáciles de obtener. Básicamente se dedican a la publicación de poesía aficionada y de relatos, así como su acompañamiento por ilustraciones de algunos socios. Convocan además un concurso literario propio, o al menos lo hacían. En esta revista tuvieron cabida en los años 1990 varios de los nombres que hoy día han publicado varios libros. Ellos continúan con su labor como grupo literario y con sus actividades en la ciudad, a veces mencionadas por la prensa local. 

Omnia evolucionó a editar y publicar algún libro de alguno de sus miembros. Uno de ellos fue en el año 2000. Se trataba de la recuperación de una obra teatral del siglo XVIII, o quizá de los primeros años del siglo XIX, del género llamado auto de reyes. Se trataba del libro Auto de "Reyes Magos" (siglo XVIII), cuya recuperación y preliminares, introducción y bibliografía los habían realizado Theo Acedo Díaz y Violeta Martínez Ruiz.

El libro estaba editado en rústica con cubiertas solapadas en un azul intenso y unas estrellas con Saturno incluido acompañándolas que lejanamente pueden recordar a la bandera de la Unión Europea, aunque en realidad hacen referencia a la astrología que guía  a los Reyes Magos en la tradición y creencias del cristianismo católico, así como a la magia tanto de este hecho como la que en sí tiene el teatro como creador de historias y fantasías. 

El género de los autos de Reyes viene ligado a los autos sacramentales que comenzaron a escribirse en la Edad Media y tuvieron bastante éxito en la Edad Moderna. Se trataba de extender las ideas cristianas al pueblo más sencillo a través de una obra de teatro en verso, normalmente en métrica de verso corto, y en un solo acto. Muchas de sus partes se cantaban. Se basaban en la liturgia, la eucaristía y la alegoría, siendo representadas principalmente durante la fiesta del Corpus Christi, aunque también se interpretaron en otras fechas. Con la Contrarreforma religiosa del siglo XVI se potenciaron estas obras por parte de la Iglesia, ya que a diferencia del resto de la liturgia estas obras no se hacían en latín sino en las lenguas vulgares, lo que ayudaba a frenar las ideas del reformismo cristiano (los protestantes). Además, el drama propio de una obra de teatro siempre ayudaba más a empatizar y a identificarse con los personajes y sus ideas que las misas. El género fue prohibido por la propia Iglesia católica en 1765 cuando en ese momento se creyó que la escenografía y representación de lo sagrado por medio de actores, directores y guiones legos podían estar creando una vulgarización de lo sagrado, una confusión y una profanación. Sobre todo se quería evitar interpretaciones no controladas por la Iglesia, las cuales eran comunes cuando se introducían temáticas cercanas a las gentes del momento para apelar más aún a sus emociones ante la obra de teatro.

El auto más antiguo conservado es el Auto de Reyes Magos, del siglo XII, al que el historiador Menéndez Pidal le asignó ese nombre por primera vez en 1900. Aquel fue encontrado en la catedral de Toledo. Sin embargo, el que nos ocupa se escribió en la segunda mitad del siglo XVIII, sin determinar el año exacto. Se trataba de una adaptación del que poco antes había realizado el teólogo del Sacromonte de Granada Gaspar Fernández de Ávila para su representación los días 6 de enero en Villarta de los Montes, en Extremadura, según estudió el investigador Javier Marcos Arévalo en el siglo XX. La obra se habría basado en los coloquios tercero y cuarto de esta obra citada y no distaría mucho en el tiempo de su escritura de la misma, siendo tal vez el propio Gaspar Fernández el que pudiera estar detrás de la misma. Esta se publicó en Málaga, ya lejos de Extremadura. Se conserva hoy día en la Biblioteca Nacional de España. Este Auto de Reyes Magos que editaron Theo Acedo y Violeta Martínez es esa versión, que a la vez se sabe que en su época se había editado por última vez en Játiva en 1764, aunque pudo recibir añadidos entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. En 1913 se editó por última vez la obra original en la que se basó este otro auto, y este otro auto habría sido mencionado en un estudio literario de Isabel Gallardo Álvarez en 1957, el cual es el que usó el citado Marcos Arévalo para su investigación  de 1985. 

Con todos los antecedentes citados, Theo Acedo y Violeta Martínez buscaron la obra con las referencias que los anteriores investigadores les habían dejado en sus investigaciones. Encontraron la obra y la fotocopiaron con la idea de recuperarla. Se había representado en algunos pueblos durante la época de la dictadura de Franco, según recuerdos de haberla visto representada de Rosario Acedo y de Antonio Acedo Tamurejo, quienes aportaron tanto aspectos de la escenografía y momentos de la representación en los años 1960, como una estrofa final de la escenas de las gitanillas y los villancicos que no recogía la obra original pero que Theo Acedo y Violeta Martínez decidieron recuperar y añadir en su reedición del año 2000 en Alcalá de Henares.

El auto que se recuperó como Auto de "Reyes Magos" (siglo XVIII), también llamado por Theo Acedo y Violeta Martínez Auto de Villarta de los Montes, por venir del que hiciera para esa localidad Gaspar Fernández de Ávila, está compuesto en un solo acto dividido en catorce escenas. Trata del encuentro de los Reyes Magos con el rey Herodes cuando van en busca del niño Jesús, el cual acaba de nacer entre pastores. Aparecen todos los personajes sagrados, pastores, pastoras, buenos y malos vecinos y gitanas. El tema se trata desde un punto de vista popular de la época. De fondo está el asunto de la traición y de la lealtad, de la Majestad Divina y de la magia y milagros del misterio del nacimiento del Niño Dios. Obviamente la obra había sido concebida en origen para los días 6 de enero, Día de Reyes.

Theofilo Acedo (Theo Acedo) es licenciado con grado en Historia del Arte por la Universidad Complutense. Pertenece al Comité Español de Historia del Arte. Ha colaborado con revistas científicas como Revista de estudios extremeños y Saber popular. Fue redactor de la revista Téntigo, y colaboró con artículos periodísticos en el Diario de Alcalá, hoy día desaparecido, y sigue sus colaboraciones periodísticas en el semanario alcalaíno Puerta de Madrid. También colabora con la citada revista Omnia, más las revistas Frontera y Sildavia. Tiene publicados libros y ensayos sobre el Arte de los carteles de cine, la cultura audiovisual y una colección de relatos antropológicos. También escribe poesía y novela.

Violeta Martínez es licenciada en Pedagogía Terapéutica y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense. Ha participado de cursos de archivos y bibliotecas y de animación a la lectura. También ha estado presente en programas de artes escénicas y musicales. Fue miembro de la Coral Universitaria Santo Tomás de Aquino, de Madrid,  de la Schola Cantorum de Alcalá de Henares y del Coro de la Sociedad Lírica Complutense, también de Alcalá de Henares.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

martes, 14 de mayo de 2019

Oración del género eucarístico

Título: Oración del género eucarístico
Autora: Isidra de Guzmán.
Editor-Impresor: Joaquín Ibarra (1ª edición); Antonio de Sancha (2ª edición). 
Año de publicación: 1785 (1ª edición); 1786 (2ª edición).
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Título: Oración del género eucarístico que hizo a la Real Sociedad (1786)
Autora: Isidra de Guzmán.
Editorial: Kessinger Publishing Company.
Año de publicación:  2009 (1ª edición); 2010 (2ª edición).
Género: Ensayo, Discursos, Ensayo laudable.
ISBN 10: 1166897451
ISBN 13:  978-1166897451
 
En el haber de los hitos alcalaínos se encuentra uno de los hitos de la Historia que concierne al papel y los avances de la mujer, se trata de contar con la primera mujer que logró el doctorado universitario, María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda (1767-1803), más conocida como Isidra de Guzmán o por su apelativo posterior: la doctora de Alcalá. Nació en Madrid y murió en Córdoba, con 35 años de edad (no llegó a cumplir los 36 en 1803). Era nieta de otra intelectual de peso, la Condesa de Paredes, que en 1654 había publicado en Madrid la obra Año Cristiano, en seis volúmenes. Su padre era doblemente marqués y también conde, tenía el Toisón de Oro y ejercía de mayordomo de Carlos III, y su madre era condesa y duquesa. Con este linaje de alta nobleza toda la familia, ella incluida, estaba muy bien situada en las altas esferas de gobierno junto a la Realeza. Pertenecían a la alta clase social que había desarrollado el gusto por la Ilustración y la extensión del conocimiento, aunque dentro de unas ideas conservadoras y católicas. Encomendaron la enseñanza de su hija Isidra a Antonio Almarza. Este, junto a su abuela, hicieron nacer en ella un gusto grande por el conocimiento, lo que la animó a estudiar como para adentrarse en la Universidad. No era la primera mujer en entrar en los estudios universitarios, pero hasta ese momento habían sido sumamente pocas, casi testimoniales y anecdóticas, aunque hubo casos sonados que no llegaron a estar matriculadas pero tuvieron grandes conocimientos, como Francisca de Nebrija, hija de Antonio de Nebrija, en el siglo XVI, también ligada a la Universidad de Alcalá de Henares, que por entonces aún mantenía su nombre original de Universidad Complutense, que perdió en el siglo XIX cuando fue trasladada a Madrid capital. Aquellas otras no habían llegado a completar sus estudios de forma formal. Isidra no sólo lo logró si no que inició un proceso para obtener de la Universidad, la Iglesia y el Rey Carlos III de Borbón la dispensa para que pudiera acceder a las pruebas que pudieran darle un doctorado. La iniciativa en realidad no partió de ella, ni de sus padres, que la apoyaron, si no de su tía Luisa Manrique de Lara, monja y escritora. Así fue obtuvo el permiso del Rey Carlos III y de su ministro principal en el Consejo de Castilla, el conde de Floridablanca, que para la época sería el equivalente a primer ministro o presidente de gobierno. Obtuvo el permiso, se presentó a la prueba y se transformó en la primera mujer doctorada de la Historia de España en 1785 en la Facultad de Artes y Letras; pasó a ser Doctora en lo que hoy día llamaríamos Filología, y entre otras cosas desarrollaría tareas filológicas y lexicográficas en aquel periodo donde las Academias Nacionales para la conservación y fijación de la Lengua estaban en un momento de inicio y de gran actividad. También fue nombrada catedrática en Filosofía conciliadora y examinadora. Un año antes, en 1784, había ingresado como miembro honoraria en la Real Academia Española (RAE), siendo así una de las pioneras en esta institución de la lengua. En aquel 1784 tenía 17 años de edad, aunque lo logró en los meses de ese año que aún contaba 16 años, cuando se doctoró en 1785 tenía 18 años. 

Isidra de Guzmán se casó con un Grande de España, Marqués y Conde en 1789, lo que hizo que se trasladara a Andalucía y que su obra ralentizara su producción. Tuvo una extensa familia y a la vez una salud más bien mala que la ponía convaleciente en numerosas ocasiones. El tiempo se le escapaba. Aún así, en 1794 fue parte de la Junta de Damas de Honor y Mérito y recibió la banda de la Orden de Damas Nobles de María Luisa. Recibió encargos y hasta medallas de plata en su honor, pero moriría joven, como ya he anotado, en 1803. 

Forzosamente la obra de Isidra de Guzmán no es muy extensa. Contribuyó a las labores léxicas, filológicas y lexicográficas de la RAE. A través de la Sociedad Económica Matritense y de Jovellanos tradujo en 1787 una obra de agricultura de Columela, que era autor de la Antigua Roma. También tradujo numerosas obras del griego y del latín clásicos, pero parece ser que usó versiones en francés, como se ha sabido entre varias décadas más tarde y estos dos últimos siglos. El estudio filológico actual de su obra parece indicar que Isidra de Guzmán tenía una gran y extensa cultura, pero no tenía demasiados conocimientos para la traducción de obras clásicas. En comparativas con otras mujeres intelectuales de su época que no llegaron a pasar por la Universidad, pero sí por los conventos, parece que Isidra presentaba lagunas de datos que poder usar, de ahí que recurriera a traducciones francesas y que aparentara realizar las traducciones de las lenguas clásicas. No obstante, estas valoraciones actuales ya estuvieron presentes en su propia época, el otro ilustrado de la época, Cabarrús, se había opuesto a que ella fuera la traductora, por ejemplo la de la citada obra de Columela. En buena parte se debía a que también se oponía a que entrara en la Sociedad Económica Matritense. En la polémica entre Jovellanos y Cabarrús intervino el también ilustrado Campomanes. Entró y también en eso fue pionera, y también de la Sociedad Vascongada de Amigos del País. Su género femenino ocasionó predisposición en contra, aunque también encontrara partidarios como parte de un mundo nuevo, aunque reservado a las mujeres de las altas esferas como ella. No olvidemos que su posición social privilegiada en el poder y lo económico le abriría muchas puertas y probablemente muchas mentes. Hoy día hay una parte de los críticos que se dividen precisamente entre los que reconocen y admiran la labor de Isidra y su alta intelectualidad, truncada por su breve vida y sus labores como esposa y madre de la alta nobleza, y los que analizan en profundidad con comparativas y, sin quitarle mérito como pionera, ponen en cuestión toda la brillantez que se le ha otorgado por el mero hecho de ser la primera doctora. Planteada la polémica, son tan finos los hilos que quepa su resolución a aquellas personas más expertas en filología y traducciones de las lenguas muertas en pleno siglo XVIII. No obstante, pese a los que presentan dudas razonadas, numerosos estudiosos reconocen en ella una mente brillante dotada para las lenguas 

No olvidemos nunca que esta mujer, con diecisiete títulos nobiliarios, tenía conocimientos de latín, griego, francés, italiano, español, retórica, mitología, geometría, geografía, teología, filosofía, lógica, ontosofía, teosofía, psicología (como se entendía en esa época), física, botánica, faunística, del funcionamiento del sistema del orbe (estudio similar a la astronomía), del funcionamiento del sistema armilar y ética. Aún con todo la pregunta inicial que le hicieron en su examen de doctorado fue que razonara, que si creía, que una mujer virtuosa podía dar clases universitarias sobre temas teológicos y legos. El proceso que había llevado a ese examen había sido largo. Atrajo a numerosos curiosos vecinos de la ciudad y a un gran número de estudiantes. Ella fue alojada en el Palacio Arzobispal antes de ir al Colegio Mayor de San Ildefonso, donde se doctoraría en el Paraninfo.

La obra propiamente de Isidra de Guzmán, la suya propia, no las traducciones o las contribuciones a la lengua, es más bien breve. Muy breve, apenas un par de discursos, casi literalmente. Y hoy día es paradójicamente muy difícil de encontrar. A pesar de que en Madrid tiene calle, como la tiene en otras ciudades españolas, o que hay un premio con su nombre y una institución, o que en Alcalá de Henares encontramos un instituto de segunda enseñanza con su nombre, o que últimamente con el auge de las políticas para la igualdad de género se hable de ella, lo cierto es que sus obras (contando sus traducciones) son difíciles de encontrar y en general no están reeditadas, al menos no en España. Sí que es cierto que la historiadora María Jesús Vázquez Madruga, con la colaboración del ayuntamiento de Alcalá de Henares, publicó en 1999 el libro Doña María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, "Doctora de Alcalá". Biografía. Hay un par más de biografías escritas actualmente fuera de Alcalá, aunque pocas. También es cierto que la Universidad de Alcalá trata de promover su nombre y que esta institución fuera la que concediera abrir las puertas al doctorado a las mujeres. Y es cierto que en 2017 la compañía de teatro Volver Producciones compuso y sacó adelante la obra de teatro Paso a dos -adagio para Isidra-, una especie de producción biográfica (lo que conocemos como biopic) pero con muchas licencias literarias y poéticas. Estaban detrás de esa obra de teatro Juana Pacheco y Gaston Horichnik, con apoyo del ayuntamiento alcalaíno y las salas de teatro de la ciudad. Pero fuera de eso, la obra de Isidra ni se reedita ni se recuerda, al menos en España.

En 2018 tenemos a la editorial Pranava Books, de La India, asentada en Nueva Delhi, reeditando en fac-simil la obra Carolo Tertio regi, catholico, semper, augusto pio. hoc litterarium specimen, quod pro obtinenda in philosophia, et humanioribus litteris doctorali laurea in maximo universitatis complutensis theatro est praestitura Excelentisima. Doña Maria Isidora Quintina de Guzman et la Cerda . ; Die V. mensis junii, anni MDCCLXXXV, que reeditaron en 2019. La misma editorial india, en 2019, reeditó Oración del genero eucarístico que hizo a la Real Sociedad de Amigos del País de esta Corte la excelentísima señora doña María Isidra Quintina Guzmán y la Cerda en el dia 25 de Febrero del año de 1786 en que fue incorporada en esta Real Sociedad, que probablemente se trata en realidad de Oración del género eucarístico que hizo a la Real Academia Española  la excelentísima señora doña María Isidra Quintina Guzmán y la Cerda, hija de los excelentísimos marqueses de Monte-Alegre, Condes de Oñate, y de Paredes, Duques de Náxera, etc., en el día 25 de Diciembre del año de 1784 en que fue incorporada por socia de esta Real Sociedad. 1785. Este libro se conoce simplemente como Oración del género eucarístico, o bien Oración del género eucarístico que hizo a la Real Sociedad (1786). Dicha obra, de apenas 16 páginas, fue reeditada fac-símil previamente por la editorial británica Kessinger Publishing Company en 2009 y reeditada por ellos mismos en 2010. Usaré estas dos obras para la reseña presente, a modo testimonial de que esta autora también estuvo vinculada a los autores alcalaínos, si bien su mayor peso estuvo en las traducciones de otros autores clásicos y del resto de Europa. 

Sus dos obras íntegramente suyas, sin ser traducciones ni aportaciones filológicas, ni discursos concernientes a su paso por la Universidad son: Oración del género eucarístico de ingreso en la Real Academia Española, pronunciado el 28 de diciembre de 1784 y publicado en La Gazeta de Madrid en junio de 1785; y Oración del género eucarístico de ingreso en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, pronunciado el 25 de febrero de 1786 en Madrid, publicados ambos por Antonio de Sancha en 1786. Si se accede por los enlaces que he colocado en los nombres se pueden leer ambas obras completas en Filosofía.org. Son breves textos.

El primero de los discursos, Oración del género eucarístico de ingreso en la Real Academia Española, había sido editado por primera vez en 1785 por Joaquín Ibarra, que era Impresor de Cámara del Rey y de la Real Academia Española. Luego vendría la segunda edición de 1786 del citado Antonio de Sancha, que también editaría Oración del género eucarístico de ingreso en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País.

Las llamadas oraciones del género eucarístico es lo que hoy día llamamos discursos. Pertenecen a la oratoria y retórica, al ensayo en muchos casos y a la reflexión personal. En el caso del primer discurso de 1784, publicado en 1785, se trataba de un discurso laudatorio de agradecimiento por dejar que ella, una chica de 17 años (16 en realidad) pudiera tener acceso a la RAE. Cita a numerosas autoridades de la antigua Roma y se deshace en todo tipo de alabanzas a Carlos III, algunas un tanto desmedidas. No obstante obtendrá de él permiso para doctorarse unos meses más tarde, al siguiente año. La influencia familiar será decisiva, al margen de su predisposición para el estudio. Y quizá más importante serán las figuras femeninas de su familia, como su abuela o su tía, intelectuales ya de por sí ellas mismas. Sin embargo no hay ninguna palabra para ellas. Repasa antiguos romanos y aplaude a Carlos III y a la RAE a veces casi como si hubieran hecho una empresa titánica, y quizá para la época lo fuera, aunque Carlos III era un rey absoluto y su familia estaba muy bien posicionada en su Corte.

Siendo ya doctora, en 1786, el segundo discurso se permite deslizar algunas críticas a los sufrimientos de las guerras y los padecimientos de los pobres y más necesitados de un buen trabajo en el campo. Pero aplaude y anima al paternalismo de reyes anteriores y de los hombres nobles del presente. Aplaude a la intelectualidad del momento, siendo ejemplo de un clásico discurso elitista de lo que por entonces era el sistema político en funcionamiento: el despotismo ilustrado. Quizá estaba llevada por las buenas intenciones, como tantos otros ilustrados, pero su solución pasa por la figura del rey como figura que vela por el bien de sus súbditos. No hay ningún otro discurso, ni tampoco era fácil que se diera en una persona de su posición política por los lazos de sangre, más allá de su posición intelectual. Aplaude también a los Ministros, Consejos y otros órganos de gobierno. Es quizá un discurso que contesta a otros intelectuales de la época que comenzaron a abrazar las ideas de los pensadores franceses que en 1788, muy cerca temporalmente de sus palabras, darán toda la base ideológica para que comience la Revolución Francesa. Ciertamente a Isidra la avaló Floridablanca un año antes para que se pudiera doctorar. Este ministro e intelectual será un ilustrado, pero a la vez será uno de los que lleguen a afirmar que eran necesarios los pobres para que se cultivaran las tierras y que no hacía falta extender el conocimiento a todas las clases sociales, pues entonces se perderían trabajadores para los oficios más duros. La ilustración española, en términos generales y con casos excepcionales, estaba aún lejos de llegar al punto al que llegó la francesa, pese a estar cerca. Jovellanos, por ejemplo, otro personaje que en el mismo 1786 de este discurso la avalará, se quedó muy cerca y quien sabe si hubiera dado un paso más allá de haber vivido más años.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

domingo, 18 de noviembre de 2018

Brujería en Alcalá. Procesos inquisitoriales de los siglos XVI al XIX

Título: Brujería en Alcalá. Procesos inquisitoriales de los siglos XVI al XIX
Autor: Gonzalo Gómez García. 
Editorial: Domiduca Libreros. 
Año de publicación: 2017. (1ª edición; prólogo de Ignacio Ruiz)
Colección: Alcalá y su tierra en la Historia. 
Nº de volumen en la colección: 4
Género: Historia.
ISBN: 978-84-946857-3-6

Tras el libro Alcalá mágica y heterodoxa, de 2011, Gonzalo Gómez volvió sobre el tema de uno de sus capítulos, el dedicado a la brujería y la hechicería en Alcalá de Henares. Lo hizo en 2017 dentro de la colección "Alcalá y su tierra en la Historia" de la editorial Domiduca. Se llamó Brujería en Alcalá. Procesos inquisitoriales de los siglos XVI al XIX. Fue el libro menos voluminoso hasta la fecha publicado en tal colección. Ocupaba 116 páginas, en las cuales el texto ocupaba algo más de espacio gracias a una abundancia de fotografías de los lugares de la ciudad donde se desarrollaron algunos de los hechos que narra, así como una serie de grabados de la época sobre brujas. Además, desde la página 95 aparece un anexo con grandes fotografías de portadas de libros que el autor destaca como libros en el ojo del huracán de la Inquisición en cuanto al mundo de la brujería, con la página siguiente escribiendo unas breves notas sobre cada uno. La bibliografía vuelve a ser abundante, está bien dirigida a su objetivo temático. Aparte de esto, el libro era prologado por el catedrático Ignacio Ruiz durante varias páginas contextualizando en la Historia el fenómeno de la Inquisición en España, explicando el problema religioso del siglo XVI que llevó a su implantación.

Entre Alcalá mágica y heterodoxa y Brujería en Alcalá existió un estudio intermedio escrito por el entonces doctorando Javier Fernández Ortea en 2016 y publicado en noviembre de ese año en el Libro de actas del XV encuentro de historiadores del Valle del Henares. Se llamaba aquel artículo "Hechicería y superstición en Alcalá de Henares desde el siglo XVII al XIX", título con el que guardará gran parecido el subtítulo del libro de Gonzalo en la primavera-verano de 2017. Javier Fernández se encontraba investigando sobre la Inquisición para su doctorado, según conversación personal con quien esto escribe en aquel encuentro de historiadores. No figura en su bibliografía el libro Alcalá mágica y heterodoxa, ni tengo constancia que usara, aunque sin duda existía ese precedente reciente sobre el tema desde 2011. Javier Fernández escribió un artículo muy centrado estrictamente en lo que históricamente se puede afirmar y desarrollaba una presentación de su estudio atendiendo a todos los parámetros que la Historia como ciencia pide al historiador que atienda. Entre los casos que presentó recogía seis casos que acabaron en la Inquisición como casos totales en Alcalá de Henares, mientras que Gonzalo en 2011 hablaba de cinco casos (página 158 de Alcalá mágica y heterodoxa). El tema fue vuelto a tratar por una de las hermanas Lara, María Lara, en otro encuentro de historiadores, el dedicado a Mujeres en Alcalá, un paseo por la Historia, cuyo libro de actas, publicado con idéntico nombre en la primavera de 2017. En esa ocasión era muy evidente que María Lara había tomado el estudio de Javier Fernández. No aportaba nada nuevo a los dos precedentes de ella, salvo la referencia a ellos y su propia exposición del asunto. Hay que decir que en 2013,  María Lara había publicado un estudio general llamado Brujas, magos e incrédulos en la España del Siglo de Oro. Microhistoria cultural de ciudades encantadas, donde se mencionaría Alcalá. Gonzalo sólo citó como existente acerca de los avances del tema desde 2011 en Brujería en Alcalá el estudio de María Lara, pero no el de Javier Fernández (página 38 de Brujería en Alcalá). En cierto modo pareciera que Brujería en Alcalá hubiera sido escrito como contestación a ese artículo de Fernández, reivindicando el autor un espacio que pudiera considerar propio por ser uno de los pioneros recientes del tema de brujería retomado en los estudios alcalaínos. No obstante, Gonzalo, doctor en Historia Moderna, pero sin licenciatura de Historia, pero sí de Administración y Dirección de Empresas, cuida mucho todo lo relacionado que aparece en la ciudad sobre estos asuntos, muy expuestamente al público él mismo realiza guías por los lugares que cita en sus libros y vende camiseta al respecto.

Sea como sea, todo avance en los estudios de la Historia es siempre bienvenido. No es algo nuevo ni negativo a lo largo de los tiempos que diversos autores hablando de un mismo tema se respondan unos a otros ampliando o tratando de comprobar lo acertado o desacertado de los resultados de unos y otros estudios. Todo ello es un ejercicio sano y necesario que hace avanzar el conocimiento. En este caso, Gonzalo llegó a ampliar los casos alcalaínos de brujería que cayeron en manos de la Inquisición a once, con lo que su estudio es el que recoge el más amplio rastreo de aquellos sucesos. Me hace preguntarme si aún pudiera aparecer algo más en los archivos que han consultado dado que de 2011 a 2017 se ha ampliado el abanico desde cinco casos de brujería en Alcalá al reconocimiento de al menos once entre los siglos XVI al XIX.

Brujería en Alcalá era una ampliación del capítulo al respecto en Alcalá mágica y heterodoxa. El libro estaba planteado más seriamente que el libro de 2011, si se valora desde la Historia como ciencia humana. Está más acertado en su redacción. Aunque sigue tratando el tema desde una óptica que parece unidireccional, faltando el contraste de una tesis ante una antítesis, por lo que en algunos parajes todavía pareciera que se da por bueno los hechos mágicos por los que fueron juzgadas y condenadas las personas que lo sufrieron. Así por ejemplo el texto nos cita el reconocimiento de una rea de haber mantenido relaciones sexuales con el Diablo en la cárcel de la Inquisición, no hay nada que parezca poner eso en contexto o explicarlo, por lo que da la sensación de que se reconoce la realidad de un hecho esotérico que muy probablemente era en realidad producto de las torturas, los maltratos, quién sabe si de violación carcelaria, etcétera.

Antes de entrar en cada caso registrado, Gonzalo explica el funcionamiento de la Inquisición en Alcalá de Henares, sus lugares, el desarrollo del proceso desde que una persona era acusada hasta que se cumplía el final de su proceso, explica los instrumentos que se usaban en las torturas, las nueve clases de acusación posible que se formulaban por lo general, y los distintos ritos, conjuros, curaciones, adivinaciones e instrumentos de brujería que han quedado registrados en los legajos donde se recogen los expedientes de estos juicios. Toda esta parte puede tener su utilidad general a modo de consulta para futuras investigaciones. Aunque precisamente, aunque es útil por esto mismo, le da al texto un carácter más de enunciación que de discurso narrativo.

Los casos expuestos están sustentados por los archivos del Estado, entre ellos en Archivo Histórico Nacional y nos deja muchos rastros de las posibilidades aún no pisadas de la Historia de Alcalá. una Historia, que, no me canso de escribirlo, necesita revisiones y una reescritura más ajustada a los hechos históricos, como estos, y no sólo a los hechos atractivos para el turismo. Historia y Turismo son dos licenciaturas universitarias diferentes, con objetivos diferentes.

Este libro de Gonzalo me parece más acertado que el de 2011, aunque tenga cuestiones ya citadas arriba.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".