miércoles, 26 de octubre de 2022

Historia de los soberanos de Al-Andalus (Crónica del moro Rasis o Crónica sarracena)

Título: Historia de los soberanos de Al-Andalus (Crónica del moro Rasis o Crónica sarracena). 
Autores: Áhmad ibn Muhámmad al-Razi e Isa ibn Ahmad al-Razi.
Editores: Áhmad ibn Muhámmad al-Razi e Isa ibn Ahmad al-Razi.
Año de publicación: alrededor entre 950 y 977 (1ª edición en Al-Andalus); 1344 (1ª edición en portugués de Gil Péres); 1430 (1ª edición en castellano de Pedro del Corral).
Género: Crónica; Historia
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Título: Historia de los soberanos de Al-Andalus (Crónica del moro Rasis o Crónica sarracena). 
Autor: Áhmad ibn Muhámmad al-Razi e Isa ibn Ahmad al-Razi.
Editorial: CreateSpace Independent Publishing Platform.
Año de publicación: 2014 (1ª edición)
Género: Crónica; Historia; Leyendas
ISBN: 978-1505751635

 

Dentro de Al-Andalus y de manos de autores musulmanes, ya no solo de mozárabes que ya anotamos, tenemos la referencia más antigua conocida en el autor Áhmad ibn Muhámmad al-Razi, conocido en España como al-Razi y como al-Rasis o al-Raziz. Su padre fue un comerciante que era procedente de la zona de la antigua Persia del Imperio Árabe de la época (más o menos Irak-Irán actual), de la región de Rayí, en Irán. Habría llegado al Emirato Independiente de Córdoba en el año 865 de la era cristiana, que era el 250 de la hegira musulmana. Su hijo al-Razi nació en la capital de Córdoba, del Emirato de Córdoba.  Aprendió de los mayores sabios de la Historia de su época, de tal modo que se transformó en el más erudito de los historiadores que escribían crónicas en su día. Por ello dio clases en Sevilla y en Córdoba, así como en otros lugares. Escribió diversos libros de Historia, en realidad crónicas, o sea: libros basados en historias no siempre comprobadas y que habían basado en tradiciones orales o en escritos más o menos escritos sin análisis críticos, indagaciones suficientes, ni comprobaciones ni contrastes. Su libro más importante, que a la vez es el que nos interesa por nombrar a Alcalá de Henares, es Ajbar muluk Al-Andalus, traducido: Historia de los soberanos de Al-Andalus. Esta crónica comenzaría a escribirse para Abderramán III, que liquidaría el Emirato de Córdoba para independizarlo del todo del Imperio Árabe y transformarlo en reino llamado Califato de Córdoba. Estaba dividido en tres partes: geografía de la península Ibérica, Historia preislámica (lo que hacía de este libro algo muy avanzado en su época al preocuparse de dejar constancia también de un pasado previo no islámico) y de la Historia desde la llegada de Tariq y Muza en 711 llamados por los visigodos para ser ayuda en sus guerras civiles entre el obispo Oppas, el rey Agila y el rey Rodrigo, la invasión que estos realizaron y a partir de ahí la Historia del Emirato de Al-Andalus tanto de su dependencia, como de su independencia y su posterior independencia total haciéndose Califato con Abderramán III. Áhmad ibn Muhámmad al-Razi murió de anciano en el año 955 siendo conocido como al-Tariji (El Cronista). La obra estaba incompleta y la terminó su hijo Isa ibn Ahmad al-Razi, que fue cronista para el califa al-Hakam II de Córdoba. La dio personalmente por acabada en 977, año de su propia muerte.

La Historia de los soberanos de Al-Andalus atrajo pronto la atención de los cristianos de la península Ibérica precisamente porque hablaba de la Historia previa a la llegada de los musulmanes y eso mismo servía tanto para la propaganda de la política de la Reconquista, como para el autoconocimiento propio, al cual no alcanzaban con las herramientas y cualidades de los propios intelectuales cristianos de la península en esos años. El conocimiento de los musulmanes españoles andalusíes era en esos momentos de lo más avanzado del mundo occidental, en todas las ramas. Por ello mismo, fue el rey de Portugal Dionisio I quien encargó la primera traducción a una lengua cristiana, la portuguesa, de la obra. La tradujo Gil Péres en 1344. Su obra en portugués fue de las más leídas entre los reinos cristianos de la península y de otros lugares de Europa. A la vez, el libro se transformó en un libro de referencia obligada entre los historiadores musulmanes, siendo que numerosos cronistas posteriores lo usaron como libro básico incluso hasta en el siglo XVII. 

La traducción al portugués fue conocida como Crónica del moro Rasis, que es como nos ha llegado a los hablantes de lengua española. Sin embargo, la primera traducción al castellano se produjo en 1430 de mano de Pedro del Corral, que eliminó partes ingentes referentes a los musulmanes, aunque ya en 1243 la obra de al-Razi había sido citada por el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, muy apegado también a Alcalá de Henares, como Crónica sarracena en su obra De las cosas de España. Por fuerza, dado que fue una cita de 1243 y al portugués no estaría hasta 1344, este arzobispo debió acceder a la obra de al-Razi y leerla en el árabe original. Esto no es poco importante. No solo porque la traducción de casi doscientos años después al castellano elimine partes, sino porque la original de la traducción al portugués en 1344 se perdió, y quedan copias con algunas partes perdidas. Recordemos además que las bibliotecas musulmanas se perdieron durante las guerras de Reconquista y las que partieron al exilio en 1492 acabaron en Tombuctú, mientras que las que se quedaron en España y otros lugares de Occidente necesitaron de estudios profundos que no llegaron hasta los siglos XIX y XX, y en pleno XXI muchas de ellas ni eso.

Todo esto generó numerosas polémicas sobre si la obra de al-Razi era verídica en lo referente a lo ocurrido en la península Ibérica en tiempos de los romanos y de los visigodos. La obra volvió a ser muy difundida entre los siglos XVI y XVIII en España envuelta esta vez en la polémica entre los más prestigiosos eruditos que no podían dar crédito de tal grado de precisión de datos en el siglo X por parte de sus autores. Ayudaba a esto en los siglos XVI y XVII la ola de fobias y prejuicios que llevaban a la búsqueda de limpieza de sangre entre los que se hacían identificar como católicos. Como sea, en el siglo XIX, ya con el método científico en marcha en la ciencia social que se transformó la Historia, Pascual de Gayangos, de la Real Academia de la Historia, concluyó que cotejando la obra con otras obras de la época, era imposible que las partes referentes a lo preislámico fuera auténtico del siglo X. No quedó ahí la cosa. En el siglo XX Ramón Menéndez Pidal en la primera mitad de ese siglo expuso la obra a su erudicción y a mayores contrastes bibliográficos de la época medieval y terminó echando por tierra toda negación de que fuera falsa, la obra terminó siendo definitivamente demostrada como auténtica, sobre todo porque salieron a la luz más textos y traducciones del momento que venían a confirmar que aquellos conocimientos salieron de al-Razi. 

Dicho esto, estudiosos posteriores del siglo XX compararon la prosa de al-Razi con otros textos y con gente a los que influyó y se basaron en él como Ibn-Hayyan y la obra versión vulgata publicada por al-Bakri, dentro del mundo musulmán de la Edad Media. Por conclusiones más definitivas que las de Menéndez Pidal se llegó a que, si bien la obra de al-Razi era verdadera de forma entera, las copias posteriores que se hicieron de ella y la traducción portuguesa de Gil Péres en 1344 habían añadido partes de la Historia preislámica que en el original de al-Razi no se habrían contenido, con afán de completar la obra y no de falsificarla.

Alcalá de Henares no aparece con su nombre en latín de Compluto, sino con el árabe, el cual, el más antiguo conocido sería Al-Qul'aya, El Castillejo, por haberse construido un castillo musulmán en esta población para proteger la comunicación entre Toledo y Zaragoza, ciudades del Califato de Córdoba. Recogería un pasado mítico y de leyenda que ya vimos en el libro  Los archivos del Estado. Qué son y cómo se tratan (2010), de Alfonso Dávila: la pata de la Mesa de Salomón. 

Muy resumidamente, se trata de una leyenda originada durante la caída del Imperio Romano y que se transmitió oralmente entre los pueblos germanos, la cual la recogieron por escrito siglos después los musulmanes en crónicas como esta, razón por la cual también se hizo popular entre los cazadores de tesoros perdidos durante siglos. Hay que remontarse a la creación del Templo de Salomón en Jerusalén a mediado del siglo X antes de Cristo, donde se decía que Salomón depósito el Arca de la Alianza. Al margen de ese arca de la Alianza entre Dios y el pueblo hebreo, existía una realidad: el templo tenía un altar en forma de mesa para hacer los rituales y servicios religiosos. Aquella fue la Mesa de Salomón y cayó en el mito, quizá con sesgos de realidad, en cuanto a que era una mesa de mucho lujo, con gran cantidad de metales preciosos y otros materiales, pero con cuestiones imposibles como más de seiscientas patas. Invasiones aparte de pueblos orientales y robo de los tesoros del templo, estos se encontraban allí cuando el Imperio Romano, con el emperador Tito, decidió dar un escarmiento a los judíos zelotes que daban problemas políticos y rebeliones al Imperio, al Estado. En el año 70 se decidió un escarmiento que acabó con el saqueo de Jerusalén por parte de Roma y el traslado de todos los objetos suntuarios del Templo de Salomón a Roma. Esto entra dentro de lo plausible en hechos reales. Era una forma de hacer guerra y política. Estos tesoros se depositaban en el Templo de Marte, Dios de la Guerra, como ofrenda y en realidad como función de Tesoro del Estado. En 410 Alarico arrasó Roma y la saqueó, llevándose sus tesoros a Galia. Allí estarían, aunque ya es más difuso y empieza la leyenda a despegarse de lo verosímil de manera ya amplia, cuando acabó el Imperio Romano. El Reino Visigodo se componía de los territorios de Galia e Hispania, pero en el siglo VI los visigodos de Galia son desplazados por los francos, así que la Mesa de Salomón se trasladó a Rávena en 507 y de ahí en 526 pasa a Barcelona y luego a Toledo, donde sería guardada en la fortaleza visigoda de los reyes en esa ciudad. 

Se supone que la mesa estaría guardada bajo muchas puertas en sótanos y pasadizos, junto a un gran tesoro. Cuando Tariq llega allí a Toledo en 711 no encuentra nada, solo una leyenda que cuenta el vaticinio del final de los visigodos en Hispania. En el siglo XXI Alfonso Dávila especulaba por geografía descrita y por la forma del castillo que no se trataba de Toledo sino de Compluto el lugar donde acabó la Mesa de Salomón. 

Al-Razi habría escrito que en el avance que hace Tariq de Toledo a Zaragoza se encontró con la mesa abandonada en el camino a su paso por los montes Gebelculema (Yabal-Sulayma, o bien: Montes de Sulema o Zulema, o sea: Montes de Salomón) y llegó por ello a Complutum. El monte del Zulema fue rebautizado en el siglo XX como Monte Gurugú por el desastre bélico español en la Guerra del Rif en Marruecos, pero en pleno siglo XXI tanto Zulema como Gurugú sigue siendo válido. Quien cita esto es Jiménez de Rada en aquel siglo XIII suyo, y dice basarse en la crónica de al-Razi y de Ibn al-Qutiyya, el cual sabemos que basó su obra en la de al-Razi en la parte preislámica, por mucho que añadiera partes.

Sea como sea, hay quien dijo en la época que lo que quedaba de la mesa era una pata de oro macizo, y en todo caso que esta Mesa fue oculta por Tariq en una de las cuevas del Monte Zulema, de hecho se le dio ese nombre (Monte de Salomón) por ocultarse allí esa mesa del altar de Salomón. Pero este tesoro se perdió, pues Tariq fue llamado a dar cuentas de porqué invadió el Reino Visigodo sin permiso del Califa del Imperio Árabe y marchó a Siria, donde moriría en Damasco en 720, final de Tariq el cual sí es un dato plenamente histórico y fiable. 

Sea como sea, en medio de la leyenda inserta en una crónica, aparece por primera vez que tengamos constancia de Alcalá de Henares en los textos musulmanes ya con nomenclaturas árabes en su ser y en su geografía, así como se nos deja constancia de la importancia de paso estratégico entre Toledo y Zaragoza. En el texto de al-Razi aún no se nombra el castillo.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

martes, 18 de octubre de 2022

Epístolas / Vida y pasión del beatísimo mártir Eulogio

Título: Epístolas
Autor: Eulogio (San Eulogio).
Editor: Eulogio (San Eulogio).
Año de publicación: 858 (1ª edición, algunos textos conocidos entre 850 y 859).
Género: Hagiografía; Religión; Crónica.

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Título: Vida y pasión del beatísimo mártir Eulogio.
Autor: Paulo Álvaro Cordubense (Álvaro de Córdoba).
Editor: Paulo Álvaro Cordubense (Álvaro de Córdoba).
Año de publicación: 860 (1ª edición).
Género: Hagiografía; Religión; Crónica.

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Título: Obras completas de San Eulogio.
Autores: Eulogio (San Eulogio), en edición de María Jesús Aldana García.
Editor: Universidad de Córdoba.
Año de publicación: 1998 (1ª edición, edición de María Jesús Aldana García).
Género: Historia; Hagiografía; Religión; Crónica.
ISBN: 978-84-78014477. 

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Título: "Álvaro de Córdoba: 'Vida de San Eulogio', (traducción y notas)".
Autores: Álvaro de Córdoba, en edición de Pedro Rafael Díaz y Díaz.
Editor: Universidad de Granada.
Año de publicación: 1993 (1ª edición en papel), 2016 (1ª edición electrónica)..
Revista: Florentia Iliberritana.
Nº de volumen: 4-5 (1993) // en sección de artículos, páginas 127-154.
Género: Historia; Hagiografía; Religión; Crónica.
ISSN: 1131-8848  

 

Para ir completando las notas sobre autores medievales que nombraron a Alcalá de Henares, en este caso aún con el nombre Compluto, hoy es apropiado anotar a dos autores mozárabes que ya habíamos mencionado a costa del Calendario Mozárabe que Rabi Ben Zaid (Recemundo) había publicado en 961. Se trataría del autor conocido como San Eulogio y del que fue su hagiógrafo, Álvaro de Córdoba. Es apropiado comentar estos dos autores y sus obras de maneta conjunta, pues están íntimamente ligados y no se entiende el uno sin el otro. Comentados estos, de aquellos años quedaría ahondar en los autores musulmanes conocidos que mencionaron a Alcalá y seguir investigando tanto en mozárabes, como en cristianos, como en musulmanes. Como sea, reitero: hoy para completar este apartado toca hablar de los autores citados y remitir a la obra de Recesmundo, pues ya allí quedaron bastantes notas de lo que este tipo de literatura era. En todo caso quepa diferenciar que la obra de estos autores no serían del siglo X como la de aquel, sino que serían del siglo IX, relativamente más cerca del inicio de la invasión musulmana en 711 (siglo VIII), aunque desde luego en una época más refinada y más culta que la de las primeras generaciones invasoras. No hay que olvidar que dentro de Al-Andalus hubo una división cultural y social entre bereberes y árabes, los primeros pertenecientes a clases más bajas e incultas y los otros pertenecientes en general a clases más adineradas y cultas, por no hablar ya de todos aquellos hispanovisigodos que se convirtieron al Islam, cada uno también con sus peculiaridades culturales y sociales. Siendo así que en las primeras décadas de la invasión tras 711 predominaban las capas sociales más nómadas y guerreras del pueblo bereber y que no imperarán las clases árabes hasta el asentamiento Omeya más estable en la península como Emirato independiente primero y como Califato después. 

En todo caso hay que citar que el primero de los autores en aparecer de los citados sería Eulogio, nacido mozárabe en la mismísima capital de Al-Andalus, en Córdoba, en 800. Se hizo clérigo y viajó por Al-Andalus instando al martirio voluntario a los cristianos, mediante la denuncia continua de todo aquello que les pareciera impío o malo de los musulmanes, lo que alteraba el orden político, social y económico del momento. Llegó a pisar Francia, la cual encontró para su sorpresa en guerras cruentas entre cristianos y pasó a pisar otros reinos cristianos como Pamplona (Navarra) y la Marca Hispánica (el futuro Reino de Aragón y los Condados Catalanes). Luego fue de regreso a Córdoba. Viaje de años donde leyó la vida de Mahoma y numerosos textos cristianos en la búsqueda de mártires. Deseaba comparar las persecuciones romanas con las musulmanas, cuando en realidad tenían sustanciales diferencias nada menores cualitativa y cuantitativamente, incluido en la legalidad y en la fiscalidad. Como sea, fue escribiendo una obra extensa que él mismo deseaba que abandonara toda belleza literaria, para que solo contara los sucesos en favor de crear mentalidades mártires. Fue en el regreso a Córdoba que pasó por Compluto y estuvo un tiempo. De allí supo que hubo un monje benedictino nacido allí en 830 y llamado Félix, que se había cristinizado en Asturias y que había pasado a procesar en un monasterio consagrado a Justo y Pastor en Córdoba, santos mártires de Compluto. Allí en Córdoba Félix habría sido martirizado y muerto en 853, lo que hizo que fuera hecho santo, sería san Félix de Alcalá. Esto lo contaría Eulogio en una epístola de 858. De Eulogio se conservarán tres epístolas y las obras: Memorial de los Santos Documento martirial, que le llevaría a la cárcel al incitar al martirio voluntario en Al-Andalus, o sea: al desorden social. No obstante, se sabe que hasta cincuenta personas llegaron a hacerle caso. Fue liberado en 851, pero al subir al trono Muhammad II en 852 se volvieron a endurecer las leyes contra los cristianos, de ahí la ejecución de Félix de Alcalá en 853, por ejemplo. Este endurecimiento provocó que Eulogio tuviera que cambiar de residencia varias veces. En 857 publicó la Apologética de los Santos Mártires, y posteriormente himnos, cartas y las obras Passio sanctorum martyrum Georgii monachi y Aurelii atque Nathaliae. Ayudó a una hija de una familia musulmana adinerada a convertirse al cristianismo, Lucrecia, y a ocultarse en su casa, razón por la cual fue definitivamente preso y ejecutado en 859, aunque se le dio la oportunidad de eludir la ejecución. 

Todo el conjunto de la obra de San Eulogio se considera haber sido escrita entre 850 y 859, de las cuales de varias se sabe las fechas exactas, como la citada carta donde cita a Complutum en 858. También de ese año sabemos que el obispo de Saint-Germain-des-Pres de París había mandado a la península Ibérica a dos monjes en busca del rescate de reliquias cristianas que se encontrasen en territorio musulmán, como ya dijimos en el Calendario mozárabe. Contamos ya que siguieron los de dos santos y llegaron hasta Córdoba, tras lo cual regresaron a Francia siguiendo al ejército musulmán, que se dirigía a Toledo, la ciudad de las tres religiones, para sofocar una rebelión. Desde allí escribieron haberse alojado unos días en Complutum, donde había un obispo y siguieron camino a Zaragoza y luego de regreso a completar su misión. Todo esto son documentos que más o menos nos hacen ver que existía una comunidad cristiana en una Compluto ya reducida, que posiblemente da nombre a poblaciones menores aledañas, y ante una población musulmana también existente. En todo caso, en ese siglo IX está inserto dentro del intento del control del relato por parte de los cronistas de uno y otro lado, lo que llamaríamos hoy propaganda, pues no se usaba método científico, sino de crónica, esto es: sin comprobar muchas veces muchas de las historias que se contaban y sin someterlas a un juicio crítico y analítico que tratara de ver todas las partes. Tampoco olvidemos que ellos mismos se veían insertos en una dinámica de guerra con componente religioso. Componente religioso que hemos de poner en juicio en buena parte hoy día, pues mientras Eulogio nos habla de intransigencia y martirios a cristianos, cosa que ocurrió, esta probablemente habría que matizarla, pues los monjes parisinos no tuvieron problema alguno en ir hacia el norte incluso acompañando a la tropa musulmana camino de Toledo. Algo no cuadra si solo atendiéramos a Euologio. Por esta razón este autor tiene muchos historiadores críticos sobre la veracidad total y exacta de gran parte de lo que narra y se atiende bastante a su constante vital de que la gente se presentara al martirio voluntario para crear, según él creía, nuevos cristianos y mayor fuerza del cristianismo.

 Sea como sea, su obra es el cuerpo de lo que se conoce como Mártires de Córdoba, una colección de vidas hagiográficas de mártires de la que (esto es parte de lo que levanta sospechas) solo él es el único autor de los hechos que se narran a título de testigo o de recogedor de datos. Ningún otro autor de la época lo hace. En todo caso, lo que queda como fidedigno es que hubo épocas dentro de Al-Andalus de intolerancia combinadas con otras de tolerancia, de igual manera que ocurría al revés en los reinos cristianos.

Las Obras completas de San Eulogio se publicaron en tiempos actuales en 1998 en una edición anotada y traducida por María Jesús Aldana García a través de la Universidad de Córdoba. Ya había sido publicado en el siglo XVII de forma integral previamente. 

Un año después de la muerte de Eulogio, transformado en mártir San Eulogio, otro intelectual mozárabe, Paulo Álvaro Cordobense, conocido como Álvaro de Córdoba, tal vez nacido también en Córdoba en el año 800 como Eulogio, escribió y publicó el libro Vida y pasión del beatísimo mártir Eulogio. Hablamos del año 860. Álvaro de Córdoba era teólogo, erudito y poeta. Había estudiado en la misma escuela de Eulogio, por lo que se conocían, eran amigos. Quizá por eso fue su primer y más inmediato biógrafo de una manera muy generosa. Tampoco es raro, pues a través de su correspondencia el propio Eulogio le había alabado también muy generosamente. La principal preocupación de Álvaro de Córdoba realmente era que los cristianos mozárabes no supieran escribir bien el latín, y sí el árabe. Era precursor de mantener la lengua de los visigodos y la culta del latín. Como sea, no tuvo mejor suerte, su muerte se produjo en 861. Es a través de este autor que completamos y conservamos lo respectivo a San Eulogio y a los Mártires de Córdoba. En lo referente a ello también algunos autores le ponen en entredicho por no haber sido crítico. 

Recordemos que estaban insertos en su época y en las circunstancias que les atañían. Además, la cuestión religiosa se unía a la política y a la económica en todos los Estados del momento, por lo que las posturas más férreas religiosas eran a la vez posturas políticas en una época donde las soluciones violentas no eran inusuales en cualquier lugar del mundo conocido.

Pedro Rafael Díaz y Díaz tradujo a Álvaro de Córdoba, le comentó y anotó en 1993, a través de la revista Florentia Iliberritana de la Universidad de Granada, que la puso disponible en electrónico en 2016. También había sido editado en el siglo XVII. 

En todo caso, recordemos que en 961 el Calendario mozárabe de Rabi Ben Zaid (Recemundo) era motivo de regalo al califa de Al-Andalus Alhaken II, y que él, aún siendo mozárabe, ocupó importantes cargos diplomáticos para el Califato. La reflexión, análisis y crítica histórica tienen  cabida de un pasado aún por desentrañar bien.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

lunes, 17 de octubre de 2022

Calendario mozárabe o El Libro de la división de los tiempos

Título: Calendario.
Autor: Rabi Ben Zaid (Rabi Ibn Zaid, o Recemundo, obispo de Elvira o Iliberis).
Editor: Rabi Ben Zaid (Rabi Ibn Zaid, o Recemundo, obispo de Elvira o Iliberis).
Año de publicación: 961 (1ª edición).
Género: Hagiografía; Religión; Calendario, Historia.

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Título: Calendario mozárabe (también: Calendario de Córdoba, Calendario Hispano-Mozárabe y El Libro de la división de los tiempos).
Autor: Rabi Ben Zaid (Rabi Ibn Zaid, o Recemundo, obispo de Elvira o Iliberis).
Editor: Biblioteca Virtual Cervantes.
Año de publicación: 1871 (1ª edición, edición de Francisco Javier Simonet; reeditado digitalmente por Biblioteca Virtual Cervantes en el siglo XXI).
Género: Hagiografía; Religión; Calendario, Historia.
ISBN/Depósito Legal/Creative Commons: [No consta. Reproducción del original de 1871 guardado por la Biblioteca de la Universidad de Granada].

 

Entre el año 657 y 667 San  Ildefonso de Toledo, arzobispo de Toledo, ya había dejado constancia de la existencia del obispado de Compluto a través de biografía de San Asturio, del que hablamos en el libro De los hombres ilustres. En ese mismo siglo aparecerán desde entonces la firma de varios obispos de Compluto en las actas episcopales firmadas en Toledo. Ahora bien, la siguiente aparición en libros de la ciudad de Alcalá de Henares se hace un poco más compleja de seguir, por más que el Reino Visigótico de Hispania entra en una crisis de violencia tras otra hasta que los propios nobles y obispos cristianos piden la intervención del Imperio Musulmán, lo que este aprovecha para iniciar una invasión de la península Ibérica en 711, en principio sin autorización directa del propio califa Omeya (el emperador). Se sabe que, aparte de las firmas de obispos complutenses en actas toledanas, durante siglos sometidas a examen para comprobar su autenticidad, el nombre de Compluto apareció a lo largo del siglo IX en varias memorias religiosas cristianas. Así por ejemplo, San Eulogio mencionó haberse alojado cinco días en la ciudad gracias a la hospitalidad del obispo Venéreo, cuando se encontraba de regreso a Córdoba. Fue en ese regreso a Córdoba que habló del martirio que recibió un monje llamado Félix, conocido como San Félix de Alcalá, el cual tiene calle hoy día en la Alcalá de Henares. Claro que San Eulogio animaba a sus oyentes a presentarse al martirio voluntario en Al-Andalus, cosa que parece ser que fue llevada a cabo por al menos cincuenta personas. Sea como sea, este escrito sería de 858. Ese mismo año el obispo de San Germán de los Prados de París había mandado a la península Ibérica a dos monjes en busca del rescate de reliquias cristianas que se encontrasen en territorio musulmán. Consiguieron los de dos santos y llegaron hasta Córdoba, tras lo cual regresaron a Francia siguiendo al ejército musulmán, que se dirigía a Toledo, la ciudad de las tres religiones para sofocar una rebelión. Desde allí escribieron haberse alojado unos días en Complutum, donde había un obispo y siguieron camino a Zaragoza y luego de regreso a completar su misión.

Se nos hace difícil rastrear las menciones de Alcalá de Henares en libros en época del Emirato de Córdoba y del Califato de Córdoba, así como cuando pasó a ser Reino de la Taifa de Toledo. Sabemos que parte de las tropas que utiliza el hijo de Almanzor en 1031-1032 para dar su golpe de Estado que acabaría con el Califato de Córdoba las sacó del acantonamiento alcalaíno (qun), de origen étnico mayoritariamente bereber.  También conocemos que aquí hubo un castillo que fue el dotó a la ciudad de un nuevo nombre Al-Qalat en-Nahar, Castillo Sobre el Río de las Piedras, previamente Qal'At'Abd al-Salam  (Castillo de Salam, el nombre del señor musulmán suponemos que fundador del castillo). Y ya habíamos hablado por parte cristiana de la aparición del Henares y ese castillo, así como la población musulmana en el Cantar de Mío Cid, trascrito en 1207 sobre hechos de 1081. Pero se nos escapa poder rastrear si hubo autores musulmanes de Al-Qalat en-Nahar, o si esta apareció en libros musulmanes. Por un lado la propia destrucción de libros y documentos en aquellos siglos medievales, por otro lado la nula o difícil traducción que, aún en pleno siglo XXI, se ha hecho de todo lo que ha quedado por parte de historiadores, pero también porque muchas obras iban retrocediendo junto al territorio musulmán. Cuando el Reino Nazarí de Granada cayó en 1492 partieron al exilio junto con Boabdil una buena parte de sus bibliotecas, que acabaron vagando por el desierto y acabando en la biblioteca de Tombuctú, actualmente Mali, la misma biblioteca que en pleno siglo XXI, no hace muchos años, fue atacada por el extremismo islámico y buena parte de sus libros rescatados por la gente común, aún en búsqueda para poder recuperar la colección. Aún así, su rico fondo andalusí no había sido ni ha sido consultado debidamente por los propios historiadores españoles... en quinientos años, y actualmente, evidentemente, se hace complejo que esto pueda ocurrir en breve.

Como sea, sí tenemos algunos testimonios de escritores cristianos que estuvieron en Al-Andalus, como los citados, de los que tenemos noticias de esos obispos y de los testimonios de esas personas, que más o menos lo que nos vienen a contar es que en Al-Qalat en-Nahar, para ellos Compluto (aún no había cuajado el nombre de Villa de San Justo o San Yuste que propició el Papado en el siglo XII para su reconquista), existía también una población cristiana que contaba con un pequeño obispado. No obstante, en territorio musulmán se permitían las religiones del Libro (la judía, la cristiana y la musulmana), si bien aquella que no fuera la islámica no podían construir centros de culto nuevos, profesar su fe de manera pública y sus individuos debían pagar un impuesto especial, lo que no quitaba para que hubiera épocas de más y menos intolerancia, de ahí los periodos de martirios y de guerras, en sentido contrario en territorio cristiano respecto a musulmanes y judíos pasaba lo mismo. 

Es difícil rastrear a Alcalá en la literatura andalusí y sus crónicas, aunque aparece sumergida en la leyenda de la Mesa de Salomón narrada por los cronistas Al-Makkara, Ajbar Machmua, al-Razi e Ibn al-Qutiyya, y se menciona la historia del castillo musulmán  por Al-Bayan-Al Mugrib, Muqtabas Ibn Hayyan y por parte de Ibn al-Jatib.

Uno de los autores mozárabes que escribió mencionando a Compluto en libro fue Rabi Ben Zaid (también mencionado como como Rabi Ibn Zaid), que con nombre cristiano es llamado Recemundo, obispo de Elvira o Iliberis). Su libro en realidad era un librito llamado Calendario, también llamado Calendario mozárabe (también: Calendario de Córdoba, Calendario Hispano-Mozárabe y El Libro de la división de los tiempos). Fue un calendario santoral que recogía nombres de santos y les asignaba un día del año para celebrarles, que solía coincidir con su martirio u otra circunstancia. El libro hoy día es valorado por aquellos estudiosos de los mozárabes, así como del rito cristiano mozárabe. Fue publicado en 961, y hoy día se sigue publicando y vendiendo, si bien se puede leer la copia original que se publicó en 1871 por Francisco Javier Simonet, que lo comentó. Esa copia hoy día está guardada en la Biblioteca de la Universidad de Granada y se puede consultar por Internet gracias a la Biblioteca Virtual Cervantes.

El libro además da datos agrícolas, astrónomos y tradicionales de cada lugar, así como cuestiones de medicina. 

Básicamente se dedica a asignar el día exacto del 6 de agosto como el día que la ciudad de Compluto celebra a San Justo y Pastor, siendo imposible realmente que se pudiera saber qué día exacto fueron martirizados siglos antes. Puede que en aquel siglo X hubiera alguna fiesta en su honor el 6 de agosto por alguna razón de tradición oral que se nos pierde su circunstancia o bien por ser apta como fiesta veraniega relacionada con asuntos del campo, o incluso, más arriesgado de hacer hipótesis, que el 6 de agosto tuviera remotamente alguna fiesta pagana local en honor a algún dios o diosa romano y que se aprovechase para celebrar a Justo y Pastor. Bien es cierto que en el mismo siglo que fueron martirizados, el IV, San Paulino de Nola ya decía que había un culto a la tumba de un mártir en Compluto, ¿sería ese culto en 6 de agosto? Nos es imposible saberlo hoy día y más imposible debía resultarle a Recemundo saberlo también. Hay que pensar que muchos de estos escritos se hacían para consolidar y perpetuar un culto que retrocedía, pues muchos cristianos se hacían musulmanes en territorio de Al-Andalus. Además hay que tener en cuenta que la propaganda cristiana de esa época se ligaba efectivamente a los mártires. Cuando Alcalá de Henares sea reconquistada en 1118 se hará en nombre de recuperar el lugar de los Santos Mártires Justo y Pastor, y la llamaran por un tiempo Villa de San Justo o San Yuste.

En todo caso, los musulmanes no despreciaron la cultura y Al-Andalus fue en aquellos tiempo el centro de la cultura. Buena parte de la cultura europea se salvó gracias a la Escuela de Traductores de Toledo. Rabi Ben Zaid, o Recemundo, escribió la obra en latín y en árabe, y se la dedicó al califa de Córdoba Alhaken II, por lo que no era una obra perseguida, todo lo contrario. El autor, nacido en 908, era además astrónomo, matemático y filósofo, de ahí en parte su interés por crear un calendario. En 950 había suavizado ante el califa un momento de tensión con monjes cristianos. Por ello había sido embajador de Abderramán III en la Corte del emperador del Sacro Imperio Romano Germano Otón I en 953, a la vez rey de Francia Oriental, con la idea de rebajar la tensión por las acusaciones a los musulmanes de ser autores de desmanes en la Provenza. Luego fue enviado en misión diplomática a Bizancio y a Jerusalén en 960, para conseguir obras de arte para Medina Azahara, un año antes de publicar el calendario en 961. Fue nombrado obispo de Elvira por todo ello por el califa o su autorización . Era pues un hombre sabio, diplomático, respetado y viajado. Murió en 980, cuando Almanzor comenzaba una de las campañas militares contra los reinos cristianos más activas, efectivas y virulentas.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 8 de octubre de 2022

De viris illustribus (Sobre los varones ilustres)

Título: De viris illustribus (Sobre los varones ilustres)
Autor: Ildefonso de Toledo (San Ildefonso).
Editor: Arzobispado de Toledo (arzobispo Ildefonso de Toledo).
Año de publicación: 657 a 667 (1ª edición).
Género: Historia; Hagiografía; Religión.

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Título: El "De viris illustribus" de Ildefonso de Toledo. Estudio y edición crítica.
Autores: Ildefonso de Toledo (San Ildefonso) / Carmen Codoñer Merino.
Editor: Universidad de Salamanca.
Año de publicación: 1972 (1ª edición; edición de Carmen Codoñer Merino).
Colección: Estudios Filológicos.
Nº de volumen en la colección: 61.
Género: Historia; Hagiografía; Religión; Biografía; Filología.
ISBN: 978-84-78006328

 

Si recordamos que fue Paulino de Nola quien mencionó por cuarta vez en un libro a Alcalá de Henares, cuando aún era Complutum, entonces recordamos que aquello sucedió en un poema que le dedicó a su hijo Celso, muerto a los ocho días de nacer y enterrado en Complutum junto a la tumba de un mártir cristiano que los complutenses veneraban, en 392.  No comentó quién era el mártir. Recordemos ahora que fue Prudencio el que en 405 publicó su Libro de las Coronas, donde se mencionó Complutum por quinta vez en libro, en el cual se identificó a aquel mártir como Justo y se habló de su vida y de la su hermano Pastor. Ahora comentaremos que continúa la cuestión Ildefonso de Toledo, conocido por su santificación como San Ildefonso. El Imperio Romano había caído definitivamente en 476, al menos la parte occidental y había comenzado lo que hoy llamamos la Edad Media con los reinos germanos. Las provincias romanas de Hispania pasaron a formar un reino gobernado por los visigodos, quienes a su vez ya gobernaban en nombre de Roma más o menos a lo largo del siglo V. En los inicios del Reino Visigótico de Hispania el territorio se independizará de los territorios galos de los godos y hará frente a otros pueblos germanos asentados en la península, los vandalos y alanos, así como con el tiempo también harán frente al Imperio Bizantino que se asentará en Murcia y Baleares. Otros problemas que tenían era el de la gobernabilidad, frágil con innumerables conspiraciones y magnicidios, y otro problema de orden social que solía desembocar en rebeliones, bandos, criminalidad y otras cuestiones violentas, en el cual tenía cabida las diversas represiones en uno y en otro sentido por las creencias religiosas. En un principio chocaría lo pagano con lo cristiano, pero lo cristiano se impuso rápidamente con el problema de encontrarse dividido entre cristianos arrianos, que fueron declarados herejes, y cristianos que reconocerían la primacía del obispo de Roma (el Papa), lo que sería los cristianos apostólicos romanos. El problema religioso estaría lleno también de conspiraciones de Estado y violencias diversas en la gente común, mientras que los intelectuales teólogos mantenían toda una actividad muy viva para defender una y otra postura, de la cual, por vencedores, nos ha quedado muy patente los apostólicos romanos. En ese contexto aparece Ildefonso de Toledo, del cual no conocemos su nombre de nacimiento pues probablemente al ser nombrado arzobispo de Toledo cambiaría su nombre, como era y es costumbre cristiana.

San Ildefonso de Toledo  habría nacido en el año 606 ó el 607 durante el reinado de Witerico y como hijo de una de las diversas familias visigodas que formaron parte de las familias reales. Desde niño por iniciativa propia y en contra de su familia entró a formar parte de un convento, el monasterio de Agali. Dedica su vida entera al cristianismo, conoce a diversas personas que terminarán siendo santos, incluido un tío suyo, y hace estudios que le llevan a escribir abundantemente y a publicar una cantidad de libros que para aquella época era inusual en un autor. Escala la jerarquía religiosa hasta alcanzar el arzobispado de Toledo, que es el cargo más importante entre los obispos de España, después del Papa. Esto ocurrió en 657. Autores posteriores afirman que, teóricamente, se le apareció la Virgen María en 665 en una cueva para darle la casulla y la primacía entre los obispos hispanos, milagro que solo se documentó por primera vez en 1658, en plena Contrarreforma religiosa. Como sea, se destacó de entre los intelectuales de su época por su obra en torno a la Virgen, al bautismo, a la vida espiritual, a las cartas que le mandó al obispo Quirico de Barcelona sobre diversos temas, y sobre todo a continuar una obra que había iniciado en realidad San Isidoro de Sevilla (556-636), obispo de Sevilla, quien a la vez continuaba la obra iniciada por San Jerónimo, muerto en 420. Se trata de la obra De viris illustribus (Sobre los hombres ilustres). Será ahí donde se mencione de nuevo a Complutum.

San Ildefonso retomará la obra de San Isidoro nada más ser nombrado arzobispo de Toledo en 657 y le dará continuación investigando, reflexionando y escribiendo hasta 667, año de su muerte. Por un lado trataba de contestarse cual de las corrientes del cristianismo era la correcta y cual era herética, se trataba de justificar que los males del mundo no eran culpa de los cristianos sino de aquellos que no se comportaban como Cristo había mandado, y darle al cristianismo mismo un halo de sabiduría y antigüedad del que no gozaba frente a los que habían mantenido creencias paganas. Mientras San Isidoro escribió sobre hombres ilustres intelectuales escritores y sabios, San Ildefonso le dará un giro y añadirá trece biografías que transcurrieron en torno a la vida dedicada a Cristo, no necesariamente intelectuales, lo que empalmaba en cierto modo con esa búsqueda hagiográfica de mártires cristianos que se había iniciado en el siglo IV y que ya comentamos a través de San Paulino de Nola y Prudencio, pues es con ellos que se menciona Complutum por cuarta y quinta vez en libro precisamente en torno a la cuestión de los mártires, como ya hemos dicho.

Ahora en esta sexta vez vuelve a aparecer el nombre de Complutum por el asunto de Justo y Pastor. Si Paulino de Nola decía en 392 que había al menos la tumba de un mártir al que la gente de la ciudad rendía culto, y si Prudencio afirmaba en 405 que se llamaba Justo y su hermano Pastor, ahora en esta obra de 657 a 667 Ildefonso de Toledo nos cuenta que hubo un obispo llamado Asturio, de origen hispano pero con familia romana, de Villaseca de la Sagra, en Toledo, que llegó a Complutum en 410, cinco años después de la publicación del Libro de las Coronas de Prudencio, a la vez que era el mismo año que Roma era saqueada por los godos mandados por Alarico. Siguiendo la biografía que le hace Ildefonso, llegó dispuesto a buscar los restos de Justo y Pastor, lo que viene a indicarnos de manera implícita que no se sabía dónde estaban enterrados. Puesto que Paulino de Nola enterró a su hijo en 392 y Prudencio escribió en 405 hemos de creer que la tumba referida por el primero podría ser la de otro mártir, o bien que de 392 a 410 fueron sacados los huesos, a fin de cuentas Pualino de Nola nunca dijo el nombre del mártir. Puede que Prudencio supiera de la historia de Justo y Pastor, pero desde luego no de la tumba. Lo cierto es que sabemos que en Complutum hubo mártires que quedaron anónimos, aunque la fama recayera en Justo y Pastor, quizá por ser niños y poder ser un instrumento más utilizable para la propagación de las bondades del cristianismo frente a un paganismo capaz de matar inocentes, al menos en la teoría, pues sabemos que el primer cristianismo también cometió barbaridades, véase lo ocurrido en Alejandría a finales del Imperio Romano. En cierto modo estas hagiografías también servían de propaganda para los intereses propios en una época donde religión y política o poder estaban íntimamente ligados.

La cuestión es que Asturio encuentra los huesos de los niños en el Campo Laudable, a las afueras de Complutum en una zona que por recientes excavaciones arqueológicas sabemos que existía ya entonces alguna gran casa romana de alguien adinerado. Estamos hablando de la actual Plaza de los Santos Niños. Asturio tomó posesión de la basílica, esto es del gobierno de la ciudad. Las basílicas eran los centros de gobierno y de juicios en los municipios romanos, que a la vez tenían algunos rituales religiosos y que con la legalización del cristianismo en el Imperio Romano y con su nombramiento como religión oficial cada vez más pasaron a formar parte de un centro de actos religiosos, por ello en el cristianismo posterior las basílicas no son centros gubernamentales y judiciales, sino religiosos. Asturio se hace con ese gobierno desde la basílica, donde además se afirma que se torturó (martirizó) a Justo y Pastor y cuyo único muro sobreviviente en pleno siglo XXI es llamado hoy día paredón del martirio, en el barrio de Nuestra Señora del Pilar o barrio de El Juncal. Formó lo que se llamó el obispado de Complutum, del que Ildefonso dice que fue el primero que hubo, aunque Asturio era también el décimo obispo de Toledo. Aquí comienza un debate muy largo desde el siglo XIX, pero especialmente desde el XX, sobre si realmente ese obispado existió, sobre si se sostuvo o cuando se formó. Parece ser que sí existió, que tuvo vida breve ya por la llegada de los visigodos o por la de los musulmanes, y que cuando se recuperó lo hizo como obispado de Alcalá de Henares, en el último cuarto del siglo XX, ya que previamente estaba en el obispado de Toledo y en el siglo XIX y una parte del XX en el de Madrid. Sea como sea, en lo que nos ocupa de la mención de Complutum en libro, est se liga en cuanto a San Asturio, los Santos Niños Justo y Pastor, el obispado de Complutum y el gobierno de Asturio de la ciudad y del obispado, con poderes sobre el territorio y poblaciones colindantes. Fue breve, pues Asturio murió en 412, dos años después. De él dice Ildefonso más de doscientos cincuenta años después que era un hombre más dado a las obras que a escribir, razón por la cual afirma que no hay casi textos de él, si bien hoy día no se conocen textos de él. Es de suponer que dado el caso se conocería a Asturio en pleno siglo VII más por tradición oral, con toda la posible distorsión que pudo tener, que por documentos.

Lo cierto es que durante las tres primeras ocasiones que se mencionó a Complutum desde el siglo I antes de Cristo se la quiso dotar de un pasado fundacional que, reconociendo la existencia de una población carpetana anterior, se ligaba a las guerras civiles romanas de los tiempos finales de la República, uniéndola además a los grandes nombres de Sertorio y de Pompeyo, que efectivamente pasaron por aquí como incluso la arqueología actual nos viene confirmando en los últimos años. Se quiso dar entonces un giro cuando haciendo gala de la épica y la propaganda política propia del tiempo se quiso crear el mito fundacional de la llegada remota de guerreros troyanos que exiliados llegaron al Cerro del Viso para fundar la ciudad. Nada más lejos. En la cuarta vez que se la nombra, con Paulino de Nola en el final del siglo IV lo que se hace es dejar memoria y constancia de la existencia de cristianos en Complutum incluso en los tiempo en los que fueron perseguidos, puesto que hay tumbas de mártires, y cuando Prudencio lo nombra en el siglo V lo que hace es dotarle de la vieja épica de las crónicas pero puesta al día en términos cristianos al dar nombre y vidas biográficas a dos de esos mártires, niños inocentes torturados y ejecutados por su fe. Ahora en la sexta vez que se mencionaba a Complutum, Ildefonso lo que hace es crear una nueva fórmula para validar la ciudad al dotarle a esa historia de un contexto de mito fundacional. Con la caída del Imperio Romano mucha gente había vuelto a la vida en el campo ya que la inseguridad en los caminos solían dejar desprovistas a las ciudades de alimentos suficientes y materias primas. La protección y la justicia caía en manos de los señores de la guerra, los nuevos nobles, y no tanto de la administración del Estado, aunque existía y sostenía luchas a menudo con esos señores y sus huestes. Por ello Complutum había caído en decadencia y perdido población como otras muchas ciudades en todo lo que fue territorio del Imperio y ya no lo era. Los visigodos crearon en Hispania uno de los reinos más sólidos de la nueva Europa de reinos germanos, aunque parezca mentira. Pero esa solidez se hizo a base de numerosas guerras internas que nunca dejarán de producirse hasta la invasión musulmana de 711 a petición de uno de los reyes visigodos en guerra con otros. 

Ildefonso debió considerar que los mitos fundacionales de Complutum estaban muy ligados a la antigüedad, al paganismo y al Imperio Romano, y dado que ya se había constatado la existencia de cristianos y de mártires en la ciudad, era lo propio de hablar de la llegada providencial del obispo de Toledo, Asturio, que es capaz de encontrar los restos perdidos de Justo y Pastor y de volver a poner orden administrativo y guía espiritual a los complutenses y vecinos, dando así a entender que es el cristianismo el orden frente al desorden. Refundación de la ciudad que no reniega de su pasado, pero se ve renovada en los nuevos tiempos con la protección no solo del Dios cristiano si no también de sus propios santos que también murieron por su fe por la ciudad, como Cristo en la cruz por toda la humanidad. Con este argumentario Complutum es introducida en la Edad Media por Ildefonso de Toledo dando estos datos para su Historia. 

Reales o irreales, exactos o inexactos, marcaría el devenir de la ciudad, pues será precisamente el culto a Justo y Pastor el que impulsará su reconquista, el que hará que crezca la ciudad medieval y se traslade su centro, el que fomentará instituciones, etcétera. En cuanto a San Ildefonso de Toledo volverá a tener que ver con Alcalá de Henares, pero no por sus escritos, sino porque varios siglos después el cardenal Cisneros consagrará el Colegio Mayor de la Universidad de Alcalá de Henares a él. La trayectoria posterior de la Universidad de Alcalá de Henares tendrá a san Ildefonso presente por ser parte importante de su edificio principal que hoy es sede de su rectorado.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".   

sábado, 1 de octubre de 2022

Peristéphanon (Libro de las Coronas)

Título: Peristéphanon (Libro de las Coronas)
Autor: Prudencio (Aurelio Clemente Prudencio).
Editor: [Prudencio (Aurelio Clemente Prudencio)].
Año de publicación: 405 (1ª edición).
Género: Poesía; Hagiografía.

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Título: Obras Completas.
Autor: Prudencio (Aurelio Clemente Prudencio).
Editor: La Editorial Católica.
Año de publicación: 1981 (1ª edición; edición de Alfonso Ortega e Isidoro Rodríguez).
Colección: Biblioteca de Autores Cristianos.
Nº de volumen en la colección: 427.
Género: Poesía; Hagiografía; Ensayo; Memorias.
ISBN: 978-84-22010208

 

El quinto autor en la Historia en escribir sobre Alcalá de Henares estuvo muy cerca en el tiempo de la cuarta vez. Si bien aquella cuarta vez fue en 392 y se publicaría en algún momento de aquella década de 390, aquel fue Paulino de Nola, la quinta vez sabemos que fue una publicación exactamente de 405, y era en un libro escrito por Aurelio Clemente Prudencio, más conocido como Prudencio. El libro se llamaba Peristéphanon, traducido: Libro de las Coronas. Dada la ingente actividad intelectual de Paulino de Nola carteándose con todos los escritores afamados de su tiempo, es de creer que probablemente se conocieron de algún modo. Es más, mientras Paulino de Nola escribía en su poema fúnebre que enterró a su hijo de ocho días junto a la tumba de un mártir de Complutum en 392, es Prudencio quien en 405 escribió y publicó sobre aquel mártir y le dotó de nombre, así como mencionó que era hermano de otro mártir, serían Justo y Pastor, ejecutados por no abjurar de la fe cristiana a comienzos del siglo IV, cien años atrás de estos escritos. En nuestros días la obra de Prudencio suele aparecer en colecciones que la reúnen en obras completas, como hizo La Editorial Cristiana en 1981, en su Biblioteca de Autores Cristianos, a cargo de Alfonso Ortega e Isidoro Rodríguez. En todo caso, entre finales del siglo IV y comienzos del siglo V muchos autores cristianos del Imperio Romano trataban en esas fechas de recuperar la memoria de todos aquellos que habían sido perseguidos por su fe desde la creación del cristianismo en el siglo I, tenían muy reciente relativamente los ejecutados por el edicto de comienzos del siglo IV, años antes de que el cambio de emperador propiciara la legalización de todas las religiones. Los descendientes y amistades de aquellos ejecutados aún tenían una memoria fresca.

Prudencio nació en Calahorra en 348. Aunque el Imperio tenía legalizado el cristianismo, vió en 362 como el emperador Juliano "el Apóstata" quiso regresar al paganismo, lo que le hizo ver una serie de intolerancias y persecuciones que fueron infructuosas. Quizá de ahí viene que en aquella época se quisiera realizar una especie de recuperación de memoria histórica de los represaliados y de lo que sucedió. Él tenía 14 años de edad entonces. Al crecer se hizo profesor de retórica, jurisconsulto y al final diplomático y político, siendo gobernador de diferentes lugares y viajando con frecuencia a los centros de poder en Roma y Milán. Su posición probablemente le permitió ver la represión contra los últimos reductos de paganos y de cristianos declarados herejes por ejercer el arrianismo. En esas actividades a veces intervino ante peticiones de la familia imperial, así como descubrió restos de huesos de personas declaradas santas. Durante todos esos años no paró de escribir y publicar, siendo una persona muy conocida. Así escribió himnos religiosos cristianos que aún hoy día se usan en las misas, poemas e himnos a mártires y reflexiones sobre el origen del pecado y sobre su propia vida. 
 
 Siendo anciano recibió acusaciones desde el Senado que hicieron que tuviera que viajar para defenderse en un juicio del que resultó inocente. Se trasladó a Hispania a finales del siglo IV, puede que en ese momento pasara por Complutum y coincidiera con Paulino de Nola o conociera los restos de los mártires que se veneraban allí. La cuestión es que se hizo asceta, se retiró a un monasterio y comenzó a ser vegetariano. Algunas biografías sitúan su muerte allí en 404 o 405, sin embargo, otros biógrafos le vuelven a ubicar en Roma cuando el visigodo Alarico la asediaba en 410 y en ese momento murió días antes de que se produjese el asalto a la ciudad, su saqueo y su arrasamiento. 

El Libro de las Coronas lo publica ya anciano, y según algunas biógrafos en el año de su muerte, 405, aunque es bastante posible que la fecha real de esa muerte fuera en 410. Se trata de una colección de poemas que repasan vidas de mártires y tratan de dar lecciones de vida pedagógicas útiles para la ética y la moralidad en las personas. Eran poemas que había escrito a lo largo de los años, según iba conociendo vidas de mártires más o menos recientes, personas que por sus ejecuciones recibían culto, en una extraña mezcla entre tradición pagana y asunción de esas costumbres por parte cristiana. En él se menciona Complutum en cuanto se cita el culto que recibían los túmulos de Justo y Pastor y se explica la vida de estos y su martirio. Es la primera vez que se les nombra por su nombre. No obstante, en esta obra hay cierto carácter no solo poético y pedagógico, sino también casi de diccionario biográfico de mártires, es hagiográfico. Por todo ello, esta obra guarda relación y viene a corroborar la de san Paulino de Nola. Confirman ambas la existencia de mártires en Complutum y un culto cristiano hacia sus tumbas. Cuatro años después, en 414, Asturio, san Asturio, obispo de Complutum, llegará a la ciudad y dirá haber encontrado los restos perdidos de Justo y Pastor, por lo que no debía estar tan claro al lado de la tumba de qué mártir había enterrado Paulino de Nola a su hijo Celso, no obstante él no dijo el nombre. Si bien Prudencio sabe que en Complutum estarían los restos de Justo y Pastor, y que allí le martirizaron, si bien escribe sobre ellos y su biografía, no indica dónde y cuál era la tumba exacta. Lo hará, como hemos dicho san Asturio, y se nombrará a sí obispo de Complutum, refundando de nuevo la ciudad y dándole un "bautismo" cristiano a uno de sus mitos fundacionales. En todo caso, aunque Asturio dejó constancia de esto, cosa que historiadores posteriores han puesto en duda, al menos en cuanto a la veracidad de los restos encontrados, el próximo en escribir de este asunto de Asturio sería san Ildefonso, y eso ya sería el siglo VII, sin Imperio Romano, sino con el Reino Visigótico de Hispania. Sea como sea, fue Prudencio quien puso nombre a aquellos dos mártires en 405... aunque en la ciudad hubo de esos mismos años en los que ellos fueron ejecutados otros más.    


 Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

Poemas

Título: Carmina.
Autor: San Paulino de Nola (Poncio Meropio Apio).
Editor: [San Paulino de Nola (Poncio Meropio Apio)].
Año de publicación: Entre 392 y 393 (1ª edición).
Género: Poesía.

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Título: Poemas.
Autor: San Paulino de Nola (Poncio Meropio Apio).
Editorial: Gredos.
Año de publicación: 1981 (1ª edición).
Colección: Biblioteca Clásica Gredos.
Nº de volumen en la colección: 335.
Género: Poesía; Hagiografía.
ISBN: 978-84-24927615

 

El cuarto autor en mencionar a Alcalá de Henares  en un libro vuelve a hacerlo como Complutum, pues aún era ese su nombre. Seguía siendo época del Imperio Romano, pero ahora era finales del siglo IV. Hay que recordar que la tercera vez había sido en la Geografía de Ptolomeo, en la primera mitad del siglo II. Así pues, había pasado un siglo y medio. Lo hizo oro autor universal, tanto en las letras como en la religión cristiana, Paulino de Nola, transformado en santo, San Paulino de Nola, poco después de morir. Escribe sobre Complutum en unos poemas con carácter autobiográfico, aunque por primera vez dejó constancia de la existencia de unos mártires cristianos y un relativo culto a ellos en el lugar. Poniéndonos en contexto, el año 304, casi un siglo antes de los poemas de Paulino de Nola, el emperador Diocleciano creó un nuevo edicto de persecución contra los seguidores de la religión cristiana que incluía la pena de muerte contra aquellos que no quisieran abjurar. En complimiento con el edicto, las autoridades en Hispania encontraron en Complutum a una serie de personas que no abjuraron de ser cristianos. Los dos casos más famosos fueron dos niños llamados Justo y Pastor, que fueron martirizados y ejecutados, se les cortó la cabeza o degolló. Estos niños fueron hechos santos y empezarán a conformas otro de los mitos fundacionales de Alcalá, en este caso desde la perspectiva cristiana. Hoy día sabemos que no fueron los únicos ejecutados por el edicto, pues al menos otras siete personas lo habrían sido antes que ellos. Estos niños habrían sido enterrados en el Campo Laudable, a las afueras de la ciudad. Diocleciano acabaría sus días en 305 y el Imperio seguiría su Historia dando vueltas hasta que en 311 el emperador Constantino decretó la total libertad religiosa. Esto permitió la conversión de numerosas personas, así como la salida a la luz de los cristianos ocultos. En este florecimiento de creyentes aparecieron publicaciones religiosas cristianas, así como hagiografías y una búsqueda de testimonios de aquellos que habían muerto por su fe, algo parecido a lo que hoy llamaríamos recuperación de la memoria histórica.

Paulino de Nola nació después de aquellos hechos, pero ya en tiempos donde se producía esa recuperación de la memoria reciente. Paulino nació en 355, en la Galia. Fue educado por el poeta Ausonio, el más reconocido de su época, porque sus padres eran de una saga de senadores y cónsules romanos. Se trasladaban de Nápoles a Milán en función de sus trabajos. El propio Paulino, que nació siendo llamado Poncio Meropio Apio, fue senador hasta el año 378, año en el que dimitió para irse a Nola, en lugar de Capua, porque allí se veneraba a San Félix y le interesaba conocer ese culto. Él era pagano, seguía la religión clásica grecorromana, pero le interesaba conocer la nueva religión cristiana atraído por las biografías de los mártires. En 389 se trasladó a Hispania, aquí conoció a Teresia o Teresa, una mujer cristiana que será la que comenzará a instruirle y atraerle en la fe. Llegó a casarse con ella y convertirse al cristianismo. En algún momento vivieron en Complutum y tuvieron un hijo, Celso, que en el año 392 murió a los ocho días de haber nacido. Nuestro autor decidió enterrarlo junto a la tumba de uno de los mártires a los que la gente rendía culto en la ciudad. Marcó su vida al volverse introspectivo y abandonar su vida tal como la había llevado. Llegó a hacerse sacerdote primero y después nombrado obispo por aclamación popular. Lo fue de Barcelona al año siguiente, 393, año en el que abandonó España y se fue a Nola, de donde fue también obispo. Fue en ese momento que cambió su nombre al de Paulino, o "Seguidor de Paulo", esto es: de San Pablo.    

Combinaba ritos y creencias paganas con ritos y creencias cristianas. Su interés estaba en conciliar ambas creencias transformándolas en un sola a favor de Cristo. De ese modo esperaba también atraer a más personas y darle coherencia a la fe tal como se había vivido en todo tiempo vivido. De este modo quedó constancia que sus rituales eran una extravagancia mezcla de acciones simbólicas grecorromanas y acciones simbólicas cristianas. En medio de todas estas cuestiones él escribió numerosas cartas que se han conservado. Conocía a todos los intelectuales de su época. Él mismo era considerado el poeta más perfecto del momento, efectivamente también escribía poesía, en la que trataba de conciliar lo dicho: lo grecorromano con lo cristiano, y unirlo en uno. De todos estos escritos trabó amistad con San Ambrosio, a quien vio en persona en 393, cuando marchó a Italia a ocupar el obispado de Nola por la aclamación popular. Eran los tiempos en los que los bárbaros germanos amenazaban Roma.  Se encontraba en Roma cuando murió con él su esposa Teresa en 409. En 410 el visigodo Alarico asedió la ciudad y entró saqueándola y arrasando todo. Paulino de Nola mismo será hecho prisionero y esclavizado en África. Soñó siendo esclavo con ser uno de los jueces del final de un rey y al contar su sueño este se hizo realidad, por lo que se le creyó profeta y se le permitió pedir algo para calmar a Dios. Pidió su libertad y la de todos los esclavos de Nola. Se le concedió. Murió en 431.

Paulino de Nola escribe de Complutum en los días en los que reside en ella. Lo hace en su poema XXX y en el XXXI para hacer referencia al hecho autobiográfico de la muerte de su hijo Celso y de su enterramiento. Sin embargo, no menciona el nombre ni de Justo ni de Pastor, solo dice que Teresia y él lo enterraron al lado de la tumba de uno de los mártires que se veneraban en la ciudad. Ha sido la tradición posterior la que ha dado por nombre a aquel mártir el de Justo y lo ha reconocido como el niño hermano de Pastor, ambos mártires en Complutum. Sin embargo, a la vista de lo que sabemos, podría ser ese mártir u otro en la ciudad. Como sea, de lo que sí deja constancia Paulino de Nola es de que en la ciudad se realizaba un culto a los mártires ejecutados hacía casi un siglo por su fe cristiana, y ese culto derivaba a la vez del que en el paganismo grecorromano se hacía a algunos muertos de los que se creía que podían ser intermediaros con los dioses o semidioses, divinizados por alguna razón. En cierto modo lo que nos cuenta Paulino de Nola desde un poema sobre la muerte y los mártires inocentes es que se producía la memoria histórica y el sincretismo en favor de Cristo, a la vez que le era ineludible pensar que su hijo de ocho años podría alcanzar algo de la salvación  en Cristo enterrándolo junto a un hombre santo que recibía culto y debía estar en relación entre los hombres y Dios. Y todo esto en unos poemas donde se deja constancia a la vez de que en Complutum, ciudad notable del interior de Hispania, existía un culto cristiano y contaba con mártires.
 
El poema por tanto sería de 392 y se publicaría dentro de su obra Carmina (Poemas), que debió publicarse en algún momento de esa década de 390.

 Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".