viernes, 13 de marzo de 2026

La frontera azul

Título: La frontera azul.
Autor: Jorge Matías.
Editorial: Altamarea.
Año de publicación: 2026 (1ª edición).
Colección: Barlovento.
Nº de volumen en la colección: 32.
Género: Ensayo; Memorias; Novela.
ISBN: 978-84-10435-76-6
 
 
Jorge Matías regresa en su segundo libro a tratar de su antiguo barrio en Alcalá de Henares, el llamado oficialmente Polígono Puerta de Madrid, y popularmente conocido como "El Lianchi". Ya habló de él desde la perspectiva de la alcoholemia en su primer libro, Vinagre (2023), donde aportaba también cuestiones sociales del mismo en el último cuarto del siglo XX y comienzos del XXI. Ahora en este 2026 regresa con La frontera azul, nombre de una serie de televisión japonesa de la década de 1970 que se transmitió en la televisión española durante la Transición y dio lugar al apodo del barrio, pues el territorio de frontera azul (un río) era en torno a Liang Shan Po (un lugar de desterrados y del hampa), que aquí evolucionó a los vocablos Liam Sham Po, que pasó a Gran Champó o Liam Champó, que pasó en diminutivo del argot a Lianchí. Edita en la colección Barlovento de la editorial Altamarea. El libro se publicó en febrero de este 2026 y se presentó en Alcalá de Henares el sábado 14 de marzo, en la librería Diógenes, evento para el cual la librería, el autor y la editorial contaron con quien esto escribe por ser también escritor salido de ese barrio y que, además, aquí nací en su frontera más occidental, justo donde empieza lo que hace muy poco se está llamando Barrio Nuestra Señora de Belén, aunque siempre estábamos a caballo entre El Juncal y El Lianchi. La edición está realizada en tapa blanda solapada, en tono ocre, con lo que parece la imagen fantasmagórica de un clásico coche de la década de 1980, con el capó reventado, en un azul con alto contraste (pues se ha sacado de una foto posiblemente en blanco y negro) y con un grano gordo de offset, al estilo de las máquinas de impresión más deficientes de la época. Un ejercicio de estilo de diseño loable, al estar al servicio de todo lo que el libro es y cuenta, en metáfora, claro está. Igualmente, aparece en la obra una fotografía en blanco y negro a doble página de una de las entradas al Lianchi desde el centro de la ciudad, cercana a lo que sería una de las paradas del autobús que va y viene a Madrid capital. Tal fotografía es propiedad de quien esto escribe, pues fui yo quien la realizó originalmente para un artículo sobre el Lianchi que publiqué en mi bitácora Noticias de un espía en el bar (Noticia 2308ª, de 2024). Aunque en el libro no se menciona mi autoría de tal imagen, soy yo el autor, y concedo su uso, a hecho consumado de estar ya editada y publicada en la edición del libro. No me disgusta el libro y me parece un libro necesario y bien escrito, y coincido con el autor en muchas cosas, aunque difiero un poco en otras, no obstante, yo nací aquí y nunca me fui y puede que algunas visiones estén más desarrolladas en el tiempo en mí, y por tanto evolucionadas en la reflexión sobre la evolución de esas cuestiones. Aún así, sí que es cierto que me hubiera gustado que se mencionara mi nombre como autor de la fotografía. 

Jorge Matías nació en 1974 en Alcalá de Henares (en realidad en un hospital de Madrid por necesidad, como muchos alcalaínos, pues por entonces no había hospital en la ciudad). Como él mismo explica en su libro su familia vivía en otro lugar de la ciudad en sus primeros años de vida. Pensemos además que El Lianchi empezó a construirse en 1970. Se trasladaron al nuevo barrio, de carácter humilde y obrero, pero también con un fuerte componente marginal de las barriadas de Madrid, y muy abundante de las chabolas de Vallecas y del Pozo del Tío Raimundo, lo que le dio, esto es inevitable de mencionar, un componente característico también racial, mucha población era gitana y merchera (o quinqui). Eran casas de protección oficial que en principio iban a ser todo un barrio de lujo para militares y guardias civiles retirados, por ello se construyó en hormigón (para amortiguar posibles atentados con bomba) y con ajardinamientos y una peatonalización alta que contaba, además, con rampas para sillas de ruedas, todo muy innovador y anticipado a su tiempo. Con el deterioro de salud de Franco y su muerte, y con la ambición de eliminar las barriadas marginales del cinturón de Madrid capital, se quiso evitar una concentración de militares retirados tan cerca de Madrid, y pasaron a ser pisos de protección social. Se dejó en cierto modo abandonadas a su suerte sus infraestructuras, como el agua, la electricidad, el alcantarillado, la educación, etcétera, y por ello el Liam Champó pasó en parte al diminutivo Lianchi, ya que se hacía la broma de "chin luz, chin agua, chin ná". No obstante, el barrio fue también uno de los más reivindicativos por estos temas y por temas sociales de ayuda a la gente que lo necesitara... y también a dependientes de drogas o de alcohol. No es baladí que cuando ocurriera la intoxicación del síndrome tóxico en 1981 fuera en este barrio donde se creó la primera asociación de afectados que llevaron el caso a los tribunales. 
 
Como sea, el autor se trasladó con su familia al barrio en su niñez, y aquí vivió la misma y su juventud y primeros años adultos, antes de irse a otro lugar a vivir, sin abandonar nunca su raíz, pues su familia vive aquí. Él vive hoy día en Madrid. En su primer libro ya comentó que superó sus excesos con el alcohol. Se hizo obrero del sector metalúrgico, pero es también escritor. Aunque a fecha de hoy sólo tiene los dos libros mencionados, publicados ya con una edad avanzada, es un abundante autor en prensa de columnas de opinión, reseñas literarias, crítica de cine y crónicas de crímenes y de espectáculos, apareciendo en La Huella Digital, La Voz de Asturias, elDiario.es, La Marea y Jot Down, por el nombre de las cabeceras se puede entender que tiene también una perspectiva y compromiso social de izquierdas. 

Al igual que pasara con la primera obra de Jorge Matías, es difícil de decir qué género es exactamente. En un principio es claramente un ensayo. Pero es un ensayo porque a la vez son unas memorias del autor. Pero a la vez están escritas de una manera ágil que puede pasar por novela. Unas memorias noveladas... pero a la vez no es exactamente eso. Y a la vez de todo, también es ese ensayo de crítica social que, a la postre, hace algo de Historia, sociología y periodismo. Entiendo que son una mezcla de memorias del Lianchi contadas de modo algo novelado, desde su punto de vista entre niño y joven a caballo entre finales de la década de 1970 y fundamentalmente las décadas de 1980 y 1990, quizá haya algo de los primeros años 2000, por contraste con mi propio recuerdo y conocimientos del lugar. No deja de ser también un testimonio para la Historia de Alcalá de Henares, y de su sociedad más obrera y más depauperada y marginal, incluso de sus trabajadores más desfavorecidos y de los de las fábricas que han ido desapareciendo, especialmente tras la Gran Recesión de 2008, pero algunas ya antes en la crisis económica de la década de 1990. Tiene un valor testimonial muy claro. Pero también tiene algo de la agilidad de una novela, sin serlo exactamente. 
 
El libro tiene su cosa. Está bien escrito y, evidentemente, bien documentado. Recoge perfectamente todo un ambiente de la época y todo un carácter social y su deterioro. Hay una clara perspectiva del mundo obrero de Alcalá, no siempre tratado ni bien recibido en otros autores que prefieren centrar su atención en la Alcalá cultural y la sociedad que se crea en torno a ello y a sus instituciones. Y aunque esa otra sociedad organiza asociaciones que han tenido peso en el último cuarto del siglo XX y comienzos del XXI, es de recordar que de Puerta de Madrid (El Lianchi), Reyes Católicos, Nuestra Señora de Belén, El Juncal, San Francisco de Asís y Nuestra Señora del Pilar, pero sobre todo y especialmente de los cuatro primeros barrios mencionados, nació una nueva fuerza y sangre obrera que revitalizaron este municipio en su vida desde lo obrero, obreros que nutrieron esa Universidad que monopoliza todo análisis de Alcalá en muchos autores e instituciones. Y que de esos barrios nacieron numerosas asociaciones e iniciativas de las que la ciudad ha tenido auténticos motores sociales, como la citada del síndrome tóxico, pero también en petición de un hospital propio, de colegios, asociaciones de ayudas a alcohólicos y a drogadictos (no nos avergoncemos de esto), primer barrio en acoger una iglesia cristiana no católica, aunque también con iglesia católica, identificados con el origen romano de Complutum, y donde la gente suele ser altamente solidaria entre sí, hasta el punto que algunas personas de otros barrios llegaron a decir en algún momento que parecemos un municipio en sí mismo. Aunque altamente abandonados por el ayuntamiento, salvo en años electorales y momentos puntuales. Lo que aumenta el deterioro material y social. No obstante, estos barrios, núcleo original del Distrito II, hoy día aumentado con barrios de renta media, contienen en sí un fuerte grueso del número de habitantes de la ciudad y, a falta de que revisara el siguiente dato que tomé hace un par de años, es también la barriada más afectada por la ida de las industrias de la ciudad, y por tanto con más problemas de empleo y de pobreza. Y es precisamente estos problemas, problemas que se mencionan y detallan en el libro con el recuerdo de sucesos, prácticas comunes y casos concretos ocurridos en ese último cuarto del siglo XX, primeras décadas de existencia del Lianchi y barrios colindantes citados.
 
La marginalidad y el abandono municipal y social quedan retratados en este libro que honra a la vez tanto a los obreros y trabajadores en general del barrio, como a aquellas otras personas de mundos más marginales, casi o directamente lumpen, e igualmente de los que vivían de delincuencia, pero anota, y esto es importante, causas posibles de ello y problemas que lo agravan, así como esa especie de gueto social que hace el resto de la ciudad del barrio mismo. Entra en el alcoholismo de algunos padres de familia, y la violencia machista, el desempleo crónico, la organización de aquellos que se juntan para trapichear o para organizar peleas de perros (esto ocurría, yo llegué a ver una de gallos andando por la calle, no paré, hace muchos años), las demencias (personificada aquí en un pirómano), los señalados (personificados en un hombre que lee y se instruye, pero el bario mismo le frena y le señala en el resto de la ciudad y dentro del barrio mismo, cada uno por razones opuestas), el mundo de los chatarreros, la pobreza extrema como elemento a heredar de generación en generación, los que se lucran beneficiándose del otro, las gamberradas infantiles, el cine de verano cerrado de la calle Andrés Saborit, posteriormente sede de una peña festiva, Los Jardineros, y en realidad propiedad particular de una familia, etcétera. Y pasa además por el efecto de los fenómenos culturales de la cultura de masas, como es el cine y las serie orientales, como la que dan nombre popular al barrio, que durante los años 1980 hizo que muchos se aficionaran al kárate y al judo... y a la falsa creencia de pensar que se sabía manejar algunas armas como los nunchakus. O nos trae las costumbres de las mujeres que se sientan con sus sillas en la calle, los bajos comerciales hoy transformados en viviendas (algunas por ocupación), el bar marisquería que nunca ejerció de marisquería, los personajes más peculiares de una época en el barrio, la heroína de los años 1980, los coches robados, las escaseces materiales y las cosas que las sustituían...

En cierto modo esta visión complementa la que contaba Antonio Moreno en su novela  Saltando sobre los charcos (2025), una novela muy llena de recuerdos personales del autor en su infancia y juventud entre los años 1970 y 1980, coincidiendo en época y en ciudad, Alcalá de Henares, con Jorge Matías. Y no muy lejanas en el espacio. Recordemos que Moreno menciona El Juncal y Reyes Católicos, así como El Val y Vía Complutense. Mientras Jorge Matías nos da la perspectiva del barrio obrero más marginal en esa época, Moreno nos daba otra perspectiva más amable de barrio igualmente obrero y humilde, pero más cercano a la mal llamada clase media, no era clase media, seguían siendo obreros, pero no caían en aspectos marginales y se entregaban más a elementos de la cultura popular y de masas. Pero es evidente que por contraste se complementan. Es curioso que se hayan escrito estos dos libros cercanos en el tiempo entre sí y tratando de unas mismas épocas desde la visión infantil y juvenil de hijos de obreros en la ciudad. Y quizá es que la ciudad está reclamando conocer su historia social y no sólo aquella que atraiga a turistas. La gente quiere recordar, que se recuerde y hacer ver las realidades que también son de Alcalá. Pero probablemente también quiere reivindicarse y ubicarse y hacerse visible. Gente ya adulta regresa a traernos aquella Alcalá de su juventud y quizá es que ya toca hablarnos como adultos de nuestras propias épocas.

Lo dicho, un libro creo que necesario, que sirve de novela, que sirve de ensayo, que sirve de memoria para la Historia actual, que sirve de explicación testimonial de lo social que menos se quiere mencionar entre aquellos que más salen en los medios de comunicación locales. Existimos, somos, esa es la voz.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 7 de marzo de 2026

Doña María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, "Doctora de Alcalá". Biografía

Título: Doña María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, "Doctora de Alcalá". Biografía
Autora: María Jesús Vázquez Madruga.
Editor: Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
Año de publicación: 1999 (1ª edición; palabras introductorias del ayuntamiento).
Colección: Premio de Investigación Isidra de Guzmán.
Nº de volumen en la colección: 8.
Género: Biografía.
ISBN: 978-84-87914-36-2

 

En 1992, siendo alcalde de Alcalá de Henares Florencio Campos (Partido Socialista Obrero Español, PSOE), se creó el Premio de Investigación Isidra de Guzmán, el cual buscaba premiar ensayos dedicados a la investigación histórica, científica, artística, filológica y literaria en torno a la mujer. En Alcalá de Henares se doctoró universitariamente por primera en la Historia de España una mujer, Isidra de Guzman, en 1785, en estudios filológicos. Por ello el ayuntamiento alcalaíno quiso reforzar su memoria en la ciudad creando este premio que, a la vez, buscaba ubicar a la mujer dentro de la Historia y la Cultura a la misma altura que los hombres, por entonces más valoradas sus contribuciones que las de las mujeres. Esta búsqueda de la igualdad de género en la Historia es más propia de manera generalizada desde la década de 2010, pero eso no impide que a lo largo del siglo XX, e incluso del XIX, hubiera también iniciativas en ese sentido, especialmente en el mundo desde las décadas de 1950-1960. En España en concreto, esta iniciativa de 1992 parece un anticipo claro de la revalorización de esta perspectiva en el siglo XXI. El premio se convocaba anualmente, siendo que al año siguiente de cada convocatoria se publicaba por parte municipal la obra ganadora. Con el paso de los años la convocatoria fue bianual, y actualmente, aunque sea paradójico ya que hoy por hoy la perspectiva de género está en boga, hay años que ha quedado desierto o sin obras candidatas en algún momento.

Como sea, en 1998 ganó la convocatoria María Jesús Vázquez Madruga por su investigación Doña María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, "Doctora de Alcalá". Biografía. Fue publicada en 1999 como octava obra ganadora de los Premios de Investigación Isidra de Guzmán, siendo ya alcalde Bartolomé González (Partido Popular, PP). Se hizo una edición sencilla, en tapa blanda con fondo blanco que recogía un grabado con retrato de Isidra de Guzmán al doctorarse con 18 años de edad.

La autora había destacado en mayúscula la palabra "biografía" en el título porque incluso justo al final del siglo XX aún no había apenas biografías ni estudios de Isidra de Guzmán, siendo incluso la ciudad de Alcalá la que más hace por su memoria. Hoy día, en este 2026, a 8 de marzo, Día de la Mujer, se invita a Vázquez Madruga a hablar sobre Isidra de Guzmán, a sabiendas en la ciudad de esta biografía que escribió, pues incluso en lo que va de siglo XXI sigue habiendo escasez de interés por su biografiada.

Ya hablamos de la biografía de Isidra de Guzmán cuando tratamos de su obra Oración del género eucarístico (1785). Añadamos en torno a ello tan sólo la aportación tan importante de María Jesús Vázquez para promoverla y darla a conocer. No sólo con ese libro de 1999, también lo hizo en un capítulo de Mujeres en Alcalá de Henares, un paseo por su historia (2017). En esa búsqueda del reconocimiento del papel de la mujer en la Historia, la autora también escribió Compluti feminae (2009), sobre la interpretación que hace del papel de la mujer en la antigua Compluto, a raíz de lo que arqueológicamente se ha podido descubrir y en contraste con el conocimiento histórico de la mujer en el Antiguo Imperio Romano. 

Otras obras de Vázquez Madruga han sido Archivo y patrimonio de la Iglesia Colegial de San Justo y Pastor de Alcalá de Henares en 1493 (1993), Torrejón de Ardoz, una pequeña historia (1993) y Alcalá de las tres culturas (2003). 


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 27 de febrero de 2026

Cuaderno del que calla

Título: Cuaderno del que calla.
Autor: Francisco José Martínez Morán.
Editorial: La Garúa.
Año de publicación: 2026 (1ª edición).
Colección: Poesía.
Nº de volumen en la colección: 117.
Género: Poesía.
ISBN: 979-13-990034-8-2
 
Francisco José Martínez Morán publicó un nuevo poemario en febrero de 2026, Cuaderno de que calla. Como es habitual en él, lo hizo con una editorial diferente al del resto de sus poemarios. Esta vez lo hizo a través de La Garúa, la cual creó una cuidada edición de cubiertas rugosas y tonos grises con un muy ligero y casi imperceptible tono ocre, en ella se estampa a modo de faja la imagen de una acuarela en blanco y negro donde la figura de un hombre aparece parada en contraluz en medio de lo que pudiera ser un río o un suelo plenamente mojad y blanco que lleva a un fondo de claridad rodeado de la oscuridad de lo que pudiera ser una ribera llena de oscura vegetación inhóspita, o tal vez cualquier otra cuestión en oscuridad, a sugerencia del espectador. La metáfora de esta imagen juega al servicio de la temática poética del nuevo poemario, pues esa oscuridad y esa luz desconocida y ante la que no se avanza, sino que se la mira parado en medio de un camino de la nada es la metáfora de un momento vital que no expresa en cada uno de los poemas el poeta. La acuarela no viene con autoría. Nos queda anónima. En todo caso, la edición es una edición elegante, de buen papel y buena tipografía. En contraportada aparece un pequeño texto de la poeta Marina Casado, pareja sentimental del autor, que nos menciona los claroscuros, ya sugeridos con la citada acuarela, y hace hincapié en la soledad y la inocencia del que no se siente parte de la realidad. Al margen de esta interpretación de Marina, es de anotar el libro, así como expresamente uno de los poemas, está dedicado a ella. Martínez Morán ya contó con Marina para que actuara en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares durante el Ciclo de Poesía del Corral que él mismo organizó de 2014 a 2018. Igualmente, Martínez Morán lleva unos años participando de una sección de una sección cultural radiofónica en Cadena SER Henares dedicada a la reflexión poética, "A pie de página", de carácter semanal, y es precisamente ahí, en la misma cadena, donde Marina Casado ha tenido su propia sección cultural semanal dedicada a la poesía y su análisis. Sección que ha durado (de momento) hasta febrero de este 2026, en cuyo último programa de despedida se mencionó precisamente este libro. Ella le acompañó en la primera presentación del libro, que se produjo en la Biblioteca Rafael Alberti, de Madrid capital.
 
Precisamente Cadena SER Henares le entrevistó en 27 de febrero, un día antes de la presentación del libro en Alcalá de Henares, en el Hostal "Hostel Complutum" (y una semana después de que Marina asado hablara de él en la misma emisora). Evidentemente la especial atención a su obra al dedicarle hasta dos programas tiene parte de su base no sólo en su calidad de poeta, sino también de colaborador cultural en el canal. Como sea, allí Francisco José Martínez Morán explicó que le poemario se basa en gran parte en la recuperación fortuita de un cuaderno que tuvo perdido por dos años, en el cual tenía anotados poemas, pensamientos y esbozos de poemas en prosa. Buena parte del nuevo libro tiene la recuperación y adaptación de muchos de aquellos poemas, aunque otros tantos se quedaran fuera, y la añadidura de nuevos poemas, por ejemplo dedicados a su hija (hay tres dedicados a ella). Por ello el libro se divide en partes que nombran metafóricamente un cuaderno. Recuerda a la vez a un libro anterior de 2021, Los cuadernos de frío, y menciona que aún hay un tercer cuaderno con poemas del que podría salir otro libro, por lo que los poemarios en torno a cuadernos formarían una futura trilogía. 

El autor nos da en la misma entrevista otras pistas como la que le indicó el locutor, la luz como metáfora, alegoría y símbolo que atraviesa absolutamente toda su obra, cosa que corroboró el autor incluso para la interpretación de toda su vida. Precisamente el primer recopilatorio que se ha publicado de su obra contenía la luz en su título, Materia de luz (Poemas 2006-2023) (2023). Otra clave son las numerosas referencias a poetas más o menos recientes del siglo XX como Ángel González o Gil de Biedma. Y coincide en lo que ha continuación analizaré en el carácter preocupado por el paso del tiempo en relación a la existencia, así como la importancia del silencio y la palabra maximizando todo lo posiblemente a decir con esos silencios.

Martínez Morán lleva ya un tiempo largo tendiendo a la poesía breve, con este poemario llega a su máxima expresión dentro de su obra hasta la fecha, puede que la siguiente obra siga o no este sentido. Algunos poemas llegan incluso a ser un sólo verso, a veces dos. Esos versos pueden hacernos pensar en si caen o rozan el aforismo.

Con cuantísima muerte a las espaldas
pisamos por primera vez el mundo.

Sin embargo, en otras ocasiones parecen más que aforismos o poemas, puras reflexiones o sentencias del autor.
 
Vuelvo, como si eso significara algo.
 
Sea como sea, a juicio del lector, pues estos poemas cobran mayor sentido como poemas si están dentro del conjunto del poemario y su motivación central, Martínez Morán profundiza así en un camino de la brevedad, de expresar lo máximo en lo mínimo, que ya había iniciado en sus poemarios más recientes. Un camino, por otra parte ya comentado en otros libros de más autores en esta bitácora, que parece afianzarse como una de las tendencias y las características de los poemarios de lo que va en estas primeras décadas del siglo XXI, quizá acordes a ese mundo que mira y admira la brevedad a través de la expresión de las redes sociales. Puede que adoptado como recurso, o como expresión mental propia de una forma de crear lenguaje en esas redes, que en sí, salvo alguna excepción, imponen por cuestiones técnicas (y en el fondo económicas de la empresa que las sostiene) textos de caracteres reducidos, videos de tiempo reducido, o bien simplemente imágenes, en las que algunos usuarios logran crear sus textos y mensajes dentro del espacio que les ofrece el recuadro del tamaño de una foto. En todo caso, llevados por esto o no, o algo de ello pudiera haber, autores y autoras especialmente jóvenes tienden a los poemas tan breves que parecen aforismos o que si bien los sobrepasan no terminan de desarrollar todo lo que pudiera, en persecución de la brevedad de la expresión. Algunos autores ya no tan jóvenes (tampoco viejos), como es el caso de Martínez Morán publican cada vez más este estilo, este recurso, de la brevedad. Tienden a ello de manera natural, encuentran en ello su expresión actual, una expresión de decir mucho en poco, y sobre todo encuentra hueco en los silencios. 

Dentro de esta deriva de la brevedad, Martínez Morán también ahonda en algo que en los poemarios está ahí: el existencialismo, el sentido de lo vivido, cuando lo vivido es ido. Tiene en esta ocasión una conciencia plena del paso del tiempo y de la destrucción de lo vivido en una lucha entre el papel a jugar del recuerdo y del olvido, llegando a conclusiones como aquellas que al final quedará en el recuerdo aquello que quede escrito en el papel, por lo que nos habla de un recuerdo ajeno, el que él construya en el lector para después de su ser. Reflexiona sobre el tiempo que queda por delante, cuando por delante ya no hay tanto tiempo como el que quedó por detrás. 

Pienso mucho en la muerte, en el temblor 
sin límites del cuerpo que se aleja
hacia la nada. Sé
de la caducidad inexorable:
pregunto por el cuándo y por el cómo,
por el dolor que habré de atravesar.

Sergio García, antiguo locutor de SER Henares que tuvo también a Martínez Morán de colaborador, escribe el 25 de febrero en una de sus redes sociales sobre este libro valorando que Martínez Morán se vuelve más que nunca del filósofo Kierkegaard en esta obra. Algo de eso hay. El existencialismo es muy evidente en el conjunto del poemario, un existencialismo marcado por la angustia individual e intransferible, una angustia dolorosa para el ser, que era precisamente parte de las ideas de Kierkegaard sobre la vida y la existencia. Ante el deseo de ser sólo hay angustia, porque el ser individual se deshace, se va, y es el deseo mismo el que nos crea angustia. El filósofo nos hablará de la capacidad de elección, incluso responderá a Schopenhauer, que ante la misma cuestión abraza el budismo para contener el deseo y neutralizar el dolor, pero adaptándolo al mundo occidental. Kierkegaard no apostará por la negación del deseo, si no por la elección activa y no pasiva, puesto que el dolor es existencial sería la fe el que lo supere, la idea. Martínez Morán no da esa clave, ni de Kierkegaard ni de Schopenhauer. Simplemente nos muestra el problema que ellos señalaron. La angustia creada por la existencia. Nos muestra la angustia de saberse ser y saber que se va ese propio ser. Su poemarío es puro nudo sin respuesta. 
 
Terminará la luz
y no te habrá bastado.
 
Es, como diría Blas de Otero, fieramente humano. Pero lo vivido, lo sido, es parte del ser, y eso queda ahí. El poemario es también toda una reflexión filosófica del sentido de la vida, del sentido de la existencia. De su devenir, de a dónde fue y de a dónde va, pero también, ineludiblemente, ¿qué papel juegan lo sido pasado y lo ser por venir en el ahora, en este ahora que nos angustia ante la conciencia plena de toda esta problemática, de ese tremendo choque de la realidad de ser conscientes de la vida? A veces, responde en algún poema, somos construcciones de nosotros mismos, hacemos un relato de nosotros mismos, y a veces son mentiras, nos dice en algún poema, pero los hacemos pasar por verdades y a su modo son verdades de nosotros. 

Lástima que la luz fuese mentira,
que no hubiera un atisbo de verdad
al cabo del destello:
solo tramoya hueca,
mapas emborronados,
señales inconexas, islas falsas,
tardía certidumbre del desastre.

Qué sucia necedad en el fracaso;
qué desperdicio el labio hecho silencio.

El labio hecho silencio, al fin y al cabo, la palabra, lo que de nosotros queda, lo narrado. Qué gran desperdicio de vida si lo narrado queda al cabo del tiempo en el silencio. Y ese inicio de este poema, interpretable de diverso modo según el lector, que nos puede ofrecer también la visión de duda o de afirmación sobre sobre una posibilidad de vida tras la vida, o que el sentido que se le dé a la vida fuese al final pura tramoya, escenario falso porque la vida fuera caos y accidente y no hubiera sentido alguno, salvo el que se ha vivido y se ha creído en señales falsas a las que uno se hubiera entregado. 

Este es uno de los que yo metería entre los mejores poemarios de Martínez Morán. Es más duro de leer en el sentido de que nos invita a la reflexión poética, muy rica en metáforas y alegorías no obvias, pero sobre todo también a una reflexión filosófica sobre la existencia y su sentido. Poesía y metafísica, o quizá ausencia o cuestionamiento de la metafísica. Nihilismo, tal vez. Poemario existencialista y puede que nihilista. Que nos insinúa un temor, una angustia, una amenaza: la nada.

Poemario necesario e imprescindible de leer de entre los poemarios de Francisco José Martínez Morán.
 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 20 de febrero de 2026

Alcalá de Henares en 1654

Título: Alcalá de Henares en 1654.
Autores: Manuel Moncayo Molina (poema); Javier Rivera (coordinador) y Macarena Moralejo, Vicente Sánchez Moltó y Francisco Peña (análisis). 
Editora: Editorial Universidad de Alcalá.
Año de publicación: 2024 (1ª edición); 2025 (2ª edición, revisada; prólogo: José Vicente Saz, rector de la Universidad de Alcalá.)
Género: Poesía; Historia; Biografía; Literatura; Ensayo.
ISBN: 978-84-10432-23-9
 
Dentro de los actos conmemorativos del 25º aniversario del nombramiento de Alcalá de Henares como Patrimonio de la Humanidad a finales de 2024, la Universidad de Alcalá presentó la primera edición de un libro llamado Alcalá de Henares en 1654, el cual tenía un enorme subtítulo que era el título original de un poema que se publicaba por primera vez en la Historia, pero que fue escrito en ese año 1654: Descripción de la Villa de Alcalá de Henares que hizo Don Manuel Moncayo de Molina, natural de la villa de Villaescusa de Haro, siendo cursante en ella, de edad de 18 años. Año de 1654. En octavas. Presentó por entonces el libro Javier Rivera, que a la postre era el coordinador de una serie de ensayos con análisis históricos, biográficos y literarios. Rivera es Catedrático de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá y era presidente de aquellos actos conmemorativos. Él mismo era coautor de uno de los ensayos, siendo la otra parte Macarena Moralejo, profesora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. Los otros autores de los ensayos eran Vicente Sánchez-Moltó, cronista oficial de Alcalá de Henares y archivero, y Francisco Peña, doctor en Filología, profesor honorífico de la Universidad de Alcalá y miembro del Instituto Universitario de Investigación Miguel de Cervantes. El libro tenía por prologuista a José Vicente Saz, rector de la Universidad de Alcalá. Todos estos textos evidentemente fueron escritos en 2024 con motivo del hallazgo fortuito en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de un poema escrito en 1654 por el citado Manuel Moncayo Molina. En 2025 el libro alcanzó un número alto de ventas, por lo que fue revisado y editado por segunda vez por la Universidad de Alcalá, con colaboración de la Asociación de Amigos de la Universidad de Alcalá. Tuvo en los últimos meses de ese 2025 una repercusión mediática reforzada de la que ya tuvo de por sí en 2024, siendo algo inusual y extraño en medios locales que esto se produzca, como por ejemplo en Cadena SER Henares, que llegó a ofrecer hasta dos entrevistas a dos de los autores, uno de ellos colaborador habitual en una de sus secciones de Historia. 
 
La portada, en tonos pardos, reproducía la vista de Alcalá de Henares en el siglo XVII creada por Pier Maria Baldi, conservada en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, la cual es una pintura muy próxima en fecha de creación a la del poema escrito por Moncayo. Diseñó la portada Ronda Márquez. Aunque el texto principal de toda la obra es el poema, no se incluyó como autor a Manuel Moncayo, tan sólo aparecieron los autores actuales que analizan ese poema y su contexto alcalaíno en el siglo XVII. debería haber figurado Moncayo, sin cuyo poema no habría sido ideado ni creado ese libro. Su nombre sólo aparece en contraportada.
 
El libro contaba con los citados ensayos, una bibliografía y la transcripción a un castellano cercano al actual del poema, más la reproducción llamada facsímil, aunque en realidad fotográfica en color, del documento con el poema manuscrito de Moncayo, hallado en el legajo 18, número I, en la signatura 9/7272 de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia. Con lo que aporta también un valor archivístico y paleográfico para aquellos interesados en estos conocimientos, su análisis y práctica. El poema fue encontrado de casualidad ahí por Macarena Moralejo, quien al ponerlo en conocimiento de Javier Rivera, fue animada a su análisis interdisciplinar con el resto de autores para su publicación en libro, con objetivo de darlo a conocer públicamente.

En realidad pueden existir más documentos como este en el mismo archivo y otros por los que se desperdigó los fondos de la Universidad de Alcalá tras su desamortización en el siglo XIX y su ir y venir de un sitio a otro hasta nuestros días. Quien esto escribe, por ejemplo, anota que en los fondos de los archivos del exilio de la Agrupación Socialista de París se encuentra una letra de himno para Comisiones Obreras que escribió un exiliado y que nunca llegó más allá que a carta a aquella agrupación. A menudo numerosos textos interesantes no terminan de pasar de las manos de los archiveros y de los historiadores por no encontrar ni medios, ni instituciones o personas que quieran darles altavoz, siendo frecuente que quienes sí lo encuentren son personas que de por sí son en sí un altavoz mismo gracias a sus relaciones profesionales por ejemplo en la Universidad, o por relaciones de amistad con personas que trabajan en medios de comunicación.

Rivera y Moralejo abren el libro con un ensayo sobre el urbanismo y la arquitectura de Alcalá de Henares en las fechas en las que Moncayo escribió su poema, así como el contraste entre lo que este cita y la realidad física. Se ajusta muy bien el conocimiento de Moncayo con la documentación histórica que nos hablan de esa urbe, aunque en algún detalle Moncayo difiere, tal vez porque en su época se asuma algo como hecho que sobre papel aún no lo era, aunque fuera a serlo. Es una villa cerca de ser nombrada ciudad, y a veces se deslizan ideas en ese sentido, o bien no cuadran del todo el número de colegios activos en ese momento. Moncayo nos llama a reflexión en eso, aunque los autores descartan dar la razón a Moncayo. En todo caso, hay un sesgo proclive a una visión católica de la Historia, sin ahondar en los vacíos que en este sentido pueda dejar el joven poeta del XVII. Su mayor aporte más innovador es el análisis que hacen del seguimiento de lo que pasó con toda la documentación y archivos de la Universidad de Alcalá cuando fue desamortizada en el siglo XIX, especialmente la documentación del Colegio Máximo, el cual era el ubicado en la Calle Libreros y ligado a la iglesia de Santa María, de carácter jesuita, y que al haber sido expulsada la orden por un tiempo en el siglo XVIII tiene mayor trasiego y dispersión por diversos archivos actuales.
 
Sánchez Moltó reitera una interpretación de la Historia de Alcalá desde los edificios y la arquitectura, por enésima vez en las historiografías alcalaínas, aún a pesar de que esta vez esté justificado dado el carácter del texto que da pie a ello. Su aporte va en la dirección de tratar de dar algo de luz sobre quién fue Manuel Moncayo. Dado que en su poema pone especial atención a los edificios que tienen que ver con los jesuítas y a la orden religiosa misma, se cree que debió ser un estudiante de teología ligado a la orden jesuíta. No obstante, su poema fue encontrado entre los documentos de las celdas del Colegio Máximo, pudo ser un ejercicio de retórica y poesía, o un entretenimiento. Al contar con 18 años, nació en 1636, en la citada Villaescusa de Haro, municipio en el que se barajó hacer una Universidad antes de elegir Alcalá de Henares. Puesto que fue mandado a estudiar, debía ser de una familia con posibles económicos, así como que le apadrinó una persona cuyo apellido era un apellido importante en la aristocracia. Se ignora si acabó los estudios y, hoy por hoy, no se han encontrado más referencias sobre él, aunque es posible que su nombre aparezca en otros documentos de diversos archivos, sólo que no ha transcendido o no se han encontrado dado que no se trata de una persona que se hiciera notable en su tiempo como para transcendernos. Es hoy, gracias a su poema a los 18 años, que ponemos su nombre en la Historia.

Francisco Peña nos explica y desgrana los significados literarios del poema. No es un poema de una calidad destacable, nos dice, aunque dado lo raro de encontrar estos documentos tan antiguos, cobra relevancia, y más especialmente por su descripción de Alcalá, donde, por cierto, cita a Cisneros, San Diego, al beato Julián (al que da por santo), San Félix, Santos Justo y Pastor y otros notables, aunque no cita a Cervantes. Pudo hacerlo, no obstante Cervantes sí citó escritores de Alcalá, no sólo santos. Evidentemente Moncayo tiene un sesgo claramente católico prácticante hasta el punto de interpretar la Historia y el mundo desde esa visión. También podría ser que nos dé le dato de que Cervantes no estaba puesto de relevancia en Alcalá en esas fechas. 

Moncayo escribe muy estrictamente su poema en un estilo puramente barroco. Con referencias mitológicas grecorromanas entrelazadas a veces al mundo cristiano, especialmente a la Virgen María (concreta con la Virgen del Val y habla incluso de la ermita del Val, tan alcalaína y donde los estudiantes celebraban fiestas). Tiende a los cultismos, aunque se le cuela mucho lenguaje común. Pudiera tener así cierta influencia de Góngora, sin alcanzarle. Se desliza una muy marcada ideología propia del Concilio de Trento, que en esos años se estaban desarrollando férreamente en España, como pueda ser esa devoción por la Virgen, por los santos, por las reliquias (habla de las Santas Formas guardadas en Alcalá), las procesiones o el carácter evangelizador de los propios jesuítas, y hasta cierto punto de la labor de Cisneros en ese sentido, aunque no menciona la Biblia Polígrota

Escrito en octavas, tal como el título índica, y muy propio en la época para crear poemas elogiosos, va apuntando de un tema a otro, desde la arquitectura a sus personajes, de sus santidades a sus tradiciones, de la Universidad y sus colegios a la ciudad en sí, de la que llega a hablar de sus cuatro fuentes de agua e incluso del Palacio Arzobispal como palacio de arzobispos y reyes.

Sea o no sea un ejercicio de un joven Manuel Moncayo, este tipo de poemas siguen haciéndose hoy día, como por ejemplo en el libro de José Clavero, Alcalá, un poema (2024), donde podríamos hacer una comparativa poética de lo que pone en valor y describe Moncayo en el siglo XVII y lo que pone en valor y describe Clavero en el siglo XXI. 

Moncayo entra en los autores alcalaínos con su poema tan descriptivo de la ciudad de su época, muy centrado en la Universidad y lo católico, con todo su barroquismo, y tras dormir trescientos setenta y dos años en el silencio. Si era el poema de un joven estudiante de 18 años, hoy es un poema barroco de amor a Alcalá de Henares y su Historia... una Historia que aún no había visto a Alcalá como ciudad, pero sí con esplendor. No es baladí que nos cite sus dos mil estudiantes, aunque en otras épocas hubo más. Es un poema escrito justo en el momento en el que la Universidad todavía no está en su declive total, pero comienza. Aún así, Moncayo observa a Alcalá y a su Universidad con toda grandeza. Algo muy alcalaíno.

(...)
Distante de la villa está una ermita
de María del Val, sagrada aurora
perla fina, preciosa margarita
que del cielo riquezas atesora
pues vale al que a validos solicita
valerse humilde de tan gran señora
siendo a la mar amarga calentura
triaca, confección, vida y dulzura.
(...)

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 14 de febrero de 2026

Relatos de-mentes

Título: Relatos de-mentes.
Autora: Jaime Piñeiro (textos); Alba Rodrigo -Nahlax- (ilustraciones). 
Editora: Círculo Rojo Editorial. 
Año de publicación: 2025 (1ª edición; prólogo de Olga Mínguez, dramaturga y novelista; epílogo de Alfonso Dávila, escritor y archivero; agradecimientos y nota de Jaime Piñeiro).
Género: Relatos breves de ficción.
ISBN: 979-13-7008-874-3
 
En el verano de 2025 realizó su primera publicación en libro totalmente propio Jaime Piñeiro. Fue un libro de relatos breves de ficción a través de la editorial Círculo Rojo. Se llamaba Relatos de-mentes. Fue presentado en Alcalá de Henares a comienzos de 2026 en la Librería Capitel, de la calle Santiago. Era el autor de los textos, pues en realidad el libro contó por su parte con una colaboradora que pasa a ser autora también, pero como ilustradora, Alba Rodrigo, más conocida como la cantante llamada Nahlax. Aunque ella es conocida precisamente por la música, tiene esta otra faceta de ilustradora. Es también una autora de Alcalá de Henares. Es principalmente una retratista hiperrealista, pero en este libro pasa a las acuarelas de colores de fuerte contraste entre sombras muy oscuras y colores muy contrastados entre la calidez y lo frío sin apenas graduaciones. Crea una sensación prácticamente sin sensaciones intermedias, orientando al espectador hacia la emoción que desea. Realiza para la obra numerosas siluetas en paisajes a modo conceptual tratando de transmitir la idea de cada relato. Entre esas ilustraciones aparece una de las calles céntricas de Alcalá de Henares, que aunque no es la calle de la Imagen que narra el relato correspondiente, es ampliamente reconocible y consta de los elementos entre románticos y oscuros que el autor trata de escribir. Todas sus ilustraciones fueron usadas para crear un collage englobado en el perfil de una cabeza que podría ser la del autor de los textos con perilla y gorra, este collage lo realizó Lorenzo Rodrigo, hermano de Nahlax, como si de un equipo artístico se tratara. Nahlax ha ilustrado también libros de Alfonso Dávila, que escribe el epílogo y nos da algunas pistas del origen compositivo de los relatos. El prólogo queda reservado para la dramaturga Olga Mínguez. Todas estas personas, del entorno de Jaime Piñeiro.
 
Jaime Piñeiro nació en Madrid en 1984, pero está ligado a Alcalá de Henares. En los últimos veinte años se ha dedicado a proyectos editoriales y correcciones ortotipográficas. Ha optado por una formación literaria de la mano de conversaciones y encuentros con escritores como Javier Sierra, Rosa Montero, Inma Chacón, Almudena Grandes o Luis Landero. Creativamente se ha dedicado a escribir letras de canciones para Nahlax. Paralelo a eso empezó a escribir relatos breves, lo que hizo que en 2016 fuera seleccionado por la editorial Playa de Ákaba para estar en la antología La librería más bonita del mundo. Pero es en 2025 cuando publica su primer libro, el presente Relatos de-mentes.
 
Según nos cuenta Alfonso Dávila, estos relatos comenzaron a escribirse antes de la pandemia de 2020, y, según nos cuenta Jaime Piñeiro, fue Alfonso Dávila el que le insistió y le animó a publicar sus relatos en libro. Probablemente un libro autopublicado, pues Círculo Rojo es principalmente una editorial de autoedición, pero no obstante: publicación. Sin embargo, al menos uno de los relatos, "Alas de ángel", indica sobre uno de sus protagonistas que sus pulmones aún sienten el Covid-19, la enfermedad de la pandemia que llevó al confinamiento de 2020. Por ello es probable que si bien algunos relatos vengan de antes de 2020, por ejemplo desde aquel 2016 en que fue seleccionado por Playa de Ákaba, otros varios o son posteriores o han tenido retoques. Aún así, Dávila nos dice que Piñeiro intuyó las consecuencias de la Covid antes de que estas se hicieran palpables para todo el mundo. Estos datos sólo nos sirven para ubicar el periodo compositivo de estos relatos, pues su línea general no es la pandemia, pero sí es ese dato histórico el que nos da pistas sobre la obra.

Entre los relatos se nos cuela lo que se puede entender que es un poema breve en verso, "Silencio", y otro más en prosa, "Gravedad", que da inicio al libro de manera ya de por sí fuerte. El resto de relatos, diez más, contienen cierta dosis de poesía en el estilo prosístico del autor. Hay sin duda metáforas y símiles que crean imágenes claramente poetizadas y que dotan de cierta elipsis de belleza sobre cosas horrendas o duras que se narran. Puede que ahí esté el eslabón entre el escritor de letras de canciones y el prosista de relatos breves, lo que puede hacer pensar que aún estamos en una fase inicial en la voz como relator del autor y pudiera o bien ahondar en esta vía, o bien disociar lo que es la poesía de las letras de canciones de las historias de sus narraciones. Narraciones por otra parte oscas, duras, con un grado de oscuridad que queda tamizado por la belleza de la metáfora y por un deslizamiento de ideas de bondad y amor en los personajes que lo endulzan todo y lo hacen amable, crean una lectura amable ante cosas que se narran que son algo más desesperante.
 
El autor tiende a los giros impactantes, pero sabe dibujar el escenario mental de sus personajes, el escenario donde se juega el juego dentro de su mente. Y es que de eso va el libro en el fondo. Nos narra varias historias de pasiones humanas, de pasiones oscuras, muy oscuras. Un suicidio, una depresión por una muerte familiar, un pederasta, una antisemita, un hombre que ama a otra persona que no es su mujer pero tiene Alzheimer o algo similar, una secta secreta en Alcalá de Henares capaz de matar por Cervantes, la prometida pérdida de la inocencia infantil ante la muerte... son algunas de las temáticas de cada relato.
 
Hay en todo ello además algo de ritmo de historia que podría encajar en capítulos de una serie de televisión dedicada a este tipo de historias. Piñeiro maneja bien los ritmos. Conoce lo que puede impactar al lector. Es un inicio en darnos a conocer lo que, entiendo, es el camino como prosista que él desea comenzar. 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 7 de febrero de 2026

Ludivina

Título: Ludivina.
Autor: Esteban Azaña Catarinéu.
Editor: Esteban Azaña [autoedición].
Imprenta: La Cuna de Cervantes.
Año de publicación: 1879 (1ª edición).
Género: Novela.

 

Esteban Azaña publicó tres obras (una de ellas en dos volúmenes, como ya se vio en estas notas). Quedaba por comentar una de ellas, la primera que escribió. Se trata de una novela costumbrista llamada Ludivina. Muy al estilo burgués liberal, tal como él y su familia eran en su estilo de vida y pensamientos. Como ya se vio, Esteban Azaña estaba muy implicado en la vida cultural y política de la ciudad. Cuando escribió esta novela, en 1877, era teniente de alcalde en Alcalá de Henares, sin embargo, no la publicó. Quedó en su ámbito privado. Se animaría a publicarla en 1879, siendo ya alcalde, mismo año que como tal publicó Memoria para la erección de un monumento a Miguel de Cervantes. Pagó él la edición, la cual la realizó en la imprenta La Cuna de Cervantes, que era de la misma Alcalá de Henares, en la cual se imprimieron otras obras ya comentadas en estas notas, así como prensa local. Le puso el precio de una peseta, que para entonces era un precio más o menos alto. La edición fue a nivel local y su recibimiento fue modesto. Hoy por hoy no se conocen reediciones de esta novela que aparte de ser una novela de costumbres y de familias acomodadas de la burguesía y sus gustos, es una novela de amor con episodios tremendos y drama garantizado, casi a modo de folletín, novela rosa o novela romántica, llámese como se quiera y quepa la equiparación actual al tremendismo desaforado de los grandes dramas de amor llenos de complicaciones familiares propios de las telenovelas y las fotonovelas.

Pensemos primero que la familia Azaña, ampliamente instalada en Alcalá desde el siglo XVIII como terratenientes agricultores, escribanos, algún cargo judicial y políticos (aunque el hijo de Esteban, Manuel, aparte de político saldrá escritor), era una de las primeras familias liberales y lo seguían siendo, y habían emparentado con los Catarineu, una familia catalana también liberal que tenía una fábrica de jabón exitosa en Alcalá. Por lo que los Azaña también eran empresarios con diversos negocios, algunos fracasados. Eran una familia muy comprometida con ese liberalismo desde el origen y tendente al ala izquierda burguesa (no socialista, aunque Manuel llegara a hacer alianza y amistad con los socialistas). El padre de Esteban, Gregorio, era republicano y había apoyado a la Primera República recientemente extinta en enero de 1874. Y precisamente del periodo de la abdicación de Isabel II en 1868 al golpe de Estado que restaura la monarquía en la familia Borbón en 1874 vienen una serie de conflictos entre los que figuran la Tercera Guerra Carlista, ya que la opción ultramontana del carlismo (esto es: ultracatólicos, ultranacionalistas, monárquicos absolutistas y lo que se diría extrema derecha) ni reconocieron el gobierno de Prim, ni el reinado de Amadeo I de Saboya, ni la Primera República, ni que Alfonso XII de Borbón fuera el nuevo rey, regresado a España en 1875. Terminada esa guerra con la derrota del carlismo en 1874 y restaurado Alfonso XII en el trono, Esteban Azaña se incorpora a la política municipal de la ciudad como concejal, primero. Puede que fuese entonces cuando comenzara a idear su novela, acabada en 1877 y publicada en 1879, pues en ella se deslizan numerosas referencias geográficas y humanas que dan pistas de que la ciudad donde se desarrolla el argumento sea la propia Alcalá transformada o disfrazada de otro lugar. La pasada guerra carlista tendrá su peso argumental en este relato.

Básicamente Ludivina, hija de una familia liberal, se enamora de Arturo, un carlista. Hasta ahí nos podría recordar obras de amores imposibles por los ideales de su familia los cuales son enemigos declarados, véase por ejemplo Romeo y Julieta (1597), de William Shakespeare. Todo es más complicado y truculento. Consuman en acto sexual su enamoramiento... para descubrir un secreto que no sabían: son hermanos. Habían sido separados y se les había ocultado, pero son hermanos. Podríamos incluso intuir una metáfora de las dos Españas enfrentadas, que en realidad vienen de una misma España y se necesitan y complementan, pero aún pudiendo pensar en ello, parece que el autor apuntaba a otro lado, al costumbrista. Este amor se da en una ciudad pequeña de provincias que ni siquiera es capital provincial, lo que de por sí recuerda a Alcalá de Henares en esas fechas. Esto hace que lo que se dibuje sea una sociedad donde este amor se ve envuelto en medio de rumores, calumnias y hasta maldades contra ellos, primeros ignorantes de que son hermanos. Y todo esto en medio de un clima enrarecido entre liberales y carlistas, recordemos la cercanía en fechas del final de la Tercera Guerra Carlista, que no deja de ser una guerra civil. 

Cuando Esteban Azaña publica el libro ya era alcalde, como se ha dicho, y ya tenía por entonces como enemigos a los conservadores y ultracatólicos de la ciudad, además de manera muy declarada y abierta. Uno de los periódicos locales llegará a publicar diariamente contra él sobrepasando de lo político a lo personal incluso con difamaciones, lo que provocó que, aún creyendo en la libertad de prensa, tomara medidas legales como alcalde que forzaron el cierre de dicho periódico. Por tanto el ambiente de la novela puede estar recogiendo o expresando de algún modo sus propias experiencias vitales en su vida social y pública dentro de lo que no dejaba de ser una pequeña ciudad. Parte de estas rivalidades seguirán en 1882-1884 cuando publique su Historia de Alcalá. Aparte de lo comentado en estas notas, ya por entonces se le acusó de rebajar los actos de las milicias liberales en el periodo de 1820-1823, en las que estuvo su familia, o de los actos de los liberales en 1868-1874.

En la novela se recoge un episodio similar al de la propia vida de Esteban Azaña, una boda "in articulo mortis", o en castellano: matrimonio contraído con alguien a punto de morir. Esteban Azaña fue obligado por su madre a casarse con Josefa Díaz Gallo, una joven a punto de morir, porque la madre no quería que los hijos de esta quedaran huérfanos desamparados de padre y madre. Esteban se casó a la fuerza de las circunstancias por su madre. Sin embargo, siendo una familia importante de la ciudad, el motivo de la boda oficial no era este, sino uno más corriente y normal, asumible para las costumbres convencionales de la sociedad del momento. Al enviudar, poco después, Esteban entabló una relación con Concepción Catarineu Pujals, que se transformó en su segunda esposa y con la que formó su propia familia, de la que nació Manuel Azaña. Félix Díaz Gallo, hermano de Josefa y que ejerció de tío de Manuel (el cual le tuvo bastante cariño, parece ser) protestó en los tribunales demandando a Esteban ya que su hermana no estaba de acuerdo con el legado que iba a pasar a esa segunda esposa. El proceso fue muy largo y costoso en lo económico, pero se solucionó con el pago de una pensión vitalicia a los herederos de Josefa. Esta situación hacía que la vida de Esteban no sólo se viera afectada de maledicencias políticas, tal vez también de clase social, sino también de rumores malintencionados en lo que afectaba a su vida íntima, privada y personal. Y todo ello está de algún modo en Ludivina. El episodio de su boda lo narró décadas más tarde el dramaturgo y poeta Rivas Cherif, cuñado de Manuel Azaña.

Así que en cierto modo la novela habla de esa asfixia social de las rígidas morales burguesas que luego en lo privado se saltaban su rigidez. Hay ahí un cierto anhelo de romper sus propios corsés creados por ellos mismos. No es algo único de España, en Reino Unido esto se traducía en lo que se llamó la moral victoriana, por coincidir con el reinado de la Reina Victoria. Sí que es cierto que en España esta moral también es heredera del sentido de la honra y el honor tan reclamados desde el siglo XVI y de un pensamiento ultracatólico, como el de los carlistas, pero no sólo ellos, que quizá cuajó en los entornos más rurales y tienen su reflejo en las ciudades, especialmente de provincias. Pero también es verdad que la década de 1870 en España no deja de ser convulsa, pues también existió la represión a republicanos y socialistas en los primeros años de la Restauración, y la novela de Esteban no deja de estar escrita en esos años, siendo su padre republicano y él liberal. Lo político se mezcla aquí con lo que unos y otros consideraban o no moral y éticamente aceptable. Quizá nosotros en pleno siglo XXI hemos heredado algo de esto, aunque con claves más de nuestra propia época.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu". 

domingo, 1 de febrero de 2026

La democracia de abajo a arriba. La rebelión cantonal en la Historia de España

Título: La democracia de abajo a arriba. La rebelión cantonal en la Historia de España
Autor: Julián Vadillo.
Editorial: Almuzara.
Año de publicación: 2025 (1ª edición; prólogo de Eduardo Higueras, profesor de la UNED).
Colección: Historia. 
Nº de volumen en la colección: [No consta].
Género: Historia.
ISBN: 978-84-10528-45-1

 

A finales de 2025, Julián Vadillo sacó un nuevo libro de Historia, La democracia de abajo a arriba. La rebelión cantonal en la Historia de España, más reconocible sólo como La rebelión cantonal. Ya en 2023 Vadillo había coordinado, y escrito un capítulo, el libro La rebelión cantonal en la I República. Los intentos de instaurar en España un estado federal. Aunque estéticamente respondían a unas características similares de edición, incluidas las cubiertas y las numerosas ilustraciones interiores, eran de diferentes editoriales. El libro que coordinó en 2023 era de Pinolia, mientras que el de 2025 era un encargo de la editorial Almuzara, que suele publicar libros de divulgación. Precisamente, Almuzara encargó este libro a raíz de haber conocido el anterior, que a la vez era producto de una revista especial con motivo del bicentenario de la Primera República. Como sea, en aquel 2025, Julián ya había publicado Procesos de colonización y descolonización. Apuntes históricos y recursos didácticos, libro que tendrá sus referencias informativas en La rebelión cantonal. De hecho probablemente sea de los primeros libros del periodo de la Primera República que aborda el asunto colonial y el esclavista de manera muy enraizada con el proceso cantonal, que lo cuestionaba y lo quería abolir. Por otra parte, a rebufo de las matanzas de Israel contra los palestino en Gaza, en ese 2025 Vadillo ya había prologado también Historia general del Bund. Un movimiento revolucionario judío, de Henri Minczeles, el cual era un libro que trataba de dar a conocer el lado histórico de aquellos judíos organizados que no son sionistas y que además comparten ideas revolucionarias de izquierdas totalmente contrarias a la dirección actual del gobierno de Israel.

Vadillo aceptó la propuesta de Almuzara aguijoneado por algunos puntos de vista del anterior libro de 2023 que, escritos por sus colaboradores, necesitaba matizar, así como tras oír un programa de radio que combina Historia y humor que trataba la Primera República y los cantones con todos los tópicos de caos que le adjudicó la derecha desde la dictadura de Serrano y más especialmente desde Cánovas del Castillo en adelante. Como afirma el autor, la Primera República no fue algo sobrevenido de la nada, ni algo improvisado. Ya desde la década de 1820 aparecen republicanos en España, si bien es desde la década de 1850-1860 cuando empiezan a crecer cada vez más, y que, unida esta tendencia a las ideas socialistas, hará que para el Sexenio Revolucionario iniciado en 1868 exista una amplia mayoría de diputados republicanos que tras la abdicación de Amadeo I de Saboya en febrero de 1873 hagan que se apruebe de manera total la proclamación de la República. Aparte, desde aquella década de 1850 habían comenzado en España numerosas sociedades y asociaciones que expandían las ideas republicanas y trataba de educar y dar a ver a los ciudadanos sus derechos y las posibilidades que les daría un nuevo sistema que diera igualdad en muchas de las cuestiones sociales, laborales e, incluso, sexuales, dentro de las mentalidades del siglo XIX.

La rebelión cantonal fue prologado por Eduardo Higueras, profesor de la Universidad Nacional Española a Distancia (UNED) y especialista en el movimiento republicano español en el siglo XIX. Julián  Vadillo dice en sus palabras introductorias que el texto original fue leído y repasado por el mismo. Así también contó con asesoramiento del profesor en Historia Juan Pablo Calero Delso, igualmente especialista en movimiento obrero, con quien dice que tuvo diversas conversaciones que le fueron útiles para el resultado final. Precisamente la mayoría de las imágenes contenidos en la obra son de los archivos personales tanto de Calero Delso como de Vadillo. Y fue Calero Delso quien estuvo en la presentación  del libro junto a Vadillo en Alcalá de Henares, a la vez que el presidente de la Asociación para la Recuperacón de la Memoria Histórica en Alcalá de Henares.

La Primera República, ocurrida entre 1873 y 1874 con una duración aproximada de un año, ha sido denostada prácticamente desde su origen. Se ha pretendido presentarla como un acontecimiento político improvisado, llena de caos y desorden. Ya se ha indicado que en realidad la opción republicana fue creciendo entre los españoles a mediado del reinado de Isabel II. Se había ido fomentando una cultura democrática republicana que lentamente iba adquiriendo representantes políticos. Cuando Isabel II abandona España en 1868 estas opciones adquieren más fuerza mientras el general Prim trata de encontrar un candidato idóneo para ser nuevo Rey de España. Esto entronca por un lado con los intereses internacionales de otros países europeos, y por otro lado con la introducción de los ideales de las corrientes de pensamiento obrero, en las diferentes vertientes socialistas que a grandes rasgos estaban en su mayoría divididas entre comunistas seguidores de Marx y anarquistas seguidores de Proudhon pero, a esas alturas, más cercanos a Bakunin. Las ideas y conflictos de la Primera Internaconal llegaran a España, y con ellas las ideas anarquistas y socialistas, que en algunos puntos coinciden con las ideas republicanas. A todo esto se produce la Comuna de París de 1871, y muchos comuneros de París huirán a España de su represión en Francia. Estos influirán en los ideales de federación y de lo que serán los cantones. Por lo que la cuestión española está plenamente afectada de los acontecimientos internacionales, toda vez que otros lugares del mundo se afectaban igualmente de algunas de las cuestiones por las que se ha denigrado a la Primera República Española, como pueda ser la guerra civil y el abolicionismo en Estados Unidos, diferentes gobiernos breves en Francia y cambios de régimen, el intervencionismo militar en el gobierno en Alemania, las corrientes socialistas en Italia, etcétera. 

Prim fue asesinado y fue nombrado Amadeo I de Saboya rey de España, el cual sufrió diversos atentandos y una imposibilidad de gobierno por las posturas irreconciliables de los políticos, incluidos, y principalmente, los propios monárquicos. Esto hizo aumentar la opción republicana y su número de representantes elegidos electoralmente cuando en febrero de 1873 se proclamó la República tras la abdicación de Amadeo I. El nuevo gobierno, con Zorrilla de presidente ocasional inmediatamente sustituido por Figueras, heredaba de la etapa anterior una guerra civil con los monárquicos carlistas y otra guerra de tintes independentistas en Cuba y rebeliones en Filipinas, así como roces tensos con Estados Unidos por su apoyo a los independentistas cubanos. Así pues, como indica Vadillo, buena parte del caos adjudicado a la República venía en realidad de la etapa monárquica anterior mal resuelta desde finales del gobierno de Isabel II. Figueras, en todo caso, afrontó la crisis económica derivada de lo anteriormente dicho y el intento de proclamación de Cataluña como Estado, al interpretar las ideas federales de ese modo, cosa que se evitó disolviendo el ejército en Cataluña. Le sucedió Pi i Margall, quien era el que más peso intelectual tenía en las ideas republicanas, influido por el anarquista Proudhon, sin ser él anarquista, y desarrollando lo que era las ideas federales de organización del Estado, desde abajo (la familia, los municipios) hacia arriba (las provincias, las diputaciones, el gobierno central). Pero a la vez había otras figuras importantes en la política de entonces, como Barcia, que también entendía la federación aún más allá de Pi i Margall, pues mientras el presidente entendía la dirección desde el gobierno central, Barcia entendía que este debía ser sólo coordinador de las decisiones que se tomaran desde las bases de la organización del sistema. A la vez aumentaban las ideas socialistas (ya marxistas o anarquitas) que aunque coincidían en la República como sistema más apto para lograr políticas favorables a los obreros o a alcanzar sus objetivos de revolución social. Los exiliados franceses de la Comuna de París influyeron en los republicanos federales más radicales, así como las personas de las diferentes corrientes socialistas (por cierto que Pi i Margall coincidía mucho en estas corrientes, por lo que inició varias políticas favorables al mundo obrero). Así es como en el verano comenzaron a proclamarse los cantones por la geografía española, no como actos de independencia, sino como intento de crear una federación española al estilo de la de Suiza, la alemana, la estadounidense y otras. 

Pi i Margall dimitió por ser contrario a la extrema dureza de la represión contra cantonalistas, a pesar de que él hubo de recurrir a militares monárquicos para hacer frente a varios cantones. Militares como Pavía o Martínez Campos. Le sucedió Nicolás Salmerón, que dimitió apenas algo más de un mes después por negarse a firmar penas de muerte. La guerra cantonalista se unía así a las otras guerras. Pasó a ser presidente Emilio Castelar, que ante la fuerte división política que hacía imposible llegar a aprobar leyes en el Parlamento porque el número de diputados de unos y otros lo impedía a la hora de votar a favor algo, gobernó principalmente por decreto y optó por la dura represión a los cantones que quedaban, en especial Cartagena, Alicante y Cádiz, aunque había otros. Su gobierno acabará a comienzos de 1874 con un golpe de Estado del general Serrano que no proclamará la monarquía, sino que seguirá la República en  forma de gobierno de dictadura. Serrano reprimió a unos y a otros, incluidos los republicanos federales, que fueron interpretados como separatistas en lugar de personas cuya idea de España era una organización de gobiernos territoriales que juntos formaban el central. Sea como sea, otro golpe de Estado, el de Martínez Campos, acabaría todo esto y proclamaría la monarquía en la figura de Alfonso XII de Borbón, principalmente apoyado por el conservador Cánovas de Castillo, que ideo una monarquía parlamentaria cuyas elecciones resultaron ser bastante alteradas para garantizar un  turno de los tiempos políticos entre derecha e izquierda según conviniera, siendo la izquierda representada por Sagasta, el cual era monárquico. La represión contra los republicanos fue alta en un principio, y sobre todo contra los cantonalistas, federales y las diversas corrientes del socialismo, socialismo que, por otra parte, contenía en sí las corrientes feministas más aceptadas en España por las mujeres, a diferencia de los movimientos sufragistas de otros países, aún cuando hubo sufragistas en España.

Fue Serrano primero, y Cánovas del Castillo casi enseguida tras él, quienes desarrollaron la idea de la República como caos, y la de España como lugar imposible de buen gobierno si no se hacía desde un gobierno central lleno de fuerza. La Iglesia se posicionó en estas ideas, toda vez que la República había apoyado la libertad de culto y de credo, así como intentó crear escuelas públicas al margen de la Iglesia y proclamó la separación entre Estado e Iglesia. La monarquía de Alfonso XII actuó todo lo contrario en motivos religiosos. El intelectual Menéndez Pelayo, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX contribuirá más en fomentar estas ideas. Es en ese comienzo del siglo XX que muchas ideas republicanas confluirán con algunas de las socialistas, y al revés, así como la idea de federación cuajará tanto entre republicanos como en socialistas. De la etapa federal republicana evolucionará el regionalismo y las ideas de autonomías. Ideas que más adelante, en el último cuarto del siglo XX, dará la idea de España de las Comunidades Autónomas, en la que hoy por hoy vivimos sin que ello suponga ni ruptura de España, ni caos, ni desorden. Sea como sea, la Dictadura de Primo de Rivera en la década de 1920 justificará su gobierno de fuerza precisamente como falsa idea de orden frente al caos que, según ellos, supone, dar la oportunidad de voto de los españoles en las cuestiones que consideraron fundamentales. 

Sólo la Segunda República de la década de 1930 tratará de restaurar la memoria de la Primera República poniendo en valor algunas de sus aportaciones más positivas para la democracia, como por ejemplo la igualdad entre mujeres y hombres, las leyes de derechos laborales, el abolicionismo de la esclavitud, la eliminación de formas de gobierno coloniales, el regionalismo como heredero de la federación, la libertad de prensa y de expresión, la educación laica, el sufragio, la separación entre Iglesia y Estado, entre otras. La guerra civil y la dictadura del general Franco hasta 1975 acabará con todo esto y volverá a la idea de la República y el sufragio para elegir gobiernos como algo dañino y perjudicial para España, así como la idea de regionalismo como algo equivalente a independentismo y ruptura. Aunque con la Transición democrática de la segunda mitad de los años 1970 se comenzó a recuperar la memoria de la Segunda República, de la que la nueva monarquía parlamentaria acogería mucho de su forma de ser, pero sin mencionarlo de manera explícita, hurtando en los cursos escolares de las décadas de 1980 y 1990 su enseñanza, por falta de tiempo escolar, pues sí estaba en los temarios educativos, un siglo casi entero de educar a la gente en la idea de una Primera República como caos y desorden hizo que esa idea siguiera vigente incluso entre las personas de mentalidad de izquierdas y republicanos en general. Sólo en los últimos años se comienza a analizar ese periodo de un modo más ajustado a la realidad, aún sin negar todos los conflictos abiertos de la época, muchos heredados de la etapa monárquica precedente, como se ha dicho. Vadillo da un paso en este sentido con este libro.

Los cantones fueron una experiencia de democracia directa y asociacionismo que, en alguna ocasión coincidió con ideas socialistas y con ideas que posteriormente serían parte del regionalismo. No planteaban el desmembramiento de España, como se ha afirmado desde su final, sino una organización del Estado nueva donde la importancia fuera de los municipios al gobierno central y no del gobierno central a los municipios. Los votos en asambleas que abarcaran cada vez territorios mayores serían los que hicieran que el gobierno se hiciera gestor y no tanto director. Sería lo que remotamente, se insiste, ha evolucionado a las ideas de provincias, en algún caso diputación, comunidades autónomas y gobierno central.

Fue en los cantones donde se debatió el final de la esclavitud, el trato a los territorios de ultramar como lugares en igualdad al resto de España, y no con leyes que puedan ser coloniales, se debatió sobre la igualdad de sexos y se dio voz política a la mujer, se hablaron de derechos laborales como los de trabajar sólo ocho horas al día, regular el trabajo de niños y mujeres o tener derecho a pensiones, se habló de la educación obligatoria para todos y también de la separación Iglesia-Estado, del derecho a la libertad de expresión y, en fin, otra serie de cosas que hoy por hoy nos son algo común. Sin embargo, es innegable que los cantones fueron reprimidos por la fuerza, lo que provocó la guerra cantonal que se sumó a la guerra carlista y a la guerra en los territorios de ultramar. Las situaciones de guerra son en todo caso indeseables. 

Vadillo apunta en este libro a todo ello y pone su foco de manera innovadora a la situación de la mujer, el panorama internacional y la cuestión colonial como factores que otros autores no han profundizado como algo relevante en el periodo. Por ello, aunque el libro es de divulgación, es también un libro que aporta nuevas visiones a tener en cuenta y a sumar.

 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".