sábado, 13 de octubre de 2018

Los hijos del agobio

Título: Los hijos del agobio.
Autor: Emilio Sola Castaño.
Editorial: Polar Ediciones.
Año de publicación: 1984 (1ª edición).
Colección: Narrativa.
Nº de volumen en la colección: 1.  
Género: Novela.
ISBN: 84-86099-09-9

Emilio Sola Castaño nació en Cangas de Onís (Asturias) a finales de 1945, pero tuvo una juventud viajera. Se formó en las universidades de Barcelona, Pamplona, Valladolid y la Universidad Central de Madrid, hoy día conocida como Universidad Complutense de Madrid, donde se doctoró en Historia Moderna con una tesis sobre las relaciones diplomáticas entre España y Japón entre los siglos XVI y XVII. Ejerció de profesor en aquella Universidad Complutense hasta 1976. Combinando su vida universitaria con una vida literaria, bohemia y libertaria, que le transforma en uno de los primeros jóvenes que rompen en España con toda norma social impuesta por la dictadura de Franco. En 1974 ganó el Premio Adonáis de poesía por su primer libro, La Isla. A lo largo del último año de Franco y tras la muerte de este, previamente al comienzo de "La Movida", en 1975-1976, tuvo un bar en Madrid, en la Calle Libertad, llamado "La Vaquería", donde se juntaron muchas de las personas que formarían posteriormente parte de ese movimiento social y cultural, así como libertarios y personas de todo ámbito social. Además, crearon allí una asociación cultural y editorial con publicaciones propias y manifiestos donde cabía la literatura y las ilustraciones más vanguardistas y psicodélicas, con fuerte impulso libertario, La Banda de Moebius. Sin embargo, una bomba colocada por Los Guerrilleros de Cristo Rey truncó aquella experiencia de La Vaquería, no tanto así de La Banda de Moebius. Emilio Sola, interesado en especializarse en el mundo de Miguel de Cervantes, se trasladó a Argelia para dar clases en la Universidad de Orán. Publicó otro libro de poesía en 1979, Más al sur de este sur del mar, y seguiría así una trayectoria de escritor de libros de poesía, narrativa e Historia no exenta de experimentación, con veinticinco libros hasta la fecha, a los que hay que sumar apariciones en libros con otros autores, artículos, ensayos y otras publicaciones en forma de libro digital en El Archivo de la Frontera, que él creó e impulsó desde los primeros años 2000, reediciones y hasta un libro de obras completas editado este año 2018. Cosmopolita e inquieto por el conocimiento cervantista, viajó por todo el Mediterráneo y más allá. En 1984 regresó a España y se asentó en Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, donde vive y donde ejerció de catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Alcalá de Henares desde ese año hasta 2017, que se jubiló. Es uno de los cervantistas más doctos en la materia y más prestigioso. Ha intervenido en la vida cultural de la ciudad a través de la Universidad y sus actos principalmente. Fuente de inspiración para una gran cantidad de alumnos, que le siguen y admiran su fuente de vida libre. Es conocido en algunos ámbitos contraculturales de la ciudad, especialmente de cuando llegó. Presentamos a Emilio Sola hoy en Las notas de los cíclopes libreros precisamente con su tercer libro, que escribió en esa fecha clave de 1984, la novela Los hijos del agobio.

Los hijos del agobio fue Premio Café Gijón 1984. Este afamado café madrileño donde se reunían numerosos literatos de la Historia española desde 1888 dio paso a su publicación a través de la editorial Polar Ediciones. Contaba con una portada de Cesepe (Carlos Sánchez Pérez, 1952-2018), uno de los ilustradores más emblemáticos de La Movida, que para 1984 estaba en su última fase. El libro era el primero de una colección de narrativa que se pretendió hacer, al cargo de José Antonio Ugalde, hoy día periodista que suele aparecer en varios artículos del diario El País. Era un libro editado sencillamente en tapa blanda y hojas no cosidas, sino pegadas. La contraportada del libro optaba por no contar el argumento ni tampoco la vida del autor. Al modo divertido de La Movida, muy brevemente sólo comentaba el contexto creativo de la novela, donde probablemente Sola se acordaba del resto de amistades suyas que estaban creando en ese momento en un sentido análogo al suyo. Construía un mundo alternativo, una ucronía, explicando que tras la Gran Guerra y la muerte de Juan Bravo, presidente de la Confederación Centro-Sur, surgió sobre los restos de esa confederación lo que llamaron "el paraíso de las islas" (que por cierto será el nombre de otro de sus libros). Los "amanuenses", así llamados por ellos mismos un grupo de gente que no se nos indica cuál es, redactan historias desde ese paraíso y que este libro es sólo una de ellas. Tal explicación nos da al menos dos claves: un ambiente libertario de gente creadora y una conexión de este libro y su autor con otras obras y otros autores. Nos cuenta en realidad, de fondo, un mundo roto (metafórica o imaginativamente), la confederación, el cual era un mundo de relativas libertades (Juan Bravo, confederación) que ha sufrido una guerra y que de él nace otro mundo surgido por asociación de las personas, libremente y donde algunas personas escriben sobre un pasado de paraíso en aquel mundo perdido. ¿Hay aquí resonancias de la guerra civil y de lo que pudo ser y no fue de la República por la dictadura, enlazándolo con las nuevas generaciones que en la Transición se ponen a escribir? ¿Hay en realidad una voz de disconformidad y anhelo, en las nuevas generaciones de La Transición más libertarias, de las oportunidades de libertad perdidas según se consolidó a mediados de los años 1980 la nueva Monarquía Parlamentaria, más conservadora de lo esperado aunque más libre que la anterior dictadura? ¿O en realidad hay ausencia de la política real y lo que aparece es un mundo imaginativo de la asociación de unos creadores que se conocen desde tiempos pasados? El pasaje de la contraportada es tan fabulosamente imaginativo y estimulante para imaginarle posibilidades como críptico sobre su realidad. Es generoso a la hora de abrir caminos y a la vez es paradójicamente parco en datos para encontrar su camino más ajustado al autor.

En la página 64 se presenta el narrador como amanuense, siguiendo la nota de la contraportada, y nos habla de su pasado como motero, tal como el resto de personajes que nos ha contado hasta ese momento. Se introduce así un recurso que ya usó Cervantes en El Quijote, el narrador como un personaje más de la historia aunque a titulo de narrador nada más. Lo interesante de este hecho es que al reconocerse como amanuense en ese momento y al hablarnos de que fue motero, se dibuja a sí mismo en una época muy concreta, la que envuelve al relato. Se trata de una ciudad de España en plenos años 1980, los años de La Movida, y presumiblemente se trata de Madrid, la ciudad donde se gestó todo aquel ambiente social y cultural. Un ambiente que conocía bien Sola. No es casual que la portada fuese de Cesepe. Así pues, de las preguntas antes formuladas estamos más cerca de la segunda pregunta como respuesta que del resto.

Los hijos del agobio, como personajes que dan título al libro, son moteros jóvenes con nombres que son en su mayoría sobrenombres, motes adecuados a la contracultura juvenil de la segunda mitad del siglo XX, especialmente en aquellos años 1980, Tutankamon, Kaka, Pablito el Zurdo, Colocado, Mefistófeles, Mata Maxa, la Maco, Yoniyón, Tetas, Chapa, Silvi, Bocanegra, El Biela, Niñato, etcétera. A pesar de que el narrador se ha reconocido como parte de ese mundo, se mantiene al margen de la historia de estas personas y se limita a narrarnos sus hechos. La frase que inicia la novela no puede tener más tintes de lo que fue el futurismo de comienzos del siglo XX: "Llegó una delegación de los hijos del agobio en moto, tres máquinas poderosas en total, de cinco personas". La adoración por el mundo moderno y futuro que representa la máquina, sus tintes de ruido y de fuerza, hacen una aproximación a ese futurismo que, en el último cuarto del siglo XX, era próximo a la realidad. Las motos asumen en esa frase más fuerza que las personas que las montan al ser diferenciadas entre comas. Las motos expresan un individualismo y una libertad unidas a la sensación de juventud que será lo que guíe la novela. Aparecerán otros elementos de juventud y rebeldía propios de la contracultura entendida al modo de La Movida de Madrid en la década de 1980: cómics, chapas, el valor en alza del grupo de amigos por encima de los códigos sociales establecidos, una cierta sensualidad, algo de violencia en algún caso casi sado, referencias a situaciones que nos recuerdan a algunas películas de cine pero totalmente deslindadas de ellas, etcétera. Lo que podríamos decir: una nutrida cultura popular de ese periodo de tiempo de la vida española que aprendía democracia a la vez que se ponía al día de golpe de las libertades occidentales, desbordándolas y dándole unos bríos que en otros ambientes europeos y americanos habían ocurrido de diez a veinte años antes, entre 1960 y 1970. Cuando en España llegó estaba la contracultura e irreverencia punk, y eso estaba vivo en La Movida, en su dosis correspondiente.

La novela usa un lenguaje con numeroso argot de La Movida, lo que le dota de los aires juveniles del momento y deja al libro como testimonio de una época breve pero regeneradora de la sociedad de su época. Expresiones y palabras que si bien algunas siguen en uso, quizá ligeramente cambiadas de sentido, una gran mayoría ya se pueden considerar antiquismos del argot. Antiquismos que nos muestran la gran riqueza inventiva de aquel momento donde todo cambiaba y todo se quería cambiar. Pongamos por ejemplo de argot aún en uso: "(...) y resultó ser un chaval muy legal, músico (...)" (página 86), usando la palabra "legal" para decir: "de confianza, buena persona", y como ejemplo de argot en desuso: "(...) Vosotros, nueva basca florecida, viajad hacia el sur y hacia el este (...)" (página 108), usando la palabra "basca" para referirse a un grupo de gente afín que sabe o bien divertirse o hacer las cosas o pensar de un mismo modo o similar o bien que se unen por alguna cuestión concreta o se pueden definir en conjunto por algo, lo que en más argot sería un grupo de gente afín que sabe enrollarse. Tiene también claras referencias a los sucesos históricos de la época más allá del lenguaje y en este caso de manera indirecta, sin ahondar en esos datos históricos estos se nos muestran por ejemplo en los motes, como el del mecánico jerezano Pepe el de la Colza, referencia al síndrome tóxico de la estafa alimenticia con aceite adulterado en el consumo humano en 1981. Queda sugerido, pero no explicado, lo que en una hipotética reedición futura quizá requiera de notas a pie de página del editor futuro.

La novela es una novela muy ágil, de fácil lectura, un lenguaje, como se ha dicho, juvenil, pero no adolescente, que refleja un ambiente de rebeldía y libertad en un mundo que requiere de trabajos adultos y otras realidades fuera de las carreteras, las motos y las calles de las ciudades. Es una novela coral, con unos determinados protagonistas, donde desfilan numerosos personajes tal como ocurría en las muy serias novelas de realismo social de Camilo José Cela o de Jesús López Pacheco entre los años de las décadas 1950 y 1960, sólo que esta otra es una novela más desenfadada y que lo que pretende captar es una realidad social de libertad y viajes que chocan con esa otra realidad del mundo de bares de carretera, barrios sucios, atascos, necesidades de arreglos mecánicos, incluso de comandos terroristas (en plena efervescencia en los años 1980). Es una novela urbana con una realidad cambiada en plenos años 1980. Si pudiéramos trazar un arco de la España de Cela a la de López Pacheco y de la de este a la de Sola, tendríamos el cambio social, generacional y político, hasta cultural, de la más profunda España de Franco a la España explosivamente democrática y permisiva.

La gran diferencia entre los autores citados estriba en el ambiente asfixiante de cafetería y bloque de apartamentos de Cela, contrastado con un ambiente más vigilante pero con más huecos para el espacio personal de la vida de todo un pueblo de Pacheco, y ahora mismo con una ruptura total de los espacios, siendo la novela de Sola una novela de libertad plena y donde los personajes se mueven por donde les apetece con su moto, sea urbe o campo abierto siempre que haya una carretera. Lo que trasciende de Sola es, perdón por la reiteración: la libertad personal.

El grupo llamado hijos del agobio recorren las carreteras no exentos de música, alcohol y droga (porros) cuando matan por accidente a un policía en un barranco. A partir de ese momento se desperdigan buscando cada uno su historia y modo de pervivencia. Encuentran algunos trabajos esporádicos acordes a su modo de vida (música y motos) y se relacionan con una serie de personas variopintas. Entre medias se desarrollan historias propias de las bandas de amigos de vidas que se podrían asociar a la nocturnidad por lo propio de la aceleración de experiencias nacidas de esa experiencia de la libertad que viven sumergidos en La Movida. Sexo, sentimientos que no se pueden declarar abiertamente pero sí expresar físicamente, el rock, el jazz, la velocidad, la droga, el desafío a lo constituido. Sus andanzas de huida hacia delante les llevará al mar hacia el final del libro, justa imagen simbólica de ellos mismos.

Como novela refleja también un ambiente generacional y la evolución de estos grupos donde alguien suele ser una especie de cabecilla a los que los demás suelen prestar más atención. Se trata igualmente de una historia de carretera. Un viaje sin rumbo fijo y huida segura. No es de extrañar que los iniciados, huidos de la policía, vean surgir nuevos iniciados.


Emilio Sola salió de las publicaciones de poesía para adentrarse en la narrativa con este libro, tal como hemos dicho, el año que llegó a Alcalá de Henares para quedarse. Tiene detrás de sí con seguridad todo un conocimiento y experiencia del mundo de La Movida, un movimiento cultural del que él llegó a formar parte en cierto modo. Era parte de esa juventud regeneradora de la sociedad, y en este libro se desprende mucho de un cierto modo de entender aquel ambiente.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 6 de octubre de 2018

Esta sombra que sangra

Título: Esta sombra que sangra.
Autor: José Pejó Vernis. 
Editorial: El Full.
Año de publicación: 2013 (1ª edición).
Colección: Poesía Ateneo.
Nº de volumen en la colección: 3.
Género: Poesía.
ISBN: 978-84-938876-8-1

Ya habíamos presentado con Geonometrías a José Pejó Vernis en Las notas de los cíclopes libreros, hoy hablaremos del libro que le hizo ganar el XLVIII Certamen Nacional Literario Ateneo Cultural y Mercantil de Onda, Esta sombra que sangra, en 2013. Es uno de sus más de cuarenta premios literarios, la gran mayoría de carácter municipal, como es este caso, el cual es un premio de la localidad de Onda, que se encuentra en la provincia de Castellón, en la Comunidad Valenciana, por lo que la edición corrió a cargo del ateneo cultural de ese ayuntamiento.

Antes de comenzar a comentar el libro, cabe citar otras obras del autor, como aquella Geonometrías, también de 2013, que ya fue reseñada. Hoy cabe nombrar Algo cotidiano (publicado por el ayuntamiento de Navia, en Asturias), El rojo de mis ojos (2010), Desnorditats (2011), L'Ombra fugida (2012) o Un pañuelo bordado y un cuento de luz (2013), entre su basta obra.  Además aparece en varias antologías poéticas, dado sobre todo a que sus citados más de cuarenta premios literarios se reparten por toda España. Entre esos premios aparece el Premio de Poesía José Chacón, de Alcalá de Henares, en 2012, lo que le ata un poco más a esta ciudad, aparte de las relaciones que ya contamos en la anterior ocasión de él, muy dado a aparecer en los recitales complutenses, ya de oyente, ya de recitador. Otros premios suyos aparecen en Barcelona, Madrid, Vigo, Burgos, Cerdanyola del Vallès, Sant Vicenç dels Horts, Esplugues de Llobregat, Tortosa, Lliça de Vall, Taradell, Villafranca de los Caballeros, Cortegana, Villanueva del Pardillo, El Vendrell, etcétera.

La edición era una edición sencilla de cubierta de tapa blanda, con un verde mate que tenía como brochazos de pintura y el escudo del Ateneo de Onda. Estaba en un tamaño de bolsillo de cuarto de hoja, lo que vendría a ser la denominación DIN-A5, con hojas pegadas, no cosidas. En el interior se mostraba una fotografía en primerísimo plano del autor, que sale aparentemente más joven de lo que es, junto a su foto se lee su biografía brevemente y su extensa lista de premios obtenidos hasta la fecha de edición de esa obra. Sólo la lista ocupa cuatro páginas.

En Esta sombra que sangra predominan los sonetos. El libro contiene cuatro partes: "Esta sombra que sangra", "Amor en movimiento", "La mujer que yo digo" y "El señor de la tierra". Este poemario tiene un sentido más íntimo que aquel de Geonomotrías. Su temática lleva un rumbo amoroso que se expresa en actos de la vida cotidiana convertidos en metáforas y símbolos, los cuales apuntan hacia el sentimiento interior del alma del autor. Una de las cualidades de José Pejó es la versatilidad que tiene para dotar a cada una de sus obras de un estilo propio y diferente, sin abandonar la propia voz que el autor ha adquirido a lo largo de los años. No obstante, su bagaje es amplio y su reconocimiento aparece de manera tardía. Si uno ve el año de su nacimiento, 1952, y el año de la primera vez que le premiaron de manera destacada, 2009, nos damos cuenta que es un autor dado a la luz cuando contaba con 57 años de edad. Cuando escribe esta obra en 2013 cuenta con 61 años. Es por tanto también un autor no sólo tardío, sino también maduro por las experiencias en la vida. Sin embargo, entre 2010 y 2014 dará muchos de sus mejores logros traducidos en reconocimientos premiados, es una etapa altamente fructífera para él. Cada una de esas obras tiene su propia expresión, dentro de la voz de él.

La aliteración es una constante leyendo este libro, que parece indicarnos que se ha de leer en susurro, por su continuo siseo. En susurro como las confesiones de los amantes cuando presos de alcanzar la presa de su amor, o de alcanzar ambos el estado que requiere de la intimidad que no necesita de alterar la atención de los demás. La "s" no se nos caerá de la lectura y nos involucrará en una confesión amorosa y cortesana que, de leerla escrita en primera persona, nos hará a nosotros mismos poetas a la conquista de la persona amada.

Adoro la belleza de tus piernas
tanto que desde donde yo me encuentro
trato de hacerlas centro
de miradas explícitas eternas;

esas miradas tiernas
que van conmigo dentro,
y donde llegan ellas, llego y entro
-sin más rutas apócrifas alternas-

de visita -en el lance de mi vista-
hasta tus entrepiernas,
donde pierdo la pista

cuando se hacen las deudas más internas,
ese fuego que siempre me despista,
y que tú ante mis ojos bien gobiernas.

(Poema: Adoro la belleza de tus piernas).



Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 29 de septiembre de 2018

Balada triste de una dama

Título: Balada triste de una dama.
Autor: Daniel L.-Serrano, "Canichu" (Daniel López-Serrano).
Editorial: Verbum.
Año de publicación: 2017 (1ª edición).
Género: Novela.
ISBN: 978-84-9074-561-8

Daniel L.-Serrano "Canichu" es un joven historiador y archivero alcalaíno, que busca en su creación narrativa el rigor histórico y el disfrute literario. Fue creador y codirigió la revista La botella vacía, redactor de la revista Claxon, colaborador de Omnia, etc.

Editor junto a la poeta Sofía Winter de una antología de poetas complutenses Veinte poemas asoman... en un invierno.

Antologado en diversas ocasiones, autor del blog Noticias de un espía en el bar desde el año 2005 y de los libros Relatos de la Gran Guerra (2016, Editorial Atlantis) y Balada triste de una dama (2017, Editorial Verbum).
 
Balada triste de una dama es una novela corta de piratas, entretenida y amena de leer, estructurada en veintiún capítulos a modo de entregas, tal y como fue concebida en el año 2010 en el blog del autor. Toda la trama gira alrededor del rapto de una dama noble de Veracruz en el siglo XVII durante su viaje para contraer un matrimonio concertado. La joven, Patricia de Santamaría, pasará de mano en mano y muchas dificultades para sobrevivir.
 
La narración es ágil y las descripciones empleadas son certeras, a veces viscerales. Son puro reflejo histórico de la vida en las colonias españolas de América, la evangelización, la piratería, la sociedad de la época y la vida en alta mar.

En esta historia de cuento marítimo no faltan los malos, la madrasta, el padre bondadoso, una servidumbre fiel y una dama en apuros.

Canichu ha sabido combinar a la perfección el componente histórico, la ficción narrativa, la angustia de un rapto, la capacidad que tiene el hombre para sobrevivir y, a la vez, la de olvidar para continuar su propio camino existencial. Ha recreado testimonialmente gracias a su trabajo como historiador y archivero una época alejada ya en el tiempo y que en su día tan bien lo estuvo geográficamente, causándole a España graves problemas. Desde la segunda mitad del siglo XVII, corsarios y filibusteros, especialmente ingleses, ocuparon algunas islas del mar Caribe y España tuvo que lamentar las primeras pérdidas territoriales.

El autor de esta novela se suma al carro literario de Defoe, Stevenson y Salgari, entre otros, para darnos a conocer las aventuras y desventuras del mundo pirata. 


Reseña escrita por Susi Corrales-Suko.
(Reseña originalmente publicada en Lolo Rovira y Susi Corrales "Suko".)

lunes, 24 de septiembre de 2018

Susurro de galerna

Título: Susurro de galerna
Autora: Chus López. 
Editorial: Pie Ediciones.
Año de publicación: 2017 (1ª edición; prólogo de Héctor M. Garrido).
Colección: Trobairitz. 
Nº de volumen en la colección: 7
Género: Poesía.
ISBN:  978-84-947668-8-6

Chus López (1974) publicó su segundo poemario en 2017, también con Pie Ediciones, la misma editorial que publicó Remolinos de hojarasca. En este caso la edición no fue apaisada, aunque sí es una edición con un alto algo más largo de lo habitual. Las ilustraciones, por Carmen Quel, se limitaron ahora a los comienzos de cada una de sus seis partes, con imágenes tendentes a lo geométrico y simbólicamente representando el nombre genérico de cada una de esas partes, "Días de sol", "Frío en los montes", "Viento súbito", "Temporal", "Arena en suspensión" y "El silencio". El libro se llama Susurro de galerna. Cuenta con un prólogo e Héctor M. Garrido, vieja amistad de la poetisa. La galerna es, como se dice en la contraportada, un temporal borrascoso de ráfagas de viento y lluvia que agita las aguas de los mares del norte. Bajo esa premisa se presenta este libro a modo de presentación de cómo es la forma de componer de la autora. Como una tormenta que se va alimentando en su interior, hasta que estalla en galerna. Susurro de galerna es un título que hace así referencia a los momentos previos al estallido creativo que va naciendo en Chus López cuando acumula experiencias en su vida que revientan saliendo al exterior a modo de versos. Es así un poemario de composiciones por arrebato creativo. 

La autora alcalaína ha vivido temporadas en Navarra, Inglaterra y Vizcaya. Su regreso a Alcalá de Henares en 2015 hizo que participara de sus recitales de poesía, cuando a finales de ese año publicó Remolinos de hojarasca. Ha montado sus propios recitales, algunos de carácter benéfico, principalmente en bares. Suele acompañarse del músico Mario Misas. A partir de 2016-2017 comenzó a centrarse también en diversos proyectos teatrales, formando su propio grupo teatral. Mientras que algunas de sus creaciones más recientes son cuentos, de los cuáles ha imprimido por cuenta propia algunos pocos para entregar a personas cercanas a ella. No obstante, ella confiesa en la actualidad que está preparando un libro de cuentos. Precisamente este género se cuela en algunas de las composiciones de Susurro de galerna. Aunque es un libro de poesía, hay algunas pequeñas composiciones en prosa entre sus páginas, cuya composición nos recuerdan a los cuentos infantiles, pero contados de modo adulto para enfrentarse a algunos de los fantasmas internos. Tienen dosis de psicología, de autoconocimiento, pero envuelto en un velo entre poético y cuento. Son sin duda un preludio de aquellos otros cuentos que está componiendo ahora mismo para ese otro posible libro que dice estar creando. Un género en el que se intuye que se siente cómoda y que probablemente sea un género donde esté por demostrar lo mejor de su prosa cuando se haga público.

Si hemos de hablar de una temática general del poemario podríamos decir que es un poemario de ausencia. Es un poemario de ausencia porque no es exactamente un poemario de amor, pero tampoco de desamor. No existe el desamor en la primera persona del singular desde el que se escriben los poemas, existe el amor, pero es un amor al que le falta la otra parte, en ese sentido sí se podría hablar de desamor, de amor roto, de amor no correspondido, de un amor que estuvo pero ya no está. Una parte desligada de la otra que no ha terminado de desligarse. Es por ello un poemario que personalmente entiendo como un poemario de ausencia, de un amor que se lamenta de la ausencia de la otra parte. Y donde no se haya esa ausencia, se encuentra que el "yo" que protagoniza el poema encuentra su sentido con el "tú" que siente que le completa. Sirvan de ejemplo los siguientes ejemplos de varios poemas:

"(...)
La evocación de tu aroma
embebe la almohada.
(...)"
(De Sábanas arrugadas).

"(...)
Hay un beso de ramas agostas
regado con saliva seca
en un tronco carcomido.
(...)"
(De Musu).

"(...)
Negro es el invierno que me has dejado
(...)"
(De Negro).

"(...)
No había sitio en tu maleta
y me pillaste las manos
al apretar sus hebillas.
(...)"
(De Tinieblas).

"Desde que no estás
soy un boli de tinta seca,
un lápiz sin mina,
una goma que no borra,
una pizarra sin garabatos de tiza,
un pupitre roído de carcoma
sin corazones de estudiantes
tallados en mi madera...
(...)"
(De Partícula).

Se trata de un poemario con un lenguaje mucho más directo que el anterior, poemas más sencillos, poemas fáciles de comprender en su lenguaje sencillo y llano. Nacen muy evidentemente de los sentimientos más íntimos y profundos del alma de la poetisa, eso es algo que está muy nítido en su lectura de conjunto. Poemas inmediatos, tal como promete el susurro de galerna. Ellos son la lluvia de ese susurro. Lo que barrunta la poetisa sale lanzado en estos versos. Es por ello una segunda obra más íntima y probablemente más inmediata.

Son poemas donde además se intuye el sustitutivo clásico de la gran mayoría de los poetas: la evasión del problema central buscando un placebo que venga como salvador, este este literal o metafórico. En este caso, a lo largo del poemario se puede leer la relación con el bar y la cerveza a modo de refugio rescatador. 

"(...)
La cerveza
canta una melodía
algo desafinada,
pero al menos tiene
notas musicales que desentonar.
(...)"
(De La cítara callada).

No obstante, el poemario es cerrado por uno de esos cuentos en prosa llamado "Cierrabares". En este se trata del asunto de la soledad y la aceptación, mal que pese, de esta, a modo de reconciliación con su realidad de ausencia, lo que siempre es un principio de reinicio personal. Por ello, me hace pensar si todo el libro en sí pudiera tener un sentido de quiebra y reconciliación con uno mismo al pasar de un estado ideal a una ruptura traumática y la aceptación de la nueva realidad. Sería así todo un libro de proceso psicológico a través de los varios poemas inmediatos que surgen en la galerna. 

Así, mientras que en "Traqueteo" se nos dice:

"Este continuo traqueteo
tuyo en mi cabeza,
ese cigarro
del humo de tu recuerdo
que al fumar no se consume,
el mismo que degollaría
en el cómplice cenicero.
(...)"

En "Páramo" se nos lanza una lección de vida:

"Con el Sol de la Esperanza
alumbrando el camino,
no desesperes si lo caminas solo;
echa mano de la mano de la cantimplora
de los besos y bebe.
(...)"

Si bien no queda claro si esos besos son también otra vía de escape, otro placebo que tomar.  Ausencia y escape, pérdida de un lugar cómodo y aceptación de la nueva realidad. Evolución, al fin y al cabo, en un poemario que se adentra mucho más en el ser más inmediato de la poetisa que el primero que nos mostró en 2015. Pero es así que son las almas poetas, necesitadas de expresarse en todo momento en cuanto el viento de galerna hace estallar esa tormenta que, como en la portada del libro, hace que grande olas de mar choquen con furia contra el faro que guía los barcos.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

martes, 18 de septiembre de 2018

Luces y sombras en tiempo de paz. Alcalá de Henares en la Segunda República (1931-1936)

Título: Luces y sombras en tiempo de paz. Alcalá de Henares en la Segunda República (1931-1936)
Autor: Pilar Lledó Collada. 
Editorial: Domiduca Libreros. 
Año de publicación: 2018. (1ª edición; prólogo de José María San Luciano).
Colección: Alcalá y su tierra en la Historia. 
Nº de volumen en la colección: 5
Género: Historia.
ISBN: 978-84-946857-5-0 

Tras la publicación de Alcalá en guerra en 1999 Pilar Lledó no publicó ningún libro más, ni tampoco revisó, corrigió, amplió ni reeditó tal libro que había sido agotado y posteriormente demandado por el público que no lo había podido comprar. Ya se repasó su trayectoria en la reseña de ese libro. Como mucho publicó comunicados de investigaciones en los libros de actas de los Anales complutenses, de los Encuentros de historiadores del Valle del Henares y de otros encuentros temáticos, como por ejemplo los relacionados con las actas de la Historia de las Mujeres de Alcalá de Henares, en 2017. Largamente declinó abordar un nuevo libro por motivos personales. Diecinueve años después, el 14 de abril de 2018, ochenta y siete aniversario de la proclamación de la Segunda República Española, en el salón de actos del actual Parador Nacional de la calle Colegios, antigua cárcel política en tiempos de Franco, publicó al fin su segundo libro, Luces y sombras en tiempos de paz. Alcalá de Henares en la Segunda República (1931-1936), dentro de la colección y proyecto de Domiduca Libreros: Alcalá y su tierra en la Historia. Tal editorial por medio de esta colección, como se ha comentado en otras ocasiones, está haciendo una gran labor por publicar los avances más novedosos de la Historia complutense, logrando su renovación, ampliación y su mejor conocimiento. Tienen en ello un compromiso personal de contribución a la cultura y al conocimiento de los recovecos más desconocidos hasta ahora.

Se trata del libro más grueso publicado por Domiduca en esta colección. En su cubierta se puede ver a la representación alegórica de la República Española encarnada en una mujer con el gorro frigio, la bandera tricolor republicana y la balanza de la Justicia en la mano. La imagen está ligeramente borrosa, de ese modo también aparecen dentro del libro diversas fotografías en blanco y negro de sucesos que hubo en la ciudad en los años republicanos, ya sea porque quizá son detalles de fotografías a los que se les ha querido ampliar en exceso, o bien por una baja calidad de resolución a la hora de obtener otras imágenes. Aparecen otras que sí están nítidas, pero en comparación con el resto de volúmenes de la colección llama la atención esta abundante falta de calidad fotográfica, de descuido gráfico, quizá sea o porque las fotografías no son muy conocidas y se han querido incluir igualmente por su valor documental, o quizá sea por premura o falta de atención en este aspecto a la hora de darle forma al libro. El historiador local por afición, no por formación, José María San Luciano, comienza las páginas con un prólogo donde recuerda la aportación de Pilar Lledó en 1999 sobre la guerra civil en Alcalá, entre 1936-1939, y repasa en líneas generales la trayectoria del gobierno republicano ciñéndose a una visión muy clásica y algo caída en desfasamiento por las investigaciones de las últimas décadas. En todo caso es una introducción muy personal dirigida obviamente a Pilar Lledó, la cual es amiga personal de él, más que a cualquier otro lector. A continuación Pilar Lledó escribe una introducción donde igualmente se explica sobre la no reedición del libro de la guerra civil y le da las gracias de manera muy personal a San Luciano, del que confiesa que ha colaborado con ella muy abundantemente. Entre medias, ambos comentan la posibilidad de escribir sobre la represión de los primeros años de la dictadura en la ciudad, llamando la atención unas posibles formas al decirlo que podrían indicar que se consideran casi únicos autores del siglo XX complutense, no siendo eso algo real y habiéndose avanzado exponencialmente mucho en el conocimiento de ese periodo por parte de otros historiadores desde aquel 1999. Sin embargo, no deja de ser interesante el poder crear una obra que fuese completando el conocimiento de ese siglo XX.

Lo cierto es que a lo largo de la obra Pilar Lledó no deja de mencionar y agradecer a San Luciano su ayuda y sus aportaciones documentales, escribiendo afirmaciones rotundas de aquellos datos que le ha aportado a lo largo de la obra, sin embargo, escribe apostillas y usa formulismos que podrían caer en la sugerencia al lector de la posibilidad de la duda de los datos cuando estos se los aporta otros autores, como Urbano Brihuega, Julián Vadillo o incluso Sánchez Moltó. Mientras los datos de San Luciano son tratados como categóricamente ciertos, los datos del resto de autores se anotan con expresiones como "según tal persona", "tal persona dice", "en tal lugar tal persona escribió esto, pero...", y en fin, se abusa tanto de esta forma de presentar los hechos a exponer que pareciera que el libro cumple una doble finalidad: la de presentar una obra unitaria de los datos que se han ido descubriendo sobre la Segunda República complutense y a la vez la de promocionar los puntos de vista y tesis que expone la propia Lledó y San Luciano. Más aún, a menudo el lenguaje empleado a lo largo del volumen se pierde en expresiones propias de lo coloquial y de la más profunda subjetividad, especialmente en los capítulos finales dedicados a la primavera de 1936 y los primeros días, meses, de la guerra civil en la ciudad. Se abandona el tono estrictamente profesional de una historiadora para abrazar otro más propio de lo que sería el cronista. Quizá con este libro, sin decirlo directamente, Pilar Lledó se esté postulando a sí misma como la primera cronista de la ciudad una vez que Sánchez Moltó cese cuando llegue el día que la biología marque o cuando esa misma biología le pase a serlo de manera honorífica; no obstante Lledó es sobrina del cronista García Gutiérrez, que tanto aportó a la Historia y a la Cultura de los alcalaínos. Si esto fuera así, la postulación implícita de Lledó sería una tercera intención de este libro.

Por otra parte, el libro se entretiene en remarcar y comentar las contribuciones de otros autores en los últimos años para poder matizarlos o rebatirlos, sin que parezca que ninguno le parezca acertado, salvo San Luciano. Llama especialmente la atención las constantes correcciones que Lledó lanza a cuestiones investigadas y descubiertas por Julián Vadillo en su tesis doctoral El movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939, es el autor al que más apostilla, tanto que pareciera que ella tuviera algo personal con él pendiente de zanjar para poder seguir como buenos colegas en la investigación de la Historia, máxime compartiendo campos temporales de estudio. A menudo esas correcciones caen en dar por dato que Julián no contempló tal o cual cuestión, como pueda ser por ejemplo las referentes a los movimientos obreros en el conflicto de la construcción del manicomio público en la ciudad, o sobre el origen de los anarquistas en Alcalá de Henares, cuando lo cierto es que la corrección de Lledó es incierta, ya que leyendo y consultando el libro de Vadillo para comprobar las afirmaciones de Lledó uno se da cuenta evidente de que Vadillo sí contó y sí comentó los datos que Lledó afirma para "corregirle". En otras ocasiones se trata de datos nimios no vitales ni importantes para el análisis de la Historia, aunque sí interesante para una Historia local y localista, propia del cronista. Entra aquí la discusión deontológica en las corrientes historiográficas entre el entronque de lo local o de lo biográfico con la Historia más general para comprender observando en perspectiva, y la corriente que se concentra en analizar lo local y lo biográfico sin importarle tanto el entronque con la visión general, porque lo que prime sea el dato más reconcentrado de un sitio. Así por ejemplo, podremos encontrar en el libro varias páginas dedicadas a los sucesos de la primera boda civil en la ciudad, que la protagonizaron dos personas importantes en la Historia de España, las cuales vivían en la ciudad, el militar de aviación Ignacio Hidalgo de Cisneros y la feminista Constancia de la Mora Maura, o también podremos encontrar varias páginas pormenorizadas de la fuga del banquero Juan March de la cárcel alcalaína, sin embargo, cuestiones como los diversos resultados electorales y su análisis, o los nombres de concejales, o los de militares implicados en el golpe de 1936, o el contenido de determinados documentos vitales para engarzar la Historia de Alcalá con la del resto de España, pasan directamente a notas, siendo sacados del grueso del relato del libro a las páginas finales, afortunadamente, eso sí, citando su fuente. Se crea así en este libro la extraña sensación de que en varias ocasiones se da preferencia a lo que es algo anecdótico, por muy relevante que fueran los detalles de los hechos en su día, y se relega a un segundo plano el dato que realmente explica hechos transcendentes para la evolución y consolidación de la posteridad.

En todo caso, no deja de ser llamativo de que, pese a todo, las investigaciones de Julián Vadillo no caen en saco roto en este libro. Si uno ha leído a este autor previamente, se da cuenta de que Lledó usa muchos de sus aportes, lo cite o no, lo reconozca o no, especialmente en lo concerniente al movimiento obrero y a la izquierda en la ciudad. Más generosa es con Sánchez Moltó, al que le cede varias páginas para comentar su versión de lo que ocurrió con las reliquias de las Santas Formas en los primeros días de la guerra, ya que su investigación más reciente contradice en parte lo que Lledó aportó al respecto en 1999.

La autora no pierde oportunidad para poder destacar que ha tenido acceso a documentos privados que nunca antes han podido consultar otros investigadores complutenses. Así por ejemplo los diarios y memorias del abad de la Iglesia Magistral Julián Fernández Díaz, testigo de la proclamación de la República en Alcalá, datos y documentos antiguos conservados y recopilados por San Luciano, prensa antigua en posesión de determinadas personas de familias alcalaínas, etcétera. Esto da un cierto valor positivo al libro, al poder aportar datos que hasta ahora no estaban disponibles, si bien a la vez incluye el problema de que su consulta al no ser pública, cae en la subjetividad de quienes deciden que los consulten, haciendo así que sólo exista un análisis y una única interpretación. A mi juicio, la lectura de las tesis que nacen a partir de estos documentos aportan una visión altamente conservadora y católica de la Historia, si bien Pilar Lledó quiere introducir la Historia de la mujer o en alguna ocasión trata de hablar de lo que sería una postura republicana. En general transmite una visión donde vencen las tesis conservadoras sobre la valoración del periodo republicano, y donde las posturas republicanas más moderadas y las del PSOE más moderado son las que son dadas por buenas, mientras que las experiencias republicanas de aquellos que estaban más a la izquierda, incluido dentro del PSOE, parecen caer en la crítica no favorable, cosa que se trasluce en algunas construcciones sintácticas y en algunos de los razonamientos que se presentan. Más aún llama la atención cómo Lledó remarca el triunfo de la República en los primeros días de la guerra frente a los golpistas adjudicando este triunfo al militar republicano Puigdendolas y eliminando el nombre del anarquista Cipriano Mera que le acompañó con una columna de milicianos de la CNT fundamentalmente, estos, para Pilar, sólo eran milicianos sin adscripción ideológica y no parece que considere su importancia, mucho menos toma en consideración la propia población civil y autoridades locales que antes de la llegada de estas columnas desde Madrid se enfrentan duramente a los alzados en el ayuntamiento y edificios emblemáticos.

Otro problema del uso de estos documentos que nadie más puede consultar es que se puede plantear y preguntarse sobre lo que estos digan integramente, sobre su contraste o si se puede dudar de ellos. Por ejemplo, que la proclamación de la República sea tratada principalmente por el punto de vista de un abad, construye un argumentario partidista y desigual, interesado en una única versión de la Historia. No dudo que los documentos existan, pero sería deseable que fueran públicos, pues si empezamos a generalizar el uso de fuentes no consultables en los libros de Historia, tarde o temprano alguien podría citar documentos inexistentes para apoyar sus tesis. No es el caso, Lledó es una profesional, pero esta puerta abierta puede presentar este futuro problema en otros autores. Esos documentos debieran pasar de la privacidad a lo público. Son parte de la Historia común.

Luces y sombras en tiempos de paz. Alcalá de Henares en la Segunda República (1931-1936) tiene como principal base de fuente de datos la hemeroteca y la bibliografía publicada previamente por otros autores. Tiene también un amplio trabajo de archivos, pero prima las fuentes de hemeroteca, tal como la misma autora reconoce en su introducción. Una hemeroteca consultada en su mayoría a través de los fondos digitalizados por la Biblioteca Nacional de España y diversos periódicos aún en activo. Siendo archivero quien hace esta reseña, se puede asegurar que esto presenta un posible problema: por muy completos que sean los fondos digitalizados, siempre quedan fondos sin digitalizar, lo que hace deseable la presencia física en su consulta. Pero es cierto que Pilar Lledó ha hecho un trabajo exhaustivo y concienzudo que requiere de muchas horas de trabajo para su consulta y búsqueda y de mucho tiempo de reflexión para poder unir cada dato y poder darles sentido en su conjunto. Tal vez merecería la pena el intento de contraste con las fuentes documentales de partidos, sindicatos, instituciones y particulares, tarea que quizá queda pendiente para el futuro, ya que como la propia autora dice: este libro debe servir como aproximación para ahondar más en estos temas.

Tal como ocurrió con Alcalá en guerra, el libro es un pionero en cuanto a obra integral y monotemática de la Segunda República. Eso hace que haya sido acogido de nuevo de manera muy mediática y muy esperada. Está siendo muy vendido y aceptado. Ya otros autores escribieron de esta etapa, pero este libro aspira a un análisis de la etapa desde una visión general, mientras que los anteriores libros se centraban más en determinados aspectos, quizá Vadillo fue el que más se aproximó a hacer una visión general. Es por ello un libro difícil de crear, por las muchas fuentes de las que requiere, si bien se hace deseable más pluralidad y una reflexión expositiva más comprometida con una linea historiográfica y menos tendente a tratar de agradar al lector alcalaíno de Historia de corte medio en la actualidad, que suele responder a un tipo ya bastante adulto y por lo general conservador y/o moderado. Aunque el historiador debe escribir al margen del lector medio, cabe decir que el modelo medio citado está cambiando, habiendo en la ciudad cada vez más jóvenes veinteañeros y treintañeros interesados en conocer la Historia de Alcalá y cuyos postulados parten de ideas progresistas a diferencia de las del actual prototipo medio. El paradigma está cambiando.

El libro parte de una visión general de la dictadura de Miguel Primo de Rivera en Alcalá (1923-1930), sobre todo en sus aportes culturales, centrándose en el directorio civil comenzado en 1925 y reconcentrándose en los sucesos de todo tipo que se vivieron en la ciudad entre 1930 y abril de 1931. Una vez expuesto el contexto previo se pasa ya a analizar la República por etapas, las elecciones de abril de 1931, el gobierno provisional y constitucional, el bienio progresista de 1931-1933, el bienio negro de 1933-1936, las elecciones de febrero de 1936, el gobierno del Frente Popular y el comienzo de la guerra civil en julio de 1936. Por medio se trata el asunto de la Huelga Revolucionaria de octubre de 1934, la represión de la derecha contra la izquierda, la disolución del ayuntamiento de izquierdas para imponer una comisión gestora y el enrarecimiento de la convivencia a raíz de esto hasta la citada guerra civil. En Alcalá hubo numerosas cuestiones que reflejan lo que en breve ocurriría en el resto del país y también lo que ya estaba ocurriendo en sus diferentes etapas. Desde los problemas de paro obrero a los avances en materia de Cultura y educación. La sindicalización de los trabajadores, el intelectualismo, el militarismo, etcétera. Sobrevuela aquí varios de los puntos que serán decisivos para el futuro de la ciudad, como son el aeródromo militar, la reapertura de la catedral, el uso del Paraninfo de la vieja Universidad por la Universidad Central (Complutense), la vida carcelaria, la apertura de la Hosteria del Estudiante, diversas obras públicas, la presencia de numerosas personas importantes en la política y en la Literatura, etcétera.

El relato se ve salpicado por numerosas biografías relacionadas con la ciudad, como la propia de Manuel Azaña, político vital en la República, cuyo origen es complutense, la vida de Cumplido, alcalde republicano en casi todo el periodo, Pedro Blas, alcalde por el PSOE en los últimos momentos de paz y durante toda la guerra civil, la citada Constancia de la Mora, o la del aviador Hidalgo de Cisneros, o la del diputado derechista Esparza, etcétera. Ahora bien priman muchas de las historias de vidas más moderadas y las conservadoras, a pesar de que se mencionen vidas más progresistas como las de Clara Campoamor. Es llamativo por ejemplo que omita la vida del aviador Joaquín García-Morato, que vivía en Alcalá de Henares, pues servía en el aeródromo militar. El golpe de Estado del general Mola ocurre cuando él estaba de vacaciones fuera de la ciudad, por eso él pudo servir en el bando franquista por el cual sentía predilección ideológica. García-Morato fue uno de los pilotos que realizó bombardeos sobre población civil y del que se tiene constancia de matanzas por las cuales algunos le consideran criminal de guerra. Sin embargo, García-Morato, por otros actos de guerra en su avión, es considerado un héroe por parte del franquismo y por parte actualmente de las fuerzas más conservadoras. Llama la atención que no se mencione la biografía de esta persona, aunque sí se mencione que se desea quitarle su nombre a varias calles, sin mencionar el porqué y en tal manera que pareciera parte de una injusticia, al no dar explicación. Ya que en otros casos sí menciona biografías y no se duda en destacar lo negativo de algunos personajes republicanos, a veces pareciera pensarse que estamos ante un trato desigual de la Historia. Pero, y siempre hay "peros", es de anotar que en principio la trayectoria vital de Pilar Lledó, la que es pública en cuanto a sus trabajos, cargos y comparecencias, es la de una persona progresista, si bien moderada. Llama la atención por ello estas cuestiones en su más actual obra.

Pareciera que de esas luces y sombras de la República de las que habla su título, le atrajera más el asunto de las sombras, entendidas estas acordes a las críticas tanto de la gente de derechas como de los historiadores considerados neofranquistas, por citar, cita hasta a Pío Moa. Es llamativo que considere el asunto del laicismo republicano, lo que es la separación de Estado e Iglesia, desde la perspectiva de una persecución religiosa, cuando no se trató de eso, a pesar de que determinadas personas así lo entendieran en su momento. Al menos esta es la sensación que da por coletillas y expresiones que usa en la redacción.

Luces y sombras en tiempos de paz. Alcalá de Henares en la Segunda República (1931-1936) está salpicado de manera constante de referencias que pretenden corregir o aportar nuevos datos a Alcalá en guerra. Cabe preguntarse entonces si no hubiera sido preferible publicar ese libro de nuevo, ampliado con este segundo libro, o si bien se podría haber publicado este libro y a la vez el de la guerra revisado y reeditado. 

Es otro de esos libros necesarios en las bibliotecas particulares y públicas de Historia de Alcalá. Es una visión de conjunto que quizá no saldría adelante si no es por el empeño personal de la autora y de los autores que en estos últimos años han aportado más luz sobre el pasado.

Lo que es innegable es que gracias a Pilar Lledó avanza el conocimiento en general de la Historia republicana de la ciudad, y últimamente también de la Historia de las mujeres en la ciudad. Su fuerte carácter mediático extiende al conocimiento general temas que han sido tabú mayoritariamente y que aún hoy día levanta ampollas y conflictos, incluso acabada la guerra en 1939 y la dictadura en 1975-1978, lo que es testimonio innegable de que hay heridas aún abiertas y que el conocimiento de la Historia podría ayudar a comprenderlas para superarlas.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 8 de septiembre de 2018

Alcalá en guerra

Título: Alcalá en guerra.
Autores: Pilar Lledó Collada. 
Editor: Brocar, abc. 
Año de publicación: 1999 (1ª edición).
Género: Historia.
ISBN: 84-87068-09-X


Pilar Lledó Collada (1963) es una historiadora alcalaína que se licenció como tal por la Universidad de Alcalá en 1986. Es sobrina del que fue por muchos años el cronista oficial de la ciudad hasta la fecha de su muerte, Francisco Javier García Gutiérrez. Ha pertenecido a la Asociación Mujeres Progresistas, asociación complutense que a pesar de declararse apolítica, por la composición de sus miembros está altamente politizada, y a la Asociación Hijos y Amigos de Alcalá, de donde tuvo que salir por problemas con tal asociación (según ella misma declaró en entrevista al periodista y joven poeta alcalaíno Guillermo Martínez). Es presidenta de la Institución de Estudios Complutenses (IEECC) desde 2016, siendo la primera mujer que lo es desde la fundación de esta institución en 1982. Esta institución, con gran impulso inicial de García Gutiérrez, ha dinamizado mucho los estudios e investigaciones de Historia y Arte complutenses. Publican anualmente una revista llamada Anales Complutenses (que tienen formato de libro), donde múltiples investigadores y autores han podido y pueden exponer avances de sus campos de investigación, siendo un motor vital de las últimas décadas para avanzar y profundizar en la Historia alcalaína y su tierra. Gracias a ella se han conocido una gran cantidad de temas y se han podido afianzar algunos estudios que han dado por resultados auténticos datos novedosos que se han podido plasmar en la Historia de Alcalá y darle nuevos sentidos, algunos de ellos plasmados posteriormente en libros. La misma institución organiza a menudo encuentros temáticos que terminan siendo libros de actas, o bien participan bianualmente en el Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, publicando también sus respectivos libros de actas. Estas publicaciones, de las cuáles está íntimamente ligada Pilar Lledó por razones obvias, abarcan todas las épocas de la Humanidad, aunque en concreto ella está interesada en el siglo XX.

Pilar Lledó, tras licenciarse como historiadora en 1986, inició el intento de doctorarse unos años después. No logró terminar ese doctorado. Su campo de estudio, sin embargo, fue altamente novedoso en su época, pues trató de investigar a fondo un campo poco conocido desde la ciencia de la Historia y el cual era espinoso, sobre todo por la gran cantidad de personas vivas y familiares que aún había en la ciudad: la guerra civil española en Alcalá de Henares. Pudo serle de ayuda para ello su paso laboral como becaria en el Archivo Histórico de la Fundación Pablo Iglesias, ubicada en la propia ciudad. En 1994 ya publicó un avance de sus estudios en el Libro de Actas del IV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, publicado por la IEECC y otras instituciones implicadas de Alcalá de Henares y de Guadalajara. El artículo se llamaba "Prolegómenos de una guerra civil: la trágica primavera de 1936 en Alcalá de Henares". El acto fallido de su intento de doctorarse evitó que se plasmase la investigación completa en una tesis doctoral, pero no cerró su afán por acabarla. En 1999 la pudo publicar a través de la editorial Brocar, abc, en una edición que marcaba Alcalá de Henares-Madrid como ciudades editoras. Se llamó sencillamente Alcalá en guerra

Alcalá en guerra fue toda una novedad que se anunció en toda la prensa y radio complutenses. Prácticamente lo que se conocía a nivel popular eran rumores, recuerdos personales y todo tipo de cuestiones inconexas e inciertas, especulaciones, hipótesis, tergiversaciones, fallos de memoria, etcétera. Como el tema apenas había sido tocado previamente desde la investigación, el panorama era aún más desértico en 1999 en la ciudad. Fue un libro muy esperado que fue recibido incluso con un gran acto, tal vez para ello tuvo gran apoyo del propio cronista local García Gutiérrez, tío de Lledó. El libro se agotó de manera inmediata, pero jamás se hizo una segunda edición. La autora, aún hoy día, es reticente tanto a realizar una segunda edición revisada, como a reeditarlo tal como fue editado por primera vez, lo que priva tanto a los ciudadanos interesados, como a estudiantes, como a otros historiadores e investigadores de su consulta y lectura presente y futura, más allá de los volúmenes conservados en el Archivo Histórico Municipal de Alcalá de Henares y en la Biblioteca Nacional de España, no pudiendo ser posible su consulta más allá, ni siquiera de manera digitalizada por Internet. Una lástima. El libro en esa primera y única edición es obviamente un objeto de coleccionista del que casi nadie se desprende y cuyo precio, al llegar rara vez a una librería de antigüedades y rarezas, es muy elevado, pero su presencia incluso en estas librerías es extraña y casi imposible, como se puede comprobar por ejemplo en la red de libros y librerías de viejo Iberlibro. 

El libro incluía además una serie de fotografías de la guerra civil en Alcalá conservadas en los archivos del Estado y en el municipal que, posteriormente, se han reproducido en prensa y en otros libros posteriores, tanto de Alcalá como generalistas a nivel España. La edición no era una edición lujosa, pero era una edición cuyo valor intrínseco era que por primera vez se hablaba en la propia ciudad de su Historia más reciente de una manera profesional y no desde la memoria o el rumor.

El libro a fecha de hoy ha servido de base o de apoyo para posteriores investigadores que han ahondado en la Historia del siglo XX complutense, a pesar de los escasos ejemplares existentes. Sin embargo, ha quedado desfasado y algunos de sus presupuestos iniciales han quedado incluso superados por nuevos aportes que indican que los acontecimientos no fueron exactamente como contó Pilar Lledó en un primer momento. Esto no quiere decir que la autora mintiera o tergiversara, sino que su meritoria labor como pionera alcanzó más allá de donde otros no quisieron ir, pero que, por razones obvias de nuevas investigaciones y paso del tiempo, otros investigadores tocaron yendo a otros archivos y fuentes que completaban la información que la propia Lledó no alcanzó. Ahora bien, estos otros autores, más jóvenes por lo general, no gozan de los medios de comunicación que ponen altavoz a sus conocimientos plasmados en artículos o libros de actas, tal como la autora sí goza. Quizá el caso más reconocido es Julián Vadillo, quien sí publica libros y sí goza de esos mismos medios de comunicación atentos a su obra y aportes.

El libro es en sí mismo un gran avance en la historiografía alcalaína, y, a pesar de lo dicho, sigue siendo un libro básico y casi único para acercarse a la guerra civil en la ciudad. Casi, pero no único. Fue, eso sí, el pionero. Por eso mismo es un libro valioso y necesario. Quizá algunas de sus partes requieren contraste con otras lecturas a fecha de hoy, pero en 1999 este libro era lo más avanzado que existía sobre el tema. Así por ejemplo, el capítulo dedicado a lo sucedido con las reliquias de las Santas Formas necesita de revisión, dados los avances sobre este tema por el cronista local Sánchez Moltó recientemente, así como lo referente a lo sucedido con el movimiento obrero o determinadas cuestiones de la izquierda, dados los avances en el tema de la mano de Vadillo o de Urbano Brihuega o de las memorias de Fernando Nacarino o de Marcos Ana, por citar algunos ejemplos. 

Alcalá de Henares fue una ciudad republicana desde el principio al final de la guerra, cuyo alcalde fue Pedro Blas, del PSOE, y donde los sindicatos UGT y CNT tuvieron cierta fuerza. Una ciudad donde se asentó la NKVD soviética, merced a los aviones que aportó la URSS para la defensa de la República, como ya contó el británico Hugh Thomas en 1961 en su libro La Guerra Civil Española. Una ciudad que sufrió una gran cantidad de bombardeos, que tuvo una colectivización agraria, donde se ejecutó a Andreu Nin, donde Hidalgo de Cisneros controlaba el mando aéreo, que sufrió una gran destrucción de su patrimonio y también una gran represión a la entrada de las tropas golpistas, etcétera.

Alcalá en guerra es un libro necesario en toda biblioteca de Historia de la ciudad por ser el primero en su temática y, porque, a pesar de existir ya otras publicaciones al respecto, sigue siendo la única monografía específica del tema. Contuvo novedades para su época y marcó un antes y un después sobre el espinoso episodio histórico en esta ciudad. Aún hoy varios periodistas locales lo usan como referencia a la hora de escribir artículos sobre asuntos relacionados con aquellos hechos.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 1 de septiembre de 2018

Movilidad exterior

Título: Movilidad exterior.
Autor: Carlos Mazarío Torrijos. 
Editorial: Asociación Cultural Fractal.
Año de publicación: 2016 (1ª edición).
Colección: Fractal Poesía. 
Nº de volumen en la colección: 4.
Género: Poesía
ISBN:  978-84-617-5773-2

Ya habíamos presentado a Carlos Mazarío en su faceta como historiador con la publicación de su libro La Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Historia de una institución docente (1966-2016), por entonces ya se había anotado que también era poeta, toca hoy hablar de esta vertiente lírica de su obra. Cuenta en su haber con tres libros publicados de poesía: Un incendio (2015), Mi vida en Camposanto (2016) y Movilidad exterior (2016), centra la atención de esta reseña este último, si bien los anteriores libros, especialmente el segundo, llamó mucho la atención y tienen bastante éxito y reconocimiento entre los amantes de la poesía más actual. Se pueden encontrar varios de los poemas de Movilidad exterior en la bitácora personal de Héctor Castilla, promotor y difundidor de la nueva poesía por Internet, si bien el propio autor, Carlos Mazarío, cuenta con su propia bitácora, La poesía etcétera, donde comparte noticias sobre su actividad literaria y su perspectiva poética del mundo que le rodea, a la vez que de vez en cuando nos expone alguna de sus nuevas poesías.

Movilidad exterior es el poemario ganador del IV Premio Internacional de Poesía Asociación Cultural Fractal, por ello fue publicado por esta asociación en una edición al cargo de la editora y también poetisa María Lucía Plaza Díaz, que coincide generacionalmente con el autor; ambos nacieron en 1977 y ambos han cursado carreras universitarias técnicas, lo que hace que ambos hayan vivido unas mismas circunstancias sociales y políticas desde el punto de vista que da las mismas circunstancias de una misma edad. Quizá sea esa una de las claves que ha logrado que conectasen bien autor y editora, autor y asociación cultural, autor y un público de una misma generación que lo lee y lo acoge con muy buen recibimiento. Es sin duda la poesía de Mazario una poesía que conecta con su tiempo y con su generación, una generación (varias en realidad en torno a la segunda mitad de los años 1970 y la primera de los años 1980) marcada por la democracia, la cultura de masas y las promesas de vida rotas por la crisis económica de 2008, la cual cumple diez años el próximo 15 de septiembre. Son las generaciones de la ilusión y la desilusión, la generación de los perdedores-ganadores.

Ya hace tiempo que algunos críticos literarios de los suplementos de los periódicos más vendidos diariamente se preguntan dónde están los poetas y literatos en general de esta generación tan marcada por las frustraciones y a la vez el vitalismo. Algunos han querido encontrarlos en los poetas más mediáticos que se popularizan gracias a exponerse públicamente en vídeos y redes sociales inmediatas y fugaces, sumando numerosos seguidores, aunque sus poesías, a  menudo muy aplaudidas por no contradecir a las masas, sean poesías hartamente sensibleras, facilonas y autocomplacientes, ñoñas. Otros los han querido ver únicamente sólo entre las mujeres que escriben hoy día, sumándose a una loable tendencia a hacer visibles a las mujeres en todos los campos en un intento de alcanzar la concienciación por la igualdad de género, pero que al hacerlo así se invisibiliza a los compañeros de camino de género masculino, a la par que a veces uno se pregunta hasta qué punto se visibiliza a tal o cual poetisa por su obra y la calidad de esta o por ser simplemente mujer. Es sin duda una trampa, se puede ser buena poetisa y tu obra recomendable, pero si tu obra sólo la enseñan por ser mujer, ¿no se te está haciendo caso simplemente porque tu biología y cuerpo son femeninos y no porque tus creaciones interesen o se crean buenas independientemente de tu género? Posiblemente estos dos debates surgirán en algún momento, cuando hablar de ello no sea objeto de una polémica intrincada y llamada a la acusación mutua. Lo que nos interesa en esa bitácora ahora mismo es la idea de que un poeta generacional no sólo lo es por vivir en unas fechas, sino por vivir en ellas y captar desde su mundo propio lo que en su época vive y le afecta. En este caso el poeta puede ser fenómeno de masas, mujer u hombre u homosexual, indiferentemente, o puede no ser un fenómeno de masas al que le pongan altavoz para publicitarle (véase por ejemplo la sección en papel llamada "poetas en red" que ha ido publicando en su suplemento cultural de agosto el diario El País). A mi entender Carlos Mazarío es claramente un poeta de su generación. Ser poeta generacional no te encierra sólo en tu momento, blindándote al resto de generaciones venideras. La generación de 1927, por ejemplo, nos da ejemplos múltiples de poetas generacionales cuya poesía es atemporal, sólo que creada y tratada desde la perspectiva de su época, Lorca, Alberti, Hernández, León Felipe, Aleixandre, etcétera. Un poeta generacional capta su época y la engarza con el resto de épocas, capta su época desde su relación y su visión con y de ella. Un poeta generacional tiene unas ideas y una estética, una inquietud y una búsqueda, propios de su mundo. En Mazarío esto es claro.

En Movilidad exterior hay una poesía social, una crítica a las causas de la crisis que han llevado de paso a auténticas crisis personales en tantísima gente, centrándose el poemario en concreto en la gente joven. Numerosos son los poemas donde se habla de la relación del poeta con su frustración desde su vida aún en la casa de los padres o sumamente ligada aún a una dependencia de unos padres que, se dice en algún poema, no termina de reconocer a su hijo o quizá no pueden soportar sentir algún tipo de culpa sobre el fracaso del hijo ("(...) y tu madre / que ya no te sostiene la mirada"). Un hijo que ya es adulto, pero que está condenado a perpetuar un estilo de vida no independiente del hogar paterno y maternal. Aparentemente hay un desencanto, una resignación ante un futuro ideal perdido, un presente sin perspectiva de mejora. Un desencadenante que mueve todo tipo de causas y efectos en caída libre, ahondando en las miserias interiores del poeta en su modo de vida. Pero aún así, hay esperanza, porque del mundo negado, del mundo destruido antes de nacer o a las puertas de nacer, nace otro mundo diferente, una nueva forma de vida a la que el poeta, el joven que se ha hecho adulto, se adapta construyéndolo, dando realidad a la realidad posible. Sí, es una generación frustrada, pero a la vez una generación que no pierde la idea de que algo ha de cambiar.

Ahora vuelves
a la que nunca dejó de ser tu casa
—la llamabas así, recuérdalo,
voy a comer a casa, me decías—,
pero entonces regresas
y tu cuerpo es extraño en una cama
de noventa, con sábanas que huelen
a adolescencia, con la ventana triste
por la que ves las bragas color carne
de la vecina en el patio de luces
tan oscuro, y hoy todo te molesta,
te molestan los gritos de tu madre
y el ruido de la tele, la cisterna
con su goteo atávico,
el gotelé amarillo y la cenefa
de frutas y pucheros, los ronquidos
en el insomnio negro en que te ensañas,
y te dices me tengo que marchar.

Marchar a dónde, rey.
Qué hueco tan profundo
tener que irse y no saber a dónde.



Es un libro estructurado en tres partes, con un lenguaje directo y seco, fácilmente asumible y que manda mensajes claros que impactan al lector. Los lectores que compartamos generación con él probablemente entendamos mejor de lo que nos está hablando, porque de lo que nos está hablando también podríamos hablarlo nosotros. Es un libro de viaje que señala lugares y fracasos y que da vueltas sobre sí mismo, no pareciendo que exista destino y que el lugar desde el que se partió también es inalcanzable.

Se nota en este poemario una clara influencia de la poesía más propia del último cuarto del siglo XX, atrevida, sin tabúes, quizá influenciada por la contracultura anglosajona (los versos "Dame un libro y un sitio donde huela / a tu sexo. No necesito / más" recuerdan algo a Bukowski), hasta algún punto están presentes también los poetas trasterrados, los que no tienen lugar ni punto fijo, expulsados de donde estaban, como pudo ser Bertolt Brecht. Trae de nuevo palabras parecidas a las que ellos usaron ayer para volver a contar desde un dolor personal e íntimo la realidad de tantos jóvenes de hoy día que, teniendo medios intelectuales y juventud, no tienen oportunidades para vivir por sí de una manera estable.

Nos encontramos bien en aeropuertos,
pues no tenemos patria
y nuestro nombre es Nadie.


Unas generaciones jóvenes de españoles de hoy que son las mejor preparadas de toda la Historia española y sin embargo el sistema económico los ha dejado fuera del rumbo de sus vidas.

Ves circular maletas con los ojos cansados
y temes haber perdido la tuya,
pero no, esa es,
la que desborda títulos, y tiene
el color del fracaso y las noches en vela.


No obstante, Movilidad exterior toma su título de las palabras que pronunció la Ministra de Empleo y Seguridad Social Fátima Báñez cuando en abril de 2013 dijo en el Parlamento esas palabras, "movilidad exterior", para referirse como algo positivo a lo que era la emigración masiva de jóvenes españoles, mayoritariamente con títulos universitarios, a otros países en busca de trabajo y oportunidades con las que construir sus vidas, yéndose de España, de sus lugares de origen donde vivían, de sus familias y de sus amigos. Precisamente a su intervención señala Mazarío de manera directa y seca, anotando por el camino la corrupción moral de sostener esas ideas quien debía velar precisamente por la creación y el mantenimiento del empleo, quien además está definida por sus complementos de ropa en un estado económico y social tan alto y enriquecido que poco o nada puede representar a los que se van por necesidad o a los que vuelven a casa de sus padres o a los que no pueden salir de la misma. Apunta al gobierno en sí y a su funcionamiento.

En la sesión plenaria de los martes
la señora Ministra se encarama
al estrado, con su traje de chaqueta,
dejando en el escaño un portafolios
y un bolso de Chanel. Como es debido
saluda al Presidente y se dirige
en discurso leído a sus colegas,
y con gran desparpajo
acuña en un momento dado el término:
movilidad exterior.
                                       Su puta madre.

Mazarío busca también la estética en sus poemas. Su estilo es directo, sí, pero se persigue una cierta estética llena de metáfora. Se embellecen los poemas con su estructura, dándole un sonido bonito a poemas que nos hablan con auténticas cargas de profundidad que estallan con sólo rozarlas.


Lo prudente sería
enviar formularios, apuntarse a academias,
tener un cierto colchón económico,
buscar lazos de afecto —conocidos
de amigos de amigos de conocidos—,
una casa con alquiler barato,
un entorno no hostil.

Estamos condenados
a una audacia rayana al despropósito.


Carlos Mazarío, que ha recitado en diversos lugares, también en Alcalá de Henares, crea así un buen libro de poesía conectada con su ser y con su generación, una generación frustrada pero no acabada.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".