Título: Los Condueños: 175 años en la defensa de nuestro patrimonio.
Autor: M. Vicente Sánchez Moltó.
Editor: Servicio de Publicaciones, Concejalía de Cultura, Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
Año de publicación: 2026
(1ª edición; introducción de Judith Piquet, alcaldesa de Alcalá de
Henares por el PP).
Género: Historia; Arquitectura.
Depósito Legal: M-8107-2026
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Título: Arnao Guillén de Brocar y su taller de imprenta.
Autor: M. Vicente Sánchez Moltó.
Editor: Servicio de Publicaciones, Concejalía de Cultura, Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
Año de publicación: 2023
(1ª edición; introducción de Judith Piquet, alcalde de Alcalá de
Henares por el PSOE).
Género: Historia; Biografía.
Depósito Legal: M-10340-2023
En el año anterior, 2025, Sánchez Moltó publicó en esta colección una biografía, Juan de Campos, el alcalaíno de la primera vuelta al mundo, que me pareció lo mejor de lo publicado dentro de estos libritos y me gustó la idea de que se animase a seguir por ese camino más innovador de dar a conocer lo menos conocido de la Historia de Alcalá. Pero bien es cierto que esta colección es idea, iniciativa y encargo del ayuntamiento, por lo que los títulos a publicar es controlado por la institución, aún cuando el cronista oficial pueda proponer temática. Probablemente, teniendo en cuenta que el cronista también tiene cierta cercanía a los Condueños, ambos coinciden en el título, aún cuando es una institución de la que se ha escrito mucho. Quizá esta sea la primera vez que, fuera de un artículo de periódico, se haya escrito de manera ágil y atractiva para la divulgación, aunque sea de manera muy abreviada.
Al texto le acompaña, como al resto de títulos de la colección, gráficos explicativos y fotografías antiguas, así como planos y otros gráficos de interés.
El librito está bien como acercamiento básico, aunque hay que decir que si bien el título habla de los Condueños como institución y por tanto uno se podría esperar la Historia propia e interna de la institución, a sabiendas de cuál fue su labor y contribución, que es algo ya muy divulgado, lo que ocurre es que eso no pasa del todo. Si bien Sánchez Moltó inicia el libro con ese intento de explicar la Historia institucional de los Condueños, y para ello necesita explicar la situación de la Universidad previa y su desamortización, así como lo que le ocurrió cuando estaba desamortizada y los peligros que por ello sufrió.
Moltó hace bien ese inicio explicando cómo se juntan, para que se juntan, quienes se juntan y los pasos que dan. Las primeras décadas son desde luego la parte más destacada de su Historia. Así mismo se mentiría si no se dijera la importancia de sus decisiones acerca del alquiler de los edificios tras su compra y las condiciones de conservación de los mismos, a la Iglesia para conventos y para fines educativos, al Ejército a través de su respectivo Ministerio en cada época, y finalmente al Ministerio de Cultura para crear la actual Universidad de Alcalá, así como la colaboración con el ayuntamiento par la recuperación y restauración de edificios. Pero el problema estriba, para este lector, en que de repente se desvía de la Historia institucional de los Condueños para volver a caer en la Historia de la Universidad de Alcalá y sus edificios y vaivenes, aunque sea a través de lo que de esto afecta a los Condueños. Así que el libro pasa a parecer otros libro más de la Historia de los edificios de la Universidad, y en concreto del Colegio Mayor de San Ildefonso principalmente, descuidando el resto.
Hay algunas apreciaciones que ya serían más de debate, como el nombre técnico de las láminas o suscripciones (debate de nombre documental entre archiveros, más que nada), o sobre la afirmación de si hubo sólo educación religiosa en la segunda enseñanza alcalaína o si hubo otras opciones educativas no religiosas aunque no fueran escuelas de secundaria (recuérdese la existencia de un ateneo obrero, por ejemplo), o sobre la ausencia en este libro de la mención directa de los daños físicos sufridos por la Universidad durante la guerra civil a causa de los bombardeos aéreos de Franco, aún cuando otras destrucciones y perjuicios de etapas anteriores, en concreto liberales, sí se mencionan. Aunque creo que es un acierto que se hable de un aspecto menos conocido por una gran mayoría, el funcionamiento del Colegio Mayor como un centro de formación de los funcionarios durante la dictadura.
Aún con todo, el librito no está mal orientado y aborda de lleno algunas cuestiones organizativas y de intencionalidad de los Condueños que resultan muy claras y esclarecedoras para los más legos en la materia, y un buen recordatorio para los conocedores. Cumple bien su función divulgativa.
Otro libro de esta colección que nos habíamos pasado por alto en su día en esta colección fue el que se publicó para la Feria del Libro de 2023. En esta ocasión se aprovechó otro aniversario, el del quinto centenario de la muerte del famoso impresor Arnao Guillén de Brocar, uno de los primeros impresores de España y afamado por la calidad de sus impresiones y de sus planchas en el siglo XVI. Aunque, como en el propio libro indicó Sánchez Moltó, no está claro hoy día si realmente murió en 1523 ó en 1524. Por entonces era alcalde Javier Rodríguez, por el PSOE, aunque perdió las elecciones municipales en aquella primavera de 2023 y, aunque el libro se hizo con él y de él lleva la introducción, lo rentabilizó Judith Piquet al ganar las elecciones por el PP. El libro era Arnao Guillén de Brocar y su taller de imprenta. Llevaba en cubiertas un color verde que enmarcaba en la portada la reproducción fotográfica de la portada que Brocar creó para la Biblia Políglota Complutense (varios autores, 1520), y en contraportada una fotografía de una escultura de la Plaza Alfonso XII, foto de Luis A. Cabrera, que reproduce una vieja imprenta de aquellas épocas en honor a los impresores de Alcalá de Henares. El libro, aún siendo para un aniversario tocaba un tema no tan conocido al detalle en la ciudad, el de la imprenta de Brocar y sus sucesores, aún cuando los alcalaínos saben en general que los impresores tuvieron un peso importante en la ciudad en el siglo XVI y por ende en España. No obstante le asocian la Calle Libreros, una de las calles principales, y, aunque no tiene que ver con ellos de manera directa, hay quien les asocia la Calle Escritorios, aunque esa calle es otra cuestión. Aunque evidentemente deberían hacer la suma de que se instalaron en Alcalá de Henares numerosos libreros a causa de la Universidad y la necesidad que tenían sus estudiantes y profesores de libros, así como el arzobispado y otras instituciones de importancia, esta suma ya es menos obvia para mucha gente, aunque debería serlo. esta publicación ponía orden en esto y recuperaba esa memoria.
Alcalá de Henares fue una de las primeras ciudades de España en contar con una imprenta, pero no fue la primera. Fue de las importantes imprimiendo, siendo junto a Toledo, Valladolid y Salamanca ciudades editoriales de referencia. Hay que recordar que los impresores de los primeros siglos de su existencia no sólo imprimían produciendo libros (por lo que eran libreros), si no que a menudo completaban su negocio ejerciendo con un sentido añadido a la palabra librero, esto es: vendiendo los libros producidos que a veces ellos mismos se arriesgaban a producir a modo de lo que llamaríamos editores de aquellos autores o textos que creyeron que eran de calidad o que serían bien recibidos para su venta y lectura.
Se instalaron numerosos libreros en Alcalá de Henares, algunos efímeros, otros muy destacados por su calidad y por su valor artesanal. Las planchas y sus letras, dibujos y grabados se creaban a mano y a veces ellos aportaban tipografías propias, sellos propios, o ilustraciones propias por encargo a artistas. Algunas de estas familias se hicieron sagas de libreros alcalaínos entre los siglos XVI al XVIII, incluso hubo entre ellos algunas mujeres que quedando viudas, sin padres, ni hermanos, no volvieron a casar para poder llevar adelante ellas las imprentas heredadas, cosa que la ley permitía. En torno a las primeras décadas del siglo XIX desaparecieron casi todos los impresores de la ciudad, siendo que ya en el siglo XVIII escasamente quedaba alguno de renombre. En el siglo XIX en adelante sólo quedaron impresores a nivel local, para libros, carteles, prensa, estampas... aún hoy día hay impresores e impresores-editores actuales, a nivel local.
Fue el cardenal Cisneros quien comenzó a comprar numerosos libros de cara a crear la Universidad en Alcalá. Comenzó a acumularlos en 1496 aún cuando no obtuvo la bula fundacional para crear la Universidad hasta 1499, aunque existían los Estudios Generales en la Iglesia Magistral que pasarían a ser universitarios, el Colegio de San Ildefonso no estaría en activo hasta 1508. También comenzó a buscar un impresor que asentar en la ciudad para poder atender a las necesidades futuras de los profesores, de la institución y de los alumnos, así como de las parroquias que se iban creando en la ciudad. El primero que trajo fue a Estanislao Polono en 1502, de origen polaco, pero residente en España con una imprenta muy famosa y valorada en Sevilla. Se supone que él sería quien imprimiría la Biblia Políglota, pero sus creadores tardaban tanto en terminar sus primeros resultados que esto no se producía. Llegó a publicar diversos libros, algunos muy reconocidos, pero en 1504 decidió regresar a Sevilla por serle más rentable. Fue en ese momento que entró en juego el francés Arnao de Brocar, recomendado por Antonio de Nebrija para la impresión de la Biblia Políglota. Nebrija y Brocar se conocían porque en Pamplona Brocar había impreso varias obras del filólogo con una calidad muy alta en su tipografía, tintas y decoraciones, así como encuadernaciones. En Alcalá seguirán colaborando, aunque la obra cumbre del impresor sea la citada Biblia. Llegó a Alcalá en 1511 con permiso del rey Fernando V "el Católico". Entre 1514 y 1517 publicó la Biblia Políglota, y en años sucesivos diversas obras de humanistas y autores de prestigio. Copiaba algunas tipologías de letras europeas novedosas, con rasgos renacentistas, esto es: humanistas. Además tuvo gran calidad y novedad sus tipologías de letras hebreas, griegas y caldeas. Tuvo gran repercusión
A la muerte de Arnao Guillén en 1523 ó 1524 heredó el negocio su yerno, Miguel de Eguía, aunque compartió el negocio con los hijos varones de Arnao, Juan y Pedro. Por sentencia judicial en 1523 se estableció que Eguía llevaría el negocio y los beneficios del mismo, y los hijos de Brocar los derechos editoriales de lo que se imprimiese y vendiese. Publicaron ciento sesenta ediciones de libros de autores muy conocidos del renacimiento, y en concreto del humanismo, incluido Erasmo de Rotterdam, cuyo cristianismo inspiraba a la Universidad de Alcalá. Aunque añadieron tipologías de letras y grabados nuevos, reutilizaron muchas de las que tenía Arnao. Imprimieron incluso bulas papales. Su actividad mercantil, o sea la proyección de negocio editorial que montaron, fue enorme, a la par que sus impresiones, y en cierto modo están en la base del negocio editorial en España.
En 1543 murió Eguía y se puso al frente Juan de Brocar, que como se ha dicho era hijo de Arnao y cuñado de Eguía. En realidad se había tenido que hacer cargo del negocio al completo desde 1538. Compartirá el negocio con su hermano Pedro. Iniciará una etapa de apertura manteniendo conexiones comerciales con impresores de Medina del Campo y abriendo otros dos talleres en otras ciudades, una de ellas: Toledo, siendo la sede central la de Alcalá de Henares. Se especializará en textos y libros universitarios, pero sin cerrarse a otros libros. Encontrará problemas al imprimir libros de Erasmo de Rotterdam cuando este comenzó a ser recelado por la Iglesia católica. No llegó a ser un problema total. Pero comenzaran a publicar textos propios, aparte de los ajenos. Juan de Brocar morirá en 1552, pero su imprenta no se detiene, queda al cargo de su viuda, Francisca de Angulo, quien paradójicamente no sabe leer ni escribir. Aún así ella saca adelante la imprenta durante varios siguiendo las líneas que la familia había establecido en sus relaciones, especialmente su difunto marido.
Al final, Francisca cedió en 1560 la dirección del negocio a su hermano, Andrés de Angulo. Este continuará el negocio tal como se había ido llevando hasta entonces. Así será hasta su muerte en 1577, aunque este se centrará sobre todo en libros pensados para la producción y venta local en la ciudad, ya no tanto para toda España. Aún se encuentran impresiones de tipografías propias de los Brocar en ediciones de libros impresos en otras imprentas complutenses desde 1578, por lo que es posible que al cerrar el negocio se vendieran sus bienes.
Con este pequeño libro Sánchez Moltó rellenaba con acierto y de manera divulgativa el porqué de la importancia de los impresores en la ciudad. Marcaba además porqué a Alcalá se la llama la Ciudad de las Letras no sólo por sus autores. Un libro a destacar de esta colección.
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".







