Mostrando entradas con la etiqueta siglo XVII. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta siglo XVII. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de febrero de 2026

Alcalá de Henares en 1654

Título: Alcalá de Henares en 1654.
Autores: Manuel Moncayo Molina (poema); Javier Rivera (coordinador) y Macarena Moralejo, Vicente Sánchez Moltó y Francisco Peña (análisis). 
Editora: Editorial Universidad de Alcalá.
Año de publicación: 2024 (1ª edición); 2025 (2ª edición, revisada; prólogo: José Vicente Saz, rector de la Universidad de Alcalá.)
Género: Poesía; Historia; Biografía; Literatura; Ensayo.
ISBN: 978-84-10432-23-9
 
Dentro de los actos conmemorativos del 25º aniversario del nombramiento de Alcalá de Henares como Patrimonio de la Humanidad a finales de 2024, la Universidad de Alcalá presentó la primera edición de un libro llamado Alcalá de Henares en 1654, el cual tenía un enorme subtítulo que era el título original de un poema que se publicaba por primera vez en la Historia, pero que fue escrito en ese año 1654: Descripción de la Villa de Alcalá de Henares que hizo Don Manuel Moncayo de Molina, natural de la villa de Villaescusa de Haro, siendo cursante en ella, de edad de 18 años. Año de 1654. En octavas. Presentó por entonces el libro Javier Rivera, que a la postre era el coordinador de una serie de ensayos con análisis históricos, biográficos y literarios. Rivera es Catedrático de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá y era presidente de aquellos actos conmemorativos. Él mismo era coautor de uno de los ensayos, siendo la otra parte Macarena Moralejo, profesora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. Los otros autores de los ensayos eran Vicente Sánchez-Moltó, cronista oficial de Alcalá de Henares y archivero, y Francisco Peña, doctor en Filología, profesor honorífico de la Universidad de Alcalá y miembro del Instituto Universitario de Investigación Miguel de Cervantes. El libro tenía por prologuista a José Vicente Saz, rector de la Universidad de Alcalá. Todos estos textos evidentemente fueron escritos en 2024 con motivo del hallazgo fortuito en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de un poema escrito en 1654 por el citado Manuel Moncayo Molina. En 2025 el libro alcanzó un número alto de ventas, por lo que fue revisado y editado por segunda vez por la Universidad de Alcalá, con colaboración de la Asociación de Amigos de la Universidad de Alcalá. Tuvo en los últimos meses de ese 2025 una repercusión mediática reforzada de la que ya tuvo de por sí en 2024, siendo algo inusual y extraño en medios locales que esto se produzca, como por ejemplo en Cadena SER Henares, que llegó a ofrecer hasta dos entrevistas a dos de los autores, uno de ellos colaborador habitual en una de sus secciones de Historia. 
 
La portada, en tonos pardos, reproducía la vista de Alcalá de Henares en el siglo XVII creada por Pier Maria Baldi, conservada en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, la cual es una pintura muy próxima en fecha de creación a la del poema escrito por Moncayo. Diseñó la portada Ronda Márquez. Aunque el texto principal de toda la obra es el poema, no se incluyó como autor a Manuel Moncayo, tan sólo aparecieron los autores actuales que analizan ese poema y su contexto alcalaíno en el siglo XVII. debería haber figurado Moncayo, sin cuyo poema no habría sido ideado ni creado ese libro. Su nombre sólo aparece en contraportada.
 
El libro contaba con los citados ensayos, una bibliografía y la transcripción a un castellano cercano al actual del poema, más la reproducción llamada facsímil, aunque en realidad fotográfica en color, del documento con el poema manuscrito de Moncayo, hallado en el legajo 18, número I, en la signatura 9/7272 de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia. Con lo que aporta también un valor archivístico y paleográfico para aquellos interesados en estos conocimientos, su análisis y práctica. El poema fue encontrado de casualidad ahí por Macarena Moralejo, quien al ponerlo en conocimiento de Javier Rivera, fue animada a su análisis interdisciplinar con el resto de autores para su publicación en libro, con objetivo de darlo a conocer públicamente.

En realidad pueden existir más documentos como este en el mismo archivo y otros por los que se desperdigó los fondos de la Universidad de Alcalá tras su desamortización en el siglo XIX y su ir y venir de un sitio a otro hasta nuestros días. Quien esto escribe, por ejemplo, anota que en los fondos de los archivos del exilio de la Agrupación Socialista de París se encuentra una letra de himno para Comisiones Obreras que escribió un exiliado y que nunca llegó más allá que a carta a aquella agrupación. A menudo numerosos textos interesantes no terminan de pasar de las manos de los archiveros y de los historiadores por no encontrar ni medios, ni instituciones o personas que quieran darles altavoz, siendo frecuente que quienes sí lo encuentren son personas que de por sí son en sí un altavoz mismo gracias a sus relaciones profesionales por ejemplo en la Universidad, o por relaciones de amistad con personas que trabajan en medios de comunicación.

Rivera y Moralejo abren el libro con un ensayo sobre el urbanismo y la arquitectura de Alcalá de Henares en las fechas en las que Moncayo escribió su poema, así como el contraste entre lo que este cita y la realidad física. Se ajusta muy bien el conocimiento de Moncayo con la documentación histórica que nos hablan de esa urbe, aunque en algún detalle Moncayo difiere, tal vez porque en su época se asuma algo como hecho que sobre papel aún no lo era, aunque fuera a serlo. Es una villa cerca de ser nombrada ciudad, y a veces se deslizan ideas en ese sentido, o bien no cuadran del todo el número de colegios activos en ese momento. Moncayo nos llama a reflexión en eso, aunque los autores descartan dar la razón a Moncayo. En todo caso, hay un sesgo proclive a una visión católica de la Historia, sin ahondar en los vacíos que en este sentido pueda dejar el joven poeta del XVII. Su mayor aporte más innovador es el análisis que hacen del seguimiento de lo que pasó con toda la documentación y archivos de la Universidad de Alcalá cuando fue desamortizada en el siglo XIX, especialmente la documentación del Colegio Máximo, el cual era el ubicado en la Calle Libreros y ligado a la iglesia de Santa María, de carácter jesuita, y que al haber sido expulsada la orden por un tiempo en el siglo XVIII tiene mayor trasiego y dispersión por diversos archivos actuales.
 
Sánchez Moltó reitera una interpretación de la Historia de Alcalá desde los edificios y la arquitectura, por enésima vez en las historiografías alcalaínas, aún a pesar de que esta vez esté justificado dado el carácter del texto que da pie a ello. Su aporte va en la dirección de tratar de dar algo de luz sobre quién fue Manuel Moncayo. Dado que en su poema pone especial atención a los edificios que tienen que ver con los jesuítas y a la orden religiosa misma, se cree que debió ser un estudiante de teología ligado a la orden jesuíta. No obstante, su poema fue encontrado entre los documentos de las celdas del Colegio Máximo, pudo ser un ejercicio de retórica y poesía, o un entretenimiento. Al contar con 18 años, nació en 1636, en la citada Villaescusa de Haro, municipio en el que se barajó hacer una Universidad antes de elegir Alcalá de Henares. Puesto que fue mandado a estudiar, debía ser de una familia con posibles económicos, así como que le apadrinó una persona cuyo apellido era un apellido importante en la aristocracia. Se ignora si acabó los estudios y, hoy por hoy, no se han encontrado más referencias sobre él, aunque es posible que su nombre aparezca en otros documentos de diversos archivos, sólo que no ha transcendido o no se han encontrado dado que no se trata de una persona que se hiciera notable en su tiempo como para transcendernos. Es hoy, gracias a su poema a los 18 años, que ponemos su nombre en la Historia.

Francisco Peña nos explica y desgrana los significados literarios del poema. No es un poema de una calidad destacable, nos dice, aunque dado lo raro de encontrar estos documentos tan antiguos, cobra relevancia, y más especialmente por su descripción de Alcalá, donde, por cierto, cita a Cisneros, San Diego, al beato Julián (al que da por santo), San Félix, Santos Justo y Pastor y otros notables, aunque no cita a Cervantes. Pudo hacerlo, no obstante Cervantes sí citó escritores de Alcalá, no sólo santos. Evidentemente Moncayo tiene un sesgo claramente católico prácticante hasta el punto de interpretar la Historia y el mundo desde esa visión. También podría ser que nos dé le dato de que Cervantes no estaba puesto de relevancia en Alcalá en esas fechas. 

Moncayo escribe muy estrictamente su poema en un estilo puramente barroco. Con referencias mitológicas grecorromanas entrelazadas a veces al mundo cristiano, especialmente a la Virgen María (concreta con la Virgen del Val y habla incluso de la ermita del Val, tan alcalaína y donde los estudiantes celebraban fiestas). Tiende a los cultismos, aunque se le cuela mucho lenguaje común. Pudiera tener así cierta influencia de Góngora, sin alcanzarle. Se desliza una muy marcada ideología propia del Concilio de Trento, que en esos años se estaban desarrollando férreamente en España, como pueda ser esa devoción por la Virgen, por los santos, por las reliquias (habla de las Santas Formas guardadas en Alcalá), las procesiones o el carácter evangelizador de los propios jesuítas, y hasta cierto punto de la labor de Cisneros en ese sentido, aunque no menciona la Biblia Polígrota

Escrito en octavas, tal como el título índica, y muy propio en la época para crear poemas elogiosos, va apuntando de un tema a otro, desde la arquitectura a sus personajes, de sus santidades a sus tradiciones, de la Universidad y sus colegios a la ciudad en sí, de la que llega a hablar de sus cuatro fuentes de agua e incluso del Palacio Arzobispal como palacio de arzobispos y reyes.

Sea o no sea un ejercicio de un joven Manuel Moncayo, este tipo de poemas siguen haciéndose hoy día, como por ejemplo en el libro de José Clavero, Alcalá, un poema (2024), donde podríamos hacer una comparativa poética de lo que pone en valor y describe Moncayo en el siglo XVII y lo que pone en valor y describe Clavero en el siglo XXI. 

Moncayo entra en los autores alcalaínos con su poema tan descriptivo de la ciudad de su época, muy centrado en la Universidad y lo católico, con todo su barroquismo, y tras dormir trescientos setenta y dos años en el silencio. Si era el poema de un joven estudiante de 18 años, hoy es un poema barroco de amor a Alcalá de Henares y su Historia... una Historia que aún no había visto a Alcalá como ciudad, pero sí con esplendor. No es baladí que nos cite sus dos mil estudiantes, aunque en otras épocas hubo más. Es un poema escrito justo en el momento en el que la Universidad todavía no está en su declive total, pero comienza. Aún así, Moncayo observa a Alcalá y a su Universidad con toda grandeza. Algo muy alcalaíno.

(...)
Distante de la villa está una ermita
de María del Val, sagrada aurora
perla fina, preciosa margarita
que del cielo riquezas atesora
pues vale al que a validos solicita
valerse humilde de tan gran señora
siendo a la mar amarga calentura
triaca, confección, vida y dulzura.
(...)

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 21 de diciembre de 2024

Breviario de los políticos

Título: Breviarium politicorum Secundum Rubricas Mazarinicas (originalmente en latín; en francés era Bréviaire des hommes politiques; y en italiano se publicó como Dogmi politici)
Autor: Cardenal Mazarino (Jules Mazarin o Julio Mazarino).
Impresor: Tipógrafo Ioannis Selliba (Coloniae Agripinae, actual Colonia, en Alemania).
Año de publicación: 1684 (1ª edición; forzosamente escrito antes dada la fecha de la muerte del autor); 1700 (2ª edición, de Jacobus A. Wesel, en Vesaliae (actual Vesalia, en Alemania).
Género: Política; Espejo de príncipes; Manual; Pedagogía; Educación.
---

Título: Breviario de los políticos.
Autor: Cardenal Mazarino (Jules Mazarin o Julio Mazarino).
Editorial: Acantilado.
Año de publicación: 2007 (1ª edición); 2008 (2ª edición). [Traducción de Alejandra de Riquer].
Colección: Cuadernos.
Nº de volumen en la colección: 25.
Género: Política; Espejo de príncipes; Manual; Pedagogía; Educación.
ISBN: 978-84-96489-98-1

 

Uno de los autores más insospechados relacionados con Alcalá de Henares (hay varios y ya en el pasado hemos comentado alguno) es el francés Jules Mazarin, en español Julio Mazarino, aunque generalmente conocido en la Historia y en la literatura como el cardenal Mazarino. Así de extraño, pero así es. Este religioso y político francés, de origen en realidad  italiano, pues nació en Pescina (Abruzos, Italia) en 1602, pasó a la Historia Universal por dos cosas fundamentales. La primera, fue por un lado discípulo y en algunos momentos enemigo y posterior mano derecha del cardenal Richelieu, lo que le hizo ir escalando en el escalafón religioso (cosa que comenzó a hacer por sí sólo en Roma rodeado de la curia Papal) y en el escalafón político de Francia, eso hasta que se transformó en el sucesor de Richelieu y ejerció de lo que llamaríamos ahora un primer Ministro del Rey de Francia, primero de Luis XIII y posteriormente de los inicios de Luis XIV, por lo que es una de las figuras fundamentales de la transformación de Francia en Imperio mundial en competencia con España y con Inglaterra. Bien es cierto que Richelieu no parece que recomendará a Luis XIII que Mazarino le sucediera como Ministro Principal, pero sí que lo tuviera en el cargo mientras encontrara a otro, sólo que Mazarino era bastante hábil, lo que se llamaría un animal político, y se transformó en un pieza clave y fija en el cargo, aún cuando su origen italiano, sus formas personales de hacer política y un enriquecimiento personal enorme que también hizo engrandecer el enriquecimiento personal del rey, hizo que se ganara numerosos enemigos y numerosos franceses de toda clase social que le recelaban. La segunda cosa por la que pasará a la Historia es porque el escritor Alejandro Dumas le transformará en uno de los intrigantes de la Corte que darán quebraderos de cabeza a los tres mosqueteros en sus novelas escritas en el siglo XIX, aún cuando muchos lectores a veces sólo se acuerden de Richelieu como enemigo de D'Artagnan. Por cierto, una curiosidad, en cierto modo Mazarino está en el origen lejano del conflicto abierto entre Francia y Alemania que les enfrentará en la Guerra Franco-Prusiana de 1870-1871, en la Primera Guerra Mundial de 1914-1918 y en la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945, y eso que Mazarino había muerto en 1661. La cosa es que fue él uno de los políticos responsable de que Alsacia pasase a ser gobernada por Francia, quitándosela al Sacro Imperio Romano Germano en la Paz de Westafalia de 1648, donde, tambiémn es verdad, intentó sin lograrlo que nombraran al rey de Francia como emperador de los germanos. El asunto de Alsacia y Lorena dieron muchas vueltas (de conflictos diplomáticos y bélicos) desde entonces hasta llegar a aquel 1945.

La conexión de Mazarino con Alcalá de Henares está en su adolescencia. Desde muy niño, con 7 años de edad, sus padres en Italia le habían mandado a ser educado por los jesuitas, pero según fue creciendo, aparte de tener un don de gentes natural, comenzó a dedicarse a una vida muy ociosa propia de los adolescentes. Así que sus padres le mandan fuera de los territorios italianos. En concreto le mandaron a España, a la Universidad de Alcalá de Henares con 17 años de edad, sobre 1619. Tenemos aquí a un joven Mazarino universitario en pleno momento de esplendor de la Universidad de Alcalá, del Imperio Español y del Siglo de Oro. Y en concreto por Alcalá tenemos tanto a un Lope de Vega y sus obras de teatro, como a un Quevedo y un Cervantes ya conocido. Debía estudiar Derecho Canónico y fue un estudiante bastante aplicado. Incluso aprendió a hablar español con soltura y a la perfección. Su don de gentes le permitió incluso a conocer bien las formas de ser de los españoles en sus diferentes clases sociales y cómo tratarles. Sin embargo, su vida disoluta continúo de fiesta en fiesta en los tres años que estudió y residió en Alcalá, hasta el punto que es conocido que estuvo con varias mujeres jóvenes y que con una estuvo incluso a punto de casarse, momento en el cual sus padres, tras tres años acá. decidieron que regresara a Italia, sobre 1622, que por entonces estaba dividida en varios Estados, algunos de ellos de gobierno o influencia española, otros en disputa con Francia o los germanos, y otros del Papado. Pero además, estamos en los años iniciales de la Guerra de los Treinta Años. En principio él fue mandado a Nápoles a completar sus estudios, pero acabó reclutado como capitán por las fuerzas del Papa para el ejército Papal. Así es como sus años de juventud los pasa como capitán del ejército del Papa en una zona en disputa entre este, los franceses y los españoles. Su conocimiento del español y de los españoles le transformaron en un enlace entre todas las partes, a la vez en un negociador, pero también en un espía y en un intrigador. Por su papel en todo esto terminó siendo recomendado a Richelieu, a la vez que en 1628 reanuda sus estudios religiosos en Roma y va escalando jerarquías. 

Mazarino ejerció de militar y de negociador, mientras seguía en lo eclesiástico. Tenía notables logros diplomáticos, también por sus servicios de espionaje, manipulación y demás. Así llegó definitivamente en 1630 al servicio de Richelieu, que en principio le creyó espía de los españoles, pero que acabó encargándole misiones hasta el punto que le nombraría su lugarteniente con el tiempo, pues en Roma el papel de Mazarino ante el Papa provocaban la sospecha de los españoles de que era un espía francés, y tan mal se lo pusieron frente al Papa que al final Mazarino terminó dedicándose a la causa francesa en exclusiva porque consideró que los españoles ya le habían tildado de enemigo. La década de 1630 le es una década donde escaló todo tipo de jerarquías gracias a sus dotes políticas, personales, de espionaje y de complots, pero también porque conocía muy a fondo tanto a españoles como a franceses en sus formas de ser, y sabía cuanto de amigable y cuanto de enemigo le era Richelieu. Fue Mazarino quien quiso evitar la guerra entre Francia contra España y los germanos de 1635 (otro capítulo de la Guerra de los Treinta Años), pero Richelieu convenció al rey de Francia. Fue nombrado cardenal en 1638 por recomendación del propio Richelieu y por ello se trasladó a París, a la Corte del Rey, donde comenzó a ser lugarteniente de Richelieu, pero también a sortear y crear todo tipo de conspiraciones en una forma personalista de hacer política de ambos. Sin embargo, aunque tenían ya una relación cordial, en 1642 Mazarino fue tentado de caer en una trampa de Richelieu para quitarle de en medio. Le hizo saber por medio de un soldado traidor que la reina había conspirado contra el rey al intentar un pacto secreto con los españoles. Mazarino no actuó como esperaba Richelieu, pues no delató a la reina y dejó que los acontecimientos delataran al resto de los conspiradores y cayeran ante el rey. Su silencio le hizo ganar puntos ante la reina y, paradójicamente, ante Richelieu, que comenzó a caer en desgracia, pero que moría ese mismo año 1642. Su sucesor ya se ha dicho: Mazarino. Con el tiempo se ganaría otro enemigo, el cardenal Retz, que aspiraba a su cargo. Como sea, Mazarino, fue menos conspirador que Richelieu, y sus años de política están junto a los de su antecesor en los de la creación del Imperio Francés y el logro del desgaste del Imperio Español y de la dinastía Austria tanto en su rama española como en la germana. Y en parte todo esto se debe a todo ese conocimiento social, lingüístico y universitario, así como de las pasiones humanas, especialmente de hombres hacia el género femenino, adquirido en Alcalá de Henares.

Se le atribuyen dos libros, La política del disimulo y Breviario de los políticos, este último está publicado en 1684 con permiso real, aunque Mazarino murió en 1661. Evidentemente lo escribió antes y lo debió dar a leer antes a aquellos a los que iba dirigido: los políticos y reyes, especialmente franceses, aunque hubo traducciones en Italia y mucho después en España. Originalmente impreso en latín en lo que hoy día es Colonia, en Alemania, por el impresor Ioannis Selliba, luego en italiano y francés, la traducción española es muy posterior. Tuvo una segunda edición también en Alemania en 1700, por el impresor Jacobus A. Wesel. El título original era Breviarium politicorum Secundum Rubricas Mazarinicas, traducido al castellano: Resumen de los políticos según las rúbricas de Mazarino. Entre las ediciones españolas recientes está la que hizo la editorial Acantilado en 2007, que tuvo segunda edición en 2008, traducida por Alejandra de Riquer con una traducción a partir de las ediciones de 1684 y de 1700. Se tituló Breviario de los políticos. Contaba en su cubierta con una foto del monumento fúnebre del cardenal, creado en 1692 por Antoine Coysevox, hoy en día conservado en el Museo del Louvre. 

Se trata de un manual pedagógico y educativo de política destinado a los poderosos, tanto reyes, como políticos de alto rango y otras jerarquías, es del género conocido como espejo de príncipes. Los libros que debían servir de espejo para los príncipes, o sea: para la gente principal, son un género muy antiguo dentro de la literatura política que se puede rastrear desde la Edad Antigua. El libro más mundialmente conocido de este género es El príncipe, escrito por Nicolás Maquiavelo hacia 1513, aunque publicado en 1532, y en el cual se inspiró en el rey Fernando V Trastámara, conocido como Fernando "el Católico". Son libros destinados a instruir a la gente poderosa para mantenerse en el puesto (a la vez que vivos), ascender más, prosperar, gobernar, tratar con otros poderosos y con inferiores y afrontar adversidades diversas. En otras palabras, pretenden enseñar a los que ostentan poder a ejercer el poder de manera pública y privada. Luego cada autor en cada época tiene sus ideas, teorías y vertientes. Ni que decir tiene que el libro de Maquiavelo es leído por todo tipo de personas hoy día y que incluso desde el siglo XX es material de lectura en las facultades de enseñanzas de negocios y economía de universidades de todo el mundo, especialmente de origen cultural occidental. También es cierto que estos libros son tomados por la gente común de hoy día a menudo también con la curiosidad de buscar respuestas a sus relaciones personales. El de Maquiavelo en concreto es material de éxito de ventas en las ferias y mercadillos de libros de ocasión y segunda mano, aunque mucha gente ignora que el libro lo escribió prácticamente para salir del mal paso que llevaba con los Medici en Florencia y ganarse su simpatía, pues parece ser que a él en concreto le convencía más el sistema político de la República de Venecia, por lo que escribió otro libro menos conocido sobre ejercer el buen gobierno en una República.

El libro de Mazarino está publicado póstumamente, como ya se ha dicho, pues él murió en 1661 y la primera edición es de 1684 y ni siquiera en Francia, sino en el Sacro Imperio Romano Germano, aunque fue conocido por toda Europa. Evidentemente este libro debió ser copiado y dado a leer a alguien por el propio Mazarino, pues la intencionalidad es claramente la de dejar un legado de conocimientos políticos y personales para instruir a los que hayan de ejercer algún poder, tal como hizo él. Entre el libro de Maquiavelo y el de Mazarino hay más de un siglo de distancia y si la Edad Media está finalizando en la Europa de Maquiavelo para dar el Renacimiento, en la época de Mazarino ya se vive plenamente la Edad Moderna y todos sus cambios políticos y sociales a la altura del Barroco, incluso es gran guerra que es un conjunto de guerras de religión y de poder llamada la Guerra de los Treinta Años. El mundo político de Mazarino, sin dejar de ser salvajemente violento aún, tiene más normas y refinamientos con el adversario y el subordinado que los tiempos de Maquiavelo. Ambos autores suponen una revolución del pensamiento político de sus épocas. Maquiavelo es responsable de la formación de numerosos hombres de poder ejerciendo precisamente el poder absoluto y se podría que decir que impune, pero Mazarino también es responsable de la formación de numerosos políticos posteriores introduciendo no sólo parte del personalismo de su antecesor Richelieu, sino también la utilización de las relaciones personales, la manipulación, la diplomacia y los servicios secretos, así como viene a subrayar algo que por entonces no tiene el siguiente nombre, pero sí en el siglo XX: el cuidado de conocer la psicología tanto de amigos como de enemigos por si lo necesitas como si no. No obstante, fue el conocimiento que adquirió de los españoles y de las relaciones personales en Alcalá algo que, como se ha repasado, le fue vitalmente muy útil el resto de su vida.
 
Mazarino podría perfectamente ser otro superventas para la gente común de hoy que busca respuestas en sus relaciones personales, y podría ser otro libro de referencia para economistas y gente de negocios. Sus métodos son más refinados y su conciencia de la necesidad de disponer de conocimiento, datos, diplomacia y equipos fieles le aproximan mucho a la sociedad del siglo XXI, aunque parezca mentira. Claro está que es un hombre del siglo XVII y de las conspiraciones de Estado, nunca lo olvidemos o terminaremos haciendo una lectura nada crítica y sí perjudicial. Tiene sus partes útiles, siempre que se sepa leer adaptándolo a lo que hoy día sabemos y somos. Un hombre del absolutismo y del Antiguo Régimen puede hablar a un hombre de la democracia actual sólo hasta el punto que el lector entiende que se la ha de sacar provecho. No hay que traspasar fronteras peligrosas, pues puede ser tan ejemplo de un hombre o mujer de hoy día, como ejemplo de autocratas.
 
No hay que negar que a lo largo del libro se trasluce una mentalidad del siglo XVII clasista, jerárquica, en varias partes machista rayando lo misógino y lo homófobo (aunque en esto último hay partes que pareciera que es permisible la homosexualidad en otra persona siempre que esa otra persona lo haga de manera oculta y siempre que esa persona te dé algún provecho en algún asunto, en uno de los apartados incluso alude expresamente a fomentar la feminidad en los jóvenes que siendo hijos de poderosos pudieran perjudicarte al crecer o lo estén haciendo justo en ese momento de juventud). Evidentemente entre las cualidades menos elogiosas de sus consejos está también el asunto de las conspiraciones y las visiones paranoicas sobre el otro. Llega a afirmar que un amigo es un potencial enemigo de mañana, por lo que igual que recomienda identificar al amigo y conservarlo en muchas partes del libro, en otras tantas te indica como mantenerlo controlado y si es necesario manipularlo a voluntad.
 
Pero es un libro de consejos de un hombre que tenía don de gentes y que sin duda escaló jerarquías políticas, militares y eclesiásticas hasta lo más alto, por lo que algunas cosas útiles dice. Es más, muchos de sus consejos podrían pasar hoy día por auténticos estudios de psicología humana en las relaciones personales, con la diferencia de que él lo analiza para recomendarte cómo actuar cuando te pasa tal o cual cosa con una persona. Se filtran por aquí lo que se intuyen referencias biográficas propias, sabiendo hoy día su vida muy detalladamente con el paso de los siglos. En algunos apartados casi podrías imaginar a que situación de su vida se refiere o a qué personas, aunque él siempre habla en general y lo cuenta de tal modo que al leerlo que incluso tú piensas que tal cosa es análoga a tal otra que te ha pasado a ti. En el fondo cuenta numerosas situaciones de relaciones humanas. Llama a cultivar y cuidar las relaciones personales y evitar conflictos. Él enfoca estas relaciones como persona que trata de instruir a gobernantes, pero podría perfectamente estar hablándote a ti para que aprendas a conducir tu vida común. Pero, ojo, insisto, hay que hacer esta lectura de manera crítica y con reserva e incluso en algunas partes haciendo analogías y metáforas en tu cabeza, pues él habla de manera directa y sin metáfora y lo que para él era literalmente "incendia una casa" para huir de un peligro inminente sin que te persigan, para ti ha de ser metáfora ese incendio de una casa para huir de una situación peligrosa. Dicho esto, tengamos claro también que Mazarino no es psicólogo, es un hombre que ejerce el poder en plena Guerra de los Treinta Años tras ella, no me cansaré de remarcar esto.
 
Entre sus consejos podemos encontrar algunos que deberían hacer pensar a los gobernantes de la actualidad, y a las personas en particular. Así por ejemplo llega a apuntar en pleno siglo XVII algo que es obvio para la gente común del siglo XXI, pero que los gobernantes ignoran como problema social; esto es la afirmación de Mazarino de que un hombre (léase hoy día también: mujer) que viva solo se ve obligado a gastar más dinero de sus ingresos que alguien que no viva solo, pues los que viven con otras personas tienen ingresos por varias partes, mientras que el que vive solo no los tiene, por lo que no sólo se puede ver necesitado, sino que además le será imposible o casi imposible prosperar. Claro que Mazarino apunta esto por si le es útil para asfixiar a alguien indirectamente un poco más con alguna deuda o bien si necesita de ese alguien dándole un favor que le reporte ingresos extra, hoy día los políticos deberían tomar nota como problema social, ya que esto sigue siendo una realidad y ellos, en general, sólo están dispuestos a dar ayudas principalmente a familias, que no a personas solteras o viudas que vivan en soledad. En otro consejo Mazarino recomienda no dejarse llevar por la ira, sino todo lo contrario, pues aunque lleves razón, los testigos y personas que sepan de un ataque de ira tuyo te consideraran culpable y responsable y ganarás mala fama; sin embargo, Mazarino también aconseja que tampoco lo dejes pasar, sino que esperes el momento adecuado y la forma adecuada (y recomienda algunas cosas respecto a esto) para tomarte la revancha, pues de otro modo los testigos y los que sepan de que te han afrentado y que tú, llevando razón, no has hecho nada y te has dejado pasar por encima, creerán que eres una persona sin valor. En otro consejo nos dice que hay que tener cuidado con quien te dejas ver, si bien en otras partes te dicen que tengas amistades en todas las clases y condiciones sociales y te recomienda como comportarte con cada cual, considera que es importante con quien te dejas ver en público en cada situación, pues dice que, por experiencia suya, allá con quien te vean considerarán los demás que tú eres igual. Bien es cierto que estos consejos hoy día pueden tener numerosos "peros" y hasta considerarse cierta actitud de hipocresía, pero tengamos en cuenta, una vez más, que son consejos para gente que aspira a gobernar o gobierna.
 
En el final del libro incluyó quince axiomas que venían a resumir todos los consejos que daba y los daba tanto para gobernar, como para tus relaciones personales, como para tus finanzas, como para prevenir engaños y trampas, como para prosperar o como para crearte buena reputación. Por cierto, aviso a navegantes hombres de negocios del ultracapitalismo del siglo XXI, Mazarino advertía: ser muy duro en los negocios y no practicar la generosidad trae peligros. Como sea, tras los quince axiomas aún volvía a resumir de nuevo todo lo dicho con un epílogo que dividió en cinco apartados muy breves que tituló de manera bastante clara cada uno: "Simula", "Disimula", "No confíes en nadie", "Habla bien de todo el mundo" y "Prevé lo que has de hacer"
 
Sirva de ejemplo uno de sus consejos: 
 
"No esperes nunca que alguien vaya a justificar una acción tuya que resulte cuestionable, más bien la interpretará en el peor sentido; por eso, jamás bajes la guardia en público, aunque sólo haya un testigo. Tampoco te dediques a explicar cómo en otro tiempo te difamaron o te perjudicaron injustamente, pues con ello no haces sino propalar esta difamación y siempre habrá quien le parezca bien." 
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 24 de mayo de 2024

Annales complutenses

Título: Annales complutenses y Historia de Alcalá de Henares, sucesión de tiempos desde los primeros fundadores griegos hasta estos nuestros que corren.
Autores: Pedro Tamayo; Pedro de Quintanilla y Mendoza; y varios autores anónimos, probablemente canónigos de la Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares.
Editor: Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares (hoy también catedral), por entonces adscrita a la Universidad de Alcalá de Henares (llamada también en esas épocas Universidad Complutense).
Impresor: [No localizado, probablemente de Alcalá de Henares].
Año de publicación: 1652 (1ª edición, seis volúmenes).
Género: Historia; Crónica; Anales.
---

Título: Anales complutenses y Historia de Alcalá de Henares, sucesión de tiempos desde los primeros fundadores griegos hasta estos nuestros que corren.
Autores: Carlos Sáez editando y comentando a: Pedro Tamayo; Pedro de Quintanilla y Mendoza; y varios autores anónimos, probablemente canónigos de la Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares.
Editorial: Institución de Estudios Complutenses.
Año de publicación: 1990 (1ª edición; prólogo de Florencio Campos, alcalde; e Institución de Estudios Complutenses).
Género: Historia; Crónica; Anales.
ISBN: 978-84-600-7398-7

 

El primer intento serio y altamente importante de crear una Historia general de Alcalá de Henares, por su nombre romano en latín: Compluto, fue publicado en 1652. Una Historia que en realidad era una crónica y que por tanto estaba muy alejado de la Historia como ciencia social establecida con sus técnicas y deontología y desarrollada a partir de Comte y otros autores europeos en el siglo XIX. Una crónica no sigue un método científico humanístico. No necesariamente contrasta las informaciones ni las somete a investigación, a menudo, incluso, los cronistas se someten a darle una especial importancia a una tradición oral que suele caer en mitología, leyendas y distorsiones, cuando no falsedades o bien ideales de quienes escribe, ya sean desde la religión, lo personal, recuerdos alterados de la realidad, lo político, la clase social, la construcción de un relato acorde a quien es cronista o a quien paga al cronista, etcétera. No obstante, los historiadores ya propiamente dichos solemos atender a estas crónicas como fuentes primarias de información a la cual atender, pero a la vez hay que someter a juicio y contraste para poder dilucidar qué nos aporta que tenga solidez histórica, y que nos aporta que pueda ser interpretable o bien al servicio de objetivos que no son la Historia estricta. Y resulta que la obra de la que hablamos no sólo era una crónica, era además unos anales. Una de las formas más antiguas de registrar los acontecimientos históricos de la Humanidad, junto a los mitos, desde los tiempos de las primeras civilizaciones de Medio y Próximo Oriente y Egipto, pero especialmente con aquellos anales romanos que registraron en tablillas los acontecimientos destacados de la República Romana año a año, con carácter de registro de hechos para ellos políticos y sociales a tener en cuenta, como por ejemplo en cambio de personas en los cargos y los hechos acaecidos bajo sus mandatos, mandos o legislaturas. Sabiendo esto, la obra de Historia, de crónica, que nos atañe para Alcalá de Henares en 1652 fue Annales complutenses y Historia de Alcalá de Henares, sucesión de tiempos desde los primeros fundadores griegos hasta estos nuestros que corren. Una obra de referencia incluso hoy día para los historiadores posteriores, pues quienes la escribieron en mitad del siglo XVII, siglo de esplendor cultural y político de la ciudad, no sólo eran cercanos y contemporáneos a algunos hechos, sino que además nos transmiten mentalidades, mitos y sucesos que conocieron en aquel momento y nos han quedado reflejados en estos escritos.
 
Esta obra fue reeditada con una edición especial comentada y analizada por la Institución de Estudios Complutenses en 1990. Institución que a la vez quiso continuar la obra a través de sus miembros e historiadores publicando investigaciones de Historia de Alcalá de Henares y el Valle del Henares en una revista formato libro que se publica anualmente desde 1987 como Anales Complutenses. Como sea, cuando esta institución, con apoyo del ayuntamiento de Alcalá de Henares, recuperó la obra original de 1652, la publicó conservando el nombre, pero en algunos lugares se refiere a esa reedición conservando la dos enes en "Annales" y en otras como "Anales". Estaba aquella edición crítica de 1990 al cargo de Carlos Sáez, historiador alcalaíno que vivió entre 1953 y 2006, muriendo joven. Esta reedición es bastante apreciada por los historiadores dedicados a Alcalá, especialmente de los siglos XVI y XVII y también de lo referente a sus mitos y a los de la Edad Antigua. A esta edición de 1990, prologada por el alcalde del momento, Florencio Campos (por el Partido Socialista Obrero Español, PSOE), se le unió una grabación en audio de la conferencia de su presentación, la cual fue realizada originalmente en cinta magnética (cassette), creo que actualmente digitalizada, y que junto al libro se conserva en la Biblioteca Nacional de España, en su sede de depósito en Alcalá de Henares, en su camino a Meco. En esos audios se escucha a Carlos Sáez y a Florencio Campos, pero también a Ramón González Navarro, José López Estrada y a José Simón Díaz. Sin embargo, de la obra original de 1652 se conserva en el depósito de la Biblioteca Nacional de España en Madrid el manuscrito de lo que debió ser la primera versión de revisión para editar en libro. De este se conserva también una investigación que lo comenta y cita, escrita por los hermanos e historiadores de la Universidad de Alcalá de Henares entre finales del siglo XX y comienzos de este siglo XXI, Casado Arboniés, Manuel y Francisco Javier, alcalaínos de varias generaciones y de los cuales quien esto escribe fue alumno universitario de Manuel. Se trata del libro Historia y proyección en la Nueva España de una institución educativa: el Colegio -Convento de Carmelitas Descalzos de la Universidad de Alcalá de Henares (1570 -1835), publicado en Alcalá de Henares en 2002. Los Casado Arboniés son historiadores de la Historia Moderna española, especializados en América española. 

Centrándonos propiamente en Annales complutenses de 1652, la obra es anónima, aunque intervinieron varios autores que dejaron referencias autobiográficas en algunas de sus anotaciones. Por ello se sospecha que probablemente todos los que intervinieron a lo largo de varios años eran canónigos prebendados de la Iglesia Magistral de San Justo y Pastor (los Santos Niños), que hoy también es catedral. Todos ellos habrían vivido en las primeras décadas del siglo XVII, durante las cuales se escribió estos Annales, haciendo registros de sus hechos actuales junto a la Historia pasada de Alcalá de Henares, que llaman con su nombre romano, Compluto. Carlos Sáez y otros investigadores de la obra coinciden en que la mayor parte de estos anales fueron producto de una sola persona de carácter anónima, tal vez fue el impulsor, el que lo inició, por ello el principal y más activo autor. 

No obstante, entre todos los autores anónimos que participaron hay dos que están identificados, por un lado: Pedro Tamayo, catedrático de primera escritura y canónigo. Como se ha dicho la iglesia magistral estaba ligada a la Universidad de Alcalá en su primera etapa de existencia entre el final del siglo XV y la tercera década del siglo XIX. No obstante, antes de que existiesen los edificios propiamente universitarios, los estudios generales (salvando las distancias: la enseñanza primaria y secundaria en la Edad Media y la Moderna) se hacían en esta iglesia, y por ello mismo, las primeras enseñanzas universitarias se pudieron dar con bula papal solicitada por el cardenal Cisneros en esta iglesia de los Santos Niños, que por ello pasó a ser magistral. Por tanto, por indicación en la obra, Pedro Tamayo se dedicó a lo que ahora mismo llamaríamos enseñanza primaria, era un maestro que enseñaba a escribir, hemos de suponer que también a leer, pues para escribir se hace necesaria la lectura, por lo que es un maestro de primeras enseñanzas.  

El otro autor que conocemos su nombre es un fraile emparentado con las poderosas familias nobiliarias, con gran influencia política, Quintanilla y Mendoza. De los Quintanilla nacerá en el siglo XVIII María Isidra de Quintina Guzmán (Isidra de Guzmán), primera doctorada de España, precisamente por la Universidad de Alcalá. Los Mendoza son mucho más conocidos, parte de ellos vivían entre Alcalá de Henares, Guadalajara y Sigüenza y fueron virreyes en América, ocuparon cargos políticos y militares cerca de los Reyes, administraron regiones y ciudades, tuvieron altos cargos eclesiásticos, etcétera. No olvidemos que uno de sus miembros, la princesa de Éboli, era Ana de Mendoza, la cual celebró su boda en Alcalá de Henares, en lo que fue un palacete hoy desaparecido desde la guerra civil, ubicado en la calle Rico Home, siendo su jardín el actual Jardín de la Palabras, popularmente conocido como huerto de los Leones, por ser así llamado ya que el jardín pasó a la iglesia magistral que lo hizo huerto y cuya entrada lo guardaban dos leones de piedra, símbolo de los Mendoza. Sea como sea, el autor que aquí nos interesa fue fray Pedro de Quintanilla y Mendoza. Si bien este interrumpiría los Annales en 1645 y la publicaría en 1652, en 1653 publicó lo que pudiera haber sido un largo capítulo dentro de los mismos, una biografía del cardenal Cisneros llamada Arquetipo de virtudes, espejo de prelados. Pedro de Quintanilla sería quien habría creado el manuscrito que conservamos de revisión de la obra para su publicación. Él habría añadido índices al comienzo de los Annales para facilitar la consulta de la obra. A la vez revisaría todos los capítulos escritos para prepararlos para su publicación, transformando los capítulos en seis libros, por lo que la obra fue publicada en seis volúmenes. Así que de Quintanilla se deriva la primera edición de esta crónica y sus aspectos formales, así como su adaptación para que se diera el hecho.

Sin embargo, Quintanilla había retomado la obra cuando esta misma estaba interrumpida e inacabada en 1645, por ello, Quintanilla prepara la edición y saca la edición siete años después de que de manera incompleta e interrumpida se dieran por acabada. La obra había comenzado a escribirse por el motivo posible de que Alcalá de Henares había nacido en prestigio e importancia dentro del Reino Hispánico y del Imperio Español desde la fundación de la Universidad en 1499, sumándose así a la presencia del Arzobispado de Toledo y las estancias de los Reyes, así como ser una de las ciudades principales a las que potenció el Cardenal Cisneros en el comienzo del siglo XVI. Para el comienzo del siglo XVII, además, muchas personalidades políticas, de las ciencias y de la Iglesia habían pasado o salido de Alcalá. Pero la ciudad no tenía una Historia general propia compilada y escrita, aún cuando el emperador Felipe II se había planteado si ubicar la capital del reino aquí, cosa que descartó en favor de Madrid, por estar en Alcalá los contrapoderes de la Universidad y del arzobispado. Como iniciativa privada de algún prelado de la iglesia magistral, como se ha dicho, posiblemente para uso interno de los propios miembros de la Iglesia que enseñaban para la Universidad, comenzó a escribir esta Historia, con la idea de estructurar año a año una trayectoria directa desde los orígenes mitológicos (y falsos) de la ciudad como fundación por parte de griegos que participaron de la Guerra de Troya, a los que les otorga el origen de Compluto, como algo derivado del griego, en lugar de su origen del latín. Nombra héroes y caudillos míticos, pero enseguida pasa a reforzar lo que realmente les interesaba: reforzar y dejar patente el origen y la Historia romanos de Alcalá, Compluto, como algo prestigioso en lo cultural y en el poder. 

Tengamos en cuenta que en pleno siglo XVII ocurren en la historiografía española dos cuestiones que son las predominantes. Por un lado, desde el siglo XVI, ya con los Isabel I y Fernando V, los Reyes Católicos, pero especialmente con la etapa de Fernando V ya viudo de Isabel, se elaboraron diversas Historias del Reino Hispánico (nombre con el que se llamaba a España antes de la dinastía real de los Borbones a partir del siglo XVIII, por ser un reino unión de reinos con los Austrias a modo bastante federal, que diríamos hoy, como mucho usarían el término de la antigua Roma de Hispania, incluyendo Portugal, ya con Felipe II, especialmente). Es estas Historias se narraban desde Historias de los diversos reinos con la intención de crear un relato de unidad de destino que vendría a dar la unificación bajo el mando de Castilla y Aragón, siendo clamoroso lo que los navarros escribieron como si ellos siempre hubieran sido parte de ese Reino Hispánico, siendo en realidad unos resistentes que fueron los últimos unificados mediante una guerra, incluso tardando más tiempo que el Reino de Granada. Estas historias además alimentaban la visión de la Reconquista y una especie de misión divina de los españoles como elegidos de Dios para defender la cristiandad. No obstante, el rey de España ha tenido por siglos desde esa época el título honorífico de Rey de Jerusalén, heredado de los Reyes de Aragón  en la Edad Media, y que se puede leer en cada uno de los documentos que firman los reyes con sus títulos oficiales.  Pero como Historia ya general del Reino Hispánico, estando ya en el trono, Carlos I, saltamos a Juana I, "la Loca", y Felipe I, "el Hermoso", se comenzaron a unir a estas visiones la visión del Imperio del mundo como esos elegidos de Dios, y esta idea de Imperio se reforzó con visiones que trataban de unir por vía directa la genealogía de los Austrias con la de los Césares de Roma y la legitimidad del Imperio Español con la continuidad del Imperio Romano, una vez que había caído el Imperio Bizantino en el siglo XV. No obstante, el Imperio Hispano o Español llegó a serlo no sólo por sus políticas matrimoniales de alta política y los descubrimientos y conquistas de América y Asia, sino también por su unión con el Sacro Imperio Romano Germano, que tenía controlado todo el centro europeo y dominaba las políticas de la parte occidental y oriental de Europa, con graves tensiones y problemas con las naciones colindantes. Ese Sacro Imperio Romano Germano (germen original de la posterior Alemania y Austria de siglos después) se consideraba el heredero del Imperio Romano de Occidente desde los tiempos de Carlomagno y sus familiares que lo fundaron. 

La otra cuestión candente en las historiografías españolas del siglo XVII es la propia Contrarreforma religiosa que inició la Iglesia Católica Apostólica Romana a partir de mediados del siglo XVI, en el cual hubo amplia participación de teólogos y eclesiásticos españoles, así como presiones políticas y militares a los diversos Papas por parte de los emperadores españoles (Carlos I y Felipe II), incluyendo una intervención militar en los Estados Vaticanos y un saqueo de Roma. La Contrarreforma hacia frente a la Reforma religiosa que se inició desde finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI en Europa de la cual nacieron diversas corrientes del cristianismo que en conjunto se conocen como protestantes, aunque dentro de ese denominativo común están los luteranos, janseístas, calvinistas, hugonotes, anglicanos y otros. Todo esto había provocado además persecuciones religiosas por parte de unos y otros, represiones, la etapa más violenta de la Inquisición, diversas guerras europea y conspiraciones políticas que incluían asesinatos y disturbios. En la primera mitad del siglo XVII, época en la que se escribieron los Annales, estaba en marcha la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que se solaparía a la vez con la que España mantuvo con Francia (1635-1659), en la cual, también a la vez, se desarrolló una guerra civil en España que es consideraba también una guerra por la independencia en los territorios de los antiguos condados catalanes de lo que había sido el Reino de Aragón, guerra entre 1640 y 1652. En todas esas guerras estuvo a la vez España, en parte causa de su ruina (por contra el reinado posterior de Carlos II tuvo un periodo de paz tras un primer momento de conflicto y hasta del primer golpe de Estado y dictadura en sus primeros años). Alcalá de Henares incluso celebró los primeros triunfos españoles en la Guerra de los Treinta Años dando el nombre de Calle de la Victoria y Plaza de la Victoria a esa parte de la ciudad, que se estaba construyendo en esos momentos. En ese contexto se escriben los Annales. La historiografía española se hacía eco en esos momentos siempre de dar una explicación religiosa cristiana de sus acontecimientos, queriendo dar a entender que los españoles, elegidos de Dios para defender y expandir el cristianismo, habían tenido desde siempre ese trato divino y se narraba la Historia del Reino Hispánico como descendiente directo de todos los descendientes de Tubal, hijo de Noé que tras el diluvio se habría asentado en la península Ibérica, donde, además, afirmaban algunos historiadores, habría estado el Edén antes de la expulsión de Adán y Eva.

Así, los Annales, estaban insertos en las tendencias historiográficas españolas del momento. Buscaban tanto remarcar una unidad de destino de la ciudad acorde con la del Reino Hispánico como si su misión fuera la misma, tanto en la grandeza del Imperio como en la expansión del catolicismo hasta por América. Lo reforzaban con la persona de Cisneros, pero sobre todo con la presencia de los Santos Niños Justo y Pastor y otros santos. Todo ello se unía a la institución de la Universidad de Alcalá, que tuvo gran importancia en la construcción del aparato intelectual de la administración del Estado y que, en el siglo XVII era una Universidad prestigiosa en Europa junto a la de Salamanca, aunque la Contrarreforma las perjudicaría tanto en su libertad de cátedra que en ese siglo serían superadas con mucho por los avances de otras Universidades europeas donde el peso era protestante y no católico, ya que los protestantes permitían investigaciones y cuestionamientos que el catolicismo de los siglos XVI y XVII no permitían. Por otro lado querían remarcar también ese pasado directo de la antigua Roma de la ciudad de Compluto con el Alcalá que eran en el siglo XVII. Querían remarcar la antigua Compluto como una ciudad de importancia imperial, lo que le uniría a la propia idea del Imperio Español y al propio emperador español. Por ello les interesaba dejar constancia de todos los restos romanos que encontraron en sus días de escritura, algunos de gran tamaño. Fueron más allá y pusieron el origen no en la antigua Roma, aunque reconociendo que ya había habitantes aquí antes de los romanos, pusieron el origen, sin pruebas, sólo con hipótesis llena de imaginación, en la antigua Grecia más arcaica, en guerreros griegos veteranos de la Guerra de Troya, que se había producido en el año 1000 antes de Cristo. La idea no era nueva. La maquinaria política del siglo I antes de Cristo ya había pagado a Virgilio para que creara una larga oda de propaganda política llamada La Eneida que, dentro de la épica de La Iliada y La Odisea de Homero, unía por vía directa la genealogía de Julio César y de César Augusto directamente con la Eneas, uno de los héroes de Troya huidos hacia Italia, donde sentarían los territorios que posteriormente servirían para la historia de Rómulo y Remo fundando la ciudad de Reino de Roma.

No todo era parte de una historiografía basada en hipótesis entre lo bíblico y lo épico. También se usaba referencias de una muy primitiva arqueología, aunque sin método científico tal como lo conocemos hoy día, y un rastreo dentro de los textos antiguos recopilando historias y tradiciones escritas y orales sobre los hechos pasados que, en parte, sí tenían base y certeza históricos reales. Los autores de los Annales tomaron referencias de autores anteriores que escribieron sobre la Historia de Madrid, pero que mencionaban a Compluto. De este modo se trataba de aumentar la importancia de Alcalá al ligar su Historia a la Historia de la propia capital del reino, donde vivían los reyes en el Alcázar de Madrid, hoy desaparecido, aún cuando ellos también residieron en el Alcázar de Toledo, El Escorial y otros lugares. Un dato que se tomó de manera cronista pero que la Historia propiamente dicha vino a confirmar y, con ayuda de la arqueología actual, a consolidar, fue el posicionamiento de los habitantes de Iplacea, llamada Kómpluto aquí, que eran carpetanos, a favor de Sertorio en la guerra civil abierta entre este y la República Romana que mandó combatirle a Pompeyo. La romanización de la Carpetania (Madrid más zonas colindantes de Guadalajara, Toledo, Segovia y Ávila) fue producto de esa guerra civil, siendo que los carpetanos defendieron la causa de Sertorio contra Pompeyo, y posteriormente la de Pompeyo contra Julio César. 

Sigue a partir de los tiempos romanos un relato ininterrumpido de la Historia de Compluto durante el Imperio Romano, instaurado por César Augusto, la cristianización, habla de los Santos Niños, de todos los santos relacionados con ellos y la ciudad, del Obispado de Complutum, que quedó absorbido por el de Toledo en la Edad Media, habla de los sucesos medievales y se recrea en Cisneros, la Universidad y especialmente en todas las obras en las que tenía que ver la Iglesia Magistral y sus fundaciones. Ahora bien, ahonda en el intento de dejar muy bien asentado un lazo directo de los orígenes desde el mítico y fabuloso asentamiento griego a su actualidad del siglo XVII. Lo romano cobra importancia por los Santos Niños y el origen cristiano como motor de Alcalá y en ese sentido la Iglesia Magistral de los Santos Niños es una de las principales protagonistas de esta Historia. No obstante estos canónigos pertenecían a ella y a ese culto de San Justo y Pastor. Se interrumpe bruscamente el relato en 1645, como se ha dicho, año en el que murió el 28 de diciembre el arzobispo Gaspar de Borja y Velasco (1580-1645), el cual ostentaba el cargo de arzobispo desde enero de ese mismo año, tras varios años en los que el Papa había rechazado la proposición del rey de España, Felipe IV, para que lo fuera. 

La propia obra hace referencia de dónde se guardaron copias de la obra y de las copias de las fuentes que se usaron, como puedan ser algunas torres del Palacio Arzobispal y de las murallas de la ciudad, la Universidad o lugares de Madrid. Algunos de ellos están hoy día desaparecidos o en la Biblioteca Nacional.

En 1652 se determinaba Alcalá de Henares comprendida de la Puerta de Santa Ana (hoy día una rotonda de circulación a la que se le ha dado título de plaza) al arroyo Torote, de ahí a la cuesta y arroyo del Zulema (hoy día monte Gurugú), de ahí al Arco de Buena Vista y de ahí a La Garena. Por lo que en pleno siglo XVII se hablaba del término urbano como sus lugares con ruinas antiguas y campos colindantes, pero se hace evidente que se centra en lo que fue ese origen romano de Alcalá y su evolución en lo que sería Alcalá.

Llama la atención la abundante cantidad de noticias que nos aporta en aquel siglo XVII de la abundancia de restos arqueológicos de la antigua Roma de los que tuvieron conocimiento y que, por no existir una conciencia arqueológica, fueron saqueados para uso propio de instituciones como la Iglesia o los nobles, o los propios vecinos. Así pues, habla ya de la Fuente de la Salud en el Juncal, hoy día degradada detrás de diversas industrias entre el río y la carretera a Madrid. De esa zona, donde están los restos de Complutum, desenterrados entre el final del siglo XX y el comienzo del XXI, nos habla de que se encontraron conductos de agua o alcantarillado, así como los agricultores propietarios de las tierras al cavar encontraban piedras de jaspe y mármol, columnas, arcos, basas, capiteles, sillerías, cimientos de torres, restos de casas, monedas, esculturas (de las que se dice que algunas de ellas fueron a parar a las capillas de la iglesia magistral por medio de su venta) y numerosas vajillas de cerámica roja con grafitos. Es conocido que buena parte de las columnas de piedra originales con las que Cisneros hizo sustituir las de madera de la Calle Mayor eran precisamente de Complutum, así como se tienen detectadas en patios del distrito central y en la muralla del Palacio Arzobispal algunos de estos restos. Así por ejemplo, es bastante conocida el túmulo fúnebre ubicado como sillar en una de las torres del Palacio Arzobispal allá donde se une con una de las tapias que daban a un jardín que hoy es un aparcamiento de coches. 

Es un primer testimonio de Historia general de Alcalá, además como obra colaborativa, escrita en los momentos de máximo esplendor de la ciudad. A mediados del siglo XVII la gran mayoría de los grandes nombres y la mayor parte de los acontecimientos de la Universidad de Alcalá en el siglo de Oro ya se habían dado o se estaban dando aún. Tanto lo que nos cuenta la obra en sí, especialmente todo lo referente a su actualidad y a los restos antiguos de los que tenían conocimiento, como el aporte de tradiciones orales tenidas por ciertas, nos aportan una gran cantidad de información a la que unir los porqués y los contextos tanto de su creación como de sus creadores. Un imprescindible en las bibliotecas de Historia de Alcalá, aunque como fuente primaria, no hay que olvidar nunca su carácter original de crónica, no de Historia con método de ciencia humana. Es herramienta y testimonio de Historia y de mitos, hoy día no es Historia propiamente dicha como algo totalmente asentado. Aunque tiene un gran valor y nos da muchos datos directa e indirectamente con su lectura y análisis, hay que leerla con los conocimientos y los datos del siglo XXI, de las épocas del lector y el investigador. Quizá por ello la edición de Carlos Sáez en 1990 le aporta muchas cosas importantes, pues sus notas e investigaciones rellena a la altura de ese 1990 lo que en 1645 era válido pero no tras los nuevos conocimientos acumulados trescientos cincuenta años después. Hoy día, 2024, ha habido numerosos nuevos avances de conocimientos y tal vez no venga mal una nueva revisión sobre lo revisado, que es muy válido, y completar con lo que ahora también hemos sumado al conocimiento, y corregido, con total respeto a lo ya aportado por Carlos Sáez.

Además hay que tener en cuenta que el punto de vista de estos Annales era el de canónigos, por lo tanto de gente católica que ejercía cargos en la jerarquía de la Iglesia. Su visión es la que es y le falta otras visiones y otras perspectivas que cada vez son más conocidas a través de numerosos estudios transversales sobre esas épocas.

Lo dicho, un clásico y un imprescindible de la historiografía alcalaína que sigue siendo un básico como herramienta de conocimiento para muchos.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

martes, 13 de febrero de 2024

María de Orozco (1635-1709)

Título: María de Orozco (1635-1709).
Autora: María Isabel Barbeito Carneiro.
Editorial: Editores del Orto.
Año de publicación: 1997 (1ª edición).
Colección: Biblioteca de Mujeres.
Nº de volumen en la colección: [Sin número].
Género: Biografía; Hagiografía; Esoterismo.
ISBN: 978-84-7923-129-7
 
Ya hablamos de María Isabel Barbeito como parte de las autoras ligadas a Alcalá de Henares cuando hablamos de un artículo sobre María de Orozco, que publicó en el libro colaborativo Mujeres en Alcalá de Henares, un paseo por su historia (2017), coordinado por Pilar Lledó. Se trata de una autora nacida en La Coruña que lleva desde niña viviendo en Madrid. Es Doctora en Letras por la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Institución de Estudios Complutenses (IEECC), asentada en Alcalá de Henares, que organiza los encuentros de historiadores del Valle del Henares y publica los Anales Complutenses, donde ella ha publicado varias veces. Comenzó a publicar numerosos artículos en libros de actas de Historia y revistas dedicados a biografías fundamentalmente de mujeres escritoras del Siglo de Oro de la Literatura española (siglo XVI al XVII), aunque abunda sobre todo en aquellas que fueron religiosas o pertenecieron a órdenes religiosas. También tiene sus propios libros, de hecho hoy volvemos a ponerla de relieve por su monografía biográfica María de Orozco (1635-1709), personaje sobre el que ha escrito numerosas veces. Fue un libro de noventa páginas publicado por Editores del Orto en 1997, dentro de su colección Biblioteca de Mujeres. Se trata de una editorial dedicada especialmente a libros de temas religiosos y filosóficos, pero también literarios. 

María de Orozco era hija de Pedro de Orozco un noble de Guadalajara bien posicionado y emparentado con los Mendoza, cuyo poder político con los reyes Augsburgo era alto. María de Orozco no nació especialmente agraciada para los cánones de belleza de la época, tenía también algunas deformaciones, así como algunas taras mentales, posibles resultados de problemas genéticos por una endogamia familiar o de otro tipo. Desde muy joven decía ver visiones. En teoría le aparecían y desaparecían llagas sangrantes en los mismos lugares que las que tuvo Cristo crucificado, las de ella podrían ser autoinfringidas, pero sus seguidores creían en la veracidad milagrosa de la aparición mística de las mismas. Así mismo decía que se le aparecían ángeles y también el Diablo. Se sospecha desde las biografías actuales, en un análisis de lo que ella escribió y lo que otros escribieron de ella, que es posible que sufriera maltratos físicos que agravaron su estado mental en el caso de que sus visiones místicas no fueran reales. 

Su padre la metió en un convento carmelita de Guadalajara, pero dadas sus visiones místicas, no creídas por las monjas, fue expulsada y hubo de irse incluso de la ciudad, se vino a vivir a Alcalá de Henares, a la calle Nueva, ciudad donde vivían algunos Mendoza. Fue admitida como beata profesa del Carmen.

En Alcalá dijo estar en contacto con ángeles y con todos los santos del Cielo, pero también que le visitó el Diablo varias veces, que incluso le tentó abriéndole las puertas del infierno en el lugar donde está hoy día la ruinosa cárcel galera. Sea como sea, su credibilidad osciló entre quien no creyó nada y quien la creyó todo... Llegó a ser una de las consejeras del rey Felipe IV y también de Carlos II, "el Hechizado". Escribió algunos textos. Como sea, murió en 1709. Algunas personas ligadas a la Iglesia Magistral de Alcalá pidieron su santidad, pero esta nunca ha sido aceptada. 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 3 de diciembre de 2022

Acta Sanctorum (Hechos de los santos)

Título: Acta Sanctorum (Hechos de los santos).
Autores: Varios autores, dio comienzo Jean Bolland (hipotético texto de Aurelio Ambrosio -San Ambrosio-, posiblemente anónimo).
Editor: Compañía de Jesús.
Año de publicación: 1643-1883 (1ª edición de la 1ª época); 1883-actualidad (1ª edición de la 2ª época).
Género: Hagiografía; Religión.
ISBN/Depósito Legal/Creative Commons: [Estas opciones solo comienzan a existir a partir de los siglos XX y XXI, dependen de cada publicación]

--- --- ---

Título: Acta Sanctorum (Hechos de los santos).
Autores: Varios autores, dio comienzo Jean Bolland (hipotético texto de Aurelio Ambrosio -San Ambrosio-).
Editor: Patrimonio Digital de la Universidad Complutense de Madrid y Biblioteca Digital de Castilla y León 
Año de publicación: Siglo XXI (1ª edición en Internet).
Género: Hagiografía; Religión.
ISBN/Depósito Legal/Creative Commons: [Reproducciones digitalizadas de los libros originales]


Habiendo anotado ya los primeros autores que mencionaron a Alcalá de Henares en libros, incluso alguno de ellos habiendo vivido en la ciudad, y sabiendo que estos dan comienzo en el siglo I antes de Cristo, en el inicio del Imperio Romano, ya hemos podido ver qué autores romanos, visigodos, mozárabes y musulmanes, así como varios de los cristianos de la Edad Media, eran. Toca recordar hoy, al margen de lo que los mozárabes dijeron siglos después, que fue san Paulino de Nola, el cual vivió en Complutum un tiempo con su esposa en el siglo IV, quien mencionó por primera vez que existía un culto a una tumba de un mártir cristiano en Complutum, sin mencionar quién era el mártir, pero que allí enterró a su hijo de días de edad. Pocos años después, pero en el siglo V, aún dentro del Imperio Romano, será Prudencio quien dijera que aquella tumba tenía dos niños martirizados llamados Justo y Pastor. Y sería san Ildefonso de Toledo quien en el siglo VII, en el periodo visigodo, dijera que los restos de Justo y Pastor y la tumba fue encontrada por san Asturio, primer obispo de Complutum, pocos años después del texto de Prudencio. Insisto que sin repasar ahora lo que luego escribieron los mozárabes, y recordando que ya está todo comentado en sus respectivas reseñas de sus libros en cuanto a la aparición de Alcalá de Henares, y aún teniendo en cuenta que entre medias los mozárabes  mencionaron también a san Félix de Alcalá, de dudosa existencia, aunque la Iglesia le da por existente, a pesar de que solo le menciona un único autor, pues anotado todo esto, quedaba por hablar de aquella época de san Vidal, padre de Justo y Pastor, y el cual no fue mencionado a lo largo de los siglos por nadie. 

Si la historia de los santos niños Justo y Pastor les ubica su muerte a comienzos del siglo IV, su culto es referido a finales de ese siglo y el encuentro de su tumba y restos en el comienzo del siglo V, la historia de su padre no aparecía. Tampoco apareció ni se nombró a Vidal durante el Reino Visigótico de Hispania, ni en las crónicas medievales de los mozárabes, ni de los cristianos. Teóricamente habría escrito sobre él Aurelio Ambrosio (san Ambrosio) y de ser cierto, este sería otro autor del Imperio Romano en mencionar a Complutum. Habría nacido en Tréveris en torno al año 340 y muerto con seguridad en Milán en 397. Hablamos por tanto de un autor contemporáneo a san Paulino de Nola, el primero en mencionar la existencia de mártires en Complutum, como hemos dicho. Ambrosio era hijo de una mujer de gran cultura que el educó cmo intelectual y en el cristianismo. Se transformó en uno de los fundadores de la Iglesia cristiana católica apostólica y romana de Occidente, en contraposición a la ortodoxa de Oriente. Fue obispo de Milán, asceta, confrontó con los cristianos arrianos, se ganó el favor del emperador Teodosio y escribió numerosos libros y textos de teología. Entre esos textos se le atribuyó uno llamado La pasión de san Sebastián, narraba la vida y martirio de este santo, que previamente había sido un soldado romano. En esta pasión nombrará a un grupo de mártires ejecutados en Campania (región de Italia), entre los que figuran dos que afectan a Complutum, san Urbano, que sería el Papa Urbano I entre los años 222 a 230 y el cual cuenta con una calle en Alcalá de Henares hoy día, y san Vidal, que es quien ocupa la mención más detallada de Complutum, pues la relación de Urbano con Alcalá es pasajera y en general se considera hoy día que se escribió su vida sin fundamentos. Habría una mención a san Félix, ubicando su martirio en el Imperio Romano, y no en la Córdoba musulmana que citaron los mozárabes. En todo caso, estudios posteriores sobre ese texto indican que probablemente el autor no pudo ser san Ambrosio porque tenía elementos muy claros del siglo V, y no del IV, por lo que sería un texto anónimo.

Sea como sea, aquel texto atribuido a san Ambrosio fue incluído como el capítulo XI de una extensa obra ininterrumpida llamada Acta Sanctorum (Hechos de los santos). Fue llamado tal capítulo "Hechos de san Sebastián". Fue en ese momento que reaparece con fuerza la figura de san Vidal al santoral. Era una obra propia de la Contrarreforma religiosa del Barroco, pues se publicó su primer tomo en 1643. El autor inicial era Jean Bolland, un sacerdote jesuita belga nacido en 1596 que aprendió muchos idiomas que le ayudaron a leer todo tipo de vida de santos y eso le llevó a compilarlos e iniciar esta obra ingente e inmensa que continuaron desde entonces numerosos teólogos todos pertenecientes a la Compañía de Jesús. 

Es una obra en muchos volúmenes que tuvo una primera época hasta 1883, atravesando todos los problemas de la Compañía de Jesús a lo largo del tiempo y con los sucesos de la Historia. El gran número de personas que intervienen hace que se vuelva una obra con un excesivo número de comentarios, muy erudita, pero que resulta al final una colección de hagiografías en muchos casos sin los fundamentos de la investigación necesarios, cae en una categoría incluso más baja que las crónicas, sería un pseudocronicón al dar por bueno no solo cosas venidas de todo tipo de fuentes no comprobadas, si no también de valoraciones y convicciones personales de los autores,  así como posibles imaginaciones. 

A partir de 1883 comienzan una segunda etapa donde se proponen hacer biografías hagiográficas de todos los santos del calendario, lo que hace que al irse agrandando el número de santos y beatificados la obra se siga publicando hoy día. Es una oba en constante publicación desde 1643 a la actualidad. Quienes escriben estos dentro de la Compañía de Jesús son de la Sociedad de Bollandistas.

San Vidal en este caso, y aunque es una de las biogafías de 1643 que se escribieron basándose en un texto supuesto de san Ambrosio y que probablemente no tiene comprobaciones ni fundamentos para sus afirmaciones, por tradición oral habría sido un soldado romano nacido en Hispania, en Tielmes (en Madrid) y movilizado en Italia, donde se casó. Regresó a Hispania, ocurriendo en el regreso la muerte de su esposa, pero se casó por segunda vez y se instaló en la actual Los Santos de la Humosa. Su segunda esposa era cristiana y por ella se convirtió. Educaron a sus hijos Justo y Pastor en esta religión. Justo habría nacido en 295 y Pastor en 297. El año del nacimiento de su hijo menor habría regresado a Italia de nuevo, no sabemos muy bien porqué, donde sería martirizado por su religión en Campania junto a otras personas perseguidas por un edicto del emperador Diocleciano. Murió ejecutado en 297, aunque hay historiadores que ubican la muerte en 293 y el nacimiento de sus hijos los adelantan en fechas. Justo y Pastor serán martirizados y ejecutados en Complutum en 304, aunque otras biografías indican el año 306.

Actualmente san Vidal también tiene calle en Alcalá de Henares.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

martes, 29 de noviembre de 2022

Exhalación del olor suave del ramo verde de al-Ándalus e historia del visir Lisan ed din Ibn al-Jatib

Título: Exhalación del olor suave del ramo verde de al-Ándalus e historia del visir Lisan ed din Ibn al-Jatib (Nafh at-tib min gusn al-Andalus ar-ratib wa dikri waziriha Lisan Addin b. Al-Hatib).
Autor: Ahmed Mohamed al-Maqqari (al-Maqqari).
Editor: [Posiblemente Küçük Ahmed Pasha, valí de Damasco en el gobierno del Imperio Turco Otomano].
Año de publicación: entre 1628-1632 (1ª edición en el Imperio Turco Otomano, en la ciudad de Damasco).
Género: Crónica; Historia; Biografía; Enciclopedia.
--- --- ---
Título: History of the Mohammedan Dynasties in Spain (Historia de las dinastías mahometanas en España).
Autor: Ahmed Mohamed al-Maqqari (al-Maqqari).
Editor: Pascual de Gayangos (también traductor al inglés).
Año de publicación: entre 1840-1843 (1ª edición)
Género: Crónica; Historia; Biografía; Enciclopedia.
ISBN:  9781166339685

 

Para ir finalizando los autores musulmanes que mencionaron Alcalá de Henares en sus obras, habiendo visto ya los autores que hubo dentro de la Edad Media en la propia al-Ándalus, ya sea durante el Califato de Córdoba, en sus Reinos de Taifas y en el Reino Nazarí de Granada, incluso uno que escribió dentro del Sultanato Benimerín (actual Marruecos), queda por citar uno que lo hizo ya pasada la Edad Media. Se trata de Ahmed Mohamed al-Maqqari, conocido como al-Maqqari. Un hombre de la Edad Moderna. Había nacido en Tremecén en 1578, muy pocos años después de la Batalla de Lepanto donde los cristianos europeos liderados por el Emperador español Felipe II vencieron y frenaron en el Mediterráneo al Imperio Turco Otomano. Tremecén era una ciudad que había sufrido también la expansión turca. Era la capital de su propio reino entre lo que sería hoy una zona de Argelia cercana a la frontera con Marruecos. Esta ciudad y Sultanato de Tremecén se vio acosado por los berberiscos y corsarios de Barbarroja desde Argel, por los turcos también desde el oriente, por el Sultanato Benimerín (Marruecos) por occidente, y por portugueses y españoles también desde el mar y sus costas, siendo que Orán, cercana a Tremecén, había sido tomada por los españoles para acabar con los ataques de Barbarroja. Los turcos finiquitaron el Sultanato de Tremecén al conquistarlo en 1553. Tremecén había estado pagando impuestos a España en una especie de acuerdo internacional tras la conquista de Orán para que España protegiera también a Tremecén de la expansión turca. Como sea, la expansión turca prosiguió hasta aquella Batalla de Lepanto en 1571. Entre tanto, en Tremecén se habían cometido muchos abusos de autoridad por parte del gobernador turco a la población de allí. En ese contexto nació y tuvo su infancia al-Maqqari. 

Al-Maqqari tuvo una educación al cargo de su tío que era un juez de la ley musulmana, un muftí, en Tremecén, por lo que este le formó en El Corán y las leyes. Siendo joven, pero ya independiente, se trasladó a la ciudad de Fez en 1603, que por entonces era la capital del reino que se derivó del Sultanato Benimerín en el final del siglo XV, el Reino de Fez o Sultanato de Fez, al cual sucederá hasta la fecha de hoy el actual Reino de Marruecos. En aquel momento el Sultanato de Fez estaba gobernado por el que fue su gobernante más culto y hábil en todos los ámbitos políticos y de conocimiento, Ahmad al-Mansur. Estuvo trabajando en torno a la Corte de este e incluso le dedicó una de sus primeras obras escritas, sobre los hombres de leyes (ulemas) de Fez y de Marraquech. Fue en aquel lugar donde pudo ver la llegada de moriscos españoles cuando por edicto del rey Felipe III en 1609 fueron expulsados y cuya expulsión se fue produciendo a lo largo de 1609 a 1613. No solo llegaron al Sultanato de Fez, llegaron también a otros lugares que en el futuro volverían a cruzarse con al-Maqqari, lugares como Egipto (con autogobierno dentro del Imperio Turco Otomano) y Oriente Próximo (parte del Imperio Turco Otomano). Como sea, aquí vivió de primera mano y en un primer momento esa llegada masiva y toda la riqueza cultural nueva que consigo traían, así como historias de su pasado y del pasado de al-Ándalus. 

 En 1618 fue nombrado juez (muftí) e imam de una de las mezquitas de Fez, pero en el mismo año decidió realizar su primera peregrinación a La Meca. En 1619, como resultado del viaje, se instaló en El Cairo, siendo Egipto un sultanato considerado provincia del Imperio Turco Otomano, que les había conquistado y que desde 1609 tenía una serie de revueltas y guerras civiles a causa de que los egipcios hacían políticas proteccionistas de su propia población autóctona, lo que a menudo chocaba con los gobernantes turcos. Tras una dura represión en 1610, no se logró una relativa pacificación hasta que se concedió autonomía política dentro del imperio en 1623. En este otro contexto no solo había llegado al-Maqqari y se había instalado allí en 1619, sino que además habían llegado allí numerosa población morisca española, a cambio de que los turcos mandaron población llamada egipticiante a España (los gitanos, cuyo origen remoto venía de La India). Al-Maqqari escribía y realizaba su labor religiosa y de leyes, a la vez que se permitió viajar cinco veces más a La Meca desde Egipto a Arabia, así como a Jerusalén, en Palestina, y a Damasco, en Siria, todos ellos territorios del Imperio Turco Otomano. 

En 1628 decidió volver a cambiar de lugar donde vivir y se instaló en Siria, en Damasco, donde comenzó a hablar de hadices, esto es: frases atribuidas al profeta Mahoma y otros hombres considerados profetas y santos, frases que sientan precedente para crear jurisdicción. En esto estaba cuando una persona importante de allí, según relató al-Muqqari, le animó a hablar y escribir una Historia de al-Ándalus y en concreto del gobernante e historiador Ibn al-Jatib, del cual ya hemos hablado pues era el que más en reciente en el tiempo había hablado de Alcalá de Henares, en el siglo XIV, igualmente había sufrido exilio y expulsión de la península Ibérica, como vimos.

Regresó en 1629 a El Cairo para arreglar sus cosas y regresó a Damasco donde terminaría de escribir esta obra y moriría en 1632. En aquellos años de Damasco gobernaba el Imperio Turco Otomano la primera mujer regente,  Kösem Sultan, dando al gobierno otro sesgo diferente al habido hasta entonces, orientado a lo cultural, aunque su hijo volvería a la política bélica de expansión en cuanto alcanzara la mayoría de edad.

 El libro que le encargaron se transformó en el libro más importante que escribió en toda su vida. Fue publicado en dieciséis tomos. Los primeros ocho se dedicaron de manera enciclopédica a toda la Historia musulmana de al-Ándalus, haciendo acopio de todos cuantos cronistas musulmanes anteriores que le habían precedido escribieron sobre ello. Era por tanto una obra muy rica en referencias incluso de libros que hoy día no se encuentran. Hacían también estos libros mención a las relaciones de al-Ándalus con el Mediterráneo Oriental, o sea con los islámicos del Imperio Árabe y sus sucesores, en esos tiempos los turcos, y a la inversa, de los islámicos de Oriente con los de Occidente de la península Ibérica y también con los de Marruecos. No olvidemos que en esas relaciones los peninsulares, tanto musulmanes como cristianos, tenían un interés común con los sultanatos que hoy son Marruecos para no recibir una invasión ni del oriente mediterráneo ni del sur africano. En todo caso, los turcos de la época ya fuera por la fuerza de las armas o por las relaciones comerciales y religiosas mantenían relaciones diplomáticas con el occidente mediterráneo, y hasta cierto punto se sentían llamados a regresar la unidad del antiguo Imperio Árabe en aquellas épocas. Pero en estos años de regencia, como hemos dicho, el interés era más bien cultural y de unidad cultural o hermanamiento cultural, por más que les había fascinado todo aquello que habían conocido a través de historias y formas de comportarse de los moriscos españoles. Lo que no evitó que en algunos momentos y lugares muy concretos estos recibieran represión por un choque de cómo se entendía y se componían las formas de gobierno y sus derechos y deberes, muy diferente de la España del siglo XVII a la zona turca del mismo tiempo.

Los otros ocho volúmenes se dedicaban a Ibn al-Jatib, su obra, sus libros, su familia, su descendencia... Era una obra muy completa que incluso abarcaba cuestiones de geografía.

La obra se llamó Exhalación del olor suave del ramo verde de al-Ándalus e historia del visir Lisan ed din Ibn al-Jatib, comenzada a escribir en 1628, como se ha dicho y publicada hasta la muerte del autor en 1632 en Damasco y por extensión en el Imperio Turco Otomano. Probablemente su mecenas fue el gobernador (valí) de Damasco, Küçük Ahmed Pasha. La transmisión de esta obra en principio fue manuscrita, con todos los posibles errores de transcripción que eso podía suponer, y más tarde fue impresa. Sirvió en adelante para escribir la Historia de al-Ándalus de una manera más científica dado que compilaba tantas referencias de historiadores previos. Evidentemente los que más se beneficiaban de ella eran los historiadores musulmanes, que lo tenían más fácil para conocerla, siendo que los historiadores no musulmanes no se interesaron en ella, en parte por no entender el idioma o simplemente por ignorar a los autores no europeos.

La primera vez que se quiso trasladar a un idioma europeo, cristiano, para facilitar el conocimiento e Historia de la península Ibérica, fue al comienzo del romanticismo en el siglo XIX, cuando también comenzó a crearse un interés especial por los estudios arabistas. José Antonio Conde encontró un ejemplar en la Biblioteca Real de París y quiso incorporarlo en su obra Historia de la Dominación de los árabes en España, pero no logró hacerlo. Sería otro arabista e historiador español, Pascual de Gayangos, quien sí lo hizo por primera vez en dos volúmenes que publicó y tradujo al inglés, History of the Mohammedan Dynasties in Spain (Historia de las dinastías mahometanas en España). Lo publicó entre 1840 y 1843. Unos diez años después fue traducida al francés por otro autor de origen precisamente francés, y fue de nuevo publicada de manera completa en Egipto tanto en 1863 como en 1885, y de nuevo al completo, de forma más tardía, en Líbano en 1988. Actualmente hay una edición más moderna, en inglés, publicada por la editorial Kessinger Publishing, en su colección Kessinger's Legacy Reprints, en 2010. 

En esta obra al-Maqqari se retrotrae a los cronistas que mencionaron Alcalá de Henares, por lo que vuelve a mencionarse tanto la leyenda de la Mesa de Salomón en los Montes Zulema, como el asunto de su castillo, sus batallas, sus nombres, y repite el que le dio Ibn al-Jatib, dado que la mitad de la obra se dedicó a este autor, por lo que al-Maqqari reproduce el nombre de Al-Qal´at Adb al-Salam para Alcalá de Henares. Sirve por tanto su obra de repaso. 

Podemos entender en términos generales también dado el contexto histórico que rodea a esta crónica que fue un intento de reclamación de las relaciones culturales y sociales que unían a los dos extremos del Mediterráneo entendido desde el Islam. Pensemos que los primeros volúmenes, centrándose en al-Ándalus, también hablaba de manera clara y expresa de los sultanatos que evolucionando en el tiempo formarían Marruecos, e incluso hoy día Argelia. Lugares que ya hemos visto que aspiró el Imperio Turco a asumir hasta la Batalla de Lepanto en 1571, en el siglo XVI. Ya iniciado el siglo XVII los turcos estarían más interesados en expandirse por tierra por el Este de Europa, y mediado el siglo y durante el XVIII se interesarían más por sus fronteras orientales con La India y partes de África. Si bien en el siglo XIX volvió a tener actividad en los Balcanes a costa de los movimientos nacionalistas que aspiraban a la independencia, toda esta actividad guerrera no quedará del todo calmada hasta su derrota en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la revolución de Atatürk que desde la década de 1920 modernizó el país intentando europeizarlo con la particularidad de su tradicción musulmana en lugar de la judeocristiana.

Como sea, es de entender que con esta obra y con la llegada de los moriscos españoles a aquellos territorios, se hacía una reivindicación de los lazos comunes que debían unir más que desunir, cosa difícil cuando Murad IV, emperador que habría de gobernar tras la regencia de su madre, regresó a los métodos más autoritarios de poder y de intento de expansión. Sin embargo, también es cierto que la belicosidad turca fue disminuyendo con el tiempo salvo momentos puntuales ya mencionados, y que fue eso mismo lo que hizo que los europeos y los turcos colaboraran con  frecuencia en numerosas cuestiones desde el siglo XVIII, razón por la que nacería el arabismo como fascinación de la cultura islámica en Europa y de la europea en Turquía. 


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".