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viernes, 4 de septiembre de 2026

Bala extraviada

Título: Bala extraviada.
Autora/es Tabachkova (poemas); Javier Tejedo (ilustraciones, sólo 2ª edición).
Editorial: Kalamo Books (1ª edición); Bala extraviada (2ª edición, autoedición).
Año de publicación: 2018 (1ª edición; Prólogo de Carlos Salem; agradecimientos I de la autora); 2025 (2ª edición; Prólogo de Carlos Salem; agradecimientos I y II de la autora).
Colección: La poesía mancha (1ª edición); [Fuera de colección en la 2ª edición, el Ministerio de Cultura indica en la página oficial de la base de datos del ISBN de libros editados en España: Puesta al día]. 
Nº de volumen en la colección: 1 (1ª edición).
Género: Poesía; Ilustración  (sólo 2ª edición)
ISBN: 978-84-94873584 (1ª edición); 978-84-12977042 (2ª edición).

Elena García Blázquez, Tabachkova, publicó su primer poemario al año siguiente de haber colaborado con el Cuervo Blanco y de haber aparecido en su antología
El cuervo blanco. Antología -canción, relato, poesía- (2017). Se trataba de Bala extraviada, publicado en 2018 por primera vez, a través de Kalamo Books, iniciando como volumen 1 la colección La poesía mancha. Allí esta editorial ha recogido principalmente y casi exclusivamente a poetas muy jóvenes, aún cuando haya alguna excepción. Puede que dentro de esa búsqueda de voces de hoy se interesaran por Tabachkova, nacida en 1997, como ya se dijo en estas notas, y activa en esos momentos en recitales de Madrid capital, no sólo de Alcalá de Henares. El poemario llamó la atención al reconocido editor y escritor Carlos Salem, quien le escribió un prólogo en el que le reconocía la juventud y un poemario de desarraigo generacional para aquellos que su vida ha transcurrido en su totalidad o (en este caso) casi toda su totalidad en el siglo XXI. Viene a decirnos que otras personas jóvenes pueden reconocerse en sus poemas, con lo que trasciende lo que pudiera ser un poemario personal, que es lo que suelen ser muchas veces los primeros poemarios. 
 
Por el camino, Tabachkova tardó en sacar su segundo poemario, lo hizo en 2023,
Laberinto de discordia, ya comentado en estas notas. Poco después, en 2025, el primer poemario, que es el que hoy nos ocupa, fue vuelto a publicar por ella misma bajo una especie de sello personal que cobraba el nombre del propio libro, Bala extraviada. Allí mantuvo el prólogo de Carlos Salem, si bien añadió unos segundos agradecimientos a los primeros de la primera edición. Unos agradecimientos con algo de desgarro, tanto a los que les simpatizan como a aquellos que no y no se lo han puesto fácil, pues considera que todos la han formado tal como es y cada uno a su modo han contribuido a sus poemas.

La primera edición de Bala extraviada fue editada siguiendo la línea de la colección de La poesía mancha. Una escuadra blanca en "L" sirve para el título y nombre de la autora, así como para los créditos. Recuerda un retrato de ella, en este caso en un tono frío azul, con el rostro en primer plano de medio perfil, mirando entre triste y extraviada. Con variaciones del retrato de otras autoras y autores, esta composición marcó el estilo de la colección en los siguientes volúmenes publicados. Sin embargo, Tabachkova optó por crear su propio diseño de línea editorial siguiendo un estilo similar a la edición de Laberinto de discordia. Decidió usar ilustraciones a mano realizadas por Javier Tejedo. Estas aparecen tanto en la cubierta, donde aparecen agujeros de bala impactados en una pared de ladrillo, en tonos fríos del azul, y fondo blanco, tal vez referencia a la nieve de la Rusia natal de Tabachkova, a modo de metáfora del fondo de su ser en estos poemas. Dentro las ilustraciones serán en blanco y negro, con un estilo muy del cómic, trazos gruesos y composiciones alegóricas y surrealistas acompañadas de pequeños textos aforísticos que funcionan como pequeños poemas con mensajes impactantes que refuerzan las imágenes. El retrato que aparecía en la cubierta de la primera edición, reaparecerá en esta segunda edición pero dentro de la solapa de la cubierta y en una tonalidad en ocre.

Este primer poemario se aleja del estilo muy medido que nos mostró en la antología del Cuervo Blanco. Son dos estilos muy diferentes y contrarios. Curiosamente volverá en parte a él en el segundo libro, aunque no en su totalidad, sí en gran parte. En este primer poemario prima una poesía prácticamente narrativa, en versos libres, aunque aparezcan grandes bloques con medida, muy compatible con lo que pudiera haber sido un libro de poemas en prosa, o fragmentos en prosa, pero que acabó siendo en verso. hay numerosos encabalgamientos y reflexiones de la propia vida.

Es un poemario de conflicto interno, igual que lo será el segundo, sólo que en este poemario el conflicto se intuye que viene de la propia adolescencia, que de por sí es la transformación de la niña en adulta y del trauma que es el despertar a la vida adulta ya sin idealismos, sino con pura y dura realidad. Con cruda realidad, tanto en lo sentimental, como los familiar, lo laboral, las relaciones sociales o las económicas. Es un libro escrito justo en ese momento de cambio y dentro de una generación cuya infancia ha sido testigo de la Gran Recesión de 2008 y cuyas preadolescencias y adolescencias vivían justamente en medio de esa gran crisis económica, las protestas y movilizaciones nacidas de 2011 y todo un mundo revuelto donde ellos mismos entrarán según crezcan con esa precariedad que en esos momentos se estaba formando, o quizá habría que decir potenciando. En medio de todo ello hay que atender la peculiaridad de la vida personal de la autora y sus propios traumas familiares y sentimentales, su sentimiento de desarraigo, ya comentado en su segundo libro, y su forcejeo con lo que sería la vida lógica de las juergas de adolescencia, alcohol incluido, con el choque con lo que entiende debería ser una vida adulta menos afectada por el desorden.
 
(...)
Cierto día te das cuenta
de que no es un camino de baldosas amarillas
ni con flores imberbes de espinas.
(...)
 
Hay desencanto. Hay ruptura. Hay un final de la idealización. Un choque con la realidad. La Gran Recesión de 2008, que ya llegó en esa fecha de 2008 a Europa pero que en este continente fue todavía más fuerte en 2010, creó unas sensaciones de soledad que, pese a todos los movimientos de solidaridad nacidos en 2011, se hizo especialmente fuerte incluso en las generaciones más jóvenes. Y esto se traslada en este poemario en poemas como "La piedra suicida".

Tan sola como esa piedra suicida
que lleva por bandera una diana
dibujada sobre su piel
para que cualquier francotirador
pueda acabar con su sufrimiento.

Pero sigue viva.

Posiblemente soledad potenciada en este caso también por cuestiones afectivas atadas al desarraigo de sentirse no exactamente de algún lugar o de algún grupo. Que deja a la intemperie a la persona y por tanto vulnerable... y sin embargo la resistencia nos hace seguir vivos. Vivos por resistencia. 

La poeta nos habla de un vacío y un  agujero provocado por la ausencia que le provoca un alguien. Un alguien familiar directo, como un padre, un alguien que es apoyo cuando está, como es la pareja, un alguien que nos es vital, como es un grupo de amistades o una amistad. Está el trauma ahí, el trauma de una soledad que ha hecho que emprenda un camino propio sin tener una guía clara, como una bala extraviada, a veces con caminos equívocos. 

(...)
Hicimos cosas horribles
que perdonábamos cada mañana
con las esperanza de que todo cambiara.
(...)

Hay un sentimiento de culpabilidad, de consciencia de la responsabilidad de los propios actos más perdidos, pero también de la soledad del camino. La salud mental es algo que ya va dando vueltas en estos versos como preocupación y que será directamente nombrada en el segundo poemario. Y aparece dentro de esa soledad la escritura, la creatividad, como un escape íntimo e interior que salva, aunque no ofrece la compañía del otro, sí ofrece la compañía de uno mismo, aún cuando exista la fobia de la posibilidad de perder la capacidad de escribir. Escribir se transforma en un diálogo interior que sana y se interioriza como parte imprescindible de uno mismo. Ella misma se transforma en ser escrito. Ella misma se escribe a sí misma.

Los meses me consumen
cada vez que no escribo,
cada vez que no logro
poner un punto y final
a mis ideas transeúntes.
(...)

Ahí, en la soledad más íntima, comienza su terapia y su sensación de salvación. Con un diálogo interno donde se puede hablar con total libertad y franqueza a sí misma, y compartirlo mediante la lectura de los demás. 

(...)
Tocas tú misma las heridas
para acostumbrarte al dolor
de los posibles roces.
(...)
 
Un primer poemario que es posible que recoja de los poemas que había ido escribiendo años antes, pues ella confiesa escribir desde niña, pero que encaja perfectamente con un poema entre lo generacional, el cambio traumático, la soledad y lo íntimo. Un comienzo.
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 15 de agosto de 2026

Alcalá de Henares, Historia entre ficciones

Título: Alcalá de Henares, Historia entre ficciones.
Autores: Jesús García Calero (textos); Paula Varona (ilustraciones). 
Editorial: Tintablanca. 
Año de publicación: 2024 (1ª edición). 
Colección: Patrimonio de la Humanidad
Nº de volumen en la colección: 1.
Género: Relatos breves de ficción; Poesía; Historia; Ilustración; Arte.
ISBN:  978-8412828368
 
Dentro de los libros de género cervantista hay uno publicado en 2024 por la editorial Tintablanca que no es exactamente ni biográfico, ni de Historia, ni es ensayo, aunque a la vez tiene de todo ello. Se llama Alcalá de Henares, Historia entre ficciones, escrito por Jesús García Calero e ilustrado por Paula Varona. Se trata de un libro artístico que reúne en realidad diez relatos breves o cuentos en torno a la ciudad de Alcalá de Henares y a la persona y figura de Miguel de Cervantes a través del tiempo y su arquitectura. La editorial Tintablanca evidentemente quería apostar por la ciudad de Alcalá de Henares, pues inició con este libro una colección dedicada al Patrimonio de la Humanidad, cosa que no es poco importante, pues España tiene ni más ni menos que cincuenta Patrimonios de la Humanidad a la altura de este año 2026. Es por tanto un país muy rico en un legado patrimonial histórico y cultural. La editorial incluso promocionó el libro a través de la prensa nacional y de la local y de las emisoras de radio como Cadena SER u Onda Cero, llegando a presentar el libro en el salón de actos de la Sala de Exposiciones del Antiguo Hospital de Santa María la Rica, donde a la vez acudió algún  periodista de prensa especializada en literatura, como la revista Zenda. No obstante, hemos de pensar que posiblemente el peso de los autores ayudó a su promoción, al menos en cuanto a que habría muchos colegas de profesión dispuestos a dar como noticia un libro que de por sí ya nacía con potencia. 

Jesús García Calero, nacido en Segovia en 1965, es ni más ni menos que el director del suplemento ABC Cultural. Sólo por ese hecho tenía garantizado la promoción a gran escala de la obra. Aún con todo, aparte de periodista, es experto en patrimonio cultural. ha escrito el ensayo Don Juan contra Franco y el poemario Lecciones de tiniebla. Acumula varios premios periodísticos y literarios. Es además gran conocedor de la vida de Cervantes. 

Entretanto, Paula Varona nacida en Málaga en 1963, es una pintora de cuadros reconocida y famosa. Se formó en Reino Unido, en la Saint Martin School of Arts de Londres, en Japón y en Estados Unidos de América y ha participado y realizado exposiciones por toda España y fuera de ella. Su obra suele centrarse en torno a la arquitectura y las luminosidades de Madrid, habitualmente en marinas, pero especialmente pinta museos, a veces dejando pasar un cierto clasicismo.
 
Sólo  por la participación pictórica de Paula Varona con pinturas de diferentes rincones arquitectónicos del centro histórico de Alcalá de Henares se entenderá que el libro fue ideado también como libro objeto, no sólo como libro de lectura. Así pues la edición, que no es barata, cuenta con tapas duras encuadernadas en telas de algodón orgánico con tintas naturales, en color amarillo y una efigie conocida de Miguel de Cervantes. Tiene hojas de un papel de gran calidad y, entre textos y pinturas, hay hojas en blanco pensadas e incluidas para caligrafías, anotaciones, dibujos propios. La participación de la artista le fue propuesta siendo tentada a que visitara Alcalá de Henares, apenas a treinta kilómetros de Madrid, porque le dijeron que sus arquitecturas le iban a tentar. Así pues como ella misma relata en un video promocional de este libro, visitó la ciudad y la recorrió. Según se desprende de su relato debió ser una visita breve típica de turista de un día, que no llega a ser el día completo y recorrió los lugares comunes y tópicos de los monumentos y edificios históricos, fijándose precisamente sólo en eso: en los edificios y si acaso las historias que acumulaban. Evidentemente, al aceptar el encargo de ilustrar este libro debió regresar más veces para poder hacer su trabajo más preciso. Capta en sus ilustraciones un cierto aire de modernidad en los viejos edificios y calles de siglos mezclados. 

Jesús García Calero, por su parte, escribió diez relatos relacionados entre sí con un hilo conductor que es Miguel de Cervantes y la ciudad de Alcalá de Henares. Los relatos son historias independientes, pero a través de ellos se desliza ese hilo conductor y otras personas históricas de la Historia de Alcalá de Henares, así como los edificios como testigos o escenarios de todo ello. De hecho tiene lógica que los edificios y los monumentos terminen siendo parte de las historias como eje vertebrador, no obstante la colección se dedica al Patrimonio de la Humanidad, y este en Alcalá de Henares se materializa en sus monumentos, edificios y trazado urbano. El pasado incluso llega a parecer algo ficticio en medio de las historias comunes, así como las historias comunes parecen aderezar el pasado. Hay además algo de poesía. Es una forma de lectura de la Historia desde la ficción que se hace hasta cierto punto novedosa, aunque es una forma ya explorada por Emilio Sola.  

Aunque Cervantes se transforma en el personaje central a través del tiempo, es como si fuera el relato de la vida de la ciudad y su construcción y su deconstrucción. Hay ruinas del pasado que se nos mostró vivo, pero a la vez hay vida en las ruinas. Una forma diferente y amena de acercarse a Alcalá de Henares, que en el fondo es la protagonista, más que la figura de Cervantes. Y desde luego, un libro para recrearse con la visión que le aporta Paula Varona, y una oportunidad de contar en tu biblioteca con una visión moderna desde el Arte pictórico de la ciudad.
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".
 

sábado, 18 de julio de 2026

De entre versos y contiendas

Título: De entre versos y contiendas.
Autora: Ignacio Ortiz Claver. 
Editorial: Círculo Rojo Editorial. 
Año de publicación: 2024 (1ª edición digital). 
Colección: Poesía.
Nº de volumen en la colección: [No consta].
Género: Poesía.
ISBN: 978-84-1097-458-6
 
Un autor de Alcalá de Henares de los nacidos en Madrid por falta de hospital en la ciudad en su época es Ignacio Ortiz Claver, nacido en 1979. Se dio a conocer a través de Ediciones Vitrubio en 2018 con el libro Marinero a bordo de una botella. El libro con el que le vamos a presentar fue su segundo libro, un poemario que autopublicó a través de Círculo Rojo Editorial, De entre versos y contiendas. Salió por primera vez en 2024 como edición digital y en papel en diciembre, aunque hasta la primavera de 2025 no se presentó su edición en papel. Con una cubierta en blanco y negro mostrando un cielo casi encapotado y la imagen de un ángel de piedra al que le falta un ala y que nos recuerda a las estatuas mortuorias de algunas tumbas. El autor se declara seguidor de la generación Beat que trastocó desde la contracultura de mediados del siglo XX toda la cultura popular anglosajona y pronto se expandió al resto de culturas, llegando tardíamente a la española. Sin embargo, nos dice él que entre sus referencias se encuentran personas que no son de la generación beat, como Bukowski, de la contracultura propiamente dicha, Leopoldo María Panera, de la misma contracultura durante su periodo literario más célebre, o, más antiguo, Rimbaud, de la generación maldita francesa. Y siguiendo en esas tendencias, ahonda en la música jazz, que aunque ahora se asimila a una música culta, su origen es precisamente, una vez más, la contracultura.
 
Siguiendo sus referencias usa en su poesía la vida cotidiana para sacar adelante poéticamente sus reflexiones y sus emociones. Sin embargo se separa en su propio camino para con su propia voz meter esto dentro de una emocionalidad más sensible y menos cáustica que los contraculturales más voraces. Más aún, sus reflexiones apuntan al existencialismo, no tanto a una crítica social o de otro tipo, como se da por ejemplo en Bukowski. Y siguiendo con el marcaje de su propia voz dentro de sus referencias, él mezcla la naturaleza con los sentimientos íntimos, la soledad, la introspección y el conflicto interno que le hace vivir. Esto es algo diferente a un Rimbaud, Baudelaire o un Leopoldo María Panero que se sitúan e interactúan con el mundo, para bien o para mal. Ortiz Claver tiene su propia voz y se hace evidente que tiene más referencias que las venidas del mundo beat, la generación maldita o la contracultura. Con ello, siguiendo la lectura introspectiva de sus poemas, podríamos llegar a pensar que su reconocimiento dentro de las tendencias que nos dice en realidad nos indica una identificación con el no comprendido o con el marginado. O con el sensitivo extraordinario que ve más allá de donde otros ven, y de ahí su incidir en las metáforas que implican naturaleza y existencialismo, algo que los modernistas hacían, por otro lado, como Rubén Darío, y es ahí donde tendría más encaje su influencia francesa de un Baudelaire o de un Rimbaud.
 
(...)
Va asomándose el tinte, de sol el trigo herido,
entre robles, y a un paso de fulgurar.
             El viento a norte,
de vaho y humor,
de suavidad va teñido 
y en vez de lograrse herido
y en llanto conglomerado
hasta el fin quizá
             de todo placer y vida.

En lenguaje lo emplea también de una manera no tan directa y clara como los contraculturales de mediado el siglo XX. Usa un lenguaje muy culto y una sintaxis evidentemente retorcida, pero correcta, que le muestra como una persona muy leída en poesía, posiblemente de poesía muy culta del siglo XIX y del XX, especialmente del último cuarto del siglo XIX y primera mitad del XX. Aunque también existe un influjo del romanticismo de comienzos del siglo XIX en el que la naturaleza sólo es reflejo de las emociones humanas.

             Gris o azur, fulgurante
indiferencia de las olas
devastado e imaginado
continente abrupto.
(...) 
Entre amplios devenires de francas olas, 
es el azur gris quien me tienta,
zozobrando de poesía, alegoría mía,
elegía que ya concibe
horas de un penumbroso acervo.

Su camino está mucho más marcado por la turbulencia de la generación maldita francesa del siglo XIX. Aún con mucho del romanticismo, su alma está atormentada y todo es caos y estruendo en su interior. Hay sufrimiento en esa lucha que hay en un mundo interior acechado por miedos existencialistas. Ve lo que es la existencia ante dos caminos, ambos aparentemente de claudicación ante lo que entiende que es el significado profundo de la existencia.

(...)
Taimada luz me congrega
y muere en las plazas sin romanzas,
bajo un sol aprensivo,
al escucharme discrepo.
Me enfrento a estos fantasmas,
me enumero bajo luz o llanto
o desidia o levedad.
(...)

Pero aún así, opta por la existencia, atormentada o no, la existencia es existencia. Y en ese sentido, dentro de una posible oscuridad hay luz. Encuentra la luz aunque sea en medio del tormento. Y eso da sentido a la oscuridad y a la lucha existencialista, a la fatalidad misma. Porque hay luz. Hay luz aunque todo sea bosque, aunque todo sea sueño.

Caminando entre bosques los sueños,
las rogativas, las luces
de un escenario entre fulgores,
pálpito desmedido,
latiendo presente, adolecido
como un remitido temblor
en otro espasmo oscuro y certero,
no obstante, tan lúcido, irrevocable.
(...)

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 27 de junio de 2026

Metáfora del azul y una canción naranja

Título: Metáfora del azul y una canción naranja.
Autora:
Sofía Winter (textos); Zia Mei (ilustraciones).
Editorial: Sneg Ediciones.
Año de publicación: 2026 (1ª edición; palabras introductorias de Sofía Winter, César Sobrón, José Javier Martínez Palacín, Fernando Mircala, Daniel López-Serrano "Canichu").
Género: Poesía; ilustración.
ISBN: 978-84-09-81249-3

 

Es bien conocida en estas notas y en la vida cultural poética de Alcalá de Henares la poeta Sofía Winter, o como ella prefiere escribirlo, a la francesa: Sophie Winter; aunque bien pudiera ser a la española: Sofía García; o a la rusa: Sofía Taniya. La habíamos mencionado por primera vez en Las notas de los cíclopes libreros cuando participó de crear y publicar un poema suyo en la antología Veinte poemas asoman... en un invierno... (2016), antología que fue idea, creación (y también puse un poema) de quien esto escribe, Daniel López-Serrano "Canichu". Ya en aquella nota dijimos que ella tenía en su país natal, Rusia, un libro no traducido en España y que en aquel mismo año de 2016 había sido publicada en una antología cibernética que trataba de abarcar todos los poetas actuales, cuyo autor ha fallecido  más o menos cerca de aquel 2016. Ella no volvió a publicar hasta 2025, donde uno de sus relatos aparecía en la antología Llegando a puerto, maquetada por una de sus amigas y cómplice de numerosas aventuras creativas tanto de una como de otra, Zia Mei. Ahora, en 2026, saca su primer libro en solitario y lengua española, Metáfora del azul y una canción naranja. Un  título con reminiscencias evidentes al poemario Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), de Pablo Neruda. El poemario de Sofía Winter no es exactamente un poemario amoroso ni de desamor, aunque haya poemas que contengan en sí el amor. Lo que sí contiene es una búsqueda de sí misma a través de una carencia, de una ausencia, no sustanciada en alguien o algo concreto, aunque haya alguien concreto, es una carencia en el alma. Un agujero con el que ella debe ajustar una cuenta personal. ¿Una búsqueda interior? No exactamente. Si Neruda se quejaba al final con una canción desesperada, Sofía alcanza si no una paz, sí una reconciliación con aquello que ha formado su mundo, su tormenta y su crecimiento.

Hoy anotaremos que Sofía Winter es rusa. Nacida en San Petersburgo en 1980 cuando aún era Leningrado en la Unión Soviética (URSS). Dentro de aquel bloque de naciones que era la URSS como Estado, su ascendencia es rusa y georgiana. Vivió en su infancia y adolescencia el fin de la URSS y de la Guerra Fría con su respectivo paso al nuevo sistema de la Federación Rusa. Estudió filología hispánica y vivió durante esta etapa muy libremente. Llegó a tener una parte de esos estudios en Francia, donde vivió por un tiempo en París antes de regresar a Rusia para conocer allí a quien sería su esposo, un español con el que se vino a vivir a Villalbilla, en la Comunidad de Madrid, al lado de Alcalá de Henares, y con quien formó una familia con hijos. Tiene una amplia relación con Alcalá de Henares, tanto por ocio, como en ocasiones por etapas laborales, como por amistades profundas. Pero sobre todo, desde 2015, quizá desde 2014, es parte de la vida cultural de esta ciudad como una de sus poetas desde que entabló amistad con Enrique Sabaté y la citada Zia Mei. Fue a partir de la inauguración de El Laboratorio (2015-2016) por parte de Zia Mei y Julián Sedano que tomó contacto con la mayor parte de escritores de la ciudad, especialmente poetas. Fue una de las personas más activas de los recitales de aquel lugar. Participó de recitales de otros sitios, incluidos de Madrid. Su actividad no se ha interrumpido, si bien se dilatado un poco más en el tiempo.

Fue en la etapa final de El Laboratorio, pero aún en 2015, cuando ya algunos de los que por allí íbamos habíamos sacado libros, que me propuso a mí leer el borrador de un poemario llamado Azul, igual que el poemario que publicó Rubén Darío en 1888 y que dio pie al comienzo del modernismo en Literatura. Lo tendría más o menos acabado para 2016, donde me daría a leer un segundo borrador en el que se habían eliminado y cambiado poemas del primer borrador, hasta el punto de parecer otro libro, y el título variaba a algo que tenía que ver con la nieve o con la estepa. Ambos habíamos estado escribiendo a la vez numerosos poemas conjuntos que no fueron a ningún libro, aunque yo los compilé e imprimí para tenerlos para mí a modo de libro único y privado junto a poemas escritos en mismas fechas y temática de otras personas. Pero, más aún, a Sofía se le ocurrió escribir una novela conmigo, dado que yo ya había publicado libros en prosa, en concreto en ese momento tenía Relatos de la Gran Guerra (2016) y trataba de promover a un editor Balada triste de una dama (2017). La novela escrita a medias entre Sofía Winter y yo se hizo. Existe. Se registró a nombre de ambos en el registro de la propiedad intelectual, dando el mayor porcentaje de creación a ella, pues la idea central era suya. De los vericuetos de esa novela no es el momento de hablar en este momento. Aunque sí hay que anotar que está totalmente inédita, que sólo existen dos ejemplares impresos en copistería, uno mío y otro se lo di a ella, más un tercero que entregamos a un concurso literario de la ciudad y que,. al no ganar, debería estar destruido, según las bases del concurso. La novela se llama Historias insignificantes, fue acabada en 2016, aunque se escribió entre 2015-2016 con numerosos cambios por indecisiones de Sofía Winter y conversaciones eternamente imposibles entre ambos sobre el rumbo del argumento. Ahora, en su poemario Metáfora del azul y una canción naranja, ella ha decidido hacer público el conocimiento de que esa novela existe y publicar uno de los capítulos tras todos los poemas. No me consultó para ello, pero creo que está bien lo que ha hecho. 

En todo caso, respecto al poemario llegué a leer un tercer borrador donde había eliminado todos los poemas que antes me presentó y tenía otros de los que me pedía opinión. Así pasó el tiempo y parecía que este poemario, del que ella siempre hablaba, pero nunca se acababa por cambios e indecisiones, terminó siendo objeto de conversación entre Zia Mei y ella más o menos a la altura del tiempo en el que yo intentaba publicar Superman, Batman y Franco. La censura en tiempos de Franco, que debería haberse publicado en 2019 pero se prolongó hasta 2023. Su maquetadora era Zia Mei y por entonces recuerdo conversaciones con Sofía Winter y Zia sobre las posibilidades y los cómos de publicar su poemario. Poemario que había vuelto a cambiar y del que yo ya no sabía que se quedó y qué no, aunque sé que regresaron algunos poemas del primer borrador, aunque con cambios. Parecía que el libro iba a salir al fin en 2024 cuando Sofía Winter volvió a girar sobre él, siendo ahora Zia Mei quien desde entonces más conversaciones y trabajo tuvo con ella para que la obra saliera adelante, tanto por amistad, como por maquetadora e ilustradora. Como sea, Sofía Winter me pidió unas palabras que cupieran en una postal para publicarlas a modo introductorio del libro en 2024. Me dio a leer los primeros poemas en ese momento. Definitivamente Zia Mei logró, casi a modo de editora y representante, aunque no era su función oficial, que Sofía Winter diera por acabado el libro al fin este año 2026, en el que se presentó varios meses después de haber sido no sólo editado, sino incluso impreso. La presentación se hizo a finales de mayo en el Pub O'Malley's que tantas ha acogido recitales donde ella misma ha estado ya como público, ya porque ella misma recitara o incluso organizara.

Mis palabras de 2024 se publicaron también en el libro, junto con el capítulo citado de Historias insignificantes, sólo que unas abren el libro y el otro cierra casi el libro. También hay palabras introductorias de otros escritores de la ciudad como César Sobrón, José Javier Martínez Palacín y Fernando Mircala, aparte de unas de ella misma. Todas son de 2024, aunque Palacín pudo acompañarlas de unas segundas palabras en 2026. Zia Mei maquetó la obra y le creó la cubierta y las ilustraciones interiores que acompañan a cada poema. se trata de una especie de ramitas otoñales en azul, con fondo blanco y una gota anaranjada en la portada, que ella llama dragones. Cada ilustración interior, en blanco y negro, está numerada. Aunque aparece  un dragón azul tal cual es al final de los poemas que serían la metáfora del azul, justo para dar pie a la canción naranja, aunque acompaña un poema llamado "Dragón azul" que viene a ser un reconocimiento íntimo y personal de Sofía Winter Consigo misma reconciliada con todo aquello que fue su tormenta, como algo que debía vivir para poder ser quien justamente ahora es. Dicho dragón fue regalado en tarjeta especial que se imprimió para darla junto a los libros de la presentación, más otra tarjeta de recordatorio de dicho acto.

El libro fue publicado bajo el sello Sneg Ediciones, que viene a ser copo de nieve en ruso, aunque en realidad es una autoedición en tapa blanda solapada, con una fotografía de la autora realizada por Mayte Domingo y la imagen de la visión de dos copos de nieve realizados por la hija y el hijo de Sofía. Aunque se trata de un poemario, ya se ha dicho que lo completa uno de los capítulos de la novela inédita, pero también otros tres cuentos en prosa, uno de ellos leído en O'Malley's en 2025. 

El poemario comparte con el modernismo de Darío la fijación por los colores a modo de metáforas y alegorías no sólo de estados del alma, sino también del mundo y para crear una sensación emocional reinventada, pues a menudo no se atan a lo que convencionalmente se han venido atando desde que Darío comenzó este recurso literario de su corriente estilística. Aparecen el azul y el blanco como los colores más recurrentes y cargados de mensaje, pero también hay otros, como el carmesí e incluso los muy nombrados rubíes que nombraba Darío. Siguiendo un poco la estela modernista, también aparece cierto naturalismo y ese mundo natural deslizándose en los poemas. Igualmente Sofía los deslinda de las figuras que suelen representar como la vida o la muerte o el amor, y les dota de un significado nuevo acorde a su propia observación y vivencia. Así el mar, o el agua misma, la nieve y los copos de nieve, los meses del año y las estaciones y demás figuras, terminan hablando de cosas que normalmente no es el significado que se les aplica en la poesía. Sofía les cambia el rumbo acorde a su biografía y lo que estas cosas significan para ella. Así por ejemplo, lo blanco, lo azul, la nieve o el invierno pasan a veces a ser belleza, infinito, juventud, vida, pureza, o promesa.

(...)
Eres mío a través del azul
y palpitas en el iris matutino.
Fragmentos del silencio
y voz que se ahoga en sí misma.
(...) 

Pero otras veces no ignora que el frío de la nieve tiene comúnmente ese otro sentido contrario, especialmente en Europa occidental. Su propio ser ruso se intuye en numeroso poemas, del mismo modo que algunas imágenes vienen directamente de ahí, pero también aparece Francia (hay un poema incluso escrito en francés y luego traducido) y desde luego aparece su ser y sentido identificado con España. Pero uno de los rasgos más característicos del estilo propio de la autora es la eliminación de artículos, proposiciones y determinantes que sirven de nexos en la construcción de estructuras sintácticas, tal como a ella misma le ocurre a veces al hablar, aún a pesar de que tiene un español muy perfecto y muy rico. Quizá es síntoma de un deseo de un abandono total de sus raíces, y en cierto modo un anhelo del pasado, del origen puro, que en cierto modo es uno de los polos de lo que va este poemario. Como sea, leerlos así escritos nos hace leerlos también entrando en ese lenguaje de la propia autora, haciéndonos sentir parte del desarraigo o del anhelo.

Distancias agotarán nuestro llanto
y el invierno dejará las cicatrices
sobre el espejo de aquella primavera
hecha añicos en la sombra de cipreses.
(...)

Puede que en este poemario confluyan poemas de diversas etapas de su vida, ya no tanto sólo los de 2015-2016. Lo que parece claro, y el proceso de creación parece confirmarlo, es que este poemario tiene mucho de ella y de su vida, como si fuese una búsqueda, un proceso buscando la reconciliación consigo misma de aquello que en el pasado la afectó y la ha hecho ir por su vida en la búsqueda de aquello y aquel que ha sentido no estar. 

Es un poemario de ausencias, siendo también una ausencia la de uno mismo respecto a uno mismo. Existe la ausencia del padre, pero también de la madre, algunas ausencias del amado, ausencias del pasado, de la juventud, del lugar de origen cambiado por algo totalmente diferente, cambiada una vida por otra. Hay desarraigo, se intuye. Pero no alcanza el desarraigo al dolor de Blas de Otero, aunque haya dolor, pues este desarraigo es un desarraigo de búsqueda, de intento de comprender, no de reprochar, busca la reconciliación con ella misma, para lo que necesita reconciliarse con lo ausente. Darse cuenta que aquello que notamos ausente, a su manera está presente.

Hay numerosos poemas con un sentimiento de amor. De amor que se vive, que no busca conquistar o hacer sentir su ansiedad al no verse correspondido, es simplemente un sentimiento de amor que se vive y que acepta al otro tal como es, con y sin ausencias. 

Es interesante la descripción que hace de manera seriada de emociones a través igualmente de imágenes. Así por ejemplo un poemario comienza diciéndole al otro "Vendrás. Mis ojos de nácar, (...)", para seguir en otra tanda de versos diciendo "Te tomaré por esposo (...)", continuar en otra tanda "Seré tu agua dulce (...)", proseguir en otra tanda "Seré tu gemido y abrazo, (...)", y en otra "Tus hombros son mi montaña", para poder contarnos en otra tanda la realidad que comienza con "Aquí te añoro, te espero (...)". Este estilo evolutivo de los poemas aparecerá en varios de ellos. 

Gusta en este sentido los numerosos e ingeniosos giros que le da a sus poemas para narrar sentimientos de amor que más o menos todos hemos sentido, pero que nos son inconfesables, aunque no sean algo malo, sólo parte de nuestros propios temores o nuestras aceptaciones.

Del mismo modo aparece la muerte, siempre con bellas imágenes, pero sin nombrarla directamente. Aquí aparece una reconciliación con su propio pasado familiar. Aunque no la conozcas a ella en persona, al leer el poemario sabes más o menos algo de su juventud, justo lo que ella necesitaba expresar en sus poemas y que tiene la generosidad de compartir con el lector, como pueda ser una ausencia del padre y la muerte prematura del mismo. Pero incluso en estos poemas, el poemario rebosa de vida y de un optimismo poético, tal vez nostálgico, pero optimismo poético.

Lívido azul, 
todavía cabes en mí
entero,
con las vetas de sueños
hechos añicos
en el corazón desesperado.

Nada es lo que parece
y todo lo que parece ser 
está siendo la nada
sumergida en el azul,
como tus dedos de cristal
en mi vientre.
(...)

Un primer poemario muy sólido, quizá porque nace con el latido de una poeta veterana en versos y que ha pensado mucho qué quería expresar y cómo.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 13 de junio de 2026

Pero no islas. Poesía de un hombre corriente desilusionado

Título: Pero no islas. Poesía de un hombre corriente desilusionado.
Autor: Matías Escalera Cordero.
Editorial: Editorial Germanía.
Año de publicación:
2009 (1ª edición; presentación de Antonio Martínez i Ferrer; prólogo de Enrique
Falcón; nota del autor, Matías Escalera Cordero).
Colección: Poesía.
Nº de volumen en la colección: 1.
Género: Poesía.
ISBN papel: 978-84-92587-25-4

 

Como ya se ha comentado en estas notas, Matías Escalera Cordero comenzó a publicar en libro en 2007, a los 51 años de edad, aunque siendo profesor universitario con total seguridad tendría ya publicados artículos diversos y otro tipo de textos. En aquel año publicó La (re)conquista de la realidad, un libro de crítica y de activismo social y cultural. En 2008 saca su primer poemario, Grito y realidad, y no sería hasta 2009 que volvería a publicar en libro. Un año 2009 que le fue muy fructífero. Participó del libro colectivo La República y la Cultura. Paz, guerra y exilio, publicó una obra de teatro, El refugio, ganadora de un  premio, Premio de literatura dramática, Sala Margarita Xirgú 2009. Ganaría otro premio de teatro en 2010, el accésit de Teatro Radiofónico, convocado por Ateneo Riojano y Radio Rioja Cadena Ser.  Pero en aquel 2009 tan prolífico, también publicó su primera novela, Un mar invisible. Es como si hubiera descorchado una botella y ahora sacara a publicación textos que probablemente ya tenía redactados, acabados o casi acabados, si acaso alguno pudo ser nuevo. Pero la cosa es que ese año 2009 no fue todo lo que publicó, hacia final de año sacó su primer poemario, Pero no islas. Poesía de un hombre corriente desilusionado, más conocido y nombrado como Pero no islas. Estuvo tan cercano del final de año que en algunos lugares le identifican como un libro de enero de 2010, pero era de 2009. Y aunque era su segundo poemario publicado, no eran sus primeras poemas públicamente conocidos, como se intuye en unas palabras de presentación que le escribió Antonio Martínez i Ferrer en la solapa de la cubierta, "La poesía contenida en este libro, Pero no islas, como toda la poesía de Matías Escalera Cordero (...)". Efectivamente, Matías Escalera era ya conocido como poeta. Y no como mal poeta, sino como uno de los excelentes, el propio Martínez i Ferrer le pondrá a la altura de conocidos nombres de la poesía actual como Jorge Reichmann o Quique Falcón, entre otros. Un Enrique Falcón (Quique Falcón) que le escribe el prólogo, como se ve, Matías Escalera no sólo era ya conocido como poeta, sino que además se relacionaba personalmente con nombres de la poesía actual. Falcón dirá que el poemario es un encargo de la propia editorial Germanía para iniciar una colección de poesía, aunque el libro no indica en sí ni nombre de colección, ni número de volumen, es posible que la editorial quisiera probar suerte con este título y autor para ver si la poesía tenía salida en el negocio, al menos una salida suficiente. Pero Falcón nos da el dato de la colección, del primer volumen y de ser, lo que él llama, poesía de encargo. Los editores evidentemente conocen al escritor y le conocen como poeta, aún sin haber tenido un poemario anterior. Arriesgan con él. Lo arriesgan todo al ponerlo todo en la absoluta novedad. Le ponen una condición, o quizá es el propio autor quien se la autoimpone, que aunque sea un poemario de encargo sea también una poesía de intenciones y comprometido. O sea: que sea sincero, que no trate de hacer algo que pueda gustar al mercado, que siga su trayectoria poética, pues por eso le hacen el encargo. 

Matías Escalera cumple y crea un poemario comprometido, tal como su obra y su magisterio, su ser mismo, es. Compromiso social y compromiso con los derechos. Tiene su punto político desde un punto de vista quizá marxista, pero no al estilo de la época de la Transición, en la década de 1970, donde seguramente un joven Matías Escalera veinteañero escribiría ya algo a la vez que participaría socialmente de todos aquellos cambios de esos años. Tiene algo de aquella época, a rebufo tardío en España del Mayo Francés de 1968, pero en realidad es otra cosa, es una dialéctica de sus ideales sociales y políticos mezclados con una observación de la vida que ha hecho a través de dos senderos: su vida personal y la observación de las vidas de su alrededor, y su bagaje intelectual como profesor universitario que además sigue al día la actualidad política y económica del mundo. Tiene toda la trayectoria realizada de la veintena de años a la cincuentena. No una cincuentena cualquiera. Hemos de pensar que la publicación al final de 2009 coincide con una España metida de pleno en la Gran Recesión de finales de verano de 2008, que tuvo un amago en 2007, y que además en 2010 entró de lleno en el gran golpe que le supuso a la Unión Europa, cuyos efectos más devastadores se retrasaron hasta ese año y que se intentaron taponar con grandes recortes en derechos laborales y sociales y en servicios públicos. Es lo que llevaría a las protestas sociales de Grecia y España que arrastrarían al resto del mundo en 2011. Ese es el contexto en el que sale este poemario. Un momento donde todo lo que ocurriría en mayo de 2011 aún no se intuye, pero que en el final de 2009 ya se ve venir la voracidad del sistema capitalista que, enfermado de sí mismo, trata de curarse a costa de grandes sacrificios para los más desfavorecidos y los trabajadores. Hemos de creer que Matías Escalera, también activista social, reviviría en 2009, durante el proceso de creación del libro, parte de su indignación y deseos de denuncia social de lo injusto, con una resignación que aún no sabe la gran protesta que estaba por venir en 2011... ni todos los grandes sacrificios de 2010, que se quedaron pequeños en 2012. Es el momento previo, las puertas de 2010. Todo eso se intuye, se deja leer en algunos poemas, sobre todo hacia su segunda mitad.

Quizá en todo este panoramas, como el propio poeta recuerda con una dedicatoria en uno de los primeros poemas, se toma por referencia a la poesía comprometida y activista de Vladímir Mayakovski (1893-1930), poeta de la Revolución Rusa de comienzos del siglo XX, que a la vez denunció a su manera el autoritarismo intransigente de Stalin en los años 1920, su censura y su persecución a otros autores amigos suyos, cosa que le sirvió también estar en el punto de mira del stalinismo hasta su suicidio en parte por ello, en parte por su vida privada más personal. Mayakovski, ciertamente, fue uno de los poetas por excelencia de la revolución de 1917 y en los primeros años de la Unión Soviética escribió numerosos poemas a favor de la clase trabajadora, hasta que con el comienzo del gobierno de Stalin y tras el final de la Guerra Civil Rusa, Mayakovski intuyó que esa deriva del Estado no era exactamente la buscada, aunque lo anterior tampoco se quería. 

Matías Escalera se colocará en este libro suyo en una orientación a favor de los trabajadores y de las personas más humildes del sistema, pero también socialmente a favor de cualquier persona cuya mentalidad y posibilidades está coartada por un sistema económico devorador de humanidad... incluso la de aquellos que son los grandes empresarios, que también serían víctimas. Escalera no se queda en una poesía social propia de las décadas de 1910-1920, él viene de una juventud en los 1970 y eso tiene su peso, amante de la libertad plena (hasta el punto que en esta y en otras obras a veces se nombra el anarquismo, pero Escalera no se entrega a él), trata la ecología, habla de las alienaciones psicológicas de la vida actual, de las contradicciones de las ideas, de lo ideal y de los actos, de la cultura popular... y la contrapone a la alta cultura (a veces a través de citas, a veces a través de escribir en francés, idioma internacional que en las décadas de 1960-1970 era el que se estudiaba en la juventud europea, en lugar del inglés). El paso del tiempo y el rastro y marcas que deja su paso material sobre las ideas propias ante la observación del mundo, también está ahí.   

El libro fue publicado en tapa blanda solapada, con cubiertas verjuradas en color crema muy levemente apaisado, casi imperceptiblemente apaisado. Muy sobriamente su ilustración de portada es la esfera de un reloj de manillas, tal vez de un reloj de pulsera, tal vez de un reloj de torre, no importa, el mensaje alegórico está ahí... sobre todo si se observa la disposición de sus manecillas, justo formando una estrella de cinco puntas en esa esfera redonda. 

Se divide en un poema de apertura dedicado "a mis iguales", tres partes, un poema postrero "a los demás" y una elegía final que es todo un aviso sobre que la peor muerte de la persona no es aquella de todas las mencionadas a lo largo del libro. No es la física real, que conlleva poemas con referencias entre agnósticas y ateas, pero a veces también aparentemente creyente con dudas; no es la social mediante los problemas económicos y laborales que plantea el mundo occidental hoy día; no es la indiferencia o la toma de postura en el lado equivocado; ni el ser desplazado al no cumplir con una vida que espera la sociedad de consumo de hoy día; es, dice, el ostracismo que supone callar, aislarse, no tomar postura alguna, no hacer nada, acertado o no 

(...)
Qué más da muerte o luz entonces: sin decisión sólo nos queda
este inmenso
inconsolable cansancio.

El primer poema de la primera parte da título al libro y explica su ser, "No islas". Es un largo poema libre donde va desgranando todo lo que no somos a modo de exposición y declaración. Las personas no somos islas aisladas. Podemos ser tal o cual cosa, que va enumerando poéticamente, pero no somos islas. Quizá olas del mar que pueden ser dispersadas por los huracanes a veces, pero aún siendo olas somos parte del mar y nos necesitamos, aunque el mundo actual tiende a hacernos creer que somos islas, porque ese mundo, se deja ver en otros poemas, no es el mundo real, sino el que pretende hacernos pensar que somos islas porque le conviene a su beneficio. A través de este poema se queda la puerta abierta a un Ulises perdido en el mar, hombres de rodillas sin saberlo mientras los fines de semana se van a ver partidos de fútbol, o las fragilidades del ser humano que apenas se da cuenta de la inmensidad del tiempo y la creación del mundo para llegar hasta donde uno se encuentra, vivo y pagando facturas de la casa, una casa que en realidad ha de ser nuestro planeta, el cual contribuimos a contaminar y empeorar. Contenemos en nosotros como sociedad un problema por una loca idea de consumo disparado que, una vez más, es a beneficio de unos pocos que creen no verse afectados, pero también son afectados. Son poemas en primera persona.

Nadie vio la escalera de Jacob: y estaba allí frente a nosotros (nadie
                                                                                                /presta atención
    ya a los enigmas, tampoco a la belleza que se nos da así
    como la muerte: tan gratuita de ese modo tan inútilmente
                                                                                           /natural
    y despreocupado: casi como un despilfarro) Belleza
derramada
(...) 

La segunda parte irá a la segunda persona, y tratará de los hijos, de la vida común, de Dios, de la posible otra vida o no, pero de la innegable realidad de la existencia de esta vida. El sufrimiento a través de diferentes motivos de la vida moderna y de lo atemporal, el nacimiento, la muerte, la tecnificación del mundo que nos aparta del mundo... Así llegamos a la tercera parte, en tercera persona, compuesto por poemas que parten de las noticias y que es la parte más activista socialmente, políticamente, económicamente.

Buena parte de su poesía entabla una conversación directa con noticias reales de la época. Coge los textos de esas noticias, o explica la problemática económica social del momento, y enseguida la dispone a modo de imagen poética, o bien la confronta con respuestas poéticas de su visión del mundo. El mundo se hace poesía, incluso en su vertiente más material. Más aún, en todo el poemario se respira un aire de tesis y antítesis, de diálogo casi al estilo de Hegel, o sea también de Marx, que es una forma de escribir que acompaña a Matías Escalera a menudo como estilo propio. Como vimos en su otro poemario, Réquiem y exaltación (2025), o en su novela Un sollozo del fin del mundo (2023). En 2009 ya tiene esta forma de expresarse totalmente desarrollada y formada como su lenguaje poético propio. Más aún, este poemario, en ese sentido de tesis y antítesis que exponen un problema social y económico, pero a la vez se contesta cómo se autoalimentó de sí, como la solución propuesta puede ser el problema y al revés, está tan integrado que parece directamente relacionado con la novela distópica de 2023 mencionada, donde buena parte de la narrativa parte de ese principio y de esa estructura.

Le da un aire experimental, eso y la tendencia a un poemario a veces aparentemente entre lo narrativo y el ensayo, aunque plenamente poemario, lleno de metáforas, alegorías y transformación de las imágenes de lo que son a lo que no son. Hay, por otro lado, un alto grado de reflexión, de concepción filosófica de la vida, pero también de ansia de justicia social, sólo que desde el pequeño mundo del individuo que sabe que necesita de los otros individuos, y no todos sienten esa necesidad.

No te sofoques guardián de los talladores del rojo coral...
No deseamos tu celo. No lo hemos pedido (tampoco
        tu ira) Tememos tu ira
Y tu desprecio...
(...) 

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

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viernes, 17 de abril de 2026

La Galatea

Título: Primera parte de la Galatea, compuesta en seis libros.
Autor: Miguel de Cervantes Saavedra.
Editor: Blas de Robles.
Impresor: Juan Gracián (Alcalá de Henares).
Año de publicación: 1585. (1ª edición).

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Título: La Galatea.
Autor: Miguel de Cervantes Saavedra.
Editorial: Penguin Books / Penguin Clásicos [España].
Año de publicación: 2016 (1ª edición, editado por Florencio Sevilla Arroyo).
Colección: Clásicos.
Nº de volumen en la colección: [No hallado]. 
Género: Novela pastoril; Poesía.
ISBN:  978-84-9105-163-3
 

La primera obra en prosa que publicó Miguel de Cervantes fue La Galatea, en 1585, aunque su título original era Primera parte de la Galatea, compuesta en seis libros. Nunca llegó a haber una segunda parte. A pesar de que Cervantes dijo que esta primera novela tuvo gran éxito y gustó mucho, no hay nada que nos haga pensar en ello. Primero porque nunca publicó esa segunda parte y como publicó esta primera tras una serie de primeros éxitos teatrales pero con una vida llena de penalidades económicas, se hace difícil pensar que si publica algo con gran recibimiento no llegue a publicar la prometida segunda parte para sacarle de sus penalidades económicas del todo. Segundo porque tras esta publicación se aparte del mundo literario público para dedicarse a ir de un lado a otro de Andalucía como recaudador de impuestos (y algún periodo de cárcel por malversar fondos). En ese periodo escribirá varias novelas cortas de las llamadas ejemplares, pero tampoco las publicará, sólo cuando tenga edad avanzada retomará el asunto con El Quijote, y con es el éxito de este sí se anima a publicar todo lo que no había publicado y a escribir cosas nuevas. No se ha hallado absolutamente ningún escrito que pueda ser la prometida segunda parte. Y la cosa es que Cervantes dirá que se va a publicar la segunda parte hasta la misma fecha de su muerte, y reivindicará el éxito y las excelencias de La Galatea hasta la saciedad toda su vida. La mencionará en algunas de sus Novelas ejemplares, aparecerá entre los libros de don Quijote y, más aún, algunos de sus personajes saldrán ahí, a veces con nombres cambiados, será elogiada en Viaje del Parnaso, que incluso será una réplica del Canto de Calíope de uno de los capítulos de la propia Galatea, y en la obra póstuma de Los trabajos de Persiles y Segismunda llegará a afirmar que se publicará la segunda parte. Ni se publicó, ni consta que haya sido escrita, ni siquiera bosquejada. Pareciera una broma más de Cervantes, quien, además, crea todo un mundo propio de metaliteratura donde él aparece de obra en obra y en el que La Galatea es el eje transversal en todas, pues en todas está, de un modo directo o indirecto. Más aún, en la propia Galatea anticipa los argumentos de obras que aún no había escrito, pero que sí escribiría y, esas sí, con éxito. Como sea, en principio se considera que es una novela inconclusa, aunque, opinión personal, puede que no sea tanto así y que Cervantes se anticipa aquí a lo que hoy día llamamos finales abiertos. Quienes sí escribieron una segunda parte a la obra, algo impostado, son el francés Jean-Pierre Claris de Florian y el español Cándido María Trigueros ambos independientemente en el siglo XVIII.
 
Puede, eso sí parece más factible por lo que se da a entender a lo largo de las obras y escritos de Cervantes, que la obra se la diera a leer a varias de sus amistades literatas de Madrid y de Alcalá de Henares, y a ellas sí les gustase y la considerasen de valor destacado. De hecho, entre las personas dedicadas a la novela pastoril debió tener impacto, pues por ejemplo en 1587, un año y medio o dos después del libro de Cervantes, González de Bobadilla publicó Ninfas y pastores del Henares, que parece una más que clara alusión a los pastores del río Henares que salen en La Galatea. Pensemos que Cervantes fue rescatado de su presidio en Orán como preso de guerra en 1580. Al año siguiente le encomiendan una misión en la misma Orán, pero en 1582 ocurre algo a tener en cuenta para la novela que nos concierne, a la vez que empieza a relacionarse con los grupos de escritores que andan por Madrid y empieza a escribir y sacar a escenas algunas obras de teatro, entabla contacto con Antonio de Eraso, Secretario del Consejo de Indias, al que le solicita un cargo de funcionario en Indias. Eraso se lo negará, pero será él mismo quien en 1585 concederá permiso real para publicar el libro, superando la censura y estableciendo el precio de cada ejemplar. Se piensa que es posible que La Galatea comenzase a escribirse en ese 1582, pues en la obra algún personaje hará referencia alegórica al propio Eraso, quizá un intento de alagarle para ver si le concedía lo solicitado. Por otra parte, por un texto del propo Cervantes y la fecha de fe de erratas firmada por Lucas Gracián, el libro estaba terminado y presentado a las autoridades pertinentes para su publicación en 1584, pero esa publicación se produjo en 1585. Quien puso el dinero, o sea, quien hoy sería considerado editor, fue Blas de Robles. Se imprimió y publicó por primera vez en Alcalá de Henares, en la imprenta de Juan Gracián, parece ser que amigo de Cervantes, por otra parte. Hoy día se sospecha que el edificio de su imprenta, o sea donde se imprimió La Galatea, es el actual edificio en ruinas (a la espera de rehabilitación) que se encuentra en la calle Gallo, donde estuvo la Fábrica de Hielo Gallo en el siglo XX y comienzo de XXI, cerca del Callejón del Horno Quemado. Por otro lado, los formularios y su respectivo expediente para pasar censura se conservan hoy día en el Archivo de Protocolos de Madrid, donde el propio Cervantes contesta por escrito ser natural de Alcalá de Henares.
 
Como edición moderna he escogido la realizada por la Editorial Penguin en 2016, a cargo de Florencio Sevilla, el cual no sólo creó una edición crítica, sino que realizó todo lo que se podría considerar un libro de texto para estudiantes de filología, con ejercicios propuestos incluidos a final del libro. Aunque su introducción a la obra me parece didáctica y pertinente, su clara orientación a la filología pura hace que algunas partes de su análisis sea algo farragoso para quien no es filólogo. Pero es una edición muy útil. Aviso a futuros lectores, si se busca una lectura ágil tendrá que buscarse una edición diferente, pues esta ha decidido conservar el castellano y las expresiones que escribió Cervantes, sin tratar de actualizar nada, por lo que muchas veces la lectura se hace o complicada o pesada, aunque con la insistencia se logra uno habituar (bajo riesgo de escribir después faltas de ortografía al quedarse en la mente formas de escritura del siglo XVI). En todo caso es curioso que la portada, a la contra de esta conservación de lo original, optó por mostrar una cara más moderna y actual con unas ovejas conceptuales y näif en un campo verde donde, ignoro el porqué, hay un paraguas, del que sólo me explico su color rosa (color habitualmente atribuido al amor, a las historias amorosas, las novelas rosas y a la prensa del corazón, llena de chismes sobre los líos amorosos de unos y otros). 

Cervantes le dedicó el libro a Ascanio Colona, en ese momento abad de Santa Sofía, que en la década de 1580 estudiaba en la Universidad de Alcalá de Henares, tras pasar por la de Salamanca, y llegaría a ser Cardenal y Virrey de Aragón. Era hijo del Duque de Pagliano. Cervantes pudo haberle conocido cuando era militar en la década de 1570 en Italia, al servicio de Claudio Acquaviva, general jesuita. Sin embargo el libro no deja de ser un constante homenaje a sus amigos. Como algo muy propio de Cervantes, y que muchos autores, incluido quien escribe, han seguido, muchos de sus personajes son precisamente amistades de Cervantes, aunque él les pone otro nombre. se sabe que son ellos por las muy evidentes referencias biográficas que les dota. También él aparece en la obra, lo que ha hecho que muchos biógrafos de él desde el siglo XVII a la actualidad hayan querido encontrar respuestas a sus silencios biográficos leyendo esta y otras obras, pero sin ignorar que la realidad y la ficción pueden estar cruzándose en cada historia. Así por ejemplo, durante el proceso compositivo de La Galatea se sabe que el autor tiene un hija con Ana Franca de Rojas, pero a los pocos meses se va a Esquivias, donde se casa con Catalina de Salazar, y si Cervantes tenía 35 años en 1584, ella tenía entre 18 y 19 años de edad. No se conocen los detalles de todo lo ocurrido en la vida privada de Cervantes, ni porqué conocía a aquella joven, pero el personaje que evidentemente es Cervantes en esta obra protagoniza un capítulo en el que defiende el desamor y los agravios que provoca el amor, que es contestado por otro personaje acerca de lo positivo y lo beneficioso del amor. El personaje que encarna Cervantes será en el libro el que esté psicológicamente más trabajado con una evolución que va desde descreído del amor a profundamente enamorado y capaz de entregarlo todo de sí, para luego volver a enojarse con el amor al sentir haber sido engañado por la mujer que le enamoró. Todo en un periodo de tres días. 
 
Tiene más peso en lo biográfico hasta dos extensas partes en dos capítulos diferentes en el que dos personajes narran un pasado bélico donde intervienen barcos, turcos, berberiscos y presidios de guerra. La narración de las batallas, la violencia, violaciones, crímenes y otros actos de guerra tienen mucho más detalle que el restos de historias de amor que componen el libro. Tienen tanto detalle y profundidad que pudieran ser o recuerdos de guerra y presidio de Cervantes, o el uso de los mismos para hacer la narración. Hay que recordar que esto mismo ocurrió también en su obra de teatro Numancia, escrita e interpretada el mismo año de 1585 en el que saca La Galatea. En ambas obras la guerra no sale como cuestión de honra o como algo justo, sino como algo horrible a evitar, y, en este caso como algo horrible que lleva a realizar actos horribles para sobrevivir. Pudiera ser que la escritura le sirviera a Cervantes en 1585 como terapia post traumática.

Sea como sea, Cervantes mete la metaliteratura al introducirse como personaje en la obra, y al meter a sus amistades escritoras. Él mismo escribirá una introducción donde habla de "disfrazados pastores", o sea: que sus pastores encubrían personas reales. Él es Lauso; dos poetas y escritores del género silvopastoril de Alcalá de Henares y amigos íntimos de Cervantes serán personajes centrales que dirimirán entre los amoríos de todos los demás pastores, son Francisco de Figueroa como Tirsi y Pedro Laínez como Damón; Luis Gálvez de Montalvo será Siralvo; Diego Hurtado de Mendoza será Meliso; Alonso de Ercilla podría ser Larsileo, aunque el secretario de Felipe II, Mateo Vázquez, que también fue poeta, podría ser ese Larsileo según algunos estudiosos. Y es que hay figuras políticas que también aparecen como personajes encubiertos, no sólo la posibilidad de Mateo Vázquez o el citado Eraso, también está Juan de Austria como Astraliano, hay quien apunta que aparece Felipe II y hasta políticos portugueses. La lista realmente es interminable, pues en la novela aparecen ni más menos que más de ochenta personajes, pues es una novela coral, y a estos se les ha de sumar nombres reales de poetas que son citados. Sólo en el episodio donde aparece el  "Canto de Calíope" se nombran más de cien poetas españoles y algunos italianos del momento a los que cuáles se elogia como lo mejor de la poesía actual de aquella época. No deja de ser llamativo que muchos después esta idea central alimentará prácticamente lo que sería Viaje del Parnaso, donde se citarán muchos de los citados en esta novela. Entre ellos, en ambas obras, aparece Lope de Vega y es elogiado, aún cuando se sabe de la enemistad entre ambos, habría que repensar cuál era el grado de enemistad real entre ellos. Hay que señalar que la diosa Calíope se aparece sobrenaturalmente a los pastores en la vega del río Tajo cuando celebran los funerales de Meliso, personaje que en este momento podría enlazar con la muerte de otro poeta afamado en la época y no sólo con la figura de Diego Hurtado de Mendoza.será el único momento místico y fantástico de la obra. La diosa mencionará a los poetas más destacados agrupándolos por cuencas fluviales de la península Ibérica y del norte de Italia (aparece Dante), recordando al capítulo de La Eneida, de Ovidio, donde a Eneas se le muestran quiénes serán sus descendientes. Los pastores quedan impactados ante el hecho sobrenatural, pero ida la diosa deciden guardar silencio y continúa la historia como si nada hubiera ocurrido. 

Cervantes muestra en esta obra un extenso conocimiento y gusto por las obras clásicas de la antigüedad especialmente escritas por Ovidio. Hay referencia a la citada La Eneida, del mismo autor no paran de salir referencias a Las Metamorfosis, también hay bastante de La Odisea y La Iliada, de Homero. Y no sólo hay citas o referencias y paralelismos a lo largo de la narración, o mención de personajes y dioses, estilísticamente Cervantes incluso usa recursos de esas obras y construcciones sintácticas y narrativas que recuerdan sobre todo a Ovidio y al latín antiguo. Quizá síntoma y pista sobre que Cervantes tenía estudios universitarios bastante completos, como las últimas investigaciones en archivos parecen apuntar a que así es.

Los nombres de las mujeres nos parecen hoy día personajes de ficción, pero bien podrían ser también mujeres que conociera Cervantes, e incluso mujeres poetas que se nos escapa hoy día que existieron o quiénes eran, pues hay que recordar que, dentro de los parámetros de su época, Cervantes era más abierto a otorgar a la mujer derechos similares a los del hombre. Galatea, que es la que da nombre a la novela aunque no parece que este protagonismo le dé el protagonismo de la obra (aunque ejerce de eje vertebrador para que entren y salgan personajes), Teolinda, Nísida, Silveria, Rosaura y otras aparecen como pastoras amadas o deseadas, pero también como pastoras activas en lo amoroso y que también cantan, componen poemas y actúan.  Destaquemos aquí a Gelasia, una pastora que no quiere tener ninguna pareja y desea ser libre y disfrutar de su propia vida. Efectivamente, recuerda poderosamente al personaje que será Marcela en El Quijote. Y es que, como se ha dicho, en esta obra aparecen personajes e historias que aparecerán en casi todas sus obras posteriores, cuando no se citará la existencia del libro mismo. Cervantes creaba sí su mundo expandido, su metaliteratura y, a la vez, se hacía publicista de su propia obra. 
 
La novela pastoril era una novela de moda en el siglo XVI, principalmente entre la nobleza y las clases sociales adineradas. Sería una especie de literatura burguesa, por así decirlo. Básicamente son un género en sí mismo. No se podría decir que eran exclusivamente novelas de amor. Eran algo más. Evidentemente lo principal era contar historias de amor que debían superar conflictos, pero en ellas la prosa se mezclaba con la poesía (mucha de ella en octavas, pero combinadas con otras modalidades) y hasta con cierta teorización del amor en sentido filosófico y metafísico, hubo quien incluso incluyó la mitología. La novela pastoril que puso muy de moda el género fue Los siete libros de la Diana, de Jorge de Monteamayor, publicado en 1559, cuyo éxito provocó que se transformara en un modelo a seguir por el resto de escritores del género, incluido Cervantes en esta Galatea. Este tipo de novela potenció la poesía silvopastoril, de las que los citados Francisco de Figueroa y Pedro Laínez fueron dos de sus máximos representantes. 
 
Básicamente una serie de pastores y pastoras salían a los campos de las riberas de los ríos con sus rebaños y allí realizaban encuentros acordados o fortuitos para recitarse, cantarse y contarse sus amores o los amores de otros. En algunas novelas había elementos metafísicos y fantásticos. En cierto modo recoge bucólicamente un ambiente rural que explica de aquella manera vidas en el campo, con sus comidas y siestas a la intemperie, mientras se canta con instrumentos musicales para pasar el rato. Por cierto, un dato, en estas novelas los sonetos y otras formas compositivas se dice que se cantaban, no que se recitaban. Dato a tener en cuenta aquellos que en el siglo XXI denuestan las composiciones musicales cuando premian a un músico en calidad de poeta. 
 
Así pues, los libros de caballería y los pastoriles eran las novelas de moda en ese siglo XVI. Cervantes prueba suerte primeramente con la novela pastoril, como hemos visto abandonará el publicar hasta que no pruebe suerte con la burla a las novelas de caballería en el comienzo del siglo XVII. Y precisamente en su novela de burla a las de caballerías, como se ha dicho, le introduce personajes y situaciones de su propia novela pastoril... Y lo hace también burlándose de estas, pues algunas situaciones como una boda que los pastores celebran como si fueran refinados nobles en La Galatea, de repente en El Quijote aparece como una boda esperpéntica y zafia entre gente ruda. Eso por poner un ejemplo entre varios. Será en Los trabajos de Persiles y Segismunda que Cervantes escriba de las novelas pastoriles que nunca escuchó nombres de pastores y pastoras que fueran Dianas, Larsileos, Galateas, sino nombres más comunes y rudos, ni vio pastores refinados disfrutando de un día del campo con sus rebaños, si no personas con cuerpos castigados por el trabajo en el campo, fatigadas y de modales hoscos, con gustos y conocimientos menos finos que en todas las novelas pastoriles. Cervantes carga contra la novela pastoril como carga contra la de caballerías. Denuncia así que el gusto de los poderosos por leer sobre un mundo más amable con ellos y a su medida, a espaldas de la realidad de la sociedad, hizo que se crearan esas obras que distorsionaban la realidad. Pensemos que precisamente a lo largo de su obra él se acercará más a las clases bajas y desfavorecidas, que a las más altas. Es un autor con cierta conciencia e ideas propias.

Pero el momento compositivo de La Galatea aún es otro, Cervantes necesita dinero y le gusta escribir, trata de hacer una novela al gusto de la época, quizá influido por sus propios amigos, varios de ellos autores del género. No se oculta a nadie que detrás de los pastores y pastoras de estas obras había un ambiente de Corte. Los pastores y pastoras se reúnen para sus cuchicheos y sus fiestas, y para concertar sus negocios y sus acuerdos. Las historias de amor es lo picante, la guinda de estas historias. Cervantes además aprovecha para exponer su poesía, pues él siempre aspiró a ser reconocido como poeta. Era admirador de Garcilaso de la Vega y este aparece de manera encubierta desde los versos de la primera página y posteriormente, pero no sólo sale así, es que además a veces hay citas encubiertas a versos suyos y hasta en alguna ocasión usa su manera compositiva. Cervantes también usa en esta obra cierta medida escénica muy teatral, más que novelesca. Quizá porque estaba más acostumbrado por entonces a escribir teatro. Los pastores y pastoras se mueven entre las riberas de los ríos Henares, Jarama y Tajo a lo largo de diez días que sirven como escenas de teatro, entrando y saliendo por la derecha o la izquierda del campo, equivalente al escenario.

Es una novela aún renacentista, pero Cervantes, quizá llevado por su forma de traducir a Ovidio, comienza a hacer algo inusual entre los que escriben: retuerce la sintáxis en ocasiones, usa retorcimientos, alarga las reflexiones, lo claro no está tan claro, hay que reflexionar, mete, por así decirlo, unos primeros atisbos de lo que sería la literatura barroca, de la que él es máximo exponente en España. Pero no llega a ser del todo barroco aún, es, repito, renacentista, aunque seguramente a más de una persona le chocaría esas pequeñas innovaciones, para bien o para mal de la acogida de la obra. Más aún, la novela hispana estaba muy influenciada por la italiana petrarquista. Aunque Cervantes sigue algunas de las pautas de Petrarca a la hora de desarrollar su prosa aquí, rompe una muy básica: las novelas italianas son breves, él escribe una obra muy extensa y aparentemente inacabada. Fue otra cosa que debió chocar. 

Sigue, eso sí, ese compendio de historias de amor, poesía, mitología y filosofía de la teoría del amor. De hecho La Galatea es todo un compendio sobre el amor que da lecciones sobre el mismo. Cervantes demuestra un enorme conocimiento de todos los sentimientos amorosos. El correspondido, el no correspondido, el de distancias, el carnal, el ideal, el sentimental, el que hace sufrir, el que hace disfrutar, el de celos, el de tríos, el de los conflictos entre familia o amistades, etcétera. Sus análisis sobre todo tipo de situaciones personales acerca del amor son perfectamente vigentes hoy día, siguen funcionando psicológicamente y quizá una persona en estas del amor pueda encontrar en estas páginas algo que le sea útil por familiar.  Y es que de la filosofía neoplatónica que impregna la parte teórica del libro, propia de la época, donde el amor es algo ideal e inalcanzable, mezclada con el petrarquismo que habla de los contrarios, Cervantes introdujo una innovación que los escritores del género le reconocieron y trataron de imitar: presentó casos prácticos del amor en todas sus circunstancias. Ya no sólo se hablaba del amor, sus personajes vivían esas historias de amor. 

La historia central es la de Galatea, que es amada por dos amigos a la vez, Elicio y Erastro. Ella no da muestras de amar a uno o a otro, por una cuestión de su honorabilidad (entendida en la época como recato y no dar de hablar a la gente del pueblo). Esto hace que su padre termine acordando un matrimonio de ella con un pastor de Portugal, con la idea de unir a los pastores de todo el Tajo. Es otra innovación de Cervantes, en una novela de amor mete una crítica política, pues este matrimonio hace referencia a la unión del Reino Hispánico con Portugal en esa década de 1580 por las políticas matrimoniales pasadas de los Reyes Católicos, que Felipe II rentabiliza en ese momento. A mitad de novela, las historias de amor se intercalan con sucintas referencias y críticas políticas muy encubiertas, pero a ojos de hoy, palpables. Pensemos que pasó censura en su día. La cosa es que Galatea no quiere al hombre con el que se tiene que casar por respeto a su padre, es en ese momento en el que confiesa en secreto a Elicio que le ama a él, pero debe cumplir la voluntad de su padre. Y justo ahí, cuando Elicio logra que los otros pastores del Henares y el Tajo se unan para recuperar a Galatea, se acaba la novela sin que lo hayan hecho. Por ello está inconclusa, pero teniendo en cuenta que Cervantes nunca escribió la segunda parte, se puede entender que en realidad es un final abierto y, teniendo en cuenta la vida privada del autor respecto a las mujeres, en realidad está diciendo otra cosa: que quizá las normas morales tan rígidas de la época impiden la libertad de las personas y hay que ignorarlas en algunas partes, porque en resumen Galatea, por no decir claramente a quien ama, se ve obligada a pasar el resto de su vida sin su amor verdadero.

Aún así, Galatea es el eje vertebrador de la obra, pero no es especialmente el personaje principal. A lo largo de los capítulos se suceden numerosas historias de amor y de desamor, y hasta una boda, una muerte violenta, una muerte natural, una aparición divina... La llegada de los pastores del Henares a la altura del Tajo, mencionándose de manera velada a Alcalá de Henares, pero despojándola de su carácter universitario y arzobispal. La mayor parte de las historias protagonistas son los que en principio serían personajes secundarios, se da así el curioso caso de que los personajes protagonistas parecen secundarios, y los secundarios parecen los protagonistas. Es una novela coral, sí, y su eje es Galatea y sus enamorados, pero estos son los que dan pie a introducir a todas esas voces de su alrededor que, con sus historias, conforman el  grueso de la novela.

Tenemos el caso de un trío con celos con un asesinato incluido, el caso de una confusión amorosa, el caso de un amor no correspondido, el caso de un engaño, y otros tantos. Hay en ello incluso una larga y extensa proclama sobre los celos como algo pernicioso y perjudicial que no son algo que se puedan considerar amor, que los celos no son amor y pueden llevar a cosas contrarias al amor (visión muy contracorriente en pleno siglo XVI español), a pesar de que Cervantes, quizá por no contravenir del todo al pensamiento general de su sociedad dice que los celos vienen del amor y son el mayor de los sufrimientos. Los pastores y pastoras, en igualdad de condiciones, sin distinción de género sexual, se reúnen a lo largo de las diez jornadas de pastoreo para chismorrear entre ellos sobe amores y desamores y sobre quién hizo qué, cuándo, dónde y porqué. En medio de todo ello, expresan sus propios sentimientos e historias y teorizan sobre los porqués de las cosas que sienten.

Se podría pensar que esta novela está compuesta de novelas cortas, o bien que la novela agrupa relatos breves. Relatos breves que interrumpe matemáticamente en dos mitades distribuidas cada historia en los seis libros o capítulos de la obra. La técnica, muy de Cervantes, será la misma ya depurada que use en El Quijote, y será lo que hoy por hoy se acepta como la base de la creación de la novela moderna y actual. No hay duda, La Galatea anticipa mucho del mundo literario posterior de Cervantes, en lo técnico y en lo argumental. Algunas innovaciones cervantinas ya asomaban en esta primera novela.
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".