Título: Ludivina.
Autor: Esteban Azaña Catarinéu.
Editor: Esteban Azaña [autoedición].
Imprenta: La Cuna de Cervantes.
Año de publicación:
1879 (1ª edición).
Género: Novela.
Pensemos primero que la familia Azaña, ampliamente instalada en Alcalá desde el siglo XVIII como terratenientes agricultores, escribanos, algún cargo judicial y políticos (aunque el hijo de Esteban, Manuel, aparte de político saldrá escritor), era una de las primeras familias liberales y lo seguían siendo, y habían emparentado con los Catarineu, una familia catalana también liberal que tenía una fábrica de jabón exitosa en Alcalá. Por lo que los Azaña también eran empresarios con diversos negocios, algunos fracasados. Eran una familia muy comprometida con ese liberalismo desde el origen y tendente al ala izquierda burguesa (no socialista, aunque Manuel llegara a hacer alianza y amistad con los socialistas). El padre de Esteban, Gregorio, era republicano y había apoyado a la Primera República recientemente extinta en enero de 1874. Y precisamente del periodo de la abdicación de Isabel II en 1868 al golpe de Estado que restaura la monarquía en la familia Borbón en 1874 vienen una serie de conflictos entre los que figuran la Tercera Guerra Carlista, ya que la opción ultramontana del carlismo (esto es: ultracatólicos, ultranacionalistas, monárquicos absolutistas y lo que se diría extrema derecha) ni reconocieron el gobierno de Prim, ni el reinado de Amadeo I de Saboya, ni la Primera República, ni que Alfonso XII de Borbón fuera el nuevo rey, regresado a España en 1875. Terminada esa guerra con la derrota del carlismo en 1874 y restaurado Alfonso XII en el trono, Esteban Azaña se incorpora a la política municipal de la ciudad como concejal, primero. Puede que fuese entonces cuando comenzara a idear su novela, acabada en 1877 y publicada en 1879, pues en ella se deslizan numerosas referencias geográficas y humanas que dan pistas de que la ciudad donde se desarrolla el argumento sea la propia Alcalá transformada o disfrazada de otro lugar. La pasada guerra carlista tendrá su peso argumental en este relato.
Básicamente Ludivina, hija de una familia liberal, se enamora de Arturo, un carlista. Hasta ahí nos podría recordar obras de amores imposibles por los ideales de su familia los cuales son enemigos declarados, véase por ejemplo Romeo y Julieta (1597), de William Shakespeare. Todo es más complicado y truculento. Consuman en acto sexual su enamoramiento... para descubrir un secreto que no sabían: son hermanos. Habían sido separados y se les había ocultado, pero son hermanos. Podríamos incluso intuir una metáfora de las dos Españas enfrentadas, que en realidad vienen de una misma España y se necesitan y complementan, pero aún pudiendo pensar en ello, parece que el autor apuntaba a otro lado, al costumbrista. Este amor se da en una ciudad pequeña de provincias que ni siquiera es capital provincial, lo que de por sí recuerda a Alcalá de Henares en esas fechas. Esto hace que lo que se dibuje sea una sociedad donde este amor se ve envuelto en medio de rumores, calumnias y hasta maldades contra ellos, primeros ignorantes de que son hermanos. Y todo esto en medio de un clima enrarecido entre liberales y carlistas, recordemos la cercanía en fechas del final de la Tercera Guerra Carlista, que no deja de ser una guerra civil.
Cuando Esteban Azaña publica el libro ya era alcalde, como se ha dicho, y ya tenía por entonces como enemigos a los conservadores y ultracatólicos de la ciudad, además de manera muy declarada y abierta. Uno de los periódicos locales llegará a publicar diariamente contra él sobrepasando de lo político a lo personal incluso con difamaciones, lo que provocó que, aún creyendo en la libertad de prensa, tomara medidas legales como alcalde que forzaron el cierre de dicho periódico. Por tanto el ambiente de la novela puede estar recogiendo o expresando de algún modo sus propias experiencias vitales en su vida social y pública dentro de lo que no dejaba de ser una pequeña ciudad. Parte de estas rivalidades seguirán en 1882-1884 cuando publique su Historia de Alcalá. Aparte de lo comentado en estas notas, ya por entonces se le acusó de rebajar los actos de las milicias liberales en el periodo de 1820-1823, en las que estuvo su familia, o de los actos de los liberales en 1868-1874.
En la novela se recoge un episodio similar al de la propia vida de Esteban Azaña, una boda "in articulo mortis", o en castellano: matrimonio contraído con alguien a punto de morir. Esteban Azaña fue obligado por su madre a casarse con Josefa Díaz Gallo, una joven a punto de morir, porque la madre no quería que los hijos de esta quedaran huérfanos desamparados de padre y madre. Esteban se casó a la fuerza de las circunstancias por su madre. Sin embargo, siendo una familia importante de la ciudad, el motivo de la boda oficial no era este, sino uno más corriente y normal, asumible para las costumbres convencionales de la sociedad del momento. Al enviudar, poco después, Esteban entabló una relación con Concepción Catarineu Pujals, que se transformó en su segunda esposa y con la que formó su propia familia, de la que nació Manuel Azaña. Félix Díaz Gallo, hermano de Josefa y que ejerció de tío de Manuel (el cual le tuvo bastante cariño, parece ser) protestó en los tribunales demandando a Esteban ya que su hermana no estaba de acuerdo con el legado que iba a pasar a esa segunda esposa. El proceso fue muy largo y costoso en lo económico, pero se solucionó con el pago de una pensión vitalicia a los herederos de Josefa. Esta situación hacía que la vida de Esteban no sólo se viera afectada de maledicencias políticas, tal vez también de clase social, sino también de rumores malintencionados en lo que afectaba a su vida íntima, privada y personal. Y todo ello, está de algún modo en Ludivina. El episodio de su boda lo narró décadas más tarde el dramaturgo y poeta Rivas Cherif, cuñado de Manuel Azaña.
Así que en cierto modo la novela habla de esa asfixia social de las rígidas morales burguesas que luego en lo privado se saltaban su rigidez. Hay ahí un cierto anhelo de romper sus propios corsés creados por ellos mismos. No es algo único de España, en Reino Unido esto se traducía en lo que se llamó la moral victoriana, por coincidir con el reinado de la Reina Victoria. Sí que es cierto que en España esta moral también es heredera del sentido de la honra y el honor tan reclamados desde el siglo XVI y de un pensamiento ultracatólico, como el de los carlistas, pero no sólo ellos, que quizá cuajó en los entornos más rurales y tienen su reflejo en las ciudades, especialmente de provincias. Pero también es verdad que la década de 1870 en España no deja de ser convulsa, pues también existió la represión a republicanos y socialistas en los primeros años de la Restauración, y la novela de Esteban no deja de estar escrita en esos años, siendo su padre republicano y él liberal. Lo político se mezcla aquí con lo que unos y otros consideraban o no moral y éticamente aceptable. Quizá nosotros en pleno siglo XXI hemos heredado algo de esto, aunque con claves más de nuestra propia época.

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