viernes, 13 de marzo de 2026

La frontera azul

Título: La frontera azul.
Autor: Jorge Matías.
Editorial: Altamarea.
Año de publicación: 2026 (1ª edición).
Colección: Barlovento.
Nº de volumen en la colección: 32.
Género: Ensayo; Memorias; Novela.
ISBN: 978-84-10435-76-6
 
 
Jorge Matías regresa en su segundo libro a tratar de su antiguo barrio en Alcalá de Henares, el llamado oficialmente Polígono Puerta de Madrid, y oficialmente conocido como "El Lianchi". Ya habló de él desde la perspectiva de la alcoholemia en su primer libro, Vinagre (2023), donde aportaba también cuestiones sociales del mismo en el último cuarto del siglo XX y comienzos del XXI. Ahora en este 2026 regresa con La frontera azul, nombre de una serie de televisión japonesa de la década de 1970 que se transmitió en la televisión española durante la Transición y dio lugar al apodo del barrio, pues el territorio de frontera azul (un río) era en torno a Liang Shan Po (un lugar de desterrados y del hampa), que aquí evolucionó a los vocablos Liam Sham Po, que pasó a Gran Champó o Liam Champó, que pasó en diminutivo del argot a Lianchí. Edita en la colección Barlovento de la editorial Altamarea. El libro se publicó en febrero de este 2026 y se presentó en Alcalá de Henares el sábado 14 de marzo, en la librería Diógenes, evento para el cual la librería, el autor y la editorial contaron con quien esto escribe por ser también escritor salido de ese barrio y que, además, aquí nací en su frontera más occidental, justo donde empieza lo que hace muy poco se está llamando Barrio Nuestra Señora de Belén, aunque siempre estábamos a caballo entre El Juncal y El Lianchi. La edición está realizada en tapa blanda solapada, en tono ocre, con lo que parece la imagen fantasmagórica de un clásico coche de la década de 1980, con el capó reventado, en un azul con alto contraste (pues se ha sacado de una foto posiblemente en blanco y negro) y con un grano gordo de offset, al estilo de las máquinas de impresión más deficientes de la época. Un ejercicio de estilo de diseño loable, al estar al servicio de todo lo que el libro es y cuenta, en metáfora, claro está. Igualmente, aparece en la obra una fotografía en blanco y negro a doble página de una de las entradas al Lianchi desde el centro de la ciudad, cercana a lo que sería una de las paradas del autobús que va y viene a Madrid capital. Tal fotografía es propiedad de quien esto escribe, pues fui yo quien la realizó originalmente para un artículo sobre el Lianchi que publiqué en mi bitácora Noticias de un espía en el bar (Noticia 2308ª, de 2024). Aunque en el libro no se menciona mi autoría de tal imagen, soy yo el autor, y concedo su uso, a hecho consumado de estar ya editada y publicada en la edición del libro. No me disgusta el libro y me parece un libro necesario y bien escrito, y coincido con el autor en muchas cosas, aunque difiero un poco en otras, no obstante, yo nací aquí y nunca me fui y puede que algunas visiones estén más desarrolladas en el tiempo en mí, y por tanto evolucionadas en la reflexión sobre la evolución de esas cuestiones. Aún así, sí que es cierto que me hubiera gustado que se mencionara mi nombre como autor de la fotografía. 

Jorge Matías nació en 1974 en Alcalá de Henares (en realidad en un hospital de Madrid por necesidad, como muchos alcalaínos, pues por entonces no había hospital en la ciudad). Como él mismo explica en su libro su familia vivía en otro lugar de la ciudad en sus primeros años de vida. Pensemos además que El Lianchi empezó a construirse en 1970. Se trasladaron al nuevo barrio, de carácter humilde y obrero, pero también con un fuerte componente marginal de las barriadas de Madrid, y muy abundante de las chabolas de Vallecas y del Pozo del Tío Raimundo, lo que le dio, esto es inevitable de mencionar, un componente característico también racial, mucha población era gitana y merchera (o quinqui). Eran casas de protección oficial que en principio iban a ser todo un barrio de lujo para militares y guardias civiles retirados, por ello se construyó en hormigón (para amortiguar posibles atentados con bomba) y con ajardinamientos y una peatonalización alta que contaba, además, con rampas para sillas de ruedas, todo muy innovador y anticipado a su tiempo. Con el deterioro de salud de Franco y su muerte, y con la ambición de eliminar las barriadas marginales del cinturón de Madrid capital, se quiso evitar una concentración de militares retirados tan cerca de Madrid, y pasaron a ser pisos de protección social. Se dejó en cierto modo abandonadas a su suerte sus infraestructuras, como el agua, la electricidad, el alcantarillado, la educación, etcétera, y por ello el Liam Champó pasó en parte al diminutivo Lianchi, ya que se hacía la broma de "chin luz, chin agua, chin ná". No obstante, el barrio fue también uno de los más reivindicativos por estos temas y por temas sociales de ayuda a la gente que lo necesitara... y también a dependientes de drogas o de alcohol. No es baladí que cuando ocurriera la intoxicación del síndrome tóxico en 1981 fuera en este barrio donde se creó la primera asociación de afectados que llevaron el caso a los tribunales. 
 
Como sea, el autor se trasladó con su familia al barrio en su niñez, y aquí vivió la misma y su juventud y primeros años adultos, antes de irse a otro lugar a vivir, sin abandonar nunca su raíz, pues su familia vive aquí. Él vive hoy día en Madrid. En su primer libro ya comentó que superó sus excesos con el alcohol. Se hizo obrero del sector metalúrgico, pero es también escritor. Aunque a fecha de hoy sólo tiene los dos libros mencionados, publicados ya con una edad avanzada, es un abundante autor en prensa de columnas de opinión, reseñas literarias, crítica de cine y crónicas de crímenes y de espectáculos, apareciendo en La Huella Digital, La Voz de Asturias, elDiario.es, La Marea y Jot Down, por el nombre de las cabeceras se puede entender que tiene también una perspectiva y compromiso social de izquierdas. 

Al igual que pasara con la primera obra de Jorge Matías, es difícil de decir qué género es exactamente. En un principio es claramente un ensayo. Pero es un ensayo porque a la vez son unas memorias del autor. Pero a la vez están escritas de una manera ágil que puede pasar por novela. Unas memorias noveladas... pero a la vez no es exactamente eso. Y a la vez de todo, también es ese ensayo de crítica social que, a la postre, hace algo de Historia, sociología y periodismo. Entiendo que son una mezcla de memorias del Lianchi contadas de modo algo novelado, desde su punto de vista entre niño y joven a caballo entre finales de la década de 1970 y fundamentalmente las décadas de 1980 y 1990, quizá haya algo de los primeros años 2000, por contraste con mi propio recuerdo y conocimientos del lugar. No deja de ser también un testimonio para la Historia de Alcalá de Henares, y de su sociedad más obrera y más depauperada y marginal, incluso de sus trabajadores más desfavorecidos y de los de las fábricas que han ido desapareciendo, especialmente tras la Gran Recesión de 2008, pero algunas ya antes en la crisis económica de la década de 1990. Tiene un valor testimonial muy claro. Pero también tiene algo de la agilidad de una novela, sin serlo exactamente. 
 
El libro tiene su cosa. Está bien escrito y, evidentemente, bien documentado. Recoge perfectamente todo un ambiente de la época y todo un carácter social y su deterioro. Hay una clara perspectiva del mundo obrero de Alcalá, no siempre tratado ni bien recibido en otros autores que prefieren centrar su atención en la Alcalá cultural y la sociedad que se crea en torno a ello y a sus instituciones. Y aunque esa otra sociedad organiza asociaciones que han tenido peso en el último cuarto del siglo XX y comienzos del XXI, es de recordar que de Puerta de Madrid (El Lianchi), Reyes Católicos, Nuestra Señora de Belén, El Juncal, San Francisco de Asís y Nuestra Señora del Pilar, pero sobre todo y especialmente de los cuatro primeros barrios mencionados, nació una nueva fuerza y sangre obrera que revitalizaron este municipio en su vida desde lo obrero, obreros que nutrieron esa Universidad que monopoliza todo análisis de Alcalá en muchos autores e instituciones. Y que de esos barrios nacieron numerosas asociaciones e iniciativas de las que la ciudad ha tenido auténticos motores sociales, como la citada del síndrome tóxico, pero también en petición de un hospital propio, de colegios, asociaciones de ayudas a alcohólicos y a drogadictos (no nos avergoncemos de esto), primer barrio en acoger una iglesia cristiana no católica, aunque también con iglesia católica, identificados con el origen romano de Complutum, y donde la gente suele ser altamente solidaria entre sí, hasta el punto que algunas personas de otros barrios llegaron a decir en algún momento que parecemos un municipio en sí mismo. Aunque altamente abandonados por el ayuntamiento, salvo en años electorales y momentos puntuales. Lo que aumenta el deterioro material y social. No obstante, Estos barrios, núcleo original del Distrito II, hoy día aumentado con barrios de renta media, contienen en sí un fuerte grueso del número de habitantes de la ciudad y, a falta de que revisara el siguiente dato que tomé hace un par de años, es también la barriada más afectada por la ida de las industrias de la ciudad, y por tanto con más problemas de empleo y de pobreza. Y es precisamente estos problemas, problemas que se mencionan y detallan en el libro con el recuerdo de sucesos, prácticas comunes y casos concretos ocurridos en ese último cuarto del siglo XX, primeras décadas de existencia del Lianchi y barrios colindantes citados.
 
La marginalidad y el abandono municipal y social quedan retratados en este libro que honra a la vez tanto a los obreros y trabajadores en general del barrio, como a aquellas otras personas de mundos más marginales, casi o directamente lumpen, e igualmente de los que vivían de delincuencia, pero anota, y esto es importante, causas posibles de ello y problemas que lo agravan, así como esa especie de gueto social que hace el resto de la ciudad del barrio mismo. Entra en el alcoholismo de algunos padres de familia, y la violencia machista, el desempleo crónico, la organización de aquellos que se juntan para trapichear o para organizar peleas de perros (esto ocurría, yo llegué a ver una de gallos andando por la calle, no paré, hace muchos años), las demencias (personificada aquí en un pirómano), los señalados (personificados en un hombre que lee y se instruye, pero el bario mismo le frena y le señala en el resto de la ciudad y dentro del barrio mismo, cada uno por razones opuestas), el mundo de los chatarreros, la pobreza extrema como elemento a heredar de generación en generación, los que se lucran beneficiándose del otro, las gamberradas infantiles, el cine de verano cerrado de la calle Andrés Saborit, posteriormente sede de una peña festiva, Los Jardineros, y en realidad propiedad particular de una familia, etcétera. Y pasa además por el efecto de los fenómenos culturales de la cultura de masas, como es el cine y las serie orientales, como la que dan nombre popular al barrio, que durante los años 1980 hizo que muchos se aficionaran al kárate y al judo... y a la falsa creencia de pensar que se sabía manejar algunas armas como los nunchakus. O nos trae las costumbres de las mujeres que se sientan con sus sillas en la calle, los bajos comerciales hoy transformados en viviendas (algunas por ocupación), el bar marisquería que nunca ejerció de marisquería, los personajes más peculiares de una época en el barrio, la heroína de los años 1980, los coches robados, las escaseces materiales y las cosas que las sustituían...

En cierto modo esta visión complementa la que contaba Antonio Moreno en su novela  Saltando sobre los charcos (2025), una novela muy llena de recuerdos personales del autor en su infancia y juventud entre los años 1970 y 1980, coincidiendo en época y en ciudad, Alcalá de Henares, con Jorge Matías. Y no muy lejanas en el espacio. Recordemos que Moreno menciona El Juncal y Reyes Católicos, así como El Val y Vía Complutense. Mientras Jorge Matías nos da la perspectiva del barrio obrero más marginal en esa época, Moreno nos daba otra perspectiva más amable de barrio igualmente obrero y humilde, pero más cercano a la mal llamada clase media, no era clase media, seguían siendo obreros, pero no caían en aspectos marginales y se entregaban más a elementos ce la cultura popular y de masas. Pero es evidente que por contraste se complementan. Es curioso que se hayan escrito estos dos libros cercanos en el tiempo entre sí y tratando de unas mismas épocas desde la visión infantil y juvenil de hijos de obreros en la ciudad. Y quizá es que la ciudad está reclamando conocer su historia social y no sólo aquella que atraiga a turistas. La gente quiere recordar, que se recuerde y hacer ver las realidades que también son de Alcalá. Pero probablemente también quiere reivindicarse y ubicarse y hacerse visible. Gente ya adulta regresa a traernos aquella Alcalá de su juventud y quizá es que ya toca hablarnos como adultos de nuestras propias épocas.

Lo dicho, un libro creo que necesario, que sirve de novela, que sirve de ensayo, que sirve de memoria para la Historia actual, que sirve de explicación testimonial de lo social que menos se quiere mencionar entre aquellos que más salen en los medios de comunicación locales. Existimos, somos, esa es la voz.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

No hay comentarios:

Publicar un comentario