Autores: Manuel Moncayo Molina (poema); Javier Rivera (coordinador) y Macarena Moralejo, Vicente Sánchez Moltó y Francisco Peña (análisis).
Editora: Editorial Universidad de Alcalá.
Año de publicación: 2024 (1ª edición); 2025 (2ª edición, revisada; prólogo: José Vicente Saz, rector de la Universidad de Alcalá.)
Género: Poesía; Historia; Biografía; Literatura; Ensayo.
ISBN: 978-84-10432-23-9
Género: Poesía; Historia; Biografía; Literatura; Ensayo.
ISBN: 978-84-10432-23-9
Dentro de los actos conmemorativos del 25º aniversario del nombramiento de Alcalá de Henares como Patrimonio de la Humanidad a finales de 2024, la Universidad de Alcalá presentó la primera edición de un libro llamado Alcalá de Henares en 1654, el cual tenía un enorme subtítulo que era el título original de un poema que se publicaba por primera vez en la Historia, pero que fue escrito en ese año 1654: Descripción de la Villa de Alcalá de Henares que hizo Don Manuel Moncayo de Molina, natural de la villa de Villaescusa de Haro, siendo cursante en ella, de edad de 18 años. Año de 1654. En octavas. Presentó por entonces el libro Javier Rivera, que a la postre era el coordinador de una serie de ensayos con análisis históricos, biográficos y literarios. Rivera es Catedrático de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá y era presidente de aquellos actos conmemorativos. Él mismo era coautor de uno de los ensayos, siendo la otra parte Macarena Moralejo, profesora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. Los otros autores de los ensayos eran Vicente Sánchez-Moltó, cronista oficial de Alcalá de Henares y archivero, y Francisco Peña, doctor en Filología, profesor honorífico de la Universidad de Alcalá y miembro del Instituto Universitario de Investigación Miguel de Cervantes. El libro tenía por prologuista a José Vicente Saz, rector de la Universidad de Alcalá. Todos estos textos evidentemente fueron escritos en 2024 con motivo del hallazgo fortuito en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de un poema escrito en 1654 por el citado Manuel Moncayo Molina. En 2025 el libro alcanzó un número alto de ventas, por lo que fue revisado y editado por segunda vez por la Universidad de Alcalá, con colaboración de la Asociación de Amigos de la Universidad de Alcalá. Tuvo en los últimos meses de ese 2025 una repercusión mediática reforzada de la que ya tuvo de por sí en 2024, siendo algo inusual y extraño en medios locales que esto se produzca, como por ejemplo en Cadena SER Henares, que llegó a ofrecer hasta dos entrevistas a dos de los autores, uno de ellos colaborador habitual en una de sus secciones de Historia.
La portada, en tonos pardos, reproducía la vista de Alcalá de Henares en el siglo XVII creada por Pier Maria Baldi, conservada en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, la cual es una pintura muy próxima en fecha de creación a la del poema escrito por Moncayo. Diseñó la portada Ronda Márquez. Aunque el texto principal de toda la obra es el poema, no se incluyó como autor a Manuel Moncayo, tan sólo aparecieron los autores actuales que analizan ese poema y su contexto alcalaíno en el siglo XVII. debería haber figurado Moncayo, sin cuyo poema no habría sido ideado ni creado ese libro. Su nombre sólo aparece en contraportada.
El libro contaba con los citados ensayos, una bibliografía y la transcripción a un castellano cercano al actual del poema, más la reproducción llamada facsímil, aunque en realidad fotográfica en color, del documento con el poema manuscrito de Moncayo, hallado en el legajo 18, número I, en la signatura 9/7272 de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia. Con lo que aporta también un valor archivístico y paleográfico para aquellos interesados en estos conocimientos, su análisis y práctica. El poema fue encontrado de casualidad ahí por Macarena Moralejo, quien al ponerlo en conocimiento de Javier Rivera, fue animada a su análisis interdisciplinar con el resto de autores para su publicación en libro, con objetivo de darlo a conocer públicamente.
En realidad pueden existir más documentos como este en el mismo archivo y otros por los que se desperdigó los fondos de la Universidad de Alcalá tras su desamortización en el siglo XIX y su ir y venir de un sitio a otro hasta nuestros días. Quien esto escribe, por ejemplo, anota que en los fondos de los archivos del exilio de la Agrupación Socialista de París se encuentra una letra de himno para Comisiones Obreras que escribió un exiliado y que nunca llegó más allá que a carta a aquella agrupación. A menudo numerosos textos interesantes no terminan de pasar de las manos de los archiveros y de los historiadores por no encontrar ni medios, ni instituciones o personas que quieran darles altavoz, siendo frecuente que quienes sí lo encuentren son personas que de por sí son en sí un altavoz mismo gracias a sus relaciones profesionales por ejemplo en la Universidad, o por relaciones de amistad con personas que trabajan en medios de comunicación.
Rivera y Moralejo abren el libro con un ensayo sobre el urbanismo y la arquitectura de Alcalá de Henares en las fechas en las que Moncayo escribió su poema, así como el contraste entre lo que este cita y la realidad física. Se ajusta muy bien el conocimiento de Moncayo con la documentación histórica que nos hablan de esa urbe, aunque en algún detalle Moncayo difiere, tal vez porque en su época se asuma algo como hecho que sobre papel aún no lo era, aunque fuera a serlo. Es una villa cerca de ser nombrada ciudad, y a veces se deslizan ideas en ese sentido, o bien no cuadran del todo el número de colegios activos en ese momento. Moncayo nos llama a reflexión en eso, aunque los autores descartan dar la razón a Moncayo. En todo caso, hay un sesgo proclive a una visión católica de la Historia, sin ahondar en los vacíos que en este sentido pueda dejar el joven poeta del XVII. Su mayor aporte más innovador es el análisis que hacen del seguimiento de lo que pasó con toda la documentación y archivos de la Universidad de Alcalá cuando fue desamortizada en el siglo XIX, especialmente la documentación del Colegio Máximo, el cual era el ubicado en la Calle Libreros y ligado a la iglesia de Santa María, de carácter jesuita, y que al haber sido expulsada la orden por un tiempo en el siglo XVIII tiene mayor trasiego y dispersión por diversos archivos actuales.
Sánchez Moltó reitera una interpretación de la Historia de Alcalá desde los edificios
y la arquitectura, por enésima vez en las historiografías alcalaínas, aún a pesar de que esta vez esté
justificado dado el carácter del texto que da pie a ello. Su aporte va en la dirección de tratar de dar algo de luz sobre quién fue Manuel Moncayo. Dado que en su poema pone especial atención a los edificios que tienen que ver con los jesuítas y a la orden religiosa misma, se cree que debió ser un estudiante de teología ligado a la orden jesuíta. No obstante, su poema fue encontrado entre los documentos de las celdas del Colegio Máximo, pudo ser un ejercicio de retórica y poesía, o un entretenimiento. Al contar con 18 años, nació en 1636, en la citada Villaescusa de Haro, municipio en el que se barajó hacer una Universidad antes de elegir Alcalá de Henares. Puesto que fue mandado a estudiar, debía ser de una familia con posibles económicos, así como que le apadrinó una persona cuyo apellido era un apellido importante en la aristocracia. Se ignora si acabó los estudios y, hoy por hoy, no se han encontrado más referencias sobre él, aunque es posible que su nombre aparezca en otros documentos de diversos archivos, sólo que no ha transcendido o no se han encontrado dado que no se trata de una persona que se hiciera notable en su tiempo como para transcendernos. Es hoy, gracias a su poema a los 18 años, que ponemos su nombre en la Historia.
Francisco Peña nos explica y desgrana los significados literarios del poema. No es un poema de una calidad destacable, nos dice, aunque dado lo raro de encontrar estos documentos tan antiguos, cobra relevancia, y más especialmente por su descripción de Alcalá, donde, por cierto, cita a Cisneros, San Diego, al beato Julián (al que da por santo), San Félix, Santos Justo y Pastor y otros notables, aunque no cita a Cervantes. Pudo hacerlo, no obstante Cervantes sí citó escritores de Alcalá, no sólo santos. Evidentemente Moncayo tiene un sesgo claramente católico prácticante hasta el punto de interpretar la Historia y el mundo desde esa visión. También podría ser que nos dé le dato de que Cervantes no estaba puesto de relevancia en Alcalá en esas fechas.
Moncayo escribe muy estrictamente su poema en un estilo puramente barroco. Con referencias mitológicas grecorromanas entrelazadas a veces al mundo cristiano, especialmente a la Virgen María (concreta con la Virgen del Val y habla incluso de la ermita del Val, tan alcalaína y donde los estudiantes celebraban fiestas). Tiende a los cultismos, aunque se le cuela mucho lenguaje común. Pudiera tener así cierta influencia de Góngora, sin alcanzarle. Se desliza una muy marcada ideología propia del Concilio de Trento, que en esos años se estaban desarrollando férreamente en España, como pueda ser esa devoción por la Virgen, por los santos, por las reliquias (habla de las Santas Formas guardadas en Alcalá), las procesiones o el carácter evangelizador de los propios jesuítas, y hasta cierto punto de la labor de Cisneros en ese sentido, aunque no menciona la Biblia Polígrota.
Escrito en octavas, tal como el título índica, y muy propio en la época para crear poemas elogiosos, va apuntando de un tema a otro, desde la arquitectura a sus personajes, de sus santidades a sus tradiciones, de la Universidad y sus colegios a la ciudad en sí, de la que llega a hablar de sus cuatro fuentes de agua e incluso del Palacio Arzobispal como palacio de arzobispos y reyes.
Sea o no sea un ejercicio de un joven Manuel Moncayo, este tipo de poemas siguen haciéndose hoy día, como por ejemplo en el libro de José Clavero, Alcalá, un poema (2024), donde podríamos hacer una comparativa poética de lo que pone en valor y describe Moncayo en el siglo XVII y lo que pone en valor y describe Clavero en el siglo XXI.
Moncayo entra en los autores alcalaínos con su poema tan descriptivo de la ciudad de su época, muy centrado en la Universidad y lo católico, con todo su barroquismo, y tras dormir trescientos setenta y dos años en el silencio. Si era el poema de un joven estudiante de 18 años, hoy es un poema barroco de amor a Alcalá de Henares y su Historia... una Historia que aún no había visto a Alcalá como ciudad, pero sí con esplendor. No es baladí que nos cite sus dos mil estudiantes, aunque en otras épocas hubo más. Es un poema escrito justo en el momento en el que la Universidad todavía no está en su declive total, pero comienza. Aún así, Moncayo observa a Alcalá y a su Universidad con toda grandeza. Algo muy alcalaíno.
(...)
Distante de la villa está una ermita
de María del Val, sagrada aurora
perla fina, preciosa margarita
que del cielo riquezas atesora
pues vale al que a validos solicita
valerse humilde de tan gran señora
siendo a la mar amarga calentura
triaca, confección, vida y dulzura.
(...)
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

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