Título: Cuaderno del que calla.
Autor: Francisco José Martínez Morán.
Editorial: La Garúa.
Año de publicación: 2026 (1ª edición).
Colección: Poesía.
Nº de volumen en la colección: 117.
Género: Poesía.
ISBN: 979-13-990034-8-2
Francisco José Martínez Morán publicó un nuevo poemario en febrero de 2026, Cuaderno de que calla. Como es habitual en él, lo hizo con una editorial diferente al del resto de sus poemarios. Esta vez lo hizo a través de La Garúa, la cual creó una cuidada edición de cubiertas rugosas y tonos grises con un muy ligero y casi imperceptible tono ocre, en ella se estampa a modo de faja la imagen de una acuarela en blanco y negro donde la figura de un hombre aparece parada en contraluz en medio de lo que pudiera ser un río o un suelo plenamente mojad y blanco que lleva a un fondo de claridad rodeado de la oscuridad de lo que pudiera ser una ribera llena de oscura vegetación inhóspita, o tal vez cualquier otra cuestión en oscuridad, a sugerencia del espectador. La metáfora de esta imagen juega al servicio de la temática poética del nuevo poemario, pues esa oscuridad y esa luz desconocida y ante la que no se avanza, sino que se la mira parado en medio de un camino de la nada es la metáfora de un momento vital que no expresa en cada uno de los poemas el poeta. La acuarela no viene con autoría. Nos queda anónima. En todo caso, la edición es una edición elegante, de buen papel y buena tipografía. En contraportada aparece un pequeño texto de la poeta Marina Casado que nos menciona los claroscuros, ya sugeridos con la citada acuarela, y hace hincapié en la soledad y la inocencia del que no se siente parte de la realidad. Al margen de esta interpretación de Marina, es de anotar el libro, así como expresamente uno de los poemas, está dedicado a ella. Martínez Morán ya contó con Marina para que actuara en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares durante el Ciclo de Poesía del Corral que él mismo organizó de 2014 a 2018. Igualmente, Martínez Morán lleva unos años participando de una sección de una sección cultural radiofónica en Cadena SER Henares dedicada a la reflexión poética, "A pie de página", de carácter semanal, y es precisamente ahí, en la misma cadena, donde Marina Casado ha tenido su propia sección cultural semanal dedicada a la poesía y su análisis. Sección que ha durado (de momento) hasta febrero de este 2026, en cuyo último programa de despedida se mencionó precisamente este libro. Ella le acompañó en la primera presentación del libro, que se produjo en la Biblioteca Rafael Alberti, de Madrid capital.
Precisamente Cadena SER Henares le entrevistó en 27 de febrero, un día antes de la presentación del libro en Alcalá de Henares, en el Hostal "Hostel Complutum" (y una semana después de que Marina asado hablara de él en la misma emisora). Evidentemente la especial atención a su obra al dedicarle hasta dos programas tiene parte de su base no sólo en su calidad de poeta, sino también de colaborador cultural en el canal. Como sea, allí Francisco José Martínez Morán explicó que le poemario se basa en gran parte en la recuperación fortuita de un cuaderno que tuvo perdido por dos años, en el cual tenía anotados poemas, pensamientos y esbozos de poemas en prosa. Buena parte del nuevo libro tiene la recuperación y adaptación de muchos de aquellos poemas, aunque otros tantos se quedaran fuera, y la añadidura de nuevos poemas, por ejemplo dedicados a su hija (hay tres dedicados a ella). Por ello el libro se divide en partes que nombran metafóricamente un cuaderno. Recuerda a la vez a un libro anterior de 2021, Los cuadernos de frío, y menciona que aún hay un tercer cuaderno con poemas del que podría salir otro libro, por lo que los poemarios en torno a cuadernos formarían una futura trilogía.
El autor nos da en la misma entrevista otras pistas como la que le indicó el locutor, la luz como metáfora, alegoría y símbolo que atraviesa absolutamente toda su obra, cosa que corroboró el autor incluso para la interpretación de toda su vida. Precisamente el primer recopilatorio que se ha publicado de su obra contenía la luz en su título, Materia de luz (Poemas 2006-2023) (2023). Otra clave son las numerosas referencias a poetas más o menos recientes del siglo XX como Ángel González o Gil de Biedma. Y coincide en lo que ha continuación analizaré en el carácter preocupado por el paso del tiempo en relación a la existencia, así como la importancia del silencio y la palabra maximizando todo lo posiblemente a decir con esos silencios.
Martínez Morán lleva ya un tiempo largo tendiendo a la poesía breve, con este poemario llega a su máxima expresión dentro de su obra hasta la fecha, puede que la siguiente obra siga o no este sentido. Algunos poemas llegan incluso a ser un sólo verso, a veces dos. Esos versos pueden hacernos pensar en si caen o rozan el aforismo.
Con cuantísima muerte a las espaldas
pisamos por primera vez el mundo.
Sin embargo, en otras ocasiones parecen más que aforismos o poemas, puras reflexiones o sentencias del autor.
Vuelvo, como si eso significara algo.
Sea como sea, a juicio del lector, pues estos poemas cobran mayor sentido como poemas si están dentro del conjunto del poemario y su motivación central, Martínez Morán profundiza así en un camino de la brevedad, de expresar lo máximo en lo mínimo, que ya había iniciado en sus poemarios más recientes. Un camino, por otra parte ya comentado en otros libros de más autores en esta bitácora, que parece afianzarse como una de las tendencias y las características de los poemarios de lo que va en estas primeras décadas del siglo XXI, quizá acordes a ese mundo que mira y admira la brevedad a través de la expresión de las redes sociales. Puede que adoptado como recurso, o como expresión mental propia de una forma de crear lenguaje en esas redes, que en sí, salvo alguna excepción, imponen por cuestiones técnicas (y en el fondo económicas de la empresa que las sostiene) textos de caracteres reducidos, videos de tiempo reducido, o bien simplemente imágenes, en las que algunos usuarios logran crear sus textos y mensajes dentro del espacio que les ofrece el recuadro del tamaño de una foto. En todo caso, llevados por esto o no, o algo de ello pudiera haber, autores y autoras especialmente jóvenes tienden a los poemas tan breves que parecen aforismos o que si bien los sobrepasan no terminan de desarrollar todo lo que pudiera, en persecución de la brevedad de la expresión. Algunos autores ya no tan jóvenes (tampoco viejos), como es el caso de Martínez Morán publican cada vez más este estilo, este recurso, de la brevedad. Tienden a ello de manera natural, encuentran en ello su expresión actual, una expresión de decir mucho en poco, y sobre todo encuentra hueco en los silencios.
Dentro de esta deriva de la brevedad, Martínez Morán también ahonda en algo que en los poemarios está ahí: el existencialismo, el sentido de lo vivido, cuando lo vivido es ido. Tiene en esta ocasión una conciencia plena del paso del tiempo y de la destrucción de lo vivido en una lucha entre el papel a jugar del recuerdo y del olvido, llegando a conclusiones como aquellas que al final quedará en el recuerdo aquello que quede escrito en el papel, por lo que nos habla de un recuerdo ajeno, el que él construya en el lector para después de su ser. Reflexiona sobre el tiempo que queda por delante, cuando por delante ya no hay tanto tiempo como el que quedó por detrás.
Pienso mucho en la muerte, en el temblor
sin límites del cuerpo que se aleja
hacia la nada. Sé
de la caducidad inexorable:
pregunto por el cuándo y por el cómo,
por el dolor que habré de atravesar.
Sergio García, antiguo locutor de SER Henares que tuvo también a Martínez Morán de colaborador, escribe el 25 de febrero en una de sus redes sociales sobre este libro valorando que Martínez Morán se vuelve más que nunca del filósofo Kierkegaard en esta obra. Algo de eso hay. El existencialismo es muy evidente en el conjunto del poemario, un existencialismo marcado por la angustia individual e intransferible, una angustia dolorosa para el ser, que era precisamente parte de las ideas de Kierkegaard sobre la vida y la existencia. Ante el deseo de ser sólo hay angustia, porque el ser individual se deshace, se va, y es el deseo mismo el que nos crea angustia. El filósofo nos hablará de la capacidad de elección, incluso responderá a Schopenhauer, que ante la misma cuestión abraza el budismo para contener el deseo y neutralizar el dolor, pero adaptándolo al mundo occidental. Kierkegaard no apostará por la negación del deseo, si no por la elección activa y no pasiva, puesto que el dolor es existencial sería la fe el que lo supere, la idea. Martínez Morán no da esa clave, ni de Kierkegaard ni de Schopenhauer. Simplemente nos muestra el problema que ellos señalaron. La angustia creada por la existencia. Nos muestra la angustia de saberse ser y saber que se va ese propio ser. Su poemarío es puro nudo sin respuesta.
Terminará la luz
y no te habrá bastado.
Es, como diría Blas de Otero, fieramente humano. Pero lo vivido, lo sido, es parte del ser, y eso queda ahí. El poemario es también toda una reflexión filosófica del sentido de la vida, del sentido de la existencia. De su devenir, de a dónde fue y de a dónde va, pero también, ineludiblemente, ¿qué papel juegan lo sido pasado y lo ser por venir en el ahora, en este ahora que nos angustia ante la conciencia plena de toda esta problemática, de ese tremendo choque de la realidad de ser conscientes de la vida? A veces, responde en algún poema, somos construcciones de nosotros mismos, hacemos un relato de nosotros mismos, y a veces son mentiras, nos dice en algún poema, pero los hacemos pasar por verdades y a su modo son verdades de nosotros.
Lástima que la luz fuese mentira,
que no hubiera un atisbo de verdad
al cabo del destello:
solo tramoya hueca,
mapas emborronados,
señales inconexas, islas falsas,
tardía certidumbre del desastre.
Qué sucia necedad en el fracaso;
qué desperdicio el labio hecho silencio.
El labio hecho silencio, al fin y al cabo, la palabra, lo que de nosotros queda, lo narrado. Qué gran desperdicio de vida si lo narrado queda al cabo del tiempo en el silencio. Y ese inicio de este poema, interpretable de diverso modo según el lector, que nos puede ofrecer también la visión de duda o de afirmación sobre sobre una posibilidad de vida tras la vida, o que el sentido que se le dé a la vida fuese al final pura tramoya, escenario falso porque la vida fuera caos y accidente y no hubiera sentido alguno, salvo el que se ha vivido y se ha creído en señales falsas a las que uno se hubiera entregado.
Este es uno de los que yo metería entre los mejores poemarios de Martínez Morán. Es más duro de leer en el sentido de que nos invita a la reflexión poética, muy rica en metáforas y alegorías no obvias, pero sobre todo también a una reflexión filosófica sobre la existencia y su sentido. Poesía y metafísica, o quizá ausencia o cuestionamiento de la metafísica. Nihilismo, tal vez. Poemario existencialista y puede que nihilista. Que nos insinúa un temor, una angustia, una amenaza: la nada.
Poemario necesario e imprescindible de leer de entre los poemarios de Francisco José Martínez Morán.
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

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