Título: Primera parte de la Galatea, compuesta en seis libros.
Autor: Miguel de Cervantes Saavedra.
Editor: Blas de Robles.
Impresor: Juan Gracián (Alcalá de Henares).
Año de publicación: 1585. (1ª edición).
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Título: La Galatea.
Autor: Miguel de Cervantes Saavedra.
Editorial: Penguin Books / Penguin Clásicos [España].
Año de publicación: 2016 (1ª edición, editado por Florencio Sevilla Arroyo).
Colección: Clásicos.
Nº de volumen en la colección: [No hallado].
ISBN: 978-84-9105-163-3
La primera obra en prosa que publicó Miguel de Cervantes fue La Galatea, en 1585, aunque su título original era Primera parte de la Galatea, compuesta en seis libros. Nunca llegó a haber una segunda parte. A pesar de que Cervantes dijo que esta primera novela tuvo gran éxito y gustó mucho, no hay nada que nos haga pensar en ello. Primero porque nunca publicó esa segunda parte y como publicó esta primera tras una serie de primeros éxitos teatrales pero con una vida llena de penalidades económicas, se hace difícil pensar que si publica algo con gran recibimiento no llegue a publicar la prometida segunda parte para sacarle de sus penalidades económicas del todo. Segundo porque tras esta publicación se aparte del mundo literario público para dedicarse a ir de un lado a otro de Andalucía como recaudador de impuestos (y algún periodo de cárcel por malversar fondos). En ese periodo escribirá varias novelas cortas de las llamadas ejemplares, pero tampoco las publicará, sólo cuando tenga edad avanzada retomará el asunto con El Quijote, y con es el éxito de este sí se anima a publicar todo lo que no había publicado y a escribir cosas nuevas. No se ha hallado absolutamente ningún escrito que pueda ser la prometida segunda parte. Y la cosa es que Cervantes dirá que se va a publicar la segunda parte hasta la misma fecha de su muerte, y reivindicará el éxito y las excelencias de La Galatea hasta la saciedad toda su vida. La mencionará en algunas de sus Novelas ejemplares, aparecerá entre los libros de don Quijote y, más aún, algunos de sus personajes saldrán ahí, a veces con nombres cambiados, será elogiada en Viaje del Parnaso, que incluso será una réplica del Canto de Calíope de uno de los capítulos de la propia Galatea, y en la obra póstuma de Los trabajos de Persiles y Segismunda llegará a afirmar que se publicará la segunda parte. Ni se publicó, ni consta que haya sido escrita, ni siquiera bosquejada. Pareciera una broma más de Cervantes, quien, además, crea todo un mundo propio de metaliteratura donde él aparece de obra en obra y en el que La Galatea es el eje transversal en todas, pues en todas está, de un modo directo o indirecto. Más aún, en la propia Galatea anticipa los argumentos de obras que aún no había escrito, pero que sí escribiría y, esas sí, con éxito. Como sea, en principio se considera que es una novela inconclusa, aunque, opinión personal, puede que no sea tanto así y que Cervantes se anticipa aquí a lo que hoy día llamamos finales abiertos. Quienes sí escribieron una segunda parte a la obra, algo impostado, son el francés Jean-Pierre Claris de Florian y el español Cándido María Trigueros ambos independientemente en el siglo XVIII.
Puede, eso sí parece más factible por lo que se da a entender a lo largo de las obras y escritos de Cervantes, que la obra se la diera a leer a varias de sus amistades literatas de Madrid y de Alcalá de Henares, y a ellas sí les gustase y la considerasen de valor destacado. De hecho, entre las personas dedicadas a la novela pastoril debió tener impacto, pues por ejemplo en 1587, un año y medio o dos después del libro de Cervantes, González de Bobadilla publicó Ninfas y pastores del Henares, que parece una más que clara alusión a los pastores del río Henares que salen en La Galatea. Pensemos que Cervantes fue rescatado de su presidio en Orán como preso de guerra en 1580. Al año siguiente le encomiendan una misión en la misma Orán, pero en 1582 ocurre algo a tener en cuenta para la novela que nos concierne, a la vez que empieza a relacionarse con los grupos de escritores que andan por Madrid y empieza a escribir y sacar a escenas algunas obras de teatro, entabla contacto con Antonio de Eraso, Secretario del Consejo de Indias, al que le solicita un cargo de funcionario en Indias. Eraso se lo negará, pero será él mismo quien en 1585 concederá permiso real para publicar el libro, superando la censura y estableciendo el precio de cada ejemplar. Se piensa que es posible que La Galatea comenzase a escribirse en ese 1582, pues en la obra algún personaje hará referencia alegórica al propio Eraso, quizá un intento de alagarle para ver si le concedía lo solicitado. Por otra parte, por un texto del propo Cervantes y la fecha de fe de erratas firmada por Lucas Gracián, el libro estaba terminado y presentado a las autoridades pertinentes para su publicación en 1584, pero esa publicación se produjo en 1585. Quien puso el dinero, o sea, quien hoy sería considerado editor, fue Blas de Robles. Se imprimió y publicó por primera vez en Alcalá de Henares, en la imprenta de Juan Gracián, parece ser que amigo de Cervantes, por otra parte. Hoy día se sospecha que el edificio de su imprenta, o sea donde se imprimió La Galatea, es el actual edificio en ruinas (a la espera de rehabilitación) que se encuentra en la calle Gallo, donde estuvo la Fábrica de Hielo Gallo en el siglo XX y comienzo de XXI, cerca del Callejón del Horno Quemado. Por otro lado, los formularios y su respectivo expediente para pasar censura se conservan hoy día en el Archivo de Protocolos de Madrid, donde el propio Cervantes contesta por escrito ser natural de Alcalá de Henares.
Como edición moderna he escogido la realizada por la Editorial Penguin en 2016, a cargo de Florencio Sevilla, el cual no sólo creó una edición crítica, sino que realizó todo lo que se podría considerar un libro de texto para estudiantes de filología, con ejercicios propuestos incluidos a final del libro. Aunque su introducción a la obra me parece didáctica y pertinente, su clara orientación a la filología pura hace que algunas partes de su análisis sea algo farragoso para quien no es filólogo. Pero es una edición muy útil. Aviso a futuros lectores, si se busca una lectura ágil tendrá que buscarse una edición diferente, pues esta ha decidido conservar el castellano y las expresiones que escribió Cervantes, sin tratar de actualizar nada, por lo que muchas veces la lectura se hace o complicada o pesada, aunque con la insistencia se logra uno habituar (bajo riesgo de escribir después faltas de ortografía al quedarse en la mente formas de escritura del siglo XVI). En todo caso es curioso que la portada, a la contra de esta conservación de lo original, optó por mostrar una cara más moderna y actual con unas ovejas conceptuales y näif en un campo verde donde, ignoro el porqué, hay un paraguas, del que sólo me explico su color rosa (color habitualmente atribuido al amor, a las historias amorosas, las novelas rosas y a la prensa del corazón, llena de chismes sobre los líos amorosos de unos y otros).
Cervantes le dedicó el libro a Ascanio Colona, en ese momento abad de Santa Sofía, que en la década de 1580 estudiaba en la Universidad de Alcalá de Henares, tras pasar por la de Salamanca, y llegaría a ser Cardenal y Virrey de Aragón. Era hijo del Duque de Pagliano. Cervantes pudo haberle conocido cuando era militar en la década de 1570 en Italia, al servicio de Claudio Acquaviva, general jesuita. Sin embargo el libro no deja de ser un constante homenaje a sus amigos. Como algo muy propio de Cervantes, y que muchos autores, incluido quien escribe, han seguido, muchos de sus personajes son precisamente amistades de Cervantes, aunque él les pone otro nombre. se sabe que son ellos por las muy evidentes referencias biográficas que les dota. También él aparece en la obra, lo que ha hecho que muchos biógrafos de él desde el siglo XVII a la actualidad hayan querido encontrar respuestas a sus silencios biográficos leyendo esta y otras obras, pero sin ignorar que la realidad y la ficción pueden estar cruzándose en cada historia. Así por ejemplo, durante el proceso compositivo de La Galatea se sabe que el autor tiene un hija con Ana Franca de Rojas, pero a los pocos meses se va a Esquivias, donde se casa con Catalina de Salazar, y si Cervantes tenía 35 años en 1584, ella tenía entre 18 y 19 años de edad. No se conocen los detalles de todo lo ocurrido en la vida privada de Cervantes, ni porqué conocía a aquella joven, pero el personaje que evidentemente es Cervantes en esta obra protagoniza un capítulo en el que defiende el desamor y los agravios que provoca el amor, que es contestado por otro personaje acerca de lo positivo y lo beneficioso del amor. El personaje que encarna Cervantes será en el libro el que esté psicológicamente más trabajado con una evolución que va desde descreído del amor a profundamente enamorado y capaz de entregarlo todo de sí, para luego volver a enojarse con el amor al sentir haber sido engañado por la mujer que le enamoró. Todo en un periodo de tres días.
Tiene más peso en lo biográfico hasta dos extensas partes en dos capítulos diferentes en el que dos personajes narran un pasado bélico donde intervienen barcos, turcos, berberiscos y presidios de guerra. La narración de las batallas, la violencia, violaciones, crímenes y otros actos de guerra tienen mucho más detalle que el restos de historias de amor que componen el libro. Tienen tanto detalle y profundidad que pudieran ser o recuerdos de guerra y presidio de Cervantes, o el uso de los mismos para hacer la narración. Hay que recordar que esto mismo ocurrió también en su obra de teatro Numancia, escrita e interpretada el mismo año de 1585 en el que saca La Galatea. En ambas obras la guerra no sale como cuestión de honra o como algo justo, sino como algo horrible a evitar, y, en este caso como algo horrible que lleva a realizar actos horribles para sobrevivir. Pudiera ser que la escritura le sirviera a Cervantes en 1585 como terapia post traumática.
Sea como sea, Cervantes mete la metaliteratura al introducirse como personaje en la obra, y al meter a sus amistades escritoras. Él mismo escribirá una introducción donde habla de "disfrazados pastores", o sea: que sus pastores encubrían personas reales. Él es Lauso; dos poetas y escritores del género silvopastoril de Alcalá de Henares y amigos íntimos de Cervantes serán personajes centrales que dirimirán entre los amoríos de todos los demás pastores, son Francisco de Figueroa como Tirsi y Pedro Laínez como Damón; Luis Gálvez de Montalvo será Siralvo; Diego Hurtado de Mendoza será Meliso; Alonso de Ercilla podría ser Larsileo, aunque el secretario de Felipe II, Mateo Vázquez, que también fue poeta, podría ser ese Larsileo según algunos estudiosos. Y es que hay figuras políticas que también aparecen como personajes encubiertos, no sólo la posibilidad de Mateo Vázquez o el citado Eraso, también está Juan de Austria como Astraliano, hay quien apunta que aparece Felipe II y hasta políticos portugueses. La lista realmente es interminable, pues en la novela aparecen ni más menos que más de ochenta personajes, pues es una novela coral, y a estos se les ha de sumar nombres reales de poetas que son citados. Sólo en el episodio donde aparece el "Canto de Calíope" se nombran más de cien poetas españoles y algunos italianos del momento a los que cuáles se elogia como lo mejor de la poesía actual de aquella época. No deja de ser llamativo que muchos después esta idea central alimentará prácticamente lo que sería Viaje del Parnaso, donde se citarán muchos de los citados en esta novela. Entre ellos, en ambas obras, aparece Lope de Vega y es elogiado, aún cuando se sabe de la enemistad entre ambos, habría que repensar cuál era el grado de enemistad real entre ellos. Hay que señalar que la diosa Calíope se aparece sobrenaturalmente a los pastores en la vega del río Tajo cuando celebran los funerales de Meliso, personaje que en este momento podría enlazar con la muerte de otro poeta afamado en la época y no sólo con la figura de Diego Hurtado de Mendoza.será el único momento místico y fantástico de la obra. La diosa mencionará a los poetas más destacados agrupándolos por cuencas fluviales de la península Ibérica y del norte de Italia (aparece Dante), recordando al capítulo de La Eneida, de Ovidio, donde a Eneas se le muestran quiénes serán sus descendientes. Los pastores quedan impactados ante el hecho sobrenatural, pero ida la diosa deciden guardar silencio y continúa la historia como si nada hubiera ocurrido.
Cervantes muestra en esta obra un extenso conocimiento y gusto por las obras clásicas de la antigüedad especialmente escritas por Ovidio. Hay referencia a la citada La Eneida, del mismo autor no paran de salir referencias a Las Metamorfosis, también hay bastante de La Odisea y La Iliada, de Homero. Y no sólo hay citas o referencias y paralelismos a lo largo de la narración, o mención de personajes y dioses, estilísticamente Cervantes incluso usa recursos de esas obras y construcciones sintácticas y narrativas que recuerdan sobre todo a Ovidio y al latín antiguo. Quizá síntoma y pista sobre que Cervantes tenía estudios universitarios bastante completos, como las últimas investigaciones en archivos parecen apuntar a que así es.
Los nombres de las mujeres nos parecen hoy día personajes de ficción, pero bien podrían ser también mujeres que conociera Cervantes, e incluso mujeres poetas que se nos escapa hoy día que existieron o quiénes eran, pues hay que recordar que, dentro de los parámetros de su época, Cervantes era más abierto a otorgar a la mujer derechos similares a los del hombre. Galatea, que es la que da nombre a la novela aunque no parece que este protagonismo le dé el protagonismo de la obra (aunque ejerce de eje vertebrador para que entren y salgan personajes), Teolinda, Nísida, Silveria, Rosaura y otras aparecen como pastoras amadas o deseadas, pero también como pastoras activas en lo amoroso y que también cantan, componen poemas y actúan. Destaquemos aquí a Gelasia, una pastora que no quiere tener ninguna pareja y desea ser libre y disfrutar de su propia vida. Efectivamente, recuerda poderosamente al personaje que será Marcela en El Quijote. Y es que, como se ha dicho, en esta obra aparecen personajes e historias que aparecerán en casi todas sus obras posteriores, cuando no se citará la existencia del libro mismo. Cervantes creaba sí su mundo expandido, su metaliteratura y, a la vez, se hacía publicista de su propia obra.
La novela pastoril era una novela de moda en el siglo XVI, principalmente entre la nobleza y las clases sociales adineradas. Sería una especie de literatura burguesa, por así decirlo. Básicamente son un género en sí mismo. No se podría decir que eran exclusivamente novelas de amor. Eran algo más. Evidentemente lo principal era contar historias de amor que debían superar conflictos, pero en ellas la prosa se mezclaba con la poesía (mucha de ella en octavas, pero combinadas con otras modalidades) y hasta con cierta teorización del amor en sentido filosófico y metafísico, hubo quien incluso incluyó la mitología. La novela pastoril que puso muy de moda el género fue Los siete libros de la Diana, de Jorge de Monteamayor, publicado en 1559, cuyo éxito provocó que se transformara en un modelo a seguir por el resto de escritores del género, incluido Cervantes en esta Galatea. Este tipo de novela potenció la poesía silvopastoril, de las que los citados Francisco de Figueroa y Pedro Laínez fueron dos de sus máximos representantes.
Básicamente una serie de pastores y pastoras salían a los campos de las riberas de los ríos con sus rebaños y allí realizaban encuentros acordados o fortuitos para recitarse, cantarse y contarse sus amores o los amores de otros. En algunas novelas había elementos metafísicos y fantásticos. En cierto modo recoge bucólicamente un ambiente rural que explica de aquella manera vidas en el campo, con sus comidas y siestas a la intemperie, mientras se canta con instrumentos musicales para pasar el rato. Por cierto, un dato, en estas novelas los sonetos y otras formas compositivas se dice que se cantaban, no que se recitaban. Dato a tener en cuenta aquellos que en el siglo XXI denuestan las composiciones musicales cuando premian a un músico en calidad de poeta.
Así pues, los libros de caballería y los pastoriles eran las novelas de moda en ese siglo XVI. Cervantes prueba suerte primeramente con la novela pastoril, como hemos visto abandonará el publicar hasta que no pruebe suerte con la burla a las novelas de caballería en el comienzo del siglo XVII. Y precisamente en su novela de burla a las de caballerías, como se ha dicho, le introduce personajes y situaciones de su propia novela pastoril... Y lo hace también burlándose de estas, pues algunas situaciones como una boda que los pastores celebran como si fueran refinados nobles en La Galatea, de repente en El Quijote aparece como una boda esperpéntica y zafia entre gente ruda. Eso por poner un ejemplo entre varios. Será en Los trabajos de Persiles y Segismunda que Cervantes escriba de las novelas pastoriles que nunca escuchó nombres de pastores y pastoras que fueran Dianas, Larsileos, Galateas, sino nombres más comunes y rudos, ni vio pastores refinados disfrutando de un día del campo con sus rebaños, si no personas con cuerpos castigados por el trabajo en el campo, fatigadas y de modales hoscos, con gustos y conocimientos menos finos que en todas las novelas pastoriles. Cervantes carga contra la novela pastoril como carga contra la de caballerías. Denuncia así que el gusto de los poderosos por leer sobre un mundo más amable con ellos y a su medida, a espaldas de la realidad de la sociedad, hizo que se crearan esas obras que distorsionaban la realidad. Pensemos que precisamente a lo largo de su obra él se acercará más a las clases bajas y desfavorecidas, que a las más altas. Es un autor con cierta conciencia e ideas propias.
Pero el momento compositivo de La Galatea aún es otro, Cervantes necesita dinero y le gusta escribir, trata de hacer una novela al gusto de la época, quizá influido por sus propios amigos, varios de ellos autores del género. No se oculta a nadie que detrás de los pastores y pastoras de estas obras había un ambiente de Corte. Los pastores y pastoras se reúnen para sus cuchicheos y sus fiestas, y para concertar sus negocios y sus acuerdos. Las historias de amor es lo picante, la guinda de estas historias. Cervantes además aprovecha para exponer su poesía, pues él siempre aspiró a ser reconocido como poeta. Era admirador de Garcilaso de la Vega y este aparece de manera encubierta desde los versos de la primera página y posteriormente, pero no sólo sale así, es que además a veces hay citas encubiertas a versos suyos y hasta en alguna ocasión usa su manera compositiva. Cervantes también usa en esta obra cierta medida escénica muy teatral, más que novelesca. Quizá porque estaba más acostumbrado por entonces a escribir teatro. Los pastores y pastoras se mueven entre las riberas de los ríos Henares, Jarama y Tajo a lo largo de diez días que sirven como escenas de teatro, entrando y saliendo por la derecha o la izquierda del campo, equivalente al escenario.
Es una novela aún renacentista, pero Cervantes, quizá llevado por su forma de traducir a Ovidio, comienza a hacer algo inusual entre los que escriben: retuerce la sintáxis en ocasiones, usa retorcimientos, alarga las reflexiones, lo claro no está tan claro, hay que reflexionar, mete, por así decirlo, unos primeros atisbos de lo que sería la literatura barroca, de la que él es máximo exponente en España. Pero no llega a ser del todo barroco aún, es, repito, renacentista, aunque seguramente a más de una persona le chocaría esas pequeñas innovaciones, para bien o para mal de la acogida de la obra. Más aún, la novela hispana estaba muy influenciada por la italiana petrarquista. Aunque Cervantes sigue algunas de las pautas de Petrarca a la hora de desarrollar su prosa aquí, rompe una muy básica: las novelas italianas son breves, él escribe una obra muy extensa y aparentemente inacabada. Fue otra cosa que debió chocar.
Sigue, eso sí, ese compendio de historias de amor, poesía, mitología y filosofía de la teoría del amor. De hecho La Galatea es todo un compendio sobre el amor que da lecciones sobre el mismo. Cervantes demuestra un enorme conocimiento de todos los sentimientos amorosos. El correspondido, el no correspondido, el de distancias, el carnal, el ideal, el sentimental, el que hace sufrir, el que hace disfrutar, el de celos, el de tríos, el de los conflictos entre familia o amistades, etcétera. Sus análisis sobre todo tipo de situaciones personales acerca del amor son perfectamente vigentes hoy día, siguen funcionando psicológicamente y quizá una persona en estas del amor pueda encontrar en estas páginas algo que le sea útil por familiar. Y es que de la filosofía neoplatónica que impregna la parte teórica del libro, propia de la época, donde el amor es algo ideal e inalcanzable, mezclada con el petrarquismo que habla de los contrarios, Cervantes introdujo una innovación que los escritores del género le reconocieron y trataron de imitar: presentó casos prácticos del amor en todas sus circunstancias. Ya no sólo se hablaba del amor, sus personajes vivían esas historias de amor.
La historia central es la de Galatea, que es amada por dos amigos a la vez, Elicio y Erastro. Ella no da muestras de amar a uno o a otro, por una cuestión de su honorabilidad (entendida en la época como recato y no dar de hablar a la gente del pueblo). Esto hace que su padre termine acordando un matrimonio de ella con un pastor de Portugal, con la idea de unir a los pastores de todo el Tajo. Es otra innovación de Cervantes, en una novela de amor mete una crítica política, pues este matrimonio hace referencia a la unión del Reino Hispánico con Portugal en esa década de 1580 por las políticas matrimoniales pasadas de los Reyes Católicos, que Felipe II rentabiliza en ese momento. A mitad de novela, las historias de amor se intercalan con sucintas referencias y críticas políticas muy encubiertas, pero a ojos de hoy, palpables. Pensemos que pasó censura en su día. La cosa es que Galatea no quiere al hombre con el que se tiene que casar por respeto a su padre, es en ese momento en el que confiesa en secreto a Elicio que le ama a él, pero debe cumplir la voluntad de su padre. Y justo ahí, cuando Elicio logra que los otros pastores del Henares y el Tajo se unan para recuperar a Galatea, se acaba la novela sin que lo hayan hecho. Por ello está inconclusa, pero teniendo en cuenta que Cervantes nunca escribió la segunda parte, se puede entender que en realidad es un final abierto y, teniendo en cuenta la vida privada del autor respecto a las mujeres, en realidad está diciendo otra cosa: que quizá las normas morales tan rígidas de la época impiden la libertad de las personas y hay que ignorarlas en algunas partes, porque en resumen Galatea, por no decir claramente a quien ama, se ve obligada a pasar el resto de su vida sin su amor verdadero.
Aún así, Galatea es el eje vertebrador de la obra, pero no es especialmente el personaje principal. A lo largo de los capítulos se suceden numerosas historias de amor y de desamor, y hasta una boda, una muerte violenta, una muerte natural, una aparición divina... La llegada de los pastores del Henares a la altura del Tajo, mencionándose de manera velada a Alcalá de Henares, pero despojándola de su carácter universitario y arzobispal. La mayor parte de las historias protagonistas son los que en principio serían personajes secundarios, se da así el curioso caso de que los personajes protagonistas parecen secundarios, y los secundarios parecen los protagonistas. Es una novela coral, sí, y su eje es Galatea y sus enamorados, pero estos son los que dan pie a introducir a todas esas voces de su alrededor que, con sus historias, conforman el grueso de la novela.
Tenemos el caso de un trío con celos con un asesinato incluido, el caso de una confusión amorosa, el caso de un amor no correspondido, el caso de un engaño, y otros tantos. Hay en ello incluso una larga y extensa proclama sobre los celos como algo pernicioso y perjudicial que no son algo que se puedan considerar amor, que los celos no son amor y pueden llevar a cosas contrarias al amor (visión muy contracorriente en pleno siglo XVI español), a pesar de que Cervantes, quizá por no contravenir del todo al pensamiento general de su sociedad dice que los celos vienen del amor y son el mayor de los sufrimientos. Los pastores y pastoras, en igualdad de condiciones, sin distinción de género sexual, se reúnen a lo largo de las diez jornadas de pastoreo para chismorrear entre ellos sobe amores y desamores y sobre quién hizo qué, cuándo, dónde y porqué. En medio de todo ello, expresan sus propios sentimientos e historias y teorizan sobre los porqués de las cosas que sienten.
Se podría pensar que esta novela está compuesta de novelas cortas, o bien que la novela agrupa relatos breves. Relatos breves que interrumpe matemáticamente en dos mitades distribuidas cada historia en los seis libros o capítulos de la obra. La técnica, muy de Cervantes, será la misma ya depurada que use en El Quijote, y será lo que hoy por hoy se acepta como la base de la creación de la novela moderna y actual. No hay duda, La Galatea anticipa mucho del mundo literario posterior de Cervantes, en lo técnico y en lo argumental. Algunas innovaciones cervantinas ya asomaban en esta primera novela.
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".


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