sábado, 11 de julio de 2026

Historia de un desencuentro. España y Japón. 1580-1614

Título: Historia de un desencuentro. España y Japón. 1580-1614.
Autor: Emilio Sola Castaño.
Editorial: Fugaz Ediciones.
Año de publicación: 1999 (1ª edición).
Colección: Pro-Logos (Humanidades). 
Nº de volumen en la colección: 4.
Género: Novela.
ISBN: 84-88494-09-2

 

En los primeros meses de este año 2026 el catedrático Doctor en Historia Moderna, cervantista destacado, poeta y novelista reconocido Emilio Sola, ahora jubilado, recibió un homenaje en el teatro Sala Margarita Xirgú, del sindicato Comisiones Obreras (CCOO) por su larga y muy fructífera trayectoria. Su experimentación en prosa (también en poesía) es clara y evidente, como se dijo en La novela secreta (1996), o en la que fue su primera novela publicada, por la que fue galardonado de manera importante, Los hijos del agobio (1984), obra con la que le presentamos en estas notas y de la que derivan muchas claves para entender parte de su poesía y relatos posteriores. Pero muy evidentemente Emilio Sola es historiador, y como tal sigue escribiendo y publicando en electrónico cosas de sus investigaciones sobre la red de espías al servicio de España o de Turquía en el Mediterráneo del siglo XVI, lo publica en su muy querida página Archivo de la Frontera, reconocida por la UNESCO. Como ya se comentó en su día, él termina sus estudios a mediados de la década de 1970, entre el tardofranquismo y los primeros años de la Transición. Entre viajes por otros países mediterráneos completando sus investigaciones llegó a tener un bar en la calle Libertad de Madrid, en el momento previo a los años de La Movida. Bar por donde pasaron caras que posteriormente destacarían precisamente en La Movida madrileña, donde se respiraba mucha libertad y hasta por donde pasaron varias de las personas de la CNT aún en la clandestinidad que pronto iban a ser legalizados. Bar, La Vaquería, que terminó abruptamente por una bomba de Los Guerrilleros de Cristo Rey, pero bar también donde él reunió a un grupo de gente con los que se creó todo un mundillo creativo, también  reflejado en su obra. En ese contexto él seguía investigando, como se ha dicho, y fue el final de esta etapa que llevó a viajar más en busca de documentos por Italia, Turquía, Argelia... Así fue formando su más que reconocida y muy enriquecedora formación cervantista que le ha ubicado como una de las personas que han aportado novedades sobre el conocimiento de la vida de Cervantes en relación a su contexto en su tiempo. Sin embargo, también de esta etapa está su atracción por los mundos de frontera y de ahí salen las investigaciones sobre su tesis doctoral, nada más y nada menos que acerca de un tema que por entonces era muy desconocido y poco tratado, las relaciones internacionales entre España y Japón en el siglo XVI. 

Llegó a publicar algo de aquella en 1977, fue en la revista Cuadernos de investigación histórica, y su artículo era "Relaciones de España y Japón durante el gobierno en Filipinas de los gobernadores Ronquillo de Peñalosa y Santiago de Vera: la aparición de un partido castellano-mendicante en Asia". Volvió a dar más a conocer de sus investigaciones en 1978 y en 1979, publicando en dos partes un artículo en el Boletín de la Asociación Española de Orientalistas, el artículo era: "Relaciones entre España y Japón. 1580-1614. Apéndice documental". Pero estas publicaciones se le quedaban cortas para dar a conocer el asunto en toda su dimensión a la gente en general para aumentar el conocimiento de nuestra propia Historia. Así que publicó en 1980 por primera vez todo lo que íntegramente había investigado. El libro se llamó Libro de las maravillas del Oriente Lejano. Y desde ahí, como catedrático en Historia Moderna refirió este apartado de la Historia española, europea y universal a sus múltiples generaciones de alumnos en la Universidad de Alcalá de Henares, y a todo aquella persona que se acercaba al tema, fuera de donde fuera, ya de España o ya de otro lugar del mundo. De hecho, las universidades japonesas le tienen puesto en gran valor por haber sido una de las pocas personas que ha profundizado en este tema y el primero en tratarlo dándole un trato más cercano a la realidad histórica y menos a la interpretación histórica de la Iglesia católica.

El tema no volvería a ser abordado con esa seriedad hasta que en 1991 Juan Gil publicó Hidalgos y samuráis. España y Japón en los siglos XVI y XVII, que ampliaba más los conocimientos que Sola comenzó a dar a conocer desde la década de 1970. Fue ese mismo año de 1991 que Emilio Sola decidió participar de las I Jornadas sobre España y las expediciones científicas en América y Filipinas, donde dio una ponencia que se publicó como artículo en las actas de tales jornadas, "Precedentes de las expediciones al Pacífico: Sebastián Vizcaíno en Extremo Oriente". Con todos estos precedentes se produjo el hecho en la Universidad de Alcalá de Henares que se puso en marcha la primera promoción de Humanidades en 1998, y fueron alumnos de esa promoción, con su delegado a la cabeza, quienes animaron a Emilio Sola a publicar de nuevo en libro sus conocimientos. Esta animación fue aumentada por la creación de un grupo de orientalistas dentro de la carrera de Historia, formado por antiguos alumnos, en la misma Universidad, que es donde él era catedrático. A estos dos motores de animación, o reanimación, para que Sola retomara el asunto hispano-japonés se le sumó un tercer factor, tres amigos personales de Sola le estimularon para que volviera a coger sus investigaciones y las terminara con todo lo nuevo que se había ampliado y con su propia investigación y reflexión, fueron ellos Kenichi Yamaguchi, Agustín Y. Kondo e Hidehito Higashistani. Así que Emilio Sola se puso manos a la obra con el apoyo para editar de Japan Fundation en España. Así publicó en 1999, con Fugaz Ediciones, Historia de un desencuentro. España y Japón. 1580-1614, que es el libro que nos ocupa hoy.

El asunto interesó a la prensa española generalista en junio de 2013, cuando visitó España el por entonces príncipe heredero de Japón, Naruhito, hoy día emperador desde 2019. No interesó por su valor histórico y la divulgación del conocimiento, sino por un hecho anecdótico como es que en el pueblo de Coria del Río, en Sevilla, hay descendientes de japoneses que llegaron a España en el siglo XVII, en 1613. Se trató de la primera embajada desde Japón que llegaba con japoneses a suelo español. Esto es importante escribirlo así, pues la prensa española de la época trastabilló el conocimiento y vino a propagar que aquella fue la primera embajada entre España y Japón en la Historia, no siendo así, como bien se conocía de manera estudiada desde comienzos del siglo XX, y como bien claro dejó Emilio Sola desde la década de 1970. En todo caso, la visita de Naruhito a España se debía precisamente a que Japón celebró en 2013 los cuatrocientos años de las primeras relaciones internacionales con Europa con muchos actos y mucha atención. Siendo que los primeros europeos con los que tuvieron contacto eran portugueses y españoles. Sin embargo, el amplio desconocimiento de este asunto en España hizo que lo que para Japón era una celebración importante de Estado, para España apenas era una curiosidad, una anécdota y un chascarrillo. Y aún con todo el conocimiento actual sobre el tema y la publicidad que mejor o peor hizo la prensa en 2013, la gran mayoría de españoles desconoce este asunto y en los programas educativos ni se trata ni se menciona.

Japón a finales del siglo XV vivía una crisis política y social igual que Europa. Se trataba del forcejeo por el poder y una nueva forma de gobierno que llenaba de rebeliones y guerras civiles entre los nobles y el poder real. En toda Europa en general el paso de la Edad Media a la Edad Moderna se forja con la centralización del poder en la figura de la autoridad del rey o del emperador, según el caso, y la distribución del mismo según convenga al Estado, al reino o imperio. En Japón ocurría lo mismo en fechas similares. Todo ello en medio de cambios económicos, nuevos conocimientos científicos y nuevas percepciones del Arte y del mundo. A la vez, había todo un mundo revuelto en lo religioso, el mundo de las creencias andaba agitado, curiosamente en todos los credos, en esos momentos. A lo largo del siglo XVI Japón aún se gobernaba por shogunatos, siendo el más fuerte el Ashikaga, llamado también Muromachi. Pero a lo largo de las décadas de ese siglo XVI la autoridad de los Muromachi fue cuestionada y hubo de enfrentarse militarmente a otros shogunes en determinados momentos, lo que eran las dichas rebeliones y guerras civiles que llevaban a la unificación política del país. A lo largo de todos esos conflictos iban ganando poderes y cargos los Tokugawa, siendo de hecho los hombres fuertes del poder y los que en la práctica controlaban la política, hasta que en 1603 se impusieron como dinastía reinante abriendo la era Edo, y donde Japón era para Asia una potencia tan poderosa como España lo era para Europa. 

Es en ese contexto que los primeros europeos que conocen la existencia de los japoneses y los primeros que toman contacto son los portugueses, cuando unos mercaderes lusos que viajaban en un barco chino sufren un naufragio que les lleva a tomar tierra en una de las islas de Japón en 1543. Sin embargo, la llegada previa de Magallanes y Elcano a las islas Filipinas en 1521 abrió posteriormente una polémica sobre qué país europeo debía tratar con los japoneses. Al demostrarse que La Tierra es esférica el Tratado de Tordesillas ponía sobre el mapa a Japón más cerca de la zona de influencia española que portuguesa, pero por ese mismo razonamiento, Filipinas caía en la zona portuguesa. Caso diferente, pero no lejano en este conflicto diplomático, fue el de Brasil en América. España había estado tratando con los filipinos sin apercibirse de la existencia de los japoneses hasta que los portugueses tomaron ese primer contacto en 1543 e iniciaron por un lado un trato comercial y por otro comenzaron a enviar religiosos jesuitas para evangelizar en el cristiano a quienes de hecho eran budistas. En juego estaba todo un problema no sólo geoestratégico, sino también económico, pues Japón demostraba tener plata, sedas valiosas, obras de Arte muy elaboradas y un tráfico comercial con China que ponían en circulación numerosas especias, el producto más buscado en esa zona del mundo. Aparte, tenía una calidad armamentística notable. Quizá por ello España se quiso asegurar Filipinas como territorio español al mandar al conquistador y descubridor Legazpi, que pasó a ser el primer gobernador español de Filipinas en 1565. Desde ese momento los españoles tendrán un comercio más directo con China, pero también con piratas japoneses y algunos comerciantes de Japón que solían llegar a las costas filipinas, especialmente a Manila. 

La investigación de Emilo Sola tiene estos precedentes, pero comienza profundizar a partir de 1580, año en el que las relaciones directamente con Japón se hicieron profundas entre el Emperador español, Felipe II, que ese año anexoniaría Portugal y sus territorios por herencia dinástica, y el Emperador japonés Hideyoshi Toyotomi. Ambos se intercambiaron embajadas y cartas desde aquel mismo 1580, en el caso español pasando por el Virrey de Filipinas, quien también tenía iniciativas propias cuando consideraba que alguna respuestas se retrasaba desde Madrid. Curiosamente Toyotomi y Felipe II morirían los dos en 1598 con una semana de diferencia, lo que abrirá una nueva etapa en las relaciones, pues su heredero no era muy fuerte política y militarmente, siendo el realmente fuerte un miembro de los Tokugawa. Esto abrirá enfrentamientos bélicos en Japón que se mezclarán también con la toma de posición de los españoles con unos u otros shogunes en liza, intentando equilibrar por un lado, y por otro adivinar quien saldría victorioso. España optó por apoyar la línea oficial hasta ese momento de Toyotomi, pero se hace evidente que en 1603 triunfan los Tokugawa y comienza su reinado con recelo hacia los españoles, un recelo que intenta aminorarse hasta que todo queda roto en 1614, quedando vedado Japón para españoles (aunque alguno regresó por su cuenta y riesgo en 1620), y cerrándose a lo largo de la década de 1630 a otros europeos, incluidos portugueses, hasta que no vuelva a abrirse Japón al mundo forzado militarmente por Estados Unidos en el siglo XIX.

Si Portugal, antes de ser parte del Imperio Hispano (o Español) tomó contacto con los japoneses a través del comercio y los jesuitas, los españoles, cuyo inicio es haciendo frente a los piratas japoneses o comerciando en Manila, comienzan a tomar un contacto al estilo portugués a partir de aquel 1580 en en el que Portugal se integra con España, pero innova: comienza también un contacto diplomático al más alto nivel de Estado, entre emperadores, lo que no descartaba tratar diplomáticamente también con diversos shogun y ellos con el Virrey de Filipinas. Es por ello que España se transforma en el primer país occidental en tratar con Japón, aún cuando los portugueses ya andaban por allí.

Los españoles consideraron por razones económicas y políticas que los jesuítas portugueses estaban tratando una evangilización de japoneses proclive a Portugal y esto podría perjudicar a España en el futuro, por lo que comienza una especie de partido castellano formado por diversas órdenes mendicantes, entre ellas franciscanos como principales adversarios de los jesuitas en entender la evangelización, pero también la política. Hay en esto ya un cruce de intereses muy mezclado al que se une el recelo del Virrey de Nueva España de que el flujo de plata y oro mexicanos vaya hacia Filipinas y Japón, no recibiendo América unos beneficios equivalentes, y el recelo del Vierrey de Filipinas de perder la exclusividad de intermediario del mercado con Nueva España y con China. Japón por otro lado quería poder comerciar directamente con Filipinas, pero igualmente con Nueva España. Aparte, llegaron a plantear la conquista de Corea, de la que España sopesó si intervenir a favor de Japón, e incluso se barajó la idea por parte hispano-portuguesa de invadir China, cosa que Japón creyó locura. Aunque sí había un interés común en combatir la piratería chino-japonesa entre Macao-China-Filipinas-Japón. Además, Japón quería que España le enseñara a construir grandes buques transoceánicos y le enseñara la navegación en alta mar, para no depender de los marinos españoles yendo a Nuevo México. Sin embargo, no hubo español ni japonés que no desaconsejara a Felipe II conceder esto, dándole a entender que aquel reino no era como los imperios americanos que se encontraron décadas antes y que existía un peligro real de que si aprendían todo esto un día podría tener un problema expansionista de Japón, sobre todo porque, valoraban todos, tenían buenas armaduras, buenas armas y combatían de una manera más entregada y violenta que los europeos (de hecho se sorprendían de la crueldad de las penas de muerte en Japón).

Sumemos ahora que algunos traductores enturbiaron algunas conversaciones por hacer una mala traducción, que las costumbres diplomáticas japonesas eran muy diferentes a las europeas e implicaban una ética y código de regalos previos no siempre comprendidos por los españoles, que algunos de los diplomáticos españoles no entendieron que el emperador japonés no era súbdito de España, o que aunque hubo japoneses evangelizados, Japón era budista y con tanto evangelizador creyeron que los españoles planeaban invadir Japón, pues eso les contaron los jesuítas portugueses y, años más tarde los primeros holandeses que llegaron hasta allí en plena guerra de Flandes. Por otro lado varios tifones hundieron barcos con importantes cartas diplomáticas japonesas y españolas, así como regalos de Estado y eso empeoró la comunicación, pues una parte del diálogo quedaba perdido y daba lugar a malentendidos, máxime cuando el Virrey de Nueva España, pro su parte, a veces retrasaba las cartas desde España. De todo esto, quizá el regalo de España a Toyotomi más impactante fue un elefante, pues nunca habían visto ese animal.

Lo innovador que no pudo ser de todo esto fue el ofrecimiento por parte del emperador de Japón al emperador de España de repartirse áreas de influencia en el mundo a un nivel político-militar, y una cooperación al estilo de las alianzas militares del siglo XX. Proponía asistencia mutua de ayuda ante los enemigos de España entre Japón y América y mutua también entre los de Japón y Asia, entendiendo que España-Portugal también estaba en Asia y por tanto había enemigos comunes. Esta propuesta no fue entendida o directamente no fue valorada. Nunca fue, aún cuando los japoneses ejecutaron a algunos piratas japoneses que habían asaltado Filipinas y a sus familias completas

En 1597 se produce la ejecución de cristianos predicadores jesuitas en las playas de Nagasaki, producto de la destrucción por parte de estos de unas figuras de budistas. Se había prohibido predicar el cristianismo por los varios desencuentros de este tipo y ellos se encontraban clandestinamente allí cuando fueron descubiertos. Este episodio por sí solo ya movió una gran actividad diplomática para permitir de nuevo la predicación, que fue en manos de los franciscanos, cuyos métodos eran otros. Así que como se ve no fue la misión diplomática japonesa de 1613 el primer contacto diplomático Japón-España. Se venían produciendo desde 1580, con encuentros y desencuentros. Desencuentros que aumentarán con los innumerables malentendidos con los Tokugawa, empezando porque estos eran profundamente budistas, recelaban de los cristianos, especialmente con historias que les contaban numerosos piratas holandeses y miembros de la Compañía de las Indias Orientales, enemigos de España que comenzaron a llegar a comienzos del siglo XVII. De hecho ya se había enviado alguna misión diplomática japonesa a Europa a través de al ruta portuguesa, bordeando India y África, principalmente para verse con el Papa de Roma, pero las primera embajadas se producen de España y Portugal hacia Japón. La embajada de 1612-1613 de Japón a España sí fue la primera autorizada directamente por el emperador japonés para verse directamente con el emperador español, Felipe III y con el Papa y hace la ruta española a través de América, pues les interesaba aprender la navegación y la construcción de grandes buques.

El libro publicado en 1999 contaba con una cubierta sencilla de cartón blando en verde que reproducía la cubierta del primer libro del Quijote (Cervantes, 1605-1615) traducido al japonés en 1915. Fue idea y diseño del fallecido escritor alcalaíno, profesor y amigo de Sola, Óscar Ayala. Hay detrás una inmensa investigación que implica archivos europeos y asiáticos, así como muchos años, ya expuestos. Aunque está escrito dentro de la deontología de la Historia de manera impecable y precisa, usa de un lenguaje fácil de asumir y se estructura de una manera cronológica que facilita entenderlo incluso como novela, aunque es evidentemente Historia pura y dura, con sus datos y sus referencias documentales.

Previamente a este enfoque de Emilio Sola existía conocimiento del tema desde comienzos del siglo XX a través de pequeños escritos enfocados habitualmente a una Historia evangélica y a un punto de pista de la evangelización y del cristianismo, dando un sentido únicamente cristiano y de martirio, incidiendo en los mártires de Nagasaki. Más allá de ello, había apenas pequeños apuntes o reseñas en algunos capítulos de libros de Historia, a manera de mera anécdota y sin atender, por ejemplo, que el asunto llegó a ser tratado como moneda de cambio para lograr la paz en Flandes, hasta el punto de barajarse la posible renuncia a Filipinas. Pero la influencia de este primer contacto entre Japón y Occidente que resultó tan frustrante para ambas partes y provocó el cierre de Japón hasta el siglo XIX, es algo vital para la evolución de la Historia Universal y es así donde cobra una importancia gigante. Pues al despertar de nuevo Japón en el siglo XIX, ya conocemos su evolución de cómo lo hace hasta los sucesos que protagoniza en el siglo XX. Emilio Sola hace su oficio de historiador y saca de un encasillamiento meramente de historia de la evangelización o de mera anécdota para poner el asunto sobre lo que es la Historia, que es también lo militar, lo económico, lo social, lo cultural, lo político, no sólo lo religioso.  

España con Portugal fuimos el primer contacto y trato de los japoneses con Occidente. Este hecho es valorado en las relaciones bilaterales hoy día en Japón. No es baladí que en 1998, un año antes de la publicación del libro de Sola, Japón celebrase por todo lo alto el cuatrocientos aniversario de la muerte de Toyotomi y haber sido él el que protagonizó el conocimiento de que existían los occidentales, así como su relación con España. No es baladí que la Japan Fundation apoyara la publicación de este libro, o que en 2013 el actual emperador japonés, por entonces príncipe, viniera de visita a España en el cuatrocientos aniversario de la primera embajada de Japón que llegó a España. No es baladí que las universidades japonesas le den la importancia al asunto que no se le da en las españolas, y que dentro de eso tengan un reconocimiento a Emilio Sola.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

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