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viernes, 4 de septiembre de 2026

Bala extraviada

Título: Bala extraviada.
Autora/es Tabachkova (poemas); Javier Tejedo (ilustraciones, sólo 2ª edición).
Editorial: Kalamo Books (1ª edición); Bala extraviada (2ª edición, autoedición).
Año de publicación: 2018 (1ª edición; Prólogo de Carlos Salem; agradecimientos I de la autora); 2025 (2ª edición; Prólogo de Carlos Salem; agradecimientos I y II de la autora).
Colección: La poesía mancha (1ª edición); [Fuera de colección en la 2ª edición, el Ministerio de Cultura indica en la página oficial de la base de datos del ISBN de libros editados en España: Puesta al día]. 
Nº de volumen en la colección: 1 (1ª edición).
Género: Poesía; Ilustración  (sólo 2ª edición)
ISBN: 978-84-94873584 (1ª edición); 978-84-12977042 (2ª edición).

Elena García Blázquez, Tabachkova, publicó su primer poemario al año siguiente de haber colaborado con el Cuervo Blanco y de haber aparecido en su antología
El cuervo blanco. Antología -canción, relato, poesía- (2017). Se trataba de Bala extraviada, publicado en 2018 por primera vez, a través de Kalamo Books, iniciando como volumen 1 la colección La poesía mancha. Allí esta editorial ha recogido principalmente y casi exclusivamente a poetas muy jóvenes, aún cuando haya alguna excepción. Puede que dentro de esa búsqueda de voces de hoy se interesaran por Tabachkova, nacida en 1997, como ya se dijo en estas notas, y activa en esos momentos en recitales de Madrid capital, no sólo de Alcalá de Henares. El poemario llamó la atención al reconocido editor y escritor Carlos Salem, quien le escribió un prólogo en el que le reconocía la juventud y un poemario de desarraigo generacional para aquellos que su vida ha transcurrido en su totalidad o (en este caso) casi toda su totalidad en el siglo XXI. Viene a decirnos que otras personas jóvenes pueden reconocerse en sus poemas, con lo que trasciende lo que pudiera ser un poemario personal, que es lo que suelen ser muchas veces los primeros poemarios. 
 
Por el camino, Tabachkova tardó en sacar su segundo poemario, lo hizo en 2023,
Laberinto de discordia, ya comentado en estas notas. Poco después, en 2025, el primer poemario, que es el que hoy nos ocupa, fue vuelto a publicar por ella misma bajo una especie de sello personal que cobraba el nombre del propio libro, Bala extraviada. Allí mantuvo el prólogo de Carlos Salem, si bien añadió unos segundos agradecimientos a los primeros de la primera edición. Unos agradecimientos con algo de desgarro, tanto a los que les simpatizan como a aquellos que no y no se lo han puesto fácil, pues considera que todos la han formado tal como es y cada uno a su modo han contribuido a sus poemas.

La primera edición de Bala extraviada fue editada siguiendo la línea de la colección de La poesía mancha. Una escuadra blanca en "L" sirve para el título y nombre de la autora, así como para los créditos. Recuerda un retrato de ella, en este caso en un tono frío azul, con el rostro en primer plano de medio perfil, mirando entre triste y extraviada. Con variaciones del retrato de otras autoras y autores, esta composición marcó el estilo de la colección en los siguientes volúmenes publicados. Sin embargo, Tabachkova optó por crear su propio diseño de línea editorial siguiendo un estilo similar a la edición de Laberinto de discordia. Decidió usar ilustraciones a mano realizadas por Javier Tejedo. Estas aparecen tanto en la cubierta, donde aparecen agujeros de bala impactados en una pared de ladrillo, en tonos fríos del azul, y fondo blanco, tal vez referencia a la nieve de la Rusia natal de Tabachkova, a modo de metáfora del fondo de su ser en estos poemas. Dentro las ilustraciones serán en blanco y negro, con un estilo muy del cómic, trazos gruesos y composiciones alegóricas y surrealistas acompañadas de pequeños textos aforísticos que funcionan como pequeños poemas con mensajes impactantes que refuerzan las imágenes. El retrato que aparecía en la cubierta de la primera edición, reaparecerá en esta segunda edición pero dentro de la solapa de la cubierta y en una tonalidad en ocre.

Este primer poemario se aleja del estilo muy medido que nos mostró en la antología del Cuervo Blanco. Son dos estilos muy diferentes y contrarios. Curiosamente volverá en parte a él en el segundo libro, aunque no en su totalidad, sí en gran parte. En este primer poemario prima una poesía prácticamente narrativa, en versos libres, aunque aparezcan grandes bloques con medida, muy compatible con lo que pudiera haber sido un libro de poemas en prosa, o fragmentos en prosa, pero que acabó siendo en verso. hay numerosos encabalgamientos y reflexiones de la propia vida.

Es un poemario de conflicto interno, igual que lo será el segundo, sólo que en este poemario el conflicto se intuye que viene de la propia adolescencia, que de por sí es la transformación de la niña en adulta y del trauma que es el despertar a la vida adulta ya sin idealismos, sino con pura y dura realidad. Con cruda realidad, tanto en lo sentimental, como los familiar, lo laboral, las relaciones sociales o las económicas. Es un libro escrito justo en ese momento de cambio y dentro de una generación cuya infancia ha sido testigo de la Gran Recesión de 2008 y cuyas preadolescencias y adolescencias vivían justamente en medio de esa gran crisis económica, las protestas y movilizaciones nacidas de 2011 y todo un mundo revuelto donde ellos mismos entrarán según crezcan con esa precariedad que en esos momentos se estaba formando, o quizá habría que decir potenciando. En medio de todo ello hay que atender la peculiaridad de la vida personal de la autora y sus propios traumas familiares y sentimentales, su sentimiento de desarraigo, ya comentado en su segundo libro, y su forcejeo con lo que sería la vida lógica de las juergas de adolescencia, alcohol incluido, con el choque con lo que entiende debería ser una vida adulta menos afectada por el desorden.
 
(...)
Cierto día te das cuenta
de que no es un camino de baldosas amarillas
ni con flores imberbes de espinas.
(...)
 
Hay desencanto. Hay ruptura. Hay un final de la idealización. Un choque con la realidad. La Gran Recesión de 2008, que ya llegó en esa fecha de 2008 a Europa pero que en este continente fue todavía más fuerte en 2010, creó unas sensaciones de soledad que, pese a todos los movimientos de solidaridad nacidos en 2011, se hizo especialmente fuerte incluso en las generaciones más jóvenes. Y esto se traslada en este poemario en poemas como "La piedra suicida".

Tan sola como esa piedra suicida
que lleva por bandera una diana
dibujada sobre su piel
para que cualquier francotirador
pueda acabar con su sufrimiento.

Pero sigue viva.

Posiblemente soledad potenciada en este caso también por cuestiones afectivas atadas al desarraigo de sentirse no exactamente de algún lugar o de algún grupo. Que deja a la intemperie a la persona y por tanto vulnerable... y sin embargo la resistencia nos hace seguir vivos. Vivos por resistencia. 

La poeta nos habla de un vacío y un  agujero provocado por la ausencia que le provoca un alguien. Un alguien familiar directo, como un padre, un alguien que es apoyo cuando está, como es la pareja, un alguien que nos es vital, como es un grupo de amistades o una amistad. Está el trauma ahí, el trauma de una soledad que ha hecho que emprenda un camino propio sin tener una guía clara, como una bala extraviada, a veces con caminos equívocos. 

(...)
Hicimos cosas horribles
que perdonábamos cada mañana
con las esperanza de que todo cambiara.
(...)

Hay un sentimiento de culpabilidad, de consciencia de la responsabilidad de los propios actos más perdidos, pero también de la soledad del camino. La salud mental es algo que ya va dando vueltas en estos versos como preocupación y que será directamente nombrada en el segundo poemario. Y aparece dentro de esa soledad la escritura, la creatividad, como un escapo íntimo e interior que salva, aunque no ofrece la compañía del otro, sí ofrece la compañía de uno mismo, aún cuando exista la fobia de la posibilidad de perder la capacidad de escribir. Escribir se transforma en un diálogo interior que sana y se interioriza como parte imprescindible de uno mismo. Ella misma se transforma en ser escrito. Ella misma se escribe a sí misma.

Los meses me consumen
cada vez que no escribo,
cada vez que no logro
poner un punto y final
a mis ideas transeúntes.
(...)

Ahí, en la soledad más íntima, comienza su terapia y su sensación de salvación. Con un diálogo interno donde se puede hablar con total libertad y franqueza a sí misma, y compartirlo mediante la lectura de los demás. 

(...)
Tocas tú misma las heridas
para acostumbrarte al dolor
de los posibles roces.
(...)
 
Un primer poemario que es posible que recoja de los poemas que había ido escribiendo años antes, pues ella confiesa escribir desde niña, pero que encaja perfectamente con un poema entre lo generacional, el cambio traumático, la soledad y lo íntimo. Un comienzo.
 
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".