Título: El Teatro Cervantes de Alcalá de Henares: 1602-1866. Estudio y documentos.
Autores: Miguel Ángel Coso Marín; Mercedes Higuera Sánchez-Pardo; Juan Sanz Ballesteros.
Autores: Miguel Ángel Coso Marín; Mercedes Higuera Sánchez-Pardo; Juan Sanz Ballesteros.
Editorial: Tamesis Books Limited (en colaboración con el ayuntamiento de Alcalá de Henares).
Año de publicación: 1989 (1ª edición; Prólogo de Florencio Campos Corona -alcalde de Alcalá de Henares-; Prefacio de Miguel Ángel Coso, Mercedes Higuera y Juan Sanz -autores-; Memoria histórica de José Antonio Rayón).
Colección: Támesis. Serie C: Fuentes para la Historia del teatro en España
Nº de volumen en la colección: 18.
Género: Ensayo; Historia; Arquitectura; Teatro, Arqueología.
ISBN: 0-7293-0310-1
Nº de volumen en la colección: 18.
Género: Ensayo; Historia; Arquitectura; Teatro, Arqueología.
ISBN: 0-7293-0310-1
Muy recientemente ha fallecido Juan Sanz Ballesteros, el semanario Puerta de Madrid fue el primero en dar la noticia hace menos de un mes. Fue en en ese momento que mucha gente ubicó su nombre, aunque también mucha de esa gente conocía, paradójicamente, su importancia en Alcalá de Henares. Junto a Mercedes Higuera Sánchez-Pardo y a Miguel Ángel Coso Marín, cuando eran estudiantes universitarios en la década de 1980 realizaron uno de los descubrimientos arqueológicos y arquitectónicos más importantes de la ciudad en ese momento y sin el cual no se entendería del todo ni la vida cultural alcalaína del siglo XXI ni tampoco una parte del reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad en 1998. La propia fisonomía y vida de la Plaza de Cervantes cambió gracias a ellos, así como el conocimiento de nuestro propio pasado. Pertenecían en 1981 a una de las primeras promociones de la Universidad de Alcalá de Henares en unos estudios de Historia que les permitió darse cuenta de algo que en principio había pasado desapercibido, aunque en aquella época sí se conocía de manera oral el pasado de uno de esos edificios de la Plaza de Cervantes, un edificio lúdico, el del Cine Cervantes, pues aún existía gente que los recordaba como algo que llegó a funcionar como teatro. En la década de 1980 ese cine estaba totalmente cerrado y con un aspecto de mucho abandono, muy cerca de lo que era una tienda de maquetas, trenes a escala y figuras de plomo y otro cine más moderno y ese en uso, que era el Cine Paz. Quien esto escribe cita esto de la propia memoria de aquellos años en los que era niño y que vivió en los años sucesivos aquellos cambios que vinieron. El Cine Paz, donde se estrenó El retorno del Jedi en Alcalá y tenía dobles sesiones, una de ellas con dibujos animados antiguos de Popeye para niños, acabaría cerrando y sobre él se construyó lo que hoy día es la hamburguesería McDonalds. Cabe preguntarse si su arquitectura también hubiera guardado algún secreto. En todo caso, ellos tuvieron oportunidad de entrar dentro del Cine Cervantes, y realizando observaciones de carácter previo a lo arqueológico, opinaron que ese cine no sólo podía conservar algo de su estructura anterior como teatro, sino que había algo más, conservaba formas propias de teatros aún más antiguos que el siglo XX, y hasta de corral de comedias.
Se tomaron en serio a sí mismos, aunque aún no habían acabado la carrera universitaria y comenzaron a profundizar en su investigación con el apoyo de un profesor universitario y de la propia Universidad de Alcalá de Henares. Entre las prospecciones físicas y la investigación documental en archivos, ardua y duradera tal como son las buenas investigaciones, hallaron que llevaban razón. Aquel edificio había sido un corral de vecinos con permiso desde 1602 para realizar obras de teatro popular, o sea: un corral de comedias. La estructura de ese corral de comedias permanecía aún debajo de las piedras del suelo de las diversas reformas que había sufrido. Para empezar, ya en ese siglo se hicieron algunos cambios, pero su actividad no cesó, a menudo ligada a la propia universidad de aquella época. Incluso Lope de Vega, universitario alcalaíno, había representado varias de sus obras, y alguna la había estrenado, en este lugar. El corral fue evolucionando como teatro y llegó incluso al mundo empresarial como tal cuando en el siglo XVIII así siguió con una reforma mayor estructural que incluso lo techó y le creó bambalinas, transformándolo en un anfiteatro tipo coliseo techado en 1769. En el siglo XIX otra reforma lo modernizó y lo transformó en un teatro romántico. Hay que pensar que ya en esa altura del siglo XIX, y buena parte del XX, los teatros no sólo servían ya para actos lúdicos de representaciones o conciertos, sino que también se hacían a veces conferencias, encuentros, asambleas, mítines, reuniones... Cosa que más tarde sacó a la luz Julián Vadillo. En aquel siglo XIX era conocido como el Teatro Pequeño, pues el teatro de mayores dimensiones era el Teatro Salón Cervantes, aún en activo. Para 1927 comenzó a realizar proyecciones cinematográficas y se transformó en cine, en el Cine Cervantes, que fue apodado Cine Pequeño, como reminiscencia de lo de Teatro Pequeño, pero también porque el Teatro Salón Cervantes a veces también proyectaba cine. Aunque hay constancia de algunas proyecciones durante la guerra civil, tras esta no parece que hubiera una frecuencia como sala de cine, aunque sí hubo reuniones y actos políticos. En 1945 regresó a funcionar de manera normal como cine y así se mantuvo hasta que cerró del todo en 1971. Y fue en aquel 1981 que entraron por sus puertas y comenzaron sus sospechas y su investigaciones los tres estudiantes autores del descubrimiento de su pasado.
Ellos buscaban indagar sobre el teatro español en su arquitectura y de su evolución histórica. Tenían ante ellos un viejo teatro transformado en cine, en aquel 1981 cerrado, y les brindaba una oportunidad de investigación en sus estudios. Sus sospechas fueron correctas y su largo trabajo tuvo grandes recompensas, aunque en un principio no fueron ellos quienes las recogieron. En cuanto se empezó a saber arqueológicamente más, comenzó a interesarse por ello el ayuntamiento y se invirtió dinero en la recuperación del edificio para reintegrarlo a la vida cultural de Alcalá de Henares y, de paso, evitar que ocurriera lo mismo que pasó con el Cine Paz, que un edificio emblemático acabara siendo adquirido para transformarlo en un restaurante de comida rápida, cosa que en 2026 parece sin importancia, pero que en aquellos 1980 se debatió entre la modernidad que suponía una cadena de hamburguesas estadounidenses tan popular en el cine (era una novedad en la ciudad, aunque no era la primera), y el dolor que supuso la pérdida de uno más de los numerosos cines con los que contó la ciudad y que habían ido sucumbiendo a lo largo de las décadas de 1970-1980. Se encargó el proyecto de rehabilitación a José Antonio Rayón, que pretendía recuperar la estética del teatro romántico que fue desde 1831. Fue en esas obras que en las que fue apareciendo los restos de las anteriores etapas. Todo se documentó a la vez que seguían las investigaciones documentales. Al final se decidió conservar e integrar todos los elementos que había de todas sus etapas, e incluso poner nuevos para volverlo a abrir como teatro pequeño y sala de actos llamada Corral de Comedias. Que la transforma junto a una de Japón en una de las salas teatrales que lleva siéndolo desde el siglo XVII.
Aunque el ayuntamiento, la Universidad y el arquitecto Rayón fueron quienes más rentabilizaron el hallazgo, la rehabilitación y la puesta en marcha del Corral de Comedias, Coso, Higuera y Sanz llegaron a publicar en libro su contribución. El libro se llamó El Teatro Cervantes de Alcalá de Henares: 1602-1866. Estudio y documentos, y aunque en general se difundió principalmente en 1990, fue publicado en realidad en 1989. No lograron interesar a una editorial española, pero sí a una editorial inglesa cuya sede se asentaba en Londres, Tamesis Books Limited. No es la primera vez que ocurre, ya lo vimos por ejemplo en la publicación de ¡Cómpluto! (Alcalá de Henares). Apuntes para un libro, pensado y no escrito. Aunque hay que anotar que en esa publicación colaboró el ayuntamiento de Alcalá de Henares, aunque no la Universidad. Fue impresa en España a través de Lavel, una imprenta asentada cerca de Alcalá, en Humanes, y aunque el ISBN era inglés, el Depósito Legal era español, M-42028-1989. Los ingleses lo distribuyeron en España a través de la prestigiosa Editorial Castalia, y se encargaron de ponerlo en los circuitos de venta en Reino Unido, Canadá y Estados Unidos de América. Así pues, aunque fue un libro modesto, tuvo repercusión internacional... y amplio desconocimiento en la ciudad alcalaína.
José Antonio Rayón escribió en el mismo libro una memoria histórica sobre sus trabajos de rehabilitación y transformación de aquel cine de 1927, reformado en 1945, en un corral de comedias que recogiera todas sus etapas históricas y siguiera siendo funcional hoy día como teatro y como cine y polivalente en otros usos, incluido cierto uso museístico. A la vez, le daba prólogo el alcalde del momento, Florencio Campos, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), quien a vistas de hoy día, a pesar de todas las acusaciones falsas que provocaron su final político, hay que reconocerle primero la falsedad de las acusaciones contra él y segundo sus numerosos aportes a la ciudad que, visto lo visto, tenían una visión cívica de una ciudad para todos y que legase cultura y ajardinamientos a las generaciones siguientes. En ese sentido la apuesta por recuperar el edificio, aún cuando el Corral de Comedias pertenece en parte a la Comunidad de Madrid, no sólo al ayuntamiento, fue una de las apuestas más importantes en lo cultural en esos años, pues se podría haber dejado en manos de sus propietarios privados y haberlo dejado pasar a ser otro restaurante de comida rápida, casas o ruinas.
Pero los autores principales eran Miguel Ángel Coso, Mercedes Higuera y Juan Sanz. Este era el producto de años de investigación histórica. Unas investigaciones que partían inicialmente más que del estudio de la arquitectura, del estudio de la filología y el teatro, de la Historia en sí. Y hurgaba en el pasado universitario y cultural de Alcalá. tan importante fue el descubrimiento físico de los restos, como todos los descubrimientos documentales que realizaron, sin los cuáles no sería la misma la importancia de este edificio, hoy día integrado en los actos, eventos, cultura, vida social y turismo de la ciudad. Y como sus estudios se enfocaban en realidad a la Historia del teatro en España, con toda lógica la colección de libros donde se publicó era Fuentes para la Historia del teatro en España.
Ellos fueron recordados de manera anónima, pues se citaba su proeza pero no sus nombres, en muchas de las guías que se realizaron para dar a conocer el edificio a aquellos que se acercan a él como turistas y visitantes, y no como espectadores de alguno de los actos. Así que se conocía lo que hicieron, pero eran menos las personas que conocían los nombres de los tres estudiantes. Mucho menos que se publicó este libro. Ha bastado una vez más en la Historia española la muerte de uno de ellos para alcanzar ser reconocidos e identificados a nivel popular, aunque en parte en esto tiene algo de responsabilidad las instituciones que no optaron por citarles, aunque citaran sus hechos. No es algo inusual en Historia no citar a los historiadores cuando alguno de los conocimientos nuevos alcanzan éxito y difusión. Mucho menos si este conlleva la realización de actos que se transforman en signo de identidad cultural.
Valga estas notas hoy para darles parte de ese reconocimiento.
Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".
