sábado, 6 de julio de 2024

El libro en blanco. El capítulo del Mendigo

Título: El libro en blanco. El capítulo del Mendigo.
Autor: Iván Baya.
Editorial: Azur.
Año de publicación: 2023 (1ª edición).
Género: Novela; Fantasía.
ISBN:  978-84-19585-83-7


Entre los autores más jóvenes actualmente en Alcalá de Henares está Iván Bayo. Nació en Huelva en 1988, pero vive en Alcalá. Desde joven se interesó siempre por las ciencias. En 1996, siendo niño, según él en su página personal, ya hizo alguna programación básica de videojuego en lenguaje informático BASIC. Estudió formándose como ingeniero informático y como tal trabaja en Alcalá para una empresa de transporte y defensa (no es difícil encontrarla, una empresa así sólo hay una en el término municipal hoy día). Su formación tecnológica hace que se vuelque más con los videojuegos. Fundó su propia desarrolladora de videojuegos, WasabiDonut. En 2023 autopublicó mediante la editorial Azur su primera novela, El libro en blanco. El capítulo del Mendigo. Pero aunque este sea su primer libro publicado, en realidad escribió esta su primera novela de fantasía entre 2012 y 2013. La obra venía de diversas tramas de videojuegos (guiones de videojuegos) y derivó en otras más, formando así un mundo expandido entre esos videojuegos y la obra en novela, así como otras novelas no publicadas aún, pero continuadoras de la historia.  Un accidente hizo que se planteara reconducir las tramas de videojuegos a novela, retomando aquella novela de 2012-2013 inédita. Era una obra derivada de la cuarta trama de videojuego que había escrito. Se dedicó a revisarla y corregirla. Tras ganar un premio literario y recibir algunos reconocimientos en certámenes literarios en 2022 dio el salto para ir publicando parte de su obra a a través de las redes sociales. Algunos relatos suyos aparecieron en la antología Antología Relato 48, de la editorial Ex-Libric,  en 2023. El mismo año que publicará con Azur la citada novela fantástica El libro en blanco. El capítulo del Mendigo.

El libro en realidad es la primera entrega de lo que promete ser una serie de libros, hemos de entender que ya escritos o a punto de acabarse, derivados de sus videojuegos. 

La historia se desarrolla en un lugar llamado Clena. La historia se ubica en un mundo donde trescientos años atrás un suceso sorprendente cambió las normas de la naturaleza, por lo que la humanidad vive en un mundo lleno de magia y sucesos prodigiosos. Farg, un mendigo que agotó todo aquello que heredó, viaja con su amiga Iris tras asaltar el barco de un conocido en busca de un mapa que llevaría a un tesoro. Sin embargo, todo es más complicado, pues uno de los fenómenos mágicos que rigen el mundo es que un ciclo de tiempo se repite una y otra vez. Los recuerdos y los conocimientos acumulados son las posesiones realmente más valiosas, ya que siempre se recomienza una y otra vez atrapados en el tiempo. Así, hay segundas, terceras, cuartas... oportunidades. En el fondo el libro habla de la amistad, del valor de la misma y del aprendizaje interior de que la vida no es algo que se tenga seguro, ni todo va como tú planeas, si no como surge, más vale aprender de los errores y saber que todo puede cambiar repentinamente. Igualmente nos habla de lo fugaz que es todo en la vida, y te hace preguntarte qué harías tú si tuvieras la oportunidad de hacer algo de modo diferente.

Farg e Iris se complementan en su personalidad siendo ella más sensata y reflexiva, mientras que él es más impulsivo y fantasioso, aún a pesar de que la magia es algo común en ese mundo. 

En realidad la base de la trama nos recuerda a la película Atrapado en el tiempo (Harold Ramis, 1993), pero indudablemente también a las normas de un videojuego, donde un personaje central, si falla, reaparece una y otra vez en un lugar y momento anterior al lugar y momento donde su personaje murió o desapareció. No hay engaño, el propio autor lo dice: la novela es fruto de sus guiones de videojuego y tiene relación directa con ellos. Es una novela hija de su tiempo, unos tiempos de interrelación y cruce de diferentes formas creativas en torno a una misma historia. Máxime si hablamos del mundo virtual y lo audiovisual.

Contiene un lenguaje sencillo y directo que facilita la lectura de esta novela que también lo es de aventuras. 


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 29 de junio de 2024

Vientos del verso

Título: Vientos del verso.
Autor: Antonio Portillo Casado.
Editorial: Fussión Editorial.
Año de publicación: 2018 (1ª edición; prólogo de Rocío Biedma).
Género: Poesía.
ISBN: 978-84-17226-34-3

 

Uno de los poetas de Alcalá de Henares actuales del que aún no se había anotada nada por aquí, a pesar de que es muy activo y cada vez adquiere mayor reconocimiento, es Antonio Portillo Casado. En realidad nació en Jaén en 1963, por lo que se le puede considerar también poeta jienense, además porque él mismo siente apego y amor por su tierra. Sin embargo lleva muchos años viviendo en Alcalá de Henares, desarrollando buena parte de su actividad poética en esta ciudad. Es habitual que escriba con su nombre real, aunque también ha publicado a veces como Lope Machado y Quevedo. Comenzó a escribir a los 16 años de edad, durante el Bachillerato, al estudiar a los poetas clásicos españoles. Desde entonces no ha parado en esa labor, perfeccionándose en ello siguiendo su propio sentido de la poesía basado en la belleza de ideas y de estética. Adquirió estudios que le llevaron a ser funcionario de profesión, mientras en su actividad literaria se formó en talleres de poesía y voz (declamación), algo que en sus recitales se hace notar. Ha participado de numerosos recitales de poesía colectivos así como han ido apareciendo poemas suyos tanto en su blog (bitácora) personal, Poemas y esas cosas bellas, como en revistas y periódicos, él mismo tiene una sección de poesía actualmente donde presenta a otros poetas del Valle del Henares en el periódico Crónica del Henares, aunque su actividad en prensa abunda en una gran cantidad de cabeceras a lo largo del tiempo. Quizá por ello también su nombre aparece a veces entre los nombres de asociaciones de escritores y en más de una treintena de recopilaciones y antologías poéticas, tanto nacionales como internacionales. Ha sido traducido al árabe y al francés. No obstante, también ha participado de Ferias del Libro tanto españolas como europeas, entre ellas la prestigiosa Feria del Libro de Frankfurt, donde suelen aparecer las principales novedades literarias de Europa. Y con este ritmo ha sido parte del jurado de certámenes poéticos y prologuista de varios libros de poesía.

A todo esto hay que sumarle que él cuenta con el Certificado de Excelencia, concedido por la Academia Norteamericana de Literatura Moderna por la elaboración del seminario Las Metáforas en Antonio Machado, y un reconocimiento por la aportación al prestigio de la Asociación de Escritores de Madrid, a la que pertenece. Hasta la fecha ha sido tres veces premiado. Es Premio de Poesía “Torreón” de Las Gabias (Granada), en 2017, Premio de Poesía del VIII Certamen de Poesía Fernando Calvo, en 2020, y Premio Internacional de Poesía Sial Pigmalión, en 2023. 

Sus libros publicados son Amanece copo a copo (2015), donde autopublicó sus poemas de adolescencia; Singladuras (2016), donde la Asociación de Escritores de Madrid le publicó sus poemas de juventud; Vientos del verso (2018), en el que ya publicó mediante editorial poemas de su adultez; Luz donde la herrumbre (2019), Rayomatiz (2020); y Efímero mosaico (2023), por el que ganó el citado Premio Internacional de Poesía Sial Pigmalión. Así pues se puede ver también que aunque comenzó a escribir poesía sobre 1979, con aquellos 16 años, y a pesar de toda su actividad y publicaciones en prensa e Internet, no comenzó a publicar en libro hasta los 53 años, cuando decidió dar ese salto. Por ello a podría parecer un autor tardío, pero no lo es, todo lo contrario, es un autor temprano.
 
Hoy en estas notas le presentamos con el poemario de 2018, Vientos del verso. Lo publicó a través de la Fussión Editorial en una edición de bolsillo en rústica, con cubiertas solapadas y púlcramente brillante que presentaba enmarcada una fotografía en blanco y negro donde unas hojas se esparcían volando sobre una calle. Contaba con una introducción de la poeta jienense Rocío Biedma, la cual hacía hincapié es la constante estética de Portillo de buscar siempre la palabra y la estética bella, así como el amor en cuanto a la belleza. Al mismo tiempo, Biedma le ataba a algo que, es cierto, se hace evidente en este poemario, los fuertes lazos que mantiene el autor con los poetas clásicos, como Gloria Fuertes, Antonio Machado o Miguel Hernández, del que no hay duda sobre que el propio título del libro, Vientos del verso, nos recuerda mucho a aquel otro de Hernández llamado Vientos del pueblo, publicado en 1937.

Es cierto que en el poemario van a haber tanto referencias como dedicatorias a los citados Gloria Fuertes, Machado y Hernández, pero también aparecerán Quevedo, Góngora, José Zorrilla, Walt Whitman, Saint-Exupéry, García Lorca y Cervantes. Hay que recordar que la atracción por la poesía de Portillo se basa desde joven precisamente en su admiración y disfrute de los poetas clásicos españoles. No es de extrañar que en estos poemas aparezcan estos, aunque se le cuelen dos que no eran españoles, no obstante, toda una vida dedicado a la poesía evidentemente le ha hecho acercarse a todo tipo de poetas, sin distinción de nacimiento.

El poemario contiene principalmente poemas breves de arte menor (octosílabos o de menos sílabas), aunque aparecen poemas largos que combinan versos cortos y largos siguiendo un ritmo anímico en el poema, como en el romanticismo, o bien los versos cortos sirven a veces para tomar impulso de un verso que lleva a una idea de arrebato. 

Agresivas,
las colmenas de cemento
se reparten
un minúsculo jardín enfermo. Pugnan
por conquistar el cielo como cohetes.
(...)
 
A lo largo de todo el poemario existe una contraposición entre la vida en el mundo natural o rural y la vida en el mundo urbano, siendo el mundo natural o rural el de la libertad y el que le da sosiego a la persona y le devuelve su humanidad, mientras que la ciudad le aliena y se la quita. 

Y perderse.
Abandonar el cemento,
huir al campo sin fronteras.
De donde todo proviene.
Dejar este calabozo
que sitia cual jauría de lobos.
(...)

Pero también contiene poemas sociales, haciéndose eco del propio ser de buena parte de la obra poética de Miguel Hernández, así por ejemplo Portillo nos dará un poema contra el maltrato a la mujer, "¡Gritad!, ¡oh, estrellas de la vida!", o bien otro contra la pederastia, "Para defender vuestra dicha", o bien denuncia la barbarie de la guerra y el fascismo en el poema que el dedica a Lorca, "Hoy y por siempre". Pero también contiene poemas de amor.

(...)
Las miradas provocan remolinos en el aire
que esparcen mis caricias por tu seda.
Y surgen
los besos del alma en la noche de tu pelo.

Tras publicar previamente a Vientos del verso dos poemarios que recopila sus poemas de adolescencia y de juventud da la sensación que en este poemario compila los que consideró sus mejores poemas posteriores a esa etapa, lo que le da ese carácter en el que aparecen diversas direcciones temáticas, aunque en general el poemario está atravesado de parte a parte, y ese es el elemento que le da cohesión, por esa contraposición citada del mundo rural y natural como humanizador del humano, y el mundo urbano como deshumanizador del humano. 
 
Me acuerdo...
de esos campos ondulados, donde la vida
y la esperanza se esparcían en el aire
como fragancia frágil.
(...)
 
Nos invita a un reencuentro con nosotros mismos regresando a los orígenes y a la sencillez humana. No faltan en ese regreso visitas a Cádiz y su bahía, La Habana y su malecón, el mar, Soria, los campos del Duero o Alcalá de Henares con Quijote y Sancho Panza incluidos.  

Un libro sosegado y limpio que, es verdad, busca la belleza de estética, imágenes y lenguaje, aunque yo le añadiría su importancia en esa invitación de vuelta a un mundo más natural.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 22 de junio de 2024

Dictados de Naturaleza. Apuntes senequistas

Título: Dictados de Naturaleza. Apuntes senequistas.
Autor: Francisco Peña.
Editorial: Ediciones Carena.
Año de publicación: 2024 (1ª edición; prólogo de Juan Carlos Mestre).
Género: Poesía.
ISBN: 978-84-19890-66-5


A Francisco Peña ya le conocemos en estas notas. Además de las notas ya publicadas a través de tres libros anteriores al de hoy añadiremos a sus datos biográficos que, aparte de antiguo catedrático de Literatura en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y de la de Alcalá de Henares, ha sido fundador y director de la revista Cultura en AUGE. Ha dirigido el Ciclo de Poesías en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares entre 2008 y 2013, antes de la etapa de Francisco José Martínez Morán, que le sucedió por unos años, y desde el mismo corral de comedias impartió un curso de literatura desde 2016. Es asesor académico del Centro para la Divulgación  del Conocimiento Académico (CEDCU). Por otro lado, entre sus libros y publicaciones en revistas, quedaba por añadir que es ganador del Premio de Cuentos AEFLA 2023. Añadido todo esto a sus notas biográficas, en mayo de este año 2024, en el que cumplirá 72 años, ha publicado un nuevo poemario, Dictados de Naturaleza. Apuntes senequistas. Lo ha editado con Ediciones Carena, la cual lo ha sacado en tapa blanda solapada y brillo, con una cubierta que recoge un estilográfico a partir de pinturas romanas de la Casa de Livia, creadas en el siglo I antes de Cristo. Y es que este poemario algo de esto tiene. Haciendo alarde de su erudición de catedrático de literatura toma por referencia para componer estos poemas las cartas que Séneca (4 a.C.-65 d.C.) le escribió a Silverio tratando temas trascendentes como el tiempo, la felicidad, la existencia y otros temas trascendentes para el pensamiento del ser humano. No obstante, en contraportada se anota una característica de la filosofía de Séneca que se refleja en los poemas de Peña, el ser humano no vive aislado, vive en sociedad, por lo que las relaciones con los otros seres humanos nos condicionan en nuestra forma de ser, de pensar y de comportarnos. Es una idea que retomará otro filósofo, pero del siglo XX, Sartre, desde el nihilismo. Pero Séneca no es nihilista, ni este poemario tampoco. 

Le escribe el prólogo a Peña el poeta Juan Carlos Mestre. Este insiste en los mundos imaginados de los poetas y las personas en general, para caer en el razonamiento de Séneca y otros filósofos de otros siglos que nos hablan de la materia, lo conocido, lo desconocido y el mundo que es material y por tanto tangible, ante lo que Peña se levanta diciendo literalmente en un poema que ha vivido, por lo que abre la puerta de todo aquello que no ha vivido y que el tiempo clausurará, frente a aquello otro que el tiempo no clausurará porque él lo ha vivido. El tiempo como lo inmaterial, y el ser como lo pasajero cuando deje de ser material. Sólo la memoria inmaterial mantendrá al ser. 
 
El primer título que quería Peña para el libro era La intimidad de la raíz, pero lo cambió por el de Dictados de Naturaleza. Apuntes senequistas, siguiendo las reflexiones de Séneca sobre lo que él mismo proponía en su primer título, que toda vivencia de la vida parte del interior de uno mismo, y la existencia es pues resultado de cómo la concebimos y vivimos desde nuestro interior, pero Séneca le chiva aquello de que no vivimos solos, y su reflexión poética le cambia el título.
 
Metafísicas aparte, Francisco Peña despliega en este libro todo su buen hacer con la poesía fácil de entender, sin complicaciones de enredos o palabras complejas, y lo combina con una reflexión filosófica siguiendo a Séneca que nos habla, en cierto modo, de un modo bello, lo que pudieran ser las propias reflexiones de Peña ahora que ha entrado en la setentena de años y se para a repasar lo que le ha resultado la vida y lo que espera de la vida aún por venir, aún a sabiendas del paso del tiempo... y reflexiona sobre el tiempo en una reflexión que nos lleva en realidad a una pregunta muy antigua de la Humanidad: ¿por qué existimos? Trata de encontrarle un sentido en lo sencillo de lo que es apreciar la vida.

Ayer murió un amigo.
Se me quedó el tiempo adelgazado
y el rosal se secó a pesar de la lluvia intermitente.
Paseábamos juntos por la tarde
agarrados a un recuerdo de infancia.
Las amapolas del verano sonreían al vernos.
Mi conversación se disipa en el silencio,
y muere entre los cipreses del camino inesperado...
(...)

Las apelaciones al mundo natural serán una constante, como en las reflexiones de Séneca, dando al libro un carácter naturalista ya anunciado en el título. Serán metáfora y alegoría los cipreses y las amapolas del fragmento expuesto, pero también las espigas, los arroyos, la lluvia, las lilas en las cunetas, los almendros y otros elementos naturales que, en general, mayoritariamente pertenecen a imágenes que nos invitan a pensar en primaveras, o sea: en vida y disfrute de la vida, en bullicio de vida. Eso incluso a pesar de que el libro reflexiona, como en el párrafo expuesto, sobre la existencia a través del paso del tiempo.  
 
"Como se esfuerza el tiempo en ser inútil", comenzará a decir en un poema. "Deploro el estado ruinoso de mi casa", comenzará en otro. Y en un juego entre la existencia hace dos mil años en comparación con la actual, no sin cierto sentido del humor, comenzará otro más así: "Mírate, Silverio, sentado en el sofá de tu silencio", lo que nos viene a decir que no es muy diferente el ser, pese a la distancia temporal.

Hará referencias a un personaje fundamentalmente existencialista en la literatura española del siglo XVII, Segismundo, de La vida es sueño (Calderón de la Barca, 1635), pero el poemario es también vitalista, aunque se vea venir la tragedia del desenlace de la existencia, por ello también cita a otro personaje, esta vez a uno de literatura romántica española, don Álvaro, de Don Álvaro o la fuerza del sino (Duque de Rivas, 1835). Deja deslizar ahí su conocimiento de catedrático de Literatura y lo pone al servicio de su propio sentir, haciendo de estos personajes herramientas que se transforman en un concepto, en una idea que ronda sus reflexiones y nos la pone al alcance a los lectores por lo popular de sus historias. 

A fin de cuentas, el libro en el fondo vendrá a decirnos que en la vida no estamos solos. No sólo existimos nosotros en nuestra reflexión, como afirma Descartes, sino que existimos desde nosotros, pero afectados por los otros y por el mundo mismo, y dentro del mundo, el paso del tiempo y el recuerdo dejado y conservado, también nos marca y nos crea. Aún a pesar de un sesgo existencial, es verdad que Peña escribe en un poema como en un grito: "he vivido", lo que es toda una sentencia. La vida ya le es algo que no le pueden arrebatar, aún en las edades avanzadas donde ya casi ni queda tiempo personal... pero del tiempo del mundo siempre quedará. En ese sentido es positivista e invita a saborear la vida y reflexionarla para darse cuenta de que merece la pena la existencia. A fin de cuentas, hasta el ser humano, el individuo, es parte de la Naturaleza, y la Naturaleza en su conjunto es algo vivo y eterno.

Un dios habita nuestra alma,
vigilante y custodio,
perfecta razón de nuestros actos.
¿No lo ves?
Debes...
querer la luz, cárdena o cobre o amarilla,
venerar las fuentes de los ríos,
elogiar la vid y disfrutar del vino,
beber la raíz y escuchar el aroma del aire,
empapar tu sonrisa con la espuma del mar,
tan tenue, tan ligera...
(...)

Un libro muy bien pensado, coherente, bien estructurado y unos poemas inteligentes y, a la vez, salidos muy claramente del alma del sentimiento y el pensamiento de Francisco Peña llegado a esta altura de su vida. Me ha gustado, porque además es bastante equilibrado y es fiel el poeta a sí mismo en este poemario.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 15 de junio de 2024

Objetivo: tocar tu piel

Título: Objetivo: tocar tu piel.
Autora: Fátima Corral.
Editora: FC (Fátima Corral) [autoedición].
Año de publicación: 2023 (1ª edición).
Colección: SOE (Serie Operaciones Especiales).
Nº de volumen en la colección: 1.
Género: Novela romántica.
ISBN: 978-84-09-48921-3

 

Fátima Corral es una escritora joven que en realidad es de Guadalajara. Lo que la une a Alcalá de Henares es haber estudiado Filología Hispánica en la Universidad de Alcalá de Henares, por lo que desde entonces tiene cierta relación con la ciudad, como por ejemplo ahora, que ya no es estudiante, vender varios de sus libros aquí. Ella nació en 1985. Actualmente es profesora de Lengua y Literatura para Educación Secundaria, pero también es escritura de novelas románticas. Comenzó a publicar en 2020 ni más ni menos que con una trilogía autopublicada. Las tres novelas de esa trilogía fueron Déjate llevar (2020), Déjate llevar sin miedo (2021) y Déjate llevar para siempre (2021). También de 2021 será su novela No me niegues lo evidente. Le resultó un año muy prolífico. En 2022 publicó Toma un billete y a volar. Y en 2023 publicó el primero de una nueva serie llamada SOE (Serie Operaciones Especiales), el libro se llama Objetivo: tocar tu piel, que es del que nos ocupamos hoy para presentar a Fátima Corral como autora con relación con Alcalá de Henares. Ella declara ser lectora frecuente de novela negra y novela romántica, pero, dentro de su matrimonio con dos hijos, según declara ella misma en su propia página personal, se descubrió muy a gusto y más predispuesta escribiendo y creando historias románticas, sin que como escritora le haya picado aún el deseo de empezar con novela negra. Aunque algunos toques de novela negra hay en estos libros, pero no son lo que dominan la historia. 

Al ser una autopublicación la edición del libro ha sido muy cuidada por la propia autora, que ha incluido marcapáginas. No le falta detalle. Está en rústica con cubiertas solapadas y fotografía interior de ella. Las salvas entre cubiertas y páginas tiene un diseño especial como de notas de la protagonista del libro en su viaje a París. Además combina páginas color crema con páginas negras y texto en blanco, en las que aparece a veces textos que se disponen como se disponen hoy día los textos en nuestros teléfonos móviles cuando mantenemos una conversación escrita con alguien. Aparecen también referencias a cantantes actuales, como Álex Ubago, y situaciones comunes de la vida actual. Trata así de acercar el relato a la realidad cotidiana de quien lo lea. Tampoco hay que negar que las tipografías de los títulos de los capítulos, o el propio color violeta y la Torre Eiffel de París en la cubierta nos remite en cierto modo a un carácter femenino, tal vez a sabiendas de que el público lector mayoritario pueda ser potencialmente femenino. Cosa que por otra parte, aunque los tiempos estén cambiando para todo, en general a lo largo del tiempo ha solido ser así hasta la fecha y actualmente. 

La novela traspaso con elegancia el plano de novela romántica para narrar momentos de encuentro sexual desde lo humano y normal de una pareja, como el momento donde ella y él hablan sobre que no se debe abrir un envoltorio de condón con los dientes. No obstante, la autora, quizá también por conciencia de madre que tiene aparte de mujer, avisa en la contraportada que el libro lo ha escrito para mayores de 18 años de edad, o sea: para adultos. 

Básicamente un encuentro casual y un supuesto secuestro dan inicio a una amistad entre un hombre y una mujer que irá derivando en algo más. Él, Adrián, es un miembro del Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la policía nacional española. Tiene una herida emocional abierta que ha de cerrar para poder retomar su puesto del todo y se centra en su trabajo. Ella, Chiara, quiere seguir su vida adelante cuando conoce al hombre que va a alterar esa vida. En París el pasado de Adrián volverá a él y hará que el presente de ellos se vuelva un tobogán. De hecho, en esta primera entrega de esta saga que emprende la autora, lo que se nos plantea es si los sentimientos románticos que están naciendo lo son de verdad o son otra cosa, y cuando se dice otra cosa no hay que pensar automáticamente en pasión carnal, pues aunque también está presente, hay traumas que pudieran estar encubiertos por falsas sensaciones de amor. 

Por lo demás como se ve, Fátima Corral controla perfectamente el conocimiento de la necesidad de lo exótico y de la delicadeza tópicamente francesa como elementos que suelen levantar muchas de las narraciones de la literatura romántica especialmente desde el siglo XIX y XX. De hecho esta novela tiene algo de las novelas románticas del siglo XX que escribió gente como Danielle Steel, escritora estadounidense que ha vendido hasta quinientos treinta millones ejemplares de sus libros, hasta el momento. Por cierto, a Steel, por sus libros, le concedió el gobierno francés una de las más altas condecoraciones de Francia, Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.

La construcción del relato se asienta fundamentalmente en los diálogos. Prácticamente no existen los párrafos de una voz narradora, aunque esa voz no es inexistente. El ritmo y la narración de los hechos recaen fundamentalmente en las conversaciones de los personajes de la obra, como si asistiéramos como testigos ocultos a todas y cada una de las conversaciones que están en torno a unos sucesos, en este caso de corte romántico. No es comparable a los diálogos de una obra de teatro, pero sin duda esta novela se construye en el diálogo. 

Para el público amante de la literatura romántica de toda la vida que quiera leer algo nuevo y actual, esta novela, o las otras, tendrá su atractivo seguro. Tiene buena prosa, es claro y sabe a dónde quiere ir y qué teclas tocar, qué y cuándo quieres leer lo que la autora te tiene que contar. Puede ser en literatura la fresa con nata encima que espera quien lee.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

sábado, 8 de junio de 2024

Érase un universo llamado desafío

Título: Érase un universo llamado desafío. Antología poética.
Autor: José María Serrano Muelas.
Editorial: Domiduca Libreros.
Año de publicación: 2023 (1ª edición; prólogo del autor).
Género: Poesía.
ISBN: 978-84-121319-5-6 

 

José María Serrano Muelas publicó en 2023 con la editorial Domiduca Libreros su primer y único poemario, Érase un universo llamado desafío, que era una antología poética de su propia poesía escrita a lo largo de los años como afición. No hay que confundirlo con el poeta también llamado José María Serrano, que cuenta con más de veinte libros publicados, en ese sentido es necesario diferenciarlo con su segundo apellido, Muelas. Nació en Uclés (Cuenca), en Santiago de los Chopos, en 1944. En 1954 se trasladó junto a su familia a Alcalá de Henares, donde reside hoy día y donde recibió estudios de Primaria en un colegio de la orden religiosa de los jesuitas y después el Bachillerato en el Instituto Complutense. A través de una beca estudió la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, hoy día: Universidad Complutense. Pudo ejercer de profesor de enseñanza media en Institutos de Bachillerato y Secundaria en Zafra, Ronda, Santa Cruz de Tenerife, Santa Cruz de la Palma, Vélez-Málaga y de regreso: Alcalá de Henares. Con los pseudónimos de Dasein y de Viruta publicó poetas como aficionado en varias revistas locales de estos sitios. Por ello este poemario es una antología, ya que publica bajo su propio criterio la selección que hace de su obra a los 79 años de edad, ya jubilado. El libro está acompañado de fotografías interiores en blanco y negro realizadas por Sara Moon y Samuel Méndez-Pacheco, mientras que la maquetación es de Zia Mei, habitual colaboradora de Domiduca.  

Su poesía oscila entre un profundo conocimiento de los autores clásicos de la filosofía de todos los tiempos y una creencia en la existencia de un Espíritu Universal o Sujeto Colectivo que le da un carácter espiritual a esos conocimientos filosóficos. Entre la creencia religiosa y la fe en la filosofía, este poemario nos da a entender que es obra de un cristiano tal vez próximo a la, o tal vez lo es, masonería, que cree en el progreso, la fraternidad y la Ciencia, junto con Dios. No obstante, puede que estemos ante la obra poética de un cristiano católico, no tanto un cristiano masón, la cuestión da igual, no es tan trascendente si se sabe entender el mensaje que nos comparte el poeta con sus versos. Sin prejuicios a la hora de leer. Sin censuras.

En su obra se nota un carácter erudito, pero a la vez humilde y sencillo que escribe desde una propia cosmogonía del mundo y una fe ciega en la perfección del hombre como camino de salvación y como guía del mundo. Es una poesía muy limpia y depurada, perfectamente construida, pero que para entenderla hay que entender que se lee una poesía intimista que, a la vez, quiere lanzar un mensaje positivo al otro sobre la existencia y nuestro papel extraño en el existir.

Como resultado, tenemos un poemario muy bello, muy reflexionado, producto de toda una vida. Claro está que al ser una antología de sus poemas a lo largo de su vida hay diferentes tonos y temáticas, algo lógico en toda evolución humana a lo largo del tiempo. Aparecen también poemas que hablan de soledad, de sueños de proyectos de vida y de inquietudes existenciales.
 
Sirva de ejemplo de su poesía un fragmento inicial del poema "Adiós a La Palma".

Qué más desearía mi alma de gaviota
qué remansar su vuelo por tus pétreos cantales
besados por los soplos de las brisas marinas...

Qué más desearía mi espíritu de ave
que buscar en tu altura su mansión de reposo,
por gozar la caricia de las nubes viajeras
y dormirse al arrullo de plácida salmodia
con rumores de olas y alientos vegetales...

(...)

Una preciosidad que acompaña a toda la obra. Delicadamente expresado. Este poema nos puede evocar Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach en 1970, pero tiene su propia reflexión interior, la propia reflexión interna de José María Serrano Muelas, que aunque él mismo afirma ser poeta aficionado, se puede reclamar con propiedad como poeta, sin más, máxime cuando lleva una vida entera publicando en algunas revistas locales. Pero lo es porque sus versos lo merecen y porque se le nota una sinceridad consigo mismo, por tanto con el lector, que nos descubre que es un poeta en sí, al margen de si ha publicado más o menos o si es más o menos conocido. Hubo poetas en la Historia que no fueron conocidos hasta después de su muerte y hasta décadas y siglos después de esta, el tema de la fama o la popularidad no es la clave principal que te hace poeta. Él tiene el ser de poeta.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 31 de mayo de 2024

Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares

Título: Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares.
Autor: Miguel de Portilla y Esquivel.
Editor: Universidad de Alcalá de Henares (1ª edición; por entonces: Universidad Complutense).
Impresor: Joseph Espartosa (impresor de la Universidad de Alcalá, también conocido como José de Espartosa).
Año de publicación: 1725 (1ª edición del primer volumen); 1728 (1ª edición del segundo volumen).
Género: Historia; Crónica. 
---

Título: Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares.
Autor: Miguel de Portilla y Esquivel.
Editorial: Old Book Factory (OBF).
Año de publicación: 2003 (1ª edición).
Género: Historia; Crónica.
ISBN: 9788495011732

 

Los Annales complutenses de 1652 eran la mayor referencia en cuanto a una Historia general de Alcalá de Henares. Pero en la primera mitad del siglo XVIII se quedaban desfasados, no sólo porque habían transcurrido tres cuartos de siglo, sino porque habían cambiado muchas cosas tanto en España, como en Europa, como en la propia Alcalá a consecuencia precisamente de esos cambios directos. Para empezar los tiempos más duros de la Contrarreforma religiosa y su mentalidad habían quedado atrás en los siglos XVI y XVII. En España seguía flotando algo de su forma de pensar y se notaba en la existencia aún de la Inquisición, muy dedicada ahora a la censura al servicio del catolicismo y de la monarquía, y se notaba también en unas Universidades monopolizadas por el catolicismo que impedía e incluso condenaba cualquier enseñanza o experimentación que se desviara de los dogmas de fe. Esto no ocurría en las Universidades europeas de carácter protestante. Además, como rémora de la exigencia de limpieza de sangre (una mentalidad antisemita en España que desde 1492 pedía para estar o ejercer en algunas instituciones y cargos ser cristiano viejo, esto es de familia que siempre lo fue, o si se era cristiano nuevo serlo de cinco generaciones seguidas) se pedía precisamente eso para estudiar en las Universidades españolas, pero ya no tenía tanto peso lo antisemita, sino lo nobiliario. Las guerras de religión europeas en las que se implicó España mientras a la vez hacía la guerra a franceses y catalanes en el siglo XVII fueron seguidas por un reinado que, salvo sus primeros años más revueltos, fue más tranquilo, el de Carlos II, pero las incapacidades del propio rey ponía en cierta crisis moral a los propios españoles que en 1700, a la muerte sin descendencia del rey, se abrió una guerra civil llamada Guerra de Sucesión Española, en la que se implicaron otros países europeos. Se prolongó hasta 1715, aunque para 1714 estaba prácticamente finiquitada. Se solventó con la instauración de la rama de los Borbones franceses en el trono español, comenzando con Felipe V, por cierto que para que esto se diera se necesitó que los ingleses se cambiaran de bando en la guerra a última hora y apoyaran a los Borbón en lugar de a los Austria, razón por la cual en pago de guerra los Borbón le dieron Gibraltar como recompensa por los servicios bélicos prestados. La nueva dinastía trajo cierta modernidad de pensamiento a España, pero una modernidad que chocaba con un catolicismo que aún estaba en esa mentalidad de la Contrarreforma del Barroco del siglo anterior. Sin embargo, también trajo la centralización del Estado, ahora la Monarquía Hispánica era propiamente España, y aunque se legalizó el regreso de los judíos se hizo algo que no ocurría previamente: la legalización de que los propios españoles hicieran esclavos (esto fue obra de Carlos III, para ello, tras una guerra, intercambió con Portugal una parte de América que se integró en Brasil por la zona de Argentina y Uruguay por la actual Guinea Ecuatorial), peor aún, los Borbones empezaron a tratar políticamente a los territorios americanos como si fueran colonias, aunque ese trato nunca lo habían tenido, razón por la cual a comienzos del siglo XIX comenzó el proceso de independencia americana respecto a España.  

Sea como sea, el siglo XVIII era el siglo de la Ilustración, una corriente de pensamiento que trataba de buscar en el raciocinio, la ciencia y la lógica el progreso social y político. La educación será un elemento de reivindicación por parte de los intelectuales para mejorar las vidas de todas las capas sociales. La Ilustración llegó tardía a España. Vino con los Borbones, pero estos primero tuvieron que solventar esos quince primeros años de guerra civil. En medio de ella, Felipe V reordenó toda la política y administración española, desde la más alta política a la más baja. Alcalá de Henares se hizo oficialmente ciudad mediante un título dado por Carlos II en el último cuarto del siglo siglo XVII, aunque conservaba su carácter de corregimiento (lo que más tarde desde el siglo XIX será cabeza de partido judicial), ahora los corregidores debían partir su poder de gobierno y administrativo con intendentes y superintendentes militares que nombraba el propio gobierno central. Las cosas cambiaban. Además, las nuevas ideas y conocimientos que venían de Europa chocaron con la mentalidad más cerrada de un catolicismo encerrado anacrónicamente en la Contrarreforma, cosa que sacaba de quicio a Felipe V, quien por cierto se horrorizó también cuando al llegar a España le quisieron homenajear varias veces llevándole a ver corridas de toros. Aún con todo la Ilustración iría cuajando en España con cierto retraso, especialmente con Carlos III ya en la segunda mitad del siglo, aunque le había facilitado el camino previamente su hermano Fernando VI, un rey muy desconocido hoy día, quizá porque fue, junto a Carlos II hasta cierto punto, el único que apostó por no tener guerra alguna como medio de mejora de la vida de las gentes y del propio país. Entre la llegada mediante una guerra de los Borbones y los cambios políticos, administrativos, sociales y de mentalidad que libraba una batalla entre los que querían progreso y los que querían conservar la tradición católica, a la vez el Imperio se mantuvo, pero su poderío comercial estaba aún tan atado a un modelo económico mercantil tan cerrado y basado en los metales, cuando el resto del mundo estaba abriéndose a una nueva experimentación económica llamada capitalismo y entendiendo que el futuro estaba tanto en las grandes plantaciones como en los inventos de maquinaria laboral, que la influencia de España en el mundo lo era en cuanto a que su territorio era amplio a nivel planetario, pero la fuerza económica y la política se la disputaban en realidad Francia e Inglaterra, que se transformaría en Reino Unido ese mismo siglo. Mientras tanto se permitían el lujo de rapiñar trozos de España en sus territorios americanos, o bien seguir alentando la piratería, ya que España no supo abrir sus mercados al exterior y quería tener el monopolio entre América y España misma.
 
Explicado esto, tenemos que la Universidad de Alcalá de Henares había ido a menos. Con la pérdida de poder del Imperio, con la separación de todas las clases sociales de la oportunidad de estudiar, con unos cargos administrativos y políticos ya dados, con los recursos humanos que requieren las guerras y que rapiñan jóvenes, con una enseñanza anquilosada en cosas e ideas ya anticuadas e ineficaces ni precisas, varios colegios fueron cerrando y la Universidad menguó en alumnos, en tamaño y en importancia. Con ello la población alcalaína también menguó, aunque seguía siendo alta. La importancia política de Alcalá cedió su espacio a un Madrid ya plenamente muy centro de poder. Sin embargo, sabemos que aún llegaban algunas ideas nuevas a Alcalá a través de la Universidad o de los militares de origen francés, pero será más adelante en el siglo. Con este panorama los Annales se quedaban un tanto obsoletos, sobre todo porque ahora urgía ubicarse al lado de los Borbones. Los Annales habían llevado la Historia de Alcalá de Henares en una unión de destino desde la más remota antigüedad a la gloria imperial de los Austrias. Pero la llegada de los Borbón en 1700 y la Guerra de Sucesión hacía que esto se tuviera que reflejar también en la Historia de la ciudad, como una ciudad que también avanzaba con los Borbón. Las nuevas ideas ilustradas de estos hacía además que los intelectuales españoles, si querían ganarse favores que les hicieran prosperar, tuvieran que ponerse al día y revisar todo lo que en cierto modo se había quedado atávico y anquilosado. No fue algo inmediato. Fue progresivo. Recordemos, la Ilustración cuajó de manera tardía en España, previamente hubo un forcejeo entre lo ultracatólico y el raciocinio de la Ilustración. Había una fuerte lucha intelectual entre una España aún muy ligada a las explicaciones católicas del mundo, y los que querían buscar, o bien combinar, unas explicaciones más basadas en la razón y en la experimentación y la ciencia. 

Así pues, en 1725 se publicó el primer volumen de una obra que llevaba años trabajando el alcalaíno Miguel de Portilla y Esquivel, Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares. En ella se actualizaba la Historia de la ciudad y la reivindicaba. Hay que tener en cuenta que en el año de publicación se vivía otra crisis política. Felipe V había abdicado en su muy joven hijo Luis I en enero de 1724, pero Luis I murió de fiebres y escándalos sexuales de su esposa en septiembre de ese mismo año. Felipe V regresó a gobernar él mismo. El problema es que a partir de ahí Felipe V ya no estaría en la mejor de sus etapas políticas. Por un lado comenzó a delegar muchas de sus funciones, a pesar de haber levantado él todo su aparato político-administrativo nuevo, comenzó a tener largas depresiones porque él prefería haberse quedado en Francia, comenzó a pasar largos tiempos de ocio personal en sus palacios y, paulatina y lentamente, fue degenerando cada vez más en una enfermedad mental severa hasta el día de muerte en 1746. Si bien su peor periodo no estaba aún totalmente desarrollado en 1725, cuando se publica el libro, los españoles sí que habían vivido algo que no conocían: una abdicación, un rey muy joven envuelto en escándalos sexuales y enfermedad, y un regreso del rey abdicado tras un año, el de 1724, que era más bien un primer ensayo de desgobierno central antes de la degeneración mental de Felipe V. 
 
Miguel de Portilla y Esquivel era un hombre de otro tiempo, del siglo anterior, no era un ilustrado, algo de las ideas del estudio tuvo, pero en su mentalidad lo que primaba no era la parte ilustrada que llegó a asumir, sino que primaba más bien la mentalidad de tradición católica propia del siglo XVII español. Él había nacido en Alcalá de Henares en 1660, un año antes del propio nacimiento de Carlos II. A sus cinco años de edad vivió junto al resto de españoles la muerte de Felipe IV y el nombramiento de rey a un Carlos II de Austria, niño de 4 años, muy incapacitado intelectual y físicamente en 1665. En los primeros años de ese reinado se vivirían conspiraciones y hasta el primer golpe de Estado moderno de la Historia española, incluyendo al primer dictador propiamente dicho, que no depuso al rey, pero sí gobernó hasta que él sí que fue depuesto. El resto del reinado Carlos II tuvo consejeros y secretarios lo suficientemente hábiles para alejar a España de muchas guerras y como para reordenar la Hacienda y con ella la economía. 
 
El padre de Miguel de Portilla, Baltasar de la Portilla Cierzo, era boticario, con algún título de baja nobleza. Estaba casado con María de Tendilla, natural de Guadalajara, con quien tenía otro hijo más. A Baltasar de la Portilla no le fue mal, fue nombrado visitador de farmacias del Arzobispado de Toledo. Hay que recordar que de la Universidad de Alcalá salieron mayoritariamente una gran cantidad de médicos según se ha podido rastrear e investigar en archivos no hace muchos años, pero también algunos nombres famosos de médicos alcalaínos desde el siglo XVI. Y tampoco hay que olvidar que el Palacio Arzobispal era sede también del arzobispo de Toledo en estas tierras, pues antes del reordenamiento territorial de la década de 1830, el corregimiiento de Alcalá de Henares pertenecía a Toledo y su arzobispado. La cosa es que la buena posición laboral y económica del padre permitieron que Miguel de Portilla pudiera iniciar estudios universitarios en la propia Alcalá. Estudió teología en el Colegio de las Santas Justa y Rufina, hoy desaparecido por la desamortización del siglo XIX, su espacio lo ocupa el antiguo Cuartel de Lepanto, hoy un edificio universitario de nuevo que alberga un museo de Arte iberoamericano y la Biblioteca Universitaria. Algunos restos de ese colegio se pueden visitar hoy día en el Museo de la Catedral Iglesia Magistral de los Santos Niños. Durante estos estudios publicó su primera obra en 1678, Impugnatio propositionum centum et unius eujusdam novatoris in Gallia (traducido: Un desafío a las propuestas de ciento un inventores en Francia). En 1679 ya era teólogo. Portilla siguió desarrollando estudios y llegó a hacerse catedrático de griego en la propia Universidad de Alcalá, aportando otro de los síntomas que deteriorarían la Universidad española, la endogamia que traía la pérdida de su carácter universal para utilidad de la sociedad. 
 
En 1687 Portilla vivió desde dentro de la Universidad la consecución de una vieja reivindicación de Alcalá de Henares para destacar su importancia histórica desde los tiempos de Roma como Compluto. El regidor Diego Torres de la Caballería y Pacheco, que vivía en la Plaza de la Victoria, logró que Carlos II le diera título oficial de ciudad a Alcalá de Henares. Habría tenido peso reivindicativo los Annales publicados en 1652. La propia Universidad y sus principales logros y personas eran motor de ese reconocimiento. Por lo que Portilla, alcalaíno de nacimiento, debió interiorizar todo esto. Sobre todo en un momento en el que la Universidad estaba entrando en declive y necesitaba reivindicarla uniéndola a la propia figura de la recién titulada ciudad. Sus investigaciones debieron ir tomando forma desde esos momentos también como una reivindicación de la ciudad misma. Por el camino fue nombrado canónigo de la Iglesia Magistral de los Santos Niños y pastor y examinador sinodal del Arzobispado de Toledo. Teniendo en cuenta que los Annales los habrían escrito décadas atrás canónigos de la Magistral, puede que Portilla  no sólo tuviera acceso directo a numerosa documentación y libros, junto a los de la propia Universidad, sino que además se sintiera en una especie de obligación personal en la mejora y continuidad para actualizar aquella Historia general alcalaína. 

Sin embargo, antes de dedicarse de lleno a esa Historia, aún se dedicó a otra obra, una biografía, Vida, virtudes y milagros del glorioso señor san Francisco de Sales, obispo y príncipe de Ginebra, tercero de los mínimos de san Francisco de Paula, que publicó en 1695 en una imprenta de Madrid que pertenecía a Antonio Román. En 1700, Portilla con cuarenta años de edad, vivió la muerte de Carlos II sin descendencia y las reivindicaciones que hicieron por el trono tanto un pariente Austria del rey que vivía precisamente en el Imperio Austriaco, y otro pariente que pertenecía en realidad más directamente a los Borbón de Francia. En 1701 los enfrentamientos bélicos ya eran más que un hecho. Alcalá en un primer momento pudo decantar su simpatía por la rama Austria, pero de más o menos rápidamente cambiaron su favor a los Borbón cuando estos llegaron hasta estas zonas. Es conocido que según evolucionó la guerra al final la zona más leal a los Austrias fueron los territorios del antiguo Reino de Aragón, especialmente Cataluña. La guerra acabaría definitivamente en 1715, aunque para 1714 ya estaba prácticamente finalizada. Unos años antes los frentes bélicos y los combates ya se habían ido desplazando hacia los territorios fronterizos entre partidarios de uno y otro candidato dividiendo España más o menos en dos partes Este-Oeste. Entre tanto se producían todo tipo de cambios políticos, administrativos, hacendísticos y hasta de cargos y nobles en la zona Borbón, Alcalá de Henares incluida, tanto su ayuntamiento, como su corregimiento, como su Universidad, como su jerarquía religiosa. Evidentemente todo esto afectaría de alguna manera a la vida y actividades de Portilla, quien se dedicaría a su vida intelectual como catedrático y como historiador, así como a su vida religiosa en torno a sus cargos adquiridos, especialmente como examinador sinodal, que le haría viajar por los territorios del Arzobispado de Toledo. 

En 1725 sacó el primer volumen de su Historia de la ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste y ahora de Henares. Lo hizo a través de la imprenta de José de Espartosa, impresor de la Universidad de Alcalá. El segundo volumen lo sacaría en 1728, también con el mismo impresor. Ya en la cubierta, que incluía un resumen de los temas a tratar, dejaba claro en el título su intención de establecer una continuidad entre la Compluto romana con la ciudad medieval cristiana llamada Alcalá de Santiuste (Alcalá de San Justo) y su actualidad en la que era ya conocida como Alcalá de Henares, como recordatorio del nombre medieval musulmán, pasado que prefirió pasar por alto en ese resumen de la cubierta, pues de lo que se trataba era de resaltar el aspecto cristiano de la ciudad y las supuestas glorias alcanzadas gracias a ese cristianismo alcalaíno. Personalmente puedo aportar que como archivero e historiador que ha trabajado la documentación del corregimiento de Alcalá en el siglo XVIII, puedo confirmar que el nombre de Alcalá aparece ya en esos documentos judiciales oficiales como Alcalá de Nares, siendo que a veces hay apóstrofes antes de la "N" que indican que faltan letras. 

Portilla traza una Historia desde el origen de la ciudad romana de Compluto al año 1079, en la que la da por destruida. Establece ahí un nexo desde una épica romana a una ciudad medieval cristiana venida a menos, sin ahondar en el tiempo musulmán de Alcalá, al considerarlo invasor y contrario, en lugar de asumirlo como algo enriquecedor o que aporte. Sin  embargo continúa la Historia con la reedificación de la ciudad y su nuevo nombre de Alcalá que fija él en 1086.  Por tanto asume la Historia musulmana al reconocer el nombre. Pero más aún, aporta la Historia de los años de frente bélico estancado en Alcalá durante la Reconquista. Le es tan inevitable esto que no puedo menos que tratar del castillo musulmán y su conquista por los cristianos en 1118, según él con la aparición de una cruz en el cielo. A partir de ahí llama a esa zona Alcalá la Vieja, primer núcleo de ciudad cristiana reconquistada, aunque en realidad era originalmente musulmán. El castillo estuvo en pie incluso en el siglo XIX. Hoy quedan ruinas. 
 
Una vez que solventa toda la etapa histórica hasta la reconquista de Alcalá desarrolla una Historia lineal que avanza hasta el engrandecimiento de la ciudad, abultando los hechos, pues evidentemente si ese engrandecimiento existió hasta pasada la mitad del siglo XVII, lo cierto es que de la segunda mitad de ese siglo al año de publicación de la obra, 1725-1728, años que vivió él, la Universidad y la ciudad con ella viven un declive paulatino que se irá agrandando con las décadas. Precisamente en la década de 1720 Alcalá de Henares no estaba en sus mejores momentos respecto a todo lo vivido. Tampoco eran los peores, pero era patente que era una ciudad que muy poco antes tenía más prestigio y era más bulliciosa e importante en el plano político y cultural. Sea como sea, Portilla se entretiene en narrar una historia de los grandes nombres nobiliarios de la ciudad, de las vidas de los que fueron militares o guerreros afamados, de sus escritores más renombrados, de los logros de su Universidad. No escatima en todo tipo de leyendas y mitos cristianos de la Reconquista, como la Virgen del Val o la Vera Cruz, que ya pisa el siglo XVII, su actualidad, pero también en la vida de los santos que pasaron o fueron por aquí, y repasa todos los milagros de los que se hablaban hasta la fecha en la que él mismo vive. De hecho la obra la dedica a la "Santísima Cruz de Nuestro Señor JesuCristo". Evidentemente tampoco se olvida de uno de los hitos de su tiempo, el nombramiento de ciudad por Carlos II. En cierto modo está reivindicando también a los Austrias, pero evidentemente tiene que presentarlos como dinastía que tendrá continuidad con los Borbón.

Es una Historia que en realidad no sigue los principios científicos de la Historia, es una crónica, que sigue los pasos de las crónicas de siglos anteriores, especialmente de los Annales complutenses. Por tanto desliza en ella muchas cuestiones que no contrastó, del mismo modo que omite lo que no le interesa, y no da cabida a otras explicaciones que no cuadren con su mentalidad, creencias e ideas. Pensemos también que aparte de que él mismo era teólogo, el libro pasaba la censura de la Inquisición y tampoco podía traspasar algunas cuestiones que evidentemente negaba la Iglesia católica de ese momento. Es una crónica. Portilla es un cronista. Ahora bien, su figura ha pasado a la posteridad con el sobrenombre de "Historiador Portilla", y con tal tiene hoy día en la ciudad una calle y un colegio público de educación para adultos. Pero Miguel de Portilla es un cronista. 

Portilla usó mucha información de los Annales complutenses, pero los puso al día y corrigió y amplió lo que creyó oportuno. Su Historia, su crónica, está escrita estrictamente desde un punto de vista católico y de la Contrarreforma. Pensemos que sus primeros cuarenta años de vida habían crecido en esa España de la Contrarreforma. Se deslizan muy mínimas cuestiones del pensamiento ilustrado, pero él es muy claramente del otro extremo atado a las cuestiones de los dogmas de fe católica como verdad que no hay que cuestionar. Su obra es útil, aporta muchas cosas, como los Annales, de hecho está más completa que estos y por mucho tiempo ha sido una obra de referencia, lo sigue siendo, pero a ojos y juicio de hoy hay que leerla con las herramientas del conocimiento que tenemos en nuestros tiempos y saber diferenciar entre datos a tener en cuenta y datos que se pueden tomar en cuenta pero desde la perspectiva como se escribieron, aportes de una visión muy creyente en lo religioso, pudiendo haberse desliado incluso confusiones de creencias que hasta la Iglesia del siglo XXI corrige actualmente. Sin embargo, incluso haciendo una  lectura con método actual, la personalidad de Portilla nos aporta una Historia de Alcalá ya no sólo desde una perspectiva cristiana, sino también conservadora, de valores muy conservadores. Esto ha hecho que incluso hoy día haya personas aficionadas a la Historia, pero no formadas en la ciencia humanística de la Historia, que se hayan atrevido a escribir o hablar públicamente siguiendo esta y otras investigaciones similares como único relato posible, sin hacer las investigaciones y contrastes pertinentes y sin cambiar ese muy marcado tono que nos hace creer en un relato del pasado que refuerza la visión más conservadora de la vida y la sociedad.   

En todo caso, Portilla es uno de los intelectuales que trabajaron por el conocimiento y esclarecimiento de la Historia de Alcalá, uno de los destacados, y por ello tiene ganado un alto puesto entre nuestros historiadores. Su obra abrió camino a otras iniciativas posteriores, incluso actuales. Murió en Alcalá de Henares en enero de 1732, con 71 años y medio.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

viernes, 24 de mayo de 2024

Annales complutenses

Título: Annales complutenses y Historia de Alcalá de Henares, sucesión de tiempos desde los primeros fundadores griegos hasta estos nuestros que corren.
Autores: Pedro Tamayo; Pedro de Quintanilla y Mendoza; y varios autores anónimos, probablemente canónigos de la Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares.
Editor: Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares (hoy también catedral), por entonces adscrita a la Universidad de Alcalá de Henares (llamada también en esas épocas Universidad Complutense).
Impresor: [No localizado, probablemente de Alcalá de Henares].
Año de publicación: 1652 (1ª edición, seis volúmenes).
Género: Historia; Crónica; Anales.
---

Título: Anales complutenses y Historia de Alcalá de Henares, sucesión de tiempos desde los primeros fundadores griegos hasta estos nuestros que corren.
Autores: Carlos Sáez editando y comentando a: Pedro Tamayo; Pedro de Quintanilla y Mendoza; y varios autores anónimos, probablemente canónigos de la Iglesia Magistral de los Santos Niños de Alcalá de Henares.
Editorial: Institución de Estudios Complutenses.
Año de publicación: 1990 (1ª edición; prólogo de Florencio Campos, alcalde; e Institución de Estudios Complutenses).
Género: Historia; Crónica; Anales.
ISBN: 978-84-600-7398-7

 

El primer intento serio y altamente importante de crear una Historia general de Alcalá de Henares, por su nombre romano en latín: Compluto, fue publicado en 1652. Una Historia que en realidad era una crónica y que por tanto estaba muy alejado de la Historia como ciencia social establecida con sus técnicas y deontología y desarrollada a partir de Comte y otros autores europeos en el siglo XIX. Una crónica no sigue un método científico humanístico. No necesariamente contrasta las informaciones ni las somete a investigación, a menudo, incluso, los cronistas se someten a darle una especial importancia a una tradición oral que suele caer en mitología, leyendas y distorsiones, cuando no falsedades o bien ideales de quienes escribe, ya sean desde la religión, lo personal, recuerdos alterados de la realidad, lo político, la clase social, la construcción de un relato acorde a quien es cronista o a quien paga al cronista, etcétera. No obstante, los historiadores ya propiamente dichos solemos atender a estas crónicas como fuentes primarias de información a la cual atender, pero a la vez hay que someter a juicio y contraste para poder dilucidar qué nos aporta que tenga solidez histórica, y que nos aporta que pueda ser interpretable o bien al servicio de objetivos que no son la Historia estricta. Y resulta que la obra de la que hablamos no sólo era una crónica, era además unos anales. Una de las formas más antiguas de registrar los acontecimientos históricos de la Humanidad, junto a los mitos, desde los tiempos de las primeras civilizaciones de Medio y Próximo Oriente y Egipto, pero especialmente con aquellos anales romanos que registraron en tablillas los acontecimientos destacados de la República Romana año a año, con carácter de registro de hechos para ellos políticos y sociales a tener en cuenta, como por ejemplo en cambio de personas en los cargos y los hechos acaecidos bajo sus mandatos, mandos o legislaturas. Sabiendo esto, la obra de Historia, de crónica, que nos atañe para Alcalá de Henares en 1652 fue Annales complutenses y Historia de Alcalá de Henares, sucesión de tiempos desde los primeros fundadores griegos hasta estos nuestros que corren. Una obra de referencia incluso hoy día para los historiadores posteriores, pues quienes la escribieron en mitad del siglo XVII, siglo de esplendor cultural y político de la ciudad, no sólo eran cercanos y contemporáneos a algunos hechos, sino que además nos transmiten mentalidades, mitos y sucesos que conocieron en aquel momento y nos han quedado reflejados en estos escritos.
 
Esta obra fue reeditada con una edición especial comentada y analizada por la Institución de Estudios Complutenses en 1990. Institución que a la vez quiso continuar la obra a través de sus miembros e historiadores publicando investigaciones de Historia de Alcalá de Henares y el Valle del Henares en una revista formato libro que se publica anualmente desde 1987 como Anales Complutenses. Como sea, cuando esta institución, con apoyo del ayuntamiento de Alcalá de Henares, recuperó la obra original de 1652, la publicó conservando el nombre, pero en algunos lugares se refiere a esa reedición conservando la dos enes en "Annales" y en otras como "Anales". Estaba aquella edición crítica de 1990 al cargo de Carlos Sáez, historiador alcalaíno que vivió entre 1953 y 2006, muriendo joven. Esta reedición es bastante apreciada por los historiadores dedicados a Alcalá, especialmente de los siglos XVI y XVII y también de lo referente a sus mitos y a los de la Edad Antigua. A esta edición de 1990, prologada por el alcalde del momento, Florencio Campos (por el Partido Socialista Obrero Español, PSOE), se le unió una grabación en audio de la conferencia de su presentación, la cual fue realizada originalmente en cinta magnética (cassette), creo que actualmente digitalizada, y que junto al libro se conserva en la Biblioteca Nacional de España, en su sede de depósito en Alcalá de Henares, en su camino a Meco. En esos audios se escucha a Carlos Sáez y a Florencio Campos, pero también a Ramón González Navarro, José López Estrada y a José Simón Díaz. Sin embargo, de la obra original de 1652 se conserva en el depósito de la Biblioteca Nacional de España en Madrid el manuscrito de lo que debió ser la primera versión de revisión para editar en libro. De este se conserva también una investigación que lo comenta y cita, escrita por los hermanos e historiadores de la Universidad de Alcalá de Henares entre finales del siglo XX y comienzos de este siglo XXI, Casado Arboniés, Manuel y Francisco Javier, alcalaínos de varias generaciones y de los cuales quien esto escribe fue alumno universitario de Manuel. Se trata del libro Historia y proyección en la Nueva España de una institución educativa: el Colegio -Convento de Carmelitas Descalzos de la Universidad de Alcalá de Henares (1570 -1835), publicado en Alcalá de Henares en 2002. Los Casado Arboniés son historiadores de la Historia Moderna española, especializados en América española. 

Centrándonos propiamente en Annales complutenses de 1652, la obra es anónima, aunque intervinieron varios autores que dejaron referencias autobiográficas en algunas de sus anotaciones. Por ello se sospecha que probablemente todos los que intervinieron a lo largo de varios años eran canónigos prebendados de la Iglesia Magistral de San Justo y Pastor (los Santos Niños), que hoy también es catedral. Todos ellos habrían vivido en las primeras décadas del siglo XVII, durante las cuales se escribió estos Annales, haciendo registros de sus hechos actuales junto a la Historia pasada de Alcalá de Henares, que llaman con su nombre romano, Compluto. Carlos Sáez y otros investigadores de la obra coinciden en que la mayor parte de estos anales fueron producto de una sola persona de carácter anónima, tal vez fue el impulsor, el que lo inició, por ello el principal y más activo autor. 

No obstante, entre todos los autores anónimos que participaron hay dos que están identificados, por un lado: Pedro Tamayo, catedrático de primera escritura y canónigo. Como se ha dicho la iglesia magistral estaba ligada a la Universidad de Alcalá en su primera etapa de existencia entre el final del siglo XV y la tercera década del siglo XIX. No obstante, antes de que existiesen los edificios propiamente universitarios, los estudios generales (salvando las distancias: la enseñanza primaria y secundaria en la Edad Media y la Moderna) se hacían en esta iglesia, y por ello mismo, las primeras enseñanzas universitarias se pudieron dar con bula papal solicitada por el cardenal Cisneros en esta iglesia de los Santos Niños, que por ello pasó a ser magistral. Por tanto, por indicación en la obra, Pedro Tamayo se dedicó a lo que ahora mismo llamaríamos enseñanza primaria, era un maestro que enseñaba a escribir, hemos de suponer que también a leer, pues para escribir se hace necesaria la lectura, por lo que es un maestro de primeras enseñanzas.  

El otro autor que conocemos su nombre es un fraile emparentado con las poderosas familias nobiliarias, con gran influencia política, Quintanilla y Mendoza. De los Quintanilla nacerá en el siglo XVIII María Isidra de Quintina Guzmán (Isidra de Guzmán), primera doctorada de España, precisamente por la Universidad de Alcalá. Los Mendoza son mucho más conocidos, parte de ellos vivían entre Alcalá de Henares, Guadalajara y Sigüenza y fueron virreyes en América, ocuparon cargos políticos y militares cerca de los Reyes, administraron regiones y ciudades, tuvieron altos cargos eclesiásticos, etcétera. No olvidemos que uno de sus miembros, la princesa de Éboli, era Ana de Mendoza, la cual celebró su boda en Alcalá de Henares, en lo que fue un palacete hoy desaparecido desde la guerra civil, ubicado en la calle Rico Home, siendo su jardín el actual Jardín de la Palabras, popularmente conocido como huerto de los Leones, por ser así llamado ya que el jardín pasó a la iglesia magistral que lo hizo huerto y cuya entrada lo guardaban dos leones de piedra, símbolo de los Mendoza. Sea como sea, el autor que aquí nos interesa fue fray Pedro de Quintanilla y Mendoza. Si bien este interrumpiría los Annales en 1645 y la publicaría en 1652, en 1653 publicó lo que pudiera haber sido un largo capítulo dentro de los mismos, una biografía del cardenal Cisneros llamada Arquetipo de virtudes, espejo de prelados. Pedro de Quintanilla sería quien habría creado el manuscrito que conservamos de revisión de la obra para su publicación. Él habría añadido índices al comienzo de los Annales para facilitar la consulta de la obra. A la vez revisaría todos los capítulos escritos para prepararlos para su publicación, transformando los capítulos en seis libros, por lo que la obra fue publicada en seis volúmenes. Así que de Quintanilla se deriva la primera edición de esta crónica y sus aspectos formales, así como su adaptación para que se diera el hecho.

Sin embargo, Quintanilla había retomado la obra cuando esta misma estaba interrumpida e inacabada en 1645, por ello, Quintanilla prepara la edición y saca la edición siete años después de que de manera incompleta e interrumpida se dieran por acabada. La obra había comenzado a escribirse por el motivo posible de que Alcalá de Henares había nacido en prestigio e importancia dentro del Reino Hispánico y del Imperio Español desde la fundación de la Universidad en 1499, sumándose así a la presencia del Arzobispado de Toledo y las estancias de los Reyes, así como ser una de las ciudades principales a las que potenció el Cardenal Cisneros en el comienzo del siglo XVI. Para el comienzo del siglo XVII, además, muchas personalidades políticas, de las ciencias y de la Iglesia habían pasado o salido de Alcalá. Pero la ciudad no tenía una Historia general propia compilada y escrita, aún cuando el emperador Felipe II se había planteado si ubicar la capital del reino aquí, cosa que descartó en favor de Madrid, por estar en Alcalá los contrapoderes de la Universidad y del arzobispado. Como iniciativa privada de algún prelado de la iglesia magistral, como se ha dicho, posiblemente para uso interno de los propios miembros de la Iglesia que enseñaban para la Universidad, comenzó a escribir esta Historia, con la idea de estructurar año a año una trayectoria directa desde los orígenes mitológicos (y falsos) de la ciudad como fundación por parte de griegos que participaron de la Guerra de Troya, a los que les otorga el origen de Compluto, como algo derivado del griego, en lugar de su origen del latín. Nombra héroes y caudillos míticos, pero enseguida pasa a reforzar lo que realmente les interesaba: reforzar y dejar patente el origen y la Historia romanos de Alcalá, Compluto, como algo prestigioso en lo cultural y en el poder. 

Tengamos en cuenta que en pleno siglo XVII ocurren en la historiografía española dos cuestiones que son las predominantes. Por un lado, desde el siglo XVI, ya con los Isabel I y Fernando V, los Reyes Católicos, pero especialmente con la etapa de Fernando V ya viudo de Isabel, se elaboraron diversas Historias del Reino Hispánico (nombre con el que se llamaba a España antes de la dinastía real de los Borbones a partir del siglo XVIII, por ser un reino unión de reinos con los Austrias a modo bastante federal, que diríamos hoy, como mucho usarían el término de la antigua Roma de Hispania, incluyendo Portugal, ya con Felipe II, especialmente). Es estas Historias se narraban desde Historias de los diversos reinos con la intención de crear un relato de unidad de destino que vendría a dar la unificación bajo el mando de Castilla y Aragón, siendo clamoroso lo que los navarros escribieron como si ellos siempre hubieran sido parte de ese Reino Hispánico, siendo en realidad unos resistentes que fueron los últimos unificados mediante una guerra, incluso tardando más tiempo que el Reino de Granada. Estas historias además alimentaban la visión de la Reconquista y una especie de misión divina de los españoles como elegidos de Dios para defender la cristiandad. No obstante, el rey de España ha tenido por siglos desde esa época el título honorífico de Rey de Jerusalén, heredado de los Reyes de Aragón  en la Edad Media, y que se puede leer en cada uno de los documentos que firman los reyes con sus títulos oficiales.  Pero como Historia ya general del Reino Hispánico, estando ya en el trono, Carlos I, saltamos a Juana I, "la Loca", y Felipe I, "el Hermoso", se comenzaron a unir a estas visiones la visión del Imperio del mundo como esos elegidos de Dios, y esta idea de Imperio se reforzó con visiones que trataban de unir por vía directa la genealogía de los Austrias con la de los Césares de Roma y la legitimidad del Imperio Español con la continuidad del Imperio Romano, una vez que había caído el Imperio Bizantino en el siglo XV. No obstante, el Imperio Hispano o Español llegó a serlo no sólo por sus políticas matrimoniales de alta política y los descubrimientos y conquistas de América y Asia, sino también por su unión con el Sacro Imperio Romano Germano, que tenía controlado todo el centro europeo y dominaba las políticas de la parte occidental y oriental de Europa, con graves tensiones y problemas con las naciones colindantes. Ese Sacro Imperio Romano Germano (germen original de la posterior Alemania y Austria de siglos después) se consideraba el heredero del Imperio Romano de Occidente desde los tiempos de Carlomagno y sus familiares que lo fundaron. 

La otra cuestión candente en las historiografías españolas del siglo XVII es la propia Contrarreforma religiosa que inició la Iglesia Católica Apostólica Romana a partir de mediados del siglo XVI, en el cual hubo amplia participación de teólogos y eclesiásticos españoles, así como presiones políticas y militares a los diversos Papas por parte de los emperadores españoles (Carlos I y Felipe II), incluyendo una intervención militar en los Estados Vaticanos y un saqueo de Roma. La Contrarreforma hacia frente a la Reforma religiosa que se inició desde finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI en Europa de la cual nacieron diversas corrientes del cristianismo que en conjunto se conocen como protestantes, aunque dentro de ese denominativo común están los luteranos, janseístas, calvinistas, hugonotes, anglicanos y otros. Todo esto había provocado además persecuciones religiosas por parte de unos y otros, represiones, la etapa más violenta de la Inquisición, diversas guerras europea y conspiraciones políticas que incluían asesinatos y disturbios. En la primera mitad del siglo XVII, época en la que se escribieron los Annales, estaba en marcha la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que se solaparía a la vez con la que España mantuvo con Francia (1635-1659), en la cual, también a la vez, se desarrolló una guerra civil en España que es consideraba también una guerra por la independencia en los territorios de los antiguos condados catalanes de lo que había sido el Reino de Aragón, guerra entre 1640 y 1652. En todas esas guerras estuvo a la vez España, en parte causa de su ruina (por contra el reinado posterior de Carlos II tuvo un periodo de paz tras un primer momento de conflicto y hasta del primer golpe de Estado y dictadura en sus primeros años). Alcalá de Henares incluso celebró los primeros triunfos españoles en la Guerra de los Treinta Años dando el nombre de Calle de la Victoria y Plaza de la Victoria a esa parte de la ciudad, que se estaba construyendo en esos momentos. En ese contexto se escriben los Annales. La historiografía española se hacía eco en esos momentos siempre de dar una explicación religiosa cristiana de sus acontecimientos, queriendo dar a entender que los españoles, elegidos de Dios para defender y expandir el cristianismo, habían tenido desde siempre ese trato divino y se narraba la Historia del Reino Hispánico como descendiente directo de todos los descendientes de Tubal, hijo de Noé que tras el diluvio se habría asentado en la península Ibérica, donde, además, afirmaban algunos historiadores, habría estado el Edén antes de la expulsión de Adán y Eva.

Así, los Annales, estaban insertos en las tendencias historiográficas españolas del momento. Buscaban tanto remarcar una unidad de destino de la ciudad acorde con la del Reino Hispánico como si su misión fuera la misma, tanto en la grandeza del Imperio como en la expansión del catolicismo hasta por América. Lo reforzaban con la persona de Cisneros, pero sobre todo con la presencia de los Santos Niños Justo y Pastor y otros santos. Todo ello se unía a la institución de la Universidad de Alcalá, que tuvo gran importancia en la construcción del aparato intelectual de la administración del Estado y que, en el siglo XVII era una Universidad prestigiosa en Europa junto a la de Salamanca, aunque la Contrarreforma las perjudicaría tanto en su libertad de cátedra que en ese siglo serían superadas con mucho por los avances de otras Universidades europeas donde el peso era protestante y no católico, ya que los protestantes permitían investigaciones y cuestionamientos que el catolicismo de los siglos XVI y XVII no permitían. Por otro lado querían remarcar también ese pasado directo de la antigua Roma de la ciudad de Compluto con el Alcalá que eran en el siglo XVII. Querían remarcar la antigua Compluto como una ciudad de importancia imperial, lo que le uniría a la propia idea del Imperio Español y al propio emperador español. Por ello les interesaba dejar constancia de todos los restos romanos que encontraron en sus días de escritura, algunos de gran tamaño. Fueron más allá y pusieron el origen no en la antigua Roma, aunque reconociendo que ya había habitantes aquí antes de los romanos, pusieron el origen, sin pruebas, sólo con hipótesis llena de imaginación, en la antigua Grecia más arcaica, en guerreros griegos veteranos de la Guerra de Troya, que se había producido en el año 1000 antes de Cristo. La idea no era nueva. La maquinaria política del siglo I antes de Cristo ya había pagado a Virgilio para que creara una larga oda de propaganda política llamada La Eneida que, dentro de la épica de La Iliada y La Odisea de Homero, unía por vía directa la genealogía de Julio César y de César Augusto directamente con la Eneas, uno de los héroes de Troya huidos hacia Italia, donde sentarían los territorios que posteriormente servirían para la historia de Rómulo y Remo fundando la ciudad de Reino de Roma.

No todo era parte de una historiografía basada en hipótesis entre lo bíblico y lo épico. También se usaba referencias de una muy primitiva arqueología, aunque sin método científico tal como lo conocemos hoy día, y un rastreo dentro de los textos antiguos recopilando historias y tradiciones escritas y orales sobre los hechos pasados que, en parte, sí tenían base y certeza históricos reales. Los autores de los Annales tomaron referencias de autores anteriores que escribieron sobre la Historia de Madrid, pero que mencionaban a Compluto. De este modo se trataba de aumentar la importancia de Alcalá al ligar su Historia a la Historia de la propia capital del reino, donde vivían los reyes en el Alcázar de Madrid, hoy desaparecido, aún cuando ellos también residieron en el Alcázar de Toledo, El Escorial y otros lugares. Un dato que se tomó de manera cronista pero que la Historia propiamente dicha vino a confirmar y, con ayuda de la arqueología actual, a consolidar, fue el posicionamiento de los habitantes de Iplacea, llamada Kómpluto aquí, que eran carpetanos, a favor de Sertorio en la guerra civil abierta entre este y la República Romana que mandó combatirle a Pompeyo. La romanización de la Carpetania (Madrid más zonas colindantes de Guadalajara, Toledo, Segovia y Ávila) fue producto de esa guerra civil, siendo que los carpetanos defendieron la causa de Sertorio contra Pompeyo, y posteriormente la de Pompeyo contra Julio César. 

Sigue a partir de los tiempos romanos un relato ininterrumpido de la Historia de Compluto durante el Imperio Romano, instaurado por César Augusto, la cristianización, habla de los Santos Niños, de todos los santos relacionados con ellos y la ciudad, del Obispado de Complutum, que quedó absorbido por el de Toledo en la Edad Media, habla de los sucesos medievales y se recrea en Cisneros, la Universidad y especialmente en todas las obras en las que tenía que ver la Iglesia Magistral y sus fundaciones. Ahora bien, ahonda en el intento de dejar muy bien asentado un lazo directo de los orígenes desde el mítico y fabuloso asentamiento griego a su actualidad del siglo XVII. Lo romano cobra importancia por los Santos Niños y el origen cristiano como motor de Alcalá y en ese sentido la Iglesia Magistral de los Santos Niños es una de las principales protagonistas de esta Historia. No obstante estos canónigos pertenecían a ella y a ese culto de San Justo y Pastor. Se interrumpe bruscamente el relato en 1645, como se ha dicho, año en el que murió el 28 de diciembre el arzobispo Gaspar de Borja y Velasco (1580-1645), el cual ostentaba el cargo de arzobispo desde enero de ese mismo año, tras varios años en los que el Papa había rechazado la proposición del rey de España, Felipe IV, para que lo fuera. 

La propia obra hace referencia de dónde se guardaron copias de la obra y de las copias de las fuentes que se usaron, como puedan ser algunas torres del Palacio Arzobispal y de las murallas de la ciudad, la Universidad o lugares de Madrid. Algunos de ellos están hoy día desaparecidos o en la Biblioteca Nacional.

En 1652 se determinaba Alcalá de Henares comprendida de la Puerta de Santa Ana (hoy día una rotonda de circulación a la que se le ha dado título de plaza) al arroyo Torote, de ahí a la cuesta y arroyo del Zulema (hoy día monte Gurugú), de ahí al Arco de Buena Vista y de ahí a La Garena. Por lo que en pleno siglo XVII se hablaba del término urbano como sus lugares con ruinas antiguas y campos colindantes, pero se hace evidente que se centra en lo que fue ese origen romano de Alcalá y su evolución en lo que sería Alcalá.

Llama la atención la abundante cantidad de noticias que nos aporta en aquel siglo XVII de la abundancia de restos arqueológicos de la antigua Roma de los que tuvieron conocimiento y que, por no existir una conciencia arqueológica, fueron saqueados para uso propio de instituciones como la Iglesia o los nobles, o los propios vecinos. Así pues, habla ya de la Fuente de la Salud en el Juncal, hoy día degradada detrás de diversas industrias entre el río y la carretera a Madrid. De esa zona, donde están los restos de Complutum, desenterrados entre el final del siglo XX y el comienzo del XXI, nos habla de que se encontraron conductos de agua o alcantarillado, así como los agricultores propietarios de las tierras al cavar encontraban piedras de jaspe y mármol, columnas, arcos, basas, capiteles, sillerías, cimientos de torres, restos de casas, monedas, esculturas (de las que se dice que algunas de ellas fueron a parar a las capillas de la iglesia magistral por medio de su venta) y numerosas vajillas de cerámica roja con grafitos. Es conocido que buena parte de las columnas de piedra originales con las que Cisneros hizo sustituir las de madera de la Calle Mayor eran precisamente de Complutum, así como se tienen detectadas en patios del distrito central y en la muralla del Palacio Arzobispal algunos de estos restos. Así por ejemplo, es bastante conocida el túmulo fúnebre ubicado como sillar en una de las torres del Palacio Arzobispal allá donde se une con una de las tapias que daban a un jardín que hoy es un aparcamiento de coches. 

Es un primer testimonio de Historia general de Alcalá, además como obra colaborativa, escrita en los momentos de máximo esplendor de la ciudad. A mediados del siglo XVII la gran mayoría de los grandes nombres y la mayor parte de los acontecimientos de la Universidad de Alcalá en el siglo de Oro ya se habían dado o se estaban dando aún. Tanto lo que nos cuenta la obra en sí, especialmente todo lo referente a su actualidad y a los restos antiguos de los que tenían conocimiento, como el aporte de tradiciones orales tenidas por ciertas, nos aportan una gran cantidad de información a la que unir los porqués y los contextos tanto de su creación como de sus creadores. Un imprescindible en las bibliotecas de Historia de Alcalá, aunque como fuente primaria, no hay que olvidar nunca su carácter original de crónica, no de Historia con método de ciencia humana. Es herramienta y testimonio de Historia y de mitos, hoy día no es Historia propiamente dicha como algo totalmente asentado. Aunque tiene un gran valor y nos da muchos datos directa e indirectamente con su lectura y análisis, hay que leerla con los conocimientos y los datos del siglo XXI, de las épocas del lector y el investigador. Quizá por ello la edición de Carlos Sáez en 1990 le aporta muchas cosas importantes, pues sus notas e investigaciones rellena a la altura de ese 1990 lo que en 1645 era válido pero no tras los nuevos conocimientos acumulados trescientos cincuenta años después. Hoy día, 2024, ha habido numerosos nuevos avances de conocimientos y tal vez no venga mal una nueva revisión sobre lo revisado, que es muy válido, y completar con lo que ahora también hemos sumado al conocimiento, y corregido, con total respeto a lo ya aportado por Carlos Sáez.

Además hay que tener en cuenta que el punto de vista de estos Annales era el de canónigos, por lo tanto de gente católica que ejercía cargos en la jerarquía de la Iglesia. Su visión es la que es y le falta otras visiones y otras perspectivas que cada vez son más conocidas a través de numerosos estudios transversales sobre esas épocas.

Lo dicho, un clásico y un imprescindible de la historiografía alcalaína que sigue siendo un básico como herramienta de conocimiento para muchos.


Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".