viernes, 16 de octubre de 2026

Llegando a puerto II

Título: Llegando a puerto II.
Autores: Varios autores (Ana María de la Casa Monge, María Jesús Espinosa, Raquel Vidal, Deby Ros, Victoria Salazar, Miguel Ángel Gómez Sedano, Samuel Buitrago, Elena Tabachkova, Fernando Fresneda, Aroa García, José Manuel Ramos, Vicente Orallo, Alejandro Pacheco, Maribel Domínguez, Miguel Ángel Gómez, Mario Navarro, Antonio Lera y Sofía Winter)
Editor: Pub O'Malley's.
Impresor: Safekat 
Año de publicación: 2026 (1ª edición; prólogo de César Sobrón; epílogo de Raúl García, dueño del Pub O'Malley's).
Colección: Certamen Llegando a Puerto.
Nº de volumen en la colección: 2.
Género: Relatos breves.
Depósito Legal: M-22530-2026

Ha comenzado el otoño de 2026 y el Pub O'Malley's ha iniciado este pasado septiembre su tercera edición de su concurso de relatos breves, el cual tiene por premio la edición en libro de los ganadores. A la vez, igual que pasó con el inicio de la segunda edición en el otoño de 2025, se publica y presenta el libro de la edición anterior. Así pues, se presentó el libro Llegando a puerto II, cuyo subtítulo ya no indica que aparte de los ganadores se publican algunos relatos finalistas, sino que se publican además de los ganadores otros relatos seleccionados, sin especificar que hayan sido o no finalistas. El libro a vuelto a ser editado por el propio Pub O'Malley's, cuyo dueño es Raúl García. Este no escribe esta vez el prólogo, sino el epílogo, a modo de reflexión personal y explicación de este volumen y del concurso, pero que vuelve a funcionar como un ensayo a modo de último relato. Envuelto en una escena romántica y onírica nos explica amablemente tanto la soledad y los anhelos como sus porqués de este proyecto. Y en esos porqués nos explica su portada, donde se le ve a él mismo en una campiña con un traje de lino blanco y sombrero, casi como imagen de otra épocas, o como un antillano. Responde a esa misma reflexión del epílogo. Sirvió de cartel a todo el segundo certamen en sustitución del de la pirata O'Malley que hizo Zia Mei para la primera edición, aunque el logo de la pirata se encuentra en la solapa interior y también en la página que da pie a la separación de los relatos finalistas respecto a los ganadores. Del mismo modo que toda la cubierta queda en blanco, en contraste del tono negro y la fotografía de Sofía Winter en el primer volumen del libro de aquella primera edición, Llegando a puerto. La fotografía de Raúl no es una fotografía real como la de Sofía, sino generada por ordenador con inteligencia artificial, en consonancia misma con ese aire onírico de su epílogo. Raúl también se reserva para sí la contraportada, donde continúa explicando el porqué del proyecto y del libro, aunque ahora ya sin un aire de ensayo ni de relato.

Zia Mei sigue siendo la diseñadora y maquetadora del libro, aunque esta vez no hay relato suyo.

El prólogo queda reservado para César Sobrón, que es el autor de prosa y poesía que ideó este concurso y le da vida junto a Zia Mei y Maribel Domínguez. Esta vez César no escribe relato en el libro. Él ha amenizado con su música el espacio entre las personas participantes a lo largo del segundo certamen, al que yo esta vez asistí de nuevo alguna vez, pocas, pero fui, como espectador y persona votando, pero tan sólo una sola vez como participante, igual que en la primera edición. El prólogo de César Sobrón funciona como lo que es, sin ejercer de ensayo ni de relato extraordinario. En él nos explica la dinámica del concurso y el sentido de ser de su música  tocando el handpan. En él nos dice que en el libro se encuentran los relatos con los que más disfrutaron los espectadores en sus respectivas sesiones, eludiendo adjudicarles el calificativo de los mejores, pues, conociendo a Sobrón, lo que nos insinúa es que la literatura, tal como la entiende él, significa y da valores diferentes a cada persona de manera diferente. 

Hay que tener en cuenta en estos concursos que a menudo el público no vota sólo la calidad del relato o si lo disfrutó, entre otros factores a la hora del voto personal de cada cual está el de la forma de leer, lo que hace que este concurso también tenga algo de espectáculo y de, o de, oratoria. De hecho parece que los textos con sentido del humor tienen cierto éxito, aunque algunos de esos textos sean más propios de monólogos que de ser tratados como relato breve. Relato breve que en esta ocasión alguno parece que no ha sido tan breve y se ha saltado la norma del límite de páginas, sin que en esas ocasiones los que llevan el concurso le hayan recordado que se salta la norma, pero esto es algo que parece, según leemos algunos ganadores, pero que no podemos saber.

Personalmente, respecto a los encuentros a los que yo asistí, creo que se han quedado fuera de este libro algunos relatos muy notables, que no ganaron pero que pudieron haber sido incluidos entre los relatos seleccionados del final del libro. 

Hay un público consolidado al que se le han acercado personas nuevas y participantes nuevos, pero se hace evidente ese público consolidado que, además, ahora se conocen entre sí, aunque algunas personas se conocían de antes, incluso de talleres de vodevil, teatro y escritura. Quizá por ello, por esa reiteración, los relatos ganadores en general vuelven a ser en su mayoría relatos con un humor costumbrista algo picante o temas costumbristas o reivindicativos de determinados temas muy concretos. En esto hay una unidad muy clara respecto al primer volumen. De hecho, en algunos relatos pareciera que hubiera un estilo de escribir y de elegir temática muy propio de ejercicios de talleres de escritura.

Entre los ganadores de esta segunda edición se repiten de entre los de la primera edición Maribel Domínguez (la persona que más veces ha obtenido relatos ganadores), Miguel Ángel Gómez, Mario Navarro y Antonio Lera. Y aparece Sofía Winter entre los relatos seleccionados, igual que en la primera edición estaba entre los relatos finalistas. 

En esta segunda edición, a la vez, vuelve a repetirse el caso de que algunas personas ganaron varias veces, por lo que contienen varios relatos, es el caso de Maribel Domínguez, Raquel Vidal, Miguel Ángel Gómez, y entre los seleccionados aún se repiten Antonio Lera y Tabachkova.

El penúltimo tren, de Ana María de la Casa Monge. El segundo certamen comenzó con una ganadora que lo ganaba por primera vez en el Pub O'Malley's. Se trata de un relato de carácter social en el que un delincuente juvenil termina transformándose y reformándose por medio de la lectura de un manual que robó creyendo que no robaba libros. Escrito en primera persona nos da la sensación de estar leyendo las breves memorias, o la confesión íntima, de una persona que hoy día es una persona común tras superarse a sí mismo de un camino de delitos. Con ese recurso trata de captar un espacio de intimidad entre el lector y el personaje. Era difícil que en el primer día del certamen ganara un relato social, pero este lo hizo.

No me regales flores, de Maribel Domínguez . El relato parece construido sobre la base de lo que pudo ser un poema, por otro lado muy propio de su estilo en sus temáticas de amor. Leído el relato, sinceramente creo que hubiera sido mejor construirlo precisamente como eso, como un poema, pues incluso parece seguir esa estructura rítmica. Ignoro cómo lo percibió la gente que lo escuchó, o cómo lo perciben sus lectores, por lo que a mí respecta, desde el inicio de las primeras frases supuse cual era el desarrollo y el final. Y no fallé, por lo que para mí la atención se fijó más en la construcción, que, insisto, me parece más propia de poesía que de relato, aún cuando se le ha quitado el ser construido a base de versos, rimas y otros recursos. Se trata de una historia de amor mal llevado con final trágico, que nos habla de la soledad incluso estando acompañados, por tanto de la falta de comunicación en las parejas, en las relaciones humanas en general añadiría yo. Frases breves y directas y párrafos con silencios, aunque se dice mucho.

El gran apagón, de Miguel Ángel Gómez Sedano. Este es uno de los muy extensos relatos que fueron ganadores en este certamen. Siguiendo su estilo propio, en consonancia con su aportación a la primera edición, es un relato satírico que no deja de ser un relato de humor con tintes costumbristas puestos al día del siglo XXI, con arquetipos de personajes, lenguaje eróticamente picante, palabras mal pronunciadas o confundidas con otras para buscar la gracia, personajes faltones y una situación entre ellos que hace que les ocurran cosas llevadas al extremo deformado, para poder crear ocasiones que el autor desea que resulten cómicas. Es un estilo en el que se siente cómodo y del que conoce sus recursos. Se ambienta en el hecho real del gran apagón del 28 de abril de 2025 en toda España. Unos vecinos se quedan atrapados dentro del ascensor. Se trata de una sudamericana obesa y claustrofóbica, un anciano xenófobo y quejica y el protagonista, presuntamente la mente coherente y atrapada entre esos mundos para él comprometedores. Más o menos se repite un esquema de trío de payasos en un circo clásico. El payaso listo, el payaso que raya lo surrealista y el payaso conflictivo. La primera parte del relato cumple bien como relato, pero llegados hacia el final a mí me da más sensación de monólogo de humor en busca del público que de relato de humor, especialmente cuando la confesión del personaje protagonista pasa a ser una enumeración de valoraciones sobre lo sucedido. En todo caso, un único apunte sobre el desarrollo argumental, algunas de las situaciones descritas no hubieran podido llevarse a cabo, pues el uso de los teléfonos móviles fue imposible durante el apagón, salvo en los primeros minutos de desconexión eléctrica, por lo que hemos de entender que el autor se permitió esto como licencia para poder evolucionar los hechos que narra.

El séptimo cielo, de Raquel Vidal. Este relato sigue la vía de otros relatos ganadores en la primera edición por lo que hemos de entender que es una temática que el público del Pub O´Malley´s quiere premiar. Es otro relato social y reivindicativo. Uno en torno a la denuncia de la violencia contra la mujer. Como se recordará, en el primer volumen ya se premió a otros relatos contra el machismo violento. Una mujer maltratada sufre un aborto por culpa de una de las palizas. Es el relato de su deseo de marcharse de su casa en secreto y del suceso de una justicia poética que a la vez no es tan poética, sino algo bastante material. Tiene algo de relato casi iniciático, con una estructura pensada para la recompensa de la protagonista. Tiene su algo en ese sentido iniciático.

Una carta, de María Jesús Espinosa. Un relato realmente breve a modo de confesión de un protagonista que nos habla de como un viejo matrimonio ambulante compuesto por un sastre músico y una curandera llegaron a su pueblo y le cambiaron la vida, sin que nos cuente absolutamente nada de cómo o porqué le cambiaron la vida. Simplemente es un dibujo, una especie de fotografía en prosa del ser de aquella pareja. El relato prácticamente parece simplemente lo que su título dice: una carta, un ensayo. Hemos de valorarlo desde la estética.

La reunión, de Mario Navarro. Uno de los relatos más destacables del libro para mi gusto. Se trata de un relato que ficciona un hecho histórico real, la decisión hacia finales del siglo XV y comienzos del XVI de que los Reyes Magos de la religión católica fueran personas que vinieran de los continentes conocidos y representaran cada uno a las tres razas mayoritarias conocidas en ese momento, pasando a ser Baltasar de raza negra, aunque hasta ese momento siempre había sido representado de raza blanca, porque en la Biblia nada indica que viniera de África. Para ello hubo diversas deliberaciones eclesiásticas y con monarquías del momento, como Portugal. Con cierto sentido del humor, aunque no tan desarrollado como el de Miguel Ángel Gómez y tampoco orientado al costumbrismo, si no más sutil, nos presenta un tema bastante serio y desconocido en general para mucha gente de hoy día. Además nos lo analiza desde los intereses económicos y su intención de alterar hasta lo más sagrado, nunca mejor dicho, si eso viene bien para los negocios. Así que en realidad también se trata de una crítica actual al sistema capitalista de hoy día, pero también señala con el dedo a las imposiciones de lo políticamente correcto como un elemento censor y también manipulador de la realidad, creando lenguajes y realidades alternativas que, no siendo reales, terminan siendo aceptadas por reales. Quizá el último párrafo parece destinado al público oyente, como si fuera un monólogo, una vez más, pero es apenas una muy breve parte de un relato extenso que de por sí funciona bien como relato, aún cuando introduce formas de pensamiento y expresiones anacrónicas, quizá porque en el fondo, como se ha dicho, hay una crítica a la actualidad.

El postre, de Raquel Vidal. Al igual que su anterior relato ganador a mí me sabe a relato iniciático, y tiene su encanto en cuanto a ese sentido iniciático. Si perdura en el camino que se ha marcado, y más en el de este relato, es probable que desarrolle tramas más largas que tengan giros muy atractivos dentro de una literatura llamada a la acción, el suspense o el género que desee y le pegue lo inesperado y provocador. Porque hay en ella un afán de provocación. Puede que haya leído a Vian o Bukowski, aunque no está en esa línea exacta. En este caso nos muestra un relato macabro donde una chica muy presumida se siente más que los demás, aunque ella no viene del mundo del que pretende ser. Es invitada a una cena misteriosa donde lo obsceno de los sucesos hablan por sí mismo desde la oscuridad de un Allan Poe, pero para nada al modo decimonónico. El género le pega, quizá le atraiga la contracultura al nivel que lo oscuro o lo fascinante. En este relato, sin embargo, aún con todo, el final, para mi entender, necesitaría un poco más de desarrollo descriptivo para el impacto. Está bien planteado.

Por favor, déjame, no me ames, de Maribel Domínguez. Otro relato típicamente de Maribel. Su temática también podría haber sido un poema suyo, aunque este relato tiene menos estructura de poema y es más relato que el anterior. Juega con una temática que ya se ha dicho que parece que atrae en este concurso, el del conflicto entre una mujer y un hombre. Pareciera una historia de desamor donde ella poco a poco se va abandonando a sí misma y se abstrae, reduciendo su propio mundo y su vida. Sin embargo, es otro relato que también busca el golpe de efecto final, como el anterior y como algunos de los ganadores del año anterior. No es un relato de desamor ni de maltrato psicológico a la mujer, aunque toda su estructura juega con esa idea. Quizá es por ello que el relato es ganador. Se trata en realidad de una triste realidad sobre la enfermedad del alzheimer. Una exposición de sus efectos. Un relato social.

Un motivo para volver, de Deby Ros. El más breve de todos los relatos. Yo estuve el día que lo leyó. Le puntué bien. Es otro de los relatos que me parecen a destacar de entre estos relatos destacados. Ambientado en plena Segunda Guerra Mundial, nos habla de una historia de amor interrumpida por una guerra que, en muy pocas palabras, nos es descrita como elemento que rompe vidas. Bien escrito, bien presentado, cumplidor de las normas, sabe lo que desea expresar y lo logra.

La Luna, él y yo, de Victoria Salazar. Un relato de un romance de una noche a modo de confesión de ella, la protagonista. Construido en frases breves y párrafos igual de breves, lo que le llena de silencios. Aunque el comienzo es más extenso en esas frases y párrafos, estos van aminorando esa extensión según avanza el relato, y con él la noche que nos narra, que se va agotando a la vez que va en aumento un enamoramiento nocturno cuyo desenlace es el propio acto sexual como máxima expresión del amor. Así pues es otro relato basado en la estética, una estética que tiene algo de recurso poético, una estética construida sobre la confesión íntima, como en el primer relato ganador. El nudo del relato es el miedo a equivocarse de ella respecto de él, pero realmente no es un nudo que parezca tener importancia, por lo que todo transcurre evolutivamente a la culminación amorosa y un final feliz de nueva pareja. Hay que fijarse en su construcción estética. Si no fuera así, sería un diario personal compartido. También estuve el día que se leyó este relato.

Corina, de Maribel Domínguez. Es el relato que es más relato de los relatos de Maribel en este libro. Por ello para mí ya tiene más valor. Aunque llama la atención que sigue la línea de El postre, de Raquel Vidal, del que ya hemos hablado. Podríamos considerar que el público premió dos veces relatos similares, cosa que ya pasó también en la primera edición (véase las notas del primer volumen en su entrada). Por otro lado volvemos a problemas de desarrollo emocional y afectivo de pareja, a lo oscuro y macabro y al mundo de la mujer como víctima. Martín es un obseso de la belleza, pero su mundo introspectivo le impide mantener relaciones normales con las mujeres, por lo que es un habitual cliente de prostitutas, entre ellas está Corina, por la que siente una obsesión y es a la que más solicita. Con esta trama planteada se avanza hacia un golpe de efecto final similar al propuesto por Raquel Vidal en su relato, aunque con una variante significativa, aunque metafóricamente podríamos considerar igual. Este camino de relatar le sienta bien a Maribel, lo dije ya en el anterior volumen con otro relato que seguía esta senda más oscura, pero es evidente que, aunque la pisa, se siente más cómoda en los relatos de amor y desamor. Cada cual tiene su voz, obviamente. 

Ser pija es muy duro, de Miguel Ángel Gómez Sedano. Se trata de otro relato de humor costumbrista. Aunque tiene una estructura más de relato literario que el anterior, sigue teniendo un aire más de monólogo de humor. Ese aire se lo da el especial uso de equívocos en los términos que, por otra parte, ayudan a retratar a su personaje principal, una mujer joven pija. También lo expresa el uso de las mayúsculas intercaladas con las minúsculas para señalar los golpes de voz allá donde se desea el efecto cómico. Parece escrito como un guion para monólogo, más que como relato. En todo caso, como relato pareciera que el autor desea guiar también la tonalidad de lectura del lector. El relato, como pasara con Maribel Domínguez en la sesión que antecedió a esta, vuelve a alimentarse en cierto modo de El postre, de Raquel Vidal, sea consciente o inconscientemente. Se trata de una mujer joven que trata de pertenecer a una clase social más supuestamente más elevada y elegante, pero que en sus conocimientos y modales deja patente sus muchas carencias ante ese mundo, y, en este caso, ante el mundo en general. Hay por tanto otra vez un recursos al personaje arquetipo al que se le aplica algo de lo que Valle-Inclán llamó el esperpento para, exagerando sus características sociales, provoque humor, especialmente por sus deficiencias. Es más relato que el anterior relato y está mejor planteado. Tiene mayor peso de ser literariamente.

Términos y condiciones, de Antonio Lera. Este autor pasó a ser ganador en este segundo certamen, después de que en la anterior edición no lo logró, pero sí llegó a ser finalista con un relato de humor notable donde ejercía la crítica a la mismísima dinámica de este mismo concurso. Llegaba a escribir entonces: "No me fío del público, votan por afinidad, así que agudizo la vista para ver qué vota cada uno". En este segundo certamen vuelve a recurrir a la crítica satírica, pero no al concurso, sino a los contratos, o sea, a las normas, términos y condiciones de todos contratos y que nosotros aceptamos al firmar ese contrato y comprometernos así a cumplirlas a cambio de lo que se quiera que se contrate, sea un trabajo, un alquiler, o la participación en un concurso. En esta sátira se recurre a un humor que toca lo provocador hasta llegar en parte a lo soez para exagerar las implicaciones abusivas de los contratos que en los últimos tiempos parecen ser precisamente eso: más abusivos que de lo que hasta ahora habíamos vivido, y más intrusivos en la vida de uno mismo. Sin embargo, vuelve a parecer más un monólogo de humor que un relato literario. Sin embargo, es cierto que Lera ya había usado un tono de confesión en su relato finalista del anterior certamen, quizá buscando la complicidad directa con el lector... o el oyente.

Y tú, más, de Samuel Buitrago. Quizá el relato que yo daría por ganador si hubiera que votar de entre estos relatos. Una breve historia común y cotidiana que se vive en todas las familias alguna vez: una pelea familiar. Narrada con maestría para la brevedad que requiere las normas del concurso y captando a la vez la psicología de todos los implicados. No se olvide de retratar el ambiente que les rodea y dotar la descripción, a la vez, de un tono literario bastante rico de recursos y con una sintaxis muy bien trabajada. Se nota en el autor un bagaje importante e interesante. Muy destacable. Aparte de que el tema sirve a la vez de alegoría de la relaciones más allá de lo familiar y lo personal.

Fotografía, de Elena Tabachkova. Un relato de tres historias aparentemente independientes, pero en realidad cruzadas por un mismo hecho misterioso en el que escenas de fotografías perfectas terminan dando fotografías defectuosas y borrosas. Todo ello unido al final por una reflexión de la propia historia que aparece como narradora y personaje hablando al público confesando sus reflexiones sobre este hecho y su presencia en el concurso, por lo que lo que comienza con una estructura de relato vuelve a caer en una estructura de monólogo, aunque esta vez no es de humor, es de autoconfesión. Cita el propio Pub O'Malley's de la calle Goya donde se celebra cada encuentro. Se entiende que el relato viene a invitarnos a aprovechar el momento. Es un relato del clásico "carpe diem" que se popularizó tanto en el Renacimiento. Una crítica también a nuestros días, donde la estética absorbe a numerosas personas buscando inmortalizar imágenes perfectas, pero no disfrutando de la vida que ofrece esas imágenes. O sea, critica el quedarse en lo superficial y no entrar en lo que es vivir la vida.

Castropódame, de Antonio Lera. Quien en el primer certamen quedó como finalista y satirizaba los procesos selectivos de los ganadores, en este certamen no sólo sí fue ganador, sino que otro de sus relatos fue seleccionado para la publicación del libro. Recordemos que en esta ocasión el subtítulo del libro no indica que sean relatos finalistas, aunque pudieran serlo, sino relatos seleccionados de entre los que se presentaron. En este caso Lera no hace un relato de humor ni de sátira. Tampoco hace crítica, al menos no contra algo que considere digno de ser señalado con el dedo. Es un relato netamente relato, no cae tampoco en poder ser comprendido como monólogo. Se trata de un relato en cierto modo en consonancia con el realismo social del ruralismo que escribía Miguel Delibes. El autor narra en primera persona los recuerdos de su pueblo, o del pueblo del personaje narrador, cuando él era joven en contraste con el pueblo con el que se ha encontrado al regresar siendo ya adulto y tras muchos años sin haber regresado después de irse de allí. Nos dibuja un pueblo con recuerdos familiares y con personajes de su misma familia y vecinos que daban una característica especial a la vida allí. Son parte de unos tiempos pasados, pero también de su juventud también pasada. El regreso al pueblo, ahora sin ellos y con un tono de abandono nos habla de la España vaciada del siglo XXI, pero también nos habla en cierto modo de aquel "carpe diem" del anterior relato. Habla del paso del tiempo y con él, el de la vida. Los cambios sociales también están, y con ellos los cambios de la inocencia perdida. Para mí es mucho más relato y mejor este relato que aquel que ganó. 

Tachones, de Elena Tabachkova. La autora no logró ganar en el primer certamen y casi parecía que tampoco lo iba a hacer en este segundo certamen, aunque lo hizo en la última sesión con el anterior relato citado de ella. Como fuera, durante una de las sesiones a las que yo asistí, ella expresó sentir que no ganara y que se repitieran nombres ganadores, esta fue la obra que presentó en aquella sesión. Ahora ella entra doblemente en este libro, tanto como ganadora como por seleccionada con este relato. Se trata de un relato doble. Por un lado es el texto que escribe una niña que dice haberle fallado a la ficción, porque ya no sabe o no le sale escribir ficción. Pero por otro lado, es la misma niña tirando ese papel a la lluvia, metáfora a interpretar personalmente por cada lector. Un ejercicio de metaliteratura que tiene su punto de interesante, aunque quizá con resonancias de confesión de un momento de estancamiento creativo que, a cada autor, alguna vez le ocurre. Momentos cruciales que a menudo adquieren algo de existencial, cosa comprensible para los que no son autores si lo entienden como aquellos momentos de estancamiento en lo que quiera que sea donde uno no sabe exactamente su camino. Es un relato notable si es leído en la intimidad de ti mismo para tu espacio de reflexión propio, al menos por lo que a mí respecta.

El frasquito, de Fernando Fresneda. Otro de los muy breves relatos que se presentaron en este certamen. Quedó como relato seleccionado, aunque tiene muchos puntos en común con Corina, de Maribel Domínguez. Con lo que en este segundo certamen vemos que ha primado en líneas generales una reiteración temática, aunque desde diferentes perspectivas y narraciones. Se trata de otro relato de obsesión de un hombre hacia una mujer, con su punto oscuro y macabro. Bien es cierto que el género de lo macabro y lo oscuro tiene también una buena acogida en los dos certámenes habidos hasta ahora. Está bien construido y, siendo un concurso de relatos cortos, condensa muy bien su narrativa para lograr una historia impactante y el dibujo de lo que podríamos considerar un psicópata. 

El hijo de la luz, domador de sombras, de Aroa García. Es un relato muy breve que narra ni más ni menos que la vida completa de un personaje. Casi a modo de novela condensada en poco menos que dos páginas. En realidad la descripción biográfica del personaje sirve como recurso para describir el personaje. Un artista nacido en el silencio de la noche, casi sin hacerse notar, cuya vida transcurre sin llamar la atención demasiado y rodeado de alguna almas en pena, aunque él, se dice, está rodeado de afectos, pero a la vez se reserva sus emociones para sí mismo. Se podría pensar que es un protagonista con algún tipo de introversión o incluso de autismo, pero sólo se indica su introversión y su capacidad de apreciar y reflejar la belleza como artista. Todo nos lleva a un final que no es algo impactante, ni una sorpresa final, como recurso de otros relatos presentados, sino simplemente un saludo que, tal como se nos narra, condensa el ser del relato, la intencionalidad del mismo. Nos remata el dibujo de la vida de esa persona y el ser de la misma. Podríamos decir que también se encuadra en el "carpe diem", pero es algo más sobre el sosiego, la paz interior, la contemplación, la felicidad, lo sencillo. Tal vez sí haya un dibujo implícito de autismo, o de introversión elevada, pero al no indicarse tampoco es algo que tome la relevancia total del relato, y eso hace que sea un relato sosegado que expresa exactamente lo que la autora desea. Tiene en ese sentido muy bien realizado su tiempo y el equilibrio narrativo equivalente al equilibrio vital de la vida del protagonista.

El despertar, de Sophie Winter. Entró dentro de los relatos seleccionados. La cuestión es que aunque ella lo presentó, lo hizo a través de Zia Mei. Según las normas del primer certamen, todos los relatos presentados, para poder participar, deben ser leídos en persona por la persona que los escribió. De hecho, durante el primer certamen de 2024-2025, por motivos laborales, yo mismo consulté la posibilidad de que leyera alguien algo mío y se me dijo que sólo en casos muy de necesidad se admitiría. He de suponer que en ese mismo certamen, hacia su final, cambió la norma, porque el propio Raúl García (que no es el que pone las normas, pero sí el que pide que se cumplan) presentó un relato propio sobre el suicidio que para mí era un relato ganador, o al menos finalista, y no lo fue. Lo presentó leído a través de César Sobrón, no sólo por tener que atender la barra del bar, sino porque buscó el anonimato con la idea de que no le votaran por ser él el autor, sino que valoraran el relato por sí mismo. Aunque en el segundo certamen, 2025-2026, en principio las normas siguen diciendo que el relato debe ser presentado y leído en el bar el día de la sesión que le toque, bien es cierto que ya no especifica tanto que sea el autor o la autora, pero sí es cierto que se incide de voz en que es lo deseable que sea el autor o autora el que lo lea. En este caso hay una diferencia respecto al de Raúl, Raúl estuvo presente, aunque anónimo, pero Sofía Winter no estuvo presente. Sea como sea, este relato es parte de los relatos incluidos por la autora en su poemario Metáfora del azul y una canción naranja, publicado este mismo 2026 en primavera, y presentado en el mismísimo Pub O'Malley's el mismo día que una hora más tarde de esa presentación se produjo la sesión donde participó. Es a la vez un capítulo de la novela inédita Historias insignificantes, escrita por ella junto quien esto escribe, Daniel López-Serrano "Canichu", en 2016. Es un muy buen relato con un sentido literario claro. Contiene una parte autobiográfica, pero realmente está ficcionando esa cuestión, y a la vez probablemente ejerciendo de autoconfesión emocional. Con toda la potencia metafórica y alegórica del invierno, la escarcha y la nieve, tan profundizada en Winter, nos narra las heridas abiertas por la muerte paterna ocurrida mucho tiempo atrás, pero no cerradas. Se ubica este relato en el momento en el que la protagonista encuentra un camino para la reconciliación con su pasado, con el cierre del trauma. El padre permanece en la persona. Es por tanto un relato intimista, psicológico y emocional. 

El ascensor, de José Manuel Ramos. Este relato seleccionado es otro relato muy extenso. Tiene una clara estructura literaria. Es una historia seria, aunque su nudo parte de un momento que no deja de tener un cierto punto hilarante. Una pareja que es incapaz de lograr tener un hijo decide recurrir a la inseminación artificial. Con un juego de ascensores que se puede leer también a modo de alegoría, ocurre una confusión entre el varón de la pareja y otro hombre de otra pareja, los cuales llevan sendos tarros con semen que deben entregar a la misma enfermera. Un breve y común choque entre los dos crea una momento de confusión sobre qué tarro pertenece a quien. Ese es el nudo de la historia. Pero la historia no es de humor. Puede que alguien riera o sonriera durante su lectura en su sesión, pero en el fondo el relato es un relato serio. Lo que narra a continuación es la duda y el cuestionamiento de qué es la paternidad y la maternidad. Plantea también los secretos ocultos en las parejas, lo que no deja de ser también una traición secreta a la intimidad que establece que se sea pareja. Y una traición a los planteamientos de planes de vida conjunta, a la vida misma. Pero es cierto que se cuestiona la naturaleza de la realidad y lo que es real y porqué lo es, y nos plantea que lo es por convención. Es el relato el que crea la realidad más que la realidad misma. Así que tenemos un relato neoplatónico en lenguaje y trama del siglo XXI. Es otro relato que podría haber sido ganador, quizá no lo fue es porque el autor quiso equilibrar todo lo narrado, cosa que hace muy bien, y abandona el golpe de efecto final. Ya se sabe desde el comienzo el conflicto, lo que importa en el relato no es el golpe de efecto, es otra cosa, y lo hace bien.

Juan y Marta, de Vicente Orallo. Las normas del certamen dicen claramente que es un certamen de relatos. No importa el género del relato, de hecho a veces hay hasta ensayos, y como se ha visto algunos relatos en realidad podría tratarse de monólogos. Pero lo que no se contempla es que sea un concurso de poesía. Sin embargo, esta obra es una poesía. Se ha seleccionado para publicar, y creo que por lo que me han contado quizá hasta llegó a ser finalista por ser muy votada. Pero es una poesía. Una poesía narrativa, pero una poesía. Llama la atención, porque en el pasado hubo quien quiso presentar poesías y se le dijo claramente que el espacio de las poesías queda para los recitales. Se ha defendido que en realidad es un relato en verso, como se hacía en el siglo XIX, o como se hacía en la antigüedad con Homero, Virgilio o en la Edad Media como el que hizo el anónimo del Cantar de Mío Cid. Aquellas eran odas épicas, incluso hoy día son tratadas a menudo como novelas. Es cierto, pero están poetizados. Si nos vamos al siglo XIX tendríamos que referirnos entonces a Espronceda, por ejemplo, con poemas narrativos como "Cancion del pirata", "El estudiante de Salamanca" o "El reo de muerte". También en el siglo XX tenemos poemas narrativos, pongamos por ejemplo todos los poemas del Romancero gitano de Federico García Lorca o buena parte de Poemas del cante jondo. ¿Diríamos que cualquier poema de Lorca en esos poemarios son relatos? No. Son poemas narrativos. Pueden funcionar como relatos, pero son poemas. Otra cosa es si se imita al Duque de Rivas con Don Álvaro o la fuerza del sino, donde combina prosa y poesía para construir su relato teatral. Como sea, es un poema narrativo compuesto en cuartetas asonantes, con un carácter moralizante  e instructivo sobre el amor y la fidelidad ante la adversidad de la enfermedad del alzheimer. Vuelve con esto a traer un tema ya premiado en este certamen y presentado por Maribel Domínguez en Por favor, déjame, no me ames. Recuerda en cierto modo un tipo de poesía popular aleccionadora socialmente que se componía en la España de la mitad del siglo XX hacia las décadas de 1940 y 1950. Evidentemente el tema a tratar busca conmover, si acaso a expresar el amor hacia quien quizá ya no pueda percibirlo, con lo que se crea un ambiente de drama y tragedia.

Ellos y yo, de Alejandro Pacheco. El último de los relatos seleccionados es un relato social que parece más un texto reivindicativo. Se trata de las protestas de un camarero emigrante de Venezuela en España respecto a su trato con los clientes y las exigencias de estos. De fondo también deja ver un sentimiento de racismo hacia él a la hora de desempeñar su trabajo. El relato es pura puesta sobre la mesa de la queja de su ambiente social y laboral como emigrante, me da la sensación, más que como camarero, aún cuando las quejas se presentan como camarero. Entiendo que pueda ser tenido en cuenta como relato, aunque personalmente me da la sensación que no tiene un sentido literario claro, aunque sí ha sido escrito con recursos propios de relato, especialmente del uso de paralelismos. Por otro lado, más allá de lo literario, como persona muy del mundo bares desde su adolescencia, y no sólo como cliente, también desde el otro lado, e incluso desde lados intermedios entre las dos partes, me temo que las quejas no son capaces de empatizar ni comprender al cliente y que se lleva al lado del racismo lo que puede no serlo y sí ser simplemente un choque cultural  o una falta de entendimiento mutua. No niego haber visto en los últimos tiempos expresiones racistas hacia camareros no españoles de nacimiento, pero en este relato lo que se narra no me lleva a ellas, sí más bien a una falta de comprensión del camarero ante las necesidades de sus clientes, y quizá a una impaciencia de los clientes. Pero sobre todo a un sentido muy centrado en la propia persona a la hora de ejercer un trabajo de servicio. Y no quiere decir que al ejercer un trabajo de servicio se deba perder el amor propio, pero sí se ha de tener empatía y conocimiento del tipo de clientes y de los clientes que se tienen. En todo caso, la queja laboral y de racismo no ha de ser desoída y ha de ser valorada por aquello del amor a la mejora social.

Reseña escrita por Daniel L.-Serrano "Canichu".

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